Es hora de que los japoneses asuman la verdad histórica

Por Zhao Luoxi

foreign201704111508000293277068086Aunque el escritor japonés Haruki Murakami menciona brevemente la Masacre de Nanjing en las más de mil páginas que tiene su última novela “Matar al Comendador”, el libro y su autor han sido blanco de la ira de las fuerzas derechistas japonesas. De hecho, los principales portales noticiosos de Japón están llenos de críticas contra la novela del afamado literato.

Esta no es la primera vez que una novela de Murakami ha sido criticada por los derechistas japoneses. Aparte de las reflexiones existentes en algunas de sus obras anteriores sobre los crímenes cometidos por Japón durante las agresiones de guerra, Murakami ha repetido – en varias ocasiones, e incluso durante el 70º aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial – la importancia de abordar la verdad histórica y sugirió que Japón continuara disculpándose por sus crímenes de guerra hasta que China y Corea se dieran por satisfechas. Por su parte, el cineasta y animador japonés Hayao Miyazaki también ha transmitido una filosofía antibelicista en sus obras, siendo criticado por la derecha japonesa. Incluso Kenzaburo Oe, ganador del Premio Nobel de Literatura, ha sido calificado como “traidor” por su postura contra la guerra y contra la enmienda a la Constitución japonesa.

La sociedad japonesa nunca ha carecido de voces progresistas y justas. Sin embargo, la cacofonía creada por las fuerzas derecistas ha sido ensordecedora. Lo que preocupa es que hay cada vez más ciudadanos japoneses que sucumben a la propaganda derechista que distorsiona los hechos históricos.

Lo que Shinzo Abe busca es blanquear la historia del Japón agresor y atroz. Asegura que no ha leído el texto completo de la Declaración de Potsdam, pretendiendo ignorar la declaración fundamental que conformó el orden mundial de la posguerra. El año pasado buscó la reconciliación unilateral con los EEUU al visitar Pearl Harbor – que Japón atacó en 1941 – tras invitar al entonces presidente estadounidense Barack Obama a visitar Hiroshima, mientras Abe se hacía el sordo ante las críticas de sus vecinos contra su revisión manipuladora de la Historia de Japón.

Muchos factores sociales han llevado a la sociedad japonesa a inclinarse hacia el conservadurismo. Las personas nacidas después de la Segunda Guerra Mundial representan el grueso de la población del Japón actual, y mientras el recuerdo de las agresiones perpetradas se desvanece, los japoneses parecen indiferentes ante la nefasta Historia bélica de su país.

Después de que Abe lograse la reelección como Primer Ministro de Japón, la enseñanza de la verdad histórica en las escuelas y universidades japonesas se ha convertido en la excepción que confirma la regla. Lo que hoy se les enseña a los estudiantes japoneses son los atentados con bomba atómica contra Hiroshima y Nagasaki para demostrar que Japón fue una “víctima” de la Segunda Guerra Mundial. Jamás se asumen como iniciadores de esa guerra ni como violentos invasores, autores de atrocidades contra sus países vecinos.

En cuanto a la Masacre de Nanjing y a la cuestión de las mujeres jóvenes y niñas obligadas a servir como esclavas sexuales al Ejército Imperial Japonés – antes de y durante la Segunda Guerra Mundial – la derecha japonesa asegura que esos crímenes de guerra son “puras invenciones”.

Japón debe asumir la verdad histórica porque mientras no resuelva dicha problemática es imposible la reconciliación con sus vecinos.

Apreciamos que algunos japoneses, como los intelectuales y artistas Oe, Murakami o Miyazaki, hayan tenido la valentía de aceptar la verdad histórica y oponerse al olvidadizo discurso de la derecha japonesa.

Japón es ahora un país desarrollado y se ve a sí mismo como una nación democrática y pluralista. Pero si sus políticos continúan negando la Historia o el criterio de sus intelectuales, el pluralismo y la democracia nipones serán frágiles autoengaños.

Esperamos que los políticos japoneses escuchen las voces nacionales que predican la verdad histórica y actúan como imprescindibles guardianes de la conciencia social japonesa.

(Zhao Luoxi es investigador de política exterior de la Universidad de Relaciones Exteriores de China)