Nazis y sionistas: ¿cuándo acabará el mayor tabú histórico de la posguerra?

Son cosas tan sabidas como calladas. Incluso los propios sionistas lo han reconocido desde hace muchos años, pero es algo que interesa mantener bajo la alfombra, todo un tabú que ya forma parte de la Historia, sobre todo de la Historia de la manipulación.

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Isaac (Yitzhak, יצחק) Shamir, de tendencias sionistas ultraderechistas, fue Primer Ministro de Israel entre 1986 y 1992.

En 1989, el diario “Jerusalem Post” admitió los vínculos de los sionistas con los nazis porque unos y otros perseguían el mismo objetivo: sacar a los judíos de Alemania para llevarlos (en realidad, deportarlos) a “su sitio” (Palestina).

El diario se refería a un caso concreto: los vínculos establecidos en 1941 entre el Tercer Reich y los terroristas sionistas de Stern Gang, comandados por Isaac Shamir.

En realidad, tales vínculos proceden de la llegada de los nazis a la cancillería alemana en 1933, pero pasaremos por alto este detalle – al menos de momento.

Cuando el “Jerusalem Post” destapó el asunto, la agencia “Reuters” lo reprodujo, calificándolo como “el fin de un tabú nacional”, creyendo que bastaba la divulgación “nacional” en Israel para que los vínculos entre nazis y sionistas fueran conocidos por todo el mundo. Si los israelíes, que estaban implicados de manera directa, los admitía, la Historia de la Segunda Guerra Mundial debería acabar con sus propios mitos.

Obviamente, no ha sido así. Seguimos leyendo toda clase de basura sobre la “Shoah”, el Holocausto (con mayúsculas) judío y demás, con el agravante de que es algo que no se puede poner en duda porque te acusan de “nazi”, de “negacionista” e incluso te meten en la cárcel porque está considerado como un delito.

En el caso concreto de Shamir, que fue Primer Ministro de Israel en la década de 1980, el asunto es harto evidente: además de compartir los mismos objetivos políticos, los nazis y los sionistas utilizaban los mismos métodos terroristas, por lo que no es de extrañar que llegaran a acuerdos entre ellos.

Hay otra conclusión obvia: a los sionistas les importaba un bledo que los nazis asesinaran masivamente a los judíos porque ellos nunca intentaron defenderles, sino defender la creación de un nuevo Estado en territorio palestino a su imagen y semejanza, es decir, terrorista – basado en la deportación y el exterminio de los árabes.

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Cartel de “se busca” de Yitzhak Shamir (izq.) por participación en actos terroristas. Ofrecían 500 shekel por su cabeza.

En 1941, cuando la “Solución Final” ya estaba en marcha en Alemania, Shamir buscaba la cooperación de los asesinos en la creación de lo que 7 años después se convirtió en el Estado de Israel.

Para ocultar sus propios planes, los sionistas divulgaron que en la Segunda Guerra Mundial quienes se aproximaron a los nazis no fueron ellos, sino los árabes.

Se trató de una disputa típica entre potencias imperialistas, donde la hegemonía regional correspondía entonces a los británicos. El plan de Shamir consistía en poner a su banda terrorista al servicio del Tercer Reich contra los británicos y les dio muestras de su eficacia: en 1944 el propio Shamir asesinó a Lord Moyne, virrey inglés en Oriente Medio.

Shamir no sólo era un sionista y un terrorista. No sólo trató de venderse a Hitler, sino también a Mussolini, porque era un fascista. El mundo ha tenido que soportar sin sonrojarse que alguien así estuviera hasta 1992 a la cabeza de un Estado moderno.

Tan moderno que tiene armas nucleares a su disposición. Ahora pensemos, por un momento, en un nazi-sionista como Shamir provisto de tales capacidades armamentísticas…

FUENTE: “Movimiento Político de Resistencia”

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Hace 43 años, España dejó al Sahara Occidental a su suerte en el desierto

La presencia española en África llegó a su fin con el abandono del Sahara Occidental en 1975. Se ponía final así a un siglo de colonialismo débil y sustitutorio tras la independencia de las colonias americanas.

Este territorio era, en principio, mucho menos problemático que las antiguas colonias de Ifni, Guinea o el Protectorado de Marruecos.

Habitado por unas decenas de miles de tribus nómadas, el Sahara Occidental era en su mayoría desértico, y la presencia efectiva de España era todavía muy reciente. Todavía durante la década de 1950, la administración española había llevado a cabo exploraciones científicas como aquella en la que, por ejemplo, participó el etnógrafo Julio Caro Baroja. Hasta el descubrimiento de las reservas de fosfatos, los intereses económicos españoles se limitaban a unos cuantos asentamientos en la costa, que permitían la explotación de los recursos pesqueros.

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General Federico Gómez de Salazar, último gobernador español del Sahara Occidental.

El territorio saharaui había estado integrado administrativamente en la denominada “África Occidental Española” hasta su conversión en provincia a finales de la década de 1950. En un primer momento, el Ministro de Exteriores franquista, Castiella, pensó en el abandono del Sahara mediante un referéndum, al mismo tiempo que procedía a la entrega de Ifni a Marruecos y a la independencia de Guinea.

La situación se complicó cuando, a las reivindicaciones de un “Gran Marruecos”, se sumaron las apetencias argelinas y mauritanas. Además, estallaron conflictos pesqueros con Marruecos debido a la ampliación unilateral por este último de sus aguas jurisdiccionales. Por un tiempo, Marruecos pareció virar a posiciones que defendían la autodeterminación del Sahara Occidental, debido a las maniobras dilatorias de la administración española.

En realidad, el territorio saharaui nunca había estado históricamente vinculado al Reino de Marruecos, manteniendo los sultanes relaciones únicamente comerciales con las tribus nómadas.

En 1974, España concedió cierto grado de autonomía al Sahara Occidental, impulsando un partido político españolista que sirviera de contrapeso a la creciente influencia del independentista Frente Polisario.

El contencioso hispano-marroquí se trasladó al Tribunal Internacional de La Haya. Los planes de descolonización de España parecía que llegarían por una vez a buen puerto, pero la enfermedad de Franco precipitó la situación.

Al mismo tiempo que el Tribunal de La Haya fallaba favorablemente a las tesis españolas en octubre de 1975, Hassan II – a la sazón Rey de Marruecos – decidió aprovechar la coyuntura para montar la operación conocida como “Marcha Verde”.

Varios cientos de miles de marroquíes se presentaron como una marea humana ante la frontera del Sahara Occidental. El gobierno de Carlos Arias Navarro, ante la inminencia de la muerte de Franco, decidió eludir sus compromisos internacionales para la autodeterminación del Sahara, tratando de enfriar el conflicto con Marruecos, que parecía derivar hacia el estallido de una guerra.

La debilidad final del régimen de Franco permitió la rápida firma de un tratado en Madrid con Marruecos y Mauritania en noviembre de 1975. Al mismo tiempo que el entonces Príncipe Juan Carlos visitaba a las tropas españolas acantonadas en el desierto saharaui, el ministro franquista José Solís era enviado a Marruecos para desactivar el conflicto.

Otra gestión importante fue la realizada por Colón de Carvajal con Henry Kissinger, entonces Secretario de Estado de EEUU. Por el Tratado de Madrid, España cedía la administración del Sahara Occidental a Marruecos y Mauritania, con un vago compromiso para que las nuevas potencias administradoras del territorio procediesen más tarde a su descolonización. A comienzos de 1976, tras la muerte de Franco y según las tropas españolas abandonaban el Sahara, se iniciaba una guerra de resistencia del Frente Polisario – apoyado por Argelia – que impediría una dominación estable de Marruecos y provocaría la retirada de Mauritania en 1979.

La dictadura de Franco iba a terminar sus días resolviendo in extremis su amarre con EEUU y, por tanto, su vinculación con Occidente, así como completando la descolonización de sus posesiones africanas. Pero el endurecimiento de la represión durante 1975 y el fusilamiento de cinco antifascistas en el mes de septiembre iban a desencadenar una última oleada de protestas de la opinión pública mundial.

El anacronismo político del franquismo se reflejaba en una casi absoluta soledad en el seno de la comunidad internacional. Además de la retirada de varios embajadores europeos, se produjo un incidente con el entonces presidente mexicano Luis Echeverría.

México, sin relaciones diplomáticas con España desde 1939, denunció al régimen franquista ante la ONU, suspendiendo incluso las comunicaciones y el tráfico comercial entre ambos países.

La Comunidad Económica Europea paralizó las negociaciones para un progresivo desarme arancelario. Hubo protestas, manifestaciones y hasta asaltos a las delegaciones diplomáticas españolas.

Perdido el apoyo de aliados tradicionales como Portugal o la Ciudad del Vaticano, al régimen de Franco sólo le quedaba la endeble amistad con algunos regímenes latinoamericanos y árabes.

FUENTE: “El Confidencial Saharaui”

El Frente de Liberación de Quebec (FLQ): Declaración de Principios

Esta que sigue a continuación es una declaración de principios aparecida en septiembre de 1963 en el nº45 de “La Cognée”, órgano del FLQ.

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Enseña del Frente de Liberación de Quebec (FLQ)

La independencia política es la herramienta, la palanca indispensable para una auténtica revolución nacional. En vistas a acceder a esta independencia política, los únicos métodos seguros para completar con éxito la empresa de la liberación total es la guerra revolucionaria. Debemos comenzarla.

Consideramos que esta actitud radical es la correcta, porque:

  1. Los líderes quebequeses de los partidos proponen exclusivamente aquellas vías que permite la Constitución canadiense. Estas proposiciones no son nada más que parches, recauchutados o, todavía peor, doctrinas falaces que van contra la dignidad nacional, la salud política y los objetivos fundamentales del pueblo quebequés.
  2. Los partidos independentistas se engañan a sí mismos adoptando la vía electoral. Esta es una lucha que el adversario conoce mil veces mejor que ellos, y por ello disponen de un enorme capital destinado a asegurar el fruto de sus beneficios.
  3. El pueblo quebequés, saturado con el electoralismo, colonizado desde hace dos siglos, cuasi-asimilado y gravemente intoxicado, se agita en su desconfianza, su resignación, su apatía y su falta de conciencia. Nuestro pueblo ha renunciado a la charlatanería.
  4. Debemos actuar rápidamente en la cara del invasor. Sufrimos de negligencia social, debilidad económica e insuficiencia cultural, tanto en el sentido lingüístico como el educativo.
  5. Tenemos a nuestra disposición una fuerza tangible contra la combinación del colonialismo de Ottawa y sus vasallos en Quebec.
  6. Vamos a determinar los eventos en lugar de esperarlos. Aceptamos que nuestra inmediata liberación tiene fecha de vencimiento, en lugar de un deleite de moda burguesa que ha significado estas décadas de silencio, de compromiso o de abandono.
  7. El movimiento revolucionario es irreversible; sus métodos son empíricos e inevitables. Dirigido científicamente por partisanos serios, disciplinados y bien entrenados, el éxito está asegurado.
  8. En el camino de la liberación de la patria, aun arriesgando sus vidas y carreras, los partisanos nos mostarán profundas pruebas de su fe auténtica, su determinación y su desinterés. Tendrán que lidiar en el camino con demasiados oportunistas, demagogos y diletantes.
  9. Las necesidades de esta acción obligarán a los partisanos a sobrepasarse a sí mismo y a idealizar la realización de la revolución.

BIBLIOGRAFÍA: “FLQ, Un projet révolutionnaire”, textos recopilados por R. Comeau, D. Cooper y P. Vallières. VLB Éditeur, Montréal, 1990.

Traducido del francés al inglés por Mitch Abidor para Marxists.org.

Traducido del inglés al castellano por Nacho F. para La Atalaya Roja.

CopyLeft: CreativeCommons, Marxists.org (2004)

El Frente de Liberación de Quebec (FLQ): introducción histórica

Ayer, 24 de Junio, se celebraba en Quebec su fiesta nacional, conocida como “Fête Nationale du Québec”. Aprovechando esta fecha, hemos decidido traducir un documento histórico hablando del Frente de Liberación de Quebec (FLQ), principal organización independentista de este territorio administrado por Canadá. Su modelo de inspiración fueron organizaciones como ETA, el IRA Provisional o las Brigadas Rojas de Italia. El documento está firmado por Mitch Abidor.

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Anagrama y bandera del Frente de Liberación de Quebec (FLQ)

El momento del nacimiento del FLQ no fue accidental: llegó en un momento de despertar político tanto en Quebec como en el mundo colonizado en general. A principios de la década de 1960, Quebec estaba saliendo de la gran oscuridad que supuso el prolongado mandato del primer ministro Maurice Duplessis. El mandato de Duplessis fue ferozmente anticomunista, antiobrero, ultracatólico y promovió una forma de nacionalismo que encerró a Quebec en sí mismo. Con la salida del partido de Duplessis del poder, comenzaron a desarrollarse fuerzas progresistas por todo el país. El nacionalismo quebequés, que bajo la influencia del abad e historiador Lionel Groulx, tuvo un fuerte componente clerical, con ocasionales características xenófobas (particularmente antisemitas), ahora tenía un rostro renovado en forma de grupos como “Rassemblement pour l’Indépendance Nationale” (Encuentro por la Independencia Nacional, RIN), “Action Socialiste pour l’Indépendance du Quebec” (Acción Socialista por la Independencia de Quebec) y “Réseau de Résistance” (Red de Resistencia). Esta liberación interna de décadas de constricción, combinada con la influencia de las luchas de liberación en el Tercer Mundo, establecieron una atmósfera en la que un grupo como el FLQ pudo existir.

Formado en 1963, sus líderes históricos incluyen a Georges Schoeters, un inmigrante belga que luchó en la Resistencia durante la Segunda Guerra Mundial en Bélgica. Las acciones más tempranas del grupo consistían en ataques con dinamita o cócteles Molotov contra los símbolos del poder canadiense, incluyendo buzones de correo en la sección de Anglo Westmount en Montréal. En abril de 1963 una bomba colocada en un puesto de reclutamiento del Ejército canadiense en Sherbrooke (al este de Quebec). Otras acciones destinadas a proveerse de armas y fondos resultaron en las muertes de un transeúnte y el propietario de una armería. El resultado neto de todo esto fue la detención de la mayor parte de la militancia del FLQ para finales de 1963.

Hacia 1966 un nuevo grupo, liderado por Pierre Vallières y Charles Gagnon, tomo el testigo y continuó el trabajo del FLQ. Este grupo, formado por una veintena de miembros permanentes, actuó en solidaridad con los huelguistas colocando una bomba en la fábrica de zapatos “Lagrenade”, matando a una secretaria; otra bomba fue colocada en “Dominion Textile” y explotó prematuramente, matando a un militante felequista; también colocaron una bomba en una manifestación del Partido Liberal de Canadá en junio de 1966. Como el primer grupo de felequistas, este segundo grupo se encontró al completo bajo arresto o a la fuga. Gagnon y Vallières huyeron a EEUU, donde se manifestaron frente a la sede de la ONU en apoyo a los presos políticos quebequeses. Finalmente fueron arrestados, primero detenidos en Nueva York y más tarde deportados a Canadá, donde pasaron un tiempo en cárceles quebequesas. El fruto más tardío de este período en la Historia del FLQ es una de las obras maestras de la literatura política quebequesa, la autobiografía de Vallières, titulada “Nègres Blancs d’Amérique” (Negratas [NDT: Utilizo esta gruesa palabra puesto que en el texto original se utilizaba el término “niggers”] Blancos de América), que escribió durante su encarcelamiento en la cárcel Tombs de Nueva York.

Una segunda y menos conocida red del FLQ, liderada por Pierre-Paul Geoffroy, llevó a cabo ataques intensos y extensivos. Geoffroy acabaría siendo condenado a 124 cadenas perpetuas.

El año de 1970 fue el último en el que el FLQ ejerció alguna influencia, y fue el año de sus más notorias acciones. El 5 de octubre de 1970 la célula “Libération”, liderada por Jacques Lanctôt y compuesta también por su hija Louise además de Marc Carbonneau, Jacques Cossette-Trudel, Yves Langlois (alias Pierre Seguin) y Nigel Hamer, secuestró al diplomático británico James Richard Cross, exigiendo para su liberación la inmediata puesta en libertad de 23 felequistas detenidos, más 500.000 dólares de rescate, la readmisión de los camioneros despedidos de la compañía “Lapalme”, y un avión para llevar a los secestradores a Cuba o Argelia.

Cinco días más tarde la célula “Chénier”, compuesta por los hermanos Jacques y Paul Rose, Francis Simard y Bernard Lortie, secuestró a Pierre Laporte, el Ministro de Trabajo e Inmigración del gobierno regional quebequés, enfrente de su casa mientras éste jugaba al fútbol.

El FLQ no echó en falta apoyo popular. Poco después del segundo secuestro unas 3.000 personas se concentraron en el “Paul Sauvé Arena” de Montréal para aplaudir al abogado felequista Robert Lemieux, Vallières y Gagnon y cantar “¡FLQ! ¡FLQ!”

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Militante armado del FLQ durante la llamada “Crisis de Octubre” (1970)

Tres días después el entonces primer ministro canadiense Pierre Trudeau (padre de Justin Trudeau) impuso el Acta de Medidas de Guerra (“War Measures Act”), y los militares fueron desplegados en Montréal, arrestando sin cargos a 500 activistas, sindicalistas, escritores, actores y cantantes conocidos por su apoyo a la causa independentista de Quebec.

Con todo, el 17 de octubre de 1970 fue asesinado Pierre Laporte. Las circunstancias reales de su asesinato continúan en el misterio, pese a que Paul Rose nunca ha negado su papel en ello, y la controversia ha continuado retroalimentándose alrededor de la pregunta de quién mató realmente a Laporte. Sin embargo, su muerte y su funeral revertieron toda la simpatía hacia el FLQ. Cross continuó secuestrado, pero su escondite fue descubierto en diciembre de 1970. Sus captores pudieron negociar el marcharse a Cuba y liberar a Cross. Los captores de Laporte fueron capturados a finales de diciembre de 1970, y el juicio comenzó en enero de 1971. Todos fueron encontrados culpables pero se les concedió la libertad condicional en pocos años.

Este fue el final virtual del FLQ pese a que continuó una versión pequeña y coja continuó durante un par de años más. Sus miembros continuaron, y algunos continúan haciéndolo, jugando un papel en la izquierda quebequesa: Paul Rose en varias organizaciones y actualmente en el grupo alrededor del periódico “l’Aut’journal”; Francis Simard hacía sus memorias de este período: “Pour en finir avec Octobre”; Vallères – hasta su muerte en 1998 – también militó en varios grupos; Gagnon – que rompió completamente con su antiguo camarada Vallières – dirigió durante un período de tiempo el grupo marxista-leninista “En Lutte”; mientras Jacques Lantot, tras su regreso de Cuba y pasar un tiempo en la cárcel por su papel en el secuestro de Cross, abrió una editorial.

FUENTE: Marxists.org

Bandung: el despertar de los pueblos coloniales y la corrupción de las élites africanas

El año 1955 marcó un hito en la Historia de la Humanidad a raíz de una reunión de políticos de la época en la ciudad de Bandung (Indonesia), muy cerca de la capital, la ciudad de Yakarta.

En esa ciudad se dieron cita U Thant, Primer Ministro de Birmania (la actual Myanmar); Jawaharlal Nehru, Primer Ministro de India; el coronel Gamal Abdel Nasser, Presidente de Egipto; y el anfitrión, que era Ahmed Sukarno, Presidente de Indonesia. De esa reunión nació el Movimiento de Países No Alineados, que alcanzaría en años sucesivos una enorme importancia, ya que introducía un elemento de estabilidad entre los dos bloques en que se había dividido el mundo luego de la Segunda Guerra Mundial.

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El revolucionario cubano-argentino Ernesto “Che” Guevara y el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser se reúnen durante la Conferencia de Bandung, en Indonesia (1955)

Luego de esa guerra surgió el bloque socialista con la URSS a la cabeza; y el bloque imperialista liderado por los EEUU y sus aliados de la OTAN. Ciertamente que el grupo de no alineados no era homogéneo, ya que en él cohabitaban países claramente capitalistas como era Indonesia o Egipto con otros como Yugoslavia, que era socialista. La sola formación del nuevo bloque significó un gran impulso para el proceso de descolonización que había comenzado en Asia y África, y que culminó con la descolonización de las antiguas colonias portuguesas de África a raíz de la Revolución de los Claveles en Portugal en 1974, con la Revolución Argelina, y finalmente con la caída del régimen del Apartheid en Sudáfrica y Namibia. De esa manera se completaba el cuadro de la descolonización africana al menos de manera formal.

Los países colonizadores del continente negro eran el Reino Unido, Bélgica, Francia, Portugal, España, Alemania e Italia. Estos dos últimos perdieron sus colonias por la derrota que sufrieron en las dos guerras mundiales. Alemania perdió Tanzania, Togo y Namibia, que pasaron a ser un fideicomiso del Imperio Británico tras la Primera Guerra Mundial; e Italia, al ser derrotada en la Segunda Guerra Mundial, perdió Libia, Eritrea, Etiopía y Somalia.

Las colonias francesas declararon su independencia luego de una sangrienta guerra de liberación encabezada por el Frente de Liberación Nacional de Argelia, que llegó a un acuerdo con el gobierno del general Charles de Gaulle en Francia firmando los Acuerdos de Evian, rubricados por Ferhat Abbas en representación del FLN argelino y por el ministro Edgard Fauré por el Gobierno francés.

El gobierno de Charles de Gaulle se aseguraba en ese acuerdo de paz el manejo del petróleo y el gas de Argelia, que serían administrados por la multinacional francesa Total Fina durante 50 años, pasados los cuales lo haría al 50% con el Gobierno argelino.

Portugal, dado el carácter de izquierda de la Revolución de los Claveles, simplemente firmó acuerdos de reconocimiento de la soberanía de sus antiguas colonias de Mozambique, Angola y Guinea-Bissau, y el gobierno racista blanco de Sudáfrica entregó el poder político formalmente a Nelson Mandela – que acordó con el presidente blanco Frederik De Klerk que las minas de oro y diamantes de Sudáfrica seguirían administradas por las mismas empresas que los “afrikaner” habían creado al efecto.

Hasta aquí el relato del largo periplo que llevó a la independencia a las más importantes colonias africanas. Pero, ¿qué pasó con las élites africanas que encabezaron los primeros gobiernos nativos?

En Argelia su primer presidente fue Ahmed ben Bella, que marcó un rumbo socialista a su gobierno, llevando adelante una importante reforma agraria que transformaría el país, al menos en los ámbitos rurales. Sin embargo, no se dio un impulso a la industria, que se limitaba a algunas actividades de servicios y producciones artesanales.

En Angola hubo una sangrienta guerra civil que duró muchos años gracias a la nefasta intervención indirecta de los EEUU, que apoyaron a una guerrilla contraria al Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA) de Agostinho Neto – que fue el primer Presidente de la República Popular de Angola – que debió destinar cuantiosos recursos a la guerra contra el grupo de Jonas Savimbi, apoyado por los EEUU, hasta que finalmente fue derrotado y Savimbi caído en combate.

En Mozambique el FRELIMO estuvo liderado por Samora Machel, de formación marxista-leninista, y que tomó medidas para desarrollar la industria pesquera, la hidroelectricidad y el turismo. Pese a la muerte de este dirigente, no abandonó su carácter socialista, y actualmente viene aplicando una política de defensa del patrimonio nacional, y ha construido una gran presa que provee al propio país de electricidad y le permite vender energía eléctrica a países limítrofes. Se nacionalizó la industria pesquera.

Pero todo esto se fue apagando, empezando por un golpe de Estado en Argelia que acabó con Ben Bella y puso en su lugar al coronel Houari Boumedienne, que aunque formalmente siguió la política de Ben Bella, lo encarceló durante 11 años y abrió la puerta a la burocratización del nuevo Estado y a la corrupción de sus élites.

Otro tanto pasó en Angola. A la muerte de Agostinho Neto, que fue sucedido por su vicepresidente José Eduardo dos Santos, éste desató la mayor corrupción de África, donde los ministros de su gobierno cobraban “mordidas” del 30% y donde la hija de Dos Santos, Isabel dos Santos – que vive en Portugal – es la mujer más rica del país.

En Sudáfrica tenemos a Jacob Zuma – actual presidente – que está acusado de corrupción y está siendo investigado por el Parlamento sudafricano, siendo posible que no acabe su mandato.

¿Qué ha pasado? Creo sinceramente que los movimientos de liberación africanos han estado encabezados por una clase intelectual que se benefició del hecho de que las metrópolis formasen una clase dirigente que les ayudara a administrar la colonia, y sobre todo de que en estos países no existiera una clase obrera potente, con la única salvedad de Sudáfrica. Al no existir esa clase obrera que es, por cierto, la que nada tiene que perder porque nada tiene, ha sido fácil que el grupo que en un principio lideró la liberación se haya convertido en un grupo mesiánico que era obedecido con ciega confianza por las masas, y de allí a considerar que el nuevo Estado era de su propiedad hay solo un paso. Se ha convertido en una cleptocracia, que cada vez es más impopular, que sigue sumiendo en la miseria a sus pueblos, y que ya va siendo contestada por las masas que están viendo que solo llegarán a la verdadera independencia cuando derriben a los corruptos y a los corruptores.

Por Darío Herchhoren

Los símbolos fascistas no tienen lugar en la sociedad

Dos turistas chinos han sido detenidos recientemente en Berlín por hacer el saludo nazi mientras posaban para dos fotógrafos frente al “Reichstag”, el Parlamento de Alemania, el pasado sábado 12 de agosto. Tres días después, el Museo contra la Agresión Japonesa en el Almacén Sihang de Shanghai realizó un comunicado criticando a cuatro jóvenes chinos por vestir uniformes del Ejército Imperial Japonés y posar para fotos en el almacén, defendido exitosamente por fuerzas chinas contra los invasores japoneses a finales de 1937, y calificando su acto como “blasfemia imprudente”.

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Los jóvenes son ciudadanos de un país en el cual más de 35 millones de personas murieron o fueron heridas en la Segunda Guerra Mundial y está, de forma inadvertida, reabriendo viejas heridas.

El mundo se ha enfrentado a brutales y radicales cambios desde aquellos días de horror sin fin. Y casi todo ha cambiado, desde el interior de los hogares hasta los exteriores de los edificios, desde nuestros medios de transporte hasta la manera en la que compramos. Quizás la única cosa que no ha cambiado sea que cada sociedad tiene sus tabúes – algunos religiosos, otros históricos. Y cada sociedad establece lo que supone la ruptura de esos tabúes.

En muchos casos, es a lo que nos oponemos, y no lo que apoyamos, lo que determina quiénes somos. Una postura o un conjunto de ropa pueden ser correctos en una sociedad pero tabú en otra cultura, porque los seres humanos, quienes, dependiendo de su Historia y de su cultura, tienen sus propios objetos de reverencia y su propio conjunto de tabúes.

Las agujas del reloj siguen moviéndose señalando el cambio del tiempo, pero las heridas de la Historia y de aquellos que causaron esas heridas nunca deberían ser olvidadas. Esa es la razón por la que las acciones de jóvenes y turistas no pueden ser atribuidas a su ignorancia sobre las leyes alemanas o su falta de entendemiento de la Historia reciente de su propio país, especialmente porque ocurren en lugares históricos.

Las acciones de esos jóvenes deberían traernos a la mente lo que ocurre en el Santuario de Yasukuni de Tokio, donde los “héroes de guerra” de Japón desde la Restauración Meiji – a finales del siglo XIX, incluidos 14 criminales de guerra de Clase A de la Segunda Guerra Mundial – son honrados. Los asistentes visten uniformes del Ejército Imperial Japonés y pueden ser vistos con facilidad por los alrededores del santuario como modo de prestar ofrenda a los “héroes de guerra” y a los “verdaderos patriotas” – es decir, señores de la guerra – de Japón.

Los alemanes, por otro lado, han prohibido todos los símbolos nazis y han declarado sus acciones como “ofensa criminal”. Han reconstruido su nación condenando las atrocidades cometidas por los nazis y han puesto en vigor estrictas leyes para castigar a la gente que use esos símbolos, sea cual sea la razón. Gracias a ello, la resurrección de Alemania dentro de la comunidad internacional se completó.

En contraste, Japón nunca ha iniciado siquiera un proceso de auto-introspección, pese a que sea conocido como la Tierra del Zen – que se centra en la meditación o “dhyana”, que en sánscrito simboliza una serie de estados cultivados de la mente que llevarían hacia un “estado de perfecta ecuanimidad y precaución”. Uno se imagina cómo pueden los japoneses alcanzar este estado “perfecto” sin la auto-introspección.

Sin condenar oficialmente a nadie por sus crímenes de guerra, Japón no se puede convertir en una nación normal. Y si Japón pretende ser una nación normal construyendo un Ejército, ello supondrá de nuevo una amenaza a la paz regional e internacional.

El saludo nazi realizado por los dos turistas chinos y la vestimenta del Ejército Imperial Japonés por parte de 4 jóvenes en Shanghai deben ser puestas en el vergonzoso vertedero de la Historia. Los crímenes contra la Humanidad cometidos por los nazis y las fuerzas japonesas deben seguir recordándonos que nunca debemos bajar la guardia contra el fascismo y sus símbolos.

Si el desarrollo pacífico de las últimas décadas debilita nuestra memoria acerca de los horrores del fascismo y las guerras, posiblemente acabaremos abriendo viejas heridas o infligiendo nuevas heridas en el siglo XXI.

Por Zhai Haijun

Periodista de “China Daily”

Entrevista a Juan Ramos (14/4/1982): “El eurocomunismo reduce al militante a pegar carteles y pedir votos”

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Juan Ramos fue secretario general del PCC entre 1982 y 1988. Posteriormente fue secretario general del PCPE entre 1988 y 2002.

Juan Ramos Camarero, secretario general del Partido de los Comunistas de Cataluña (PCC) – formado a partir de una escisión del PSUC – nació hace 38 años en Íllora (Granada). Afincado en Cornellá de Llobregat (Barcelona), ejerció durante años su profesión de maestro industrial metalúrgico en la empresa “Siemens”, ingresando en la década de 1970 en Comisiones Obreras (CCOO) y en el PSUC, si bien trabajó dentro de los sindicatos verticales y fue a la vez jurado de su empresa. En ambos organismos ha desempeñado cargos de responsabilidad, ya que ha sido secretario general de la Confederación del Metal de CCOO, miembro de la Comisión Ejecutiva Nacional de CCOO en Cataluña y del Consejo Confederal de CCOO. Perteneció al Comité Ejecutivo del PSUC hasta su expulsión en diciembre de 1981. Fue diputado en las Cortes de junio de 1977 y en la actual legislatura, dimitiendo para presentarse a las elecciones al Parlamento catalán, resultando diputado.

La aparición del Partido de los Comunistas de Cataluña (PCC) es consecuencia de la ruptura del partido que más acendradamente había venido proponiendo la unidad de la izquierda. ¿No es ello una contradicción?

En modo alguno, porque no hemos sido nosotros quienes hemos querido irnos, nos han echado y en ese sentido no nos incumbe la responsabilidad histórica. Pero además, se maneja frecuentemente un concepto falso de unidad. Hay, en primer lugar, alianzas que se establecen a nivel de coincidencias para la defensa de las libertades democráticas o del Estatuto, y en eso nos aliamos, sin hacerlo de forma vergonzante, con partidos como Convergència o ERC. Pero también hay alianzas de clase, con vistas a recuperar la hegemonía de la izquierda en Cataluña, perdida en las últimas elecciones, y estas alianzas no deben llevarse a cabo sino en función de propuestas políticas concretas, no en base a alianzas naturales con los socialistas, pongo por caso, porque no las hay. Unidad no puede significar en modo alguno dejación de principios políticos.

Cosa que, según el PCC, ha hecho el PSUC

En efecto, el proceso de la Transición se ha llevado a cabo bajo la hegemonía de la derecha. Eso, y la necesidad de llegar a amplias capas de la población, ha comportado que los partidos de izquierda – y también el PSUC – hayan hecho dejación de sus principios estratégicos para acentuar propuestas políticas que, desde un cierto oportunismo, constreñían la acción política al aparato del Estado olvidando al militante. Nosotros pretendemos no caer en ese electoralismo.

Sin embargo, el partido se presenta con vocación electoral y no testimonial

Naturalmente, porque no somos un partido marginal ni ajeno a Cataluña. Tenemos 7.500 militantes y podemos demostrarlo. Eso significa una implantación real en la sociedad. Y no decimos que vamos a recuperar los porcentajes de votos obtenidos hasta ahora porque la división del PSUC nos afectará negativamente, pero sí que creemos que podemos recuperar buena parte de la militancia perdida entre el año 1977 y la escisión.

Una pérdida de militancia considerable, ya que el PSUC llegó a contar con más de 40.000 carnés en 1978.

Sí, de 40.000 se pasó a 17.000 en el V Congreso del PSUC y a unos 12.000 o 13.000 en el momento de la escisión. Y eso es responsabilidad colectiva, no vamos a decir que exclusiva de los eurocomunistas, aunque ellos han tenido parte importante de culpa, porque el eurocomunismo representa un giro ideológico con consecuencias en el terreno organizativo. El eurocomunismo abandona la formación política e ideológica para hacer del militante un instrumento que pega carteles o pide votos. Nuestro reto es invertir eso y conseguir que el militante tenga vida de partido, aporte y discuta, que se sienta dirigente. Si lo conseguimos es seguro que quienes han abandonado la militancia aburridos, volverán.

¿Cuáles desearía que fueran sus relaciones con los partidos del Este?

De colaboración. No seríamos un partido serio si no mantuviéramos una actitud crítica frente a las experiencias socialistas.

Pero esa actitud no puede confundirse con hacer causa común con los imperialistas. No tenemos adhesiones ciegas, pero reconocemos el papel desempeñado por los países socialistas en el avance hacia el socialismo y en la lucha por la paz y el desarme a nivel mundial.

FUENTE: Diario “El País” (14 de abril de 1982)