El nacionalismo revolucionario de José Carlos Mariátegui

José Carlos Mariátegui es, sin duda, uno de los referentes del marxismo latinoamericano y, obviamente, del marxismo indoamericano. Mariátegui representa la lucha contra la dependencia y el coloniaje. El revolucionario peruano trata de entender y desentrañar la compleja realidad de su país, y su respuesta no podrá ser otra que la de señalar los elementos orgánicos e ideológicos que deben ser puestos en movimiento para “peruanizar el Perú”, o lo que es lo mismo, emancipar a las clases explotadas y desposeídas.

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El comunista peruano José Carlos Mariátegui (1894-1930)

El texto que elegimos en esta ocasión es un fragmento de “Nacionalismo y vanguardismo”, de 1925 (compilado en “Peruanicemos el Perú”). Un texto que encuadra perfectamente el socialismo de Mariátegui. Un socialismo que no puede ser “anti-nacional”, puesto que sería un sinsentido en aquellos pueblos – explotados y dependientes – que luchan por su emancipación. Por el contrario, el Gran Amauta del Perú defiende un socialismo que sea indigenismo revolucionario y patriotismo revolucionario de los pueblos en lucha. Un socialismo que se exprese como nacionalismo revolucionario en oposición al ideario nacional-eurocéntrico de la oligarquía peruana:

“Para sentir a sus espaldas una antigüedad más respetable e ilustre, el nacionalismo reaccionario recurre invariablemente al artificio de anexarse no sólo todo el pasado y toda la gloria de España sino también todo el pasado y la gloria de la latinidad. Las raíces de la nacionalidad resultan ser hispánicas y latinas. El Perú, como se lo representa esta gente, no desciende del Inkario autóctono; desciende del Imperio extranjero que le impuso hace cuatro siglos su ley, su confesión y su idioma”.

Nacionalismo y socialismo

La vanguardia propugna la reconstrucción peruana, sobre la base del indio. La nueva generación reivindica nuestro verdadero pasado, nuestra verdadera Historia. El pasadismo se contenta, entre nosotros, con los frágiles recuerdos galantes del Virreinato. El vanguardismo, en tanto, busca para su obra materiales más genuinamente peruanos, más remotamente antiguos.

Y su indigenismo no es una especulación literaria ni un pasatiempo romántico. No es un indigenismo que, como muchos otros, se resuelve y agota en una inocua apología del Imperio de los Incas y de sus faustos. Los indigenistas revolucionarios, en lugar de un platónico amor al pasado incaico, manifiestan una activa y concreta solidaridad con el indio de hoy.

Este indigenismo no sueña con utópicas restauraciones. Siente el pasado como una raíz, pero no como un programa. Su concepción de la Historia y de sus fenómenos es realista y moderna. No ignora ni olvida ninguno de los hechos históricos que, en estos cuatro siglos, han modificado, con la realidad del Perú, la realidad del mundo.

Cuando se supone a la juventud seducida por mirajes extranjeros y por doctrinas exóticas, se parte, seguramente, de una interpretación superficial de las relaciones entre nacionalismo y socialismo. El socialismo no es, en ningún país del mundo, un movimiento anti-nacional. Puede parecerlo, tal vez, en los imperios. En Inglaterra, en Francia, en EEUU, etc., los revolucionarios denuncian y combaten el imperialismo de sus propios gobiernos. Pero la función de la idea socialista cambia en los pueblos política o económicamente coloniales. En esos pueblos, el socialismo adquiere, por la fuerza de las circunstancias, sin renegar absolutamente ninguno de sus principios, una actitud nacionalista. Quienes sigan el proceso de las agitaciones nacionalistas en el Rif, en Egipto, en China, en la India, etc., se explicarán sin dificultad este aspecto, totalmente lógico, de la praxis revolucionaria. Observarán, desde el primer momento, el carácter esencialmente popular de tales agitaciones. El imperialismo y el capitalismo de Occidente encuentran siempre una resistencia mínima, si no una sumisión completa, en las clases conservadoras, en las castas dominantes de los pueblos coloniales. Las reivindicaciones de independencia nacional reciben su impulso y su energía de la masa popular.

Uno de los fenómenos más interesantes, uno de los movimientos más extensos de esta época es, precisamente, este nacionalismo revolucionario, este patriotismo revolucionario. La idea de la nación – lo ha dicho un internacionalista – es en ciertos períodos históricos la encarnación del espíritu de libertad. En el Occidente europeo, donde la vemos más envejecida, ha sido, en su origen y desarrollo, una idea revolucionaria. Ahora tiene este valor en todos los pueblos que, explotados por algún imperialismo extranjero, luchan por su libertad nacional.

FUENTE: “El País Canario”

El marxismo pro-prostitución es revisionista y un disparate misógino

Por Jonah Mix

“Un fantasma recorre Twitter: el fantasma del liberal con avatar de hoz y martillo”

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Comunismo: quizá lo entiendas como eso que los simpatizantes de Bernie Sanders te dicen que no son. O si tienes suerte, lo entiendes como la ideología que aboga por el derrocamiento de la burguesía y el establecimiento de una sociedad dirigida por la clase obrera, en la cual la producción se basa en términos de necesidad humana.

Como probablemente no lo conozcas es como una ideología que defiende el trabajo asalariado, la explotación y la mercantilización. Sin embargo, lamentablemente se ha vuelto común para los comunistas – tanto dentro como fuera de la red – hacer exactamente esto al apoyar la prostitución.

Sí, hombres que reivindican ser guerreros contra la dominación de una clase sobre otra celebran una industria en la cual una clase… bueno, domina a otra. Andrea Dworkin estaba en lo cierto como siempre cuando dijo: “Sólo cuando el cuerpo de las mujeres se vende con fines lucrativos los izquierdistas abogan por el libre mercado”.

Antes de comentar por qué este nuevo amor por el capitalismo sexual es un absurdo despreciable, déjenme decirles: no espero que todos los que lean esto sean comunistas. No me considero un comunista ortodoxo, aunque tengo una fuerte admiración y apoyo por los movimientos revolucionarios que surgieron en el siglo pasado. Sí espero que la mayoría de la gente que lea esto tenga una noción básica de Historia, Lógica y Ética, pues es todo lo que necesita para darse cuenta de lo estúpida que es esta idea del “marxismo pro-prostitución”.

Empecemos con Historia. No se puede negar que los principales gobiernos comunistas vieron la prostitución como un sistema contrarrevolucionario. Uno de los primeros actos de Fidel Castro en el poder fue deportar o arrestar a los proxenetas extranjeros y a los puteros que abusaron de las mujeres cubanas pobres en La Habana. En China, Mao estableció la reeducación y la capacitación para el trabajo de ex-prostituidas y prohibió el proxenetismo.

Enver Hoxha, uno de los grandes defensores de la igualdad de las mujeres en la Historia comunista, se esforzó mucho por abolir la prostitución en los ambientes militares de Albania, incluso poniendo en riesgo su propio poder. Caramba, el mismo Marx afirmó varias veces que la prostitución es la expresión de la opresión del trabajador por el capitalismo, y Lenin lo vio de la misma manera etiquetando a ese mundo como anticomunista.

Eso sí, esto por sí solo no prueba nada. El marxismo es una ciencia inmortal, constantemente sujeta a replanteamientos y reformulaciones (que no revisiones). Aun siendo absolutamente posible que tanto Marx como Mao, Hoxha, Castro y Lenin estuvieran equivocados acerca de la prostitución, incluso considerando que esos hombres hubieran sido varias veces responsables de algunas atrocidades, pregunto: ¿por qué los varones marxistas pueden examinar las decisiones tomadas por líderes comunistas y llegar a ver su apoyo a la liberación de las mujeres como la única posición que vale la pena criticar?

He encontrado hombres que defienden fervientemente el “Gran Terror” de Stalin pero condenan a Mao por su “putofobia”. Hombres que no pueden cuestionar una palabra de Pol Pot pero se apresuran a despreciar a Fidel por su “negatividad sexual”. No se tiene por qué creer en las historias de terror de la propaganda occidental para ver aquí una crisis de prioridades. Pero si hay algo aún más descaradamente anticomunista que el revisionismo histórico de este marxismo pro-prostitución es su tergiversación de la teoría marxista para justificar la venta del cuerpo de las mujeres.

Aquellos con los que he hablado – tanto fuera como dentro de la red – no tardan en soltar las mismas (y falsas) consignas liberales: el “modelo nórdico” no funciona, la legalización reduce la trata, las mujeres prostituidas puden sindicarse, etc. Quizás lancen algunos términos de moda como “autonomía” o “consentimiento”, como si el marxismo permitiera que estas ideas fueran coherentes dentro del capitalismo, el imperialismo y el colonialismo.

Un nuevo giro repentino de los comunistas pro-prostitución es la afirmación de que la despenalización de la prostitución implica que “las trabajadoras sexuales se apoderan de los medios de producción”. ¡Cierto! El sueño de Marx de una sociedad justa dirigida por trabajadores es el de una mujer pobre anunciando sus servicios a tipos blancos de clase media en SegundaMano. ¡La revolución ya está aquí!

La misoginia en una reivindicación como la suya es casi difícil de entender. Afirmar que la prostitución de cualquier tipo es apoderarse de los medios de producción implica que las manos, la boca y los genitales de una mujer sean de por sí los medios de producción susceptibles de ser expropiados. Quite la jerga comunista y obtendrá esto: “El cuerpo de la mujer es una máquina para producir sexo. Los hombres emplean esa máquina colocando dinero o recursos en ella. El sexo resultante es un producto para ser consumido”.

Dígame, ¿cuál es la diferencia entre esta visión supuestamente marxista y progresista y la de los “activistas por los derechos de los hombres”? La visión de cualquier ser humano como medio de producción es fundamentalmente anticomunista. En todo caso, es la síntesis de una lógica capitalista que pretende tratar a los seres humanos como recursos.

El hecho de que los autoproclamados “marxistas” se alineen con posturas antifeministas que ven el sexo como un recurso producido por el cuerpo de las mujeres para el consumo masculino habla del deplorable estado en el que se encuentra el auténtico socialismo revolucionario.

En la práctica, estos llamados “comunistas” (que son realmente capitalistas sexuales) no estás seguros de cómo funcionaría la prostitución en una sociedad comunista. Y no deberían estarlo, porque cualquier respuesta sincera es horripilante.

Un vistazo rápido de antecedentes: las naciones socialistas tienen economías de planificación centralizada estructuradas para atender las necesidades de la gente. Si bien la idea de que los trabajos están repartidos mecánicamente por una oficina sombría sin interés ni pasión es un mito, todos los países que siguen la estructura marxista-leninista controlan la estructura y la función del mercado de trabajo. Las escuelas se diseñan a menudo para clasificar a los estudiantes a una edad temprana en base a sus diferentes habilidades y los cupos para estudiantes de Ingeniería, Medicina, Carpintería, Arquitectura y demás son determinados a nivel nacional por los Comités de Planificación.

No hay nada malo en esto, por supuesto, ¿pero qué significa eso para la existencia de la prostitución en estas sociedades? ¿Apoyan estos marxistas pro-prostitución un comité de planificación que decide el número de “trabajadoras sexuales” a la par que el número de trabajadores agrícolas o de la construcción? ¿Cómo calcularía el Estado cuántas mujeres necesitan estar disponibles para que los trabajadores puedan follar? ¿Las escuelas empezarían a dirigir a las niñas hacia la prostitución desde bien temprano si no mostraran aptitud para otras ocupaciones?

Si hubiera escasez de mujeres en la prostitución, ¿podría el Estado reasignar a otras para llenar las vacantes? ¿Podrían las mujeres negarse a follar con hombres y mantener su estatus y su seguridad dentro de la República Obrera? Estas no son preguntas de listillo. No son conjeturas. Son elementos básicos de lo que los comunistas pro-prostitución están defendiendo. Y si usted no puede contestar a estas preguntas sencillas sin sonar como el cabecilla de una compleja red de trata de blancas, pregúntese el por qué.

El apoyo de los marxistas a la prostitución traiciona todo el núcleo del proyecto comunista: crear una sociedad en la que nadie vive a costa de la explotación de otra persona. Ignora la rica Historia de la resistencia comunista a la explotación de las mujeres, tergiversa la ideología de Marx para justificar un nivel de cosificación que incluso la mayor parte de los capitalistas no pueden igualar y no proporciona ni siquiera una explicación básica de cómo esta utópica “industria del trabajo sexual” podría funcionar ajena a la violación y a la trata de personas.

El por qué los marxistas han adoptado una posición a partes iguales misógina, incoherente y absurda es diíficl de explicar más allá de la rancia misoginia. Después de todo, incluso si la prostitución fuera un trabajo como cualquier otro, el apoyo entusiasta que recibe de la izquierda sería injustificado. Pero es el rol central en el mantenimiento de la relación de poder entre hombres y mujeres el que lleva ese respaldo desde lo innecesario hasta lo activamente opresivo.

No hay manera de concebir el sexo como un trabajo sin reducir los cuerpos de las mujeres a una máquina productora de sexo para ser empleada por hombres. Definitivamente, no necesitamos marxistas que defiendan una visión que celebra la mercantilización de nuestras relaciones y trata a los cuerpos humanos como medios para un fin. Eso ya lo tenemos, y se llama capitalismo.

Hoy, 8 de marzo

Por Elena Pedrinazzi de la Hoz

cartel2burss2bde2bstrahov-braslavskiy2b-2bmujeres2bemancipadas2bayudar2ba2bconstruir2bel2bsocialismo-2b1926-2bcel-2b82bde2bmarzoEl despertador suena y su mano se aventura a deslizarse bajo las sábanas para apagarlo. Dice que su cuerpo “está hecho” al horario y a rajatabla lo cumple cuando de un momento a otro está entrando en la cocina para hacer café. No enciente la televisión, en su lugar prefiere tejer sueños de tela e hilo y acariciar el cielo con sus benditas manos. Sabe qué día es pero también que su día no va a resultar diferente.

Hoy como cada día despertará por, trabajará por, vivirá por. Hoy como cada día aguantará tantas y tantas cargas en su cansada espalda. Hoy, como cada día, volverá con su mirada perdida en a saber qué sueños imposibles, en a saber qué otra vida que le hubiera gustado vivir si le hubieran dejado. Hoy intenta descansar lo que no descansó en todos los años de su vida y luchar – sí, luchar, aún le queda tiempo – para que otras no tengamos que pasar por todo lo que ella ha pasado. No necesita lazos lilas para recordar ninguna batalla, pues cada uno de los dolores de su cuerpo resulta para ella una herida de guerra. No tiene más armas que sus manos pero, sin embargo, va cada día a pelear con la vida con más coraje que cualquier guerrero. Es una guerrera, una heroína, una diosa para cualquier religión.

Ella. La batalla constante, el abrazo caliente, la sonrisa eterna con piel de serpiente. Ella no merece un día de conmemoración, ella merece una vida de lucha en su honor, el mundo a sus pies.

Hoy es el día de la Fiesta, el día del recuerdo. Se celebra la igualdad, el gran paso de las mujeres en la Humanidad, la lucha por el alcance de nuestros derechos como personas libres e iguales a los hombres. Sin embargo, no puedo evitar el amargo sabor que me deja una celebración donde la hipocresía se convierte en el traje habitual. Donde se celebran luchas que en determinado momento fueron reprimidas, insultadas, humilladas, despreciadas; al igual que las luchas que actualmente lidiamos. Donde personas que nos niegan, nos ridiculizan constantemente, nos apartan, nos manejan a su antojo, hoy se engalanan y nos felicitan por nuestra labor como mujeres. No queremos construirnos a su imagen y semejanza, no queremos que encabecen nuestra lucha sino que nos acompañen, ni que nos definan, ni que nos paguen menos por el mismo trabajo, ni que decidan por nosotras, por nuestro cuerpo. No queremos ser usadas, maltratadas, asesinadas. Y, por supuesto, no queremos pedir permiso sino arrebatarlo.

Y para mi madre, para nuestras hermanas: el universo.

Conociendo la República Socialista de Vietnam

vietnamLa República Socialista de Vietnam es un país del Sudeste Asiático con una extensión de 331.700 kilómetros cuadrados y una población de aproximadamente 95 millones de habitantes. La lengua oficial es el vietnamita (aunque existen multitud de lenguas minoritarias) y su capital es la ciudad de Hanoi, con 2.688.000 habitantes. Otras ciudades importantes del país son Ciudad Ho Chi Minh (5.285.454 habitantes); Hue (350.000 habitantes); Da Nang; Hai Phong; Nha Trang o Can Tho. Casi una cuarta parte de los 95.000.000 de vietnamitas practican alguna religión. Las principales religiones son el budismo, el cristianismo, el protestantismo, el caodaísmo, el hoahaoísmo y el Islam.

La Historia ha marcado diferencias entre las regiones del norte y del sur, que en algunas ocasiones se hacen notorias por el carácter de los habitantes y, por supuesto, por el clima y el idioma.

Entablar relaciones con el pueblo vietnamita es una experiencia especial ya que notaremos el afán por que todo salga estupendamente, no en vano los vietnamitas son conocidos por esforzarse para que las cosas luzcan con esplendor, por lo que nunca deberíamos cesar en darles la oportunidad de demostrar su esfuerzo.

El campo ha sido el entorno en el que tradicionalmente se ha desarrollado la vida de las familias, proporcionando trabajo, sustento y comunidad basada en la fe. Hoy en día, tras los cambios que la Historia ha marcado en el territorio, las nuevas generaciones se acomodan en las ciudades y desarrollan ahí nuevas actividades.

La sociedad vietnamita gira entorno al valor de la familia, en el más extenso de los sentidos es una sociedad patriarcal donde los ancianos son respetados y la educación es vital. Reuniones que incluyen a primos, parientes y familiares con frecuencia bajo un mismo techo, donde el concepto de privacidad pasa a un segundo término.

La influencia por cercanía de China se halla en diversos ámbitos, pero la sociedad vietnamita tiene un carácter propio y determinado.

Los incondicionales del feng shui se hallarán como en el paraíso, pues para el pueblo de Vietnam todo debe ir acorde al phong thuy (nombre local para el feng shui). Así pues, la decoración, orientación de las casas, pagodas, tumbas, absolutamente todo está en consonancia con el arte de vivir en perfecto equilibrio y armonía con el medio ambiente.

Religión

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En Vietnam conviven 4 religiones principales: el budismo, el confucianismo, el taoísmo y el cristianismo. Sin embargo, el “Tam Giao” es una fe extendida entre la población, pues es un sincretismo de las tres primeras.

Los cultos y las religiones en Vietnam son muy diversos y constituyen prácticas de carácter popular, tradicional y ritual, estrechamente vinculados con su vida económica y sus actividades culturales y espirituales, aunque hay una parte de la población que no profesa ninguna creencia o religión.

En tiempos antiguos se creía que todo ser y objeto del Universo poseía alma. Por ello, se consideraban y veneraban figuras divinas como el Sol, la Luna, los ríos, los mares, la lluvia, la tierra, el arroz… a los que se rogaban ayuda, protección y ventura. En la actualidad, lo que más se practica en Vietnam es el culto a los ancestros. Cada familia posee un altar o lugar sagrado donde en los días 1 y 15 de cada mes según el calendario lunar, o en ocasión de aniversarios de los difuntos, se ponen flores y diferentes flores y se encienden inciensos para rendir homenaje a los antepasados y a los muertos, así como para rogar protección y suerte.

El confucianismo y el taoísmo, introducidos desde China antes de nuestra era, no llegan a ser una creencia o religión, pero sus ideologías tienen bastante influencia en el pensamiento filosófico de muchos vietnamitas. El budismo, que se introdujo en el tiempo de las dinastías feudales invasoras chinas y se ha desarrollado fuertemente, sigue dos corrientes: la del Pequeño Vehículo (Hinayana – Escuela del Sur), introducida en Vietnam en el siglo II, cuando se difunde mediante el intercambio por vía marítima con Tailandia, Laos y Camboya; y la del Gran Vehículo (Mahayana – Escuela del Norte). El catolicismo fue introducido en Vietnam en el siglo XVI por misioneros europeos.

El protestantismo se introdujo en Vietnam en 1911. Al principio se desarrollaba en las concesiones francesas, mientras que estaba prohibido en otros lugares. Hasta 1920, Francia permitió su propaganda en toda la Indochina bajo su dominio. El Islam, de poco desarrollo, se disemina entre las comunidades de los cham durante los siglos X y XI. Actualmente existen dos corrientes musulmanas en Vietnam: una es ortodoxa y la otra no ortodoxa, denominada “Cham Ba Ni”. El caodaísmo es una religión autóctona, fundada en 1926, y tiene su sede en la provincia de Tay Ninh; mientras que el hoahaoísmo, también una religión autóctona, fue fundada en 1939.

En Vietnam hay plena libertad respecto al profesamiento de una religión. La Constitución de la República Socialista de Vietnam estipula que “todo ciudadano tiene derecho a la libertad de creencia y religión, a profesar o no cualquier religión”.

Las religiones son todas iguales ante la ley y los lugares de culto están protegidos. Nadie puede violar la libertad de creencia y de religión, o aprovecharse de las mismas para contravenir la ley y la política del Estado.

FUENTE: Embajada de la República Socialista de Vietnam en España

Desmontando el hippismo como variante de la ideología burguesa

(Viktor Riska y Kleanthi Zoto; Neofreudismo, una de las más reaccionarias tendencias de la ideología burguesa, 1973)

hippiesEl neofreudismo ejerce una gran influencia sobre los movimientos de “izquierda” de carácter liberal-anarquista. Uno de esos movimientos extendidos en el degenerado mundo capitalista es el de los hippies, a los que los ideólogos burgueses llaman “niños de las flores”. Estos son grupos de jóvenes desempleados, que vagan por las calles de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, descalzos, con pelos y barbas largas, con unas ropas extrañas y una vida tan parasitaria como disoluta. Los hippies son representados por las tendencias neofreudianas como un “modelo de la futura sociedad”. Está claro que para ellos, la futura sociedad significa hacer tiempo o divagar, lo que se traduce en una perpetuación de la propiedad privada. En este sentido la cuestión de los hippies es una cuestión política. En orden de desorientar a la juventud, de prevenirse de que busquen el verdadero camino, la ideología burguesa y revisionista avoca por la resistencia pasiva de la juventud ante las injusticias. El pelo, las patillas y lar barbas largas, etc. son un símbolo de esta oposición no revolucionaria, la cual crea ilusiones de que los objetivos pueden ser conseguidos por medios pacíficos. También hay personas que llevan pelos y barbas largas para lucir bien, en orden de parecer “modernos”, pero en realidad estas apariencias “modernas” son manifestaciones de primitivismo, pesimismo social y apatía política.

Tales tendencias irracionales actuales justifican el individualismo extremo. Según ellos la sociedad es un bosque donde los árboles crecen cerca los unos de los otros pero sin conexión alguna. Dicen que en una sociedad una persona vive su vida, tiene su individualidad, sus ambiciones, vive por sí misma y muere por sí misma en soledad. La sociedad, según ellos, es una noción vacía. Que no hay nada en común entre los seres humanos. Se les debe permitir vivir según sus gustos, y que no hay necesidad de llenar sus cabezas de todo tipo de ideas ya que su naturaleza no puede ser cambiada. Argumentan que el ser humano en sociedad se siente abandonado y efímero, que la sociedad le brinda sufrimiento porque le priva de su satisfacción e instintos, y suprime sus sentimientos. Sobre este camino, los ideólogos de la burguesía consideran el individualismo como la esencia de la naturaleza humana y el objetivo principal de las relaciones entre las personas. Justifican el individualismo con el pretexto de que están protegiendo al individuo del colectivo, porque según ellos, cuando el individuo entra en el colectivo pierde su esencia. El “ego” está por encima de todo y se convierte en nada cuando entra en sociedad. Este es un llamamiento a encerrarse en uno mismo, para que todo el mundo viva solamente por el bien de su “ego”.

La falta de fundamento de estas opiniones irracionales puede ser fácilmente entendida con claridad. El marxismo nos enseña que el ser humano no puede considerarse en forma aislada de la sociedad. Vive todo el tiempo como una parte de la sociedad, de lo colectivo, y para entender al individuo primero hay que entender la sociedad. Los seres humanos que actúan sobre la naturaleza y la sociedad no permanecen aislados, sino que entran en relaciones de carácter económico, ideológico y moral. La personalidad humana también se desarrolla precisamente en este proceso natural de la cooperación.

Las teorías de los neofreudianos buscan justificar el liberalismo burgués con el eslogan de la “absoluta libertad” del individuo. Conciben la libertad de manera metafísica y unilateral. De acuerdo a lo que dicen, el ser humano es libre de la sociedad y tiene el derecho para hacer cualquier cosa que quiera. Claman que sólo el capitalismo crea la posibilidad para el ser humano de desarrollar su personalidad, y que solamente el capitalismo crea las condiciones para la completa libertad de todos. En realidad, esta “libertad” proclamada por los ideólogos de la burguesía es un engaño y una limitación real de la personalidad humana.

El marxismo-leninismo nos enseña que la democracia pura no existe. Que siempre hay un carácter de clase y que cada orden social se define por el carácter de clase de las relaciones de producción y por el régimen político. En los países capitalistas la “libertad para todo” solamente es de palabra, pero no está garantizada en la práctica. Hay profundas contradicciones entre la proclamación de derechos y su implementación en la práctica. Por otro lado, hay que decir que libertad no significa degeneración, liberalismo desenfrenado ni completa independencia de las leyes sociales de desarrollo; por el contrario, significa el alzamiento de estas leyes al nivel de cognición, y actuando sobre sus bases. La burguesía propaga la “absoluta libertad” para desorganizar a las masas y, en particular, a la juventud, para prevenir que éstas se unan para luchar contra su sistema, contra el orden explotador, con el fin de crear la falsa impresión de que todas las personas son iguales y que no hay razón para que el orden capitalista sea derrocado.

FUENTE: Bitácora Marxista-Leninista

Manifiesto de los Federales de Andalucía (1873)

310px-Insignia_Hungary_Political_History_MŐ.svgAyer se cumplieron 143 años de la proclamación de la independencia de Andalucía por parte de los federalistas andaluces realizada el 21 de julio de 1873. Compartimos aquí la llamada “Declaración de Despeñaperros”, realizada en el contexto de la Revolución Cantonal y durante la breve pero convulsa Primera República Española, proclamada el 11 de febrero de aquel año. Compartimos aquí el texto íntegro del manifiesto.

Federales de Andalucía:

Los traidores de la República, unido a los traidores de Amadeo, los apóstatas de la Revolución de Setiembre, a los apóstatas y traidores de todas las situaciones y de todos los partidos, a los merodeadores políticos, a los explotadores y verdugos del pueblo, a los radicales, en fin, han constituido un Gobierno más conservador, más reaccionario, más centralizador, más adversario de las reformas administrativas y económicas que el anterior gobierno.

La Asamblea Constituyente ha consumado por segunda vez la abdicación más vergonzosa de su Soberanía; ha investido al presidente Salmerón de las mismas facultades discrecionales conferidas al ex presidente Pi.

La traición no puede ser más evidente, ni más tangible. Es la traición del 23 de Abril y del 11 de Junio ingerida en el gobierno para matar la República.

Los poderes que la Asamblea ha recibido del pueblo, son intransferibles, porque la Soberanía del Derecho es irrenunciable e ilegislable, y la Soberanía del Derecho personificada en la Soberanía del pueblo, ha sido delegada en la Asamblea.

Desde el momento, pues, en que los diputados de esta Asamblea delegan a su vez en un hombre cualquiera estos poderes que han recibido sin cláusula de sustitución, abdican en él su derecho, faltan a su mandato, sometido al capricho de este hombre un derecho superior a la misma Asamblea y al gobierno; este Derecho que es irrenunciable e ilegislable, estos poderes que son intransferibles.

De aquí, que la Asamblea ha renunciado a su Soberanía, ha claudicado, ha perdido la cualidad de legisladora, ha dejado de ser constituyente. Todo cuanto de ella emane es ilegal, es faccioso: no tiene razón de ser.

Hay más: esta Asamblea, al constituirse proclamó solemnemente la República Federal: y esta forma de gobierno lleva en sí la inmediata formación de los Estados confederados y el planteamiento por éstos de las reformas administrativas y económicas que crean convenientes.

Ahora bien: si el pueblo tiene el inconcurso derecho de reivindicación, revocando los poderes conferidos a los diputados, si estos han abusado de ellos, ora delegándolos, ora transfiriéndolos, ¿cómo, con qué derecho, pretenden la Asamblea y el gobierno sobreponerse a la Soberanía del pueblo? ¿Con qué derecho, el gobierno y la Asamblea concentran fuerzas en Madrid y Andalucía, formando cuerpo de ejército para batir a los republicanos?

Si el pueblo soberano quiere ejercer su Soberanía, ¿cómo, con qué derecho, esta Asamblea y este gobierno se oponen a la inmediata constitución de los Estados y a la consiguiente proclamación de su independencia administrativa y económica?

¡Ah! No, republicanos federales.

La Asamblea Constituyente no tiene razón de ser: el gobierno que de ella emane sin el concurso de los diputados de la minoría, que defienden la Soberanía de los Estados, es ilegal y faccioso. Tal es la doctrina del derecho republicano puro: tal es la filosofía de la Soberanía del Derecho.

¡FEDERALES DE ANDALUCÍA!

Se halla constituido el Cantón Murciano con sus diputados al frente y el bravo general Contreras. Se han adherido las fuerzas militares de mar y tierra en la plaza de Cartagena, dispuesta a defender su soberanía en unión con el pueblo y los Voluntarios de la República. En Castilla la Vieja, con sus provincias, se ha levantado la misma bandera. Castilla la Nueva ha formado un Comité de Salud Pública, ínterin se constituye, compuesto de diputados, generales y personas notables del Partido. Aragón, Cataluña, Valencia y La Mancha han manifestado al gobierno su irrevocable propósito de verificarlo. Cádiz, Málaga y Sevilla se rigen por su propia autonomía. Córdoba está constituyéndose con los diputados de su provincia, las fuerzas militares del general Ripoll y los voluntarios de la mayor parte de los pueblos.

En Despeñaperros, histórico e inexpugnable baluarte de la libertad, se enarboló ayer, por las fuerzas federales que mandan los que suscriben, la bandera de independencia del Estado Andaluz.

Terminemos, pues, nuestra obra. Completemos la regeneración social y política de esta tierra clásica de la libertad y de la independencia. Formemos nuestro Ejército Federal: constituyamos nuestros Cantones, elijamos nuestra Asamblea, y bien pronto desaparecerá el carlismo y caerá para no levantarse más la reacción hipócrita y traidora, germen latente de nuestras discordias, de nuestro empobrecimiento, de nuestro malestar.

¡FEDERALES DE ANDALUCÍA!

Unión íntima, unión fraternal entre todos nosotros. Ínterin se constituyen los Cantones del Estado Andaluz, fórmense los Comités de Salud Pública como en Madrid y demás provincias: no reconozcamos otra autoridad que la de nuestros Cantones, y todo el que se oponga a esta obra patriótica, que encierra la salvación de España, será considerado como traidor, aunque se llame republicano. Concluyamos con las palabras de M. Lamenais: “Todos tenemos el mismo pensamiento: tengamos todos el mismo corazón. ¡Salvémonos o muramos juntos!”

¡Viva la Soberanía administrativa y económica del Estado de Andalucía! ¡Viva la República Federal con todas su reformas sociales!

Despeñaperros, a 21 de Julio de 1873

El socialismo como única solución al drama ecológico

Por Jose Gutiérrez Soler

“El universo no está obligado a estar en perfecta armonía con la ambición humana”

(Carl Sagan)

No es la intención de este escrito el aburrir con cifras y porcentajes, esas cifras y porcentajes suelen ser otra clase de eufemismo sobre el problema a tratar. Pues ningún ser humano ha conocido o siquiera visto todos los árboles del Amazonas, por lo cual quiere decir que desde 1970 se ha deteriorado más del 56% de su masa y territorio de bosque, es cuanto menos una vaga forma de describir el dama sufrido en el Amazonas. pero aun así, si se desea, una rápida búsqueda en Google puede hacernos perder el sueño de una noche. El objetivo de estas líneas es expresar que existe una solución, y esta solución empieza por un cambio en nuestra sociedad.

EXISTEN SOLUCIONES

La ciencia y la tecnología han avanzado lo suficiente como para solventar casi todos los problemas medioambientales que tenemos, nuevas técnicas de reciclaje, reducciones de dióxido de carbono a la atmósfera en vehículos, energías renovables, motores eléctricos y un larguísimo etcétera hasta llegar incluso a la clonación de animales extintos.

No estamos ya frente a una tecnología incapaz de detectar los estragos de la contaminación, no nos encontramos frente a escasos datos sobre cambios en el clima y en los hábitos de los animales por culpa del deterioro del medio ambiente. Podríamos llenar plazas enteras con todos los estudios y documentos divulgativos acerca de los problemas y de las posibles soluciones del medio ambiente.

Tenemos a nuestro alcance todo el potencial de las energías renovables, de ganadería y agricultura responsable, sabemos como repoblar bosques enteros, cómo revertir la disminución de poblaciones en peligro, cómo paliar enfermedades modernas y producidas por nuestra huella ecológica… En definitiva, el ser humano dispone de medios de tener un planeta más habitable y que nos aporte mejor calidad de vida.

EL CAPITALISMO COMO INICIO Y FIN DEL PROBLEMA

Ya sabemos que existen infinidad de soluciones; algunas a largo plazo, otras drásticas e inmediatas, que acelerarían la recuperación medioambiental y reducirían nuestra huella ecológica. Pero es el momento de las preguntas: ¿quién, cómo y cuándo pondrá en práctica estas medidas? Si se le pregunta a una persona de Senegal o Mali, podremos ver en su rostro una expresión de sorpresa, ignorancia y posiblemente indignación. Pero si le preguntamos a una persona del “Primer Mundo” podremos ver las mismas expresiones, ya que individualmente, las personas no pueden hacer prácticamente nada. Incluso hasta personas que reciclen sus propios excrementos y fabriquen sus propios relojes de pulsera con cáñamo y pilas solares, serán sólo eso, casos aislados en un entramado internacional, no se verán como ejemplo a seguir y por supuesto no se verán como parte de la solución.

La hegemonía cultural impide que ese tipo de cambios de hábitos sean socialmente aceptados. El Corte Inglés se gasta mucho dinero en publicidad para permitir que nos hagamos nuestra propia ropa, o que nos fijemos que ciertos fabricantes se basan en la obsolescencia programada.

Por lo que incluso las cooperativas sociales, las redes de consumo, los huertos ecológicos, etc. son ejemplos minoritarios, ajenos a la gran masa social, y aunque muchos de ellos desarrollan labores extraordinarias, son sólo luchas aisladas, las cuales no tienen la suficiente fuerza para cambiar a las grandes potencias, y mucho menos a la conciencia colectiva en cuanto al consumo. Hay que fijarse en este tipo de inciaitivas, pero a la vez entender que si no formaran parte de algo más grande, un algo que remueva conciencias, tan sólo son opciones minoritarias. Y se quedarán en eso, porque el capitalismo no permitirá que ese tipo de iniciativas sean reales, y si por arte de magia lo fueran, las acapararían y las convertirían en oportunidades de negocio.

El capitalismo no quiere gastarse ni un solo céntimo en reducir su huella ecológica, para este sistema socio-económico todo aquello que no es productivo es prescindible, todo aquello que no sirva para encapsular y proteger su piedra angular (“el beneficio”) será tratado de manera confusa, trivial e incluso falsamente.

La columna vertebral del capitalismo es la plusvalía, sin ella ese sistema se descompone y se destruye, y los grandes en este juego hacen todo lo posible para mantener su nivel de plusvalía en valores cada vez más altos. Por ello, invertir en ecologismo es reducir su nivel de plusvalía, y entra en conflicto visceral con el propio principio del capitalismo.

Y si quedara alguna duda: ¿cuántas guerras, destrucción y muerte hemos contemplado en los últimos 20 años, tan sólo para mantener unas décimas el precio del barril de petróleo? Si el capitalismo es capaz de hacer eso, ¿qué le importa un pingüino escuálido muriéndose de hambre?

LA SOCIEDAD CAPITALISTA COMO CÓMPLICE

Aun así, sabemos que hay mínimos ejemplos y algún que otro reducto aislado, de ciertas empresas y países que innovan o promocionan en ecologismo. Ikea, por ejemplo, en su reglamento interno tiene dispuesto que en su consejo de administración tiene que haber un número de puestos reservados para ingenieros medioambientales. Estas personas son las encargadas de supervisar todos los procesos y productos de Ikea para reducir la huella ecológica y promover el reciclaje. En la ciudad de Utrecht (Países Bajos) existe un prototipo de vehículo social que genera electricidad al moverse. No sólo es que se mueva de forma gratuita, sino que además genera un excedente energético, y dicho excedente se conecta al suministro de la ciudad,a horrando costes para el ayuntamiento.

Aun así, en el caso de Ikea, no deja de ser otra cara de su campaña de marketing, y en el caso de los Países Bajos, no es más que una medida ínfima y socialdemócrata de su gobierno. En ambos casos veremos que fuera de los ejemplos anteriormente comentados, se pueden encontrar miles de casos de explotación y ruindad.

El problema de base es que la sociedad capitalista no desea solucionar el drama medioambiental. Nos encontramos ante un panorama devastador, ya que la clase trabajadora del Primer Mundo no tiene tiempo, después de sus más de 8 horas diarias de producción, como para ocuparse de unos pájaros con nombres en latín que han variado su migración por culpa del cambio en las corrientes de aire, y la clase trabajadora del Tercer Mundo no tiene recursos ni para su propia supervivencia.

Por ello, centraremos nuestra atención en quien tiene recursos y no hace nada: la clase trabajadora del Primer Mundo, todo ese conjunto de personas que viven en un exceso de plástico, productos químicos, fertilizantes agresivos, semillas transgénicas y medicamentos basados en la tortura animal.

Dudo muchísimo que cualquier persona después de ver cómo se procesa una salchicha industrial se coma una con las mismas ganas que antes, o que se maquille con ciertas cremas basadas en la experimentación y tortura de animales. Y ambos casos son bien conocidos gracias a que hoy en día vivimos en la sociedad de la información. Pero nos lo presentan como cosas que ocurren en otros países, en otras empresas, otros gobiernos y otras marcas. En definitiva, ajeno a su día a día. Ajeno a la rutina de ir al mismo supermercado por no tener tiempo de ir a las tiendas locales, ajeno a la explotación infantil en la ropa, por no poder permitirse comprar en otro sitio que no sea H&M, ajeno a la cantidad de petróleo usado en transportar pepinos de Nueva Zelanda y que sean más baratos que los de la zona rural más próxima.

El capitalismo, como en feminismo, moral, religión y otros aspectos, ataca al ecologismo como algo fuera de nuestras posibilidades, para que la impotencia dé paso a la aceptación de dichos problemas y situaciones como algo dentro de lo normal, como algo arraigado en nuestros genes, algo no prioritario de cambiar, porque lo importante es el terrorismo (que mata muchos menos que el hambre) y la estabilidad de los mercados (de SUS mercados).

EL SISTEMA ECONÓMICO SOCIALISTA COMO INICIO

Lejos de ser la solución definitiva, un cambio en los modos de producción son el plan de choque para salvar la actual biodiversidad y el actual clima, ya que “salvar el planeta” es algo egoístamente humano. El planeta seguirá ahí después de que lo inundemos de radiación y dióxido de carbono, después de que no exista ni un ser humano o animal vivo, tal como lo conocemos hoy día.

Una economía que no esté basada en el beneficio económico de una élite, es la única que podrá invertir de manera efectiva y generalizada en reciclaje, reforestación, limpieza de ríos, drenaje de embalses, potabilizadoras de agua, riegos sostenibles, semillas sin modificaciones nocivas, alimentación más saludable… Y así, un largo etcétera.

Sólo una economía con visión de futuro para la sociedad y no para su cuenta bancaria puede plantear planes a medio y largo plazo para cuestiones fundamentales como las energías renovable, el transporte limpio, la vivienda sin impacto medioambiental, o los cultivos beneficiosos para cada terreno. Y repitiéndonos, esto es sólo posible en el socialismo, ya que un sistema capitalista no tendrá margen de maniobra en sus beneficios para atender a dichas cuestiones, por muy buena voluntad que tengan sus gobernantes de turno.

Es vital hacer hincapié en esta idea de que bajo ningún sistema socio-económico capitalista podremos encontrar soluciones a largo plazo. Es importante para no caer en ilusiones de la socialdemocracia como que, con unos buenos gestores, esto puede cambiar. El gran capital, que es quien gobierna realmente, tal vez pueda dar algunas migajas a ciertos países y espejismos verdes en ciertos momentos, pero en el día a día, la maquinaria de la plusvalía se engrasa con la degradación del planeta, ya que ser responsable ecológicamente es caro.

LA SOCIEDAD SOCIALISTA COMO SOLUCIÓN

Decíamos antes que las medidas económicas y las políticas socialistas son sólo el principio, y eso se debe a que la sociedad tiene que hacer suyos ciertos hábitos de consumo, ciertos valores morales y, en definitiva, cambiar su modus vivendi frente al planeta.

Si la sociedad no rompe sus esquemas sobre cómo explotar recursos naturales, investigar nuevos medicamentos, concebir jardines o incluso diseñar casas, poco de lo que imponga un gobierno o Estado se perpetuará durante mucho tiempo, ya que al final, nuestros Estados son un reflejo de nuestras sociedades.

El cambio puede que sea generacional, así que tenemos que partir de la base de que este es un proyecto a largo plazo, pero que o se empieza ya, o el trabajo será más duro y los resultados puede que no sean tan efectivos.

Y para no caer en dar un mensaje abstracto sin posibilidad de implantarlo o defenderlo localmente, hay que estudiar el medio ambiente local y global, ver los problemas más serios y transmitir a las fuerzas políticas y otros agentes sociales un programa viable pero ambicioso, con medidas que puedan – al menos – paliar la degradación constante de nuestro entorno, un programa que pueda elevar la conciencia ecológica de nuestra clase trabajadora, un programa con medidas políticas que sean el germen de un cambio social, un programa que realmente sea revolucionario en nuestro tiempo y en nuestro entorno.

Puede que en la Andalucía de 2016 tras 10 minutos en coche uno ya pueda ver árboles y algún que otro riachuelo, según en qué ciudad, pero si nos fijamos bien es raro hoy en día encontrar un tomate que sepa a tomate, una lechuga con tierra, coquinas en la orilla y mariposas en los parques. Además, y como siempre, la miseria viaja sólo de ida a ciertos lugares del mundo, y en África podemos encontrar bosques de cables, lagos de placas informáticas, ríos de teléfonos móviles obsoletos, montañas de podredumbre y desperdicios del “Primer Mundo”, residuos de un consumo vetado para los que tienen que convivir con las consecuencias.

Si nos quitamos el velo del egoísmo y el miedo a ver lo que tenemos frente y alrededor nuestro, veremos tal cantidad de degradación del medio ambiente que ya seremos incapaces de dar marcha atrás, veremos que ya no sólo estamos condenando, como sociedad, a miles de millones de personas a la desgracia económica, sino que además les estamos robando todas las posibilidades a nuestras generaciones futuras. Es por ello que el ecologismo es una parte fundamental de la lucha, puede que sea de las más importantes, porque ataca directamente al corazón del capitalismo, a su deshumanizada tarea de extraer la vida de la clase trabajadora y su entorno en beneficio propio.

¡LA LUCHA POR EL MEDIO AMBIENTE Y EL ECOLOGISMO ES UNA LUCHA REVOLUCIONARIA!