La recolonización de Libia

Por Manlio Dinucci

Lo que hoy sucede en Irak, Libia y Siria es un rotundo desmentido para quienes creen que el colonialismo es cosa del pasado. En 2001, EEUU decidió – a raíz de los acontecimientos del 11 de septiembre – atacar estos tres países… y algunos más. Y si hubo que esperar 10 años para asistir al inicio de las guerras contra Trípoli y Damasco, fue porque había que privar previamente a estos Estados de sus posibilidades de defenderse y crear coaliciones internacionales para disfrazar las agresiones coloniales de “operaciones humanitarias”. Veamos el caso de Libia.

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Fotografía tomada en Trípoli tras la intervención imperialista de 2011. La capital de Libia y las principales ciudades del país quedaron arrasadas.

En la comedia de equivocaciones del pequeño teatro de la política, el primer actor Matteo Renzi ha dicho que “Italia hará su parte” en Libia.

Por consiguiente, en cuanto el Pentágono declaró que Italia hará el “papel de guía”, Renzi declaró que “la misión militar italiana en Libia no está en el orden del día”, cuando en realidad esa misión ya comenzó con las fuerzas especiales que el Parlamento italiano puso a las órdenes del primer ministro. Y para dar luz verde oficial, el primer ministro Renzi espera la formación en Libia de “un gobierno muy sólido que no nos haga repetir los errores del pasado”. Echemos un vistazo al pasado, mientras esperamos que el espejismo de un “gobierno sólido” aparezca en el desierto libio.

En 1911 Italia ocupó Libia con un cuerpo expedicionario de 100.000 soldados. Poco después de su desembarco, el Ejército italiano fusiló y ahorcó a 5.000 libios, mientras que otros varios miles eran deportados.

En 1930, por orden de Mussolini, la mitad de la población de la región libia de Cirenaica fue deportada a unos 15 campos de concentración, mientras que la aviación italiana trataba de aplastar a la resistencia bombardeando las aldeas con armas químicas y el Ejército italiano desplegaba 270 kilómetros de alambradas para rodear toda la región. El jefe de la resistencia libia, Omar al-Mukhtar, fue capturado y ahorcado por las autoridades coloniales fascistas en 1931. Luego comenzó la colonización de Libia en el plano demográfico, mediante la ocupación de las tierras más fértiles y el desplazamiento forzoso de la población hacia tierras áridas.

A principios de la década de 1940 la Italia derrotada fue reemplazada en Libia por el Reino Unido y los Estados Unidos. El emir Idris al-Senussi, convertido en Rey de Libia por los británicos en 1951, concedió a esas dos potencias el derecho a utilizar bases aéreas, navales y terrestres en suelo libio. A las puertas de Trípoli, la instalación de Wheelus Field se convirtió en la base aérea y nuclear más importante de EEUU en el Mediterráneo.

En 1956 el rey Idris firmó con Italia un acuerdo que disculpaba a ese país europeo por los daños causados en Libia y permitía que la comunidad italiana del país conservara su patrimonio. Los yacimientos petrolíferos libios, descubiertos en la década de 1950, acabaron en manos de la British Petroleum (BP), de la empresa estadounidense Esso y de la italiana Eni. Duramente reprimida, la rebelión nacionalista desembocó en 1969 en el golpe de Estado – sin derramamiento de sangre y de corte nasserista – de los “oficiales libres” encabezados por Muammar el-Gaddafi.

La monarquía fue abolida, la República Árabe Libia obligó a Washington y Londres a clausurar sus bases militares y nacionalizó las propiedades extranjeras. Durante las siguientes décadas Libia alcanzó, según el Banco Mundial, altos indicadores de desarrollo humano, con un crecimiento del PIB de un 7’5% anual, un alto ingreso medio por habitante, acceso universal a la educación primaria y secundaria, además de un 46% de acceso a la enseñanza superior. Más de 2 millones de inmigrantes africanos encontraron trabajo en Libia. Ese Estado, que constituía un factor de estabilidad y desarrollo en el norte de África, había favorecido con sus inversiones el nacimiento de organismos que habrían posibilitado la autonomía financiera y el surgimiento de una moneda propia de la Unión Africana.

Estados Unidos y Francia – como ha podido comprobarse en los correos electrónicos de Hillary Clinton – decidieron impedir “el plan de Gaddafi de crear una moneda africana”, que hubiese sido una alternativa para el uso del dólar y del franco CFA. Para ello, y para apropiarse de los recursos de hidrocarburos de Libia, la OTAN – bajo las órdenes de Estados Unidos – iniciaba la campaña contra Gaddafi, y en Italia la “oposición de izquierdas” estuvo en primera línea de esa campaña. El resultado fue la destrucción del Estado libio, que también fue atacado desde dentro con grupos terroristas y fuerzas especiales.

El subsiguiente desastre social, que está dejando más víctimas que la guerra misma, sobre todo entre los inmigrantes, abrió la puerta a la reconquista y partición de Libia, donde ahora vuelve a desembarcar una Italia que, pisoteando su propia Constitución, reactiva su pasado colonial.

Fidel, Gaddafi y la revolución en Libia

Por Zuli Gómez Beas

“Desde hacía tiempo pensábamos que la Revolución Libia y la Revolución Cubana debían acercarse, porque nosotros, aunque distantes, por los hechos veíamos que aquí se estaba produciendo una revolución. Y siempre que ocurre una revolución en cualquier parte del mundo es importante para todos los pueblos del mundo (…) Donde quiera que hemos llegado y hemos visto algo – un programa agrícola, fábricas, viviendas, escuelas, hospitales y carreteras – y preguntamos cuándo lo hicieron, comprobamos que todas esas cosas se hicieron después de la Revolución. Hemos saludado a millares de trabajadores, hemos conversado con cientos de ellos y hemos podido comprender las hermosas realidades que la Revolución ha traído al pueblo de Libia.”

Así comenzaba su discurso Fidel Castro en el acto de amistad entre Libia y Cuba celebrado en Trípoli en 1977, tan solo siete años después de la revolución liderada por Muammar el Gaddafi, que derrocaría al rey Idrís I, sustituyendo el sistema colonialista del Reino de Libia por la República Árabe Libia, que más tarde pasaría a llamarse Gran Yamahiriya Árabe Libia Popular y Socialista.

No fueron pocos los logros socialistas conseguidos por Gaddafi, que ya en la década de 1970 nacionalizó toda la empresa privada, incluyendo la tierra, la industria petrolera y los bancos. Por estas políticas anticolonialistas y anticapitalistas, acompañadas de un fuerte espíritu rebelde y discurso arrollador, fue apodado por muchos como “el Che Guevara árabe”. Como decía Fidel a lo largo del discurso, poco había en ese país antes de la llegada de la Revolución. Ésta no solo aportó recursos y bienes materiales, sino que además dotaría al pueblo de una educación completa (antes de Gaddafi, sólo el 25% de los libios sabía leer, en 2011 su cifra era del 83%) así como de libertad y tanta dignidad que atravesaría fronteras. “Pero la Revolución Libia no solo se ha concretado realizando una gran obra internamente en favor del pueblo; la Revolución Libia ha defendido enérgica y lealmente la causa del heroico pueblo de Palestina.” – Y es que como repetía Castro, el pueblo libio abrazó la causa de Palestina como propia, al igual que muchas otras causas justas donde Gaddafi y su pueblo no dudaron en posicionarse.

Electricidad, educación y sanidad gratuita para todos los ciudadanos; a los que elegían dedicarse a la agricultura, se les asignaban tierras, vivienda para su establecimiento en el lugar, herramientas, semillas y ganado para que pudieran empezar sus propias granjas (de esto fueron testigos los jornaleros andaluces del SOC, que a finales de la década de 1970 vieron los avances con sus propios ojos, invitados por Gaddafi); subsidios en la adquisición de automóviles en un 50% del valor total; los libios participaban directamente de las regalías del petróleo, siéndole depositado el dinero a cada ciudadano en su cuenta corriente.

Estos fueron algunos de los avances conseguidos bajo el mandato de Gaddafi, progresos que en el Primer Mundo estamos lejos de conseguir y que la “izquierda” progre ya no es capaz ni de plantear; la misma “izquierda” hipócrita que no dudó en ponerse de lado del capitalismo “rebelde”, la misma que fue vocera popular de la desinformación y barbarie de los medios, la misma que celebró el cruel asesinato de Muammar el Gaddafi, y la misma que hoy mira para otro lado al ver en qué degradación ha caído Libia. Esa “izquierda”, a día de hoy, no sólo no condena la intervención o pide perdón, sino que incluso suma a sus filas a responsables directos en la ofensiva contra Libia.

Contaba Fidel al pueblo libio que tuvo el placer de conocer al padre de Gaddafi, un hombre de 90 años de edad noble y vigoroso; pensó: “¡Qué será del imperialismo y la reacción en el mundo árabe si Gaddafi vive 90 años!” Hoy no sabemos qué habría pasado porque en 2011 el imperialismo decidió acabar con la vida de un hombre y un pueblo que fueron sinónimo de revolución, y que por más que pese a los sectores más progres, lo seguirá siendo por no arrodillarse ante el imperialismo, por morir de pie.

Flag-Pins-Libya-(1977-2011)-Cuba