El marxismo pro-prostitución es revisionista y un disparate misógino

Por Jonah Mix

“Un fantasma recorre Twitter: el fantasma del liberal con avatar de hoz y martillo”

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Comunismo: quizá lo entiendas como eso que los simpatizantes de Bernie Sanders te dicen que no son. O si tienes suerte, lo entiendes como la ideología que aboga por el derrocamiento de la burguesía y el establecimiento de una sociedad dirigida por la clase obrera, en la cual la producción se basa en términos de necesidad humana.

Como probablemente no lo conozcas es como una ideología que defiende el trabajo asalariado, la explotación y la mercantilización. Sin embargo, lamentablemente se ha vuelto común para los comunistas – tanto dentro como fuera de la red – hacer exactamente esto al apoyar la prostitución.

Sí, hombres que reivindican ser guerreros contra la dominación de una clase sobre otra celebran una industria en la cual una clase… bueno, domina a otra. Andrea Dworkin estaba en lo cierto como siempre cuando dijo: “Sólo cuando el cuerpo de las mujeres se vende con fines lucrativos los izquierdistas abogan por el libre mercado”.

Antes de comentar por qué este nuevo amor por el capitalismo sexual es un absurdo despreciable, déjenme decirles: no espero que todos los que lean esto sean comunistas. No me considero un comunista ortodoxo, aunque tengo una fuerte admiración y apoyo por los movimientos revolucionarios que surgieron en el siglo pasado. Sí espero que la mayoría de la gente que lea esto tenga una noción básica de Historia, Lógica y Ética, pues es todo lo que necesita para darse cuenta de lo estúpida que es esta idea del “marxismo pro-prostitución”.

Empecemos con Historia. No se puede negar que los principales gobiernos comunistas vieron la prostitución como un sistema contrarrevolucionario. Uno de los primeros actos de Fidel Castro en el poder fue deportar o arrestar a los proxenetas extranjeros y a los puteros que abusaron de las mujeres cubanas pobres en La Habana. En China, Mao estableció la reeducación y la capacitación para el trabajo de ex-prostituidas y prohibió el proxenetismo.

Enver Hoxha, uno de los grandes defensores de la igualdad de las mujeres en la Historia comunista, se esforzó mucho por abolir la prostitución en los ambientes militares de Albania, incluso poniendo en riesgo su propio poder. Caramba, el mismo Marx afirmó varias veces que la prostitución es la expresión de la opresión del trabajador por el capitalismo, y Lenin lo vio de la misma manera etiquetando a ese mundo como anticomunista.

Eso sí, esto por sí solo no prueba nada. El marxismo es una ciencia inmortal, constantemente sujeta a replanteamientos y reformulaciones (que no revisiones). Aun siendo absolutamente posible que tanto Marx como Mao, Hoxha, Castro y Lenin estuvieran equivocados acerca de la prostitución, incluso considerando que esos hombres hubieran sido varias veces responsables de algunas atrocidades, pregunto: ¿por qué los varones marxistas pueden examinar las decisiones tomadas por líderes comunistas y llegar a ver su apoyo a la liberación de las mujeres como la única posición que vale la pena criticar?

He encontrado hombres que defienden fervientemente el “Gran Terror” de Stalin pero condenan a Mao por su “putofobia”. Hombres que no pueden cuestionar una palabra de Pol Pot pero se apresuran a despreciar a Fidel por su “negatividad sexual”. No se tiene por qué creer en las historias de terror de la propaganda occidental para ver aquí una crisis de prioridades. Pero si hay algo aún más descaradamente anticomunista que el revisionismo histórico de este marxismo pro-prostitución es su tergiversación de la teoría marxista para justificar la venta del cuerpo de las mujeres.

Aquellos con los que he hablado – tanto fuera como dentro de la red – no tardan en soltar las mismas (y falsas) consignas liberales: el “modelo nórdico” no funciona, la legalización reduce la trata, las mujeres prostituidas puden sindicarse, etc. Quizás lancen algunos términos de moda como “autonomía” o “consentimiento”, como si el marxismo permitiera que estas ideas fueran coherentes dentro del capitalismo, el imperialismo y el colonialismo.

Un nuevo giro repentino de los comunistas pro-prostitución es la afirmación de que la despenalización de la prostitución implica que “las trabajadoras sexuales se apoderan de los medios de producción”. ¡Cierto! El sueño de Marx de una sociedad justa dirigida por trabajadores es el de una mujer pobre anunciando sus servicios a tipos blancos de clase media en SegundaMano. ¡La revolución ya está aquí!

La misoginia en una reivindicación como la suya es casi difícil de entender. Afirmar que la prostitución de cualquier tipo es apoderarse de los medios de producción implica que las manos, la boca y los genitales de una mujer sean de por sí los medios de producción susceptibles de ser expropiados. Quite la jerga comunista y obtendrá esto: “El cuerpo de la mujer es una máquina para producir sexo. Los hombres emplean esa máquina colocando dinero o recursos en ella. El sexo resultante es un producto para ser consumido”.

Dígame, ¿cuál es la diferencia entre esta visión supuestamente marxista y progresista y la de los “activistas por los derechos de los hombres”? La visión de cualquier ser humano como medio de producción es fundamentalmente anticomunista. En todo caso, es la síntesis de una lógica capitalista que pretende tratar a los seres humanos como recursos.

El hecho de que los autoproclamados “marxistas” se alineen con posturas antifeministas que ven el sexo como un recurso producido por el cuerpo de las mujeres para el consumo masculino habla del deplorable estado en el que se encuentra el auténtico socialismo revolucionario.

En la práctica, estos llamados “comunistas” (que son realmente capitalistas sexuales) no estás seguros de cómo funcionaría la prostitución en una sociedad comunista. Y no deberían estarlo, porque cualquier respuesta sincera es horripilante.

Un vistazo rápido de antecedentes: las naciones socialistas tienen economías de planificación centralizada estructuradas para atender las necesidades de la gente. Si bien la idea de que los trabajos están repartidos mecánicamente por una oficina sombría sin interés ni pasión es un mito, todos los países que siguen la estructura marxista-leninista controlan la estructura y la función del mercado de trabajo. Las escuelas se diseñan a menudo para clasificar a los estudiantes a una edad temprana en base a sus diferentes habilidades y los cupos para estudiantes de Ingeniería, Medicina, Carpintería, Arquitectura y demás son determinados a nivel nacional por los Comités de Planificación.

No hay nada malo en esto, por supuesto, ¿pero qué significa eso para la existencia de la prostitución en estas sociedades? ¿Apoyan estos marxistas pro-prostitución un comité de planificación que decide el número de “trabajadoras sexuales” a la par que el número de trabajadores agrícolas o de la construcción? ¿Cómo calcularía el Estado cuántas mujeres necesitan estar disponibles para que los trabajadores puedan follar? ¿Las escuelas empezarían a dirigir a las niñas hacia la prostitución desde bien temprano si no mostraran aptitud para otras ocupaciones?

Si hubiera escasez de mujeres en la prostitución, ¿podría el Estado reasignar a otras para llenar las vacantes? ¿Podrían las mujeres negarse a follar con hombres y mantener su estatus y su seguridad dentro de la República Obrera? Estas no son preguntas de listillo. No son conjeturas. Son elementos básicos de lo que los comunistas pro-prostitución están defendiendo. Y si usted no puede contestar a estas preguntas sencillas sin sonar como el cabecilla de una compleja red de trata de blancas, pregúntese el por qué.

El apoyo de los marxistas a la prostitución traiciona todo el núcleo del proyecto comunista: crear una sociedad en la que nadie vive a costa de la explotación de otra persona. Ignora la rica Historia de la resistencia comunista a la explotación de las mujeres, tergiversa la ideología de Marx para justificar un nivel de cosificación que incluso la mayor parte de los capitalistas no pueden igualar y no proporciona ni siquiera una explicación básica de cómo esta utópica “industria del trabajo sexual” podría funcionar ajena a la violación y a la trata de personas.

El por qué los marxistas han adoptado una posición a partes iguales misógina, incoherente y absurda es diíficl de explicar más allá de la rancia misoginia. Después de todo, incluso si la prostitución fuera un trabajo como cualquier otro, el apoyo entusiasta que recibe de la izquierda sería injustificado. Pero es el rol central en el mantenimiento de la relación de poder entre hombres y mujeres el que lleva ese respaldo desde lo innecesario hasta lo activamente opresivo.

No hay manera de concebir el sexo como un trabajo sin reducir los cuerpos de las mujeres a una máquina productora de sexo para ser empleada por hombres. Definitivamente, no necesitamos marxistas que defiendan una visión que celebra la mercantilización de nuestras relaciones y trata a los cuerpos humanos como medios para un fin. Eso ya lo tenemos, y se llama capitalismo.

Hoy, 8 de marzo

Por Elena Pedrinazzi de la Hoz

cartel2burss2bde2bstrahov-braslavskiy2b-2bmujeres2bemancipadas2bayudar2ba2bconstruir2bel2bsocialismo-2b1926-2bcel-2b82bde2bmarzoEl despertador suena y su mano se aventura a deslizarse bajo las sábanas para apagarlo. Dice que su cuerpo “está hecho” al horario y a rajatabla lo cumple cuando de un momento a otro está entrando en la cocina para hacer café. No enciente la televisión, en su lugar prefiere tejer sueños de tela e hilo y acariciar el cielo con sus benditas manos. Sabe qué día es pero también que su día no va a resultar diferente.

Hoy como cada día despertará por, trabajará por, vivirá por. Hoy como cada día aguantará tantas y tantas cargas en su cansada espalda. Hoy, como cada día, volverá con su mirada perdida en a saber qué sueños imposibles, en a saber qué otra vida que le hubiera gustado vivir si le hubieran dejado. Hoy intenta descansar lo que no descansó en todos los años de su vida y luchar – sí, luchar, aún le queda tiempo – para que otras no tengamos que pasar por todo lo que ella ha pasado. No necesita lazos lilas para recordar ninguna batalla, pues cada uno de los dolores de su cuerpo resulta para ella una herida de guerra. No tiene más armas que sus manos pero, sin embargo, va cada día a pelear con la vida con más coraje que cualquier guerrero. Es una guerrera, una heroína, una diosa para cualquier religión.

Ella. La batalla constante, el abrazo caliente, la sonrisa eterna con piel de serpiente. Ella no merece un día de conmemoración, ella merece una vida de lucha en su honor, el mundo a sus pies.

Hoy es el día de la Fiesta, el día del recuerdo. Se celebra la igualdad, el gran paso de las mujeres en la Humanidad, la lucha por el alcance de nuestros derechos como personas libres e iguales a los hombres. Sin embargo, no puedo evitar el amargo sabor que me deja una celebración donde la hipocresía se convierte en el traje habitual. Donde se celebran luchas que en determinado momento fueron reprimidas, insultadas, humilladas, despreciadas; al igual que las luchas que actualmente lidiamos. Donde personas que nos niegan, nos ridiculizan constantemente, nos apartan, nos manejan a su antojo, hoy se engalanan y nos felicitan por nuestra labor como mujeres. No queremos construirnos a su imagen y semejanza, no queremos que encabecen nuestra lucha sino que nos acompañen, ni que nos definan, ni que nos paguen menos por el mismo trabajo, ni que decidan por nosotras, por nuestro cuerpo. No queremos ser usadas, maltratadas, asesinadas. Y, por supuesto, no queremos pedir permiso sino arrebatarlo.

Y para mi madre, para nuestras hermanas: el universo.

Women’s March: ¿victoria o instrumentalización del feminismo?

Por Xandra Martínez

El pasado 20 de enero los EEUU investían al presidente electo Donald Trump. Al día siguiente, miles de personas atestaron las calles de Washington y de otras 600 ciudades del mundo para reivindicar los derechos de las mujeres.

Podríamos pensar que estamos viviendo un despertar, que la sororidad está en alza, y que las mujeres del mundo somos quienes debemos de unirnos y salir a las calles de Berlín, Bombay, Sydney, París, Lisboa, Estocolmo, Tokio, Madrid – y así hasta 600 ciudades – simultáneamente, para gritar por el fin del patriarcado, del capitalismo salvaje y de la discriminación racial.

Podríamos incluso alegrarnos de la capacidad de reacción, de la unidad entre colectivos dispares, de la presencia de caras conocidas que dan voz al pueblo, o de la notable cobertura mediática de estas manifestaciones.

Pero, tal vez, alegrándonos de esta acción del “feminismo global” sin profundizar en lo que se esconde detrás, pecamos de ilusas y corremos el peligro de convertirnos en herramientas útiles para el establishment.

Históricamente, el capital ha sabido utilizar a su favor las luchas transversales del pueblo, edulcorándolas y dirigiéndolas hacia sus objetivos, vaciándolas de contenido y alienando a la población combativa Mientras jugamos con las reglas que el sistema marca, no incomodamos.

Ganamos así el derecho a que sus medios nos den voz, a colocar nuestro debate en la palestra, a que se escuche el discurso y se sume gente a la causa.

En este tipo de situaciones, participan activistas que son quienes aprovechan la oportunidad de utilizar los altavoces que se les ofrecen para intervenir con un discurso combativo, que de otro modo la mayor parte de las manifestantes no organizadas no tendrían acceso. La intervención de Angela Davis constituye un ejemplo. Conseguir que parte de la población movilizada tome conciencia será un pequeño éxito.

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No obstante, la mayoría de los discursos que se difunden desde los medios están vacíos de contenido y tan solo pretenden la agitación puntual y momentánea, evitando crear una conciencia que se pudiese volver en su contra al identificar el enemigo real a combatir.

No siento simpatía por Donald Trump, pese a que pienso que no es el primer (ojalá que sea el último) dirigente de un país que defiende absolutas barbaridades; la diferencia es que esta vez nos vienen metiendo el miedo en el cuerpo desde que se presentó a las elecciones. Como resultado llegamos a esta situación inaudita, en la que medio mundo se manifiesta en contra de un presidente que no ha tomado aún ninguna medida.

Defiendo que salgamos a la calle, que nos organicemos, que rechacemos a dirigentes que nos violan. Por eso debimos tomar las calles cuando el presidente israelí Moshe Katsav fue declarado culpable de violación y abuso sexual, o cuando Dominique Strauss-Kahn, entonces presidente del FMI, fue acusado de violación.

Tenemos que unirnos y colapsar las ciudades en pos de los derechos y la justicia social. No podemos permitir la construcción de muros que nos separen en ciudadanos de primera y de segunda.

Teníamos que haber colapsado nuestras ciudades cuando Bill Clinton construyó el muro con México, cuando Ariel Sharon hizo lo propio con el Muro de Cisjordania, cuando Mariano Rajoy levantó una valla en Melilla, cuando Europa eleva muros para aislar a los refugiados de una guerra promovida, una vez más, por EEUU y la OTAN. A tenor de esto, si nos preocupa la falta de paz y libertad, el mundo debería haberse movilizado cuando se le otorgó el Premio Nobel de la Paz a Obama mientras los EEUU representaban un papel protagonista en las guerras de Irak y Afganistán.

No debemos tolerar las políticas racistas y discriminatorias, pero los EEUU no necesitan cambiar de presidente para tener buenos ejemplos de discriminación racial. Las mujeres migranters viven allí situaciones especialmente duras: vulnerables a la violencia machista en los hogares, experimentan también altos niveles de abuso y explotación en sus empleos; todo bajo la constante amenaza de ser denunciadas a las autoridades de inmigración. Esto, no obstante, no provoca marchas multitudinarias de protesta. Tampoco en el Estado de Israel, donde pasan los años y se perpetúa el apartheid sin que miles de personas recorran múltiples ciudades del mundo en protesta.

Da que pensar. Sobre todo cuando en esta marcha participan entre las activistas personajes como Hillary Clinton o John Kerry, que defienden los derechos humanos a su manera. utilizando al Estado Islámico en la intervención de los EEUU en Siria. También Linda Sarsour, que tuvo un papel activo en esta movilización, manifestó “no querer ser parte de una generación en la que suceden cosas horribles bajo su mirada”; ella, una de las cabezas visibles de los Hermanos Musulmanes en EEUU y defensora activa de los “rebeldes en Siria”, ella que mira hacia otro lado cuando éstos violan, torturan, decapitan y lapidan a mujeres cada día en toda la geografía siria.

Da que pensar también, cuando 56 de los colectivos que participaron en la marcha obtienen financiamiento de George Soros, magnate que subvencionó los movimientos que desembocarían en el gobierno reaccionario de Moldavia y en la llegada al poder de la extrema derecha en Ucrania.

Es cuanto menos llamativo que una convocatoria feminista termine con la actuación de una estrella de la canción como Madonna, quien durante toda su carrera ha exhibido su cuerpo normativo contribuyendo a la cosificación que promueve el patriarcado.

Evidentemente, tanto la militancia feminista de base como el feminismo de clase estuvieron presentes, no obstante el protagonismo fue de actrices, cantantes y personas públicas, dejando en un segundo plano a las activistas que trabajan diariamente en este campo. El hecho de que las caras públicas monopolicen el discurso en este tipo de convocatorias resta, una vez más, intesidad y realidad a las demandas; se pierde el mensaje de la izquierda anti-imperialista y anticapitalista. Se convierte así la convocatoria en una demostración de fuerza entorno al Partido Demócrata con unos objetivos políticos claramente definidos.

Profundizando en la manera en la que se organizó esta manifestación surge la desconfianza. Los que mueven los hilos del sistema se quieren apoderar (otra vez) de nuestra lucha, y tienen unos objetivos muy diferentes a los de la convocatoria de esta manifestación. Ahora depende de nosotras no hacerles el juego. Las activistas debemos continuar denunciando, convocando, señalando. Debemos dejar nuestro mensaje. Identificar al enemigo y conocer el precio de las alianzas con éste.

Ojalá mil marchas más en el mundo; pero marchas en las que las desposeídas tengan la voz, en las que el poder no mueva los hilos. Por el pueblo de los EEUU, pero también por el de Palestina o Siria. Por las víctimas del patriarcado, del imperialismo, del capitalismo. Por el derecho a decidir en nuestros cuerpos, a no ser mercancía. No buscaremos la financiación de los poderosos, sino la voluntad y la fuerza de las que sufrimos el sistema día a día y trabajamos para construir una vida radicalmente diferente.

Hillary Clinton, Claire Underwood y el feminismo neoliberal

Por Xandra Martínez

Primeras damas atractivas, formadas, impecables y educadas en el neoliberalismo que se postulan a la presidencia de EEUU. Es imposible no hacer paralelismos entre Hillary Clinton y Claire Underwood, la protagonista femenina de la exitosa serie “House of Cards”.

Ambas viven aparentemente inmersas en relaciones tradicionales heterosexuales y monógamas, pero en realidad aceptan la infidelidad y mantienen relaciones abiertas que habitualmente no son toleradas por la sociedad a la que ellas representan. Cierto es el hecho de que abandonar este matrimonio supondría la pérdida de un statu quo de poder. Esto evidencia el trasfondo económico de este tipo de relaciones, sobre el cual teorizaba Engels en “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”.

Todo son similitudes entre estas dos abanderadas del feminismo para las élites. Defensoras del aborto para quien pueda pagarlo, y de romper el techo de cristal para que aquellas que tengan posibilidad de estudiar y capital para invertir, puedan llegar bien alto. Resulta sencillo apuntar algunas desigualdades tan evidentes como la brecha salarial y condenarla, pero mientras sigamos las reglas de juego que marca el FMI, el capitalismo y el patriarcado seguirán cebándose con las mujeres. Ellas, mientras tanto, siguen alimentando el monstruo, aplaudiendo el “pink-washing” y sosteniendo iniciativas, supuestamente para mujeres, en las que la única que gana es la banca.

Implicadas en ONG desde la cumbre del imperialismo más cruel; piel de cordero que esconde mentes despiadadas, capaces de apoyar la Guerra de Irak y la intervención en Libia o Siria. Como Hillary, la “defensora de niños y familias de Arkansas” mientras las bombas caían sobre Kabul, mientras se suministraban armas a DAESH y el Frente Al-Nusra, mientras las refugiadas mueren intentando huir de su barbarie. En definitiva, un simple lavado de cara a la lógica de un sistema que precisa de la guerra para sostener su estructura.

“House of Cards” nos ofrece en Claire Underwood un espejo de Hillary en el que observamos como se desarrolla la vida privada de una mujer en esta situación. Siempre a la sombra de su marido; viviendo cómodamente, pero sin conformarse con ello. Labrándose su propia carrera en la política con tanta o mayor capacidad que él.

Nos presentan a una mujer fría y calculadora, con intereses propios en los que su compañero no representa más de lo que representa una herramienta para alcanzar el éxito. Ella es, en definitiva, el equivalente a Frank Underwood, pero teniendo que enfrentarse a la discriminación de género. Con todo, los guionistas hacen que el espectador medio la perciba como “la mala” de la serie, fomentando la empatía del televidente con su marido desde el principio.

Ambos son igual de cínicos, egoístas y crueles; pero el resultado final de aplicar estas personalidades en los distintos géneros es que representan prototipos enfrentados: él es el triunfador, ella es una trepa sin sentimientos.

Los esfuerzos de Claire Underwood por llegar a la cumbre le dan un punto de vista feminista interesante a la serie. Estos esfuerzos van siempre dirigidos a ella misma y no al género femenino, algo habitual en el feminismo neoliberal. Podemos compartir ciertas batallas con estas mujeres aunque nuestra lucha es otra. Se ve claramente en la serie como Claire desprecia a otras mujeres de menor nivel económico simplemente por su posición social. No las considera como iguales. No comparte barricada con ellas. No obstante, esta relación sí se produce a la inversa, siendo habitual que mujeres de clase media o baja apoyen a aquellas privilegiadas que rompen con la norma y llegan a las cúpulas. Son muchas, por ejemplo, las mujeres de clases populares que han aplaudido últimamente la candidatura de Hillary. Ponen en ella sus esperanzas. Una autodenominada feminista en lo más alto del poder mundial para cambiar las cosas. Error. No vendrá del “establishment” el cambio que necesitamos.

Su feminismo neoliberal es una trampa, no es más que individualismo pintado de morado. Sus figuras destacadas son mujeres privilegiadas, incapaces de sentir o de empatizar con quien, además de la discriminación de género, sufre a menudo otras opresiones por motivo de su raza, cultura o clase.

Este tipo de feminismo es sólo un engaño más para impedir que las alianzas entre mujeres se hagan fuertes, que tomemos conciencia y señalemos al verdadero culpable: el sistema.

Es preciso profundizar en el feminismo y luchar por cuestiones que nos afectan al grueso de las mujeres, independientemente de la raza, la cultura, la posición social, o cualquier otro factor que, a priori, pudiese dividir la lucha. Para alcanzar el fin del patriarcado necesitamos un frente común, y para eso es necesario tener claros los referentes; dejarnos de Hillarys, de Claires, y sus alianzas puntuales, y tejer redes de mujeres desde una óptica de clase.

Poner en valor a las activistas de base de las organizaciones, de los sindicatos, de los movimientos sociales. Mujeres que se enfrentan a lo que éstas y a mucho más. Que desde las calles hasta el parlamento trabajan diariamente por cambiar nuestra situación, la de todas, y no la de unas pocas privilegiadas. Esas que saben que las alianzas puntuales no van a cambiar un sistema que nos cosifica, nos mercantiliza y nos silencia. Sólo mediante la ruptura con el sistema actual, y poniendo rumbo al socialismo, podremos alcanzar la verdadera igualdad. Sólo organizadas conseguiremos salir del capitalismo.

Mientras tanto, si está por llegar la primera presidenta de los EEUU, que sea Claire Underwood. Por lo menos tendremos algunas horas de entretenimiento, y las personas muertas serán sólo de ficción.

Diversidad y Revolución Cubana

Por Kevin Castro

A día de hoy seguimos escuchando constantes ataques contra la Revolución Cubana, la cual está bajo un embargo económico por parte del Imperio, cuestionan la supuesta falta de libertades, la escasez y el encarcelamiento de disidentes políticos.

A pesar de ello, el Gobierno cubano garantiza la educación y sanidad, no solo a los cubanos, sino también a cientos de extranjeros residentes en Cuba.

Los errores del pasado

En los años 50 existían duras leyes contra el colectivo LGTBI. Por otro lado, la homosexualidad era un componente en la próspera industria de la prostitución en Cuba, con muchos “chaperos” al disfrute de gran parte de los visitantes y militares yanquis.

Cuando triunfó la Revolución supuso un respiro para las clases populares, las cuales se veían asfixiadas por la dictadura de Batista.

En las primeras dos décadas de la Revolución operaban las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), encargadas de perseguir homosexuales, entre otros, acusados hasta la fecha como “contrarrevolucionarios”.

El rol del Gobierno y los activistas

No fue hasta 1979 cuando se crea la Comisión Nacional de Atención Integral a Personas Transexuales, la cual, tras constante lucha, en 2008 consiguió que se regularan todos los procedimientos de atención médica y psicológica a éstas personas, la realización gratuita de cirugías de reasignación sexual, ha permitido una mejora en la calidad de vida de estas personas.

En 1981 se publicó el libro “En defensa del amor” del doctor Sigfriod, donde se aclara que la homosexualidad no es una enfermedad sino una variante de la sexualidad humana.cubalgtb1

En 1986 la Comisión Nacional de Educación Sexual opinó públicamente que la homosexualidad era una orientación sexual y que la homofobia debía ser contrarrestada por la educación

En 1988 el Gobierno derogó la “Ley de Ostentación Pública” de 1938, mientras que la Policía recibió órdenes expresas de no acosar a las personas LGTBI.

En 1989 se crea el Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), el cual ha creado espacios con activistas y familias de personas trans, que desde su creación se han formado como activistas. El CENESEX está vinculado con la Federación de Mujeres Cubanas, con políticas destinadas a la emancipación femenina.

Desde 1993 las personas LGTBI pueden servir abiertamente en el Ejército cubano.

Los cubanos con VIH tienen acceso universal y gratuito desde 2001 a la Terapia Antirretroviral de Gran Actividad (TARGA). Desde entonces, la tasa de mortalidad por VIH ha disminuido.

En 2004 Carlos Sánchez, representante de la Asociación de Gays y Lesbianas para la Región de América Latina y el Caribe visitó Cuba e hizo visibles los notables avances por parte del Gobierno y la sociedad cubana respecto a políticas y aceptación de las personas LGTBI.

Hombres por la Diversidad (DxH) es un grupo de hombres que nace en 2010, con distintas tendencias sexuales y abierto a toda persona que respete la diversidad.

Proyecto Arcoiris es otra asociación de personas LGTBI de corte anticapitalista y partidaria de la Revolución Cubana, aunque sostengan sus diferencias y críticas contra el Gobierno.

Fidel Castro, durante una entrevista, decía que fue una gran injusticia: “Una gran injusticia, si la hicimos nosotros pues, nosotros. Estoy tratando de delimitar mi responsabilidad en todo eso, porque desde luego, personalmente, yo no tengo ese tipo de prejuicios”, comentaba en 2010.

Durante un Congreso en 2013 el Partido Comunista de Cuba afirmó como uno de sus objetivos la no discriminación, en particular en lo referido a enfrentar los prejuicios y conductas discriminatorias, por diversos motivos, incluyendo la orientación sexual.

Las Jornadas Cubanas contra la Homofobia y Transfobia

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Las jornadas son organizadas por el CENESEX. El CENESEX está dirigido por Mariela Castro, diputada y activista por los derechos LGTBI.

Al principio las jornadas dieron pasos muy tímidos, pero año tras año han conseguido transformar conciencias y aportar elementos de análisis y reflexión sobre el respeto a la orientación sexual e identidad de género, como un ejercicio de justicia y equidad social.

En las últimas jornadas se han dedicado al reclamo de espacios laborales libres de homofobia y transfobia.

El rol de Mariela Castro

Mariela Castro es diputada en la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba y directora del CENESEX, que en sus primeras décadas se concentró en acabar con la herencia del machismo, que se expresaba en forma de homofobia.

Muchos pueden pensar que al ser hija de Raúl Castro se le han abierto todas las puertas y, en realidad, eso ha tenido sus ventajas y desventajas, no iban a aceptar al colectivo LGTBI porque a ella se le ocurrió. Desde el CENESEX realizaban una labor importante y de luchas de poder.

La auto-organización colectiva promueve el marco de derechos políticos en Cuba, que ha habilitado el espacio para que ciertos movimientos feministas y LGTBI reivindiquen su lucha y la lleven a las instituciones del Estado cubano, incluyéndola en el imaginario revolucionario.

Musulmanes y activistas LGBTQ: “La culpa de la masacre en Orlando es del sistema”

Por L.T. Pham

Mientras las comunidades LGBTQ lloran – y prometen luchar – a raíz del tiroteo en un club nocturno gay de Orlando (Florida), los medios de comunicación han intentado avivar un sentimiento anti-musulmán en respuesta.

En la madrugada del 12 de junio, un tirador abrió fuego durante la noche latina en el club Pulse de Orlando, lo que resultó en la muerte de 50 personas y casi otras tantas heridas. Esta tragedia se produce en un momento en el que el terror anti-LGTBQ se ha visto acrecentado por la aprobación de una ley tránsfoba en Carolina del Norte y Carolina del Sur.

Sin tener en cuenta inicialmente que el blanco del ataque eran lesbianas, homosexuales, bisexuales, transgénero y personas queer, la prensa corporativa comenzó a elaborar una narrativa que fortalece las guerras imperialistas de EEUU – dentro y fuera de su territorio – contra personas de Oriente Medio, musulmanes y seguidores del Islam. Los mayores autores del terrorismo, sin embargo, son el gobierno capitalista de EEUU y el Pentágono, que tratan de derrocar las revoluciones progresistas en Venezuela y Bolivia, mientras amenazan a la Cuba revolucionaria; matan a miles de civiles en países como Siria, Irak o Afganistán; y han invadido, ocupado y asesinado a millones de personas desde México a Filipinas.

Un organizador musulmán cubano llamado Abdul Hakim Peña, dijo al periódico Workers World-Mundo Obrero: “Lo que pasó en Orlando es un terrible y trágico caso dirigido a la comunidad LGBTQ y a la comunidad latina. Esto es un reflejo de los tiempos hostiles en los que vivimos y del fervor violento instigado por la retórica de Donald Trump, así como la llamada ‘guerra contra el terrorismo’ del gobierno de EEUU y la guerra tanto contra el colectivo LGBTQ como otros grupos oprimidos. Este no es un ataque islamista, sino un ataque de ira y odio mal dirigidos. La ira y el odio no tienen religión.”

“En este mes sagrado de Ramadan”, continuó Peña, “en el que los musulmanes practicamos la caridad y la buena voluntad con toda la Humanidad, no debemos cegarnos ni ser conducidos a actos de violencia contra nuestra clase obrera, luchadores y luchadoras contra el sistema capitalista – que sólo enseña a la Humanidad a ser sanguinaria contra los enemigos del capitalismo. Nos levantamos en solidaridad. ¡Unámonos con la comunidad musulmana y digamos ‘as salamu alaykum’! ¡La paz esté con todos!

No podemos hacer enemigos el uno del otro; la histeria islamófoba se convierte rápidamente en tiroteos en masa contra musulmanes y contra quienes se cree que son musulmanes – como el tiroteo de Oak Creek en 2012, que mató a 6 personas e hirió a otras 4 en un templo sikh. Por otra parte, esta histeria se utiliza para justificar guerras por ganancias y capital, disfrazadas de hazaña patriótica para defender a los EEUU contra los enemigos extranjeros.”

Políticos capitalistas = insolidaridad con la clase obrera

A principios de este año Rick Scott, gobernador de Florida, apoyó a la legislatura estatal cuando intentaron pasar un “proyecto de ley de baño” anti-transexual que penalizaría a este colectivo por utilizar el baño que mejor se alinee con su identidad.

Después de la tragedia en Orlando, el gobernador reaccionario, homófobo y racista Scott quiere que el Estado de Florida haga todo lo que esté en su poder para defenderse de este “acto de terrorismo”. No es de extrañar que los políticos capitalistas quieran que la clase trabajadora se olvide de sus posiciones reaccionarias con el fin de servir a los intereses de los grandes medios de comunicación y la patronal.

Imani Henry, activista afroamericano transexual, dijo: “La ironía de esta tragedia es que vivimos en un país donde las vidas de ‘negros’ y ‘marrones’, especialmente si son LGBTQ, no importan. Los ‘negros’ y ‘marrones’ LGBTQ son tratados como personas de segunda clase a diario – se nos discrimina a cada paso y luchamos para tener puestos de trabajo, vivienda, asistencia sanitaria y acceso a la educación. Vivimos con el miedo constante a la violencia anti-LGTBQ, que muchas veces no se denuncia debido a la humillación adicional que experimentamos a manos de policías y tribunales. ¿Qué le importan al Gobierno de EEUU las mujeres trans de color, muchas de las cuales viven por debajo del umbral de la pobreza y son asesinadas en cifras récord en este país?”

“Es una vergüenza”, dijo Henry, “que el movimiento ‘Black Lives Matter’, específicamente dirigido por personas negras LGBTQ, sea considerado como una ‘organización terrorista’ y sea vilipendiado en la prensa, pero sin embargo se permita a la policía tener una presencia militarizada en nuestras manifestaciones. Que los derechistas puedan tirotear a activistas afroamericanos y no sean procesados, pero los líderes de BLM – más recientemente Jasmine Abdullah, activista negra y LGBTQ en Pasadena (California) – pueden ser condenados a 90 días de cárcel en virtud de una ley de ‘linchamiento público’, mientras que los policías que mataron a Freddie Gray, Akai Gurley, Shantel Davis, Ramarley Graham y muchos otros más, queden libres.”

Teresa Gutiérrez, directora de la campaña electoral del Workers World Party (con Monica Moorehead para presidenta y Lamont Lilly para vicepresidenta), declaró: “Como lesbiana mexicana, mi corazón está acongojado hoy por mis hermanas y hermanos, toda la familia LGBTQ está abatida por por los sucesos de la discoteca Pulse. Pero culpo al sistema, y no al tirador, de esta tragedia. Es la retórica racista de Trump la que tiene la culpa. Son las deportaciones en masa del presidente Barack Obama, así como la máquina de guerra de Hillary Clinton, los culpables. Los mexicanos, las mexicanas y demás grupos sociales han demostrado en California, Nuevo México e Illinois la respuesta: Luchar y no retroceder. Dediquemos este mes de orgullo a las y los mártires de Pulse.”

Margot Feist: la “bruja” que no pidió perdón

Traducción del galego de un artículo de Isca!

margotEl pasado viernes dejó el mundo una mujer olvidada por una izquierda amnésica. Margot Feist murió en Chile, tras 25 años de exilio, a la edad de 89 años. Criada en una familia obrera y con unos padres detenidos en campos de concentración nazis, en su juventud se comprometió con la lucha antifascista y posteriormente en la construcción de la República Democrática Alemana. Con tan solo 22 años Margot llegó a la Cámara Popular (convirtiéndose en la parlamentaria más joven de la RDA); pero fue 14 años después cuando asumió la dirección del Ministerio de Educación Popular, demostrando ser poseedora de una mente brillante y de una magnífica capacidad de gestión.

Heredera de un sistema educativo pobre y desmantelado durante la guerra, llevó a cabo la construcción de la nueva escuela. Esto fue literal en muchos casos, ya que fue necesario desde formar a una nueva generación de docentes comprometidos con el humanismo y la democracia hasta reconstruir los edificios derribados. El resultado final fue una enseñanza unificada y científica, estrechamente relacionada con la vida.

Para eliminar la desigualdad de oportunidades instaurada en el período nacional-socialista, en la que la clase a la que pertenecía la familia determinaba unas opciones de estudio que siempre se dirigían a la población urbana, Margot confía en las escuelas unitarias con gran presencia en el mundo rural. Esto no significó solo una garantía de acceso a la educación, sino que implicó la escolarización obligatoria de 8 años primero, y posteriormente de 10, de todos los niños, haciendo hincapié en las personas discapacitadas físicas o psíquicas, que recibieron una educación adaptada a sus necesidades.

Al final de esta etapa se ofrecía acceso a un sistema de formación profesional multidisciplinar y gratuito, donde en 2 o 3 años se formaba al estudiante en colaboración con empresas o comunas para aprender una profesión de obrero cualificado. Todo estudiante al terminar su formación profesional o universitaria obtenía un puesto de trabajo, pero de querer seguir formándose, podían continuar con el perfeccionamiento en escuelas de especialidades superiores.

La RDA apostó fuerte por la cultura, fomentando siempre los clubes, museos, teatros y conciertos dirigidos al ocio de distintos públicos. Defensora del aborto libre y gratuito (instaurado en 1972 en la RDA), fue también una persona adelantada a su tiempo y comprometida con la lucha de la mujer por la emancipación. Trabajó por facilitar la conciliación laboral-familiar con la apertura de casas cuna y jardines de infancia gratuitos desde los 3 a los 6 años, fomentando siempre los vínculos escuela-hogar. Ofreció también a las mujeres la opción de continuar su formación en escuelas superiores populares y cursos dirigidos especialmente a ellas, con horarios y condiciones cómodas para adaptarlas a su rutina diaria. El objetivo de este ambicioso plan de educación fue potenciar los talentos y aptitudes de cada individuo, fomentando la cooperación en lugar de la competición.

Además de eso, tuvo una gran implicación en la promoción de la política de derechos de la comunidad LGTBI en la RDA, publicando materiales didácticos destinados a promover la tolerancia y la diversidad sexual y logrando en 1968 la despenalización de la homosexualidad.

El éxito logrado es innegable, y en su tiempo fue reconocido con la concesión de la Orden al Mérito por la Patria de Oro y dos Órdenes de Karl Marx, es por eso que sorprende que una de las mujeres más influyentes de su tiempo sea solamente recordada como la mujer de Erich Honecker.

La demonización que sufrió a manos de una izquierda acomplejada tras la caída del bloque socialista fue, si cabe, más cruel que la que sufrió su pareja. Apodada de “bruja morada” o “dama de hierro”, tuvo que exiliarse hasta su muerte por no renegar nunca de las ideas del socialismo y de la experiencia que representó la República Democrática Alemana.

Fue acogida en Chile, país que reconoció y supo agradecer su implicación en el campo internacionalista, en el que trabajó junto al Gobierno de la RDA en la acogida de miles de perseguidos políticos por la salvaje dictadura de Pinochet (1973-1990) el cual contaba con el apoyo del Gobierno de los EEUU o de la misma Margaret Thatcher.

Mujer solidaria durante toda su vida, siguió trabajando en el exilio por la liberación de diversos pueblos de Asia y América Latina. Recibió en 2008 la Orden de la Independencia Cultural “Rubén Darío” por el apoyo a la Cruzada Nacional de Alfabetización en Nicaragua.

Conservó hasta el último momento una mente lúcida, con la que se reafirmaba día tras día en la vigencia de su pensamiento, categorizando recientemente la caída del muro como “el mayor error político de la Historia”.

Lo cierto es que la RDA fue el Estado europeo más avanzado en cuestión de educación y género, y la mujer que apostó por construir el nuevo Estado científico y social murió olvidada, borrada de la Historia, relegada a ser la primera dama, la sombra de su marido.

Desde nuestra perspectiva actual frente a la LOMCE y las dificultades a las que se enfrenta la juventud para incorporarse al mundo laboral, es preciso devolverle a Margot Feist el lugar que merece en la Historia y seguir su ejemplo luchando para forjar un mundo libre y sin explotación.