Rusia y China socavan el dominio de EEUU en América Latina

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Joaquín Flores, director de “Fort Russ” y autor del artículo.

Los funcionarios de los EEUU están tratando de fortalecer los lazos con los países latinoamericanos al socavar a los gobiernos socialistas y defensores de su soberanía nacional en la región. Al mismo tiempo, señala la revista “Foreign Policy”, la Casa Blanca está muy atenta a las acciones de Rusia y China en esa región, e incluso está tomando medidas de resiliencia en su actividad en el “patio trasero”.

La citada revista es una fuente útil para comprender los puntos de conversación del Imperio Norteamericano, empaquetados para expertos y políticos. El medio que dirijo, “Fort Russ”, entiende lo que términos como “fortalecer” significan, en términos prácticos. Por ejemplo, la revista recuerda que el Jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea estadounidense, el general David Goldfein, quien visitó recientemente Colombia, dijo que la administración de Trump está tomando medidas para fortalecer alianzas en América Latina que son parte de una resistencia a Rusia y China en el “patio trasero de los EEUU”.

Al mismo tiempo, éstas son preocupaciones muy reales, y preocupaciones que persistirán mientras los EEUU continúen entrometiéndose en el “patio trasero” de Rusia y China, respectivamente. En particular, el general estadounidense advirtió que los países latinoamericanos corren el riesgo de perder la oportunidad de participar en las operaciones militares de los EEUU y sus aliados si dejan de comprar equipamiento militar estadounidense y se trasladan a otros mercados armamentísticos. Lo que realmente está en discusión aquí no se discute: quien compre armas a Rusia y/o China será el blanco de las armas y operaciones de los EEUU.

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El problema con el historial de los EEUU es que comprar armas norteamericanas y no comprar armas rusas ni chinas no ha protegido de ser atacados a gran número de Estados por todo el mundo, una vez que los EEUU encontraran la “asociación” como un obstáculo para cualquier razón que surja. Por lo tanto, los gobiernos socialistas y soberanistas en el llamado “mundo en vías de desarrollo”, cuyos gabinetes y personal militar son dirigidos por pensadores críticos independientes, pueden hacer un análisis de coste-beneficio relativamente simple y ver que o se comprometen con los EEUU o se inclinan ante sus deseos no pagando a medio y largo plazo.

Sin embargo, de acuerdo con “Foreign Policy”, el viaje del general Goldfein forma parte de algunos ostensiblemente “grandes esfuerzos” de las autoridades estadounidenses para fortalecer las alianzas con los países de la región, mientras tratan de enfrentar una serie de amenazas a su llamada “seguridad nacional”: el terrorismo, el narcotráfico, la crisis económica en Venezuela y la crisis migratoria.

Hablando sobre las actividades de Moscú y Beijing durante su visita de 2 días a Colombia, el Jefe del Estado Mayor aclaró rápidamente la posición de su país sobre el tema:

“En lo relativo a China y Rusia, estamos buscando cooperación donde podamos y retrocediendo agresivamente donde debemos”, dijo Goldfein. “Mantenemos una estrecha vigilancia sobre sus actividades a nivel mundial, pero ciertamente mantenemos un ojo sobre sus actividades en América Latina.”

Según varios expertos, los EEUU reconocen que China y Rusia están comenzando a influir en los países de América Latina en términos económicos y militares.

Al hablar de China, se indica que utilizan el comercio y la inversión en apoyo de sus intereses geopolíticos, ya que Beijing quiere obtener acceso a las reservas petrolíferas de la región. Hoy en día, el Gigante Asiático ya se ha convertido en el principal importador de “oro negro” de 5 países latinoamericanos. Por lo tanto, frustra completamente los intentos yanquis de imponer sanciones a los países exportadores de petróleo, dado que la demanda de China en términos absolutos es mayor y solo muestra signos de crecimiento.

Sin embargo, Rusia también se considera un actor serio en esta parte del mundo, ya que recibe miles de millones de dólares por vender armas a países de la región. La ironía es esta: los antecedentes de invasión e intervención de los EEUU durante los últimos 100 años en América Latina son bien conocidos. Por lo tanto, han creado el mercado para la compra de armas rusas y chinas como un subproducto de sus intentos de capturar la mano de obra y los recursos naturales de los países latinoamericanos.

Los analistas de “Foreign Policy” afirman que Rusia y China apoyan a los países que, supuestamente, violan los derechos humanos y muestran hostilidad hacia los EEUU: Venezuela, Nicaragua o Bolivia. Así, en resumen, Rusia y China pretenden socavar el dominio estadounidense en Latinoamérica a través del apoyo de los “regímenes que violan los derechos humanos”.

Este es el discurso estándar del “imperialismo de los derechos humanos”, pero debe esperarse de “Foreign Policy”. La revista fue fundada en 1970 por Samuel Huntington, mejor conocido por su “Teoría del Choque de Civilizaciones”, que le dio la apariencia de credibilidad académica o intelectual dentro de la administración crecientemente neoconservadora de George W. Bush. En los últimos años fue comprada por “The Washington Post Company”, ahora conocida como “Graham Holdings Company”, que ha estado en guerra abierta contra “Fort Russ” desde 2016.

En conclusión, podemos ver que los EEUU están realmente preocupados por las consecuencias de sus acciones en América Latina que, en el transcurso de las últimas dos décadas, se convirtieron en un bloque cada vez más soberano de países de mercado común, cuya dependencia de los EEUU continúa disminuyendo. Si bien estas preocupaciones necesariamente estarán enmarcadas en el lenguaje de “fortalecer los lazos” y “combatir los regímenes”, debajo de esta apariencia ideológica podemos ver una tendencia muy real y emergente de que el Imperio percibe algo que debe preocuparles mucho.

Por Joaquín Flores

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Las llagas del Ulster siguen abiertas por los atroces crímenes cometidos por los británicos

Una jueza católica llamada Siobhan Keegan abrió este lunes en Belfast la investigación judicial sobre la muerte de 10 civiles en Ballymurphy por disparos del Ejército británico, hace 47 años. Si la magistrada decide que las víctimas murieron por acciones ilegales, el veredicto podría llevar al procesamiento de ex-militares.

La investigación durará unos 6 meses y convocará a decenas de testigos. Los hechos ocurrieron a lo largo de 3 días, coincidiendo con la “Operación Demetrius”, que desde las 4:00 de la madrugada del 9 de agosto consistió en el despliegue de policías apoyados por soldados para encarcelar sin juicio previo a 342 sospechosos de pertenecer al IRA, que había iniciado un año antes su campaña armada contra las fuerzas de seguridad británicas y contra paramilitares protestantes.

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Mural elaborado en recuerdo a las víctimas de Ballymurphy.

Al extenderse en los vecindarios católicos y republicanos la noticia de la redada, se levantaron barricadas y se produjeron graves disturbios. Hubo explosiones de bombas, disparos y enfrentamientos callejeros. También en Ballymurphy, un distrito del oeste de Belfast, bastión de los republicanos irlandeses, afectado por el desorden desde agosto de 1969.

Soldados del Regimiento Paracaidista británico, apostados en diferentes puntos del barrio, habrían matado entre otros a un joven de 19 años llamado Francis Quinn cuando asistía a un herido; al sacerdote Hugh Mullan, de 38, que acudió al mismo lugar con un pañuelo blanco tras advertir a las autoridades militares; a una madre de 8 hijos llamada Joan Connolly…

Los familiares de los fallecidos han mantenido una larga campaña para reabrir una investigación que la Policía Militar cerró en 1972 exonerando a los soldados, quienes alegaron que las víctimas utilizaron sus armas o cayeron como consecuencia del fuego cruzado. Han investigado con materiales forenses lo ocurrido en aquellos días con gran detalle.

Un documental emitido por la cadena de televisión británica “Channel 4” avalaba recientemente la inocencia de las víctimas y ofrecía una explicación alternativa.

Un oficial del Ejército británico llamado Frank Kitson había elaborado, tras su experiencia contrainsurgente en Malasia y Kenia contra sus respectivos movimientos de liberación nacional, una estrategia de combate en guerras de baja intensidad que incluía intimidaciones sistemáticas a la población civil. El mismo Regimiento de Paracaidistas mató a 14 personas un año después en Derry, reprimiendo una manifestación inicialmente pacífica, en un hecho que después sería tristemente conocido como “Bloody Sunday” o Domingo Sangriento.

Aunque parece indudable que la guerra híbrida – combinando medios políticos y represión tanto legal como ilegal de la resistencia armada – logró mermar drásticamente la operatividad del IRA Provisional en las décadas posteriores, aquellas masacres agudizaron el conflicto armado.

Según la base de datos de Malcolm Sutton, en el Archivo del Conflicto de Irlanda del Norte en Internet (CAIN), en 1969 hubo 16 víctimas mortales; en 1970, 26; en 1971, 171; en 1972, 480; en los 4 años siguientes, 1.100. Lo ocurrido en Derry y Ballymurphy es parte importante del nudo argumental que justifica al IRA, que mató a casi la mitad de las 3.500 víctimas del conflicto.

El gobierno conservador de Edward Heath envió al Ejército británico a las calles católicas y republicanas de Irlanda del Norte en 1969 y las imágenes de aquel tiempo muestran a vecinos católicos recibiendo a los soldados como protectores, ofreciéndoles té y simpatía. El IRA se escindió entre una tendencia izquierdista que rechazaba la lucha armada y otra, el IRA Provisional, con experiencia militar y haciendo acopio de armas.

Un francotirador del IRA mató por primera vez a un soldado, Robert Curtis, de 20 años, en febrero de 1971, cuando controlaba unos disturbios. Asesinó días después a 6 civiles protestantes con una bomba contra su vehículo. Antes del 9 de agosto se había cobrado 19 vidas, entre ellas las de 10 soldados británicos. El Ejército británico había matado a 7: dos miembros del IRA y 5 civiles en disturbios.

Mandos militares no han logrado que el Gobierno británico apruebe una ley que limite la responsabilidad penal de sus soldados por el tiempo transcurrido desde los hechos. Se quejan de su desventaja con respecto a las investigaciones de los crímenes del IRA porque el Ejército guarda registros de su actividad. La jueza Keegan se ha quejado de la falta de colaboración por parte de las instituciones militares británicas para proveer documentos.

Ministros británicos han explorado la posibilidad de una amnistía como la que se aprobó en España en 1977, para poner fin a la carga de las investigaciones históricas. Grupos de víctimas no lo aceptan, y la reconstrucción de las instituciones norirlandesas del Acuerdo de Viernes Santo de 1998 tropieza con el desencuentro entre los unionistas del DUP (socios de gobierno de Theresa May en Londres) y el Sinn Féin (asociado al IRA) sobre cómo tratar el “legado” del conflicto.

FUENTE: “El Comercio”

Gibraltar desde el nacionalismo andaluz de izquierda: mirando el conflicto con otros ojos (II)

La Segunda Restauración Borbónica (1975) quiso superar anteriores errores con la ansiedad atlantista de una utilización conjunta de la base militar y con el horizonte de la integración europea de otro lado. La OTAN, por cierto, o bien mira para otro lado o bien guarda un cómplice silencio en el conflicto existente entre dos de sus socios, a sabiendas de que con uno u otro su militarismo siempre estará omnipresente.

De otra parte, hoy por hoy, la cuestión gibraltareña no debe convertirse en una mera guerra de banderas de unos mutuos intereses estatales capaces de utilizarse en uno u otro beneficio desde los respectivos gobiernos en liza. Como tampoco podrían imaginar aquellos andalucistas históricos que, cien años después y con un autogobierno con instituciones propias, toda una Junta de Andalucía abiertamente competente en materia de aguas pesqueras y medio ambiente, se haya inhibido de todo lo que afecta al tema en cuestión.

A los nacionalistas andaluces que miramos la realidad con otra sensibilidad y deseamos aportar soluciones desde la izquierda, nos deben motivar otros discursos e ideales diferentes a los que, demagógicamente, conducen al nacionalismo español y a la vana exaltación de sus valores. No estamos dispuestos a sumarnos a campañas orquestadas más propias de otros siglos, ni a sumarnos sin más a unas reivindicaciones que no cuestionan el uso más allá de su mera propiedad. Mucho menos a convertir el desencuentro en una mera exhibición mutua de armamento bélico.

Por ello, se hace necesario destacar las siguientes cuestiones entre otras más localizadas en el pasado:

El oscurantismo existente alrededor del tema gibraltareño provoca la reiterada utilización de tópicos recurrentes sobre el asunto y una peligrosa escalada de argumentaciones extremas, sin más análisis que la posesión o no del espacio. Es cierto que las ciudades de Ceuta y Melilla son posesiones españolas desde dos siglos antes, pero eso no resta a que, con objetividad, gran parte de las argumentaciones reivindicativas también pudieran ser aplicadas a dichos puertos norteafricanos.

En paralelo, la desinformación perseguida tras el tema, no sólo oculta manifiestos y profundos casos de corrupción que han afectado a gobiernos españoles como el de Rajoy, sino que interesa al Estado Español por cuanto es una exaltación fácil y partidista de las actuaciones del Ejecutivo. Al nacionalismo español le es necesario Gibraltar tanto como la Isla de Perejil.

A estas alturas del debate, parece un poco iluso, imposible o decadente invocar la aplicación literal del Tratado de Utrecht. Mucho se ha legislado desde hace 300 años. Un pacto que concretaba la negativa, por ejemplo, a que “judíos y moros” habitasen en el Peñón es de dudosa aplicación en el siglo XXI.

La prórroga de una solución definitiva, si fuera posible, o al menos, la ausencia de un marco de diálogo razonable por ambas partes; provoca una escalada de tensión entre poblaciones vecinas amén de una exaltación desaforada de los respectivos nacionalismos de Estado. En todos los casos, siempre se socializan posiciones ultraconservadoras y las posiciones de izquierda tradicional, sencillamente, o no se visualizan, se suman a otras, o pasan por la autodeterminación de una población autóctona que cada vez más se enroca en los privilegios que ha logrado.

El interés militar de la Roca queda cuestionado con la cercana presencia de la Base Aeronaval de Rota y su escudo antimisiles. Tras el conflicto, subyace además una peligrosa aceptación del militarismo y de sus exhibiciones de fuerza en uno u otro sentido. Gibraltar se convierte así en una peligrosa justificación de la existencia de los ejércitos. La equivalencia es diabólica: la diplomacia nos separa o no aporta soluciones, pero sin embargo, los ejércitos nos protegen.

La monarquía española guarda un curioso silencio al que unir el de los EEUU y la OTAN. Poco importa resolver el contencioso si continúa siendo una base militar “aliada”. Es más, con la entrada de España en dicha alianza militar nunca se habló de dicho asunto.

El capital no entiende de fronteras, ni de banderas o de derechos históricos. Se mueve por intereses especulativos y de alta rentabilidad. Poco entiende de reivindicaciones frente al negocio. Nadie, repetimos, nadie a un lado y a otro de la verja quiere que se acabe con un paraíso fiscal que beneficia a banqueros, grandes empresarios, mafias y especuladores sin conciencia ni nacionalidad.

A nadie escapa que la política diplomática del Estado Español ante Gibraltar ha sido un cúmulo de despropósitos y circunstancias adversas que poco han favorecido la identificación del ciudadano gibraltareño con el andaluz, algo que, sin embargo, es inevitable en ámbitos culturales de simbiosis. Conviene aceptar por parte española la existencia acumulada de errores diplomáticos históricos que no han hecho más que subrayar la enemistad y oscurecer la convivencia entre unas poblaciones fronterizas, cuando no han potenciado un sentimiento de autodeterminación entre los habitantes de la Roca. Algo, por otra parte, hábilmente utilizado por el Reino Unido, quien también en no pocas ocasiones esconde intereses de Estado tras su quehacer.

Resulta preocupante que a la interesada promoción de la “antipolítica” desde ámbitos gubernamentales se le quiera añadir ahora un recurrente estado de opinión y una artificial movilización ciudadana, invocando esta vez un patrioterismo exacerbado. Tras la cortina de humo que representa y la desideologización que implica el discurso, se oculta un peligroso acercamiento a soluciones totalitarias y militaristas. Algunos estarían dispuestos a hacer una nueva “Marcha Verde”.

La situación actual de la Roca es el resultado histórico de la debilidad diplomática del Estado Español – cuando no una abierta ausencia de relaciones exteriores – de manera que el propio devenir de la Historia de España explica el silencio o la reivindicación, según la amistad con el no siempre aliado inglés. En otros casos, conflictos internos o intereses en el devenir político, nos sirven igualmente para comprender las actuaciones al respecto por parte del Estado Español.

“Nosotros, los andaluces, no tenemos por qué hacer coro a Castilla en sus reclamaciones contra Inglaterra”, y quizás por eso, ya reclamaban los andalucistas históricos, conviene actuar como “hombres de Estado” y desde luego, hoy como entonces, someter la cuestión al arbitraje internacional y no entender el uso de esa pequeña porción de Humanidad para “propósitos siniestros, afanes de usurpación o deseos de imperialismo ambicioso”. Dicho de otra forma, a sucesos del siglo XVII y debates decimonónicos, soluciones del siglo XXI. Por importantes que sean no estamos ante un mero problema pesquero, de aguas territoriales o simples bloques de hormigón.

Sin renunciar al hecho de la existencia anacrónica de una colonia el análisis debe ser más riguroso, profundo y más trascendente que una mera guerra de fronteras o titularidades estatales. Antes de que Gibraltar sea territorio andaluz hay que reivindicar que no siga siendo lo que es hasta ahora: un paraíso para el blanqueo o la huida de capitales, para la especulación financiera, para el desarrollo desaforado de sus límites territoriales y aguas, el militarismo, la nuclearización y la imposición de unas políticas antiecológicas. Para ello, no existe otra solución que la implicación de la comunidad internacional y muy especialmente la europea en paralelo a la búsqueda de un escenario de diálogo. Con la situación que vive el Peñón, los sentimientos encontrados y aireados que provoca, así como el destino ofrecido a sus escasos kilómetros cuadrados, da igual que pertenezca a quien sea porque rechazamos en esencia su contenido, destino y fines. Gibraltar andaluz sí, pero antes para la paz, el progreso humano, la ecología y la solidaridad entre pueblos y personas.

Por Manuel Ruiz Romero

Gibraltar desde el nacionalismo andaluz de izquierda: recordando el andalucismo histórico (I)

Concluida la Primera Guerra Mundial y en el contexto de la aplicación de las doctrinas del presidente estadounidense Woodrow Wilson, las democracias dibujaron de forma preventiva y aprendiendo del conflicto bélico un nuevo orden internacional reconociendo el principio de las nacionalidades y el derecho a la autodeterminación de los pueblos.

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Portada del nº196 de la revista “Andalucía”, lanzado el 14 de abril de 1920, en la que destaca a Gibraltar como “población de Andalucía”.

Al hilo de estos hechos España vivirá por aquellas fechas una irreconocible emergencia de reivindicaciones políticas desde gran parte de sus territorios. De entre ella, la primera petición de autonomía que para Andalucía realiza el Centro Andaluz de Sevilla (29 de noviembre de 1918), en nombre de sus homólogos y por acuerdo de la Asamblea de Ronda en enero de aquel mismo año. Este acto de afirmación de Andalucía como sujeto político implicaba, según el texto elevado al Ayuntamiento de Sevilla y a la diputación homónima para que instasen a los poderes centrales la puesta en marcha de Cortes Constituyentes y la concesión de una autonomía “en iguales términos que a las demás”. Ante esta intencionalidad pacifista continental y en el intento por consolidar una nueva realidad diplomática más estable y pacífica, no es casual que los nacionalistas de esta tierra firmasen el 1 de enero de 1919 en Córdoba toda una declaración de intenciones que a la vez que afirma que esta tierra en el nuevo orden europeo reclama atención internacional para una realidad política hasta entonces negada y supeditada a los intereses de un turnismo restaurador inmovilista y centralizador: Andalucía es una nacionalidad. Con ello, su consolidación como autogobierno con los clásicos tres poderes que hoy mismo disfruta nuestra Comunidad Autónoma.

La conclusión de la Primera Guerra Mundial pareció ser el momento propicio para la puesta en marcha de un nuevo concierto internacional que afianzase décadas de paz, un tanto ilusoriamente, a tenor de los hechos posteriores y como la propia Historia demostrará. A la España neutral y aliadófila ante el conflicto quieren sumar ahora los andalucistas y junto a vascos y catalanes, la reivindicación y presencia de un Estado plurinacional y pluricultural en el que sólo Andalucía tiene un territorio bajo dominación extranjera. La reintegración de Gibraltar al suelo andaluz es la reivindicación “y la palabra” que los andalucistas defienden ante la nueva Sociedad de Naciones, mediante un texto enviado al Congreso de Paz celebrado en Ginebra. La afirmación política como pueblo y nación diferenciada es acompañada de una demanda de integridad territorial toda vez que, con el paso del tiempo, el “dolor”, como señala el texto, podría traducirse en “un fatal sentimiento de rencor perenne hacia los promotores del perdurable vejamen”. Andalucía existe y es, y en la medida que su territorio está “desmembrado”, reivindica en su territorialidad plena. No puede ni debe afirmarse sin ella. Se aprovechaba así un instante político vital entre el marco de unas potencias imperialistas que hicieron inevitable la guerra y la reordenación de una Europa que inicia procesos de descolonización.

Así las cosas, para los nacionalistas andaluces el origen del conflicto se encuentra en el “centralismo sordo, ciego y sin alma” que olvida sus regiones a la vez que concretan en Castilla la responsabilidad de todos los males “históricos y coloniales”. Desde el republicanismo andalucista se entiende que la apuesta castellana en pro de los Borbones en la Guerra de Sucesión – identificada y vinculada a intereses centralistas – trae consigo una cesión por la que Andalucía paga con su territorio una apuesta dinástica a favor de una dinastía francesa que rechaza. De hecho, cabe recordar que Gibraltar fue ocupada por tropas catalanas junto a las británicas y que, por su apuesta por el Archiduque Carlos, Cataluña pierde con Felipe V (el primer rey borbónico de España) sus derechos e instituciones históricas. Es más, Menorca – que también por el Tratado de Utrecht pasó a manos británicas – fue recuperada por el Estado Español casi un siglo después por medio de otro tratado.

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Bandera de Gibraltar, inspirada en las armas de la vecina ciudad de San Roque.

Expuesto así, Andalucía es una víctima de Castilla. Tanto por unos hechos, como por un olvido secular en el que el ejemplo de Gibraltar es uno de los más importantes. Precisamente, la política de neutralidad de España ante el conflicto preocupa frente a las posiciones aliadófilas que defienden los andalucistas, en la medida también que, a su final, así se explicaría la inhibición del Gobierno español ante la reivindicación territorial que nos ocupa. Castilla, como verdadera culpable histórica de la situación, volvió una vez más a apostar por las autocracias para defender la suya propia. El momento histórico que se vive resulta pues especialmente significativo para una nacionalidad como la andaluza en su anhelo por recuperar lo que llaman “solar sagrado”, para lo cual ponen en marcha una campaña de envío de cartas y mensajes a la Embajada del Reino Unido en Madrid solicitando la restitución del territorio gibraltareño. Si se quiere, de una forma “llena de optimismo” y muy honesta, pero no menos inocente y pretenciosa a la vez, se esperaba una justa respuesta al considerar que sería incapaz de “negar la personalidad histórica de Andalucía”. Mientras el Estado Español calificaba a los andalucistas históricos de hacer valer su voz y con ella, la propia existencia de Andalucía en el contexto de las emergentes nacionalidades.

Desde aquel instante la voz de Andalucía se hizo valer como interesada ante un conflicto como el de Gibraltar, el cual todavía provoca amplios titulares y levanta aireadas veleidades patrioteras y centralistas. Más allá de la voz de España, Andalucía es la primera interesada en culminar su integridad territorial, ya sea desde Utrecht en 1713 o desde Rota y Morón desde 1963. Y es cierto también que el Estado Español siempre ha reivindicado el Peñón como parte de su geografía, pero no es menos cierto que ha sabido interpretar dicha causa histórica como más le ha convenido según sus intereses, si bien incluso alguna vez abrazó la idea de ocupar la Roca mediante el uso de la fuerza. Hitler, en el famoso encuentro con Franco en Hendaya, hizo desistir al dictador de sus intereses ofreciendo prioridad a los suyos. La impotente España no dudó entonces en ocupar Tánger en 1940 amparada por la tutela del único país que reconoció esta acción ajena a toda medida diplomática: la Alemania de Hitler sacó cierto provecho del apoyo gibraltareño a la causa de Franco. Más tarde, la pretendida política franquista de procurar la asfixia económica de Gibraltar mediante el cierre del lado español de la frontera no hizo sino motivar la crispación e incrementar la identidad pro-británica y colonial de los gibraltareños, aprovechando la vieja democracia para realizar un referéndum entre los habitantes de la Roca para refrendar su vínculo e introducir en la Constitución gibraltareña un punto tranquilizador por el que Londres se compromete a no realizar ninguna acción diplomática sobre Gibraltar sin contar antes con sus habitantes. Todo un cambio de estatus político en unos breves kilómetros cuadrados que, sin embargo, siguen manteniendo tratamiento de colonia pese a que la ONU ya pidió en 1965 el establecimiento de conversaciones para acabar con dicho estatus.

La lucha por la recuperación de Gibraltar es así para los andalucistas históricos paralela a la de todo país que desea su emancipación colonial. Propia, por tanto, de todo movimiento político de liberación nacional.

Por Manuel Ruiz Romero

Comunicado del PCPE sobre las maniobras “Trident Juncture 2018” de la OTAN

descargaContrariamente a lo que los voceros del sistema difunden, la carrera de armamentos y las maniobras militares no pueden ser entendidas como elementos persuasivos para el mantenimiento de la paz. El imperialismo yanqui y sus aliados, a través de la OTAN como su brazo armado, están en guerra permanente y lo manifiestan de manera cruel contra los pueblos que no disponen de suficiente capacidad militar defensiva, y en forma más diluida con el resto de las potencias con las que compiten por la hegemonía.

El Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE) denuncia como un acto de guerra más las maniobras militares llamadas “Trident Juncture 2018” que la OTAN realiza en Noruega entre el 25 de octubre y el 7 de noviembre con la participación de 50.000 soldados, y que se realizan en el marco de asedio en la zona septentrional europea de Rusia.

La propaganda imperialista se jacta de que estas maniobras son el mayor ejercicio de la OTAN desde el final de la etapa denominada de la “Guerra Fría”, y el PCPE denuncia que estas maniobras se enmarcan en la crisis general y estructural del capitalismo, incapaz de resolverla por métodos pacíficos y en el marco del desarrollo económico que la ciencia y la tecnología pueden poner a disposición del proceso productivo para mejorar las condiciones de vida de las amplias masas explotadas de la Humanidad. Son, por tanto, otra vuelta de tuerca más en la respuesta violenta del capitalismo, hundido en sus propias contradicciones.

El PCPE denuncia que no son casuales las coincidencias que se producen en la enloquecida carrera belicista. El anuncio por parte de EEUU de abandonar el Tratado por la Eliminación de las Armas de Corto y Medio Alcance (INF), la presencia del Ejército de EEUU en el sur de Siria, la guerra de los aranceles lanzada por Trump, y estas maniobras militares, son expresiones de la guerra imperialista que muestran su faz más criminal.

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Cartel propagandístico, realizado por la OTAN, sobre las maniobras “Trident Juncture 2018” que se están llevando a cabo en Noruega.

El PCPE denuncia nuevamente la participación activa del Estado Español a través de su contribución de 2.000 militares y otros medios materiales, colocándose nuevamente su gobierno (en este caso del PSOE) y las instituciones del régimen monárquico-burgués como actores importantes en la dinámica de la guerra. Esta participación, así como el actual debate de la venta de armas a Arabia Saudí, muestran el ADN del régimen de la Constitución de 1978, que siempre se alinea a favor de los opresores y en contra de los oprimidos.

El PCPE hace un llamamiento para fortalecer, organizar y participar en un movimiento anti-imperialista también en los espacios de los propios países agresores, para confrontar con los señores de la guerra y sus instrumentos u organizaciones como la OTAN, para luchar por la paz y el desarrollo de una sociedad justa que sólo los hombres y las mujeres libres pueden crear, erradicando el hambre, la pobreza, la desigualdad, la explotación y todas las formas denigrantes de dominación de unos pocos contra la inmensa mayoría de la Humanidad.

¡Por la salida de España de la OTAN!

¡Por el desmantelamiento de las bases yanquis!

¡¡OTAN NO, BASES FUERA!!

A 25 de Octubre de 2018

Secretariado Político del PCPE

Réplica a Reconstrucción Comunista (RC) sobre Siria y Rojava

El otro día me pasaron un artículo publicado en la web “Universidad Obrera” titulado “¿Quiénes son realmente aquellos que apoyan a Al Assad en Siria?” y que al parecer está escrito por la Secretaria Política del Partido Marixsta-Leninista (Reconstrucción Comunista). La idea de contestar a su texto no está tanto en convencer a la joven militancia de RC de su error en el análisis de la situación siria y del imperialismo, sino de intentar poner sobre la mesa un análisis totalmente distinto y que sirva a los que todavía no tienen una opinión bien formada sobre estos asuntos, poseer otra herramienta que les sirva para hacerse con una opinión propia. El texto de RC se divide en 4 puntos: titulados “Naturaleza del régimen sirio de Al Assad”, “La cuestión kurda”, “El imperialismo ruso” y “Naturaleza de la guerra en Siria”. Vamos a comenzar por el mismo orden que usan ellos.

“Naturaleza del régimen sirio de Al Assad”

RC hace una lectura totalmente simplista llena de inexactitudes, medias verdades y mentiras directas. Se nota que quien lo ha escrito, o no conoce la compleja realidad de Siria o no ha tenido muchas ganas de describirla. Como dice Pablo Sapag, posiblemente Siria es uno de los países más complejos del mundo, ya que no estamos ni ante un país musulmán, ni ante un país laico – como algunos creen. Estamos ante una sociedad rica y diversa con varias etnias y confesiones religiosas que trabajan y viven en un complejo marco jurídico-político-administrativo, que intenta dar viabilidad a uno de los Estados nacidos del proceso de descolonización ocurrido tras la Segunda Guerra Mundial. Podríamos remontarnos a los Acuerdos de Sykes-Picot para hablar de que las fronteras actuales del Estado sirio (que no tienen mucho que ver con lo que históricamente ha sido el País de Sham, la Gran Siria histórica) o podríamos analizar lo que supuso el mandato colonial francés en Siria o incluso las tensas relaciones de Turquía (ex-Imperio Otomano) con Siria. Pero sería alargar este texto, ya de por sí largo, en varias páginas más, y para ello ya tenemos dos grandes libros que nos (les) ayudarían a comprender las raíces de la Guerra en Siria; uno es el de mi amigo y camarada José Antonio Egido titulado “Siria es el Centro del Mundo”, y el otro es el del profesor Pablo Sapag, titulado “Siria en perspectiva”.

Pero vamos al grano. RC nos habla de una “dictadura, burguesa, por supuesto, que lleva 40 años”. Lo que en RC desconocen es que, si utilizamos los parámetros occidentales burgueses que justo son los que ellos usan para afirmar tal cosa, no podríamos decir que en la República Árabe Siria exista una dictadura. Estamos ante un Estado que nunca jamás ha sido monopartidista sino multipartidista. Es cierto que hasta la reforma constitucional de 2012 había un partido hegemónico que era el Baaz o Baas, con su oposición interna, con sus partidos comunistas, con sus elecciones y con su poder legislativo. Por cierto, el poder legislativo sirio acaba de rechazar una reforma de la ley presentada por el Presidente de la República para controlar las iglesias, curiosa dictadura. Actualmente, el Gobierno sirio está sustentado en una coalición de partidos de corte comunista (están los dos partidos comunistas integrados), progresista y nacionalista pan-árabe llamada Frente Nacional Progresista. La oposición la representa el Partido Social Nacionalista Sirio (SSNP), de corte nacionalista pero, en este caso, nacionalismo pan-sirio.

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Kurdos en Siria se manifiestan con banderas sirias y retratos de Öçalan y Bashar Al Assad

Nos acusan a los que estamos en la solidaridad con Siria de que defendemos que éste es un Estado socialista y lo hacemos porque sus sectores estratégicos están nacionalizados. Luego nos preguntan si está abolida la propiedad privada y terminan afirmando que “el Estado está controlado por la camarilla reaccionaria de Assad”. Podríamos contestarles desde varias perspectivas, pero yo voy a hacerlo desde una sola, desde una que cualquier militante mínimamente formado en marxismo-leninismo debería comprender de primera mano: a Siria no se la defiende por ser un Estado socialista a la manera que lo fue la URSS entre 1930-1950, a Siria se la defiende porque es un país acosado por el imperialismo y porque aunque es discutible que en Siria exista un socialismo como lo fue, repito, el de la URSS si es un país con una economía socializante, con grandes sectores públicos y objetivamente progresista. A Siria se la defiende desde la tesis leninista del imperialismo como fase superior del capitalismo y sobre todo de esa gran obra del Camarada Stalin titulada “Fundamentos del Leninismo”, concretamente del capítulo VI tocante a la cuestión nacional, cuando afirma que es deber de todo revolucionario defender a países que sin estar dirigidos por un movimiento obrero, ni siquiera por un movimiento republicano, son objetivamente progresistas, revolucionarios y anti-imperialistas en la lucha por su soberanía nacional. En esos casos, Stalin hablaba de Egipto pero sobre todo hablaba de Afganistán y su Emir en su lucha contra el imperialismo británico. La URSS también apoyó a la burguesa República Española en 1936. Parece que la Secretaría Política de RC no tiene muy claros los textos leninistas sobre el imperialismo y no solo quieren dar lecciones a Cuba o Corea del Norte, se las quieren dar al mismísimo Lenin y al mismísimo Stalin.

Otra cuestión que olvidan en RC es que Bashar Al Assad solamente es el Presidente de la República y que la estructura del poder ejecutivo en Siria es muy similar a la estructura del poder ejecutivo en Francia: un Presidente de la República y un Primer Ministro o Jefe de Gobierno. Al Assad, como Presidente de la República, tiene amplias competencias en seguridad y política exterior, así como la facultad de disolver el Gobierno de turno y presentar ante el Parlamento otro ejecutivo que debe ser aprobado por éste, y ahí se acabó el poder presidencial. El resto del poder ejecutivo lo tiene el Gobierno sirio, con su Primer Ministro a la cabeza. Esa lectura de que Assad – y mucho menos su familia – tiene un poder absoluto en todo el territorio sirio, simplemente es falsa. De hecho el Estado sirio, como Estado joven que es, es muy débil, tiene fortaleza en la zona costera próxima a Latakia pero en el interior funciona mucho más la estructura tribal. Incluso los kurdos son una sociedad profundamente tribal.

“La cuestión kurda”

Según RC, los kurdos en Siria han sido reprimidos durante décadas por el “régimen sirio”, tanto durante la presidencia de Hafez Al Assad como de Bashar, y se les ha negado el derecho de autodeterminación. El problema de este supuesto que defiende RC es que, desde un mínimo análisis de los datos, por tanto, desde un mínimo análisis desde el materialismo histórico, nos damos cuenta de que es totalmente falso. Los kurdos en Siria, nacidos en Siria, primero, no han sido numéricamente muchos, y segundo, han tenido siempre los mismos derechos como cualquier sirio de cualquier otra minoría étnica o confesión religiosa. Tenemos kurdos que han sido primeros ministros, ministros, parlamentarios, militares, profesores universitarios, etc. Los kurdos, como ciudadanos de pleno derecho del Estado sirio, han estado en todos y cada uno de los estamentos de la sociedad siria. Pensar que ha existido históricamente una política de represión contra los kurdos por ser kurdos en un Estado que ha servido de refugio y retaguardia a la histórica resistencia del PKK contra Turquía solo puede ser tachado de mentira histórica. Da pena leer esto de gente que se hace llamar “marxista-leninista”. ¿Dónde estuvo refugiado durante años Abdullah Öçalan? En Damasco, a resguardo del Estado sirio durante la presidencia de Hafez Al Assad. ¿Quién abrió las fronteras del norte de Siria para acoger a centenares de miles de refugiados kurdos de origen turco? Hafez Al Assad, y después su hijo. ¿Quién armó militarmente al PKK? ¿Y a las YPG en 2012? Sí, si estos de RC quieren buscar “ikastolas” en el norte de Siria (colegios donde las clases se darían en kurdo) no las van a encontrar. En el norte de Siria no solo viven miles de kurdos refugiados, sino que vive una importante comunidad armenia que no tiene mucha simpatía por aquellos que fueron sus verdugos cuando muchos kurdos quisieron ser los lacayos asesinos del Genocidio Armenio a las órdenes de los turcos. En esa difícil situación de intentar hacer convivir diferentes y enemistadas comunidades en paz y armonía, el Estado sirio adopta la política de no dar más derechos o privilegios a una comunidad frente a la otra. Por tanto, utilizar el árabe como lengua principal en la estructura del Estado sirio se considera un hecho en pos de mantener un marco de paz y respeto a las diferentes etnias y creencias.

Por ello Siria es tan odiada en la zona, porque en ella se miran Estados étnicamente “puros” y con una tradición de represión y aplastamiento contra otras etnias como Turquía, Israel o Arabia Saudí, y no pueden permitir que Siria siga existiendo.

Pero el texto de RC comenta otra falsedad histórica: los kurdos – en una aplastante mayoría – no buscan ningún derecho de autodeterminación. Intentar hacer comparaciones sobre la cuestión nacional catalana o vasca frente al Estado Español con lo que ocurre en Siria es no tener ni idea ni de lo que ocurre en Siria ni de lo que es el llamado “confederalismo democrático” que justo habla de no crear nuevos Estados en Oriente Medio. Y tenemos que volver a hacer uso del materialismo dialéctico e histórico, o sea, de los datos sobre el terreno, para preguntar: ¿qué kurdos quieren la autodeterminación en Siria? ¿Los que llevan viviendo siglos en Damasco, Homs o Aleppo y son tan sirios como cualquier otro? ¿Los kurdos de las YPG que cuando entraron las NDF a ayudarles en Afrin gritaban aquello de: “¡Unidad, unidad, unidad; el pueblo sirio es uno!”? ¿Los miles y miles de kurdos que están en el Ejército Árabe Sirio defendiendo al Estado como cualquier otro sirio? ¿Los kurdos refugiados a los cuales se les concede en 2012, de manera excepcional y sin precedentes en ninguna parte del mundo, la nacionalidad siria? ¿O los kurdos que estaban luchando en DAESH para formar un califato?

En 7 líneas de texto, RC nos quiere hacer creer que los kurdos son poco menos que los judíos en la Alemania Nazi y que Al Assad es Hitler con ellos, que son como los catalanes luchando por un Estado propio. Vamos, una película montada con un argumento pagado por la propaganda occidental que intenta balcanizar Siria y todo Oriente Medio. Porque claro, a los compañeros de RC se les olvida – o se han querido callar – que, por ejemplo, los kurdos del PYD, o mejor dicho, la dirección político-militar del PYD ha decidido firmar un pacto a 20 años, “táctico” lo llaman ellos, con los EEUU, lo que ha servido para llenar el norte y el este de Siria de bases militares ilegales de los EEUU y Francia, además de recibir el apoyo político del ente sionista de Israel y el apoyo financiero de Arabia Saudí, muy en la línea de lo que sería una “revolución democrática” defendible por una organización que se autodenomina “marxista-leninista”. (Nótese la ironía)

Eso sí, en las 7 líneas no nos hablan de noticias como las que cualquiera con acceso a Internet puede consultar en las hemerotecas de los periódicos de 2012 y 2013. Por ejemplo, el 27 de julio de 2012 el periódico “El País” nos titula: “Al Assad apoya a la milicia kurda para hostigar a los turcos en la frontera”. O no dice que Öçalan, como he apuntado antes, estuvo refugiado en Damasco hasta que en 1999 Turquía e Israel amenazaron con la guerra abierta y directa para que se viera forzado a abandonar el refugio que hasta la fecha le había facilitado el Estado sirio.

Tampoco RC nos habla de cómo el PYD en Rojava y Deir Ez Zor no fue en rescate de sus hermanos de Afrin aún con los pasos abiertos por el Ejército sirio, cosa que sí hizo la Defensa Nacional Siria – un cuerpo militar del Estado sirio. Parece que para ser objeto de represión por parte de Damasco los kurdos no hacen más que recibir apoyo militar y político, así como vituallas por parte del Gobierno sirio. Curiosa represión es esta. Y una puntualización importante: en Rojava no solo viven kurdos, también hay una importante comunidad de cristianos armenios y siríacos que no están muy contentos con las políticas etnicistas del PYD y ya han tenido varios enfrentamientos con la policía política de estos últimos.

“El imperialismo ruso”

Bueno, para desmontar la falacia del imperialismo ruso solo hay que dedicarle media hora a leer y comprender alguno de los datos que voy a exponer a continuación. Rusia es un país capitalista, eso nadie lo niega, un país donde las relaciones de producción se fundamentan en la contradicción capital/trabajo y donde una burguesía se dedica a sacar plusvalía del trabajo ajeno. Hasta ahí creo que todos estamos de acuerdo. También es muy posible que a Rusia, hace unos 15 o 20 años, le hubiera gustado sentarse a la mesa de las potencias imperialistas a repartirse el pastel, hasta que se dieron cuenta de que el pastel era Rusia misma, junto con China.

Desde RC acusan a Rusia de imperialista, y si son una organización marxista-leninista me imagino que lo harán desde la teoría del imperialismo de Lenin, pero nos encontramos que siendo un país enorme con casi 150 millones de habitantes tienen un PIB similar al de Italia. ¿Qué tipo de imperialismo es ese? Tenemos un país que, además, tiene una capacidad nula de influir en los mercados internacionales o en la economía mundial.

Rusia tiene una economía principalmente extractiva de materias primas y energéticas que debe exportar para sobrevivir, tiene una capacidad nula para manufacturar materias primas o para llenar los mercados internacionales con sus productos (¿alguien conoce alguna marca rusa de televisores o frigoríficos?) a excepción de su poderosa industria armamentística, heredera de la URSS. La economía rusa no se diferencia en nada de la de cualquier cualquier país subdesarrollado. Rusia es tan imperialista como Swazilandia o las islas Maldivas.

Rusia ha conseguido aumentar su capacidad de hacer negocios en otras partes del mundo, cierto es y no hay nada de malo en ello, como por ejemplo en América Latina, donde es junto a China un socio preferente sobre todo en aquellos países progresistas – ya sé que, para la militancia de RC tanto Cuba como Venezuela o Bolivia son países burgueses reaccionarios, pero para el resto de los mortales los países progresistas de América Latina han sacado a millones de personas de la pobreza, que a fin de cuentas es una de las cosas de las que trata el socialismo.

La llegada de Vladimir Putin al Kremlin significa un cambio en la política económica rusa, de una liberalización brutal y despiadada en la década de 1990 pasa, según reconoce “The New York Times” el 11 de abril de 2018, de tener un 35% de la economía bajo titularidad pública a un aumento de entre el 50% y el 70% de titularidad pública. En el gráfico de abajo (elaborado por “EKAI Center”, grandes conocedores del asunto) se puede apreciar la recuperación para la titularidad pública de un gran porcentaje de bancos.

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Rusia, además, es un país que lucha por recuperar su soberanía nacional y económica en un mundo hostil donde la OTAN se expande hacia sus fronteras occidentales, donde EEUU despliega decenas de bases militares en su flanco sur, además de sufrir sanciones económicas que debilitan su economía.

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Claro que Rusia interviene en Siria, pero con la legislación internacional en la mano y a petición de su legítimo Gobierno y de su legítimo Parlamento. Interviene porque le va la supervivencia en ello y, tras poner decenas de muertos sobre el terreno, ha conseguido que Siria pueda sobrevivir y seguir existiendo como el Estado más progresista de Oriente Medio.

Y ya, para terminar: sí, a mí también me gustaría que estuviera la URSS de la década de 1930, y qué leches, también que existieran unos buenos gulags para reprimir a los reaccionarios, a los imperialistas y a los burgueses. Pero estamos en 2018 y la realidad es la que es, y la geopolítica también. Los de RC pueden dedicarse a hacerse “pajas mentales” y llamar revisionista a media Humanidad o pueden salir a la calle a defender los derechos de los pueblos del mundo que, al fin y al cabo, son los derechos de sus trabajadores y trabajadoras.

“Naturaleza de la Guerra de Siria”

Según RC, las guerras deben ser apoyadas por los marxistas siempre que sirvan a los intereses de la clase obrera. Pues es cierto, aquí los de RC han dicho una gran verdad, otra cosa es que su análisis esté completamente errado. Cuando tú eres un país progresista y las potencias más reaccionarias a nivel regional y global te montan una guerra de agresión utilizando grupos que tienen la lectura más rigorista del Islam como los Hermanos Musulmanes, Al Qaeda y DAESH, que además son profundamente “liberales” en lo económico, está claro que la defensa del actual Estado sirio es la defensa de su clase trabajadora, por mucho que efectivamente hubiera razones para la protesta social, sobre todo tras el error del Gobierno sirio de pedir apoyo al FMI durante la gran sequía que ha aquejado Siria entre 2005 y 2014.

El problema es que la lucha por la liberación nacional no se está dando en Rojava (o no exclusivamente) sino en toda Siria. Rojava (PYD) sigue hasta el momento la misma ruta que siguió la queridísima Albania para RC, convirtiéndose en un protectorado de los EEUU. Además, hay una cosa que me chirría leer de un marxista-leninista. ¿Qué narices es eso de una “revolución democrática”? Es un concepto profundamente reaccionario. No queremos revoluciones democráticas, queremos la democracia revolucionaria, que es algo totalmente distinto.

Se puede tener un desliz ideológico, sobre todo en situaciones tan complejas como la de Siria, pero lo de RC es patinar en toda regla y acabar en el mismo lado que los trotskistas y los ninis posmodernos en el análisis sobre Siria. De pena.

Por Pablo Gartzia para “Revista La Comuna”

PARA PROFUNDIZAR EN EL ASUNTO, DEJAMOS ENLACE A VARIAS ENTREVISTAS:

Sobre Siria:

Sobre Rusia:

Nación Andaluza ante la crisis de Navantia: en defensa de la carga de trabajo, contra el imperialismo

El pasado 4 de septiembre el Estado Español paralizó la venta de 400 bombas a Arabia Saudí, uno de los regímenes dictatoriales más terribles de Oriente Medio, peón del imperialismo en la zona y que está inmerso desde 2014 en una guerra en Yemen. Desde entonces se han sucedido las noticias sobre la presunta paralización de la construcción de cinco corbetas en los astilleros de Navantia-Cádiz, cuyo contrato se firmó el pasado mes de julio, así como las movilizaciones de las trabajadoras de Navantia. Ante esta situación, queremos manifestar:

En la actualidad, las comarcas gaditanas sufren un 26’9% de desempleo según cifras oficiales. Las cifras reales son mucho más altas. Manifestamos nuestra solidaridad con las trabajadoras de Navantia que se ven sometidas frecuentemente a la coacción del paro. Fuimos solidarias con Astilleros (ahora Navantia) en las luchas contra la reconversión naval y lo hemos sido en todas las movilizaciones en defensa de carga de trabajo. Hoy volvemos a manifestar nuestra solidaridad con la demanda de carga de trabajo para Navantia y de que en la Bahía de Cádiz haya un futuro para la clase trabajadora sin que tengan que recurrir a la dolorosa emigración.

Las noticias que han visto la luz desde el 4 de septiembre – sobre el rescindido contrato de 400 bombas – manifiestan cómo Andalucía es rehén del imperialismo. A las numerosas bases e instalaciones militares extrañas al Pueblo Trabajador Andaluz (españolas, estadounidenses y británicas) se le suma la utilización de nuestro país y sus fuerzas productivas (Navantia en Cádiz, Santa Bárbara Sistemas en Granada…) a beneficio de los intereses del bloque imperialista liderado por los EEUU. Andalucía es su instrumento y la clase trabajadora andaluza es utilizada ante la falta de alternativas laborales que posibiliten una oposición a los intereses imperialistas.

La responsabilidad del desempleo y la fragilidad económica de Navantia (y en general de Andalucía) la tienen el Estado Español y la Unión Europea, que han situado a Andalucía en la división internacional del trabajo como un espacio desindustrializado, dependiente de las frágiles exportaciones agrarias y del volátil sector turístico. La industria en Andalucía se viene reduciendo cada vez más mientras crece en el Estado. Hemos pasado de un 10% de Valor Añadido Bruto industrial del Estado en 1976 a un 7’9% en 2011.

Señalamos como hipócrita la actitud de Podemos y de José María González “Kichi” – alcalde de Cádiz – que respalda la venta de las corbetas a Arabia Saudí “mientras no haya otra cosa” para la clase trabajadora gaditana. Hipócrita porque en las negociaciones actuales para el presupuesto del Gobierno estatal de 2019 con el PSOE no se ha puesto encima de la mesa la necesidad de carga de trabajo para Navantia-Cádiz que no dependa de la industria de la guerra ni de sátrapas como los Saud. “Kichi” y Podemos tienen una oportunidad de oro para demostrar que apuestan por la estabilidad y el futuro de Navantia-Cádiz, poniendo como condición para cualquier negociación presupuestaria con el PSOE un plan de amplificación y diversificación de la carga de trabajo de Navantia-Cádiz. Por desgracia, nos tememos que esta situación no se va a producir porque reforzaría a la clase trabajadora andaluza y reduciría su dependencia de los vaivenes gubernamentales. El Estado Español y sus partidos quieren una industria andaluza débil y dependiente, un Pueblo Trabajador Andaluz desmovilizado y dócil a los intereses imperialistas. Y para eso necesita una Bahía de Cádiz siempre amenazada por el paro.

Desde Nación Andaluza entendemos que el empleo de 6.000 familias de la Bahía de Cádiz no puede depender de los vaivenes políticos del Gobierno español de turno ni de las necesidades militares de dictaduras criminales. La ampliación y diversificación de la carga de trabajo de Navantia-Cádiz es una prioridad para cualquier política industrial en Andalucía.

Rechazamos que los astilleros de Navantia-Cádiz sean utilizados para construir las corbetas saudíes, así como la utilización de nuestros puertos para el tráfico de armas y material de guerra que alimente a los ejércitos de las potencias imperialistas y sus intereses geopolíticos. No queremos en nuestra tierra negocios de guerra imperialistas.

Reivindicacmos la desmilitarización plena de Andalucía. Rechazamos la presencia de bases militares españolas, estadounidenses o británicas en nuestro país. Aspiramos a que ni una sola trabajadora andaluza tenga que ponerse al servicio del imperialismo ni de sus intereses.

Por todo ello – y siendo conscientes de que el Estado Español jamás permitirá una Andalucía en estos términos – consideramos imprescindible la lucha por una República Andaluza de Trabajadoras que posibilite la nacionalización de Navantia-Cádiz, la ampliación y diversificación de su carga de trabajo y que ponga su gestión y futuro en manos de los propios trabajadores de Navantia.

¡Sí al futuro de Navantia!

¡Por la desmilitarización de Andalucía!

¡Por la República Andaluza de Trabajadores!

Permanente de la CN de Nación Andaluza

Andalucía, 11 de septiembre de 2018