EEUU vs República Popular China: “guerra comercial”, disputa geopolítica

En el marco de la confrontación global entre unipolaridad y multilateralismo, el imperialismo intensifica su política agresiva sobre la República Popular China y sus aliados. El problema es que enfrente tiene a un coloso, amigo del desarrollo de los pueblos y locomotora de un nuevo orden mundial.

Un cargamento con 68 toneladas de medicamentos enviado por la República Popular China llegó el pasado 28 de mayo a Venezuela, como parte de los acuerdos de cooperación entre ambos países. Caracas ha recibido hasta ahora 269 toneladas de medicamentos e insumos sanitarios por parte del Gigante Asiático. Uno de los principales objetivos del imperialismo es hacer efectiva la tan mentada “crisis humanitaria” en la República Bolivariana de Venezuela.

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En los últimos 8 años, el intercambio comercial entre China y América Latina aumentó 22 veces, excediendo los 280.000 millones de dólares en 2017. Datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) posicionan al país asiático como el segundo socio comercial más importante para la región, y el primero para América del Sur, suplantando a EEUU.

En 2013 el presidente Xi Jinping anunció el proyecto conocido como Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR), que contempla el fortalecimiento de infraestructuras, comercio e inversiones entre China Popular y aproximadamente 65 países (en particular de América Latina, Asia y África) involucrando al 62% de la población mundial y el 75% de las reservas energéticas conocidas. El desarrollo económico, militar y tecnológico de la República Popular China constituye la principal amenaza a la debilitada hegemonía de EEUU.

Tras varios meses de negociación, Trump informó a través de un tuit que a partir del 10 de mayo de 2019 elevaría los aranceles del 10 al 25% sobre importaciones chinas valoradas en 200.000 millones de dólares. China respondió con impuestos más altos a una serie de productos estadounidenses (fundamentalmente agropecuarios) valorados en 60.000 millones de dólares a partir del 1 de junio.

“Huawei” y cuestión de fondo

Con las últimas medidas de los EEUU, “Huawei Technologies” pasó de la lista negra al veto de los servicios y aplicaciones que provee “Google”, bajo petición y acuerdo con Washington. Desde el punto de vista de la Casa Blanca, la acción está fundamentada en la “seguridad nacional”. Sin embargo, resulta obvio que la trama se debe a la ventaja tecnológica que tiene China sobre su principal competidor.

El auge de China como potencia económica pone en riesgo los postulados de “America First” de Trump. Desde principios de 2017, han entrado en una fase de competencia estratégica que llegó para quedarse y no es casual que “Huawei” sea hoy su principal amenaza. Según analistas, el motivo parece resumirse en tan solo una letra y un número: 5G.

La quinta generación de telefonía móvil – tecnología impulsada por “Huawei” – se ha convertido en la nueva “arma de destrucción masiva” en la guerra declarada por Trump a China, según el diario español “El País”. Los EEUU parecen no tolerar que sea el gigante tecnológico asiático el que lidere la nueva propuesta, que ampliará el espectro de interconexión y facturará, según estimaciones, unos 11.000 millones de dólares en 2022. El presidente estadounidense ya lo dejó claro el pasado mes de abril: “El 5G es una carrera que ganaremos”. Aseguró también que su país no podía dejar que otras potencias pudieran competir en este mercado.

Pero nada frena a “Huawei”. Recientemente, el jefe de la Divisón de Consumo de la empresa asiática dijo que el sistema operativo propio de la compañía estará listo en otoño para usarse en China y el próximo año en el resto del mundo. Informes citados por “RT” señalan que el “Hongmeng”, sistema operativo que “Huawei” está desarrollando – nombrado así en honor a un personaje de la mitología china – actualmente se encuentra en fase de pruebas y se espera que sustituya al sistema de “Google” de forma gradual.

“Huawei” se sigue enfrentando a un bloqueo que demuestra cómo gran parte de la tecnología que el mundo usa día a día está relacionada de alguna manera con EEUU. La “SD Association”, consorcio internacional de la industria de fabricantes de tarjetas de memoria SD y MicroSD, retiró a “Huawei” de la lista de compañías que pueden utilizar este estándar de unidades de memoria, lo cual podría quitarle a la compañía china el derecho a emplearlas en sus dispositivos. Previsoramente, en octubre de 2018, “Huawei” había presentado la nueva NM card (“Nano Memory Card”), con la cual buscaban sustituir a las MicroSD. Estas tarjetas son más pequeñas y con velocidades de transferencia de hasta 90 MB/s, demostrando que está preparada para cualquier escenario. A esto se suma el bloqueo a la “Wi-Fi Alliance”, encargada de establecer los estándares para el uso de la tecnología inalámbrica y cuyos miembros incluyen a “Apple”, “Qualcomm”, “Broadcom” e “Intel”.

“La China de hoy no solo es la China de China. Es la China de Asia y la China del mundo. En el futuro, China adoptará una posición aún más abierta para abrazar al mundo, afirmó días atrás el camarada Xi Jinping. Con paciencia oriental y la sonrisa de la Gioconda, diría Fidel, el gigante socialista avanza.

FUENTE: Partido Comunista (Congreso Extraordinario)ç

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Liberado tras 3 años el preso político polaco Mateusz Piskorski

El periodista y dirigente político Mateusz Piskorski ha sido liberado en Polonia, después de 3 años de prisión preventiva.

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El periodista y represaliado polaco Mateusz Piskorski.

La Justicia polaca persiste en acusar a este ex-diputado y presidente del partido “Zmiana” (Cambio) de espionaje a favor de Rusia y China. La fianza prevista inicialmente, ascendente a unos 500.000 dólares, fue reducida a 200.000 zloty – unos 50.000 euros, suma reunida entre sus familiares y amistades.

Mateusz Piskorski no podrá salir de Polonia y tendrá que presentarse 3 veces por semana en una comisaría próxima a su lugar de residencia.

Las únicas “pruebas” presentadas por la justicia polaca contra Mateusz Piskorski fueron:

  • su participación, en el extranjero, en varias reuniones públicas en las que también participaron personalidades rusas.
  • la redacción de un trabajo de experto sobre las consecuencias de las elecciones legislativas polacas en las relaciones entre China y Polonia.

Considerando que tales “pruebas” no demuestran que se haya cometido un delito de espionaje, sino que están vinculadas a la libertad de expresión, el Grupo de Trabajo de la ONU sobre las Detenciones Arbitrarias señaló el 20 de abril de 2018 que Polonia violó 8 artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y otros 8 artículos del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, así que solicitó al Gobierno polaco la liberación inmediata de Mateusz Piskorski (Referencia ONU: A/HRC/WGAD/2018/18).

Mateusz Piskorski es un político y periodista polaco, ex-director de un canal de televisión y hombre profundamente comprometido en la lucha por la independencia de su país. Justo antes de ser arrestado, en la víspera de una reunión del Consejo del Atlántico Norte en Varsovia, había publicado en Polonia un artículo sobre la campaña de propaganda de la OTAN tendiente a ocultar el papel de la Unión Soviética en la victoria contra el nazismo. Aquel artículo fue publicado en sitios web como “Red Voltaire”.

Mateusz Piskorski estuvo entre los participantes de la conferencia “Axis for Peace”, organizada en Bruselas por el periodista franco-sirio Thierry Meyssan en 2005. Ambos periodistas recorrieron el mundo juntos, denunciando la campaña de la OTAN que busca presentar a Rusia como enemiga de Occidente.

Durante los 2 años anteriores a su detención arbitraria, Mateusz Piskorski fue objeto de una intensa campaña de la prensa anglosajona, que lo presentaba como “el agente de los dictadores”. Las alegaciones proferidas contra él en aquella campaña fueron retomadas después por varios ministros polacos en el poder, quienes se refirieron abiertamente a la lucha de Piskorski contra la OTAN como una “violación de la seguridad del Estado”.

Mateusz Piskorski fue considerado como un preso político de la OTAN. Al salir de la cárcel, Piskorski recitó el poema del pastor alemán Martin Niemöller:

“Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio, porque yo no era comunista.

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata.

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no dije nada, porque yo no era sindicalista.

Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté, porque yo no era judío.

Cuando vinieron a buscarme,
ya no quedaba nadie que pudiera protestar.”

 

FUENTE: Red “Voltaire”

Los ultraderechistas españoles de VOX apoyan una intervención militar en Venezuela

VOX se ha manifestado abiertamente a favor de una intervención militar extranjera en Venezuela y pide al Gobierno español que apoye “medidas extraordinarias, si no hay más remedio”. Fue Iván Espinosa de los Monteros, número 3 de la formación ultraderechista, el encargado de defender la intervención militar en Venezuela el pasado jueves en un acto junto a la oposición venezolana (y la cubana). Lo hizo después de una gira por EEUU en la que recorrió Washington DC, Miami y Nueva York para recaudar fondos y logró reunirse con conservadores y ultraderechistas norteamericanos como Elaine Chao, Secretaria de Transportes, o Betsy DeVos, Secretaria de Educación. Ambas secretarias de la Administración de Donald Trump.

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Javier Ortega Smith, Secretario General de VOX, manifestándose junto a opositores venezolanos en España.

El apoyo de los ultraderechistas españoles de VOX a la intervención militar no solo resulta estrambótico por las piruetas necesarias para que un partido supuestamente nacionalista justifique la intervención en un país soberano (“justificaría una intervención exterior porque se está cometiendo algo muy parecido a crímenes de lesa humanidad”, por lo que “no sería una intromisión en la soberanía ajena y pasa a ser un acto de apoyo a la soberanía del pueblo venezolano”), sino que además se muestra desde una posición claramente supremacista. Para VOX, lo que la mayoría denominamos América Latina, Latinoamérica o Iberoamérica, realmente es Hispanoamérica. Cuestión que puede parecer menor, casi académica, pero en la que subyace un claro sustrato racial.

VOX se adhiere al discurso de Donald Trump

VOX, además, fue más allá de Venezuela y se adhirió al discurso de Donald Trump y los EEUU al señalar también al resto de integrantes de la “Troika del Mal” (Cuba y Nicaragua). Este novedoso posicionamiento, inédito en España a pesar de la existencia de formaciones políticas como Ciudadanos o el PP, que hasta ahora habían recogido los votos de la extrema derecha y gran parte de sus políticos, sitúa a VOX exactamente en las mismas coordenadas de EEUU y las oposiciones de Venezuela y Cuba.

Coincidencia que tras la mencionada visita de Espinosa de los Monteros no es casualidad, pues los EEUU buscan aliados para una intervención militar en Venezuela y VOX la legitimidad internacional que le permita gobernar en España. El “ok” de VOX a EEUU lo es también en sentido contrario. Por tanto, VOX no solo apoya la intervención militar, sino que con esa posición queda legitimado mundialmente, obteniendo así una credibilidad en suelo español que gran parte de Europa estaba intentando restarle. VOX ya es uno de los amigos del Tío Sam en España, y por tanto, es apto para el sistema.

En el beneplácito a la guerra de VOX también ha podido influir en gran medida la financiación de la formación ultraderechista española. Si ya era conocido que un grupo opositor iraní, la Organización de los Muyahidines del Pueblo de Irán (catalogada como “secta militar” en países como Albania) financió tanto a VOX como a neoconservadores estadounidenses y a destacados políticos occidentales en su afán de ser considerados una alternativa de gobierno viable en Irán, en el viaje realizado por VOX a EEUU también se reunieron con las oposiciones venezolana y cubana. Y nadie puede negar que esas reuniones para obtener financiación no se hayan producido también en España, lugar en el que ambas oposiciones son adineradas e influyentes.

La militarización de VOX

Desde su fundación, VOX ha sido un partido político cuya seña de identidad ha gravitado en su “militarización”, pues no hay otro partido político español que cuente con una cantidad tan significativa de ex-militares en puestos tan destacados: desde Ortega Smith, el número 2, o el Almirante José María Treviño, que estuvo en sus comienzos, hasta los 3 ex-militares que consiguieron un escaño en el Parlamento de Andalucía tras las elecciones de 2018 o los 3 generales fichados recientemente (Coll, Asarta y Mestre). Y es que tanto VOX como el Partido Social Liberal (PSL) de Bolsonaro son formaciones político-militares de extrema derecha.

La “militarización” de VOX no debe ser considerada aleatoria en los planteamientos bélicos de la formación ultraderechista en Venezuela, pues no olvidemos que el ideólogo de la formación, Rafael Bardají (declarado sionista), llegó a afirmar que “el Estado Islámico no era un simple grupo terrorista, como nos gusta decir por aquí; era un aparato generador de seguridad y orden”. Que un partido político califique al Estado Islámico como “generador de seguridad y orden” ofrece una idea precisa sobre su posicionamiento en la partida geopolítica militar. Están a favor de la guerra, pero sobre todo, están a favor de la venta de armas.

No parece que resulte muy positivo que un partido político se nutra de militares extremistas, sobre todo porque éstos serán muy favorables a posicionamientos bélicos extremos y a sostenerlos en el tiempo.

Tanto la financiación como la posición de VOX respecto a la intervención militar en Venezuela, así como sus descabellados posicionamientos geopolíticos, no deben considerarse en ningún caso insignificantes, pues VOX puede ser indispensable para un gobierno de la derecha española. Pero es que además, ni el PP ni Ciudadanos parecen en ningún caso alejarse de las tesis de VOX ni del apoyo a EEUU, grupos sionistas o las oposiciones iraní, cubana y venezolana. Por tanto, sería muy complejo pensar que alguno de estos partidos no ofreciera su apoyo a una intervención militar en Venezuela.

Lo único que diferencia a VOX de sus posibles socios políticos, el PP y Ciudadanos, es la cautela y la moderación en sus afirmaciones, pero si hay un gobierno derechista en España, se apoyará la intervención militar en Venezuela. Aunque la misma derive en una guerra o en un conflicto de larga duración.

¿Intervención militar en Venezuela?

Debe Venezuela, y debe el mundo, preocuparse por los tambores de guerra que suenan en VOX, como en casi todo el planeta. Que una formación ultraderechista y ultranacionalista se manifieste tan abiertamente a favor de una intervención militar tras una reunión para captación de fondos en EEUU, incluyendo a cargos gubernamentales, solo puede tener una conclusión: tanto EEUU como las oposiciones de Venezuela y Cuba desean la guerra.

Por Luis Gonzalo Segura

¿Es China imperialista?

arton31393El término “imperialismo” está hoy bastante devaluado y se confunde a menudo con conceptos más antiguos como “expansionismo” o simplemente “Imperio”. Por ejemplo, el Imperio Romano era efectivamente un territorio bajo control político compuesto por regiones avasalladas en el marco del modo de producción esclavista. Igualmente, los imperios feudales como el Sacro Imperio Romano Germánico o el Imperio Otomano oprimieron a los pueblos europeos o africanos durante toda la Edad Media antes de desaparecer ante las embestidas de las fuerzas nacionales contemporáneas que surgieron con el desarrollo de la clase burguesa. Estas formas políticas de dominación pudieron existir en todos los continentes y bajo numerosos modelos de producción distintos.

No obstante, hay una forma del todo específica del desarrollo capitalistas, que para los marxistas-leninistas representa su “fase superior”, y que se llama imperialismo. Éste supone, efectivamente, como las formas precedentes, guerras inter-imperialistas por el reparto de los territorios colonizados o neocolonizados y dependientes, y también representa una fase de desarrollo que históricamente sólo han alcanzado los capitalismos de Europa, América del Norte y Japón, mediante un largo proceso de acumulación del capital nacional, mostrando signos cada vez más agudos de límites de absorción del mercado interior y la necesidad de exportar los capitales fuera de las fronteras en territorios a la vez consumidores y explotables en mano de obra y en recursos.

Existe una definición sencilla del concepto marxista-leninista de imperialismo, resumido por la pluma de Lenin:

“El imperialismo es el capitalismo en la fase de desarrollo en la cual ha tomado cuerpo la dominación de los monopolios y del capital financiero, ha adquirido una importancia de primer orden la exportación de capital, ha empezado el reparto del mundo por los cárteles internacionales y ha terminado el reparto de todo el territorio del mismo entre los países capitalistas más importantes.”

V. I. Lenin; El imperialismo, fase superior del capitalismo

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Evolución del salario medio en China (en rojo)

Aquí hay que hacer una primera observación: China, por muy “abierta al desarrollo del capitalismo privado” que sea, sigue poseyendo en su sector estatal los mayores bancos nacionales. El Banco Popular de China sigue siendo el “banco central” del país, controlado directamente por el Estado (contrariamente al Banco Central Europeo, por ejemplo, que es totalmente privado), y los otros 4 grandes bancos, que siguen estando dedicados al financiamiento específico y orientados hacia sectores determinados según lo que marquen los planes gubernamentales, cotizan en bolsa pero siendo siempre controlados por el Estado chino (que posee la mayor parte de las acciones). Por lo tanto, estamos lejos de la hipertrofia vertiginosa del capitalismo financiero salvaje de los EEUU o de la Unión Europea, por ejemplo, en lo que respecta a la fase del desarrollo. Por otra parte, hay que apuntar que en China el propio sector público sigue representando el 25% de la economía nacional – aunque para el FMI sea “deficitaria”, es decir, “costosa”, esta parte pública es financiada voluntariamente por el Estado gracias al desarrollo paralelo del capital privado, muy “rentable”.

Una segunda observación: la cita de Lenin precisa hábilmente que exportar capitales (y por supuesto este es el caso de China en los demás continentes) no “basta” para hacer que un país sea imperialista. Aún hace falta que esta exportación de capitales se convierta en dominante en la economía nacional, y sin embargo aún estamos lejos de las exportaciones gigantescas de capitales que determinan las actuales guerras de rapiña imperialistas en los territorios más jugosos en recursos energéticos, etc. En primer lugar, el mercado interior chino se ha desarrollado tanto – en gran parte por la reabsorción acelerada de la pobreza china – que la producción nacional no alcanza aún en su territorio los límites nacionales que han obligado a los carroñeros de los EEUU y de la UE a “repartirse el pastel mundial”.

Además, los acuerdos económicos entre – por ejemplo – los países africanos y China no han adoptado las formas tomadas históricamente por los imperialistas y colonizadores. Efectivamente, la frontera es notoriamente tenue en este tipo de acuerdos de nuevo tipo, entre exportación de capitales y ayuda al desarrollo. Décadas de ocupación colonial de los países africanos – principalmente por Francia y el Reino Unido – han alimentado a las grandes empresas metropolitanas sin proporcionar jamás a los países avasallados las infraestructuras necesarias para su propio desarrollo. Por ejemplo, se encontrarán hoy junglas africanas sin ninguna ruta asfaltada… ¡pero jalonadas por postes para alimentar la red de “recargas telefónicas” de Orange! En cambio, las obras chinas en estos mismos países desarrollan directamente la economía nacional (carreteras y autopistas, grandes complejos hospitalarios, edificios y estructuras urbanas, infraestructuras que permiten la explotación de nuevos recursos energéticos…) y prevén con la mano de obra local una transferencia tecnológica y de competencias progresiva que interesa evidentemente a los países neocolonizados y bloqueados en su desarrollo por el neocolonialismo y por la deuda con los EEUU o los países imperialistas de la UE.

Finalmente, no hay que olvidar que una parte importante del PIB chino es realizado por empresas privadas extranjeras. Según el razonamiento mecánico según el cual China estaría a la cabeza de los países imperialistas, ¡entonces también está a la cabeza de los países más penetrados por el imperialismo extranjero! No obstante, en este punto, las obras extranjeras que se han instalado en China emplean progresivamente cada vez más a ingenieros y técnicos chinos, lo que permite al país desarrollarse rápidamente mediante una transferencia de tecnología planificada por el Estado.

Por lo tanto, China está económicamente propulsada hacia adelante, con tasas de crecimiento muy importantes (en comparación con las tasas de crecimiento de los países imperialistas, en crisis estructural desde hace tantas décadas) mediante el desarrollo de un capitalismo privado aún dominado por el Estado (capitalismo de Estado) bajo la forma de co-empresas, pero esto no quiere decir que se haya convertido en un país imperialista. No hay que confundir “exportación de mercancías” y “exportación de capitales”: China es uno de los países más industrializados del mundo y, por lo tanto, de los más exportadores en términos de balanza comercial, pero está cada vez más orientada hacia su mercado interior; por lo tanto, es potencialmente uno de los países menos “forzados” a exportar sus capitales dominando a sus vecinos.

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Inversiones Directas Extranjeras (IDE) en China hacia África (en negro) e IDE totales en China (en gris). Se comprueba que las exportaciones de capitales chinos hacia África siguen siendo marginales en comparación con las inversiones hechas hacia otros países – y notablemente en la Unión Europea.

La exportación violenta de capitales por el imperialismo se ha acompañado siempre de un “seguro” militar de las vías comerciales concernidas, y ello desde las primeras transnacionales holandesas en el siglo XVII (por lo tanto, bajo un capitalismo aún muy lejos de alcanzar la fase imperialista desde el punto de vista marxista). ¡Aquí se puede subrayar aún la extrema “timidez” de la seguridad geoestratégica china (que sólo tiene una base militar, en Yibuti) frente a la constelación alucinante de las bases militares de EEUU, Francia y demás en todos los continentes del planeta! Incluso India está construyendo una base militar en el archipiélago africano de las Seychelles: ¿se hablará pronto de un imperialismo indio que molesta “nuestros” intereses?

Existe una diferencia muy clara entre un Estado anti-imperialista que sale del feudalismo, que se desarrolla y se enriquece para sacar – y ello es innegable – a un pueblo extremadamente numeroso y diverso, y un Estado imperialista que para incrementar los dividendos de las finanzas salvajes es capaz de cualquier cosa para alcanzar sus fines, incluyendo librar guerras de sumisión o de anexión en todos los continentes. Para uno, los derechos sociales y las conquistas sociales, adquiridas con la fase de consolidación socialista antes del derrumbe de la Unión Soviética, son garantizados constitucionalmente, y el impacto del capitalismo privado es minimizado sin cesar por el papel preponderante del Estado en el terreno social. Para el otro, estos mismos derechos, concedidos por una patronal atemorizada durante un tiempo por la solidez del campo socialista después de la guerra, se reducen sin cesar a medida que las todopoderosas finanzas se enseñan en su huida hacia adelante para maximizar la tasa de beneficio mediante la guerra, el retroceso de los derechos democráticos y la explotación económica.

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Evolución de la tasa de pobreza en China (porcentaje de la población que vive con menos de 1’25$ al día)

Por lo tanto, basta con examinar el lugar y el papel del Estado bajo la dirección del Partido Comunista de China en la economía, su control sobre el comercio exterior, sus esfuerzos por reformar las instituciones de Bretton Woods (el FMI, el Banco Mundial, la OMC), su estrategia de “cesta de monedas incluyendo el yuan” contra el dólar y la máquina de hacer billetes de EEUU para reducir la dependencia monetaria y su trabajo por establecer alianzas y cooperaciones económicas alternativas a la “globalización capitalista” bajo hegemonía estadounidense (el BRICS, Consenso de Shanghai vs. Consenso de Washington, etc.) para concluir que China es la protagonista de una alternativa anti-imperialista que consiste en reorientar las armas de los imperialistas contra ellos mismos.

Esta táctica de China debe ser estudiada y comprendida como el resultado de una lectura de la correlación de fuerzas surgida tras la derrota del campo socialista que ha reducido a los supervivientes a definir una política y una estrategia de erosión progresiva de la dominación secular del imperialismo en el mundo, al tiempo que prepara los combates defensivos finales que siguen siendo inevitables.

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Las inversiones de capitales en África de 2003 a 2013: la fantasía de la supuesta “Chináfrica” (rodeado en rojo, China)

Capitalismo de Estado bajo el capitalismo y bajo el socialismo

La Constitución de la República Popular China considera al sistema económico nacional como una imbricación del sector socialista, capitalista de Estado y capitalista privado. Pero el término “capitalismo de Estado” es desde el siglo XIX objeto de controversia: el padre del anarquismo, Bakunin, ya consideraba el socialismo propuesto por Marx como “una forma de capitalismo de Estado”. La “oposición obrera”, camarilla izquierdista de los primeros años del poder soviético, animada en particular por Trotsky, acusaba a la URSS de adoptar “un giro hacia el capitalismo de Estado”. Y hoy se encuentra a muchos comentaristas occidentales acusando al Estado chino de sustituir a la burguesía para convertirse en capitalista “como las demás potencias imperialistas”.

No obstante, el capitalismo de Estado es una forma económica que nunca es “pura” en un sistema económico y se corresponde concretamente con la nacionalización de las principales empresas del país. La existencia de un sector público, que es en sí mismo una pérdida de beneficio para los ávidos especuladores y así aumentar los precios, destruyendo los derechos de los trabajadores, es una opción que en sí no tiene significación fuera de su contexto histórico: los EEUU de Franklin D. Roosevelt se vieron obligados a adoptar temporalmente tal sistema (el “New Deal”) después de la catastrófica crisis de la década de 1930. El propio III Reich nacionalizó los sectores de la economía alemana para preparar al país para la guerra, durante la cual el capitalismo salvaje pudo expandirse sobre nuevas bases.

La URSS de Lenin dejó desarrollarse un sistema mixto (bajo control político obrero) durante la NEP, para permitir así la ruptura definitiva con el feudalismo y acumular las riquezas suficientes para sentar las bases del socialismo, lo que era entonces considerado como un “retroceso táctico” indispensable. Después de la guerra, también hubo muchas nacionalizaciones en Francia, fruto de una necesidad de reconstrucción del país (cosa de la que el capitalismo liberal es incapaz por definición) y de una correlación de fuerzas favorable en la lucha de clases.

Así, el capitalismo de Estado es una opción compleja, de naturaleza antiliberal (del cual uno de los aspectos puede ser keynesiano en los países capitalistas), y cuya orientación política depende de la correlación de fuerzas en la lucha de clases, de las necesidades históricas y materiales, de la clase en el poder, así como el estado de la crisis capitalista mundial, destructora masiva de fuerzas productivas. Es en este sentido que hay que comprender el capitalismo de Estado del sistema económico chino, que en ausencia de un campo socialista amplio en estas últimas décadas, se corresponde con un “retroceso necesario” (como la NEP de Lenin pero con variantes evidentes de forma, amplitud y duración), permitiendo a China perseguir en el plano económico su salida definitiva del Estado feudal inicial y colonial en el interior; al mismo tiempo que desarrolla acuerdos con los Países del Sur que permiten a estos últimos escapar hasta cierto punto del mundo unipolar impuesto por las viejas potencias imperialistas en crisis.

Por “Cercle Henri Barbusse”

Ni Catalunya es Eslovenia, ni España la desaparecida Yugoslavia

“Vía eslovena”. Este término no ha parado de ser nombrado por los diferentes actores en el conflicto político que enfrenta al Estado Español postfranquista con el movimiento nacional catalán independentista. Sin embargo, salvo determinados analistas, esos diferentes actores políticos poco nos han explicado sobre qué querían decir. Por el lado del movimiento independentista catalán se aludía vagamente al proceso esloveno en el sentido de copiar la táctica de la congelación de los resultados del referéndum y proclamar la independencia posteriormente, cuando el momento fuera propicio; del lado nacionalista español, las reacciones rozaron lo brutal y lo grotesco, haciendo alusión a un “etnicista” Quim Torra, sediento de sangre y apelando a la denominada “Guerra de los Diez Días” que enfrentó a las milicias eslovenas y al Ejército Popular Yugoslavo (JNA, Jugoslovenska Narodna Armija; por sus siglas en serbocroata). También, del lado catalán, se hicieron alusiones desafortunadas y cargadas de serbofobia sobre una posible “vía serbia”, refiriéndose a la represión desatada por el Gobierno español en Catalunya, y que demuestran la asimilación de esquemas y visiones difundidas por los grandes medios de comunicación occidentales sobre los diferentes conflictos que sacudieron a la antigua Yugoslavia, especialmente en la adjudicación de roles y papeles, como si de un guion de Hollywood se tratase.

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Eslovenia también realizó un referéndum para obtener su independencia.

Aunque el proceso de independencia de Eslovenia no revistió ni la complejidad ni la gravedad que sí caracterizó a los sucesivos conflictos de Croacia, Bosnia y Kosovo – este último con una secuela en 2001 protagonizada por nacionalistas albaneses del UÇK en Macedonia – lo cierto es que las peculiaridades del proceso que llevó a la independencia de Eslovenia en poco se pueden asimilar a lo que ha ocurrido, está ocurriendo y presumiblemente podrá ocurrir en Catalunya. Asimismo, asimilar España, el Estado Español, a la antigua Yugoslavia, o como se llegó a hacer, a Rajoy con el presidente serbio Slobodan Milošević es incurrir en simplificaciones que, dicho popularmente, mean fuera de tiesto. En el colmo de esa confusión, por supuesto interesada, el propio Quim Torra también ha sido comparado por el historiador Benoït Pellistrandi con Milošević, sin lugar a dudas el rol ideal de maldad nacionalista y etnicista balcánica.

Como hemos dicho, la complejidad y, sobre todo, peculiaridad del proceso de independencia esloveno nos puede hacer pasar por alto algunos elementos a la hora de compararlo con la lucha de liberación catalana. Sin embargo, a riesgo de poder incurrir en algún olvido determinante, procedemos a un necesario análisis.

El referéndum de autodeterminación esloveno

El 23 de diciembre de 1990 las autoridades de la República (ex)Socialista de Eslovenia convocaron un referéndum de autodeterminación en el que la participación fue del 93’3% y los votos favorables a la independencia alcanzaron el 94’8%, lo que equivalía al 88’5% del censo. Aquí tenemos la primera gran diferencia: a pesar del desacuerdo del Gobierno Federal yugoslavo y de considerar el referéndum como ilegal, los eslovenos pudieron votar en paz y sin violencia. Sin embargo, el 1 de octubre de 2017 podemos recordar a urnas y a gente votando, sí, pero también violencia y brutales cargas policiales que impidieron ejercer el derecho al voto. Es curioso como desde Eslovenia se encargan de recordar que su caso es diferente al catalán porque ellos – los eslovenos – hicieron frente a un Estado – el yugoslavo – “no democrático”, pero como hemos dicho antes, la supuestamente “no democrática” Yugoslavia permitió el voto, el supuestamente “democrático” Estado Español no. Fundamental y a tener en cuenta: la República Federativa Socialista de Yugoslavia (RFSY) reconoció en todas sus Constituciones el derecho de autodeterminación, si bien siempre estuvo latente la polémica sobre el sujeto de derecho, es decir, si este derecho correspondía a las diferentes repúblicas o a los llamados “pueblos constituyentes”, por ejemplo, serbios en Croacia o Bosnia, croatas en Bosnia, albaneses en Kosovo, húngaros en la Voivodina, etc.

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Cargas policiales durante la celebración del referéndum del 1 de octubre de 2017 en Catalunya.

La preparación de un Estado independiente

Carles Puigdemont y el Govern catalán de entonces, siguiendo el precedente esloveno, decidieron congelar la proclamación de independencia, pero mientras el Gobierno esloveno diseñó minuciosamente la arquitectura y el diseño de un Estado independiente preparando un cuerpo legislativo que permitiera el funcionamiento del futuro Estado independiente, el Parlament de Catalunya no pudo desarrollar las leyes de desconexión porque la represión cayó fulminante sobre las instituciones catalanas, con su punto álgido en la aplicación del artículo 155 de la Constitución Española de 1978, la detención del Govern y de parlamentarios catalanes, el exilio por otro lado de parte de éstos, así como de otros políticos independentistas.

Volviendo al caso esloveno, la congelación de la proclamación de independencia sirvió para la preparación del futuro Ejército esloveno, que se enfrentaría al Ejército Popular Yugoslavo en la Guerra de los Diez Días. Las diferentes repúblicas yugoslavas poseían sus propias milicias popular, las llamadas Defensas Territoriales (TO, Territorijalna Odbrana; en serbocroata), inspiradas en la experiencia partisana comunista durante la Segunda Guerra Mundial, y que fueron concebidas como un pilar fundamental de la defensa de la Yugoslavia socialista frente a un posible enemigo exterior. A finales de la década de 1980 y principios de la de 1990, con las tensiones nacionalistas a flor de piel en Kosovo, Eslovenia y Croacia, el JNA introdujo una nueva doctrina de defensa que contemplaba la centralización y el desarme de las TO. El esfuerzo del Gobierno esloveno se dedicó a dejar sin validez práctica la decisión del JNA y a la adquisición de armas en el extranjero.

Como anécdota significativa, el experto analista en las sucesivas Guerras Yugoslavas, Francisco Veiga, en su libro “La fábrica de las fronteras. Guerras de secesión yugoslavas 1991-2001”, cuenta cómo en una reunión entre los gobiernos de Eslovenia y Croacia para coordinar sus respectivos planes de independencia, el presidente croata Franjo Tudjman quedó en ridículo cuando los eslovenos expusieron con precisión sus planes, a lo que Tudjman respondió que también ellos tenían ya diseñada la independencia con todo lujo de detalles, siendo desmentido por miembros de su propia delegación. Mientras los eslovenos no dejaron nada a la improvisación, los croatas se dejaron llevar por aspectos meramente simbólicos y por resucitar la parafernalia nazi-fascista “Ustaše” de la Segunda Guerra Mundial.

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Franjo Tudjman, dirigente croata que en la década de 1990 lideró la llamada Unión Democrática Croata (HDZ, por sus siglas en croata) y presidió el país.

La Guerra de los Diez Días

Y llegó el 25 de junio de 1991. El Gobierno esloveno proclamó la independencia un día antes de lo establecido en sus propias leyes de desconexión. En realidad, como conflicto armado, no duró 10 días. Volviendo a Francisco Veiga, esta vez con su libro “Slobo. Una biografía no autorizada de Milošević”, se trató de “tres días de enfrentamiento intenso, dos días de tregua, dos días de lucha y tres más de cese al fuego”. Como veremos más adelante, Eslovenia se enfrentó a un Ejército Popular Yugoslavo y a una propia Federación en proceso de descomposición; aunque existía el consenso en hacer frente a la proclamación de independencia eslovena por parte de las diferentes instituciones federales, especialmente el Ejército – no así por parte de las instituciones serbias – el caso es que había discrepancias importantes en el cómo, empezando por la propia cúpula militar yugoslava, donde existían desde sectores contrarios a una intervención militar hasta aquellos proclives a un golpe de Estado, pasando por quienes estaban a favor de una intervención militar mínima, como así ocurrió.

El JNA sufrió un mayor número de bajas frente a unas milicias eslovenas con un armamento más moderno, más ágiles y, sobre todo, más motivadas. A la vez, las autoridades eslovenas supieron vender, gracias a los medios de comunicación occidentales, la imagen de un “Ejército invasor yugoslavo que quería destruir la joven democracia eslovena”; que nadie olvide el contexto de principios de la década de 1990.

Al respecto, hay que tener en cuenta que el JNA todavía se sentía heredero de Josip Broz “Tito”, del socialismo autogestionario, de aquellos partisanos comunistas que hicieron frente a los nazis durante la Segunda Guerra Mundial; para muchos cuadros militares del JNA era inconcebible actuar contra el pueblo esloveno, contra un pueblo yugoslavo, sin olvidar que en el propio JNA había también eslovenos. En definitiva, se tenía la sensación de que la función del JNA no era la de enfrentarse a un pueblo hermano sino defenderse de un enemigo exterior.

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De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Tanques del Ejército Popular Yugoslavo (JNA) entrando en Eslovenia; Paso fronterizo destruido por los combates; la Fuerza de Defensa Territorial eslovena y el Ejército Popular Yugoslavo atacándose mutuamente desde diferentes ángulos; tropas del JNA capturadas por milicias eslovenas y expulsión vía marítima de toda la representación federal yugoslava – fuerzas armadas, gobierno local, partidarios de la federación – de la nueva República de Eslovenia (imagen y pie: Wikipedia)

Negociación

Frente a la serbofobia de sectores del independentismo catalán con su apelación a la llamada “vía serbia” supuestamente represiva, lo cierto es que dirigentes serbios y eslovenos negociaron la independencia. Milošević y los dirigentes serbios eran ya conscientes de que Yugoslavia se descomponía, es más, también fue responsabilidad de esos dirigentes serbios. Milošević incluido, la descomposición yugoslava, apelando también a un nacionalismo serbio y a un victimismo sobre el maltrato histórico que el pueblo serbio habría recibido de Tito. ¿Se imaginan – ya que se llegó a comparar a Rajoy con Milošević – al expresidente español negociando con Puigdemont la independencia catalana? ¿O a Pedro Sánchez haciendo lo propio con Torra?

El por entonces presidente federal yugoslavo, el croata Ante Marković, negoció la paz con los dirigentes eslovenos bajo la mediación de la entonces Comunidad Europea, dando lugar a los Acuerdos de Brioni, que suponían el reconocimiento de la independencia de Eslovenia. No busquen a ningún Ante Marković en el Estado Español, es inútil.

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Ante Marković, último primer ministro de la República Federal Socialista de Yugoslavia.

La naturaleza del movimiento independentista esloveno

El movimiento independentista esloveno era amplio y comprendía tanto al grueso de la dirigencia de la Liga de los Comunistas de Eslovenia, con su dirigente Milan Kučan a la cabeza, como a diferentes movimientos sociales y “contraculturales” que fueron surgiendo a finales de la década de 1970 y principios de la siguiente. Era un movimiento que identificaba la lucha por una democracia – por supuesto, una democracia capitalista y occidental – con la lucha por la independencia nacional. Abandonar Yugoslavia, con toda su mitología guerrillera antifascista y comunista, dejar atrás los Balcanes y abrazar a una Europa y a un Occidente capitalista, fue una obsesión para los dirigentes independentistas eslovenos; obsesión que ocultaba la necesidad de la burocracia de la Liga Comunista, así como de los gerentes de las grandes empresas, es decir, la élite política y económica, de abandonar una Yugoslavia endeudada hasta las cejas con el FMI, y sin futuro; en definitiva, deshacerse de aquellas repúblicas y regiones autónomas atrasadas económicamente y que, desde la perspectiva eslovena, se contemplaban como un lastre para una Eslovenia próspera y que, sin duda, sería más próspera aún dentro de la por entonces Comunidad Europea (hoy Unión Europea) y de la OTAN.

Por supuesto, en el movimiento independentista catalán existen importantes sectores pro-atlantistas y deseosos de que una Catalunya independiente forme parte de la UE; también sectores que están firmemente convencidos de que Catalunya se ha de deshacer de esos territorios empobrecidos del Estado Español, como Andalucía, y que suponen un lastre económico. Sin embargo, esos sectores conviven con otros que tienen una concepción muy diferente de la independencia y la soberanía nacional, que contemplan la soberanía como un instrumento político para la transformación social radical, sectores anti-imperialistas que son conscientes de que una Catalunya verdaderamente libre y soberana estará fuera de la OTAN y la Unión Europea, estableciendo unas relaciones internacionales fuera de los criterios del imperialismo. Sectores que no contemplan al resto de pueblos del Estado Español, especialmente los más empobrecidos, como un lastre; sino como pueblos hermanos del pueblo catalán.

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Frente a un sector pro-OTAN y pro-UE, los conocidos como Comités de Defensa de la República (CDR) conforman una amplia masa social del independentismo catalán, de carácter antifascista, obrero y popular.

Volviendo al caso esloveno, aunque el independentismo esloveno tuvo ese aura de europeísmo excluyente, que intentaba forzar la cercanía de la cultura eslovena con la alemana, o que coqueteaba con la simbología nazi frente al antifascismo yugoslavista, no llegó en todo caso a los extremos y al descaro del racismo y del odio étnico del movimiento croata. A pesar de todo ello, se dio un caso significativo, el de “los borrados”: cuando Eslovenia se independizó, unas 200.000 personas de otras repúblicas vivían en su territorio; el 26 de junio de 1991 recibieron un ultimátum de 6 meses para registrarse legalmente en el sistema de la República de Eslovenia. Unos 170.000 regularizaron su situación, 12.000 se fueron y los 18.000 que no se presentaron fueron borrados sin previo aviso. Muchos descubrieron “su inexistencia” al ir a renovar un carnet de conducir o de identidad. El caso de “los borrados” fue un claro intento de crear un Estado étnicamente puro, como llegó a denunciar incluso Amnistía Internacional. No fue hasta 2010, pasados 19 años desde la independencia y 6 desde la entrada de Eslovenia en la UE, que la Asamblea Nacional eslovena pidió disculpas y se promulgó una ley para reparar el daño causado.

Los apoyos internacionales

Nadie, ningún Estado soberano ha reconocido a la República Catalana desde su proclamación, ni existe el más mínimo interés en hacerlo. Desde luego, no ocurrió lo mismo con Eslovenia. El apoyo internacional a la independencia eslovena se materializó de diferentes maneras, pero habría – de entrada – que destacar una: el apoyo al rearme de Eslovenia, destacando países como Austria, Israel, Alemania, Hungría, Bulgaria, Reino Unido, Francia e Italia.

Esta cuestión, debido a su extensión y complejidad, ha de ser sintetizada, pero a nadie se le escapa que existía un interés por parte de determinados Estados imperialistas a favor de la independencia, no solamente eslovena, sino de la desmembración de Yugoslavia. Aunque sea de forma superficial, existían no dos visiones enfrentadas y encontradas, como frecuentemente se ha expuesto, pero sí diferencias entre los EEUU, de un lado, y Europa – fundamentalmente Alemania, por otro. Los EEUU en principio, en aquellos años, no prestaron mucho interés a la cuestión yugoslava o si lo hacían era por si podía afectar al proceso de voladura de la URSS. Además, fueron los años de las tensiones con el Irak de Saddam Hussein y la Primera Guerra del Golfo. Los EEUU dieron su respaldo al mantenimiento de Yugoslavia y a las reformas liberalizadoras de Ante Marković, pero sin mucho entusiasmo. Frente a la postura norteamericana, muchos Estados europeos dieron su respaldo diplomático a la integridad de Yugoslavia, pero por otro lado, sus servicios secretos buscaban la desintegración, dando un apoyo “de facto” a la independencia eslovena. Alemania no se anduvo ni con hipocresías ni con paños calientes, desde el primer momento alentó y apoyó la independencia de Eslovenia. El objetivo estaba claro: la recolonización de los Balcanes.

La cuestión, a pesar de su complejidad, puede ser reducida a algo tan sencillo como el juego de intereses de los imperialistas: si se propone un proyecto político que se pueda asumir e instrumentalizar, el reconocimiento político de cualquier nación sin Estado está garantizado.

Una Yugoslavia “zombie”

Por mucho que podamos hablar de la crisis del régimen postfranquista de 1978, eso no quiere decir que el Estado Español esté en fase terminal. Para 1989 y 1990, Yugoslavia era ya un muerto viviente. Los intentos liberalizadores y centralistas de Marković, apoyados por los EEUU aunque de forma poco entusiasta, no dieron sus frutos y chocó con los intereses de las diferentes repúblicas, también de Serbia y Milošević, no se olvide.

Pero es que Yugoslavia no es España

La Yugoslavia de la que Eslovenia se quería separar nació fruto de una guerra de liberación nacional antifascista de los diferentes pueblos yugoslavos, nada que ver con una España monárquica nacida de una dictadura militar fascista, que fue apoyada por los Estados imperialistas, tanto por las potencias del Eje como por las hipócritas democracias. La RFS de Yugoslavia nació de la lucha de un Partido Comunista que, si bien en sus inicios no creyó en el proyecto yugoslavo, al que se tachaba de “pro-serbio” y de ser un invento de las potencias vencedoras de la Primera Guerra Mundial – la Yugoslavia de Versalles; a partir de la década de 1930 cambió su posición, de la mano de Tito, de estar a favor de la independencia de los diferentes pueblos yugoslavos a crear una federación de éstos. La RFSY concedió derechos políticos y culturales no ya imposibles en la España franquista, sino también en la propia España contemporánea, entre ellos, el derecho de autodeterminación. En definitiva, España ha sido y es un proyecto de clase de las oligarquías, el yugoslavo lo fue de la clase obrera y de los sectores populares, un proyecto no exento de errores, como la implementación de un socialismo autogestionario, que a pesar de aciertos importantes, fue errático y terminó endeudando a Yugoslavia con el FMI a unos niveles insoportables; o el personalismo omnipresente de Tito. De hecho, su carisma – el héroe de la liberación de los pueblos yugoslavos y de su independencia – y su personalidad jugó mucho en el mantenimiento de Yugoslavia. Su fallecimiento en 1980 fue el pistoletazo de salida de las diferentes tensiones étnicas y nacionales.

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El presidente yugoslavo Josip Broz “Tito”, dirigiéndose a colocar una ofrenda floral en el Mausoleo de Lenin durante una visita a la URSS.

Por último, nos gustaría hacer dos consideraciones finales. La primera es la asociación automática de reivindicaciones nacionales como si éstas siempre y en todo caso se puedan asociar. Lo acabamos de ver: los casos esloveno y catalán poco o nada tienen que ver, sin embargo, hay quienes se empeñan en eliminar el análisis concreto de la situación concreta y sustituirlo bien por pura ingenuidad y por la asunción acrítica del relato de los medios de comunicación, o bien, por otro tipo de intereses.

La segunda, relacionada con la primera, es si realmente la reivindicación independentista tiene el mismo sentido independientemente de las circunstancias, es decir, podemos convenir que dadas las circunstancias la única manera que el pueblo catalán tiene de ser soberano es reivindicando un Estado independiente, pero, ¿es eso válido siempre? Vayamos otra vez a Eslovenia o al conjunto de Estados nacidos de la desmembración de Yugoslavia, ¿son ahora más soberanos o lo eran más cuando formaban parte de la Federación? El formalismo de constituir un Estado independiente no siempre asegura un poder soberano real. Por otro lado, el ansiado sueño esloveno de la prosperidad europea no ha sido tal, a pesar de que Eslovenia ha sido la única exrepública yugoslava en mejorar su situación – el resto de repúblicas se han empobrecido – ha sido a costa de una absorción “de facto” de su economía por parte de Alemania.

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Las comparaciones con el caso esloveno obvian el análisis concreto de la situación concreta.

La “yugonostalgia”, es decir, el sentimiento de nostalgia por la desaparecida Yugoslavia, ha crecido sensiblemente en todas las repúblicas, incluida Eslovenia, donde ese sentimiento de nostalgia es del 45%.

El movimiento nacional catalán habrá de seguir su camino, ajeno a vías muertas, si de verdad quiere ser libre, soberano e independiente.

Por Antonio Torres

Nación Andaluza ante el apoyo español al golpismo en Venezuela

En el día de hoy el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, ha reconocido a Juan Guaidó como “presidente encargado” de Venezuela. Ante este hecho, desde Nación Andaluza – organización independentista, socialista y feminista andaluza – queremos afirmar:

Desde NA manifestamos nuestra solidaridad con la República Bolivariana de Venezuela. La izquierda independentista andaluza sólo reconoce a Nicolás Maduro como legítimo presidente venezolano.

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El reconocimiento del Gobierno español se produce el mismo día que el de Alemania, Francia y el Reino Unido. Esta coincidencia no es casualidad. Supone un nuevo gesto de la obediencia española a los intereses del imperialismo, a las oligarquía europeas y al IBEX 35. Que Sánchez haya afirmado que Guaidó debe “convocar elecciones en el menor plazo de tiempo posible, libres, democráticas, con garantías y sin exclusiones” es una muestra de hasta dónde el imperialismo es capaz de llegar en su necesidad de controlar el mundo violando la soberanía nacional de los pueblos.

Ya el 17 de octubre de 2017, desde NA emitíamos un comunicado avisando de las serias amenazas de la Unión Europea y sus patronos estadounidenses de no reconocer los resultados electorales y agitar a las bandas violentas a sueldo contra la Venezuela bolivariana. Por desgracia, los hechos nos dan la razón, como no podía ser de otra manera cuando hablamos de las potencias imperialistas.

Desde NA, organización por la liberación nacional y social de Andalucía, mantenemos como un principio básico el apoyo al derecho a la libre determinación de los pueblos. Igual que luchamos por la independencia de Andalucía y contra el régimen colonial que el Estado Español nos mantiene desde hace siglos, al igual que apoyamos las luchas por el derecho a la autodeterminación de otros pueblos hermanos del Estado Español, asimismo, defendemos la soberanía y la libre determinación del pueblo venezolano. Señalamos también que la defensa de la Revolución Bolivariana significa defender la soberanía nacional de todos los pueblos que resisten al imperialismo.

Es el momento de ejercer la máxima unidad anti-imperialista. Seguimos insistiendo en la necesidad de que nuestra militancia, personas adheridas y simpatizantes manifiesten en las calles y en todos los ámbitos posibles nuestro apoyo y solidaridad con la Venezuela bolivariana agredida por el imperialismo.

Desde Andalucía hasta Venezuela, ¡viva la lucha anti-imperialista!

¡Por la autodeterminación de los pueblos y el socialismo!

Andalucía, 4 de febrero de 2019

Permante de NACIÓN ANDALUZA (N.A.)

¿Por qué EEUU y la UE no apoyaron a Carles Puigdemont y sí a Juan Guaidó?

¿Qué país en este mundo acepta que un individuo se autoproclame presidente de un Estado sin haber sido elegido democráticamente por el voto popular y la reafirmación del Tribunal Supremo? La respuesta es solo una: ninguno.

Pero en Venezuela, espina trabada en la garganta de los EEUU, ha sucedido en días pasados, mediante la farsa diseñada por los yanquis con el desvergonzado apoyo de la Unión Europea, la misma que no respaldó al líder del pueblo de Cataluña, Carles Puigdemont, quien sí fue avalado por el voto popular.

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Juan Guaidó, autoproclamado “presidente encargado” de Venezuela el 23 de enero de 2019, sostiene un retrato de Simón Bolívar.

¿Con qué moral los europeos van a respaldar al títere de Juan Guaidó, fabricado por las manos de la CIA y el Departamento de Estado, orientado a la carrera en los locales de la propia misión diplomática yanqui, como parte del plan diseñado para darle un golpe de Estado al presidente constitucional Nicolás Maduro?

Es evidente que los mandatarios de la UE recibieron indicaciones de la Casa Blanca, para darle apoyo a la farsa política contra Caracas en clara pérdida de su soberanía y de la memoria, pues hace menos de un año en Cataluña se celebraron elecciones y solo por haber declarado su deseo de ser independientes de España, Carles Puigdemont y los demás líderes de ese proceso fueron acusados de rebelión.

Ahora la canciller Angela Merkel se humilla ante el presidente Donald Trump, aceptando el ridículo papel de acusar a Nicolás Maduro y reconocer al títere impuesto por los yanquis, en el infantil e ilegal golpe de Estado, cuando ella misma aprobó la detención de Puigdemont, bajo sentencia del tribunal de primera instancia de Neumünster, que decidió mantener en prisión provisional al ex-presidente del gobierno autónomo de Cataluña, mientras se esperaba el trámite de entregarlo a España.

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Carles Puigdemont, presidente de la Generalitat de Catalunya destituido tras la proclamación de la República Catalana en octubre de 2017.

Recordemos que el líder independentista catalán se vio obligado a viajar a Bélgica, debido a que el gobierno de Madrid quería juzgarlo por los delitos de “sedición, rebelión y malversación de fondos públicos”, después de su participación en el proceso de independencia de Cataluña que había sido prohibido por las autoridades; de ahí que le solicitaran al gobierno de Berlín su detención cuando viajaba desde Finlandia hacia Bélgica.

La Unión Europea adopta una posición a favor de Washington en sus planes de reconocer al títere Juan Guaidó, cuando no hizo lo mismo con el catalán, lo que demuestra la manipulación política que ejerce EEUU sobre sus aliados y subordinados latinoamericanos, al fracasar durante décadas en sus planes contra la Revolución Bolivariana de Venezuela.

El mundo de hoy está gobernado por EEUU, quien dispone del Consejo de Seguridad de la ONU para doblarle el brazo a los que se oponen a sus órdenes.

¿Cómo es posible que la UE, con tantos problemas que enfrenta Francia, no adopte resoluciones de condena contra las salvajes represiones que se ordenan contra los partidarios del movimiento de los “chalecos amarillos”?

El tratamiento opuesto que asumen EEUU y sus aliados europeos en el caso de Venezuela es prueba de que no existen la democracia ni el respeto a los derechos humanos.

¿Con qué derecho legal Juan Guaidó decidió autoproclamarse presidente de Venezuela y ser respaldado por el Gobierno de EEUU?

¿Aceptarían los parlamentarios europeos como Federica Mogherini – Alta Representante para Asuntos Exteriores y Seguridad de la UE – o el propio Donald Tusk – actual presidente del Consejo Europeo – que uno de los líderes de los chalecos amarillos se autoproclamase presidente de Francia bajo el Arco del Triunfo y aplaudido por miles de sus seguidores?

De inmediato sería detenido y acusado de sedición y rebeldía, como le hicieron al catalán Puigdemont, sancionándolo con decenas de años de prisión, algo que EEUU no aceptaría si Maduro decide detener y acusar al títere Juan Guaidó. Para respaldarlo, desplegarían rápidamente al Comando Sur para invadir Venezuela, como han hecho con otros países de América Latina.

La Unión Europea parece olvidar que en 2017 el ex-presidente catalán fue acusado de los delitos de rebelión y sedición, con la posibilidad de cumplir hasta 30 años de cárcel, después de que el Parlamento de Cataluña declarara la independencia el 27 de octubre de 2017. Además de Puigdemont, otros 14 imputados fueron obligados a depositar en un plazo de 3 días una fianza de 6’2 millones de euros para responder a posibles responsabilidades civiles.

Eso es lo que le corresponde ahora al títere venezolano, pero a diferencia del catalán, cuenta con el respaldo yanqui y europeo que lo defienden como si fuese inocente, quien solo cumple con las órdenes recibidas de sus amos de EEUU.

Washington busca un pretexto para invadir Venezuela, porque todas las fórmulas empleadas han fracasado y a pesar de la despiadada guerra económica, comercial y financiera impuesta, unido a las campañas mediáticas para satanizar la imagen del presidente Maduro, la mayoría del pueblo le sigue dando su apoyo incondicional, porque saben quién es el único responsable de las penurias que sufren.

El mundo observa con asombro cómo los gobiernos de España, Francia, Alemania, Reino Unido, Portugal y los Países Bajos se toman el derecho de imponerle 8 días de plazo a Nicolás Maduro para que convoque elecciones en Venezuela, y si no lo hace, amenazan con reconocer al títere fabricado por los yanquis, Juan Guaidó, cuando nunca respaldaron al líder Puigdemont, quien ganó en elecciones libres celebradas en Cataluña.

Los pueblos del mundo tienen que asumir el papel que les corresponde, prepararse políticamente y mantener la unidad, porque de lo contrario serán convertidos en esclavos y pisoteados a su antojo por el emperador Donald Trump.

Razón tenía José Martí cuando sentenció:

“La educación es el único medio de salvarse de la esclavitud.”

Por Arthur González