El tiro por la culata

chinaDesde hace quizá cientos de años, los EEUU vienen sancionando al mundo entero. Algunas de esas sanciones se han traducido en guerras e invasiones, tales como la invasión de Japón en la década de 1870, o la invasión de la isla de Granada, luego del desastre de Vietnam, y para levantar la moral de las tropas estadounidenses, que pretextaron la construcción de una pista de aterrizaje en la isla por trabajadores cubanos y la construcción de hornos de pan, que según dijeron eran una “amenaza” para los EEUU.

Otras veces esas sanciones se tradujeron en tratar de ahogar la economía de algunos países que no aceptaban la tutela de los EEUU, y otras simplemente consistían en no reconocer la legitimidad de las autoridades de algún país o su legalidad. Un caso paradigmático fue lo que sucedió con la República Popular China, luego del triunfo de la revolución en 1949. El Ejército Popular de Liberación chino había conquistado todo el territorio continental de China, y las tropas fugitivas del ejército de Chiang Kai-shek se refugiaron en la isla de Taiwán y algunas islas menores. En el territorio continental habitaban 800 millones de personas, y en Taiwán alrededor de 17 millones. Sin embargo, la tradicional torpeza de la diplomacia yanqui dispuso que la “verdadera” China era la de Taiwán y que en el Consejo de Seguridad de la ONU, que estaba compuesto por los cinco “grandes” que habían ganado la guerra, la representación china era la de Taiwán, que “representaba a todo el pueblo chino”.

Con mayor sensatez, muchos países fueron aceptando al Gobierno chino representado por Mao Zedong y comenzaron a comerciar con la República Popular China, a la cual los imperialistas seguían llamando “China Comunista”, en oposición a la “China Nacionalista”, según los imperialistas: “la verdadera China”. Esta situación se hizo tan ridícula que fue el presidente Richard Nixon quien viajó a China y se entrevistó con Mao Zedong, y en esa ocasión las cosas se pusieron en su lugar. La República Popular China recuperó el asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU y el mundo entero aceptó esa situación. Se reconoció que solo había una China, y algunos – como los EEUU – siguieron manteniendo relaciones “no diplomáticas” con Taiwán, a la cual convirtieron en una inmensa base militar y fuente de provocaciones hacia la verdadera China, pero les salió el tiro por la culata. China se convirtió en la principal potencia industrializada del mundo, y los navíos mercantes chinos están en todos los puertos del mundo descargando los productos manufacturados chinos. ¿De qué sirvió esa política del Imperio? De nada.

Estamos en 2017 y el Imperio parece no haber aprendido nada de las lecciones de la Historia. Ahora intenta sancionar a China, a Rusia, a la República Popular Democrática de Corea y a Irán. Pero el tiempo ha pasado, y los EEUU han perdido definitivamente la hegemonía. Los países sancionados han elaborado una estrategia consistente en no utilizar más el dólar como moneda de medida de su comercio y utilizar sus monedas nacionales, además de desligarse del sistema SWIFT, que consiste en la posibilidad de utilizar el dólar estadounidense y fijar unos medios de compensación bancaria controlados por los EEUU, que obliga a sus usuarios a que todas las operaciones de su comercio exterior pasen por bancos estadounidenses, los cuales cobran jugosas comisiones. Esto está a punto de acabarse, ya que los sancionados acaban de crear su propio sistema de compensación en sus monedas nacionales, y parece que los países BRICS (Brasil, Rusia, China, India y Sudáfrica) se adherirán al mismo. Se trata de un tráfico comercial de 100.000 millones de dólares anuales (no es moco de pavo) que los bancos estadounidenses dejarán de pasar por sus ventanillas. Esto es una herida de muerte para el Imperio, que seguirá recibiendo tiros por la culata. Con Trump o sin él, el Imperio se hunde. Tenía razón Mao cuando decía que el imperialismo era un tigre de papel. Ahora, ese tigre ha perdido sus dientes.

Por Darío Herchhoren

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Bagdad se une al Eje Moscú-Teherán-Damasco

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El vicepresidente iraquí Nuri Al-Maliki estrecha la mano del presidente ruso Vladimir Putin.

El vicepresidente iraquí Nuri Al-Maliki llegó a Moscú el pasado 23 de julio para una visita de cuatro días y se reunió allí con el presidente ruso Vladimir Putin y otros dirigentes rusos.

En un análisis, el periódico ruso “Pravda” señaló que durante la vista Al-Maliki mostró la determinación de Irak a desafiar a EEUU, expresando su oposición a la creación de bases norteamericanas en territorio iraquí, denunciando el apoyo de Washington a los grupos terroristas y manifestando su voluntad de comprar armas rusas.

Los EEUU gastaron más de 2 billones de dólares para invadir Irak, según un estudio realizado por el Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Brown. Dicha invasión causó un gran sufrimiento al pueblo iraquí, además de casi un millón de muertos, y estuvo basada en las mentiras de la administración estadounidense sobre las inexistentes armas de destrucción masiva en Irak – algo que recuerda a las actuales mentiras de EEUU sobre el uso de armas químicas por el Ejército sirio. Por lo tanto, está claro que la Casa Blanca y el Congreso de los EEUU harán todo lo que esté en sus manos para intentar que Irak no abandone la esfera de influencia de EEUU. ¿Pero pueden realmente hacer algo?

Irak está estratégicamente localizado en Oriente Medio y el segundo mayor productor de petróleo de toda la OPEP. El país produce 5 millones de barriles de crudo al día, pero su producción en 2020 crecerá hasta los 8 millones, lo que significa que llegará prácticamente al mismo nivel de extracción que Arabia Saudí.

Dado que si EEUU utiliza el campo de la energía como arma política contra Rusia, podemos concluir que si Irak desafía a EEUU y se une al Eje Moscú-Teherán-Damasco esto significaría una seria derrota geopolítica para EEUU en la región del Golfo Pérsico y en el mundo.

“La guerra de EEUU contra Irak llevó a la destrucción, la fragmentación y la difusión del caos en su territorio”, señala Nikolai Sukhov, investigador del Instituto de Estudios Orientales de la Academia de Ciencias de Rusia. Por supuesto, esto ha llevado a un incremento del sentimiento antiestadounidense en todas las comunidades de Irak, entre los musulmanes sunníes y los chiíes, así como los cristianos, que sufrieron todos un duro régimen de sanciones que privó a Irak de productos básicos, entre ellos medicinas, entre 1991 y 2003.

Una indicación de que Irak ya no es un aliado de EEUU es la cooperación entre Moscú y Bagdad en la esfera militar. Cabe señalar que Rusia e Irak firmaron en 2012 un conjunto de acuerdos sobre cooperación técnico-militar por valor de 4.300 millones de dólares.

Tras la invasión de Irak por parte del ISIS en 2014, Rusia e Irak implementaron con rapidez un contrato para abastecer a Bagdad con armas rusas mientras EEUU se negó a entregar a Irak aviones de combate F-16 ya pagados. Posteriormente, ha habido muchas denuncias de una ayuda norteamericana encubierta al ISIS en forma de lanzamientos de cajas con armas y municiones desde “misteriosos” aviones y helicópteros, según señalaron incluso miembros del Parlamento iraquí.

En junio de 2017, Rusia e Irak firmaron también un contrato para abastecer al país árabe con sofisticados tanques rusos T-90. De este modo, la cronología de compras de armas rusas por Bagdad muestra que Irak prefiere estas últimas a las estadounidenses.

Al mismo tiempo que Al-Maliki estaba en Moscú, el Ministro de Defensa iraquí, Irfan Hayali, visitaba Teherán. El 22 de julio firmó con su homólogo iraní Hussein Dahkan un memorando de entendimiento sobre cooperación en el campo de la Defensa entre los dos países.

Este evento ha sido una bofetada de Bagdad a Washington porque tuvo lugar en un tiempo en el que la Casa Blanca acusaba cínicamente a Irán de ser un “patrocinador del terrorismo” y llamaban a los aliados de EEUU a “aislar al régimen iraní”. Esto es una muestra del fracaso de la diplomacia de EEUU en Irak, país que ha sufrido precisamente el terrorismo del ISIS y otros grupos takfirís wahabíes patrocinados por Arabia Saudí y otros aliados de EEUU.

Precisamente, Irán e Irak han prometido reforzar su cooperación militar para hacer frente a los terroristas extremistas y su ideología. En este sentido, la revista estadounidense “Newsweek” reconoce que ambos países han sido objetivo de ataques terroristas y luchan juntos contra esta plaga. A diferencia de la ayuda de EEUU, la ayuda iraní ha sido determinante para que Irak pueda frenar primero al ISIS, pasar al contraataque y lograr una serie de victorias contra el grupo terrorista, la última de las cuales ha sido la liberación de Mosul.

“Newsweek” señala que EEUU teme una alianza estratégica entre Irán e Irak. La revista enfatiza que los responsables norteamericanos no han reaccionado a la firma del acuerdo irano-iraquí. Ellos saben que tal alianza impedirá a EEUU jugar y dañar, como ha hecho hasta ahora, la seguridad de Irak y de otros países de la región.

Hay, además, un factor religioso en esta alianza que los estadounidenses no alcanzan a comprender. Dos tercios de la población iraquí profesa la rama chií del Islam y comparten las creencias de la gran mayoría de la población de Irán. Millones de iraníes visitan los lugares santos para el chiismo de Kerbala y Nayaf cada año y los vínculos de tipo familiar entre Irán e Irak se están extendiendo. Los centros de aprendizaje religioso de Qom (Irán) y Nayaf (Irak) mantienen sólidos vínculos y no cabe olvidar la influencia de la Mayaiyah (Escuela Teológica de Nayaf) en la política iraquí. Los sabios religosos iraquíes no desean una presencia estadounidense en su país.

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Símbolo de las FMP de Irak (Hashid Al-Shaabi)

Otro factor importante es la consolidación de las Fuerzas de Movilización Popular de Irak (Hashid Al-Shaabi), que cuentan con cientos de miles de militantes y que han sido objeto de una campaña permanente de hostilidad – principalmente mediática, pero en ocasiones también en forma de ataques aéreos – por parte de EEUU. Las FMPI han estado insistiendo en que no hay lugar para la presencia militar estadounidense en Irak y se espera que esta milicia desempeñe un creciente papel en la política iraquí. Sus líderes han agradecido públicamente la ayuda de Irán y Hezbollah a Irak, y en particular a las FMPI, que comparten muchos vínculos personales e ideológicos con los anteriores.

Frente a todos estos factores, los EEUU no tienen ninguna posibilidad de dañar la alianza que Irán e Irak están creando y que tendrá una notable importancia a escala regional y mundial.

Por Yusuf Fernández

Urge reconstruir el anti-imperialismo

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Tras los atentados y fatídicos sucesos en nuestra tierra (Alcanar, Barcelona, Cambrils) de ahora hace ya dos semanas, estamos viviendo un encendido debate de actualidad al respecto de términos y cuestiones tales como la geopolítica, la seguridad, el terrorismo yihadista, la religión, el racismo y la islamofobia, las guerras o conflictos abiertos en Oriente Medio… Asuntos complejos que requieren de un profundo análisis y reacción por parte de los movimientos sociales y de la izquierda anticapitalista, para no dejar espacio a discursos xenófobos, oportunistas, que redunden en el beneficio político de las élites.

En este sentido, la masiva manifestación del pasado sábado ha sido un ejemplo del elevado nivel de conciencia y de respuesta por parte del pueblo catalán, que supo señalar coherentemente a los culpables y cómplices directos del yihadismo, esto es, a Felipe VI y al Gobierno español, por sus negocios con Arabia Saudí, por su participación en las guerras imperialistas de Afganistán e Irak, etc.

Así, tenemos una oportunidad inmejorable para poner sobre la mesa un discurso alternativo y rupturista, que conecta directamente con el debate subyaciente del papel y posición de la futura República Catalana, de la necesidad de romper vínculos con la Unión Europea y la OTAN, de nacer como un país de paz y de acogida, solidario con los pueblos del mundo. Pero para conseguirlo, naturalmente hemos de trabajar y luchar valientemente para llegar a disputar y ganar la hegemonía en muchos frentes, como en este. La citada manifestación es un paso adelante en la dirección correcta, como lo es también el importante papel de entidades como la Crida Internacionalista o la Plataforma Unitaria y Popular Contra la Guerra y la OTAN, pero hay que repensar y mucho el anti-imperialismo de nuestras izquierdas, ¡urge reconstruirlo!

Para hacerlo, hay que superar de una vez teorías posmodernas y posiciones equidistantes nocivas, de solidaridades intermitentes, de simplificaciones, de inocentes consignas vacías, como también de ciertos apoyos acríticos, a ambos lados. Hemos de ir más allá y construir un verdadero internacionalismo. Esto no puede tolerar más tiempo la frialdad con el imperialismo y su guion alrededor del mundo, normalizando discursos aberrantes que lideran figuras como Santiago Alba Rico, Leila Nachawati (presente en la Escuela de Verano de la CUP), entre otros, que consciente o inconscientemente ayudan a reforzar sus planteamientos en todos y cada uno de los escenarios.

No podemos caer permanentemente en su trampa, tal como ocurrió en los últimos casos de Libia, Siria o Ucrania, cuando la izquierda catalana estuvo ausente, salvo honrosas excepciones. Y podemos ver los funestos resultados de estas agresiones que algunos quisieron – y continúan haciéndolo – vender como pretendidas revoluciones, pese a la obvia exportación imperialista de la estrategia ya más que conocida de las “revoluciones de colores” para maquillar y tapar sus intereses y movimientos tras la escena.

Tal y como dijo durante un discurso nuestro estimado Ernesto Che Guevara, ahora hace 53 años pero tan vigente como entonces: “Y la estatua que recuerda a Lumumba – hoy destruida, pero mañana reconstruida – nos recuerda también, en la historia trágica de ese mártir de la revolución en el mundo, que no se puede confiar en el imperialismo, pero ni tantico así, ¡nada!”

Ciertamente no podemos confiar, y además tenemos que romper su discurso, construyendo un muro de solidaridad entorno a cualquier pueblo agredido, ya sea la República Popular Democrática de Corea, Venezuela, Cuba, Palestina, Siria-Kurdistán, Yemen o las Repúblicas Populares del Donbass. Es nuestro deber revolucionario luchar contra esto y consolidar un potente movimiento anti-imperialista que no dude nunca, que no retroceda, que no sea equidistante, que siempre esté en pie por un pueblo libre y por la solidaridad internacionalista con todos los pueblos del mundo.

Ello lo hemos de hacer entre todos, superando diferencias, con debates constructivos, trabajando conjuntamente y con la práctica diaria, tal y como ya se hace, por ejemplo, en la Plataforma. Solamente así podemos garantizar que daremos la respuesta adecuada y a la altura de las circunstancias, y que estaremos preparados para encarar los siguientes retos como pueblo para la construcción de una República Catalana solidaria y anti-imperialista.

Por Alejandro García

Miembro del Grupo Promotor de la “Crida Comunista”

El nuevo trotskismo

trotskismo2b22bcopiaLas posiciones políticas del actual Partido Comunista de Grecia (KKE) y sus partidos títere con respecto al anti-imperialismo los sitúan en el mismo campo político que el trotskismo tradicional.

Ellos han concebido una teoría dogmática y antidialéctica según la cual no puede haber sectores de la burguesía nacional o de la pequeña burguesía en los países dependientes que puedan jugar un papel contra el imperialismo. Consideran que cualquier gobierno con participación de sectores de esta burguesía tienen que estar integrados necesariamente en uno de los bloques imperialistas.

Esto es un dogma que contradice los principios leninistas con respecto al imperialismo y también toda la tradición del Movimiento Comunista con respecto a esta cuestión.

He aquí la exposición clara y didáctica del camarada Stalin con respecto a la cuestión:

“El carácter revolucionario del movimiento nacional, en las condiciones de la opresión imperialista, no presupone forzosamente, ni mucho menos, la existencia de elementos proletarios en el movimiento, la existencia en éste de una base democrática. La lucha del Emir de Afganistán por la independencia de su país es una lucha objetivamente revolucionaria, a pesar de las ideas monárquicas del emir y de sus partidarios, porque esa lucha debilita al imperialismo, lo descompone, lo socava… La lucha de los comerciantes y de los intelectuales burgueses egipcios por la independencia de Egipto es, por las mismas causas, una lucha objetivamente revolucionaria a pesar del origen burgués y de la condición burguesa de los líderes del movimiento nacional egipcio, a pesar de que estén en contra del socialismo… Y no hablo ya del movimiento nacional de otras colonias y países dependientes más grandes, como la India y China, cada uno de cuyos pasos por la senda de la liberación, aun cuando no se ajuste a los requisitos de la democracia formal, es un terrible mazazo asestado al imperialismo, es decir, un paso indiscutiblemente revolucionario.”

La fidelidad a este dogma antimarxista les lleva a considerar como enemigos integrados en un polo imperialista a gobiernos como el de Venezuela o Bolivia, contradiciendo la postura de apoyo a los comunistas de estos países a sus respectivos gobiernos en su lucha anti-imperialista o la solidaridad anti-imperialista de la práctica totalidad del Movimiento Comunista Internacional. También consideran “imperialistas” a estructuras económicas y políticas como el ALCA, al que pertenece Cuba.

El caso de Siria es especialmente sangrante. El pueblo sirio, con su Ejército y su Gobierno al frente, están afrontando la mayor agresión del imperialismo desde la Guerra de Vietnam. Los comunistas sirios están integrados en este gobierno a través del Frente Nacional Progresista. Sin embargo, estos iluminados consideran a este gobierno como “imperialista” y a la lucha del pueblo sirio como una lucha “interimperialista”.

Su dogmatismo también les hace considerar el socialismo como algo cerrado y acabado, y no como una etapa de transición en evolución sujeta a múltiples factores internos y externos. Por eso consideran a la República Popular Democrática de Corea como “no socialista” o que se está restaurando el capitalismo en países como Cuba o Vietnam. Sus posiciones coinciden absolutamente con el trotskismo tradicional y, por eso, hay que situarlos en ese campo ideológico y político.

Por José Koba

El dinero del wahabismo de Arabia Saudí y Qatar en España (parte 1)

Una de las causas más importantes para evitar el odio a los musulmanes es identificar correctamente a los responsables de que el discurso integrista y radical cale entre algunos de sus miembros. Tan irresponsable es incidir en la generalización sobre los musulmanes como pasar por alto la importancia de ideologías religiosas intolerantes que financian, promueven y difunden un mensaje de odio que no tiene cabida en una sociedad abierta y democrática. El wahabismo y el salafismo son dos corrientes diferentes sunníes pero imbricadas por un mismo concepto: el takfirismo, que significa la expulsión del distinto, no concebir al resto de musulmanes como “verdaderos” y el rechazo al que no practica ni su religión ni su misma acepción de la misma. En esencia, el wahabismo y el salafismo son discursos de odio.

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El Rey de España, Felipe VI, durante una de sus más recientes visitas de Estado a Arabia Saudí.

Arabia Saudí es, junto a Qatar, uno de los países difusores más importantes de la corriente fundamentalista del wahabismo. La visión del Islam wahabí de su profeta Muhammad ibn Abd Al-Wahhab, que data del siglo XVIII, preconizaba un ideario mucho más riguroso para todos aquellos musulmanes que según él se habían desviado del verdadero mensaje del Islam. La unión de esa visión integrista del Islam y Arabia Saudí se dio en el año 1744 por el acuerdo pactado entre el predicador y Muhammad bin Saud, fundador de la dinastía Saud a la que hoy pertenecen los sátrapas del Estado actual de Arabia Saudí.

“La exportación por parte de Arabia Saudí de una rama rígida, fanática, patriarcal y fundamentalista del Islam conocida como wahabismo, ha alimentado el extremismo global y contribuido al terrorismo”, analizaba Scott Shane en un artículo en “The New York Times”. La visión extrema del Islam coaligada con la dictadura saudí ejerce una dramática influencia sobre el yihadismo dependiente de la corriente salafista, que persigue devolver La Meca a unos postulados utópicos de “pureza” islámica.

Por ello, paradójicamente, el terrorismo de raíz salafista actual es una serpiente venenosa creada por la visión dogmática de la religión que alimentan los Estados wahabitas de Arabia Saudí y Qatar, y que creció con el anti-imperialismo, pero que no dudaría en matar a su creador si tuviera la oportunidad de conquistar La Meca.

Wahabismo en España

La mezquita de la M-30 (o Centro Cultural Islámico de Madrid) fue inaugurada el 21 de septiembre de 1992 con la presencia del entonces rey saudí Salman ben Abdelaziz y el entonces rey español Juan Carlos I. La inauguración se produjo 11 años después de un acuerdo al que habían llegado 18 países musulmanes con presencia diplomática en España y sólo después de que el rey Fahd de Arabia Saudí hubiera puesto 2.000 millones de pesetas (12 millones de euros) para la construcción del complejo de 6 plantas y más de 12.000 metros cuadrados.

El actual imam de la M30, Hussam Khoja, se ha pronunciado en diferentes ocasiones en contra de la violencia y contra la visión integrista y rigorista que nutre a los terroristas salafistas y el Estado Islámico, enarbolando su independencia ante el dinero wahabí que financia la mezquita pero ejerciendo el discurso implantado y gestionado desde la Liga del Mundo Islámico, la coalición islámica internacional que dirige la mezquita. El anterior imam, Moneir Mahmud, un sunní de nacionalidad egipcia que ejerció de profesor e imam en Arabia Saudí, siempre ha rechazado la influencia wahabí en su discurso y también sufrió el desprecio de los asistentes más radicales a su mezquita por sus discursos contra Abu Qutada, un clérigo radical próximo a Al Qaeda. Estos son dos ejemplos paradigmáticos de la controversia entre dos discursos integristas como el wahabí y el salafista por el control del mundo musulmán.

La mayor radicalidad del discurso no se da en las mezquitas grandes a cargo de los imames plenamente identificados, sino en pequeños lugares de cultos ilegales y clandestinos, o centros islámicos de menor tamaño. Sin embargo, no es menos cierto que la financiación de Arabia Saudí de las principales mezquitas en España y en Europa legitima una visión rigorista del Islam desde los grandes centros de oración. El dinero saudí está en las mezquitas de Marbella, de Whitechapel (Londres), en la mezquita del Rey Fahd de Los Ángeles o de Saint-Etienne en Nantes. En el momento de la inauguración de la mezquita de la M30 los musulmanes moderados ya advertían del peligro de la implantación de la visión saudí del Islam: “Arabia Saudí pretende ser la representante verdadera del Islam, pero no lo practica”, afirmaba Jalifi Riadh, un profesor tunecino de jurisprudencia islámica, en un artículo de 1992 en “El País”.

La mano de Arabia Saudí en la propagación del discurso del odio es tolerada por parte de los responsables políticos. En mayo de 2016 fue permitido un sermón en el Centro Cultural Islámico de Cornellà en la mezquita Al Tauba del imam saudí Saleh Al Moghamsy. Este clérigo, responsable de la mezquita de Quba en Medina, ha llegado a defender la “santidad” de Osama bin Laden por encima de la de cualquier otro “infiel”.

Un informe del CNI al que tuvo acceso “El País” en el año 2011 advertía del escaso control que se tenía sobre el dinero que Arabia Saudí y Qatar, junto a otros 4 países como Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos, Libia y Marruecos enviaban a comunidades musulmanas y cómo acababan financiando organizaciones radicales y células islamistas. Nada ha servido para que la política exterior española cambie su postura frente a los petrodólares de las dinastías wahabitas.

La financiación de las mezquitas en España es solo una de las partes más evidentes del incesante flujo de dinero que las dictaduras de Arabia Saudí y Qatar usan para ampliar su influencia. Los negocios al más alto nivel y las fuertes inversiones de capital en empresas españolas, junto a los jugosos negocios que proporcionan estos países, hacen que se sea muy laxo con el discurso del odio que promueven y al que dan soporte.

Por Antonio Maestre (LaMarea.com)

La crisis terminal de la oposición siria

supportSegún fuentes próximas a la oposición siria, el Gobierno turco ha interrumpido el apoyo financiero a la Coalición Nacional Siria desde la semana pasada, lo cual ha llevado al grupo opositor a sufrir una situación económica muy crítica.

Responsables turcos han informado a la coalición que no suministrarán este mes apoyo financiero a la misma. Hasta el momento, Turquía suministraba un total de 320.000 euros mensuales a aquélla.

Esto ha coincidido con informes, aparecidos en el diario “Zaman al-Wasl”, de que los Emiratos Árabes Unidos habrían pedido a EEUU y algunos países europeos que dejen de respaldar a la oposición siria y apoyen en su lugar al presidente Bashar al-Assad, porque la oposición siria ahora está compuesta por yihadistas o, cuanto menos, está bajo el control de éstos.

En este desfavorable contexto Jalid al-Mahamid, miembro de la delegación opositora siria en Ginebra (Suiza), dijo en una entrevista que “la guerra en Siria ha terminado si atendemos a los hechos sobre el terreno y el campo de batalla”.

Este reconocimiento de la derrota sobre el terreno fue considerado como “chocante” por el grupo de Riad (autodenominado “Alto Consejo Negociador”), una de las facciones de la oposición siria que decidió separar a Al-Mahamid de la delegación negociadora y expulsarle del grupo.

La oposición siria también se ha visto afectada por el enfrentamiento entre Arabia Saudí y Qatar, que patrocinan a distintos grupos dentro de la misma. La dependencia del régimen wahabita saudí, sin embargo, es algo nocivo para los grupos opositores, ya que dicho régimen es despreciado y odiado por la gran mayoría del pueblo sirio.

El Alto Comité Negociador sigue apoyando al llamado “Ejército Libre Sirio”, que sigue luchando supuestamente contra las fuerzas del Ejército sirio. Sin embargo, este grupo también está lastrado por la erosión y el declive por una serie de razones:

En primer lugar, la práctica desaparición del grupo den la mayor parte de campos de batalla de Siria en favor del Frente Al-Nusra, el ISIS y otros grupos extremistas.

Como fruto de esta situación, el presidente norteamericano Donald Trump dio la orden a George Pompeo, director de la CIA, de que pusiera fin al programa de la agencia dirigido a entrenar y armar al ELS. Tal decisión fue justificada señalando que este programa era caro (costaba unos 1.000 millones de dólares) e inefectivo, ya que el ELS nunca ha sido una fuerza real de combate.

Además, la mayor parte de las armas norteamericanas suministradas al ELS han acabado en manos del Frente Al-Nusra, vinculado a Al-Qaeda, o directamente al ISIS.

En segundo lugar, en el norte de Siria el ELS está actuando como una fuerza mercenaria al servicio de Turquía, que les utiliza para combatir contra los kurdos, que son los principales aliados de Washington en Siria. Esta actitud del ELS ha irritado a EEUU y a varios países occidentales, que mantienen ahora unas tensas relaciones con Ankara.

En tercer lugar, en el sur de Siria una gran masa de combatientes del ELS se ha rendido al Ejército sirio, pasándose al mismo con sus armas y vehículos.

En cuarto lugar, en toda Siria los bombardeos combinados de las fuerzas aeroespaciales de la Federación Rusa y la República Árabe Siria han llevado a que el ELS desaparezca como una fuerza de combate digna de tal nombre.

De este modo, el fin progresivo de la guerra en Siria con la victoria del Ejército sirio, el cambio de prioridades de sus patrocinadores y el enfrentamiento entre facciones debido a sus diferencias en lo que respecta a la negociación con el Estado sirio y a sus lealtades hacia distintos países han llevado a la oposición política y militar siria a una crisis que podría ser terminal.

Burhan Galiun, el primer presidente del opositor Consejo Nacional Sirio – antecesor de la Coalición Nacional Siria – señaló en varios recientes artículos que la desesperación de la oposición siria podría abrir la vía a un diálogo nacional efectivo y dijo que la oposición había cometido muchos errores, en primer lugar caer en una dependencia política y económica de países extranjeros, principalmente EEUU, Turquía, Qatar y Arabia Saudí, y en segundo lugar, dejarse caer en brazos de las fuerzas extremistas. Galiun considera que ya nada podrá impedir el hundimiento de la oposición o evitar que ésta se vea obligada a aceptar lo que el Gobierno sirio esté dispuesto a ofrecerles.

FUENTE: “Annur TV”

El trance de China con Maduro

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Nicolás Maduro y Xi Jinping durante un encuentro bilateral en 2014.

China observa con cierta angustia la inestabilidad creciente que vive la Venezuela de Maduro. Durante el mandato de Hugo Chávez, los vínculos bilaterales se intensificaron de forma exponencial en función de una simpatía estratégica y visión compartida del orden internacional que encontraba en el suministro de barriles de petróleo un fundamento capaz de hacer pasar a un segundo plano las contradicciones, fragilidades y reveses. El propio Nicolás Maduro tuvo la oportunidad de afianzar esa relación en su período al frente de la diplomacia venezolana.

Las inversiones chinas en Venezuela han crecido significativamente en los últimos lustros y son cuantiosas. De hecho, los recursos invertidos superan ampliamente los préstamos otorgados por China al resto de los países de la región. Hoy, los intereses económicos chinos van más allá de la energía, abarcando numerosos dominios en los que sus empresas están presentes: desde la industria a la agricultura, el transporte, la vivienda, etc.

Maduro, con abierta simpatía por el modelo chino de desarrollo, estimuló la creación de zonas económicas especiales, en buena medida financiadas con préstamos procedentes del Gigante Asiático.

La receptividad bolivariana explica que altos dirigentes del Gigante Asiático, incluido el propio presidente Xi Jinping o el vicepresidente Li Yuanchao, hayan calificado a Venezuela como su más fiel aliado en América Latina. Pese a que ahora ven peligrar el futuro de una relación que se pretendía modélica para otros países de la región, esas palabras no son retóricas. Por otra parte, la alianza con China es una pieza clave de la política exterior del presidente Maduro y a partir de ahora lo será más ante la expectativa del aislamiento alentado por las potencias occidentales tras la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente.

Pero hay luces y sombras en el entendimiento bilateral. Pekín, por ejemplo, dio largas abiertamente a un hipotético acuerdo con el ALBA que pudiera ser interpretado como un aval sin matices al bloque promovido por Venezuela. También desechó un papel protagonista de Caracas en la gestión parcial de su relación con la CELAC. Siempre marcó distancias con el tono anti-estadounidense del discurso bolivariano por más que simpatizara con el énfasis en la defensa de la soberanía nacional. En suma, fiel a su pragmatismo, trató de mitigar la hipotética carga ideológica de la relación bilateral y evitar dar la impresión de abrigar la más mínima intención de contrariar los intereses de EEUU. Voluntad política y hasta entusiasmo, pero con silenciador.

Cada vez con más insistencia, no pocos inversores orientales – en su mayoría públicos – alertaron al Gobierno chino de lo arriesgado de la apuesta significando los numerosos condicionantes que pueden derivar en un escenario de caos similar al experimentado en otras latitudes, con pésimas consecuencias para los intereses de su país. Esto no es nuevo. Libia está en la mente de todos. Pero aunque la preocupación va en aumento, no parece que China vaya a desentenderse y dejar caer sin más a Maduro. Con pocos puentes tendidos hacia la oposición y dificultades para acompañar las alternancias, el afán de afirmación global de sus intereses que hoy determina su política exterior podría incitarle a elevar el tono de su apuesta.

Por Xulio Ríos