Gibraltar desde el nacionalismo andaluz de izquierda: mirando el conflicto con otros ojos (II)

La Segunda Restauración Borbónica (1975) quiso superar anteriores errores con la ansiedad atlantista de una utilización conjunta de la base militar y con el horizonte de la integración europea de otro lado. La OTAN, por cierto, o bien mira para otro lado o bien guarda un cómplice silencio en el conflicto existente entre dos de sus socios, a sabiendas de que con uno u otro su militarismo siempre estará omnipresente.

De otra parte, hoy por hoy, la cuestión gibraltareña no debe convertirse en una mera guerra de banderas de unos mutuos intereses estatales capaces de utilizarse en uno u otro beneficio desde los respectivos gobiernos en liza. Como tampoco podrían imaginar aquellos andalucistas históricos que, cien años después y con un autogobierno con instituciones propias, toda una Junta de Andalucía abiertamente competente en materia de aguas pesqueras y medio ambiente, se haya inhibido de todo lo que afecta al tema en cuestión.

A los nacionalistas andaluces que miramos la realidad con otra sensibilidad y deseamos aportar soluciones desde la izquierda, nos deben motivar otros discursos e ideales diferentes a los que, demagógicamente, conducen al nacionalismo español y a la vana exaltación de sus valores. No estamos dispuestos a sumarnos a campañas orquestadas más propias de otros siglos, ni a sumarnos sin más a unas reivindicaciones que no cuestionan el uso más allá de su mera propiedad. Mucho menos a convertir el desencuentro en una mera exhibición mutua de armamento bélico.

Por ello, se hace necesario destacar las siguientes cuestiones entre otras más localizadas en el pasado:

El oscurantismo existente alrededor del tema gibraltareño provoca la reiterada utilización de tópicos recurrentes sobre el asunto y una peligrosa escalada de argumentaciones extremas, sin más análisis que la posesión o no del espacio. Es cierto que las ciudades de Ceuta y Melilla son posesiones españolas desde dos siglos antes, pero eso no resta a que, con objetividad, gran parte de las argumentaciones reivindicativas también pudieran ser aplicadas a dichos puertos norteafricanos.

En paralelo, la desinformación perseguida tras el tema, no sólo oculta manifiestos y profundos casos de corrupción que han afectado a gobiernos españoles como el de Rajoy, sino que interesa al Estado Español por cuanto es una exaltación fácil y partidista de las actuaciones del Ejecutivo. Al nacionalismo español le es necesario Gibraltar tanto como la Isla de Perejil.

A estas alturas del debate, parece un poco iluso, imposible o decadente invocar la aplicación literal del Tratado de Utrecht. Mucho se ha legislado desde hace 300 años. Un pacto que concretaba la negativa, por ejemplo, a que “judíos y moros” habitasen en el Peñón es de dudosa aplicación en el siglo XXI.

La prórroga de una solución definitiva, si fuera posible, o al menos, la ausencia de un marco de diálogo razonable por ambas partes; provoca una escalada de tensión entre poblaciones vecinas amén de una exaltación desaforada de los respectivos nacionalismos de Estado. En todos los casos, siempre se socializan posiciones ultraconservadoras y las posiciones de izquierda tradicional, sencillamente, o no se visualizan, se suman a otras, o pasan por la autodeterminación de una población autóctona que cada vez más se enroca en los privilegios que ha logrado.

El interés militar de la Roca queda cuestionado con la cercana presencia de la Base Aeronaval de Rota y su escudo antimisiles. Tras el conflicto, subyace además una peligrosa aceptación del militarismo y de sus exhibiciones de fuerza en uno u otro sentido. Gibraltar se convierte así en una peligrosa justificación de la existencia de los ejércitos. La equivalencia es diabólica: la diplomacia nos separa o no aporta soluciones, pero sin embargo, los ejércitos nos protegen.

La monarquía española guarda un curioso silencio al que unir el de los EEUU y la OTAN. Poco importa resolver el contencioso si continúa siendo una base militar “aliada”. Es más, con la entrada de España en dicha alianza militar nunca se habló de dicho asunto.

El capital no entiende de fronteras, ni de banderas o de derechos históricos. Se mueve por intereses especulativos y de alta rentabilidad. Poco entiende de reivindicaciones frente al negocio. Nadie, repetimos, nadie a un lado y a otro de la verja quiere que se acabe con un paraíso fiscal que beneficia a banqueros, grandes empresarios, mafias y especuladores sin conciencia ni nacionalidad.

A nadie escapa que la política diplomática del Estado Español ante Gibraltar ha sido un cúmulo de despropósitos y circunstancias adversas que poco han favorecido la identificación del ciudadano gibraltareño con el andaluz, algo que, sin embargo, es inevitable en ámbitos culturales de simbiosis. Conviene aceptar por parte española la existencia acumulada de errores diplomáticos históricos que no han hecho más que subrayar la enemistad y oscurecer la convivencia entre unas poblaciones fronterizas, cuando no han potenciado un sentimiento de autodeterminación entre los habitantes de la Roca. Algo, por otra parte, hábilmente utilizado por el Reino Unido, quien también en no pocas ocasiones esconde intereses de Estado tras su quehacer.

Resulta preocupante que a la interesada promoción de la “antipolítica” desde ámbitos gubernamentales se le quiera añadir ahora un recurrente estado de opinión y una artificial movilización ciudadana, invocando esta vez un patrioterismo exacerbado. Tras la cortina de humo que representa y la desideologización que implica el discurso, se oculta un peligroso acercamiento a soluciones totalitarias y militaristas. Algunos estarían dispuestos a hacer una nueva “Marcha Verde”.

La situación actual de la Roca es el resultado histórico de la debilidad diplomática del Estado Español – cuando no una abierta ausencia de relaciones exteriores – de manera que el propio devenir de la Historia de España explica el silencio o la reivindicación, según la amistad con el no siempre aliado inglés. En otros casos, conflictos internos o intereses en el devenir político, nos sirven igualmente para comprender las actuaciones al respecto por parte del Estado Español.

“Nosotros, los andaluces, no tenemos por qué hacer coro a Castilla en sus reclamaciones contra Inglaterra”, y quizás por eso, ya reclamaban los andalucistas históricos, conviene actuar como “hombres de Estado” y desde luego, hoy como entonces, someter la cuestión al arbitraje internacional y no entender el uso de esa pequeña porción de Humanidad para “propósitos siniestros, afanes de usurpación o deseos de imperialismo ambicioso”. Dicho de otra forma, a sucesos del siglo XVII y debates decimonónicos, soluciones del siglo XXI. Por importantes que sean no estamos ante un mero problema pesquero, de aguas territoriales o simples bloques de hormigón.

Sin renunciar al hecho de la existencia anacrónica de una colonia el análisis debe ser más riguroso, profundo y más trascendente que una mera guerra de fronteras o titularidades estatales. Antes de que Gibraltar sea territorio andaluz hay que reivindicar que no siga siendo lo que es hasta ahora: un paraíso para el blanqueo o la huida de capitales, para la especulación financiera, para el desarrollo desaforado de sus límites territoriales y aguas, el militarismo, la nuclearización y la imposición de unas políticas antiecológicas. Para ello, no existe otra solución que la implicación de la comunidad internacional y muy especialmente la europea en paralelo a la búsqueda de un escenario de diálogo. Con la situación que vive el Peñón, los sentimientos encontrados y aireados que provoca, así como el destino ofrecido a sus escasos kilómetros cuadrados, da igual que pertenezca a quien sea porque rechazamos en esencia su contenido, destino y fines. Gibraltar andaluz sí, pero antes para la paz, el progreso humano, la ecología y la solidaridad entre pueblos y personas.

Por Manuel Ruiz Romero

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Gibraltar desde el nacionalismo andaluz de izquierda: recordando el andalucismo histórico (I)

Concluida la Primera Guerra Mundial y en el contexto de la aplicación de las doctrinas del presidente estadounidense Woodrow Wilson, las democracias dibujaron de forma preventiva y aprendiendo del conflicto bélico un nuevo orden internacional reconociendo el principio de las nacionalidades y el derecho a la autodeterminación de los pueblos.

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Portada del nº196 de la revista “Andalucía”, lanzado el 14 de abril de 1920, en la que destaca a Gibraltar como “población de Andalucía”.

Al hilo de estos hechos España vivirá por aquellas fechas una irreconocible emergencia de reivindicaciones políticas desde gran parte de sus territorios. De entre ella, la primera petición de autonomía que para Andalucía realiza el Centro Andaluz de Sevilla (29 de noviembre de 1918), en nombre de sus homólogos y por acuerdo de la Asamblea de Ronda en enero de aquel mismo año. Este acto de afirmación de Andalucía como sujeto político implicaba, según el texto elevado al Ayuntamiento de Sevilla y a la diputación homónima para que instasen a los poderes centrales la puesta en marcha de Cortes Constituyentes y la concesión de una autonomía “en iguales términos que a las demás”. Ante esta intencionalidad pacifista continental y en el intento por consolidar una nueva realidad diplomática más estable y pacífica, no es casual que los nacionalistas de esta tierra firmasen el 1 de enero de 1919 en Córdoba toda una declaración de intenciones que a la vez que afirma que esta tierra en el nuevo orden europeo reclama atención internacional para una realidad política hasta entonces negada y supeditada a los intereses de un turnismo restaurador inmovilista y centralizador: Andalucía es una nacionalidad. Con ello, su consolidación como autogobierno con los clásicos tres poderes que hoy mismo disfruta nuestra Comunidad Autónoma.

La conclusión de la Primera Guerra Mundial pareció ser el momento propicio para la puesta en marcha de un nuevo concierto internacional que afianzase décadas de paz, un tanto ilusoriamente, a tenor de los hechos posteriores y como la propia Historia demostrará. A la España neutral y aliadófila ante el conflicto quieren sumar ahora los andalucistas y junto a vascos y catalanes, la reivindicación y presencia de un Estado plurinacional y pluricultural en el que sólo Andalucía tiene un territorio bajo dominación extranjera. La reintegración de Gibraltar al suelo andaluz es la reivindicación “y la palabra” que los andalucistas defienden ante la nueva Sociedad de Naciones, mediante un texto enviado al Congreso de Paz celebrado en Ginebra. La afirmación política como pueblo y nación diferenciada es acompañada de una demanda de integridad territorial toda vez que, con el paso del tiempo, el “dolor”, como señala el texto, podría traducirse en “un fatal sentimiento de rencor perenne hacia los promotores del perdurable vejamen”. Andalucía existe y es, y en la medida que su territorio está “desmembrado”, reivindica en su territorialidad plena. No puede ni debe afirmarse sin ella. Se aprovechaba así un instante político vital entre el marco de unas potencias imperialistas que hicieron inevitable la guerra y la reordenación de una Europa que inicia procesos de descolonización.

Así las cosas, para los nacionalistas andaluces el origen del conflicto se encuentra en el “centralismo sordo, ciego y sin alma” que olvida sus regiones a la vez que concretan en Castilla la responsabilidad de todos los males “históricos y coloniales”. Desde el republicanismo andalucista se entiende que la apuesta castellana en pro de los Borbones en la Guerra de Sucesión – identificada y vinculada a intereses centralistas – trae consigo una cesión por la que Andalucía paga con su territorio una apuesta dinástica a favor de una dinastía francesa que rechaza. De hecho, cabe recordar que Gibraltar fue ocupada por tropas catalanas junto a las británicas y que, por su apuesta por el Archiduque Carlos, Cataluña pierde con Felipe V (el primer rey borbónico de España) sus derechos e instituciones históricas. Es más, Menorca – que también por el Tratado de Utrecht pasó a manos británicas – fue recuperada por el Estado Español casi un siglo después por medio de otro tratado.

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Bandera de Gibraltar, inspirada en las armas de la vecina ciudad de San Roque.

Expuesto así, Andalucía es una víctima de Castilla. Tanto por unos hechos, como por un olvido secular en el que el ejemplo de Gibraltar es uno de los más importantes. Precisamente, la política de neutralidad de España ante el conflicto preocupa frente a las posiciones aliadófilas que defienden los andalucistas, en la medida también que, a su final, así se explicaría la inhibición del Gobierno español ante la reivindicación territorial que nos ocupa. Castilla, como verdadera culpable histórica de la situación, volvió una vez más a apostar por las autocracias para defender la suya propia. El momento histórico que se vive resulta pues especialmente significativo para una nacionalidad como la andaluza en su anhelo por recuperar lo que llaman “solar sagrado”, para lo cual ponen en marcha una campaña de envío de cartas y mensajes a la Embajada del Reino Unido en Madrid solicitando la restitución del territorio gibraltareño. Si se quiere, de una forma “llena de optimismo” y muy honesta, pero no menos inocente y pretenciosa a la vez, se esperaba una justa respuesta al considerar que sería incapaz de “negar la personalidad histórica de Andalucía”. Mientras el Estado Español calificaba a los andalucistas históricos de hacer valer su voz y con ella, la propia existencia de Andalucía en el contexto de las emergentes nacionalidades.

Desde aquel instante la voz de Andalucía se hizo valer como interesada ante un conflicto como el de Gibraltar, el cual todavía provoca amplios titulares y levanta aireadas veleidades patrioteras y centralistas. Más allá de la voz de España, Andalucía es la primera interesada en culminar su integridad territorial, ya sea desde Utrecht en 1713 o desde Rota y Morón desde 1963. Y es cierto también que el Estado Español siempre ha reivindicado el Peñón como parte de su geografía, pero no es menos cierto que ha sabido interpretar dicha causa histórica como más le ha convenido según sus intereses, si bien incluso alguna vez abrazó la idea de ocupar la Roca mediante el uso de la fuerza. Hitler, en el famoso encuentro con Franco en Hendaya, hizo desistir al dictador de sus intereses ofreciendo prioridad a los suyos. La impotente España no dudó entonces en ocupar Tánger en 1940 amparada por la tutela del único país que reconoció esta acción ajena a toda medida diplomática: la Alemania de Hitler sacó cierto provecho del apoyo gibraltareño a la causa de Franco. Más tarde, la pretendida política franquista de procurar la asfixia económica de Gibraltar mediante el cierre del lado español de la frontera no hizo sino motivar la crispación e incrementar la identidad pro-británica y colonial de los gibraltareños, aprovechando la vieja democracia para realizar un referéndum entre los habitantes de la Roca para refrendar su vínculo e introducir en la Constitución gibraltareña un punto tranquilizador por el que Londres se compromete a no realizar ninguna acción diplomática sobre Gibraltar sin contar antes con sus habitantes. Todo un cambio de estatus político en unos breves kilómetros cuadrados que, sin embargo, siguen manteniendo tratamiento de colonia pese a que la ONU ya pidió en 1965 el establecimiento de conversaciones para acabar con dicho estatus.

La lucha por la recuperación de Gibraltar es así para los andalucistas históricos paralela a la de todo país que desea su emancipación colonial. Propia, por tanto, de todo movimiento político de liberación nacional.

Por Manuel Ruiz Romero

China le para los pies a Bolsonaro

Durante la campaña electoral, Bolsonaro se empeñó en atacar a China y la acusó de querer “comprar Brasil”. Fue más lejos al retratar a China, de acuerdo con un portal temático de Defensa brasileño, como un “predador que quiere dominar sectores cruciales de la economía” brasileña. Agregó que los chinos no deberían ser autorizados a comprar tierras en Brasil o a controlar industrias fundamentales.

Según el informe de “Reuters”, una de esas empresas que preocupan al presidente electo es “China Molybdenum”, que adquirió una mina de niobio (usado en el acero por empresas aeroespaciales y automovilísticas) por 1.700 millones de dólares en 2016. Para Bolsonaro, ese tipo de emprendimientos deberían quedar en manos brasileñas, ya que el país controla el 85% del mercado mundial.

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De izquierda a derecha: Carlos, Flávio, Jair y Eduardo Bolsonaro posan para una foto durante la visita a Taiwán que realizaron en febrero de 2018. Esta visita enfureció y cabreó enormemente a la República Popular China, principal socio comercial de Brasil y uno de sus socios más estratégicos junto a Rusia, India y Sudáfrica en los BRICS.

Los militares que acompañan a Bolsonaro tienen una posición nacionalista, como la que mantuvo el propio Capitán reservista, que desde siempre se opuso a las privatizaciones de empresas estatales. Ahora se opone a la privatización de “Eletrobras”, anunciada ya bajo el saliente gobierno de Michel Temer, ya que sus compradores podrían ser chinos.

En paralelo, Bolsonaro visitó Taiwán el pasado mes de febrero, siendo el primer candidato presidencial del país en dar ese paso desde que Brasil reconoció a la República Popular China en 1974. La embajada china en Brasil emitió un comunicado calificando el viaje como “una afrenta a la soberanía y la integridad territorial de China”.

Las actitudes del ahora presidente electo llamaron la atención de Beijing, al punto que hubo por lo menos dos reuniones entre diplomáticos chinos y algunos de los principales asesores de Bolsonaro. Una de ellas fue con el considerado futuro Ministro de Economía, Paulo Guedes, en septiembre, para debatir la importancia de las relaciones bilaterales. China es un gran comprador de soja y mineral de hierro de Brasil, además de ser el principal mercado de sus exportaciones, muy por encima de EEUU.

El nuevo presidente, que fue saludado con una subida de las bolsas por las reformas planeadas y la prometida reducción del déficit fiscal, tiene escaso margen de negociación, ya que los negocios agrícolas tienen una poderosa bancada en la Cámara de Diputados de Brasilia, que puede llegar al 40%. Aunque la mayor parte de los agricultores apoya a Bolsonaro, quieren mantener buenas relaciones con China, ya que no es sólo el mayor cliente sino que ha crecido su importancia ya que la guerra comercial desatada por Donald Trump está llevando a Beijing a aumentar sus compras en Brasil. “La economía es mucho más importante que la propaganda para conseguir votos”, dijo un ejecutivo a “Reuters”.

Días atrás, Bolsonaro enfatizó que sus aliados internacionales preferidos son Israel, Italia y EEUU. En 2017 atacó a las minorías en una visita al “Club Hebraica” en Río de Janeiro. Según la edición brasileña de “El País”, la visita formaba parte de “un plan exitoso para aproximarse a empresarios y políticos judíos que se sumasen al apoyo a su candidatura”. Pero esta actitud dividió a la comunidad judía, ya que otras instituciones como la Confederación Israelita de Brasil mostraron un apoyo incondicional a las minorías atacadas por Bolsonaro.

El candidato, que se bautizó en el río Jordán en mayo de 2016, afirmó que seguirá los pasos de Trump para trasladar la legación diplomática brasileña de Tel Aviv a Jerusalén. Poco después de ese episodio, en el segundo semestre de 2017, quienes apoyaban a Bolsonaro rompieron con las instituciones judías tradicionales creando la Asociación Sionista “Brasil-Israel”, destacando sus diferencias con las izquierdas.

Otros líderes mostraron su cercanía con Bolsonaro, como Matteo Salvini – Ministro del Interior italiano, y el propio Trump, quien luego de una llamada de apoyo dijo que acordaron que “Brasil y EEUU trabajarán cerca en temas de comercio, militares y todo lo demás”.

Este clima de euforia fue rápidamente enfriado por el editorial de “Global Times” del 29 de octubre, titulado: “¿Revertirá el nuevo Gobierno brasileño la política de China?”. Se trata de una pieza importante, calculada milimétricamente, suave y amenazante a la vez, como suele ser la diplomacia oriental.

Comienza diciendo que Bolsonaro es “un Trump tropical”, recuerda las acusaciones que hizo a China durante la campaña pero, a renglón seguido, destaca que comenzó a cambiar su tono hacia el final, diciendo que “vamos a hacer negocios con todos los países y China es un socio excepcional”. Agrega que es “impensable” que Bolsonaro reemplace el comercio Brasil-China por el comercio EEUU-Brasil.

En primer lugar, el editorial recuerda que Brasil tiene su mayor superávit comercial con China, de unos 20.000 millones de dólares. “La guerra comercial entre China y EEUU ha impulsado aún más las exportaciones de soja brasileña a China”, dice el diario.

En segundo lugar recuerda que el eje de la política de Bolsonaro nunca fueron las cuestiones internacionales sino los asuntos domésticos, para agregar de inmediato que “China nunca interfiere en los asuntos internos de Brasil”, cuestión enteramente cierta.

A partir de ahí, Beijing le blande la espada. “Su viaje a Taiwán durante la campaña presidencial provocó la ira de Beijing. Si sigue haciendo caso omiso del principio básico sobre Taiwán después de asumir el cargo, tendrá un costo evidentemente muy alto para Brasil”.

En el párrafo clave destaca: “Muchos observadores tienden a creer que Bolsonaro, que nunca ha visitado la China continental, no sabe lo suficiente sobre el poder oriental. Beijing debe prestar atención a que atacó a China durante la campaña y creía que una postura hostil hacia el mayor socio comercial de Brasil lo ayudaría a ser elegido”.

En buen romance, la República Popular China está diciendo que no le teme a las amenazas, pero sobre todo asegura que tiene armas mucho más potentes para responder a una eventual ofensiva de Brasil en cualquiera de los terrenos. En efecto, si China dejara de comprar soja y mineral de hierro, la economía brasileña – que ya enfrenta una situación grave – podría verse en un callejón sin salida.

Por Raúl Zibechi, para “Sputnik”

Pacto de silencio para ocultar el papel de la OTAN en el resurgimiento del fascismo

El año pasado la OTAN promocionó un vídeo de un grupo nazi de Letonia, los llamados “Hermanos del Bosque” que, como en caso de los yihadistas, convirtió en luchadores contra la URSS. Además de una reescritura de la Historia, fue una llamada al terrorismo contra los rusos y contra Rusia.

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Cinco terroristas de los “Hermanos del Bosque” posan para una fotografía en Lituania, 1950. (Foto: “RBTH”)

Los “Hermanos del Bosque” eran una organización nazi que en 1945, con el apoyo del espionaje de EEUU, se negó a rendirse y pasaron a ejecutar acciones terroristas en el interior de la Unión Soviética durante una década.

El vídeo de la OTAN comienza con una confusión entre los soldados “rusos” y el ejército “soviético” para indicar al espectador que éstos luchaban contra los rusos y no contra los soviéticos – ya que los letones también formaban parte del Ejército Rojo.

La OTAN quería inculcar que unos pocos hombres, civiles inocentes, obligados por la situación, lucharon contra el “ocupante ruso” que, después de la Segunda Guerra Mundial, se había apoderado de Letonia por la fuerza.

En realidad, hay muchos que piensan así: los países de Europa del Este se convirtieron en “satélites” de la URSS a la fuerza, al ser “ocupados” militarmente por el Ejército Rojo al final de la Segunda Guerra Mundial. A los que dicen tales estupideces no se les ha ocurrido pensar en Austria, que también fue liberada y ocupada por el Ejército Rojo.

Como en el caso de los demás países bálticos, la independencia de Letonia tuvo lugar pocos años después de la Revolución de 1917, es decir, que no se debió solo a los letones sino a los revolucionarios que acabaron con el zarismo, de los que la mayor parte eran rusos y entre los cuales también había letones.

El vídeo no explica nada de eso, como es natural. Lo que aparece es una lucha, supuestamente patriótica y nacionalista, de los letones contra los “ocupantes” soviéticos.

Es típico de la propaganda imperialista presentar la lucha de clases como una lucha nacional o religiosa. La OTAN no puede admitir que la Unión Soviética aplastó en la guerra y después de ella a los nazis letones. El carácter nazi desaparece para poner en primer plano la represión, típicamente “estalinista” e indiscriminada, contra la población de Letonia por el sólo hecho de ser letona.

Entre 1941 y 1945 la Legión Letona, una unidad de las Waffen-SS, se componía de dos divisiones de granaderos, la 15 y la 19, que participaron en la persecución de comunistas, tiroteos masivos contra la población civil, pogromos y limpieza étnica contra los judíos.

Sólo en el interior de Letonia entre 1941 y 1945 se crearon exactamente 46 prisiones, 23 campos de concentración y 48 guetos judíos. Las SS letonas y sus colaboradores asesinaron a 313.798 civiles (incluidos 39.835 niños y niñas) y a 330.032 soldados soviéticos.

En el otoño de 1941, las SS formaron batallones de autodefensa en el Báltico, una especie de milicia que ejerció las labores típicas de apoyo a la Policía. En Letonia se formaron 41 batallones con entre 300 y 600 efectivos, 23 en Lituania y 26 en Estonia.

Algunos de ellos fueron enviados a luchar contra los partisanos soviéticos en Bielorrusia y en la región rusa de Pskov.

A medida que avanzaba la guerra, y con ella la derrota nazi, los miembros de los batallones letones se fueron integrando en las unidades diezmadas de las Waffen-SS: brigadas motorizadas, de voluntarios, etc.

Estos matones fueron quienes luego llenaron las filas de los “Hermanos del Bosque”. La OTAN oculta que dicha organización fue creada y financiada por el espionaje imperialista después de la Segunda Guerra Mundial por lo mismo de siempre: para acorralar a la URSS, para impedir que pudiera disfrutar de un minuto de reposo.

El espionaje imperialista subcontrató a los antiguos policías letones, a los colaboracionistas durante la ocupación y a los oficiales (y soldados) letones que trabajaron para las SS.

Hasta mediados de la década de 1950, los “Hermanos del Bosque” llevaron a cabo más de 3.000 atentados terroristas, principalmente contra la población civil.

El vídeo de la OTAN tampoco habla de esto porque no puede vincular al fascismo con el imperialismo y con EEUU. Los papanatas tampoco lo hacen, ni tampoco vinculan a la OTAN con la red Gladio o con los crímenes neofascistas de la década de 1970 en toda Europa Occidental.

Si alguien se cree que estamos hablando de batallitas propias del pasado, se equivoca: cada año, una manifestación neonazi desfila por las calles de Riga (capital de un Estado miembro de la Unión Europea como es Letonia) para homenajear a los fieles servidores del III Reich.

¿Eso no forma parte del auge del fascismo y “la ultraderecha”? ¿Por qué nadie habla de ello, ni la OTAN ni los “alternativos”?

FUENTE: “Movimiento Político de Resistencia”

Comunicado del PCPE sobre las maniobras “Trident Juncture 2018” de la OTAN

descargaContrariamente a lo que los voceros del sistema difunden, la carrera de armamentos y las maniobras militares no pueden ser entendidas como elementos persuasivos para el mantenimiento de la paz. El imperialismo yanqui y sus aliados, a través de la OTAN como su brazo armado, están en guerra permanente y lo manifiestan de manera cruel contra los pueblos que no disponen de suficiente capacidad militar defensiva, y en forma más diluida con el resto de las potencias con las que compiten por la hegemonía.

El Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE) denuncia como un acto de guerra más las maniobras militares llamadas “Trident Juncture 2018” que la OTAN realiza en Noruega entre el 25 de octubre y el 7 de noviembre con la participación de 50.000 soldados, y que se realizan en el marco de asedio en la zona septentrional europea de Rusia.

La propaganda imperialista se jacta de que estas maniobras son el mayor ejercicio de la OTAN desde el final de la etapa denominada de la “Guerra Fría”, y el PCPE denuncia que estas maniobras se enmarcan en la crisis general y estructural del capitalismo, incapaz de resolverla por métodos pacíficos y en el marco del desarrollo económico que la ciencia y la tecnología pueden poner a disposición del proceso productivo para mejorar las condiciones de vida de las amplias masas explotadas de la Humanidad. Son, por tanto, otra vuelta de tuerca más en la respuesta violenta del capitalismo, hundido en sus propias contradicciones.

El PCPE denuncia que no son casuales las coincidencias que se producen en la enloquecida carrera belicista. El anuncio por parte de EEUU de abandonar el Tratado por la Eliminación de las Armas de Corto y Medio Alcance (INF), la presencia del Ejército de EEUU en el sur de Siria, la guerra de los aranceles lanzada por Trump, y estas maniobras militares, son expresiones de la guerra imperialista que muestran su faz más criminal.

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Cartel propagandístico, realizado por la OTAN, sobre las maniobras “Trident Juncture 2018” que se están llevando a cabo en Noruega.

El PCPE denuncia nuevamente la participación activa del Estado Español a través de su contribución de 2.000 militares y otros medios materiales, colocándose nuevamente su gobierno (en este caso del PSOE) y las instituciones del régimen monárquico-burgués como actores importantes en la dinámica de la guerra. Esta participación, así como el actual debate de la venta de armas a Arabia Saudí, muestran el ADN del régimen de la Constitución de 1978, que siempre se alinea a favor de los opresores y en contra de los oprimidos.

El PCPE hace un llamamiento para fortalecer, organizar y participar en un movimiento anti-imperialista también en los espacios de los propios países agresores, para confrontar con los señores de la guerra y sus instrumentos u organizaciones como la OTAN, para luchar por la paz y el desarrollo de una sociedad justa que sólo los hombres y las mujeres libres pueden crear, erradicando el hambre, la pobreza, la desigualdad, la explotación y todas las formas denigrantes de dominación de unos pocos contra la inmensa mayoría de la Humanidad.

¡Por la salida de España de la OTAN!

¡Por el desmantelamiento de las bases yanquis!

¡¡OTAN NO, BASES FUERA!!

A 25 de Octubre de 2018

Secretariado Político del PCPE

Malos modales

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El periodista turco-saudí Jamal Khashoggi, asesinado el pasado 2 de octubre en Estambul.

Son los que tienen los muchachos de los servicios secretos saudíes. Son algo rudos y se ponen nerviosos, y en esas circunstancias se les va la mano (y la sierra), y cortan en pedazos a un compatriota dentro de un consulado.

Esto es, al parecer, lo que le ha pasado al periodista Jamal Khashoggi, que entró al Consulado de Arabia Saudí en Estambul y salió desmembrado en varias maletas con destino a Riad, con el objeto de probar ante el príncipe Bin Salman un trabajo bien hecho.

Hay que aclarar algunas cosas, ya que la información que vamos sabiendo es cada vez más complicada, y pone más de manifiesto esos malos modales.

Al parecer, el periodista era sobrino del famoso traficante de armas Adnan Khashoggi, que vivía en Marbella y falleció en 2017. Este individuo fue el organizador del famoso affaire “Irán-Contra” por encargo del otrora candidato a la presidencia de los EEUU, Ronald Reagan. Pero el sobrino no le iba en zaga. Era amigo personal de Osama bin Laden y hay fotografías que lo muestran en Afganistán armado con una metralleta y actuando en combate junto a su compinche. Es decir, que era un hombre al servicio del imperialismo estadounidense. En el momento de su muerte trabajaba como periodista para “The Washington Post”, diario controlado por la CIA.

Pero todo este escandaloso asunto hay que enmarcarlo en la lucha que el Imperio libra contra el presidente turco Erdogan, que fue víctima en 2016 de un golpe de Estado fracasado y urdido por la CIA, que fue advertido por el FSB de Rusia y que le salvó la vida a Erdogan.

El presidente turco, ante ese hecho, desató una inmensa purga que acabó con la carrera de miles de funcionarios, jueces, catedráticos y periodistas en Turquía, además de con la supresión de varios diarios turcos de tendencia opositora.

En Turquía permanece preso un ciudadano estadounidense acusado de espionaje, al parecer como represalia por la protección yanqui a Fethullah Gülen, un jerarca religioso turco – cercano a los Hermanos Musulmanes, que son amigos de EEUU.

A raíz de todo esto, el Gobierno turco no le permite a EEUU utilizar la base militar de Incirlik, muy cerca de la frontera con Siria y lugar de despegue de aviones y drones yanquis para atacar territorio sirio. Todo esto ha llevado a Turquía a echarse en brazos de Rusia, que es la gran ganadora en este complicado rompecabezas.

A su vez, sabiendo la relación especial que los saudíes mantienen con Trump, los servicios de seguridad turcos han introducido micrófonos y cámaras ocultas en la delegación saudí de Estambul, grabando y filmando las escalofriantes escenas de la muerte de Khashoggi. Las harán públicas mañana, martes 23 de octubre.

Esto ha hecho que el Gobierno saudí haya tenido que dar explicaciones. Abstractas explicaciones, que cada vez complican más a ese régimen en este oscuro crimen de Estado. Todo apunta al príncipe Mohamed bin Salman, y ha levantado una verdadera ola de indignación. Tanto, que personajes como Javier Solana (ex-Secretario General de la OTAN y uno de los mayores criminales de guerra del siglo XX) han dicho que Arabia Saudí debe acabar con la agresión a Yemen – ya era hora – y que Alemania deje de vender armas al reino saudí.

Evidentemente, hay un trasfondo geopolítico detrás de todo esto, y es la inquina que sienten los yanquis contra Irán, y a que Arabia Saudí es el vicario de una política agresiva contra la nación persa. Es posible que estemos asistiendo a un cambio de gobierno en Arabia. Ya Trump, hace muy pocos días, lo dijo: “Si quitamos nuestro apoyo a la monarquía saudí, duraría 15 días”. Y lo dijo en esos términos siempre tan diplomáticos y propios de Donald Trump.

Llama la atención el costado mafioso que tiene todo esto. La muerte y el desmembramiento del periodista, y luego las condolencias de la Familia Real Saudí para con el hijo del muerto, el accidente y muerte de uno de los carniceros y las promesas de castigo a aquellos que “actuaron por su cuenta”. Todo ello huele a crimen mafioso.

En fin, veremos cosas raras en los próximos días.

Por Darío Herchhoren

Réplica a Reconstrucción Comunista (RC) sobre Siria y Rojava

El otro día me pasaron un artículo publicado en la web “Universidad Obrera” titulado “¿Quiénes son realmente aquellos que apoyan a Al Assad en Siria?” y que al parecer está escrito por la Secretaria Política del Partido Marixsta-Leninista (Reconstrucción Comunista). La idea de contestar a su texto no está tanto en convencer a la joven militancia de RC de su error en el análisis de la situación siria y del imperialismo, sino de intentar poner sobre la mesa un análisis totalmente distinto y que sirva a los que todavía no tienen una opinión bien formada sobre estos asuntos, poseer otra herramienta que les sirva para hacerse con una opinión propia. El texto de RC se divide en 4 puntos: titulados “Naturaleza del régimen sirio de Al Assad”, “La cuestión kurda”, “El imperialismo ruso” y “Naturaleza de la guerra en Siria”. Vamos a comenzar por el mismo orden que usan ellos.

“Naturaleza del régimen sirio de Al Assad”

RC hace una lectura totalmente simplista llena de inexactitudes, medias verdades y mentiras directas. Se nota que quien lo ha escrito, o no conoce la compleja realidad de Siria o no ha tenido muchas ganas de describirla. Como dice Pablo Sapag, posiblemente Siria es uno de los países más complejos del mundo, ya que no estamos ni ante un país musulmán, ni ante un país laico – como algunos creen. Estamos ante una sociedad rica y diversa con varias etnias y confesiones religiosas que trabajan y viven en un complejo marco jurídico-político-administrativo, que intenta dar viabilidad a uno de los Estados nacidos del proceso de descolonización ocurrido tras la Segunda Guerra Mundial. Podríamos remontarnos a los Acuerdos de Sykes-Picot para hablar de que las fronteras actuales del Estado sirio (que no tienen mucho que ver con lo que históricamente ha sido el País de Sham, la Gran Siria histórica) o podríamos analizar lo que supuso el mandato colonial francés en Siria o incluso las tensas relaciones de Turquía (ex-Imperio Otomano) con Siria. Pero sería alargar este texto, ya de por sí largo, en varias páginas más, y para ello ya tenemos dos grandes libros que nos (les) ayudarían a comprender las raíces de la Guerra en Siria; uno es el de mi amigo y camarada José Antonio Egido titulado “Siria es el Centro del Mundo”, y el otro es el del profesor Pablo Sapag, titulado “Siria en perspectiva”.

Pero vamos al grano. RC nos habla de una “dictadura, burguesa, por supuesto, que lleva 40 años”. Lo que en RC desconocen es que, si utilizamos los parámetros occidentales burgueses que justo son los que ellos usan para afirmar tal cosa, no podríamos decir que en la República Árabe Siria exista una dictadura. Estamos ante un Estado que nunca jamás ha sido monopartidista sino multipartidista. Es cierto que hasta la reforma constitucional de 2012 había un partido hegemónico que era el Baaz o Baas, con su oposición interna, con sus partidos comunistas, con sus elecciones y con su poder legislativo. Por cierto, el poder legislativo sirio acaba de rechazar una reforma de la ley presentada por el Presidente de la República para controlar las iglesias, curiosa dictadura. Actualmente, el Gobierno sirio está sustentado en una coalición de partidos de corte comunista (están los dos partidos comunistas integrados), progresista y nacionalista pan-árabe llamada Frente Nacional Progresista. La oposición la representa el Partido Social Nacionalista Sirio (SSNP), de corte nacionalista pero, en este caso, nacionalismo pan-sirio.

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Kurdos en Siria se manifiestan con banderas sirias y retratos de Öçalan y Bashar Al Assad

Nos acusan a los que estamos en la solidaridad con Siria de que defendemos que éste es un Estado socialista y lo hacemos porque sus sectores estratégicos están nacionalizados. Luego nos preguntan si está abolida la propiedad privada y terminan afirmando que “el Estado está controlado por la camarilla reaccionaria de Assad”. Podríamos contestarles desde varias perspectivas, pero yo voy a hacerlo desde una sola, desde una que cualquier militante mínimamente formado en marxismo-leninismo debería comprender de primera mano: a Siria no se la defiende por ser un Estado socialista a la manera que lo fue la URSS entre 1930-1950, a Siria se la defiende porque es un país acosado por el imperialismo y porque aunque es discutible que en Siria exista un socialismo como lo fue, repito, el de la URSS si es un país con una economía socializante, con grandes sectores públicos y objetivamente progresista. A Siria se la defiende desde la tesis leninista del imperialismo como fase superior del capitalismo y sobre todo de esa gran obra del Camarada Stalin titulada “Fundamentos del Leninismo”, concretamente del capítulo VI tocante a la cuestión nacional, cuando afirma que es deber de todo revolucionario defender a países que sin estar dirigidos por un movimiento obrero, ni siquiera por un movimiento republicano, son objetivamente progresistas, revolucionarios y anti-imperialistas en la lucha por su soberanía nacional. En esos casos, Stalin hablaba de Egipto pero sobre todo hablaba de Afganistán y su Emir en su lucha contra el imperialismo británico. La URSS también apoyó a la burguesa República Española en 1936. Parece que la Secretaría Política de RC no tiene muy claros los textos leninistas sobre el imperialismo y no solo quieren dar lecciones a Cuba o Corea del Norte, se las quieren dar al mismísimo Lenin y al mismísimo Stalin.

Otra cuestión que olvidan en RC es que Bashar Al Assad solamente es el Presidente de la República y que la estructura del poder ejecutivo en Siria es muy similar a la estructura del poder ejecutivo en Francia: un Presidente de la República y un Primer Ministro o Jefe de Gobierno. Al Assad, como Presidente de la República, tiene amplias competencias en seguridad y política exterior, así como la facultad de disolver el Gobierno de turno y presentar ante el Parlamento otro ejecutivo que debe ser aprobado por éste, y ahí se acabó el poder presidencial. El resto del poder ejecutivo lo tiene el Gobierno sirio, con su Primer Ministro a la cabeza. Esa lectura de que Assad – y mucho menos su familia – tiene un poder absoluto en todo el territorio sirio, simplemente es falsa. De hecho el Estado sirio, como Estado joven que es, es muy débil, tiene fortaleza en la zona costera próxima a Latakia pero en el interior funciona mucho más la estructura tribal. Incluso los kurdos son una sociedad profundamente tribal.

“La cuestión kurda”

Según RC, los kurdos en Siria han sido reprimidos durante décadas por el “régimen sirio”, tanto durante la presidencia de Hafez Al Assad como de Bashar, y se les ha negado el derecho de autodeterminación. El problema de este supuesto que defiende RC es que, desde un mínimo análisis de los datos, por tanto, desde un mínimo análisis desde el materialismo histórico, nos damos cuenta de que es totalmente falso. Los kurdos en Siria, nacidos en Siria, primero, no han sido numéricamente muchos, y segundo, han tenido siempre los mismos derechos como cualquier sirio de cualquier otra minoría étnica o confesión religiosa. Tenemos kurdos que han sido primeros ministros, ministros, parlamentarios, militares, profesores universitarios, etc. Los kurdos, como ciudadanos de pleno derecho del Estado sirio, han estado en todos y cada uno de los estamentos de la sociedad siria. Pensar que ha existido históricamente una política de represión contra los kurdos por ser kurdos en un Estado que ha servido de refugio y retaguardia a la histórica resistencia del PKK contra Turquía solo puede ser tachado de mentira histórica. Da pena leer esto de gente que se hace llamar “marxista-leninista”. ¿Dónde estuvo refugiado durante años Abdullah Öçalan? En Damasco, a resguardo del Estado sirio durante la presidencia de Hafez Al Assad. ¿Quién abrió las fronteras del norte de Siria para acoger a centenares de miles de refugiados kurdos de origen turco? Hafez Al Assad, y después su hijo. ¿Quién armó militarmente al PKK? ¿Y a las YPG en 2012? Sí, si estos de RC quieren buscar “ikastolas” en el norte de Siria (colegios donde las clases se darían en kurdo) no las van a encontrar. En el norte de Siria no solo viven miles de kurdos refugiados, sino que vive una importante comunidad armenia que no tiene mucha simpatía por aquellos que fueron sus verdugos cuando muchos kurdos quisieron ser los lacayos asesinos del Genocidio Armenio a las órdenes de los turcos. En esa difícil situación de intentar hacer convivir diferentes y enemistadas comunidades en paz y armonía, el Estado sirio adopta la política de no dar más derechos o privilegios a una comunidad frente a la otra. Por tanto, utilizar el árabe como lengua principal en la estructura del Estado sirio se considera un hecho en pos de mantener un marco de paz y respeto a las diferentes etnias y creencias.

Por ello Siria es tan odiada en la zona, porque en ella se miran Estados étnicamente “puros” y con una tradición de represión y aplastamiento contra otras etnias como Turquía, Israel o Arabia Saudí, y no pueden permitir que Siria siga existiendo.

Pero el texto de RC comenta otra falsedad histórica: los kurdos – en una aplastante mayoría – no buscan ningún derecho de autodeterminación. Intentar hacer comparaciones sobre la cuestión nacional catalana o vasca frente al Estado Español con lo que ocurre en Siria es no tener ni idea ni de lo que ocurre en Siria ni de lo que es el llamado “confederalismo democrático” que justo habla de no crear nuevos Estados en Oriente Medio. Y tenemos que volver a hacer uso del materialismo dialéctico e histórico, o sea, de los datos sobre el terreno, para preguntar: ¿qué kurdos quieren la autodeterminación en Siria? ¿Los que llevan viviendo siglos en Damasco, Homs o Aleppo y son tan sirios como cualquier otro? ¿Los kurdos de las YPG que cuando entraron las NDF a ayudarles en Afrin gritaban aquello de: “¡Unidad, unidad, unidad; el pueblo sirio es uno!”? ¿Los miles y miles de kurdos que están en el Ejército Árabe Sirio defendiendo al Estado como cualquier otro sirio? ¿Los kurdos refugiados a los cuales se les concede en 2012, de manera excepcional y sin precedentes en ninguna parte del mundo, la nacionalidad siria? ¿O los kurdos que estaban luchando en DAESH para formar un califato?

En 7 líneas de texto, RC nos quiere hacer creer que los kurdos son poco menos que los judíos en la Alemania Nazi y que Al Assad es Hitler con ellos, que son como los catalanes luchando por un Estado propio. Vamos, una película montada con un argumento pagado por la propaganda occidental que intenta balcanizar Siria y todo Oriente Medio. Porque claro, a los compañeros de RC se les olvida – o se han querido callar – que, por ejemplo, los kurdos del PYD, o mejor dicho, la dirección político-militar del PYD ha decidido firmar un pacto a 20 años, “táctico” lo llaman ellos, con los EEUU, lo que ha servido para llenar el norte y el este de Siria de bases militares ilegales de los EEUU y Francia, además de recibir el apoyo político del ente sionista de Israel y el apoyo financiero de Arabia Saudí, muy en la línea de lo que sería una “revolución democrática” defendible por una organización que se autodenomina “marxista-leninista”. (Nótese la ironía)

Eso sí, en las 7 líneas no nos hablan de noticias como las que cualquiera con acceso a Internet puede consultar en las hemerotecas de los periódicos de 2012 y 2013. Por ejemplo, el 27 de julio de 2012 el periódico “El País” nos titula: “Al Assad apoya a la milicia kurda para hostigar a los turcos en la frontera”. O no dice que Öçalan, como he apuntado antes, estuvo refugiado en Damasco hasta que en 1999 Turquía e Israel amenazaron con la guerra abierta y directa para que se viera forzado a abandonar el refugio que hasta la fecha le había facilitado el Estado sirio.

Tampoco RC nos habla de cómo el PYD en Rojava y Deir Ez Zor no fue en rescate de sus hermanos de Afrin aún con los pasos abiertos por el Ejército sirio, cosa que sí hizo la Defensa Nacional Siria – un cuerpo militar del Estado sirio. Parece que para ser objeto de represión por parte de Damasco los kurdos no hacen más que recibir apoyo militar y político, así como vituallas por parte del Gobierno sirio. Curiosa represión es esta. Y una puntualización importante: en Rojava no solo viven kurdos, también hay una importante comunidad de cristianos armenios y siríacos que no están muy contentos con las políticas etnicistas del PYD y ya han tenido varios enfrentamientos con la policía política de estos últimos.

“El imperialismo ruso”

Bueno, para desmontar la falacia del imperialismo ruso solo hay que dedicarle media hora a leer y comprender alguno de los datos que voy a exponer a continuación. Rusia es un país capitalista, eso nadie lo niega, un país donde las relaciones de producción se fundamentan en la contradicción capital/trabajo y donde una burguesía se dedica a sacar plusvalía del trabajo ajeno. Hasta ahí creo que todos estamos de acuerdo. También es muy posible que a Rusia, hace unos 15 o 20 años, le hubiera gustado sentarse a la mesa de las potencias imperialistas a repartirse el pastel, hasta que se dieron cuenta de que el pastel era Rusia misma, junto con China.

Desde RC acusan a Rusia de imperialista, y si son una organización marxista-leninista me imagino que lo harán desde la teoría del imperialismo de Lenin, pero nos encontramos que siendo un país enorme con casi 150 millones de habitantes tienen un PIB similar al de Italia. ¿Qué tipo de imperialismo es ese? Tenemos un país que, además, tiene una capacidad nula de influir en los mercados internacionales o en la economía mundial.

Rusia tiene una economía principalmente extractiva de materias primas y energéticas que debe exportar para sobrevivir, tiene una capacidad nula para manufacturar materias primas o para llenar los mercados internacionales con sus productos (¿alguien conoce alguna marca rusa de televisores o frigoríficos?) a excepción de su poderosa industria armamentística, heredera de la URSS. La economía rusa no se diferencia en nada de la de cualquier cualquier país subdesarrollado. Rusia es tan imperialista como Swazilandia o las islas Maldivas.

Rusia ha conseguido aumentar su capacidad de hacer negocios en otras partes del mundo, cierto es y no hay nada de malo en ello, como por ejemplo en América Latina, donde es junto a China un socio preferente sobre todo en aquellos países progresistas – ya sé que, para la militancia de RC tanto Cuba como Venezuela o Bolivia son países burgueses reaccionarios, pero para el resto de los mortales los países progresistas de América Latina han sacado a millones de personas de la pobreza, que a fin de cuentas es una de las cosas de las que trata el socialismo.

La llegada de Vladimir Putin al Kremlin significa un cambio en la política económica rusa, de una liberalización brutal y despiadada en la década de 1990 pasa, según reconoce “The New York Times” el 11 de abril de 2018, de tener un 35% de la economía bajo titularidad pública a un aumento de entre el 50% y el 70% de titularidad pública. En el gráfico de abajo (elaborado por “EKAI Center”, grandes conocedores del asunto) se puede apreciar la recuperación para la titularidad pública de un gran porcentaje de bancos.

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Rusia, además, es un país que lucha por recuperar su soberanía nacional y económica en un mundo hostil donde la OTAN se expande hacia sus fronteras occidentales, donde EEUU despliega decenas de bases militares en su flanco sur, además de sufrir sanciones económicas que debilitan su economía.

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Claro que Rusia interviene en Siria, pero con la legislación internacional en la mano y a petición de su legítimo Gobierno y de su legítimo Parlamento. Interviene porque le va la supervivencia en ello y, tras poner decenas de muertos sobre el terreno, ha conseguido que Siria pueda sobrevivir y seguir existiendo como el Estado más progresista de Oriente Medio.

Y ya, para terminar: sí, a mí también me gustaría que estuviera la URSS de la década de 1930, y qué leches, también que existieran unos buenos gulags para reprimir a los reaccionarios, a los imperialistas y a los burgueses. Pero estamos en 2018 y la realidad es la que es, y la geopolítica también. Los de RC pueden dedicarse a hacerse “pajas mentales” y llamar revisionista a media Humanidad o pueden salir a la calle a defender los derechos de los pueblos del mundo que, al fin y al cabo, son los derechos de sus trabajadores y trabajadoras.

“Naturaleza de la Guerra de Siria”

Según RC, las guerras deben ser apoyadas por los marxistas siempre que sirvan a los intereses de la clase obrera. Pues es cierto, aquí los de RC han dicho una gran verdad, otra cosa es que su análisis esté completamente errado. Cuando tú eres un país progresista y las potencias más reaccionarias a nivel regional y global te montan una guerra de agresión utilizando grupos que tienen la lectura más rigorista del Islam como los Hermanos Musulmanes, Al Qaeda y DAESH, que además son profundamente “liberales” en lo económico, está claro que la defensa del actual Estado sirio es la defensa de su clase trabajadora, por mucho que efectivamente hubiera razones para la protesta social, sobre todo tras el error del Gobierno sirio de pedir apoyo al FMI durante la gran sequía que ha aquejado Siria entre 2005 y 2014.

El problema es que la lucha por la liberación nacional no se está dando en Rojava (o no exclusivamente) sino en toda Siria. Rojava (PYD) sigue hasta el momento la misma ruta que siguió la queridísima Albania para RC, convirtiéndose en un protectorado de los EEUU. Además, hay una cosa que me chirría leer de un marxista-leninista. ¿Qué narices es eso de una “revolución democrática”? Es un concepto profundamente reaccionario. No queremos revoluciones democráticas, queremos la democracia revolucionaria, que es algo totalmente distinto.

Se puede tener un desliz ideológico, sobre todo en situaciones tan complejas como la de Siria, pero lo de RC es patinar en toda regla y acabar en el mismo lado que los trotskistas y los ninis posmodernos en el análisis sobre Siria. De pena.

Por Pablo Gartzia para “Revista La Comuna”

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