Bolivarianismo y socialismo

Podemos aseverar que el proceso revolucionario llevado a cabo por Simón Bolívar desde principios del siglo XIX entra, por su naturaleza de libertad e independencia, por sus proyecciones de igualdad, por sus conceptos de importancia dada a la educación para todos los componentes del pueblo, por su interés de garantizar alimentación para todos, por sus proyecciones unificadoras y de libertad para todos los pueblos latinoamericanos y del Caribe, como una parte integral de esos procesos ascendentes y orientados hacia la conquista de justicia social para la Humanidad.

Todas esas luchas, aunque así no hayan sido identificadas, han constituido, desde la perspectiva que aquí exponemos, un paso ascendente hacia el socialismo. A su vez, Bolívar combatió en todos los frentes contra lo retrógrado y divisorio para los pueblos, que comenzaban a caer bajo las garras del sistema capitalista de EEUU. Eran los años en que se iba cuajando esa nación de América del Norte en potencia imperialista, cuya pretensión era establecer las bases para el control militar y político de la América toda. Ese era el proceso desarrollado por los más fuertes para someter y explotar a los más débiles garantizando así la supremacía del sistema capitalista y su culto a la propiedad privada con todo lo que ello significa en inequidades, hambre, sufrimientos y muerte para las grandes mayorías de desposeídos.

Uno de los procesos más importantes iniciado por las intensas luchas bolivarianas, fue la solidaridad activa generada en todos los pueblos latinoamericanos y del Caribe en torno a ese movimiento revolucionario. Los valores humanitarios y libertarios impulsados por el General Simón Bolívar – antes de que las ansias de poder y la insidia tomaran posesión de algunos de quienes fueron importantes militares bajo su mando – fueron aquellos que penetraron en las conciencias de los seres humanos más sanos que formaban parte del Ejército bolivariano. Los dos siglos que han pasado y que, igualmente, han fijado la figura de Simón Bolívar en las conciencias de los luchadores provenientes de todos los pueblos de Nuestra América, demuestran la grandeza y el alcance de su obra. Bolívar ha sido materia de inspiración para todas las generaciones de revolucionarios que le han dado continuidad a su pensamiento a través de los siglos, al igual que para los mejores poetas, pintores y cantores de las naciones latinoamericanas, naturalmente, incluyendo a nuestro Puerto Rico, que ha sido prolífico en la exaltación de su figura.

Las campañas libertadoras llevadas a cabo por Bolívar generaron una intensa solidaridad, pero nada puede ser tan claramente demostrativo de esa solidaridad, como lo fue el proceso de luchas libertadoras que fue cobrando cuerpo de rebeldía desde finales del siglo XVIII en la enorme mayoría de las naciones de Nuestra América, hasta convertirse en un sólido movimiento organizado con Bolívar y numerosos patriotas identificados con la causa de la independencia a la cabeza. Esa causa libertadora tocó los corazones de todos aquellos seres humanos apegados a la gran verdad humana, con visión y desprendimiento, y quienes, habiendo nacido en los que ya eran territorios geográfica y políticamente definidos, presentían la importancia histórica de, por lo menos, sembrar la semilla de una América Latina y Caribeña encaminadas hacia su conversión en una gran nación unificada por un ideal de libertad y justicia social. Bolívar fue el gran estratega de ese ideal.

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Filiberto Ojeda Ríos, autor del artículo, fue un dirigente político-militar del independentismo en Puerto Rico. En 2005 fue brutalmente asesinado tras un asedio del FBI a su vivienda en el que lo dejaron morir desangrado tras un cobarde ataque. (FOTO: Indymedia PR)

Si bien, el proyecto bolivariano tenía como objetivo central la conquista de la independencia, y desarrollar la unidad latinoamericana, sus objetivos de justicia social fueron claramente demarcados en lo que fueron sus pronunciamientos de Angostura, al igual que la Carta de Jamaica y otros documentos de fundamental importancia estratégica que exponían, como parte de sus principales objetivos, la unificación de todas las naciones latinoamericanas y caribeñas y su conversión en Patria Grande.

De esa manera, el Libertador era, además, el Unificador. Al decir de nuestro querido Eugenio María de Hostos: “el ciudadano de América, refiriéndose al significado de la victoria de Ayacucho, Puerto Rico, las Antillas, Nuestra América toda. Ayacucho es, pues, más que una gloria de estos pueblos, más que un servicio hecho al progreso, más que un hecho resultante de otros hechos, más que un derecho conquistado, más que una promesa hecha a la Historia y a los contemporáneos de que los vencedores en el campo de batalla eran la civilización contra el quietismo, la justicia contra la fuerza, la libertad contra la tiranía, la república contra la monarquía; Ayacucho es un compromiso contraído por toda la América que dejó de ser española en aquel día.

Los fundamentos bolivarianos respecto a la justicia social proporcionaban grandes esperanzas y aspiraciones en las fuerzas profundamente progresistas de todos los pueblos latinoamericanos y del Caribe cuyas necesidades de liberación eran cónsonas con dichos ideales.

Las ideas de Bolívar fueron capaces de captar la imaginación creadora y revolucionaria de los más destacados seres humanos de aquellos tiempos. Esas tendencias habrían de constituir la inspiración para las proyecciones unitarias de Nuestra América, adoptadas posteriormente por Martí, Betances y muchos otros a finales del siglo XIX, al igual que por Fidel Castro y Hugo Rafael Chávez y todos los que comulgamos con dichos ideales en la actualidad. Los postulados bolivarianos, tanto políticos como sociales, pasados de generación en generación como línea de pensamiento estratégico de lucha fundamentada en el conocimiento y la profundización de nuestra Historia, son comparables a los que ahora son expuestos por los revolucionarios de actualidad mencionados bajo el nombre de socialismo.

No se trata de un socialismo esquemático, ni dogmático, sino de la aplicación de la metodología marxista para el establecimiento de proyecciones revolucionarias, que no son otra cosa que el bienestar del pueblo, la verdadera igualdad de derechos y todo lo comprendido por el concepto de justicia social, naturalmente, partiendo de las contradicciones antagónicas existentes en todo sistema socio-económico y descritas por Carlos Marx. Esas contradicciones, al ser estudiadas con profundidad científica, nos permiten estar en condiciones de establecer un sólido análisis de la realidad, llegar a conclusiones con mayor objetividad, y establecer estrategias y tácticas de lucha cuyo contenido es orientado hacia la reorganización del sistema de producción, de la propiedad y de la distribución de los bienes elaborados por la sociedad trabajadora. Al actuar por el bienestar social y en contra de la explotación del hombre por el hombre, se actúa por el socialismo. De eso trata en buena parte la Revolución Bolivariana.

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Alegoría ecuestre de Simón Bolívar, el Libertador de América Latina.

Los seguidores del ideario de Bolívar se podrían contar por miles en toda Nuestra América a través de los años. Sin embargo, podemos afirmar de manera categórica que no ha existido un solo dirigente patriota en la lucha de los boricuas por la independencia a través de todas las décadas que han seguido a la epopeya bolivariana y precedido el momento actual, al igual que los más importantes poetas y pintores de generaciones pasadas y presentes, para quienes Bolívar no haya sido fuente de inspiración, quizás con la misma profundidad que lo ha sido en su país de origen: Venezuela.

La contribución de profundo carácter bolivariano de los puertorriqueños, comenzando con el General Antonio Valero hasta la actualidad, ha sido una constante en el quehacer histórico de todos los luchadores boricuas. Los paradigmas de la lucha por la independencia y la libertad del pueblo puertorriqueño, si los colocamos de manera generacional en nuestra historia de lucha, han sido los siguientes: General Antonio Valero nacido en Fajardo (Puerto Rico) en el año 1790 y fallecido en 1863; los hermanos Andrés y Juan Vizcarrondo, que lucharon por nuestra independencia durante los años de 1835 hasta fines de la década de 1860, y que apoeraron también desde Venezuela; Ramón Emeterio Betances, Segundo Ruiz Belvis y Eugenio María de Hostos, que lucharon desde la década de 1860 hasta el final de sus días. Ruiz Belvis falleció en 1898 y Hostos en 1903; José de Diego, que ocupó el liderato independentista durante las primeras dos décadas del siglo XX, hasta su fallecimiento en 1918; Pedro Albizu Campos, líder profundamente relevante que encabezaba la lucha patriótica desde finales de la década de 1920 hasta pasada la insurrección nacionalista, el ataque a la Casa Blair y el ataque al Congreso de EEUU en la década de 1950, fallecido en 1965; Juan Antonio Corretjer, revolucionario socialista, poeta de reconocimiento internacional y Comandante Honorario del Ejército Popular Boricua-Macheteros (EPB-M), que ejerciera su liderato desde la década de 1960 hasta su fallecimiento en 1985; y finalmente, el Ejército Popular Boricua, actual continuador, entre otros, de las ideas promulgadas por todos nuestros patriotas revolucionarios. Es a los efectos de establecer la trascendencia de estos grandes puertorriqueños, que habremos de exponer lo que fueron las ideas bolivarianas y libertadoras de cada uno durante todas esas décadas de luchas forjadoras de nuestra histórica tradición, al igual que de los postulados del Ejército Popular Boricua.

Por Filiberto Ojeda Ríos

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Relaciones sexuales y moral comunista

Cada época histórica – y, por lo tanto, económica – en el desarrollo de la sociedad tiene su propio ideal de matrimonio y su propia moral sexual. Bajo el sistema tribal, con sus lazos de parentesco, la moral era diferente a la que se desarrolló con el establecimiento de la propiedad privada y del gobierno del marido y el padre – el patriarcado. Los diferentes sistemas económicos tienen diferentes códigos morales. No sólo cada etapa del desarrollo de la sociedad, sino cada clase tiene su correspondiente moral sexual – basta con comparar la moral de la clase terrateniente feudal y de la burguesía en una misma época para ver que esto es cierto. Cuanto más firmemente se establecen los principios de la propiedad privada, más estricto es el código moral. La importancia de la virginidad antes del matrimonio legal nació del principio de la propiedad privada y la renuencia de los hombres a pagar por los hijos de otros.

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Retrato de la camarada Alexandra Kollontai en una época aproximada a la redacción de este texto.

La hipocresía – la observancia externa del decoro y la práctica actual de la depravación – y el doble código – un código de conducta para el hombre y otro para la mujer – son los dos pilares de la moral burguesa. La moral comunista debe, ante todo, rechazar resueltamente toda la hipocresía heredada de la sociedad burguesa en las relaciones entre los sexos, y rechazar el doble estándar de moralidad.

En el período de la dictadura del proletariado las relaciones entre los sexos deben ser evaluadas sólo de acuerdo con los criterios mencionados anteriormente: la salud de la población trabajadora y el desarrollo de los lazos internos de solidaridad dentro del colectivo. El acto sexual no debe ser visto como algo vergonzoso y pecaminoso, sino como algo tan natural como las otras necesidades de un organismo sano, como el hambre y la sed. Tales fenómenos no pueden ser juzgados como morales o inmorales. La insatisfacción de los instintos sanos y naturales sólo deja de ser normal cuando se superan los límites de la higiene. En tales casos, se amenaza no sólo la salud de la persona en cuestión, sino también los intereses del colectivo de trabajo, que necesita la fuerza, la energía y la salud de sus miembros. La moral comunista, al reconocer abiertamente la normalidad del interés por el sexo, condena el interés insano y antinatural por el sexo – excesos, por ejemplo, o relaciones sexuales antes de la madures, que agotan el organismo y reducen la capacidad de los hombres y las mujeres para el trabajo.

Como la moral comunista se preocupa por la salud de la población, también critica la moderación sexual. La preservación de la salud incluye la plena y correcta satisfacción de todas las necesidades del ser humano; las normas de higiene deben funcionar con este fin, y no suprimir artificialmente una función tan importante del organismo como el deseo sexual – véase la obra de August Bebel titulada “La mujer y el socialismo” de 1879. Así, tanto la experiencia sexual temprana – antes de que el cuerpo se haya desarrollado y fortalecido – como la restricción sexual deben considerarse igualmente perjudiciales. Esta preocupación por la salud del género humano no establece ni la monogamia ni la poligamia como la forma obligatoria de las relaciones entre los sexos, porque los excesos pueden ser cometidos en los límites de la primera, y un cambio frecuente de compañeros no significa en modo alguno la intemperancia sexual. La ciencia ha descubierto que, cuando una mujer tiene relaciones con muchos hombres al mismo tiempo, su capacidad para tener hijos se deteriora; y las relaciones con un número de mujeres drenan al hombre y afectan negativamente a la salud de sus niños. Dado que el colectivo de trabajadores necesita hombres y mujeres fuertes y saludables, tales formas de organización de la vida sexual no son de su interés.

Es aceptado que el estado psicológico de los padres en el momento de la concepción influye sobre la salud y la capacidad de vida del bebé. Así, en interés de la salud humana, la moral comunista critica las relaciones sexuales que se basan en la atracción física por sí sola y no son acompañadas por amor o pasión fugaz. En interés de la colectividad, la moral comunista también critica a las personas cuyas relaciones sexuales se construyen no sobre la base de la atracción física, sino del cálculo, hábito o incluso afinidad intelectual.

En vista de la necesidad de fomentar el desarrollo y el crecimiento de los sentimientos de solidaridad y de fortalecer los lazos del colectivo de trabajadores, debe establecerse sobre todo que el aislamiento de la “pareja” como unidad especial no responde a los intereses del comunismo. La moral comunista requiere la educación de la clase obrera en la camaradería y la fusión de los corazones y las mentes de los miembros separados de este colectivo. Las necesidades e intereses del individuo deben estar subordinadas a los intereses y fines del colectivo. Por una parte, los lazos familiares y matrimoniales deben ser debilitados, y por otra, los hombres y las mujeres deben ser educados en la solidaridad y la subordinación de la voluntad del individuo a la voluntad del colectivo. Incluso en esta etapa presente, la República Obrera exige que las madres aprendan a ser madres no sólo de su propio hijo o hijos, sino de todos los hijos de los trabajadores; no se reconoce a la pareja como una unidad autosuficiente, y por lo tanto no se aprueba que las esposas abandonen el trabajo por el bien de esta unidad.

En cuanto a las relaciones sexuales, la moral comunista exige en primer lugar el fin de todas las relaciones basadas en consideraciones financieras o económicas. La compra y venta de caricias destruye el sentido de la igualdad entre los sexos, y socava así la base de la solidaridad, sin la cual la sociedad comunista no puede existir. Por consiguiente, la censura moral se dirige a la prostitución en todas sus formas y a todo tipo de matrimonio de conveniencia, incluso cuando es reconocido por la ley soviética. La preservación de la reglamentación del matrimonio crea la ilusión de que el colectivo obrero puede aceptar a la “pareja” con sus intereses especiales y exclusivos. Cuanto más fuertes sean los lazos entre los miembros del colectivo, en su conjunto, menor será la necesidad de reforzar las relaciones maritales. En segundo lugar, la moral comunista exige educar a la generación más joven en responsabilidad ante el colectivo y en la conciencia de que el amor no es lo único en la vida – esto es especialmente importante en el caso de las mujeres, porque se les ha enseñado lo contrario durante siglos. El amor es sólo un aspecto de la vida, y no se debe permitir que eclipsen las otras facetas de las relaciones entre lo individual y lo colectivo. El ideal de la burguesía era la pareja casada, cuyos miembros se complementaban de tal manera que la personalidad del individuo se desarrolle al máximo, y el individuo con sus muchos intereses tenga contacto con una gama de personas de ambos sexos. La moral comunista alienta el desarrollo de muchos y variados lazos de amor y amistad entre las personas. El viejo ideal era “todo para el ser querido”; la moral comunista exige todo para el colectivo.

Aunque las relaciones sexuales son vistas en el contexto de los intereses de la colectividad, la moralidad comunista exige que las personas sean educadas en la sensibilidad y la comprensión y sean psicológicamente exigentes tanto para con ellos como para con sus parejas. La actitud burguesa hacia las relaciones sexuales como una simple cuestión de sexo debe ser criticada y reemplazada por una comprensión de toda la gama de la experiencia amorosa gozosa que enriquece la vida y da lugar a una mayor felicidad. Cuanto mayor sea el desarrollo intelectual y emocional del individuo, menos lugar habrá en su relación para el lado fisiológico del amor, y más satisfactoria será la experiencia del amor.

En el período de transición, las relaciones entre hombres y mujeres deben, a fin de satisfacer los intereses del colectivo de trabajadores, basarse en las siguientes consideraciones:

  1. Todas las relaciones sexuales deben basarse en la inclinación mutua, el amor, enamoramiento o pasión, y en ningún caso en motivaciones financieras o materiales. Todos los cálculos en las relaciones deben estar sujetos a condena sin piedad.
  2. La forma y duración de las relaciones no está regulada, pero la higiene de la raza y la moral comunista exigen que las relaciones no se basen solamente en el acto sexual y que no vayan acompañadas de excesos que amenacen la salud.
  3. Aquellos con enfermedades, etc., que podrían ser heredadas, no deben tener hijos.
  4. Una actitud celosa y propietaria hacia la persona amada debe ser reemplazada por una comprensión camaraderil y una aceptación de su libertad; los celos son una fuerza destructiva que la moral comunista no puede aprobar.
  5. Los lazos entre los miembros del colectivo deben fortalecerse. El estímulo de los intereses intelectuales y políticos de la generación más joven ayuda al desarrollo de emociones sanas y satisfactorias en el amor.

Cuanto más fuerte es el colectivo, más firmemente se establece el modo de vida comunista. Cuanto más estrechos sean los lazos afectivos entre los miembros de la comunidad, menor será la necesidad de buscar un refugio de la soledad en el matrimonio. Bajo el comunismo, la fuerza ciega de la materia es subyugada a la voluntad del colectivo de trabajadores, fuertemente unido, y por incomparablemente poderoso. El individuo tiene la oportunidad de desarrollarse intelectual y emocionalmente como nunca antes; en este colectivo, nuevas formas de relaciones están madurando y el concepto de amor se extiende y se amplía.

Por Alexandra Kollontai

(Extracto de “Tesis sobre la moral comunista en el ámbito de las relaciones conyugales”, 1921)

La tribu

coronel-gadafi-vector-retrato-historieta_91-9042La tribu es una familia que creció debido a la procreación. De ahí que la tribu sea una gran familia, del mismo modo que una nación es una tribu que creció a través de la procreación. La nación es una tribu grande y el mundo es una gran nación – una nación que se ramificó entre múltiples naciones. Los lazos que unen a las familias son los mismos que unen a la tribu, a la nación y al mundo. Con el aumento numérico del grupo esos lazos tienden, sin embargo, a debilitarse. El concepto de hombre es semejante al concepto de nación tal y como el concepto de nación es semejante al de tribu y el de tribu al de familia. Con todo, el grado de afecto concerniente a esas relaciones disminuye a medida que en ellas se pasa del nivel más pequeño al mayor. Se trata de un hecho social solamente negado por aquellos que lo ignoran.

En efecto, los lazos sociales – cohesión, unidad, intimidad y amor – son más fuertes a nivel de familia que a nivel de tribu y son más fuertes a nivel de tribu que a nivel de nación. Del mismo modo, éstos son más fuertes a nivel de nación que a nivel de mundo.

Las ventajas, privilegios, valores e ideales que resultan de esos lazos sociales son mayores en la sociedad donde éstos son naturales y fuertes. De hecho, los lazos sociales son más fuertes entre los miembros de la familia que entre los miembros de la tribu, más fuertes entre los miembros de la tribu que entre los miembros de la nación. Los lazos sociales son más fuertes a nivel nacional que a nivel mundial. Estos lazos sociales y los beneficios que de ellos emanan se pierden cuando la familia, la tribu, la nación o la humanidad desaparecen.

Es, por tanto, muy importante para la sociedad humana mantener la cohesión de la familia, de la tribu, de la nación y del mundo de modo que los individuos, en general, se puedan beneficiar de los valores inculcados a través de la solidaridad, la cohesión, la unidad, la intimidad, el amor de la familia, de la tribu, de la nación y la humanidad.

En términos sociales, la familia es mejor que la tribu, la tribu es mejor que la nación y la nación es mejor que el mundo, si son comparadas afectivamente y en lo tocante a las ventajas, a la solidaridad y a la camaradería que ofrecen a sus miembros.

Por Muammar el-Gadafi

Lo nacional y lo internacional en la doctrina marxista-leninista (II)

Veamos ahora el caso de la reciente guerra, de la Segunda Guerra Mundial.

¿Es que podría ser calificada de patriótica la actitud de un proletario alemán que hubiese considerado necesaria la defensa de la patria alemana, después de que las hordas hitlerianas agredieron a los pueblos de varias naciones, y sobre todo, después que agredieron a la Unión Soviética? ¡Es claro que no! No sólo no se le podría considerar como un patriota, sino, por el contrario, como un traidor a su clase, a su pueblo y a su nación.

En cambio, los soviéticos, los checoslovacos, los polacos, los yugoslavos, etc., sí que obraron como verdaderos patriotas. Lo mismo puede decirse de los soldados que combatieron bajo la bandera de los EEUU, Inglaterra, Francia y otros países que formaron el Frente de las Naciones Unidas, aun cuando los círculos dirigentes de sus países perseguían fines distintos de los de la URSS.

Además, en la guerra que acaba de terminar existió una razón fundamental para que el proletariado y su Partido de vanguardia, el Partido Comunista, tomara en sus manos la defensa de su nación agredida por las hordas germano-fascistas y niponas. En una serie de países, los gobiernos burgueses “nacionales” capitularon ante el enemigo y luego colaboraron con él para someter a sus pueblos a la dominación extranjera, traicionando así los intereses de su patria.

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Cartel ensalzador de los valores patrióticos e internacionalistas entre la Unión Soviética y la República Popular China.

Hay quienes dicen que eso es cierto, pero afirman – sin embargo – que los comunistas inspiran su acción en ideas foráneas y no nacionales, y que, por eso, su patriotismo es “dudoso”. Eso también es inexacto.

Inspiramos nuestra acción en una teoría científica, que ha sido elaborada sobre la base del estudio de la experiencia mundial de las leyes que rigen el nacimiento, desarrollo y fin de los diversos sistemas sociales que ha conocido la Humanidad, y nos esforzamos por aplicar los principios científicos a las condiciones concretas de nuestro país.

Querer ignorar el marxismo-leninismo, que no es sólo una ciencia, sino que es una de las ciencias más vastas que ha conocido la Humanidad, es un absurdo.

¿Por qué? Porque, ¿es que puede haber alguien que piense, por ejemplo, que los descubrimientos científicos de un país determinado sirven sólo para ese país y no para otros?

Justamente la verdadera ciencia es la que se enriquece constantemente con las experiencias nacionales obtenidas en la aplicación de los métodos científicos universales. Esto ocurre tanto en las ciencias naturales como en las sociales.

Por otra parte, ¿es que alguien puede “reprocharle” a un hombre de ciencia argentino si, por ejemplo, para perfeccionarse en el estudio de una materia determinada, toma como base la teoría científica elaborada por hombres de ciencia de otros países?

El simple planteamiento del problema demuestra lo absurdo de la posición de los que nos “reprochan” el origen internacional de nuestra teoría científica.

¿Es que los que han estudiado la Historia de la Argentina pueden ignorar, por ejemplo, que los más grandes próceres de la independencia, en particular Moreno, Belgrano, Castelli, San Martín, Monteagudo y otros, inspiraron su acción en la filosofía de los enciclopedistas franceses y en los principios en que se inspiraron los patriotas norteamericanos al luchar por la independencia de EEUU, y en particular en las ideas progresistas de la Revolución Francesa? ¿O es que puede existir alguien que tenga la osadía de considerar que esos próceres nacionales eran “extranjerizantes”, cuya “pureza” patriótica debe ser puesta en tela de juicio debido a que inspiraron su acción en ideas procedentes de pensadores de otros países? Parece que sí, que existen tales gentes.

Ahora bien: ¿es que tales gentes pueden ser consideradas como patriotas argentinos? ¡Es claro que no! Aunque se proclamen monopolizadores del patriotismo y se cubran el pecho de escarapelas nacionales, tales gentes no pueden ni deben ser consideradas como patriotas.

¿Por qué? Porque si sus ideas llegaran a imponerse en el país, en lugar de servir para impulsar a la Argentina por la senda de la cultura, de la democracia y la libertad y hacer de nuestro país uno de los más avanzados de América Latina, lo retrotraerán a la situación de atraso colonial en que vivió anteriormente y le cerrarían toda posibilidad de regreso económico-social y cultural para el futuro.

La ciencia, la cultura, el arte, la economía y la política de un país determinado, o se nutren constantemente con las experiencias que les proporcionan los países más avanzados de su época, o se estancan y se degeneran. Esto es lo que enseña la Historia de la civilización humana.

Por otra parte, la teoría marxista-leninista es una teoría internacional, por cuanto guía la acción del proletariado y de su Partido de vanguardia de todos los países en la lucha por la obtención de las reivindicaciones inmediatas de la clase obrera y del pueblo y por su emancipación de la explotación capitalista y de toda forma de sojuzgamiento nacional.

¿Pero es que las “teorías” en que se apoyan los defensores de los intereses “sagrados” del capitalismo no son, acaso, de carácter internacional? Sí que lo son.

En efecto; nadie es más internacional que el capitalismo, puesto que si alguien ha roto las fronteras nacionales – rompiéndolas en la mayoría de las veces a cañonazos – para invadir a todos los países con sus mercancías, con sus capitales y sus agentes, es justamente el capitalismo.

¿Qué es el imperialismo, sino la doctrina y práctica del expansionismo mundial del capitalismo?

Resulta claro, pues, que el internacionalismo proletario que practican los comunistas, no sólo no debilita su sentimiento nacional, sino que lo refuerza. Esto es lo que determina que los comunistas sean los verdaderos patriotas de nuestra época.

Por eso, cuando alguien, desde arriba o desde abajo, se atreve a poner en duda el patriotismo de los comunistas, nuestros camaradas no sólo no deben tomar una actitud defensiva ante los que hacen tales manifestaciones, sino que deben pasar a la ofensiva y exigir que sean ellos los que demuestren su grado de patriotismo, pues los comunistas, aquí como en todas partes del mundo, son los que se han colocado y se colocan siempre a la cabeza de su clase obrera y de su pueblo en la lucha por el progreso de su país, por el bienestar social y por la defensa de la independencia de su patria.

Ser patriotas comunistas es hoy, pues, el timbre de honor más grande que puede tener un ciudadano.

Por Victorio Codovilla

Conferencia pronunciada en las Jornadas de Educación con motivo del 1º Centenario del Manifiesto del Partido Comunista (1948)

Lo nacional y lo internacional en la doctrina marxista-leninista (I)

Hay quienes dicen que es debido a que los comunistas practicamos el internacionalismo proletario no podemos ser buenos patriotas, puesto que, según ellos, lo primero se contradice con lo segundo; pero esta afirmación no es exacta.

¿Por qué?

Porque el marxismo-leninismo, al mismo tiempo que enseña a seguir las mejores huellas del internacionalismo, las del internacionalismo proletario, enseña a sus adeptos a inspirar su acción en las mejores tradiciones patrióticas de su país.

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Victorio Codovilla fue un destacado dirigente comunista argentino, Secretario General del Partido Comunista de la Argentina entre 1941 y 1963. Murió en Moscú en 1970.

El creador de nuestra doctrina, Carlos Marx, enseñó a los pueblos de los países capitalistas colonizadores que “un pueblo que oprime a otro pueblo jamás puede ser libre”, y enseñó a los pueblos de los países coloniales y dependientes que la rebelión contra la opresión nacional es sagrada; y que, por consiguiente, los comunistas de unos y otros países debían luchar en frentes distintos, pero coincidentes; unos para impedir la colonización, y otros, para expulsar a los colonizadores.

Por otra parte, y contrariamente a lo que algunos piensan, el marxismo se diferenció siempre del anarquismo por el hecho de que mientras éste propaga el “nihilismo nacional”, el marxismo valora justamente las aspiraciones nacionales de los pueblos, y por eso es el campeón de la lucha por la independencia económica y por la soberanía nacional.

Marx y Engels plantearon el problema de que hay que defender la propia nación contra los agresores, y que hay que luchar para arrojar del suelo patrio a los dominadores extranjeros a fin de unificarla geográfica, étnica y políticamente.

Muchas veces se ha puesto de relieve el grandioso significado de la Comuna de París, como ejemplo de cómo el proletariado puede conquistar el poder, y cómo desde él puede construir un nuevo Estado obrero y democrático.

Sin embargo, el aspecto nacional, patriótico, de la lucha de los comuneros no siempre se ha puesto suficientemente de relieve. No siempre se ha señalado que los comuneros de París fueron los que dieron uno de los ejemplos más grandes de patriotismo en el siglo XIX. No siempre se ha explicado que los obreros de París tomaron el poder y establecieron la Comuna después de que el gobierno aventurero de Napoleón III (“Napoleón el Pequeño”) fue derrotado en la guerra por los alemanes, y después que, escapándose a Versalles – la ciudadela de la reacción francesa – su gobierno dejó abiertas las puertas de París al invasor germano. Ahora bien; la lucha de los partidarios franceses de la Internacional fundada por Marx y Engels, o sea, de los comuneros de París, se realizó en dos frentes: contra los ejércitos invasores de Bismarck y contra los capituladores y traidores nacionales: los versalleses; es decir, que los patriotas comunistas de aquella época tuvieron que luchar, al mismo tiempo que contra los invasores prusianos, contra las capas dirigentes vendepatrias de la burguesía nacional, del mismo modo que en la reciente guerra los comunistas franceses tuvieron que luchar al mismo tiempo que contra las hordas invasoras hitlerianas, contra las capas dirigentes vendepatrias de la burguesía nacional, que abrieron las puertas de Francia al enemigo y buscaron el apoyo de sus bayonetas para impedir que el pueblo francés triunfara contra sus enemigos internos y externos.

Hecho significativo: para batir la Comuna, los alemanes ayudaron a sus “enemigos” franceses a reorganizar un ejército contrarrevolucionario, poniendo en libertad a prisioneros de guerra y ayudándolos en el asalto a París.

Este fue un ejemplo histórico del sediciente “patriotismo” de la burguesía, y del verdadero patriotismo del proletariado y de su Partido Comunista.

Se dirá: ¿cómo se explica, entonces, que en el Manifiesto Comunista se hable justamente de que “el proletariado no tiene patria”?

Pasa con ese concepto de Marx, como pasó con otros, o sea, que se lo separa del conjunto del pensamiento marxista del cual forma parte, y luego se le da una interpretación torcida con el fin de presentar bajo una falsa luz a los comunistas.

En efecto; al afirmar Marx en el Manifiesto Comunista que “los proletarios no tienen patria”, quiso significar que sus intereses no coincidían con los que los círculos dirigentes de la burguesía defendían, y que por consiguiente su actitud en cuanto a la defensa de la patria dependía de si se trataba verdaderamente de defender la patria agredida por otra nación con fines de sumisión y explotación; o si se trataba de una guerra de agresión desencadenada por esos círculos dirigentes que, en nombre de la patria y de la “defensa nacional”, se proponían someter y expoliar a otro país.

Por ejemplo, ¿es que podría ser considerada como una guerra justa, por la defensa de la patria, si el gobierno de un país determinado desencadenara una guerra contra otro país con el fin de arrebatarle parte de su territorio, o con el fin de dominar y esclavizar a otros pueblos?

De ninguna manera.

En cambio, supongamos que el gobierno de nuestro país resistiera hasta el fin las imposiciones económicas, políticas y militares del Gobierno imperialista norteamericano, y que con el fin de quebrar su resistencia, dicho gobierno agrediera – directa o indirectamente – a nuestro país. ¿Cuál debería ser y será nuestra actitud? No puede ser otra que la de ponernos a disposición de nuestro pueblo y de nuestro gobierno, y empuñar las armas para defender la libertad y la independencia de nuestra patria.

¿Cuál debería ser y será, en cambio, la actitud de los comunistas y de los verdaderos patriotas norteamericanos en ese caso? No puede ser otra que la de luchar contra su propio gobierno, también con las armas en las manos, para impedir que pueda someter y esclavizar a nuestro pueblo y a nuestra nación.

Tal debe ser, y no cabe duda que lo será, la actitud distinta pero coincidente de los comunistas de uno y otro país, y procediendo así, ambos defenderían los verdaderos intereses de su pueblo y de su nación.

Sobre el patriotismo socialista

Desde el punto de vista de las condiciones actuales, particularmente en lo que concierne a las revoluciones de China o Corea, ya no es correcto decir que “el proletariado no tiene patria”. Al contrario, las complejas condiciones de la “globalización”, junto a las lecciones de la praxis Juche de la RPDC, muestran la absoluta necesidad de todos los pueblos de luchar por el progreso social desde el punto central de defender la cultura y la historia de sus naciones contra el ataque imperialista.

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En sus tiempos, Marx miró a la cuestión de la clase obrera únicamente desde el punto de vista de Europa, en desventaja respecto a otros continentes. El nacionalismo fue la fuerza motriz de la burguesía para hacer que las clases populares pelearan entre sí, similar al “divide y vencerás”, preferiblemente a que lucharan por el socialismo. Este fue el factor principal por el que las consignas de aquellos días reflejaban un deseo para sus hermanos y hermanas de clase como el de unirse con énfasis alrededor de la clase, ya que esas fuerzas eurocéntricas y desfasadas encuentran a todas las formas del nacionalismo como “reaccionario”. Sin embargo, esta tendencia tiene un valor limitado en Irlanda y en otras naciones oprimidas. Lo mismo podemos decir de los países recientemente independientes del mundo. De hecho, el “nihilismo nacional” bajo la bandera de la clase obrera ha sido a menudo la vanguardia de la contrarrevolución.

Durante la lucha de la Unión Soviética contra el nazismo, una nueva praxis revolucionaria que reflejaba las condiciones materiales de la Era del Imperialismo tomó forma, simbolizando el concepto de “patriotismo soviético” y “defensa patriótica”. Esto también dio vida al cosmopolitanismo burgués “revolucionario”. Aun manteniendo las tradiciones de Lenin de apoyar las luchas de liberación nacional, y profundizando en esta teoría bolchevique, el patriotismo soviético llevó a un fresco y nuevo ascenso del nacionalismo revolucionario, con cada pueblo haciendo la revolución dentro del contexto de la lucha de clases anti-imperialista y desde el punto central de la independencia. Las revoluciones de China, Corea, Cuba, Vietnam, Rumanía, Albania, Kampuchea o Laos son ejemplos de ello en distinto grado.

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Militantes del Movimiento Socialista Republicano Irlandés (RSYM, por sus siglas en inglés), juventudes del IRSP.

Ello es por lo que debemos reconocer que las naciones son más que simple desarrollo capitalista y debemos forjar la conciencia ideológica tanto de las masas como de la nación, ya que ambas se entrecruzan.

Ello es por lo que, para alcanzar la verdadera libertad durante la ocupación, debemos abrazar los elementos patrióticos de nuestra tradición revolucionaria en tanto que nos acompañarán en el camino al socialismo y a la República Socialista que deseamos.

No podemos adherirnos a visiones desfasadas sobre el nacionalismo ni podemos caer en la trampa de permitir que la actual corriente mayoritaria de la izquierda y sus vías posmodernas nos distraigan de nuestro principal objetivo, que es la liberación tanto a nivel nacional como a nivel de clase. Ello es por lo que la praxis patriótica y socialista debe ser adoptada en la lucha por la liberación nacional en Irlanda, pues solo abrazando nuestros valores culturales, que sufren de la misma opresión que nuestra clase, seremos capaces de disociarnos totalmente del opresor.

Republican Socialist Youth Movement (R.S.Y.M.)

Pensamiento y papel histórico del Camarada Mao Zedong (毛泽东) [Tercera parte]

Sobre la construcción del ejército revolucionario y la estrategia militar

El camarada Mao Zedong resolvió metódicamente el problema de cómo convertir un ejército revolucionario, principalmente compuesto por campesinos, en un nuevo tipo de Ejército del Pueblo de carácter proletario, observando una estricta disciplina y manteniendo estrechos vínculos con las masas. Estableció que el único propósito del Ejército del Pueblo es el de servir al pueblo de todo corazón, propuso el principio de que es el Partido quien manda al fusil y no al revés, avanzó las Tres Reglas Cardinales de Disciplina y las Ocho Observancias e hizo hincapié en la práctica de la democracia política, económica y militar, así como los principios de la unidad entre oficiales y soldados, la unidad entre el ejército y el pueblo y la desintegración de las fuerzas enemigas, formulando una suma de un conjunto de políticas y métodos sobre el trabajo político en el ejército.

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Stalin y Mao Zedong se dan la mano tras la firma del Tratado Sino-Soviético de Amistad, Alianza y Mutua Asistencia (1950)

En sus escritos militares, como “Sobre la rectificación de las ideas erróneas en el Partido”, “Problemas estratégicos en la Guerra Revolucionaria de China”, “Problemas estratégicos en la guerra de guerrillas contra el Japón”, “Sobre la guerra popular prolongada” y “Problemas de guerra y estrategia”, el camarada Mao Zedong resumió la experiencia de las prolongadas guerras revolucionarias en China y avanzando el concepto integral de la construcción de un ejército popular y de la construcción de las zonas rurales de base y hacer la guerra popular mediante el empleo del ejército popular como la fuerza principal, apoyándose en las masas.

Elevando la guerra de guerrillas al plano estratégico, sostuvo que la guerra de guerrillas y los movimientos de carácter guerrillero prolongados en el tiempo son las principales formas de operación en las guerras revolucionarias de China. Explicó que era necesario proceder a un cambio adecuado en la estrategia militar simultáneamente con el cambiante equilibrio de fuerzas entre el enemigo y nosotros mismos con el progreso de la guerra. Elaboró un conjunto de estrategias y tácticas para el ejército revolucionario en la guerra popular en condiciones cuando el enemigo era fuerte y nosotros éramos débiles.

Estas estrategias y tácticas incluyen la lucha estratégica en una guerra prolongada y las campañas y batallas de decisión rápida, convirtiendo la inferioridad en superioridad estratégica en las campañas y batallas, concentrando una fuerza superior para destruir las unidades enemigas una por una. Durante la Guerra de Liberación, formuló los célebres Diez Principios de Operación. Todas estas ideas constituyen una destacada contribución del camarada Mao Zedong a la teoría militar del marxismo-leninismo. Después de la fundación de la República Popular, presentó la guía importante de que tenemos que fortalecer nuestra defensa nacional y la construcción de modernas Fuerzas Armadas Revolucionarias (incluyendo la Marina, la Fuerza Aérea y las ramas técnicas) y desarrollar la tecnología de defensa moderna (incluida la formación de la energía nuclear y armas para la autodefensa)

En materia de política y tácticas

El camarada Mao Zedong dilucidó de forma penetrante la importancia vital de la política y tácticas en las luchas revolucionarias. Señaló que la política y la táctica es la vida del Partido, que fueron el punto de partida y el resultado final de todas las actividades prácticas del partido revolucionario y que el Partido debe formular sus políticas a la luz de la actual situación política, las relaciones de clase, las circunstancias actuales y los cambios en ellos, la combinación de principios y la flexibilidad. Hizo muchas sugerencias valiosas en materia de política y tácticas en la lucha contra el enemigo, en el Frente Único y otras cuestiones.

Señaló, entre otras cosas, que en virtud de las cambiantes condiciones subjetivas y objetivas, una fuerza revolucionaria débil en última instancia podría derrotar a una fuerza reaccionaria fuerte; que debemos despreciar al enemigo estratégicamente y tomarlo en serio tácticamente; que debemos mantener nuestros ojos en el principal objetivo de la lucha y no golpear a ciegas en todas las direcciones; que debemos diferenciar entre ello y desintegrar a nuestros enemigos, adoptando la táctica de hacer uso de las contradicciones, ganando a la mayoría, oponiéndonos a la minoría para aplastar a los enemigos uno por uno; en las zonas bajo el gobierno reaccionario, debemos combinar la lucha legal e ilegal y, organizativamente, adoptar la política de asignación de los cuadros seleccionados para trabajar en la clandestinidad; para los miembros de las clases reaccionarias una vez derrotados los elementos reaccionarios, debemos darles la oportunidad de ganarse la vida y convertirse en trabajadores que viven de su propio trabajo, siempre y cuando no se rebelen o creen problemas; y que el proletariado y su Partido deben cumplir dos condiciones para ejercer el liderazgo sobre sus aliados: conducir a sus seguidores en la decidida lucha contra el enemigo común y lograr victorias, llevar los beneficios materiales a sus seguidores o al menos no dañar sus intereses y al mismo tiempo darles una educación política.

Estas ideas del camarada Mao Zedong concernientes a la política y la táctica están incorporadas en muchos de sus escritos, sobre todo en obras como “Problemas actuales de la táctica en el Frente Unido Antijaponés”, “Sobre la política”, “Conclusiones sobre el rechazo de la Segunda Ofensiva Anticomunista”, “Sobre algunos problemas importantes de la política actual del Partido”, “No golpear en todas direcciones” y “Sobre la cuestión de si el imperialismo y todos los reaccionarios son tigres auténticos”.