La cooperación económica entre Rusia y China, la OCS y el cambio climático global

El Foro Económico Oriental del pasado año 2018, celebrado en Vladivostok (Rusia), contó con la habitual cobertura desdeñosa, si es que existió, de los principales medios de comunicación anglosajones. Visto a través de las burbujas especulativas, no reguladas y febriles que han definido lo que pasa en las finanzas globales del siglo XXI tanto en Nueva York como en Londres, el lento pero constante y enorme desplazamiento hacia la consolidación y la cooperación industrial y de recursos entre Beijing y Moscú está ocurriendo a un paso demasiado lento para captar la imaginación occidental que sufre del síndrome de déficit de atención. Este hecho de no comprender la escala de lo que está pasando es como la fábula de Esopo sobre la tortuga y la liebre. Mientras los dirigentes políticos occidentales, estrategas y financieros piensan en los horarios de los programas de noticias, los presidentes Vladimir Putin y Xi Jinping están pensando en términos de décadas y generaciones.

Dirigentes políticos y comentaristas occidentales creen que la cooperación económica entre Rusia y China ya ha fracasado y que nunca podrá tener éxito porque avanza lentamente. No logran entender que se está moviendo de manera consistente y constante en la misma dirección. Lo que rusos y chinos están haciendo es integrar la dimensión de la seguridad estratégica de la altamente exitosa y ahora bien establecida Organización para la Cooperación de Shanghai (OCS) con la dimensión de las inversiones económicas de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, impulsada por la República Popular China.

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Vladimir Putin y Xi Jinping, presidentes de Rusia y China, se saludan durante una visita oficial del mandatario ruso al Gigante Asiático.

Esto se podría comparar con el muy promocionado éxito de las iniciativas combinadas del Plan Marshall y la OTAN, creadas por EEUU a finales de la década de 1940 para integrar a toda la Europa Occidental bajo su dirección y control.

Sin embargo, las iniciativas de la OCS y la cooperación económica entre Rusia y China están en una escala mucho mayor y no exigen una estrecha integración de las naciones, con el corazón de Eurasia como en rígida fila india micoradministrada. Esa es la parte más atractiva del esquema. Una de las acciones donde la OCS ha tenido éxito durante los últimos 17 años es haber garantizado la paz y la seguridad para todos sus Estados miembros, que se extienden a través de Eurasia. El contraste con las interminables guerras que EEUU está librando – e incluso provocando – a través de Asia del Sur, Medio Oriente y África del Norte, esto es, la periferia del mundo euroasiático, no puede ser más evidente.

La OCS dio este año otro gigantesco paso hacia el mantenimiento de la paz en Asia cuando India y Pakistán (enemigos aparentemente irreconciliables durante décadas, que incluso se han llegado a amenazar mutuamente con armas nucleares) se convirtieron a la vez en miembros del organismo. Este movimiento va a generar enormes y altamente positivas inversiones, así como ramificaciones económicas junto a la seguridad.

Incluso el cambio climático global está ahora desempeñando un papel de rápido crecimiento e impulsa enormemente las comunicaciones y la consolidación industrial de las principales naciones de Eurasia. El cambio climático está desbloqueando los recursos de Siberia y de la Cuenca del Ártico en formas inconcebibles hace tan solo una década. Moscú y Beijing son, obviamente, los socios indicados para desarrollar las nuevas oportunidades que se ofrecen.

Enfocarse en el desarrollo económico de Asia Central y Kazajistán, tal como lo hacen tantísimos estudios, es pasar por alto el enfoque a largo plazo o el “schwerpunkt” de la cooperación económica entre Rusia y China, que se encuentra más hacia el este y más allá hacia el norte a través de Siberia y el Ártico, y a lo largo de las fronteras comunes más largas del mundo.

China tiene un creciente apetito por el petróleo ruso, que no está sujeto a las fluctuaciones de precios internacionales y, sobre todo, a las interrupciones debido a guerras y desestabilizaciones generadas por las impredecibles políticas de EEUU.

También para Rusia, enfrascarse en acuerdos energéticos ampliados y a largo plazo con China sería un muy bienvenido amortiguador de nuevas y salvajes fluctuaciones en los precios mundiales de la energía, aunque pareciera muy probable que la inestabilidad en los precios globales del petróleo será fomentada por dos naciones que sufrirán desastrosamente a raíz de esto: EEUU y Arabia Saudí.

Las enormes distancias, la falta de infraestructuras y las duras condiciones climáticas en el norte del Lejano Oriente euroasiático durante gran parte del año han sido siempre los principales factores que impidieron el desarrollo económico de Rusia y China. No obstante, el comercio bilateral ha crecido de manera constante y sustancial desde un relativamente modesto nivel de 15.800 millones de dólares en 2003 a unos 95.300 millones en 2014.

En todo caso, esta cifra es bastante menor que los 500.000 millones de dólares al año del volumen comercial total con la Unión Europea durante 2014 – pero se trata de una UE crecientemente inestable – una vez más a consecuencia de las insensatas políticas de EEUU y el Reino Unido, lo que probablemente supondrá una menor cantidad de importaciones por parte de China dentro de unos pocos años.

Por el contrario, Rusia ha aplicado una cautelosa y responsable política fiscal durante lo que va de siglo bajo el mandato del presidente Putin y actualmente está buscando expandir y diversificar su propia manufactura y base industrial. Como resultado, el mercado ruso posiblemente se vea capaz de generar una inesperada y altamente positiva elasticidad en la demanda de empresas e inversiones chinas en la próxima década.

Las economías de Rusia y China son más complementarias de lo que se supone en Occidente. Una mayor cantidad de inversiones en ambos lados se necesitaría para sacar las ventajas apropiadas de ese potencial. Pero los recursos y la voluntad política para aplicarlos, claramente, existen.

El proceso de cambio climático ya está abriendo perspectivas comerciales y de comunicaciones sin precedentes junto a una confiable y segura tarifa a través de la vasta línea costera ártica de Rusia. Los cambios medioambientales están haciendo que el desarrollo de los casi ilimitados recursos de Siberia sean muchísimo más accesibles e inminentes de lo que jamás se hubiera imaginado.

Este es el verdadero “panorama general” tras el lento pero constante esfuerzo por expandir el comercio y las inversiones bilaterales entre Rusia y China. Los legisladores estadounidenses y analistas de Wall Street siguen estando ciegos ante esto. Pero no hay razón para que los demás también lo estén.

Por Martin Sieff

 

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Fracasa un intento de golpe de Estado en Gabón

El Gobierno de Gabón aseguró haber desarticulado un intento de golpe de Estado contra el presidente Ali Bongo perpetrado por un grupo de militares y afirmó que varios de los responsables ya se encuentran arrestados.

La detención de los sublevados fue anunciada por el Ministro de Comunicación de la nación africana, Guy Bertrand Mapangou, al que cita la emisora “Radio France International” (RFI).

Bertrand Mapangou aseguró que la situación en el resto de Gabón se normalizará en los próximos 2 o 3 días.

La toma de la radio estatal se produce pocos días después de la llegada de un grupo de militares estadounidenses a Gabón ante una supuesta crisis en la República Democrática del Congo tras las elecciones del pasado 30 de diciembre de 2018.

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Momento en el que Kelly Ondo Obiang, líder de los militares sublevados en Gabón, lee el comunicado con sus exigencias en la Radio Televisión Gabonesa.

A tempranas horas de este lunes se informó de que un grupo de militares tomó por asalto la Radio Televisión Gabonesa (RTG). El presunto líder de este grupo, teniente Kelly Ondo Obiang, leyó un mensaje en el que cuestionaba el discurso de Año Nuevo del presidente Ali Bongo calificándolo de “triste espectáculo para mantenerse en el poder”.

Obiang anunció la creación de un Consejo Nacional de Restauración contra el gobierno de Bongo. “No podemos abandonar a la patria”, aseguraba el mensaje de los militares. Asimismo, señalaron a las instituciones del país como “ilegítimas e ilegales”.

Horas más tarde las fuerzas militares leales a Bongo retomaron las instalaciones de RTG y detuvieron a los sublevados.

El presidente Ali Bongo, de 59 años de edad, fue hospitalizado el pasado 24 de octubre en Arabia Saudí por un derrame cerebral.

Desde hace dos meses las autoridades de Gabón solo han dado información parcial sobre la salud del presidente, alimentando con ello todo tipo de rumores.

FUENTE: TeleSUR/Agencias

Los laboristas podemos lograr un mejor acuerdo del Brexit: permitidnos demostrarlo

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Jeremy Corbyn (Chippenham, Wiltshire, 1949) es el actual líder del laborismo británico. Sindicalista de dilatada trayectoria, actualmente es líder de la oposición y desde su llegada al poder laborista, el Partido se ha caracterizado por su giro a la izquierda.

El chapucero acuerdo del Brexit que Theresa May presentó a la Cámara de los Comunes la semana pasada representa un fracaso monumental y un grave perjuicio para el Reino Unido. En vez del arreglo razonable que la primera ministra podía haber negociado, estamos frente a un acuerdo que incluye lo peor de los dos mundos. No le sirve ni a los que votaron por el Brexit ni a los que eligieron quedarse en la Unión Europea.

En lugar de retomar el poder de decisión, renuncia a él. En vez de proteger los empleos y las condiciones de vida, los pone en peligro al no sentar las bases para que se genere una relación comercial sin conflictos. Los conservadores llevan 2 años y medio negociando entre ellos en lugar de con la UE. El resultado ha sido un acuerdo de retirada de la Unión Europea que deja al Reino Unido sin capacidad de movimiento.

Las opciones que se presentan a los británicos son extender la fase de transición a un coste indeterminado o aceptar un desequilibrado acuerdo con una “salvaguarda” (la disposición para garantizar que no haya aduanas entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda) que impediría una salida independiente de la UE. Como se explica detalladamente en el asesoramiento legal que la primera ministra trató de que no viéramos la semana pasada, esa salvaguarda “perduraría indefinidamente” mientras la Unión Europea así lo desee.

En la práctica, lo que todo esto implica es que la lista de deseos del “futuro acuerdo de asociación” con la UE no pase de ser eso: una lista de deseos, sin margen para negociar un acuerdo comercial eficaz y sostenible. Gran Bretaña no podría decidir en sus propios acuerdos aduaneros ni en las regulaciones clave del mercado. Se permitiría retroceder en los derechos de los trabajadores, pero no podrían tocarse las restricciones que limitan las ayudas estatales a la industria.

Según May, solo se trata de una póliza de seguro, pero ya está más que claro que la disposición de la “salvaguarda” es una parte central de su acuerdo. Deja sin voz ni voto a Gran Bretaña en un humillante lugar de paso del que no podrá salirse sin el permiso de la UE. No conozco ningún precedente de un Gobierno británico que firmase un tratado internacional del que fuera imposible retirarse sin el acuerdo de otros países. Es absolutamente inaceptable.

El único motivo por el que el Gobierno ha llegado a un acuerdo tan retorcido es el enfrentamiento entre las diferentes facciones del Partido Conservador. Pero ha fracasado. Al final, lo que ha conseguido es unir a los conservadores que querían irse de la UE con los que querían quedarse, a los miembros del Partido Unionista Democrático (DUP) de Escocia con todos los que le hacen la oposición.

Este espantoso acuerdo debe ser derrotado en la votación de la Cámara de los Comunes. En el Partido Laborista estamos trabajando con diputados y partidos de toda la cámara para garantizar su rechazo tanto como para evitar cualquier posibilidad de un Brexit sin acuerdo.

La primera ministra anda diciendo que no hay alterntiva viable y que una derrota de su acuerdo significará que no hay Brexit o que no hay Brexit con acuerdo. Es mentira. El Partido Laborista tiene un plan alternativo que desbloquea las negociaciones para nuestra futura relación con la UE y nos distancia de la dañina “salvaguarda”.

Una nueva y amplia unión aduanera con la UE donde el Reino Unido tenga voz y voto en los nuevos acuerdos comerciales reforzaría nuestro sector manufacturero y nos daría una base sólida para un renacer industrial bajo el próximo Gobierno laborista, especialmente en las comunidades más rezagadas. Eliminaría la amenaza de tener varias legislaciones para diferentes partes del Reino Unido. Y solucionaría la mayor parte de los problemas para los que se pensó el mecanismo de la “salvaguarda”.

En segundo lugar, en vez del pésimo acuerdo de la primera ministra, tendría mucho más sentido firmar una nueva y firme relación con el mercado único europeo que genere una relación comercial sin conflictos y nos otorgue la libertad de reconstruir nuestra economía ampliando los servicios públicos y estableciendo políticas de migración que satisfagan las necesidades de mano de obra, en vez de alimentar la xenofobia con objetivos o umbrales de la inmigración mentirosos.

Por último, queremos garantías de que los actuales derechos laborales la UE, sus normas medioambientales y su protección para los consumidores serán un punto de referencia desde el que solo se podrá avanzar, y no dar marcha atrás para hacer competencia desleal a otros países a costa de nuestros ciudadanos. Lo que la gente quiere de verdad son estos derechos y salvaguardas, ya sean las que los protegen de los pollos lavados con lejía o las que fijan el número de festivos remunerados. Pero el Gobierno está decidido a negociar esas protecciones y mecanismos de defensa en una carrera a la baja.

Las prioridades del Partido Laborista son muy diferentes. Nuestro plan alternativo garantiza que la frontera siga abierta en Irlanda; otorga seguridad a los inversores y da al sector industrial un empujón para que se renueve; refuerza los poderes para reconstruir la economía y los servicios públicos; asegura que los trabajadores, los consumidores y el medio ambiente tengan una defensa del mejor nivel. Estamos absolutamente comprometidos con la cooperación internacional y con la solidaridad contra el racismo en toda Europa, también en los países que no forman parte de la UE; y decididos a asegurar que los estudiantes sigan teniendo la oportunidad de estudiar en otros países.

A diferencia de la opción “Noruega Plus” que ahora se sondea entre los parlamentarios, nuestro plan no deja a Reino Unido como un acatador de normas global que implementa, sin voz ni voto, los reglamentos europeos. El nuestro es un plan susceptible de negociación con la Unión Europea, incluso en esta fase avanzada, en la que ya han sido colocados la mayoría de los ladrillos. La UE ha demostrado su disposición a renegociar acuerdos aún más complejos, como el Tratado de Lisboa. El nuestro es un plan que, en mi opinión, puede sumar una mayoría parlamentaria y unir al país.

Lo que está en juego no podría ser más importante. Si los parlamentarios no aprueban el acuerdo de la primera ministra, el Gobierno habrá perdido la mayoría en el tema más importante para el país y su capacidad para gobernar. En esas circunstancias, lo mejor que se podría hacer es permitir que el país decida el camino a seguir y el equipo para hacerlo. Es decir, elecciones generales.

En otras épocas, una derrota de tal magnitud como la que ahora enfrenta May habría significado elecciones automáticamente. Pero si bajo las condiciones actuales unas elecciones no son posibles, hay que poner todas las opciones sobre la mesa. Entre ellas, la alternativa de acuerdo del Partido Laborista y la opción de hacer campaña por una votación pública que nos haga salir del punto muerto, tal y como decidió el Congreso del Partido Laborista el pasado septiembre.

Hace 2 años, la gente que votó por quedarse en la UE quería una sociedad multicultural y una relación internacional, abierta con Europa. Muchos de los que votaron por salir lo hicieron por la rabia que les provocaba sentir que la clase política no los tenía en cuenta, con trabajos inestables y mal pagados en una infraestructura en decadencia. Nuestra misión es implementar un plan que sirva a todo el país y una a la gente.

Viendo lo que el Parlamento decidió la semana pasada, el apoyo para un plan alternativo que logre unir al país parece ahora más fácil de conseguir. El acuerdo del Brexit propuesto por el Gobierno no debe continuar. El Parlamento ha demostrado que está listo para tomar el control y el Partido Laborista tiene la capacidad de liderazgo que necesita el país.

Por Jeremy Corbyn

NOTA: Este artículo de opinión ha sido redactado por el líder del Partido Laborista antes de conocerse la suspensión de la votación del acuerdo del Brexit, programada en un principio para este martes 11 de diciembre.

Rusia y China socavan el dominio de EEUU en América Latina

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Joaquín Flores, director de “Fort Russ” y autor del artículo.

Los funcionarios de los EEUU están tratando de fortalecer los lazos con los países latinoamericanos al socavar a los gobiernos socialistas y defensores de su soberanía nacional en la región. Al mismo tiempo, señala la revista “Foreign Policy”, la Casa Blanca está muy atenta a las acciones de Rusia y China en esa región, e incluso está tomando medidas de resiliencia en su actividad en el “patio trasero”.

La citada revista es una fuente útil para comprender los puntos de conversación del Imperio Norteamericano, empaquetados para expertos y políticos. El medio que dirijo, “Fort Russ”, entiende lo que términos como “fortalecer” significan, en términos prácticos. Por ejemplo, la revista recuerda que el Jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea estadounidense, el general David Goldfein, quien visitó recientemente Colombia, dijo que la administración de Trump está tomando medidas para fortalecer alianzas en América Latina que son parte de una resistencia a Rusia y China en el “patio trasero de los EEUU”.

Al mismo tiempo, éstas son preocupaciones muy reales, y preocupaciones que persistirán mientras los EEUU continúen entrometiéndose en el “patio trasero” de Rusia y China, respectivamente. En particular, el general estadounidense advirtió que los países latinoamericanos corren el riesgo de perder la oportunidad de participar en las operaciones militares de los EEUU y sus aliados si dejan de comprar equipamiento militar estadounidense y se trasladan a otros mercados armamentísticos. Lo que realmente está en discusión aquí no se discute: quien compre armas a Rusia y/o China será el blanco de las armas y operaciones de los EEUU.

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El problema con el historial de los EEUU es que comprar armas norteamericanas y no comprar armas rusas ni chinas no ha protegido de ser atacados a gran número de Estados por todo el mundo, una vez que los EEUU encontraran la “asociación” como un obstáculo para cualquier razón que surja. Por lo tanto, los gobiernos socialistas y soberanistas en el llamado “mundo en vías de desarrollo”, cuyos gabinetes y personal militar son dirigidos por pensadores críticos independientes, pueden hacer un análisis de coste-beneficio relativamente simple y ver que o se comprometen con los EEUU o se inclinan ante sus deseos no pagando a medio y largo plazo.

Sin embargo, de acuerdo con “Foreign Policy”, el viaje del general Goldfein forma parte de algunos ostensiblemente “grandes esfuerzos” de las autoridades estadounidenses para fortalecer las alianzas con los países de la región, mientras tratan de enfrentar una serie de amenazas a su llamada “seguridad nacional”: el terrorismo, el narcotráfico, la crisis económica en Venezuela y la crisis migratoria.

Hablando sobre las actividades de Moscú y Beijing durante su visita de 2 días a Colombia, el Jefe del Estado Mayor aclaró rápidamente la posición de su país sobre el tema:

“En lo relativo a China y Rusia, estamos buscando cooperación donde podamos y retrocediendo agresivamente donde debemos”, dijo Goldfein. “Mantenemos una estrecha vigilancia sobre sus actividades a nivel mundial, pero ciertamente mantenemos un ojo sobre sus actividades en América Latina.”

Según varios expertos, los EEUU reconocen que China y Rusia están comenzando a influir en los países de América Latina en términos económicos y militares.

Al hablar de China, se indica que utilizan el comercio y la inversión en apoyo de sus intereses geopolíticos, ya que Beijing quiere obtener acceso a las reservas petrolíferas de la región. Hoy en día, el Gigante Asiático ya se ha convertido en el principal importador de “oro negro” de 5 países latinoamericanos. Por lo tanto, frustra completamente los intentos yanquis de imponer sanciones a los países exportadores de petróleo, dado que la demanda de China en términos absolutos es mayor y solo muestra signos de crecimiento.

Sin embargo, Rusia también se considera un actor serio en esta parte del mundo, ya que recibe miles de millones de dólares por vender armas a países de la región. La ironía es esta: los antecedentes de invasión e intervención de los EEUU durante los últimos 100 años en América Latina son bien conocidos. Por lo tanto, han creado el mercado para la compra de armas rusas y chinas como un subproducto de sus intentos de capturar la mano de obra y los recursos naturales de los países latinoamericanos.

Los analistas de “Foreign Policy” afirman que Rusia y China apoyan a los países que, supuestamente, violan los derechos humanos y muestran hostilidad hacia los EEUU: Venezuela, Nicaragua o Bolivia. Así, en resumen, Rusia y China pretenden socavar el dominio estadounidense en Latinoamérica a través del apoyo de los “regímenes que violan los derechos humanos”.

Este es el discurso estándar del “imperialismo de los derechos humanos”, pero debe esperarse de “Foreign Policy”. La revista fue fundada en 1970 por Samuel Huntington, mejor conocido por su “Teoría del Choque de Civilizaciones”, que le dio la apariencia de credibilidad académica o intelectual dentro de la administración crecientemente neoconservadora de George W. Bush. En los últimos años fue comprada por “The Washington Post Company”, ahora conocida como “Graham Holdings Company”, que ha estado en guerra abierta contra “Fort Russ” desde 2016.

En conclusión, podemos ver que los EEUU están realmente preocupados por las consecuencias de sus acciones en América Latina que, en el transcurso de las últimas dos décadas, se convirtieron en un bloque cada vez más soberano de países de mercado común, cuya dependencia de los EEUU continúa disminuyendo. Si bien estas preocupaciones necesariamente estarán enmarcadas en el lenguaje de “fortalecer los lazos” y “combatir los regímenes”, debajo de esta apariencia ideológica podemos ver una tendencia muy real y emergente de que el Imperio percibe algo que debe preocuparles mucho.

Por Joaquín Flores

Gibraltar desde el nacionalismo andaluz de izquierda: mirando el conflicto con otros ojos (II)

La Segunda Restauración Borbónica (1975) quiso superar anteriores errores con la ansiedad atlantista de una utilización conjunta de la base militar y con el horizonte de la integración europea de otro lado. La OTAN, por cierto, o bien mira para otro lado o bien guarda un cómplice silencio en el conflicto existente entre dos de sus socios, a sabiendas de que con uno u otro su militarismo siempre estará omnipresente.

De otra parte, hoy por hoy, la cuestión gibraltareña no debe convertirse en una mera guerra de banderas de unos mutuos intereses estatales capaces de utilizarse en uno u otro beneficio desde los respectivos gobiernos en liza. Como tampoco podrían imaginar aquellos andalucistas históricos que, cien años después y con un autogobierno con instituciones propias, toda una Junta de Andalucía abiertamente competente en materia de aguas pesqueras y medio ambiente, se haya inhibido de todo lo que afecta al tema en cuestión.

A los nacionalistas andaluces que miramos la realidad con otra sensibilidad y deseamos aportar soluciones desde la izquierda, nos deben motivar otros discursos e ideales diferentes a los que, demagógicamente, conducen al nacionalismo español y a la vana exaltación de sus valores. No estamos dispuestos a sumarnos a campañas orquestadas más propias de otros siglos, ni a sumarnos sin más a unas reivindicaciones que no cuestionan el uso más allá de su mera propiedad. Mucho menos a convertir el desencuentro en una mera exhibición mutua de armamento bélico.

Por ello, se hace necesario destacar las siguientes cuestiones entre otras más localizadas en el pasado:

El oscurantismo existente alrededor del tema gibraltareño provoca la reiterada utilización de tópicos recurrentes sobre el asunto y una peligrosa escalada de argumentaciones extremas, sin más análisis que la posesión o no del espacio. Es cierto que las ciudades de Ceuta y Melilla son posesiones españolas desde dos siglos antes, pero eso no resta a que, con objetividad, gran parte de las argumentaciones reivindicativas también pudieran ser aplicadas a dichos puertos norteafricanos.

En paralelo, la desinformación perseguida tras el tema, no sólo oculta manifiestos y profundos casos de corrupción que han afectado a gobiernos españoles como el de Rajoy, sino que interesa al Estado Español por cuanto es una exaltación fácil y partidista de las actuaciones del Ejecutivo. Al nacionalismo español le es necesario Gibraltar tanto como la Isla de Perejil.

A estas alturas del debate, parece un poco iluso, imposible o decadente invocar la aplicación literal del Tratado de Utrecht. Mucho se ha legislado desde hace 300 años. Un pacto que concretaba la negativa, por ejemplo, a que “judíos y moros” habitasen en el Peñón es de dudosa aplicación en el siglo XXI.

La prórroga de una solución definitiva, si fuera posible, o al menos, la ausencia de un marco de diálogo razonable por ambas partes; provoca una escalada de tensión entre poblaciones vecinas amén de una exaltación desaforada de los respectivos nacionalismos de Estado. En todos los casos, siempre se socializan posiciones ultraconservadoras y las posiciones de izquierda tradicional, sencillamente, o no se visualizan, se suman a otras, o pasan por la autodeterminación de una población autóctona que cada vez más se enroca en los privilegios que ha logrado.

El interés militar de la Roca queda cuestionado con la cercana presencia de la Base Aeronaval de Rota y su escudo antimisiles. Tras el conflicto, subyace además una peligrosa aceptación del militarismo y de sus exhibiciones de fuerza en uno u otro sentido. Gibraltar se convierte así en una peligrosa justificación de la existencia de los ejércitos. La equivalencia es diabólica: la diplomacia nos separa o no aporta soluciones, pero sin embargo, los ejércitos nos protegen.

La monarquía española guarda un curioso silencio al que unir el de los EEUU y la OTAN. Poco importa resolver el contencioso si continúa siendo una base militar “aliada”. Es más, con la entrada de España en dicha alianza militar nunca se habló de dicho asunto.

El capital no entiende de fronteras, ni de banderas o de derechos históricos. Se mueve por intereses especulativos y de alta rentabilidad. Poco entiende de reivindicaciones frente al negocio. Nadie, repetimos, nadie a un lado y a otro de la verja quiere que se acabe con un paraíso fiscal que beneficia a banqueros, grandes empresarios, mafias y especuladores sin conciencia ni nacionalidad.

A nadie escapa que la política diplomática del Estado Español ante Gibraltar ha sido un cúmulo de despropósitos y circunstancias adversas que poco han favorecido la identificación del ciudadano gibraltareño con el andaluz, algo que, sin embargo, es inevitable en ámbitos culturales de simbiosis. Conviene aceptar por parte española la existencia acumulada de errores diplomáticos históricos que no han hecho más que subrayar la enemistad y oscurecer la convivencia entre unas poblaciones fronterizas, cuando no han potenciado un sentimiento de autodeterminación entre los habitantes de la Roca. Algo, por otra parte, hábilmente utilizado por el Reino Unido, quien también en no pocas ocasiones esconde intereses de Estado tras su quehacer.

Resulta preocupante que a la interesada promoción de la “antipolítica” desde ámbitos gubernamentales se le quiera añadir ahora un recurrente estado de opinión y una artificial movilización ciudadana, invocando esta vez un patrioterismo exacerbado. Tras la cortina de humo que representa y la desideologización que implica el discurso, se oculta un peligroso acercamiento a soluciones totalitarias y militaristas. Algunos estarían dispuestos a hacer una nueva “Marcha Verde”.

La situación actual de la Roca es el resultado histórico de la debilidad diplomática del Estado Español – cuando no una abierta ausencia de relaciones exteriores – de manera que el propio devenir de la Historia de España explica el silencio o la reivindicación, según la amistad con el no siempre aliado inglés. En otros casos, conflictos internos o intereses en el devenir político, nos sirven igualmente para comprender las actuaciones al respecto por parte del Estado Español.

“Nosotros, los andaluces, no tenemos por qué hacer coro a Castilla en sus reclamaciones contra Inglaterra”, y quizás por eso, ya reclamaban los andalucistas históricos, conviene actuar como “hombres de Estado” y desde luego, hoy como entonces, someter la cuestión al arbitraje internacional y no entender el uso de esa pequeña porción de Humanidad para “propósitos siniestros, afanes de usurpación o deseos de imperialismo ambicioso”. Dicho de otra forma, a sucesos del siglo XVII y debates decimonónicos, soluciones del siglo XXI. Por importantes que sean no estamos ante un mero problema pesquero, de aguas territoriales o simples bloques de hormigón.

Sin renunciar al hecho de la existencia anacrónica de una colonia el análisis debe ser más riguroso, profundo y más trascendente que una mera guerra de fronteras o titularidades estatales. Antes de que Gibraltar sea territorio andaluz hay que reivindicar que no siga siendo lo que es hasta ahora: un paraíso para el blanqueo o la huida de capitales, para la especulación financiera, para el desarrollo desaforado de sus límites territoriales y aguas, el militarismo, la nuclearización y la imposición de unas políticas antiecológicas. Para ello, no existe otra solución que la implicación de la comunidad internacional y muy especialmente la europea en paralelo a la búsqueda de un escenario de diálogo. Con la situación que vive el Peñón, los sentimientos encontrados y aireados que provoca, así como el destino ofrecido a sus escasos kilómetros cuadrados, da igual que pertenezca a quien sea porque rechazamos en esencia su contenido, destino y fines. Gibraltar andaluz sí, pero antes para la paz, el progreso humano, la ecología y la solidaridad entre pueblos y personas.

Por Manuel Ruiz Romero

Gibraltar desde el nacionalismo andaluz de izquierda: recordando el andalucismo histórico (I)

Concluida la Primera Guerra Mundial y en el contexto de la aplicación de las doctrinas del presidente estadounidense Woodrow Wilson, las democracias dibujaron de forma preventiva y aprendiendo del conflicto bélico un nuevo orden internacional reconociendo el principio de las nacionalidades y el derecho a la autodeterminación de los pueblos.

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Portada del nº196 de la revista “Andalucía”, lanzado el 14 de abril de 1920, en la que destaca a Gibraltar como “población de Andalucía”.

Al hilo de estos hechos España vivirá por aquellas fechas una irreconocible emergencia de reivindicaciones políticas desde gran parte de sus territorios. De entre ella, la primera petición de autonomía que para Andalucía realiza el Centro Andaluz de Sevilla (29 de noviembre de 1918), en nombre de sus homólogos y por acuerdo de la Asamblea de Ronda en enero de aquel mismo año. Este acto de afirmación de Andalucía como sujeto político implicaba, según el texto elevado al Ayuntamiento de Sevilla y a la diputación homónima para que instasen a los poderes centrales la puesta en marcha de Cortes Constituyentes y la concesión de una autonomía “en iguales términos que a las demás”. Ante esta intencionalidad pacifista continental y en el intento por consolidar una nueva realidad diplomática más estable y pacífica, no es casual que los nacionalistas de esta tierra firmasen el 1 de enero de 1919 en Córdoba toda una declaración de intenciones que a la vez que afirma que esta tierra en el nuevo orden europeo reclama atención internacional para una realidad política hasta entonces negada y supeditada a los intereses de un turnismo restaurador inmovilista y centralizador: Andalucía es una nacionalidad. Con ello, su consolidación como autogobierno con los clásicos tres poderes que hoy mismo disfruta nuestra Comunidad Autónoma.

La conclusión de la Primera Guerra Mundial pareció ser el momento propicio para la puesta en marcha de un nuevo concierto internacional que afianzase décadas de paz, un tanto ilusoriamente, a tenor de los hechos posteriores y como la propia Historia demostrará. A la España neutral y aliadófila ante el conflicto quieren sumar ahora los andalucistas y junto a vascos y catalanes, la reivindicación y presencia de un Estado plurinacional y pluricultural en el que sólo Andalucía tiene un territorio bajo dominación extranjera. La reintegración de Gibraltar al suelo andaluz es la reivindicación “y la palabra” que los andalucistas defienden ante la nueva Sociedad de Naciones, mediante un texto enviado al Congreso de Paz celebrado en Ginebra. La afirmación política como pueblo y nación diferenciada es acompañada de una demanda de integridad territorial toda vez que, con el paso del tiempo, el “dolor”, como señala el texto, podría traducirse en “un fatal sentimiento de rencor perenne hacia los promotores del perdurable vejamen”. Andalucía existe y es, y en la medida que su territorio está “desmembrado”, reivindica en su territorialidad plena. No puede ni debe afirmarse sin ella. Se aprovechaba así un instante político vital entre el marco de unas potencias imperialistas que hicieron inevitable la guerra y la reordenación de una Europa que inicia procesos de descolonización.

Así las cosas, para los nacionalistas andaluces el origen del conflicto se encuentra en el “centralismo sordo, ciego y sin alma” que olvida sus regiones a la vez que concretan en Castilla la responsabilidad de todos los males “históricos y coloniales”. Desde el republicanismo andalucista se entiende que la apuesta castellana en pro de los Borbones en la Guerra de Sucesión – identificada y vinculada a intereses centralistas – trae consigo una cesión por la que Andalucía paga con su territorio una apuesta dinástica a favor de una dinastía francesa que rechaza. De hecho, cabe recordar que Gibraltar fue ocupada por tropas catalanas junto a las británicas y que, por su apuesta por el Archiduque Carlos, Cataluña pierde con Felipe V (el primer rey borbónico de España) sus derechos e instituciones históricas. Es más, Menorca – que también por el Tratado de Utrecht pasó a manos británicas – fue recuperada por el Estado Español casi un siglo después por medio de otro tratado.

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Bandera de Gibraltar, inspirada en las armas de la vecina ciudad de San Roque.

Expuesto así, Andalucía es una víctima de Castilla. Tanto por unos hechos, como por un olvido secular en el que el ejemplo de Gibraltar es uno de los más importantes. Precisamente, la política de neutralidad de España ante el conflicto preocupa frente a las posiciones aliadófilas que defienden los andalucistas, en la medida también que, a su final, así se explicaría la inhibición del Gobierno español ante la reivindicación territorial que nos ocupa. Castilla, como verdadera culpable histórica de la situación, volvió una vez más a apostar por las autocracias para defender la suya propia. El momento histórico que se vive resulta pues especialmente significativo para una nacionalidad como la andaluza en su anhelo por recuperar lo que llaman “solar sagrado”, para lo cual ponen en marcha una campaña de envío de cartas y mensajes a la Embajada del Reino Unido en Madrid solicitando la restitución del territorio gibraltareño. Si se quiere, de una forma “llena de optimismo” y muy honesta, pero no menos inocente y pretenciosa a la vez, se esperaba una justa respuesta al considerar que sería incapaz de “negar la personalidad histórica de Andalucía”. Mientras el Estado Español calificaba a los andalucistas históricos de hacer valer su voz y con ella, la propia existencia de Andalucía en el contexto de las emergentes nacionalidades.

Desde aquel instante la voz de Andalucía se hizo valer como interesada ante un conflicto como el de Gibraltar, el cual todavía provoca amplios titulares y levanta aireadas veleidades patrioteras y centralistas. Más allá de la voz de España, Andalucía es la primera interesada en culminar su integridad territorial, ya sea desde Utrecht en 1713 o desde Rota y Morón desde 1963. Y es cierto también que el Estado Español siempre ha reivindicado el Peñón como parte de su geografía, pero no es menos cierto que ha sabido interpretar dicha causa histórica como más le ha convenido según sus intereses, si bien incluso alguna vez abrazó la idea de ocupar la Roca mediante el uso de la fuerza. Hitler, en el famoso encuentro con Franco en Hendaya, hizo desistir al dictador de sus intereses ofreciendo prioridad a los suyos. La impotente España no dudó entonces en ocupar Tánger en 1940 amparada por la tutela del único país que reconoció esta acción ajena a toda medida diplomática: la Alemania de Hitler sacó cierto provecho del apoyo gibraltareño a la causa de Franco. Más tarde, la pretendida política franquista de procurar la asfixia económica de Gibraltar mediante el cierre del lado español de la frontera no hizo sino motivar la crispación e incrementar la identidad pro-británica y colonial de los gibraltareños, aprovechando la vieja democracia para realizar un referéndum entre los habitantes de la Roca para refrendar su vínculo e introducir en la Constitución gibraltareña un punto tranquilizador por el que Londres se compromete a no realizar ninguna acción diplomática sobre Gibraltar sin contar antes con sus habitantes. Todo un cambio de estatus político en unos breves kilómetros cuadrados que, sin embargo, siguen manteniendo tratamiento de colonia pese a que la ONU ya pidió en 1965 el establecimiento de conversaciones para acabar con dicho estatus.

La lucha por la recuperación de Gibraltar es así para los andalucistas históricos paralela a la de todo país que desea su emancipación colonial. Propia, por tanto, de todo movimiento político de liberación nacional.

Por Manuel Ruiz Romero

China le para los pies a Bolsonaro

Durante la campaña electoral, Bolsonaro se empeñó en atacar a China y la acusó de querer “comprar Brasil”. Fue más lejos al retratar a China, de acuerdo con un portal temático de Defensa brasileño, como un “predador que quiere dominar sectores cruciales de la economía” brasileña. Agregó que los chinos no deberían ser autorizados a comprar tierras en Brasil o a controlar industrias fundamentales.

Según el informe de “Reuters”, una de esas empresas que preocupan al presidente electo es “China Molybdenum”, que adquirió una mina de niobio (usado en el acero por empresas aeroespaciales y automovilísticas) por 1.700 millones de dólares en 2016. Para Bolsonaro, ese tipo de emprendimientos deberían quedar en manos brasileñas, ya que el país controla el 85% del mercado mundial.

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De izquierda a derecha: Carlos, Flávio, Jair y Eduardo Bolsonaro posan para una foto durante la visita a Taiwán que realizaron en febrero de 2018. Esta visita enfureció y cabreó enormemente a la República Popular China, principal socio comercial de Brasil y uno de sus socios más estratégicos junto a Rusia, India y Sudáfrica en los BRICS.

Los militares que acompañan a Bolsonaro tienen una posición nacionalista, como la que mantuvo el propio Capitán reservista, que desde siempre se opuso a las privatizaciones de empresas estatales. Ahora se opone a la privatización de “Eletrobras”, anunciada ya bajo el saliente gobierno de Michel Temer, ya que sus compradores podrían ser chinos.

En paralelo, Bolsonaro visitó Taiwán el pasado mes de febrero, siendo el primer candidato presidencial del país en dar ese paso desde que Brasil reconoció a la República Popular China en 1974. La embajada china en Brasil emitió un comunicado calificando el viaje como “una afrenta a la soberanía y la integridad territorial de China”.

Las actitudes del ahora presidente electo llamaron la atención de Beijing, al punto que hubo por lo menos dos reuniones entre diplomáticos chinos y algunos de los principales asesores de Bolsonaro. Una de ellas fue con el considerado futuro Ministro de Economía, Paulo Guedes, en septiembre, para debatir la importancia de las relaciones bilaterales. China es un gran comprador de soja y mineral de hierro de Brasil, además de ser el principal mercado de sus exportaciones, muy por encima de EEUU.

El nuevo presidente, que fue saludado con una subida de las bolsas por las reformas planeadas y la prometida reducción del déficit fiscal, tiene escaso margen de negociación, ya que los negocios agrícolas tienen una poderosa bancada en la Cámara de Diputados de Brasilia, que puede llegar al 40%. Aunque la mayor parte de los agricultores apoya a Bolsonaro, quieren mantener buenas relaciones con China, ya que no es sólo el mayor cliente sino que ha crecido su importancia ya que la guerra comercial desatada por Donald Trump está llevando a Beijing a aumentar sus compras en Brasil. “La economía es mucho más importante que la propaganda para conseguir votos”, dijo un ejecutivo a “Reuters”.

Días atrás, Bolsonaro enfatizó que sus aliados internacionales preferidos son Israel, Italia y EEUU. En 2017 atacó a las minorías en una visita al “Club Hebraica” en Río de Janeiro. Según la edición brasileña de “El País”, la visita formaba parte de “un plan exitoso para aproximarse a empresarios y políticos judíos que se sumasen al apoyo a su candidatura”. Pero esta actitud dividió a la comunidad judía, ya que otras instituciones como la Confederación Israelita de Brasil mostraron un apoyo incondicional a las minorías atacadas por Bolsonaro.

El candidato, que se bautizó en el río Jordán en mayo de 2016, afirmó que seguirá los pasos de Trump para trasladar la legación diplomática brasileña de Tel Aviv a Jerusalén. Poco después de ese episodio, en el segundo semestre de 2017, quienes apoyaban a Bolsonaro rompieron con las instituciones judías tradicionales creando la Asociación Sionista “Brasil-Israel”, destacando sus diferencias con las izquierdas.

Otros líderes mostraron su cercanía con Bolsonaro, como Matteo Salvini – Ministro del Interior italiano, y el propio Trump, quien luego de una llamada de apoyo dijo que acordaron que “Brasil y EEUU trabajarán cerca en temas de comercio, militares y todo lo demás”.

Este clima de euforia fue rápidamente enfriado por el editorial de “Global Times” del 29 de octubre, titulado: “¿Revertirá el nuevo Gobierno brasileño la política de China?”. Se trata de una pieza importante, calculada milimétricamente, suave y amenazante a la vez, como suele ser la diplomacia oriental.

Comienza diciendo que Bolsonaro es “un Trump tropical”, recuerda las acusaciones que hizo a China durante la campaña pero, a renglón seguido, destaca que comenzó a cambiar su tono hacia el final, diciendo que “vamos a hacer negocios con todos los países y China es un socio excepcional”. Agrega que es “impensable” que Bolsonaro reemplace el comercio Brasil-China por el comercio EEUU-Brasil.

En primer lugar, el editorial recuerda que Brasil tiene su mayor superávit comercial con China, de unos 20.000 millones de dólares. “La guerra comercial entre China y EEUU ha impulsado aún más las exportaciones de soja brasileña a China”, dice el diario.

En segundo lugar recuerda que el eje de la política de Bolsonaro nunca fueron las cuestiones internacionales sino los asuntos domésticos, para agregar de inmediato que “China nunca interfiere en los asuntos internos de Brasil”, cuestión enteramente cierta.

A partir de ahí, Beijing le blande la espada. “Su viaje a Taiwán durante la campaña presidencial provocó la ira de Beijing. Si sigue haciendo caso omiso del principio básico sobre Taiwán después de asumir el cargo, tendrá un costo evidentemente muy alto para Brasil”.

En el párrafo clave destaca: “Muchos observadores tienden a creer que Bolsonaro, que nunca ha visitado la China continental, no sabe lo suficiente sobre el poder oriental. Beijing debe prestar atención a que atacó a China durante la campaña y creía que una postura hostil hacia el mayor socio comercial de Brasil lo ayudaría a ser elegido”.

En buen romance, la República Popular China está diciendo que no le teme a las amenazas, pero sobre todo asegura que tiene armas mucho más potentes para responder a una eventual ofensiva de Brasil en cualquiera de los terrenos. En efecto, si China dejara de comprar soja y mineral de hierro, la economía brasileña – que ya enfrenta una situación grave – podría verse en un callejón sin salida.

Por Raúl Zibechi, para “Sputnik”