Rusia pierde el juego político por Siria

Permitiendo los ataques de la coalición liderada por EEUU contra Damasco, Rusia ha perdido “de facto” el juego político por Siria. Los EEUU informaron a Rusia con antelación acerca de los ataques para evitar bajas rusas, pero de hecho la administración rusa no persigue sus intereses ni los de sus socios. Esto es una señal de debilidad, que será tenida en cuenta por los poderes occidentales. Rusia no ha sido capaz de impedir a los EEUU que hagan lo que quieran, lo que da luz verde a los poderes occidentales para futuras acciones militares – incluso si esas acciones militares llegan paulatinamente. Tras el ataque, los EEUU han declarado que se quedarán en Siria y que están preparados para atacar de nuevo en cualquier momento, así como han prometido sanciones adicionales contra Rusia.

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Fotografía de los misiles – lanzados por EEUU, Francia y Reino Unido – que cayeron sobre Damasco durante la madrugada del 14 de Abril de 2018.

¿Cuáles han sido los fallos de la Federación Rusa en el juego político sobre el ataque?

Los EEUU y Rusia han realizado sendas promesas respecto a sus acciones en el conflicto en Siria. Los EEUU han prometido acciones militares contra Siria mediante publicaciones de Trump en las redes sociales. Por el contrario, los rusos también han hecho promesas – finalmente en respuesta a los ataques hostiles contra sus aliados sirios. Rusia ha ido tan lejos que ha llegado a afirmar que responderán con fuego si son atacados.

Respecto a este juego de poder solo puede haber un ganador de la geoestrategia: EEUU o Rusia.

Pese a que no estaba claro hasta el último minuto y parecía que Trump se rendiría, regresó al juego la noche del 14 de Abril y disparó misiles sobre Siria.

¿Pero qué salió mal?

Rusia no es capaz de jugar lo suficiente en el conflicto. Rusia fue presionada de nuevo y trataron de engatusarla con “ayudas económicas” de EEUU. Y tanto Trump como los líderes occidentales llamaron a Putin para comunicarle su decisión de atacar a Siria. Putin les dio luz verde.

¿Cuál debería haber sido entonces su respuesta?

En primer lugar, Putin debería haber perseguido su interés nacional y decirle a los líderes occidentales por teléfono que cualquier ataque contra los aliados de Rusia sería respondido con contraataques de las Fuerzas Armadas rusas. Cualquier debilidad en las negociaciones con los Estados occidentales será utilizada por ellos y guardada para el futuro.

Además, Rusia debería haber amenazado a los EEUU con atacar sus bases militares en las áreas controladas por los kurdos, puesto que están en Siria sin ningún tipo de legitimidad. Una confrontación con ellos es inevitable en cualquier caso, y solamente es cuestión de tiempo.

Rusia debería haber creado también una zona colchón en la costa de Siria con sus buques militares y que los cazas rusos sobrevolaran constantemente sobre los buques estadounidenses para crear una atmósfera de temor.

Y, por supuesto, Rusia ha cometido nuevamente el error de confiar en Occidente respecto a los sistemas S-300 y S-400, que no han sido desplegados en Siria. Mientras países como Turquía o Arabia Saudí (por cierto, junto a los EEUU, responsables del colapso del precio del petróleo y del rublo), quienes de hecho son enemigos geopolíticos de Rusia, han podido desplegar (previa compra) los sistemas S-400, éstos no han sido desplegados en Siria. Los líderes occidentales presionan a Rusia para que no despliegue dichos sistemas. Sin embargo, hemos podido comprobar que ni una sola palabra de ningún líder occidental puede ser tenida en confianza y ellos saben por qué intentan forzar estas políticas.

Con todo, Rusia debería haber desplegado sistemas S-300 y S-400 en Siria para prevenir cualquier ataque a cualquier posición. La cuestión no es acerca de qué posiciones han sido golpeadas, sino que éstas han sido golpeadas y ello debilita la posición rusa. Y esto es una señal a los aliados y posibles aliados de Rusia.

Rusia debería haber desplegado a su personal militar hacia cualquier posición estratégica para generar todavía más miedo a los EEUU en la escalada del conflicto con Rusia si Washington ataca a cualquier soldado ruso. Y, por supuesto, cuando Occidente preguntó por la luz verde para sus objetivos, Putin debió haber dicho que en todas partes hay soldados rusos en el terreno y que no abandonarán sus posiciones, cueste lo que cueste. Por lo tanto, sería su problema si matan a alguien y hacen escalar el conflicto hacia una guerra total con Rusia.

Además, Putin tuvo la posibilidad de jugar la carta de Ucrania en este poker diciendo que cualquier ataque en Siria cancelaría los Acuerdos de Minsk-2 por la parte rusa.

Rusia y Putin han tenido más de una carta para jugar en este poker de la geoestrategia – sin embargo, no han jugado ninguna de ellas. Ahora, la máquina de la propaganda trata de esconder el hecho de que no hubo una respuesta adecuada a las amenazas occidentales mediante los misiles derribados y la falta de un ataque a escala total sobre Siria. Sin embargo, la Historia tiene que ser escrita todavía y el debilitado ajedrez político de Rusia puede hacer todavía más posibles futuros ataques sobre Siria.

Pese al hecho de que Rusia ha perdido el juego político por Siria, siguen siendo capaces de ganar la guerra en Siria con sus aliados del gobierno, pero no saldrán fortalecidos de este conflicto. En su lugar, Rusia ha probado mediante su ausencia de acción militar que no son capaces de actuar como una superpotencia a escala global. En lugar de perseguir sus intereses, Rusia se inclinó ante el enemigo e incluso trató de confiar en las instituciones internacionales, las cuales no merecen la pena, en lo tocante a la geoestrategia. Por lo tanto, debemos reconsiderar la posición de Turquía, indecisa entre una alianza con Rusia y China o con los EEUU. Si Rusia no es capaz de proteger los intereses y el territorio de sus aliados, ¿por qué debería Turquía o cualquier otro socio unirse a una alianza con Rusia?

Por Tobias Nase

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Comunicado de Poble Lliure tras la aplicación del 155 ante la situación en Catalunya

poblelliure-logo_transEl Gobierno español, con el apoyo de los partidos que apuntalan el régimen corrupto surgido de la Transición post-franquista, ha apostado por la “solución final” respecto al reto democrático planteado por el pueblo catalán: el golpe de Estado y la liquidación de la democracia.

La pretensión de destituir al legítimo Gobierno catalán, intervenir los medios de comunicación, amenazar a los trabajadores públicos y purgar la administración, destruir el sistema educativo y convocar nuevas elecciones prohibiendo determinadas opciones política, después de encarcelar a líderes independentistas catalanes, solamente tiene un nombre: FASCISMO.

Esta no ha sido solamente la respuesta de un gobierno, sino la de todo un aparato de Estado, comenzando por un rey de la dinastía que accedió por primera vez a la corona arrasando los Països Catalans a sangre y fuego, y que se restauró por decisión del dictador Francisco Franco. Continuando por una judicatura y unos tribunales de excepción herederos del régimen fascista. Y acabando con unos medios de comunicación puestos alrededor del mundo como ejemplo de manipulación y de falta absoluta de credibilidad.

estelada-grogaComo el independentismo llevaba denunciando desde hace décadas, el régimen de 1978 no era nada más que un lavado de cara al régimen de 1939 (la dictadura franquista y sus oligarcas) y, ahora, con un pueblo catalán movilizado de manera masiva, cívica y democrática, no ha tenido más remedio que mostrar su verdadera cara.

Llegados a este punto, se hace evidente que la única manera de avanzar en el camino de la democracia y de defender los derechos, libertades e instituciones de nuestro pueblo frente a los intentos de aniquilación política, social y cultural es la inmediata proclamación de la República Catalana.

Proclamación que, ante la vergonzosa actuación de los burócratas de la Unión Europea – un club cada vez más antidemocrático y dispuesto a proteger solamente los intereses de las oligarquía – deberá ser defendida con las mismas grandes dosis de movilización popular: cívica y masiva que nos ha traído hasta donde nos encontramos: a un paso de la libertad.

La desobediencia civil, un pueblo unido y movilizado en defensa de sus instituciones, y el apoyo de todos los demócratas alrededor del mundo, harán posible una República que no solamente será la herramienta para construir un futuro de justicia y libertad para el pueblo catalán, sino que supondrá una puerta abierta a la democracia para el resto de pueblos actualmente oprimidos por el régimen monárquico y post-franquista español:

Así, desde Poble Lliure:

  • Emplazamos al Govern y al Parlament de Catalunya a proclamar inmediatamente la República Catalana, tal y como disponen las leyes del Referéndum y de Transitoriedad Jurídica aprobadas los días 6 y 7 de septiembre, y después de la victoria aplastante del “Sí” el día 1 de Octubre.
  • Llamamos al conjunto del pueblo catalán, nuestras entidades, sindicatos y sociedad civil en general a la movilización en defensa de nuestras instituciones, de la República Catalana, por la salida de las fuerzas de ocupación españolas, por la libertad de los presos políticos y para abrir el proceso constituyente de la nueva República.
  • Llamamos a los gobiernos democráticos de todo el mundo, a las organizaciones internacional y a las fuerzas progresistas a reconocer inmediatamente a la República Catalana, a denunciar la represión y a promover sanciones y boicots contra la deriva fascista del Estado Español.

Barcelona, Països Catalans

22 de Octubre de 2017

(Puedes leer el comunicado original en catalán haciendo click AQUÍ)

El tiro por la culata

chinaDesde hace quizá cientos de años, los EEUU vienen sancionando al mundo entero. Algunas de esas sanciones se han traducido en guerras e invasiones, tales como la invasión de Japón en la década de 1870, o la invasión de la isla de Granada, luego del desastre de Vietnam, y para levantar la moral de las tropas estadounidenses, que pretextaron la construcción de una pista de aterrizaje en la isla por trabajadores cubanos y la construcción de hornos de pan, que según dijeron eran una “amenaza” para los EEUU.

Otras veces esas sanciones se tradujeron en tratar de ahogar la economía de algunos países que no aceptaban la tutela de los EEUU, y otras simplemente consistían en no reconocer la legitimidad de las autoridades de algún país o su legalidad. Un caso paradigmático fue lo que sucedió con la República Popular China, luego del triunfo de la revolución en 1949. El Ejército Popular de Liberación chino había conquistado todo el territorio continental de China, y las tropas fugitivas del ejército de Chiang Kai-shek se refugiaron en la isla de Taiwán y algunas islas menores. En el territorio continental habitaban 800 millones de personas, y en Taiwán alrededor de 17 millones. Sin embargo, la tradicional torpeza de la diplomacia yanqui dispuso que la “verdadera” China era la de Taiwán y que en el Consejo de Seguridad de la ONU, que estaba compuesto por los cinco “grandes” que habían ganado la guerra, la representación china era la de Taiwán, que “representaba a todo el pueblo chino”.

Con mayor sensatez, muchos países fueron aceptando al Gobierno chino representado por Mao Zedong y comenzaron a comerciar con la República Popular China, a la cual los imperialistas seguían llamando “China Comunista”, en oposición a la “China Nacionalista”, según los imperialistas: “la verdadera China”. Esta situación se hizo tan ridícula que fue el presidente Richard Nixon quien viajó a China y se entrevistó con Mao Zedong, y en esa ocasión las cosas se pusieron en su lugar. La República Popular China recuperó el asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU y el mundo entero aceptó esa situación. Se reconoció que solo había una China, y algunos – como los EEUU – siguieron manteniendo relaciones “no diplomáticas” con Taiwán, a la cual convirtieron en una inmensa base militar y fuente de provocaciones hacia la verdadera China, pero les salió el tiro por la culata. China se convirtió en la principal potencia industrializada del mundo, y los navíos mercantes chinos están en todos los puertos del mundo descargando los productos manufacturados chinos. ¿De qué sirvió esa política del Imperio? De nada.

Estamos en 2017 y el Imperio parece no haber aprendido nada de las lecciones de la Historia. Ahora intenta sancionar a China, a Rusia, a la República Popular Democrática de Corea y a Irán. Pero el tiempo ha pasado, y los EEUU han perdido definitivamente la hegemonía. Los países sancionados han elaborado una estrategia consistente en no utilizar más el dólar como moneda de medida de su comercio y utilizar sus monedas nacionales, además de desligarse del sistema SWIFT, que consiste en la posibilidad de utilizar el dólar estadounidense y fijar unos medios de compensación bancaria controlados por los EEUU, que obliga a sus usuarios a que todas las operaciones de su comercio exterior pasen por bancos estadounidenses, los cuales cobran jugosas comisiones. Esto está a punto de acabarse, ya que los sancionados acaban de crear su propio sistema de compensación en sus monedas nacionales, y parece que los países BRICS (Brasil, Rusia, China, India y Sudáfrica) se adherirán al mismo. Se trata de un tráfico comercial de 100.000 millones de dólares anuales (no es moco de pavo) que los bancos estadounidenses dejarán de pasar por sus ventanillas. Esto es una herida de muerte para el Imperio, que seguirá recibiendo tiros por la culata. Con Trump o sin él, el Imperio se hunde. Tenía razón Mao cuando decía que el imperialismo era un tigre de papel. Ahora, ese tigre ha perdido sus dientes.

Por Darío Herchhoren

Urge reconstruir el anti-imperialismo

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Tras los atentados y fatídicos sucesos en nuestra tierra (Alcanar, Barcelona, Cambrils) de ahora hace ya dos semanas, estamos viviendo un encendido debate de actualidad al respecto de términos y cuestiones tales como la geopolítica, la seguridad, el terrorismo yihadista, la religión, el racismo y la islamofobia, las guerras o conflictos abiertos en Oriente Medio… Asuntos complejos que requieren de un profundo análisis y reacción por parte de los movimientos sociales y de la izquierda anticapitalista, para no dejar espacio a discursos xenófobos, oportunistas, que redunden en el beneficio político de las élites.

En este sentido, la masiva manifestación del pasado sábado ha sido un ejemplo del elevado nivel de conciencia y de respuesta por parte del pueblo catalán, que supo señalar coherentemente a los culpables y cómplices directos del yihadismo, esto es, a Felipe VI y al Gobierno español, por sus negocios con Arabia Saudí, por su participación en las guerras imperialistas de Afganistán e Irak, etc.

Así, tenemos una oportunidad inmejorable para poner sobre la mesa un discurso alternativo y rupturista, que conecta directamente con el debate subyaciente del papel y posición de la futura República Catalana, de la necesidad de romper vínculos con la Unión Europea y la OTAN, de nacer como un país de paz y de acogida, solidario con los pueblos del mundo. Pero para conseguirlo, naturalmente hemos de trabajar y luchar valientemente para llegar a disputar y ganar la hegemonía en muchos frentes, como en este. La citada manifestación es un paso adelante en la dirección correcta, como lo es también el importante papel de entidades como la Crida Internacionalista o la Plataforma Unitaria y Popular Contra la Guerra y la OTAN, pero hay que repensar y mucho el anti-imperialismo de nuestras izquierdas, ¡urge reconstruirlo!

Para hacerlo, hay que superar de una vez teorías posmodernas y posiciones equidistantes nocivas, de solidaridades intermitentes, de simplificaciones, de inocentes consignas vacías, como también de ciertos apoyos acríticos, a ambos lados. Hemos de ir más allá y construir un verdadero internacionalismo. Esto no puede tolerar más tiempo la frialdad con el imperialismo y su guion alrededor del mundo, normalizando discursos aberrantes que lideran figuras como Santiago Alba Rico, Leila Nachawati (presente en la Escuela de Verano de la CUP), entre otros, que consciente o inconscientemente ayudan a reforzar sus planteamientos en todos y cada uno de los escenarios.

No podemos caer permanentemente en su trampa, tal como ocurrió en los últimos casos de Libia, Siria o Ucrania, cuando la izquierda catalana estuvo ausente, salvo honrosas excepciones. Y podemos ver los funestos resultados de estas agresiones que algunos quisieron – y continúan haciéndolo – vender como pretendidas revoluciones, pese a la obvia exportación imperialista de la estrategia ya más que conocida de las “revoluciones de colores” para maquillar y tapar sus intereses y movimientos tras la escena.

Tal y como dijo durante un discurso nuestro estimado Ernesto Che Guevara, ahora hace 53 años pero tan vigente como entonces: “Y la estatua que recuerda a Lumumba – hoy destruida, pero mañana reconstruida – nos recuerda también, en la historia trágica de ese mártir de la revolución en el mundo, que no se puede confiar en el imperialismo, pero ni tantico así, ¡nada!”

Ciertamente no podemos confiar, y además tenemos que romper su discurso, construyendo un muro de solidaridad entorno a cualquier pueblo agredido, ya sea la República Popular Democrática de Corea, Venezuela, Cuba, Palestina, Siria-Kurdistán, Yemen o las Repúblicas Populares del Donbass. Es nuestro deber revolucionario luchar contra esto y consolidar un potente movimiento anti-imperialista que no dude nunca, que no retroceda, que no sea equidistante, que siempre esté en pie por un pueblo libre y por la solidaridad internacionalista con todos los pueblos del mundo.

Ello lo hemos de hacer entre todos, superando diferencias, con debates constructivos, trabajando conjuntamente y con la práctica diaria, tal y como ya se hace, por ejemplo, en la Plataforma. Solamente así podemos garantizar que daremos la respuesta adecuada y a la altura de las circunstancias, y que estaremos preparados para encarar los siguientes retos como pueblo para la construcción de una República Catalana solidaria y anti-imperialista.

Por Alejandro García

Miembro del Grupo Promotor de la “Crida Comunista”

El nuevo trotskismo

trotskismo2b22bcopiaLas posiciones políticas del actual Partido Comunista de Grecia (KKE) y sus partidos títere con respecto al anti-imperialismo los sitúan en el mismo campo político que el trotskismo tradicional.

Ellos han concebido una teoría dogmática y antidialéctica según la cual no puede haber sectores de la burguesía nacional o de la pequeña burguesía en los países dependientes que puedan jugar un papel contra el imperialismo. Consideran que cualquier gobierno con participación de sectores de esta burguesía tienen que estar integrados necesariamente en uno de los bloques imperialistas.

Esto es un dogma que contradice los principios leninistas con respecto al imperialismo y también toda la tradición del Movimiento Comunista con respecto a esta cuestión.

He aquí la exposición clara y didáctica del camarada Stalin con respecto a la cuestión:

“El carácter revolucionario del movimiento nacional, en las condiciones de la opresión imperialista, no presupone forzosamente, ni mucho menos, la existencia de elementos proletarios en el movimiento, la existencia en éste de una base democrática. La lucha del Emir de Afganistán por la independencia de su país es una lucha objetivamente revolucionaria, a pesar de las ideas monárquicas del emir y de sus partidarios, porque esa lucha debilita al imperialismo, lo descompone, lo socava… La lucha de los comerciantes y de los intelectuales burgueses egipcios por la independencia de Egipto es, por las mismas causas, una lucha objetivamente revolucionaria a pesar del origen burgués y de la condición burguesa de los líderes del movimiento nacional egipcio, a pesar de que estén en contra del socialismo… Y no hablo ya del movimiento nacional de otras colonias y países dependientes más grandes, como la India y China, cada uno de cuyos pasos por la senda de la liberación, aun cuando no se ajuste a los requisitos de la democracia formal, es un terrible mazazo asestado al imperialismo, es decir, un paso indiscutiblemente revolucionario.”

La fidelidad a este dogma antimarxista les lleva a considerar como enemigos integrados en un polo imperialista a gobiernos como el de Venezuela o Bolivia, contradiciendo la postura de apoyo a los comunistas de estos países a sus respectivos gobiernos en su lucha anti-imperialista o la solidaridad anti-imperialista de la práctica totalidad del Movimiento Comunista Internacional. También consideran “imperialistas” a estructuras económicas y políticas como el ALCA, al que pertenece Cuba.

El caso de Siria es especialmente sangrante. El pueblo sirio, con su Ejército y su Gobierno al frente, están afrontando la mayor agresión del imperialismo desde la Guerra de Vietnam. Los comunistas sirios están integrados en este gobierno a través del Frente Nacional Progresista. Sin embargo, estos iluminados consideran a este gobierno como “imperialista” y a la lucha del pueblo sirio como una lucha “interimperialista”.

Su dogmatismo también les hace considerar el socialismo como algo cerrado y acabado, y no como una etapa de transición en evolución sujeta a múltiples factores internos y externos. Por eso consideran a la República Popular Democrática de Corea como “no socialista” o que se está restaurando el capitalismo en países como Cuba o Vietnam. Sus posiciones coinciden absolutamente con el trotskismo tradicional y, por eso, hay que situarlos en ese campo ideológico y político.

Por José Koba

Los símbolos fascistas no tienen lugar en la sociedad

Dos turistas chinos han sido detenidos recientemente en Berlín por hacer el saludo nazi mientras posaban para dos fotógrafos frente al “Reichstag”, el Parlamento de Alemania, el pasado sábado 12 de agosto. Tres días después, el Museo contra la Agresión Japonesa en el Almacén Sihang de Shanghai realizó un comunicado criticando a cuatro jóvenes chinos por vestir uniformes del Ejército Imperial Japonés y posar para fotos en el almacén, defendido exitosamente por fuerzas chinas contra los invasores japoneses a finales de 1937, y calificando su acto como “blasfemia imprudente”.

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Los jóvenes son ciudadanos de un país en el cual más de 35 millones de personas murieron o fueron heridas en la Segunda Guerra Mundial y está, de forma inadvertida, reabriendo viejas heridas.

El mundo se ha enfrentado a brutales y radicales cambios desde aquellos días de horror sin fin. Y casi todo ha cambiado, desde el interior de los hogares hasta los exteriores de los edificios, desde nuestros medios de transporte hasta la manera en la que compramos. Quizás la única cosa que no ha cambiado sea que cada sociedad tiene sus tabúes – algunos religiosos, otros históricos. Y cada sociedad establece lo que supone la ruptura de esos tabúes.

En muchos casos, es a lo que nos oponemos, y no lo que apoyamos, lo que determina quiénes somos. Una postura o un conjunto de ropa pueden ser correctos en una sociedad pero tabú en otra cultura, porque los seres humanos, quienes, dependiendo de su Historia y de su cultura, tienen sus propios objetos de reverencia y su propio conjunto de tabúes.

Las agujas del reloj siguen moviéndose señalando el cambio del tiempo, pero las heridas de la Historia y de aquellos que causaron esas heridas nunca deberían ser olvidadas. Esa es la razón por la que las acciones de jóvenes y turistas no pueden ser atribuidas a su ignorancia sobre las leyes alemanas o su falta de entendemiento de la Historia reciente de su propio país, especialmente porque ocurren en lugares históricos.

Las acciones de esos jóvenes deberían traernos a la mente lo que ocurre en el Santuario de Yasukuni de Tokio, donde los “héroes de guerra” de Japón desde la Restauración Meiji – a finales del siglo XIX, incluidos 14 criminales de guerra de Clase A de la Segunda Guerra Mundial – son honrados. Los asistentes visten uniformes del Ejército Imperial Japonés y pueden ser vistos con facilidad por los alrededores del santuario como modo de prestar ofrenda a los “héroes de guerra” y a los “verdaderos patriotas” – es decir, señores de la guerra – de Japón.

Los alemanes, por otro lado, han prohibido todos los símbolos nazis y han declarado sus acciones como “ofensa criminal”. Han reconstruido su nación condenando las atrocidades cometidas por los nazis y han puesto en vigor estrictas leyes para castigar a la gente que use esos símbolos, sea cual sea la razón. Gracias a ello, la resurrección de Alemania dentro de la comunidad internacional se completó.

En contraste, Japón nunca ha iniciado siquiera un proceso de auto-introspección, pese a que sea conocido como la Tierra del Zen – que se centra en la meditación o “dhyana”, que en sánscrito simboliza una serie de estados cultivados de la mente que llevarían hacia un “estado de perfecta ecuanimidad y precaución”. Uno se imagina cómo pueden los japoneses alcanzar este estado “perfecto” sin la auto-introspección.

Sin condenar oficialmente a nadie por sus crímenes de guerra, Japón no se puede convertir en una nación normal. Y si Japón pretende ser una nación normal construyendo un Ejército, ello supondrá de nuevo una amenaza a la paz regional e internacional.

El saludo nazi realizado por los dos turistas chinos y la vestimenta del Ejército Imperial Japonés por parte de 4 jóvenes en Shanghai deben ser puestas en el vergonzoso vertedero de la Historia. Los crímenes contra la Humanidad cometidos por los nazis y las fuerzas japonesas deben seguir recordándonos que nunca debemos bajar la guardia contra el fascismo y sus símbolos.

Si el desarrollo pacífico de las últimas décadas debilita nuestra memoria acerca de los horrores del fascismo y las guerras, posiblemente acabaremos abriendo viejas heridas o infligiendo nuevas heridas en el siglo XXI.

Por Zhai Haijun

Periodista de “China Daily”

Comunicado de solidaridad del PCPE ante las amenazas del imperialismo

descargaLos últimos acontecimientos en Venezuela se sitúan en el proyecto de la oligarquía venezolana y del imperialismo, principalmente de EEUU, para pasar de la injerencia a la intervención sin máscara.

Continuando con la escalada de violencia de los grupos fascistas que coordinan sus acciones con una provocadora convocatoria de la Asamblea Nacional para intentar frenar el ensayo electoral convocado por el Consejo Nacional Electoral (CNE) para la jornada del 30 de julio, donde se elegirán a los delegados de la Asamblea Nacional Constituyente, hace que el imperialismo anuncie medidas de intervención económica que pueden preludiar la militar.

La batería mediática arrecia incluso con la posibilidad de que la Asamblea Nacional nombre un gobierno paralelo que pueda ser reconocido por los gobiernos de países imperialistas y satélites, que vayan creando nuevos elementos para “legalizar” la intervención. La puesta en escena de cinco ex-presidentes latinoamericanos (a los que se les ha pagado 25.000 dólares para el viaje) en la convocatoria de la Asamblea Nacional, es otro aspecto de esta escenificación. Es necesario recordar cómo se produjo el golpe de Estado de abril de 2002, cuando varios gobiernos – entre ellos el presidido por Aznar – reconocieron inmediatamente al gobierno golpista de Carmona. En estas coordenadas de intentar generar una situación de caos, también el anuncio de los golpistas (y antihuelgas obreras) de convocatorias de huelga general para varios días, añade otro elemento de confrontación para esa fecha.

El Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE) denuncia, pues, la grave escalada del imperialismo contra el proceso bolivariano y contra su convocatoria de Asamblea Nacional Constituyente del 30 de julio, que va a tratar de impedir por todos los medios.

El PCPE se solidariza con el pueblo bolivariano para derrotar definitivamente los planes de golpe de Estado y de intervención militar imperialista.

El PCPE considera que la agudización de la lucha de clases en Venezuela requiere del más amplio frente anti-imperialista en el propio país y a nivel internacional. La Jornada Internacionalista del pasado 14 de julio, que en el Estado Español también se materializó en múltiples actividades en diferentes localidades, debe ser un elemento de permanente manifestación internacionalista.

El PCPE apoya la propuesta de los camaradas del Partido Comunista de Venezuela (PCV) de aprovechar la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente para que el proceso bolivariano avance hacia la consecución del poder obrero y popular en la única senda que garantiza la victoria: el socialismo.

Secretaría Internacional del PCPE

22 de Julio de 2017