Pacto de silencio para ocultar el papel de la OTAN en el resurgimiento del fascismo

El año pasado la OTAN promocionó un vídeo de un grupo nazi de Letonia, los llamados “Hermanos del Bosque” que, como en caso de los yihadistas, convirtió en luchadores contra la URSS. Además de una reescritura de la Historia, fue una llamada al terrorismo contra los rusos y contra Rusia.

236293_original
Cinco terroristas de los “Hermanos del Bosque” posan para una fotografía en Lituania, 1950. (Foto: “RBTH”)

Los “Hermanos del Bosque” eran una organización nazi que en 1945, con el apoyo del espionaje de EEUU, se negó a rendirse y pasaron a ejecutar acciones terroristas en el interior de la Unión Soviética durante una década.

El vídeo de la OTAN comienza con una confusión entre los soldados “rusos” y el ejército “soviético” para indicar al espectador que éstos luchaban contra los rusos y no contra los soviéticos – ya que los letones también formaban parte del Ejército Rojo.

La OTAN quería inculcar que unos pocos hombres, civiles inocentes, obligados por la situación, lucharon contra el “ocupante ruso” que, después de la Segunda Guerra Mundial, se había apoderado de Letonia por la fuerza.

En realidad, hay muchos que piensan así: los países de Europa del Este se convirtieron en “satélites” de la URSS a la fuerza, al ser “ocupados” militarmente por el Ejército Rojo al final de la Segunda Guerra Mundial. A los que dicen tales estupideces no se les ha ocurrido pensar en Austria, que también fue liberada y ocupada por el Ejército Rojo.

Como en el caso de los demás países bálticos, la independencia de Letonia tuvo lugar pocos años después de la Revolución de 1917, es decir, que no se debió solo a los letones sino a los revolucionarios que acabaron con el zarismo, de los que la mayor parte eran rusos y entre los cuales también había letones.

El vídeo no explica nada de eso, como es natural. Lo que aparece es una lucha, supuestamente patriótica y nacionalista, de los letones contra los “ocupantes” soviéticos.

Es típico de la propaganda imperialista presentar la lucha de clases como una lucha nacional o religiosa. La OTAN no puede admitir que la Unión Soviética aplastó en la guerra y después de ella a los nazis letones. El carácter nazi desaparece para poner en primer plano la represión, típicamente “estalinista” e indiscriminada, contra la población de Letonia por el sólo hecho de ser letona.

Entre 1941 y 1945 la Legión Letona, una unidad de las Waffen-SS, se componía de dos divisiones de granaderos, la 15 y la 19, que participaron en la persecución de comunistas, tiroteos masivos contra la población civil, pogromos y limpieza étnica contra los judíos.

Sólo en el interior de Letonia entre 1941 y 1945 se crearon exactamente 46 prisiones, 23 campos de concentración y 48 guetos judíos. Las SS letonas y sus colaboradores asesinaron a 313.798 civiles (incluidos 39.835 niños y niñas) y a 330.032 soldados soviéticos.

En el otoño de 1941, las SS formaron batallones de autodefensa en el Báltico, una especie de milicia que ejerció las labores típicas de apoyo a la Policía. En Letonia se formaron 41 batallones con entre 300 y 600 efectivos, 23 en Lituania y 26 en Estonia.

Algunos de ellos fueron enviados a luchar contra los partisanos soviéticos en Bielorrusia y en la región rusa de Pskov.

A medida que avanzaba la guerra, y con ella la derrota nazi, los miembros de los batallones letones se fueron integrando en las unidades diezmadas de las Waffen-SS: brigadas motorizadas, de voluntarios, etc.

Estos matones fueron quienes luego llenaron las filas de los “Hermanos del Bosque”. La OTAN oculta que dicha organización fue creada y financiada por el espionaje imperialista después de la Segunda Guerra Mundial por lo mismo de siempre: para acorralar a la URSS, para impedir que pudiera disfrutar de un minuto de reposo.

El espionaje imperialista subcontrató a los antiguos policías letones, a los colaboracionistas durante la ocupación y a los oficiales (y soldados) letones que trabajaron para las SS.

Hasta mediados de la década de 1950, los “Hermanos del Bosque” llevaron a cabo más de 3.000 atentados terroristas, principalmente contra la población civil.

El vídeo de la OTAN tampoco habla de esto porque no puede vincular al fascismo con el imperialismo y con EEUU. Los papanatas tampoco lo hacen, ni tampoco vinculan a la OTAN con la red Gladio o con los crímenes neofascistas de la década de 1970 en toda Europa Occidental.

Si alguien se cree que estamos hablando de batallitas propias del pasado, se equivoca: cada año, una manifestación neonazi desfila por las calles de Riga (capital de un Estado miembro de la Unión Europea como es Letonia) para homenajear a los fieles servidores del III Reich.

¿Eso no forma parte del auge del fascismo y “la ultraderecha”? ¿Por qué nadie habla de ello, ni la OTAN ni los “alternativos”?

FUENTE: “Movimiento Político de Resistencia”

Anuncios

Nación Andaluza ante el 135º aniversario de la Constitución Andaluza

nacion2bandaluza
Pincha aquí para acceder a la web de Nación Andaluza

Los próximos días 27, 28 y 29 de octubre se celebra el 135º aniversario de la reunión y aprobación del primer proyecto constitucional contemporáneo para Andalucía. Frente a la caduca Constitución monárquica y españolista de 1978 – que apuntala el régimen y da oxígeno al Estado – hemos de recordar estas fechas como los días en los que Andalucía aprobó su propio texto constitucional, fundamentado en la soberanía andaluza y las necesidades del Pueblo Trabajador Andaluz.

En 1883 los federales andaluces redactaban en Antequera un proyecto constitucional después de que la reacción de la Primera República Española ahogara la sublevación cantonal andaluza y terminara restaurando a los Borbones. El carácter soberanista de nuestra Constitución es evidente cuando leemos su artículo 1º, que proclama: “Andalucía es soberana”. Y: “no recibe su poder de ninguna otra autoridad exterior”. Su carácter protosocialista también es evidente en otros artículo como el 5ºD, cuando se afirma que la Federación Andaluza tiene por objeto “preparar el advenimiento de la verdadera igualdad social mediante la independencia económica del pueblo”. La Constitución de Antequera reconoce, entre otros, “el derecho al trabajo” (…) “el derecho de instrucción gratuita” (…) “el derecho a la propiedad limitado por los derechos sociales” (…) “el sufragio universal permanente” o “la independencia civil y social de la mujer”.

La Constitución de Antequera es un eslabón más en la lucha por la libertad del Pueblo Trabajador Andaluz. La lucha contra el centralismo y por la libertad de Andalucía recorrió todo el siglo XIX: la Junta de Andújar de 1835, la revolución de Rafael Pérez del Álamo en 1861, la sublevación cantonal de 1874… El testigo lo cogería el andalucismo revolucionario de principios del siglo XX con Blas Infante como principal teórico, asesinado 53 años después de la redacción de la Constitución Andaluza. El “Manifiesto de la Nacionalidad” (1918) afirmaba que la razón del ser del andalucismo era “hacer efectiva la prescripción del artículo 1º de la Constitución Andaluza, votada por la Asamblea Federalista de Antequera en 1883, que aspiró a constituir en Andalucía una democracia soberana y autónoma”.

Pero además, la autonomía perseguida por el andalucismo revolucionario de principios del siglo XX no poseía relación alguna con el sucedáneo que padecemos desde el 28-F. Tal y como narraba el manifiesto de los andalucistas de Granada en 1919: “Andalucía (…) no se conformará con una autonomía administrativa, concedida por quienes nada pueden conceder [el Estado Español]. Andalucía ha de llegar más allá”. En consonancia con el constitucionalismo antequerano, solo se considerará autónoma una Andalucía detentadora y ejercitante de su soberanía, y esta capacidad de autogobierno no se origina por “delegación de competencias” de un Estado Español, sino exclusivamente por delegación voluntaria de la soberanía del Pueblo Trabajador Andaluz.

El régimen ha hecho todo lo posible por ocultar la importancia y el peso de la Constitución de 1883. El Estado Español y sus lacayos de la Junta son enemigos acérrimos de todo aquello que delate la lucha secular por la libertad del Pueblo Trabajador Andaluz. Por todo ello el Sindicato Unitario (SU), los Centros Andaluces del Pueblo (CAP) y Nación Andaluza – junto con otros colectivos – venimos celebrando desde hace 4 años unas jornadas para recordar nuestro texto constituyente contemporáneo.

Para Nación Andaluza, los andaluces y andaluzas ya tenemos nuestra propia Constitución, que es la Constitución Andaluza de 1883 aprobada en Antequera. Reivindicamos el legado de nuestra Constitución de 1883, que apostó sin fisuras por la soberanía popular andaluza, obrera, popular, radicalmente democrática y socialista. Para NA, la Constitución de 1883 es la referencia imprescindible para construir el proyecto de una Andalucía libre en el siglo XXI, ante el derrumbe de España y el aumento del grado de explotación que sufrimos las trabajadoras en manos del capital. Con este objetivo celebraremos el 27 y 28 de octubre las IV Jornadas por la Constitución Andaluza en Huelva. Llamamos a nuestra militancia, adheridas y simpatizantes a asistir y participar en dichas jornadas, que arrancarán con una manifestación por la Constitución Andaluza el sábado a las 12:00 en la Plaza de las Monjas de la capital onubense.

¡Viva la Constitución Andaluza de 1883!

¡Hacia la liberación de Andalucía!

Permanente de la CN de Nación Andaluza

Andalucía, 24 de octubre de 2018

La República del Rif

192px-flag_of_the_republic_of_the_rif-svg
Bandera oficial de la República del Rif (1921-1926)

La República del Rif (en rifeño: “Taguda n Arif”) fue un Estado norteafricano independiente. Algunas tribus confederadas de la región montañosa del Rif adoptaron ese nombre para designar al territorio independizado de España durante la sangrienta guerra que realizaron contra esta potencia entre 1921 y 1926, la conocida como Guerra del Rif. A veces recibe el nombre de República Confederada de las Tribus del Rif, pero esta denominación no fue oficial. La República fue disuelta el 27 de mayo de 1926 por fuerzas españolas y francesas después del Desembarco de Alhucemas.

Antes del establecimiento de los colonizadores españoles y franceses, Marruecos estaba nominalmente bajo el imperio de un sultán que gobernaba a través de una estructura estatal conocida con el nombre de “majzen” (literalmente, “almacén”), que podría traducirse por “corte”. El sultán, aparte de ser un monarca absoluto, poseía el título de “Príncipe de los Creyentes” (“amir al-muminin”), una denominación tradicionalmente reservada a los califas (los reyes de Marruecos, tras la independencia del país en 1956, han conservado este título, que ningún otro gobernante musulmán utiliza). El sultán era, por tanto, jefe político y espiritual de Marruecos.

El Rif, región montañosa de cultura mayoritariamente amazigh en el noroeste del Sultanato, pertenecía de lleno al Bled es-Siba. Como otros territorios independientes del sultán, no tenía una estructura de poder centralizada sino una multitud de alianzas creadas a partir de estructuras tribales y ligas políticas a varios niveles: comunidad, fracción, clan, tribu, confederación, etc.

El órgano de decisión en cada uno de estos niveles era la Asamblea (“ayraw” en rifeño, “yamaa” en árabe), formada por los representantes de la comunidad, que elegían, generalmente por un período anual, a un Jefe (“shaikh” o “amgar”). La tribu más importante del Rif a principios del siglo XX era de los Ait Wariaghel, conocida en la historiografía española como “Beni Urriaguel”.

Los españoles penetraron en el Rif al principio realizando pactos con los jefes locales y estableciéndose en pequeñas posiciones que generalmente tenían la forma de “blocaos”. No se alejaban excesivamente de Melilla, su retaguardia. En 1921 las tribus del Rif Central se sublevaron bajo el mando de Muhammad Abd el-Krim el-Khatabbi, conocido como Abd el-Krim, notable de los Ait Wariaghel, justo en el momento en el que las tropas españolas se aventuraban a establecer posiciones más arriesgadas y desprotegidas.

Varias posiciones fueron duramente atacadas, en una campaña que duró todo el verano de 1921 y que culminó en una grave derrota española en Annual. Esta victoria rifeña dio inicio a una guerra que se prolongó hasta 1926. La rebelión rifeña finalmente fue derrotada gracias a la ayuda de Francia en el Desembarco de Alhucemas.

20170707_abd_al_krim
Muhammad Abd el-Krim el-Khatabbi, conocido popularmente como Abd el-Krim, fue el líder de la República del Rif durante su existencia. Posteriormente deportado a la colonia francesa de Isla Reunión, en el Océano Índico, moriría exiliado junto a su familia en El Cairo en 1963.

Después de la victoria de Annual en el verano de 1921, Abd el-Krim se sintió más seguro de organizar y desarrollar eficazmente el movimiento rifeño, surgido a lo largo de la guerra, por la razón de que el Rif fue liberado por las manos duras del Haraka. La falta de un Ejército regular rifeño coherente y la falta de un organismo que coordinase entre tribus, también la gestión de su propia economía y administración, llevaron a Abd el-Krim a celebrar democráticamente un Congreso General, donde se estudiara y se evaluara la situación después de la victoria y se establecieran nuevas herramientas para un movimiento más sólido.

El planteamiento fue aceptado con un gran entusiasmo por los rifeños, así, fueron invitados a participar los representantes de las cabilas.

La reunión tuvo lugar el 18 de septiembre de 1921. Abd el-Krim empezó con un gran discurso, donde habló de la relación entre el Rif con España y Marruecos, denunciando todo tipo de colonialismo (tanto español como francés), y llamando a no aceptar ningún tratado con el Protectorado Español de Marruecos.

FUENTE: “Plataforma de Apoyo al Rif”

Nazis y sionistas: ¿cuándo acabará el mayor tabú histórico de la posguerra?

Son cosas tan sabidas como calladas. Incluso los propios sionistas lo han reconocido desde hace muchos años, pero es algo que interesa mantener bajo la alfombra, todo un tabú que ya forma parte de la Historia, sobre todo de la Historia de la manipulación.

shamir2
Isaac (Yitzhak, יצחק) Shamir, de tendencias sionistas ultraderechistas, fue Primer Ministro de Israel entre 1986 y 1992.

En 1989, el diario “Jerusalem Post” admitió los vínculos de los sionistas con los nazis porque unos y otros perseguían el mismo objetivo: sacar a los judíos de Alemania para llevarlos (en realidad, deportarlos) a “su sitio” (Palestina).

El diario se refería a un caso concreto: los vínculos establecidos en 1941 entre el Tercer Reich y los terroristas sionistas de Stern Gang, comandados por Isaac Shamir.

En realidad, tales vínculos proceden de la llegada de los nazis a la cancillería alemana en 1933, pero pasaremos por alto este detalle – al menos de momento.

Cuando el “Jerusalem Post” destapó el asunto, la agencia “Reuters” lo reprodujo, calificándolo como “el fin de un tabú nacional”, creyendo que bastaba la divulgación “nacional” en Israel para que los vínculos entre nazis y sionistas fueran conocidos por todo el mundo. Si los israelíes, que estaban implicados de manera directa, los admitía, la Historia de la Segunda Guerra Mundial debería acabar con sus propios mitos.

Obviamente, no ha sido así. Seguimos leyendo toda clase de basura sobre la “Shoah”, el Holocausto (con mayúsculas) judío y demás, con el agravante de que es algo que no se puede poner en duda porque te acusan de “nazi”, de “negacionista” e incluso te meten en la cárcel porque está considerado como un delito.

En el caso concreto de Shamir, que fue Primer Ministro de Israel en la década de 1980, el asunto es harto evidente: además de compartir los mismos objetivos políticos, los nazis y los sionistas utilizaban los mismos métodos terroristas, por lo que no es de extrañar que llegaran a acuerdos entre ellos.

Hay otra conclusión obvia: a los sionistas les importaba un bledo que los nazis asesinaran masivamente a los judíos porque ellos nunca intentaron defenderles, sino defender la creación de un nuevo Estado en territorio palestino a su imagen y semejanza, es decir, terrorista – basado en la deportación y el exterminio de los árabes.

shamir
Cartel de “se busca” de Yitzhak Shamir (izq.) por participación en actos terroristas. Ofrecían 500 shekel por su cabeza.

En 1941, cuando la “Solución Final” ya estaba en marcha en Alemania, Shamir buscaba la cooperación de los asesinos en la creación de lo que 7 años después se convirtió en el Estado de Israel.

Para ocultar sus propios planes, los sionistas divulgaron que en la Segunda Guerra Mundial quienes se aproximaron a los nazis no fueron ellos, sino los árabes.

Se trató de una disputa típica entre potencias imperialistas, donde la hegemonía regional correspondía entonces a los británicos. El plan de Shamir consistía en poner a su banda terrorista al servicio del Tercer Reich contra los británicos y les dio muestras de su eficacia: en 1944 el propio Shamir asesinó a Lord Moyne, virrey inglés en Oriente Medio.

Shamir no sólo era un sionista y un terrorista. No sólo trató de venderse a Hitler, sino también a Mussolini, porque era un fascista. El mundo ha tenido que soportar sin sonrojarse que alguien así estuviera hasta 1992 a la cabeza de un Estado moderno.

Tan moderno que tiene armas nucleares a su disposición. Ahora pensemos, por un momento, en un nazi-sionista como Shamir provisto de tales capacidades armamentísticas…

FUENTE: “Movimiento Político de Resistencia”

Hace 43 años, España dejó al Sahara Occidental a su suerte en el desierto

La presencia española en África llegó a su fin con el abandono del Sahara Occidental en 1975. Se ponía final así a un siglo de colonialismo débil y sustitutorio tras la independencia de las colonias americanas.

Este territorio era, en principio, mucho menos problemático que las antiguas colonias de Ifni, Guinea o el Protectorado de Marruecos.

Habitado por unas decenas de miles de tribus nómadas, el Sahara Occidental era en su mayoría desértico, y la presencia efectiva de España era todavía muy reciente. Todavía durante la década de 1950, la administración española había llevado a cabo exploraciones científicas como aquella en la que, por ejemplo, participó el etnógrafo Julio Caro Baroja. Hasta el descubrimiento de las reservas de fosfatos, los intereses económicos españoles se limitaban a unos cuantos asentamientos en la costa, que permitían la explotación de los recursos pesqueros.

10626156-644x362
General Federico Gómez de Salazar, último gobernador español del Sahara Occidental.

El territorio saharaui había estado integrado administrativamente en la denominada “África Occidental Española” hasta su conversión en provincia a finales de la década de 1950. En un primer momento, el Ministro de Exteriores franquista, Castiella, pensó en el abandono del Sahara mediante un referéndum, al mismo tiempo que procedía a la entrega de Ifni a Marruecos y a la independencia de Guinea.

La situación se complicó cuando, a las reivindicaciones de un “Gran Marruecos”, se sumaron las apetencias argelinas y mauritanas. Además, estallaron conflictos pesqueros con Marruecos debido a la ampliación unilateral por este último de sus aguas jurisdiccionales. Por un tiempo, Marruecos pareció virar a posiciones que defendían la autodeterminación del Sahara Occidental, debido a las maniobras dilatorias de la administración española.

En realidad, el territorio saharaui nunca había estado históricamente vinculado al Reino de Marruecos, manteniendo los sultanes relaciones únicamente comerciales con las tribus nómadas.

En 1974, España concedió cierto grado de autonomía al Sahara Occidental, impulsando un partido político españolista que sirviera de contrapeso a la creciente influencia del independentista Frente Polisario.

El contencioso hispano-marroquí se trasladó al Tribunal Internacional de La Haya. Los planes de descolonización de España parecía que llegarían por una vez a buen puerto, pero la enfermedad de Franco precipitó la situación.

Al mismo tiempo que el Tribunal de La Haya fallaba favorablemente a las tesis españolas en octubre de 1975, Hassan II – a la sazón Rey de Marruecos – decidió aprovechar la coyuntura para montar la operación conocida como “Marcha Verde”.

Varios cientos de miles de marroquíes se presentaron como una marea humana ante la frontera del Sahara Occidental. El gobierno de Carlos Arias Navarro, ante la inminencia de la muerte de Franco, decidió eludir sus compromisos internacionales para la autodeterminación del Sahara, tratando de enfriar el conflicto con Marruecos, que parecía derivar hacia el estallido de una guerra.

La debilidad final del régimen de Franco permitió la rápida firma de un tratado en Madrid con Marruecos y Mauritania en noviembre de 1975. Al mismo tiempo que el entonces Príncipe Juan Carlos visitaba a las tropas españolas acantonadas en el desierto saharaui, el ministro franquista José Solís era enviado a Marruecos para desactivar el conflicto.

Otra gestión importante fue la realizada por Colón de Carvajal con Henry Kissinger, entonces Secretario de Estado de EEUU. Por el Tratado de Madrid, España cedía la administración del Sahara Occidental a Marruecos y Mauritania, con un vago compromiso para que las nuevas potencias administradoras del territorio procediesen más tarde a su descolonización. A comienzos de 1976, tras la muerte de Franco y según las tropas españolas abandonaban el Sahara, se iniciaba una guerra de resistencia del Frente Polisario – apoyado por Argelia – que impediría una dominación estable de Marruecos y provocaría la retirada de Mauritania en 1979.

La dictadura de Franco iba a terminar sus días resolviendo in extremis su amarre con EEUU y, por tanto, su vinculación con Occidente, así como completando la descolonización de sus posesiones africanas. Pero el endurecimiento de la represión durante 1975 y el fusilamiento de cinco antifascistas en el mes de septiembre iban a desencadenar una última oleada de protestas de la opinión pública mundial.

El anacronismo político del franquismo se reflejaba en una casi absoluta soledad en el seno de la comunidad internacional. Además de la retirada de varios embajadores europeos, se produjo un incidente con el entonces presidente mexicano Luis Echeverría.

México, sin relaciones diplomáticas con España desde 1939, denunció al régimen franquista ante la ONU, suspendiendo incluso las comunicaciones y el tráfico comercial entre ambos países.

La Comunidad Económica Europea paralizó las negociaciones para un progresivo desarme arancelario. Hubo protestas, manifestaciones y hasta asaltos a las delegaciones diplomáticas españolas.

Perdido el apoyo de aliados tradicionales como Portugal o la Ciudad del Vaticano, al régimen de Franco sólo le quedaba la endeble amistad con algunos regímenes latinoamericanos y árabes.

FUENTE: “El Confidencial Saharaui”

El Frente de Liberación de Quebec (FLQ): Declaración de Principios

Esta que sigue a continuación es una declaración de principios aparecida en septiembre de 1963 en el nº45 de “La Cognée”, órgano del FLQ.

800px-bandera_flq-svg
Enseña del Frente de Liberación de Quebec (FLQ)

La independencia política es la herramienta, la palanca indispensable para una auténtica revolución nacional. En vistas a acceder a esta independencia política, los únicos métodos seguros para completar con éxito la empresa de la liberación total es la guerra revolucionaria. Debemos comenzarla.

Consideramos que esta actitud radical es la correcta, porque:

  1. Los líderes quebequeses de los partidos proponen exclusivamente aquellas vías que permite la Constitución canadiense. Estas proposiciones no son nada más que parches, recauchutados o, todavía peor, doctrinas falaces que van contra la dignidad nacional, la salud política y los objetivos fundamentales del pueblo quebequés.
  2. Los partidos independentistas se engañan a sí mismos adoptando la vía electoral. Esta es una lucha que el adversario conoce mil veces mejor que ellos, y por ello disponen de un enorme capital destinado a asegurar el fruto de sus beneficios.
  3. El pueblo quebequés, saturado con el electoralismo, colonizado desde hace dos siglos, cuasi-asimilado y gravemente intoxicado, se agita en su desconfianza, su resignación, su apatía y su falta de conciencia. Nuestro pueblo ha renunciado a la charlatanería.
  4. Debemos actuar rápidamente en la cara del invasor. Sufrimos de negligencia social, debilidad económica e insuficiencia cultural, tanto en el sentido lingüístico como el educativo.
  5. Tenemos a nuestra disposición una fuerza tangible contra la combinación del colonialismo de Ottawa y sus vasallos en Quebec.
  6. Vamos a determinar los eventos en lugar de esperarlos. Aceptamos que nuestra inmediata liberación tiene fecha de vencimiento, en lugar de un deleite de moda burguesa que ha significado estas décadas de silencio, de compromiso o de abandono.
  7. El movimiento revolucionario es irreversible; sus métodos son empíricos e inevitables. Dirigido científicamente por partisanos serios, disciplinados y bien entrenados, el éxito está asegurado.
  8. En el camino de la liberación de la patria, aun arriesgando sus vidas y carreras, los partisanos nos mostarán profundas pruebas de su fe auténtica, su determinación y su desinterés. Tendrán que lidiar en el camino con demasiados oportunistas, demagogos y diletantes.
  9. Las necesidades de esta acción obligarán a los partisanos a sobrepasarse a sí mismo y a idealizar la realización de la revolución.

BIBLIOGRAFÍA: “FLQ, Un projet révolutionnaire”, textos recopilados por R. Comeau, D. Cooper y P. Vallières. VLB Éditeur, Montréal, 1990.

Traducido del francés al inglés por Mitch Abidor para Marxists.org.

Traducido del inglés al castellano por Nacho F. para La Atalaya Roja.

CopyLeft: CreativeCommons, Marxists.org (2004)

El Frente de Liberación de Quebec (FLQ): introducción histórica

Ayer, 24 de Junio, se celebraba en Quebec su fiesta nacional, conocida como “Fête Nationale du Québec”. Aprovechando esta fecha, hemos decidido traducir un documento histórico hablando del Frente de Liberación de Quebec (FLQ), principal organización independentista de este territorio administrado por Canadá. Su modelo de inspiración fueron organizaciones como ETA, el IRA Provisional o las Brigadas Rojas de Italia. El documento está firmado por Mitch Abidor.

flq_drapeau
Anagrama y bandera del Frente de Liberación de Quebec (FLQ)

El momento del nacimiento del FLQ no fue accidental: llegó en un momento de despertar político tanto en Quebec como en el mundo colonizado en general. A principios de la década de 1960, Quebec estaba saliendo de la gran oscuridad que supuso el prolongado mandato del primer ministro Maurice Duplessis. El mandato de Duplessis fue ferozmente anticomunista, antiobrero, ultracatólico y promovió una forma de nacionalismo que encerró a Quebec en sí mismo. Con la salida del partido de Duplessis del poder, comenzaron a desarrollarse fuerzas progresistas por todo el país. El nacionalismo quebequés, que bajo la influencia del abad e historiador Lionel Groulx, tuvo un fuerte componente clerical, con ocasionales características xenófobas (particularmente antisemitas), ahora tenía un rostro renovado en forma de grupos como “Rassemblement pour l’Indépendance Nationale” (Encuentro por la Independencia Nacional, RIN), “Action Socialiste pour l’Indépendance du Quebec” (Acción Socialista por la Independencia de Quebec) y “Réseau de Résistance” (Red de Resistencia). Esta liberación interna de décadas de constricción, combinada con la influencia de las luchas de liberación en el Tercer Mundo, establecieron una atmósfera en la que un grupo como el FLQ pudo existir.

Formado en 1963, sus líderes históricos incluyen a Georges Schoeters, un inmigrante belga que luchó en la Resistencia durante la Segunda Guerra Mundial en Bélgica. Las acciones más tempranas del grupo consistían en ataques con dinamita o cócteles Molotov contra los símbolos del poder canadiense, incluyendo buzones de correo en la sección de Anglo Westmount en Montréal. En abril de 1963 una bomba colocada en un puesto de reclutamiento del Ejército canadiense en Sherbrooke (al este de Quebec). Otras acciones destinadas a proveerse de armas y fondos resultaron en las muertes de un transeúnte y el propietario de una armería. El resultado neto de todo esto fue la detención de la mayor parte de la militancia del FLQ para finales de 1963.

Hacia 1966 un nuevo grupo, liderado por Pierre Vallières y Charles Gagnon, tomo el testigo y continuó el trabajo del FLQ. Este grupo, formado por una veintena de miembros permanentes, actuó en solidaridad con los huelguistas colocando una bomba en la fábrica de zapatos “Lagrenade”, matando a una secretaria; otra bomba fue colocada en “Dominion Textile” y explotó prematuramente, matando a un militante felequista; también colocaron una bomba en una manifestación del Partido Liberal de Canadá en junio de 1966. Como el primer grupo de felequistas, este segundo grupo se encontró al completo bajo arresto o a la fuga. Gagnon y Vallières huyeron a EEUU, donde se manifestaron frente a la sede de la ONU en apoyo a los presos políticos quebequeses. Finalmente fueron arrestados, primero detenidos en Nueva York y más tarde deportados a Canadá, donde pasaron un tiempo en cárceles quebequesas. El fruto más tardío de este período en la Historia del FLQ es una de las obras maestras de la literatura política quebequesa, la autobiografía de Vallières, titulada “Nègres Blancs d’Amérique” (Negratas [NDT: Utilizo esta gruesa palabra puesto que en el texto original se utilizaba el término “niggers”] Blancos de América), que escribió durante su encarcelamiento en la cárcel Tombs de Nueva York.

Una segunda y menos conocida red del FLQ, liderada por Pierre-Paul Geoffroy, llevó a cabo ataques intensos y extensivos. Geoffroy acabaría siendo condenado a 124 cadenas perpetuas.

El año de 1970 fue el último en el que el FLQ ejerció alguna influencia, y fue el año de sus más notorias acciones. El 5 de octubre de 1970 la célula “Libération”, liderada por Jacques Lanctôt y compuesta también por su hija Louise además de Marc Carbonneau, Jacques Cossette-Trudel, Yves Langlois (alias Pierre Seguin) y Nigel Hamer, secuestró al diplomático británico James Richard Cross, exigiendo para su liberación la inmediata puesta en libertad de 23 felequistas detenidos, más 500.000 dólares de rescate, la readmisión de los camioneros despedidos de la compañía “Lapalme”, y un avión para llevar a los secestradores a Cuba o Argelia.

Cinco días más tarde la célula “Chénier”, compuesta por los hermanos Jacques y Paul Rose, Francis Simard y Bernard Lortie, secuestró a Pierre Laporte, el Ministro de Trabajo e Inmigración del gobierno regional quebequés, enfrente de su casa mientras éste jugaba al fútbol.

El FLQ no echó en falta apoyo popular. Poco después del segundo secuestro unas 3.000 personas se concentraron en el “Paul Sauvé Arena” de Montréal para aplaudir al abogado felequista Robert Lemieux, Vallières y Gagnon y cantar “¡FLQ! ¡FLQ!”

octobre_falardeau
Militante armado del FLQ durante la llamada “Crisis de Octubre” (1970)

Tres días después el entonces primer ministro canadiense Pierre Trudeau (padre de Justin Trudeau) impuso el Acta de Medidas de Guerra (“War Measures Act”), y los militares fueron desplegados en Montréal, arrestando sin cargos a 500 activistas, sindicalistas, escritores, actores y cantantes conocidos por su apoyo a la causa independentista de Quebec.

Con todo, el 17 de octubre de 1970 fue asesinado Pierre Laporte. Las circunstancias reales de su asesinato continúan en el misterio, pese a que Paul Rose nunca ha negado su papel en ello, y la controversia ha continuado retroalimentándose alrededor de la pregunta de quién mató realmente a Laporte. Sin embargo, su muerte y su funeral revertieron toda la simpatía hacia el FLQ. Cross continuó secuestrado, pero su escondite fue descubierto en diciembre de 1970. Sus captores pudieron negociar el marcharse a Cuba y liberar a Cross. Los captores de Laporte fueron capturados a finales de diciembre de 1970, y el juicio comenzó en enero de 1971. Todos fueron encontrados culpables pero se les concedió la libertad condicional en pocos años.

Este fue el final virtual del FLQ pese a que continuó una versión pequeña y coja continuó durante un par de años más. Sus miembros continuaron, y algunos continúan haciéndolo, jugando un papel en la izquierda quebequesa: Paul Rose en varias organizaciones y actualmente en el grupo alrededor del periódico “l’Aut’journal”; Francis Simard hacía sus memorias de este período: “Pour en finir avec Octobre”; Vallères – hasta su muerte en 1998 – también militó en varios grupos; Gagnon – que rompió completamente con su antiguo camarada Vallières – dirigió durante un período de tiempo el grupo marxista-leninista “En Lutte”; mientras Jacques Lantot, tras su regreso de Cuba y pasar un tiempo en la cárcel por su papel en el secuestro de Cross, abrió una editorial.

FUENTE: Marxists.org