Nación Andaluza ante el apoyo español al golpismo en Venezuela

En el día de hoy el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, ha reconocido a Juan Guaidó como “presidente encargado” de Venezuela. Ante este hecho, desde Nación Andaluza – organización independentista, socialista y feminista andaluza – queremos afirmar:

Desde NA manifestamos nuestra solidaridad con la República Bolivariana de Venezuela. La izquierda independentista andaluza sólo reconoce a Nicolás Maduro como legítimo presidente venezolano.

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El reconocimiento del Gobierno español se produce el mismo día que el de Alemania, Francia y el Reino Unido. Esta coincidencia no es casualidad. Supone un nuevo gesto de la obediencia española a los intereses del imperialismo, a las oligarquía europeas y al IBEX 35. Que Sánchez haya afirmado que Guaidó debe “convocar elecciones en el menor plazo de tiempo posible, libres, democráticas, con garantías y sin exclusiones” es una muestra de hasta dónde el imperialismo es capaz de llegar en su necesidad de controlar el mundo violando la soberanía nacional de los pueblos.

Ya el 17 de octubre de 2017, desde NA emitíamos un comunicado avisando de las serias amenazas de la Unión Europea y sus patronos estadounidenses de no reconocer los resultados electorales y agitar a las bandas violentas a sueldo contra la Venezuela bolivariana. Por desgracia, los hechos nos dan la razón, como no podía ser de otra manera cuando hablamos de las potencias imperialistas.

Desde NA, organización por la liberación nacional y social de Andalucía, mantenemos como un principio básico el apoyo al derecho a la libre determinación de los pueblos. Igual que luchamos por la independencia de Andalucía y contra el régimen colonial que el Estado Español nos mantiene desde hace siglos, al igual que apoyamos las luchas por el derecho a la autodeterminación de otros pueblos hermanos del Estado Español, asimismo, defendemos la soberanía y la libre determinación del pueblo venezolano. Señalamos también que la defensa de la Revolución Bolivariana significa defender la soberanía nacional de todos los pueblos que resisten al imperialismo.

Es el momento de ejercer la máxima unidad anti-imperialista. Seguimos insistiendo en la necesidad de que nuestra militancia, personas adheridas y simpatizantes manifiesten en las calles y en todos los ámbitos posibles nuestro apoyo y solidaridad con la Venezuela bolivariana agredida por el imperialismo.

Desde Andalucía hasta Venezuela, ¡viva la lucha anti-imperialista!

¡Por la autodeterminación de los pueblos y el socialismo!

Andalucía, 4 de febrero de 2019

Permante de NACIÓN ANDALUZA (N.A.)

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¿Por qué EEUU y la UE no apoyaron a Carles Puigdemont y sí a Juan Guaidó?

¿Qué país en este mundo acepta que un individuo se autoproclame presidente de un Estado sin haber sido elegido democráticamente por el voto popular y la reafirmación del Tribunal Supremo? La respuesta es solo una: ninguno.

Pero en Venezuela, espina trabada en la garganta de los EEUU, ha sucedido en días pasados, mediante la farsa diseñada por los yanquis con el desvergonzado apoyo de la Unión Europea, la misma que no respaldó al líder del pueblo de Cataluña, Carles Puigdemont, quien sí fue avalado por el voto popular.

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Juan Guaidó, autoproclamado “presidente encargado” de Venezuela el 23 de enero de 2019, sostiene un retrato de Simón Bolívar.

¿Con qué moral los europeos van a respaldar al títere de Juan Guaidó, fabricado por las manos de la CIA y el Departamento de Estado, orientado a la carrera en los locales de la propia misión diplomática yanqui, como parte del plan diseñado para darle un golpe de Estado al presidente constitucional Nicolás Maduro?

Es evidente que los mandatarios de la UE recibieron indicaciones de la Casa Blanca, para darle apoyo a la farsa política contra Caracas en clara pérdida de su soberanía y de la memoria, pues hace menos de un año en Cataluña se celebraron elecciones y solo por haber declarado su deseo de ser independientes de España, Carles Puigdemont y los demás líderes de ese proceso fueron acusados de rebelión.

Ahora la canciller Angela Merkel se humilla ante el presidente Donald Trump, aceptando el ridículo papel de acusar a Nicolás Maduro y reconocer al títere impuesto por los yanquis, en el infantil e ilegal golpe de Estado, cuando ella misma aprobó la detención de Puigdemont, bajo sentencia del tribunal de primera instancia de Neumünster, que decidió mantener en prisión provisional al ex-presidente del gobierno autónomo de Cataluña, mientras se esperaba el trámite de entregarlo a España.

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Carles Puigdemont, presidente de la Generalitat de Catalunya destituido tras la proclamación de la República Catalana en octubre de 2017.

Recordemos que el líder independentista catalán se vio obligado a viajar a Bélgica, debido a que el gobierno de Madrid quería juzgarlo por los delitos de “sedición, rebelión y malversación de fondos públicos”, después de su participación en el proceso de independencia de Cataluña que había sido prohibido por las autoridades; de ahí que le solicitaran al gobierno de Berlín su detención cuando viajaba desde Finlandia hacia Bélgica.

La Unión Europea adopta una posición a favor de Washington en sus planes de reconocer al títere Juan Guaidó, cuando no hizo lo mismo con el catalán, lo que demuestra la manipulación política que ejerce EEUU sobre sus aliados y subordinados latinoamericanos, al fracasar durante décadas en sus planes contra la Revolución Bolivariana de Venezuela.

El mundo de hoy está gobernado por EEUU, quien dispone del Consejo de Seguridad de la ONU para doblarle el brazo a los que se oponen a sus órdenes.

¿Cómo es posible que la UE, con tantos problemas que enfrenta Francia, no adopte resoluciones de condena contra las salvajes represiones que se ordenan contra los partidarios del movimiento de los “chalecos amarillos”?

El tratamiento opuesto que asumen EEUU y sus aliados europeos en el caso de Venezuela es prueba de que no existen la democracia ni el respeto a los derechos humanos.

¿Con qué derecho legal Juan Guaidó decidió autoproclamarse presidente de Venezuela y ser respaldado por el Gobierno de EEUU?

¿Aceptarían los parlamentarios europeos como Federica Mogherini – Alta Representante para Asuntos Exteriores y Seguridad de la UE – o el propio Donald Tusk – actual presidente del Consejo Europeo – que uno de los líderes de los chalecos amarillos se autoproclamase presidente de Francia bajo el Arco del Triunfo y aplaudido por miles de sus seguidores?

De inmediato sería detenido y acusado de sedición y rebeldía, como le hicieron al catalán Puigdemont, sancionándolo con decenas de años de prisión, algo que EEUU no aceptaría si Maduro decide detener y acusar al títere Juan Guaidó. Para respaldarlo, desplegarían rápidamente al Comando Sur para invadir Venezuela, como han hecho con otros países de América Latina.

La Unión Europea parece olvidar que en 2017 el ex-presidente catalán fue acusado de los delitos de rebelión y sedición, con la posibilidad de cumplir hasta 30 años de cárcel, después de que el Parlamento de Cataluña declarara la independencia el 27 de octubre de 2017. Además de Puigdemont, otros 14 imputados fueron obligados a depositar en un plazo de 3 días una fianza de 6’2 millones de euros para responder a posibles responsabilidades civiles.

Eso es lo que le corresponde ahora al títere venezolano, pero a diferencia del catalán, cuenta con el respaldo yanqui y europeo que lo defienden como si fuese inocente, quien solo cumple con las órdenes recibidas de sus amos de EEUU.

Washington busca un pretexto para invadir Venezuela, porque todas las fórmulas empleadas han fracasado y a pesar de la despiadada guerra económica, comercial y financiera impuesta, unido a las campañas mediáticas para satanizar la imagen del presidente Maduro, la mayoría del pueblo le sigue dando su apoyo incondicional, porque saben quién es el único responsable de las penurias que sufren.

El mundo observa con asombro cómo los gobiernos de España, Francia, Alemania, Reino Unido, Portugal y los Países Bajos se toman el derecho de imponerle 8 días de plazo a Nicolás Maduro para que convoque elecciones en Venezuela, y si no lo hace, amenazan con reconocer al títere fabricado por los yanquis, Juan Guaidó, cuando nunca respaldaron al líder Puigdemont, quien ganó en elecciones libres celebradas en Cataluña.

Los pueblos del mundo tienen que asumir el papel que les corresponde, prepararse políticamente y mantener la unidad, porque de lo contrario serán convertidos en esclavos y pisoteados a su antojo por el emperador Donald Trump.

Razón tenía José Martí cuando sentenció:

“La educación es el único medio de salvarse de la esclavitud.”

Por Arthur González

¿Quién quiere desestabilizar Argelia?

Tras la decisión de Argelia de expulsar a varios extremistas sirios, el experto en seguridad Ahmed Mizab dijo que algunos países árabes y occidentales estaban tratando de crear inestabilidad y caos en Argelia a través de la transferencia de elementos terroristas en forma de solicitantes de asilo.

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Edificio de viviendas decorado con la bandera argelina en la comuna de Bir Chouhada, provincia de Oum El Bouaghi (Argelia)

Algunos países árabes y occidentales están tratando de enviar elementos de grupos terroristas desde zonas de conflicto hacia Argelia, un país árabe poderoso e independiente en sus políticas, para sembrar el caos y lanzar una segunda ola de la “Primavera Árabe”, según afirma Mizab. “Hace aproximadamente un año, la región fue testigo de la transferencia sistemática de elementos de grupos terroristas para llevar a cabo proyectos ideados por países como EEUU o Francia. Usando este tipo de maquinaciones, estos países quieren evaluar primero la factibilidad de otros proyectos más grandes”.

El experto argelino dijo que los grupos terroristas desplegados en la región habían realizado recientemente actividades sospechosas y estaban tratando de establecer nuevos feudos allí.

“Los sucesos en el sur de Libia y en Mali, así como los intentos de los terroristas de irrumpir en Argelia, confirman el hecho de que ha existido un complot que buscaba socavar la seguridad y la estabilidad del país”, dijo Mizab.

El experto pidió una reacción severa frente a tales acciones. “Están involucrados en muchos delitos; deben ser juzgados y castigados”, dijo, refiriéndose a los terroristas que llegan a Argelia como solicitantes de asilo.

En otra parte de sus comentarios, sin embargo, explicó que esta situación no era del todo nueva en Argelia.

Algunas potencias, incluidos los EEUU, han desplegado grupos terroristas en Níger para marcar el terreno de su infiltración en Argelia, pero el Ejército argelino ha dado una “respuesta relámpago” para frustrar sus planes, según afirma Ahmed Mizab.

En los últimos días, funcionarios argelinos han informado sobre la expulsión de varios terroristas procedentes de Siria. “Estos terroristas llegaron a territorio nacional procedentes desde Alepo, en Siria”, agregaron los funcionarios.

Las autoridades del Ministerio del Interior de Argelia subrayaron que no permitirán que tales elementos pongan en peligro la seguridad y la estabilidad del país.

FUENTE: Press TV/Al-Manar

Rusia y China socavan el dominio de EEUU en América Latina

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Joaquín Flores, director de “Fort Russ” y autor del artículo.

Los funcionarios de los EEUU están tratando de fortalecer los lazos con los países latinoamericanos al socavar a los gobiernos socialistas y defensores de su soberanía nacional en la región. Al mismo tiempo, señala la revista “Foreign Policy”, la Casa Blanca está muy atenta a las acciones de Rusia y China en esa región, e incluso está tomando medidas de resiliencia en su actividad en el “patio trasero”.

La citada revista es una fuente útil para comprender los puntos de conversación del Imperio Norteamericano, empaquetados para expertos y políticos. El medio que dirijo, “Fort Russ”, entiende lo que términos como “fortalecer” significan, en términos prácticos. Por ejemplo, la revista recuerda que el Jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea estadounidense, el general David Goldfein, quien visitó recientemente Colombia, dijo que la administración de Trump está tomando medidas para fortalecer alianzas en América Latina que son parte de una resistencia a Rusia y China en el “patio trasero de los EEUU”.

Al mismo tiempo, éstas son preocupaciones muy reales, y preocupaciones que persistirán mientras los EEUU continúen entrometiéndose en el “patio trasero” de Rusia y China, respectivamente. En particular, el general estadounidense advirtió que los países latinoamericanos corren el riesgo de perder la oportunidad de participar en las operaciones militares de los EEUU y sus aliados si dejan de comprar equipamiento militar estadounidense y se trasladan a otros mercados armamentísticos. Lo que realmente está en discusión aquí no se discute: quien compre armas a Rusia y/o China será el blanco de las armas y operaciones de los EEUU.

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El problema con el historial de los EEUU es que comprar armas norteamericanas y no comprar armas rusas ni chinas no ha protegido de ser atacados a gran número de Estados por todo el mundo, una vez que los EEUU encontraran la “asociación” como un obstáculo para cualquier razón que surja. Por lo tanto, los gobiernos socialistas y soberanistas en el llamado “mundo en vías de desarrollo”, cuyos gabinetes y personal militar son dirigidos por pensadores críticos independientes, pueden hacer un análisis de coste-beneficio relativamente simple y ver que o se comprometen con los EEUU o se inclinan ante sus deseos no pagando a medio y largo plazo.

Sin embargo, de acuerdo con “Foreign Policy”, el viaje del general Goldfein forma parte de algunos ostensiblemente “grandes esfuerzos” de las autoridades estadounidenses para fortalecer las alianzas con los países de la región, mientras tratan de enfrentar una serie de amenazas a su llamada “seguridad nacional”: el terrorismo, el narcotráfico, la crisis económica en Venezuela y la crisis migratoria.

Hablando sobre las actividades de Moscú y Beijing durante su visita de 2 días a Colombia, el Jefe del Estado Mayor aclaró rápidamente la posición de su país sobre el tema:

“En lo relativo a China y Rusia, estamos buscando cooperación donde podamos y retrocediendo agresivamente donde debemos”, dijo Goldfein. “Mantenemos una estrecha vigilancia sobre sus actividades a nivel mundial, pero ciertamente mantenemos un ojo sobre sus actividades en América Latina.”

Según varios expertos, los EEUU reconocen que China y Rusia están comenzando a influir en los países de América Latina en términos económicos y militares.

Al hablar de China, se indica que utilizan el comercio y la inversión en apoyo de sus intereses geopolíticos, ya que Beijing quiere obtener acceso a las reservas petrolíferas de la región. Hoy en día, el Gigante Asiático ya se ha convertido en el principal importador de “oro negro” de 5 países latinoamericanos. Por lo tanto, frustra completamente los intentos yanquis de imponer sanciones a los países exportadores de petróleo, dado que la demanda de China en términos absolutos es mayor y solo muestra signos de crecimiento.

Sin embargo, Rusia también se considera un actor serio en esta parte del mundo, ya que recibe miles de millones de dólares por vender armas a países de la región. La ironía es esta: los antecedentes de invasión e intervención de los EEUU durante los últimos 100 años en América Latina son bien conocidos. Por lo tanto, han creado el mercado para la compra de armas rusas y chinas como un subproducto de sus intentos de capturar la mano de obra y los recursos naturales de los países latinoamericanos.

Los analistas de “Foreign Policy” afirman que Rusia y China apoyan a los países que, supuestamente, violan los derechos humanos y muestran hostilidad hacia los EEUU: Venezuela, Nicaragua o Bolivia. Así, en resumen, Rusia y China pretenden socavar el dominio estadounidense en Latinoamérica a través del apoyo de los “regímenes que violan los derechos humanos”.

Este es el discurso estándar del “imperialismo de los derechos humanos”, pero debe esperarse de “Foreign Policy”. La revista fue fundada en 1970 por Samuel Huntington, mejor conocido por su “Teoría del Choque de Civilizaciones”, que le dio la apariencia de credibilidad académica o intelectual dentro de la administración crecientemente neoconservadora de George W. Bush. En los últimos años fue comprada por “The Washington Post Company”, ahora conocida como “Graham Holdings Company”, que ha estado en guerra abierta contra “Fort Russ” desde 2016.

En conclusión, podemos ver que los EEUU están realmente preocupados por las consecuencias de sus acciones en América Latina que, en el transcurso de las últimas dos décadas, se convirtieron en un bloque cada vez más soberano de países de mercado común, cuya dependencia de los EEUU continúa disminuyendo. Si bien estas preocupaciones necesariamente estarán enmarcadas en el lenguaje de “fortalecer los lazos” y “combatir los regímenes”, debajo de esta apariencia ideológica podemos ver una tendencia muy real y emergente de que el Imperio percibe algo que debe preocuparles mucho.

Por Joaquín Flores

Las llagas del Ulster siguen abiertas por los atroces crímenes cometidos por los británicos

Una jueza católica llamada Siobhan Keegan abrió este lunes en Belfast la investigación judicial sobre la muerte de 10 civiles en Ballymurphy por disparos del Ejército británico, hace 47 años. Si la magistrada decide que las víctimas murieron por acciones ilegales, el veredicto podría llevar al procesamiento de ex-militares.

La investigación durará unos 6 meses y convocará a decenas de testigos. Los hechos ocurrieron a lo largo de 3 días, coincidiendo con la “Operación Demetrius”, que desde las 4:00 de la madrugada del 9 de agosto consistió en el despliegue de policías apoyados por soldados para encarcelar sin juicio previo a 342 sospechosos de pertenecer al IRA, que había iniciado un año antes su campaña armada contra las fuerzas de seguridad británicas y contra paramilitares protestantes.

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Mural elaborado en recuerdo a las víctimas de Ballymurphy.

Al extenderse en los vecindarios católicos y republicanos la noticia de la redada, se levantaron barricadas y se produjeron graves disturbios. Hubo explosiones de bombas, disparos y enfrentamientos callejeros. También en Ballymurphy, un distrito del oeste de Belfast, bastión de los republicanos irlandeses, afectado por el desorden desde agosto de 1969.

Soldados del Regimiento Paracaidista británico, apostados en diferentes puntos del barrio, habrían matado entre otros a un joven de 19 años llamado Francis Quinn cuando asistía a un herido; al sacerdote Hugh Mullan, de 38, que acudió al mismo lugar con un pañuelo blanco tras advertir a las autoridades militares; a una madre de 8 hijos llamada Joan Connolly…

Los familiares de los fallecidos han mantenido una larga campaña para reabrir una investigación que la Policía Militar cerró en 1972 exonerando a los soldados, quienes alegaron que las víctimas utilizaron sus armas o cayeron como consecuencia del fuego cruzado. Han investigado con materiales forenses lo ocurrido en aquellos días con gran detalle.

Un documental emitido por la cadena de televisión británica “Channel 4” avalaba recientemente la inocencia de las víctimas y ofrecía una explicación alternativa.

Un oficial del Ejército británico llamado Frank Kitson había elaborado, tras su experiencia contrainsurgente en Malasia y Kenia contra sus respectivos movimientos de liberación nacional, una estrategia de combate en guerras de baja intensidad que incluía intimidaciones sistemáticas a la población civil. El mismo Regimiento de Paracaidistas mató a 14 personas un año después en Derry, reprimiendo una manifestación inicialmente pacífica, en un hecho que después sería tristemente conocido como “Bloody Sunday” o Domingo Sangriento.

Aunque parece indudable que la guerra híbrida – combinando medios políticos y represión tanto legal como ilegal de la resistencia armada – logró mermar drásticamente la operatividad del IRA Provisional en las décadas posteriores, aquellas masacres agudizaron el conflicto armado.

Según la base de datos de Malcolm Sutton, en el Archivo del Conflicto de Irlanda del Norte en Internet (CAIN), en 1969 hubo 16 víctimas mortales; en 1970, 26; en 1971, 171; en 1972, 480; en los 4 años siguientes, 1.100. Lo ocurrido en Derry y Ballymurphy es parte importante del nudo argumental que justifica al IRA, que mató a casi la mitad de las 3.500 víctimas del conflicto.

El gobierno conservador de Edward Heath envió al Ejército británico a las calles católicas y republicanas de Irlanda del Norte en 1969 y las imágenes de aquel tiempo muestran a vecinos católicos recibiendo a los soldados como protectores, ofreciéndoles té y simpatía. El IRA se escindió entre una tendencia izquierdista que rechazaba la lucha armada y otra, el IRA Provisional, con experiencia militar y haciendo acopio de armas.

Un francotirador del IRA mató por primera vez a un soldado, Robert Curtis, de 20 años, en febrero de 1971, cuando controlaba unos disturbios. Asesinó días después a 6 civiles protestantes con una bomba contra su vehículo. Antes del 9 de agosto se había cobrado 19 vidas, entre ellas las de 10 soldados británicos. El Ejército británico había matado a 7: dos miembros del IRA y 5 civiles en disturbios.

Mandos militares no han logrado que el Gobierno británico apruebe una ley que limite la responsabilidad penal de sus soldados por el tiempo transcurrido desde los hechos. Se quejan de su desventaja con respecto a las investigaciones de los crímenes del IRA porque el Ejército guarda registros de su actividad. La jueza Keegan se ha quejado de la falta de colaboración por parte de las instituciones militares británicas para proveer documentos.

Ministros británicos han explorado la posibilidad de una amnistía como la que se aprobó en España en 1977, para poner fin a la carga de las investigaciones históricas. Grupos de víctimas no lo aceptan, y la reconstrucción de las instituciones norirlandesas del Acuerdo de Viernes Santo de 1998 tropieza con el desencuentro entre los unionistas del DUP (socios de gobierno de Theresa May en Londres) y el Sinn Féin (asociado al IRA) sobre cómo tratar el “legado” del conflicto.

FUENTE: “El Comercio”

Gibraltar desde el nacionalismo andaluz de izquierda: mirando el conflicto con otros ojos (II)

La Segunda Restauración Borbónica (1975) quiso superar anteriores errores con la ansiedad atlantista de una utilización conjunta de la base militar y con el horizonte de la integración europea de otro lado. La OTAN, por cierto, o bien mira para otro lado o bien guarda un cómplice silencio en el conflicto existente entre dos de sus socios, a sabiendas de que con uno u otro su militarismo siempre estará omnipresente.

De otra parte, hoy por hoy, la cuestión gibraltareña no debe convertirse en una mera guerra de banderas de unos mutuos intereses estatales capaces de utilizarse en uno u otro beneficio desde los respectivos gobiernos en liza. Como tampoco podrían imaginar aquellos andalucistas históricos que, cien años después y con un autogobierno con instituciones propias, toda una Junta de Andalucía abiertamente competente en materia de aguas pesqueras y medio ambiente, se haya inhibido de todo lo que afecta al tema en cuestión.

A los nacionalistas andaluces que miramos la realidad con otra sensibilidad y deseamos aportar soluciones desde la izquierda, nos deben motivar otros discursos e ideales diferentes a los que, demagógicamente, conducen al nacionalismo español y a la vana exaltación de sus valores. No estamos dispuestos a sumarnos a campañas orquestadas más propias de otros siglos, ni a sumarnos sin más a unas reivindicaciones que no cuestionan el uso más allá de su mera propiedad. Mucho menos a convertir el desencuentro en una mera exhibición mutua de armamento bélico.

Por ello, se hace necesario destacar las siguientes cuestiones entre otras más localizadas en el pasado:

El oscurantismo existente alrededor del tema gibraltareño provoca la reiterada utilización de tópicos recurrentes sobre el asunto y una peligrosa escalada de argumentaciones extremas, sin más análisis que la posesión o no del espacio. Es cierto que las ciudades de Ceuta y Melilla son posesiones españolas desde dos siglos antes, pero eso no resta a que, con objetividad, gran parte de las argumentaciones reivindicativas también pudieran ser aplicadas a dichos puertos norteafricanos.

En paralelo, la desinformación perseguida tras el tema, no sólo oculta manifiestos y profundos casos de corrupción que han afectado a gobiernos españoles como el de Rajoy, sino que interesa al Estado Español por cuanto es una exaltación fácil y partidista de las actuaciones del Ejecutivo. Al nacionalismo español le es necesario Gibraltar tanto como la Isla de Perejil.

A estas alturas del debate, parece un poco iluso, imposible o decadente invocar la aplicación literal del Tratado de Utrecht. Mucho se ha legislado desde hace 300 años. Un pacto que concretaba la negativa, por ejemplo, a que “judíos y moros” habitasen en el Peñón es de dudosa aplicación en el siglo XXI.

La prórroga de una solución definitiva, si fuera posible, o al menos, la ausencia de un marco de diálogo razonable por ambas partes; provoca una escalada de tensión entre poblaciones vecinas amén de una exaltación desaforada de los respectivos nacionalismos de Estado. En todos los casos, siempre se socializan posiciones ultraconservadoras y las posiciones de izquierda tradicional, sencillamente, o no se visualizan, se suman a otras, o pasan por la autodeterminación de una población autóctona que cada vez más se enroca en los privilegios que ha logrado.

El interés militar de la Roca queda cuestionado con la cercana presencia de la Base Aeronaval de Rota y su escudo antimisiles. Tras el conflicto, subyace además una peligrosa aceptación del militarismo y de sus exhibiciones de fuerza en uno u otro sentido. Gibraltar se convierte así en una peligrosa justificación de la existencia de los ejércitos. La equivalencia es diabólica: la diplomacia nos separa o no aporta soluciones, pero sin embargo, los ejércitos nos protegen.

La monarquía española guarda un curioso silencio al que unir el de los EEUU y la OTAN. Poco importa resolver el contencioso si continúa siendo una base militar “aliada”. Es más, con la entrada de España en dicha alianza militar nunca se habló de dicho asunto.

El capital no entiende de fronteras, ni de banderas o de derechos históricos. Se mueve por intereses especulativos y de alta rentabilidad. Poco entiende de reivindicaciones frente al negocio. Nadie, repetimos, nadie a un lado y a otro de la verja quiere que se acabe con un paraíso fiscal que beneficia a banqueros, grandes empresarios, mafias y especuladores sin conciencia ni nacionalidad.

A nadie escapa que la política diplomática del Estado Español ante Gibraltar ha sido un cúmulo de despropósitos y circunstancias adversas que poco han favorecido la identificación del ciudadano gibraltareño con el andaluz, algo que, sin embargo, es inevitable en ámbitos culturales de simbiosis. Conviene aceptar por parte española la existencia acumulada de errores diplomáticos históricos que no han hecho más que subrayar la enemistad y oscurecer la convivencia entre unas poblaciones fronterizas, cuando no han potenciado un sentimiento de autodeterminación entre los habitantes de la Roca. Algo, por otra parte, hábilmente utilizado por el Reino Unido, quien también en no pocas ocasiones esconde intereses de Estado tras su quehacer.

Resulta preocupante que a la interesada promoción de la “antipolítica” desde ámbitos gubernamentales se le quiera añadir ahora un recurrente estado de opinión y una artificial movilización ciudadana, invocando esta vez un patrioterismo exacerbado. Tras la cortina de humo que representa y la desideologización que implica el discurso, se oculta un peligroso acercamiento a soluciones totalitarias y militaristas. Algunos estarían dispuestos a hacer una nueva “Marcha Verde”.

La situación actual de la Roca es el resultado histórico de la debilidad diplomática del Estado Español – cuando no una abierta ausencia de relaciones exteriores – de manera que el propio devenir de la Historia de España explica el silencio o la reivindicación, según la amistad con el no siempre aliado inglés. En otros casos, conflictos internos o intereses en el devenir político, nos sirven igualmente para comprender las actuaciones al respecto por parte del Estado Español.

“Nosotros, los andaluces, no tenemos por qué hacer coro a Castilla en sus reclamaciones contra Inglaterra”, y quizás por eso, ya reclamaban los andalucistas históricos, conviene actuar como “hombres de Estado” y desde luego, hoy como entonces, someter la cuestión al arbitraje internacional y no entender el uso de esa pequeña porción de Humanidad para “propósitos siniestros, afanes de usurpación o deseos de imperialismo ambicioso”. Dicho de otra forma, a sucesos del siglo XVII y debates decimonónicos, soluciones del siglo XXI. Por importantes que sean no estamos ante un mero problema pesquero, de aguas territoriales o simples bloques de hormigón.

Sin renunciar al hecho de la existencia anacrónica de una colonia el análisis debe ser más riguroso, profundo y más trascendente que una mera guerra de fronteras o titularidades estatales. Antes de que Gibraltar sea territorio andaluz hay que reivindicar que no siga siendo lo que es hasta ahora: un paraíso para el blanqueo o la huida de capitales, para la especulación financiera, para el desarrollo desaforado de sus límites territoriales y aguas, el militarismo, la nuclearización y la imposición de unas políticas antiecológicas. Para ello, no existe otra solución que la implicación de la comunidad internacional y muy especialmente la europea en paralelo a la búsqueda de un escenario de diálogo. Con la situación que vive el Peñón, los sentimientos encontrados y aireados que provoca, así como el destino ofrecido a sus escasos kilómetros cuadrados, da igual que pertenezca a quien sea porque rechazamos en esencia su contenido, destino y fines. Gibraltar andaluz sí, pero antes para la paz, el progreso humano, la ecología y la solidaridad entre pueblos y personas.

Por Manuel Ruiz Romero

Gibraltar desde el nacionalismo andaluz de izquierda: recordando el andalucismo histórico (I)

Concluida la Primera Guerra Mundial y en el contexto de la aplicación de las doctrinas del presidente estadounidense Woodrow Wilson, las democracias dibujaron de forma preventiva y aprendiendo del conflicto bélico un nuevo orden internacional reconociendo el principio de las nacionalidades y el derecho a la autodeterminación de los pueblos.

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Portada del nº196 de la revista “Andalucía”, lanzado el 14 de abril de 1920, en la que destaca a Gibraltar como “población de Andalucía”.

Al hilo de estos hechos España vivirá por aquellas fechas una irreconocible emergencia de reivindicaciones políticas desde gran parte de sus territorios. De entre ella, la primera petición de autonomía que para Andalucía realiza el Centro Andaluz de Sevilla (29 de noviembre de 1918), en nombre de sus homólogos y por acuerdo de la Asamblea de Ronda en enero de aquel mismo año. Este acto de afirmación de Andalucía como sujeto político implicaba, según el texto elevado al Ayuntamiento de Sevilla y a la diputación homónima para que instasen a los poderes centrales la puesta en marcha de Cortes Constituyentes y la concesión de una autonomía “en iguales términos que a las demás”. Ante esta intencionalidad pacifista continental y en el intento por consolidar una nueva realidad diplomática más estable y pacífica, no es casual que los nacionalistas de esta tierra firmasen el 1 de enero de 1919 en Córdoba toda una declaración de intenciones que a la vez que afirma que esta tierra en el nuevo orden europeo reclama atención internacional para una realidad política hasta entonces negada y supeditada a los intereses de un turnismo restaurador inmovilista y centralizador: Andalucía es una nacionalidad. Con ello, su consolidación como autogobierno con los clásicos tres poderes que hoy mismo disfruta nuestra Comunidad Autónoma.

La conclusión de la Primera Guerra Mundial pareció ser el momento propicio para la puesta en marcha de un nuevo concierto internacional que afianzase décadas de paz, un tanto ilusoriamente, a tenor de los hechos posteriores y como la propia Historia demostrará. A la España neutral y aliadófila ante el conflicto quieren sumar ahora los andalucistas y junto a vascos y catalanes, la reivindicación y presencia de un Estado plurinacional y pluricultural en el que sólo Andalucía tiene un territorio bajo dominación extranjera. La reintegración de Gibraltar al suelo andaluz es la reivindicación “y la palabra” que los andalucistas defienden ante la nueva Sociedad de Naciones, mediante un texto enviado al Congreso de Paz celebrado en Ginebra. La afirmación política como pueblo y nación diferenciada es acompañada de una demanda de integridad territorial toda vez que, con el paso del tiempo, el “dolor”, como señala el texto, podría traducirse en “un fatal sentimiento de rencor perenne hacia los promotores del perdurable vejamen”. Andalucía existe y es, y en la medida que su territorio está “desmembrado”, reivindica en su territorialidad plena. No puede ni debe afirmarse sin ella. Se aprovechaba así un instante político vital entre el marco de unas potencias imperialistas que hicieron inevitable la guerra y la reordenación de una Europa que inicia procesos de descolonización.

Así las cosas, para los nacionalistas andaluces el origen del conflicto se encuentra en el “centralismo sordo, ciego y sin alma” que olvida sus regiones a la vez que concretan en Castilla la responsabilidad de todos los males “históricos y coloniales”. Desde el republicanismo andalucista se entiende que la apuesta castellana en pro de los Borbones en la Guerra de Sucesión – identificada y vinculada a intereses centralistas – trae consigo una cesión por la que Andalucía paga con su territorio una apuesta dinástica a favor de una dinastía francesa que rechaza. De hecho, cabe recordar que Gibraltar fue ocupada por tropas catalanas junto a las británicas y que, por su apuesta por el Archiduque Carlos, Cataluña pierde con Felipe V (el primer rey borbónico de España) sus derechos e instituciones históricas. Es más, Menorca – que también por el Tratado de Utrecht pasó a manos británicas – fue recuperada por el Estado Español casi un siglo después por medio de otro tratado.

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Bandera de Gibraltar, inspirada en las armas de la vecina ciudad de San Roque.

Expuesto así, Andalucía es una víctima de Castilla. Tanto por unos hechos, como por un olvido secular en el que el ejemplo de Gibraltar es uno de los más importantes. Precisamente, la política de neutralidad de España ante el conflicto preocupa frente a las posiciones aliadófilas que defienden los andalucistas, en la medida también que, a su final, así se explicaría la inhibición del Gobierno español ante la reivindicación territorial que nos ocupa. Castilla, como verdadera culpable histórica de la situación, volvió una vez más a apostar por las autocracias para defender la suya propia. El momento histórico que se vive resulta pues especialmente significativo para una nacionalidad como la andaluza en su anhelo por recuperar lo que llaman “solar sagrado”, para lo cual ponen en marcha una campaña de envío de cartas y mensajes a la Embajada del Reino Unido en Madrid solicitando la restitución del territorio gibraltareño. Si se quiere, de una forma “llena de optimismo” y muy honesta, pero no menos inocente y pretenciosa a la vez, se esperaba una justa respuesta al considerar que sería incapaz de “negar la personalidad histórica de Andalucía”. Mientras el Estado Español calificaba a los andalucistas históricos de hacer valer su voz y con ella, la propia existencia de Andalucía en el contexto de las emergentes nacionalidades.

Desde aquel instante la voz de Andalucía se hizo valer como interesada ante un conflicto como el de Gibraltar, el cual todavía provoca amplios titulares y levanta aireadas veleidades patrioteras y centralistas. Más allá de la voz de España, Andalucía es la primera interesada en culminar su integridad territorial, ya sea desde Utrecht en 1713 o desde Rota y Morón desde 1963. Y es cierto también que el Estado Español siempre ha reivindicado el Peñón como parte de su geografía, pero no es menos cierto que ha sabido interpretar dicha causa histórica como más le ha convenido según sus intereses, si bien incluso alguna vez abrazó la idea de ocupar la Roca mediante el uso de la fuerza. Hitler, en el famoso encuentro con Franco en Hendaya, hizo desistir al dictador de sus intereses ofreciendo prioridad a los suyos. La impotente España no dudó entonces en ocupar Tánger en 1940 amparada por la tutela del único país que reconoció esta acción ajena a toda medida diplomática: la Alemania de Hitler sacó cierto provecho del apoyo gibraltareño a la causa de Franco. Más tarde, la pretendida política franquista de procurar la asfixia económica de Gibraltar mediante el cierre del lado español de la frontera no hizo sino motivar la crispación e incrementar la identidad pro-británica y colonial de los gibraltareños, aprovechando la vieja democracia para realizar un referéndum entre los habitantes de la Roca para refrendar su vínculo e introducir en la Constitución gibraltareña un punto tranquilizador por el que Londres se compromete a no realizar ninguna acción diplomática sobre Gibraltar sin contar antes con sus habitantes. Todo un cambio de estatus político en unos breves kilómetros cuadrados que, sin embargo, siguen manteniendo tratamiento de colonia pese a que la ONU ya pidió en 1965 el establecimiento de conversaciones para acabar con dicho estatus.

La lucha por la recuperación de Gibraltar es así para los andalucistas históricos paralela a la de todo país que desea su emancipación colonial. Propia, por tanto, de todo movimiento político de liberación nacional.

Por Manuel Ruiz Romero