La trampa envenenada del tópico: conciencia nacional y de clase en Andalucía

Recientemente, la conocida empresa de gestión de recursos humanos (ETT) “Adecco” hacía público un informe sobre absentismo laboral en el que destacaba que durante 2018 un total de 735.000 trabajadores no habrían acudido ningún día del año a su puesto de trabajo, lo que suponía un incremento de 52.000 personas respecto a 2017. La tasa de absentismo habría crecido en un 5’3% en 2018, frente a un crecimiento del 5% en 2017. El informe añadía que la tasa de absentismo se habría situado en un “nivel histórico” desde 2009.

Más allá de fríos datos que ocultan las causas del absentismo y que de alguna manera pretende culpabilizar a los trabajadores/as y apretar las ya de por sí apretadas tuercas de la clase obrera, están las causas de ese absentismo: accidentes y enfermedades, la salud de muchísimas personas que se deteriora – la mayoría de las veces por causas laborales, esto es algo que el propio informe recoge – o la necesidad de conciliar vida laboral y familiar.

No olvidemos que, según dicho informe, el coste del absentismo laboral en 2018 alcanzó la cifra de más de 85.000 euros. Conviene no olvidarlo, como no lo olvidan quienes han elaborado el informe.

La cuestión es que esos datos concretados por territorios del Estado Español ha sido noticia: Andalucía se situaba como el segundo territorio del Estado, tras las islas Baleares, con la tasa más baja de absentismo laboral, frente a las tasas más altas situadas en la Comunidad Autónoma Vasca y en la Comunidad Foral de Navarra. Rápidamente, fueron muchas las personas, trabajadoras y trabajadores andaluces, que creyeron ver la refutación definitiva del tópico y del estereotipo nacionalista español respecto a los andaluces y andaluzas. Los números, que nunca mienten, nos daban la razón: no somos un país de vagos y holgazanes, de subvencionados y estómagos agradecidos que se gastan el dinero en los bares de tapas y cervecitas, un país de personajes atrapados en un bucle de romerías y ferias que no termina nunca, no, somos un pueblo laborioso y trabajador, y a continuación, venían los típicos argumentos que, como autodefensa frente al insulto y al desprecio del nacionalismo español, la clase obrera andaluza ha ido elaborando históricamente sobre la dureza de trabajar en el campo o de cómo los trabajadores andaluces hemos contribuido al poderío industrial de otras zonas del Estado Español como Catalunya o Euskal Herria; o de Europa, como Francia, Alemania, Bélgica, Suiza, etc.

Evidentemente, el tópico se rompía, pero es más, en otros informes anteriores a éste sobre absentismo laboral, el tópico había quedado ya desmentido. La cuestión es lo que no plantea ese informe y todas las noticias que han aparecido sobre esos datos y es por qué, es decir, ¿por qué en Andalucía hay una menor tasa de absentismo laboral? Nadie habla del tema. Los medios de comunicación destacaban lo anecdótico del tema, cuando – insistimos – no es el primer informe que afirma la baja tasa de absentismo laboral en Andalucía, mientras, la clase obrera andaluza que se ha hecho eco de la noticia veía por fin desmentido el tópico y limpiada su imagen.

El propio informe de “Adecco” reconocía que el absentismo laboral estaba motivado fundamentalmente por las bajas por enfermedad, ya tenemos una pista: los trabajadores andaluces se dan menos de baja y concilian menos, añadimos. Si tomamos esta vía habrá que preguntarse por qué nos damos de baja y conciliamos menos, lanzamos una hipótesis: porque no nos lo podemos permitir. Sigamos, ¿y por qué no nos lo podemos permitir? Apuntamos tres motivos: a) la extensión de unas relaciones laborales precarias; b) un “modelo productivo” que las propicia y las facilita; c) la debilidad del movimiento sindical, o más, la falta de referentes sindicales combativos, salvo excepciones. Podríamos apuntar un cuarto motivo: la normalización de una “cultura empresarial” en Andalucía caracterizada por el autoritarismo, pero esta cuestión es mucho más escurridiza y difícil de analizar.

Siguiendo con estos planteamientos es lógico que si tenemos en cuenta los tres motivos expuestos, la tasa de absentismo sea la que es en Andalucía. El miedo a ser despedido en un marco de relaciones laborales precarias, de paro y marginación, en definitiva, en un marco en el que tener un empleo – aunque sea precario y aunque no garantice no caer en la exclusión – es vital, para al menos sentir o percibir la integración social. Para “Adecco”, evidentemente, el análisis de los diferentes marcos sociales y económicos y su relación con las tasas de absentismo no es algo a tener en cuenta, pero si cogemos el mapa salta a la vista: a mayor exclusión y marginación social, menor tasa de absentismo, y viceversa, salvo excepciones que evidentemente confirman la regla. Tampoco para “Adecco” es importante estudiar cómo la presión de un ambiente precario influye en las trabajadoras y trabajadores para ir a trabajar estando enfermos o no conciliar.

Que Andalucía es “campeona” – como se llegó a calificar en un informe de CCOO Andalucía o el propio banco “BBVA” el año pasado – en precariedad laboral no solo en el Estado Español, sino en Europa, es un hecho probado. Informes sobre la precariedad laboral en Andalucía y cómo ésta es un rasgo del “mercado laboral”, abundan. Al respecto, queremos llamar la atención sobre una cuestión: la costumbre de reducir en dichos informes la precariedad únicamente a la temporalidad o a los contratos a tiempo parcial: también hay fijos a tiempo completo en precario, es decir, en situaciones de una indefensión y vulnerabilidad absoluta en su relación con el empresario, con sueldos precarios, con precarias condiciones de seguridad laboral, etc.

La relación entre la precariedad laboral y los “modelos productivos” desarrollados en los diferentes territorios del Estado Español está igualmente bien estudiada. Sectores como la agricultura, la hostelería, el comercio o la construcción destacan por emplear en precario, especialmente a mujeres y jóvenes. Ni que decir tiene que esos sectores destacan en la economía andaluza y emplean al grueso de la clase obrera andaluza.

Por último, la falta de un gran referente sindical combativo en Andalucía completa el cuadro. Salvo excepciones como las del SAT, CGT, CNT o la de otros sindicatos combativos, la hegemonía del sindicalismo de gestión y concertación de CCOO y UGT es aplastante; por otro lado, el “modelo productivo” implementado en Andalucía ofrece un marco en el que incluso el sindicalismo de CCOO y UGT tampoco consigue organizar a importantes sectores de trabajadores y trabajadoras que están prácticamente abandonados y desconectados de cualquier referente sindical. Ni que decir tiene que un sindicalismo de clase y combativo supone un respaldo importante a la hora de ejercer derechos efectivamente y evitar abusos, y como en el caso que nos ocupa, poder disfrutar de una baja por enfermedad o conciliar con garantías de no sufrir represalias.

Todos estos elementos confluyen en una verdad incómoda para el españolismo de izquierdas en sus diferentes expresiones, como es la relación entre conciencia de clase y conciencia nacional andaluza. Decía Carlos Arenas Posadas en “Poder, economía y sociedad en el Sur. Historia e instituciones del capitalismo andaluz” que las popularizadas consideraciones de Ortega y Gasset (“Teoría de Andalucía”) sobre la “pereza andaluza” se dio en un momento especialmente conflictivo, en un momento de especial auge de organización y lucha del movimiento obrero andaluz; con ironía, pero con certeza, Arenas Posadas destacaría que la holgazanería en Andalucía era – y es, añadimos por nuestra parte – cosa de la burguesía. Nada es casual, el nacionalismo español ha construido un relato sobre Andalucía y los andaluces que hemos interiorizado; hemos interiorizado tanto el cómo nos ven que no somos capaces de vernos como realmente somos, tanto en el pasado como en el presente. Es esa interiorización del tópico, utilizando este informe de “Adecco” sobre tasas de absentismo laboral para negarlo, lo que nos impide ir más allá y analizar las causas, los porqués, quedándonos en lo anecdótico.

Es frecuente en sectores de la izquierda soberanista andaluza teorizar sobre estas cuestiones pero no tanto sacar conclusiones políticas al respecto: que la alienación cultural tiene una función política, de dominación y sometimiento. No podemos contemplar lo nacional, en este caso la opresión nacional, como exclusivamente una construcción cultural, sino como algo más global, dentro del inevitable marco de la lucha de clases. No se trata de calles que discurren paralelas y que en un momento dado se cruzan, se trata de concebir la lucha de clases como el propio trazado urbano por el que discurren las calles.

La verdad incómoda para las diferentes expresiones de la izquierda españolista es evidente: existe un marco nacional andaluz de lucha de clases, no atenderlo significa renunciar a jugar un papel político determinante en la organización y en la lucha de la clase obrera andaluza. Plantear medidas aisladas e inconexas, como “cambiar el modelo productivo” pero sin aspirar a un modelo político propio y soberano para implementarlo, como ya escuchamos en la campaña electoral andaluza en diciembre de 2018, es un brindis al sol; igualmente, negar el hecho nacional andaluz en aras de un “internacionalismo proletario” abstracto, que niega las realidades concretas y no las analiza, es simplemente un suicidio político, un aborto de transformación social no ya revolucionaria, sino también progresista.

Por último, existe otra verdad incómoda, y es el nacionalismo y el chovinismo de la izquierda españolista que acepta tópicos y estereotipos sobre Andalucía, que solo ve la paja en el ojo ajeno – especialmente cuando ese alguien es catalán – pero no la viga en el propio.

Por Antonio Torres

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Manifiesto de los comunistas del Estado Español ante las próximas elecciones

Más vale no hacerse ilusiones. El escenario electoral repleto de actores, tan enfrentados y aparentemente tan diferentes, se erige una vez más para ocultar una misma y dramática verdad. Ninguno de los partidos del Parlamento tiene propuesta alguna capaz de cambiar las condiciones de vida y de trabajo de la cada vez más inmensa clase obrera, para la que nunca acabó la crisis y sobre la que pretenden descargar, nuevamente, las consecuencias de un nuevo estallido.

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Un soldado del Ejército Rojo coloca la bandera soviética sobre el Reichstag de Berlín.

Todos saben que está a la vuelta de la esquina, pero de eso – tampoco – nadie habla. La crisis rompió en pedazos el espejismo reformista de “mejoras” o de “bienestar” sin tocar el núcleo duro de la estructura de poder. Y para hablar mínimamente en serio de soluciones habría que decir alto y claro que el gran capital europeo, para intentar salvar sus bancos y sus multinacionales del naufragio, además de los rescates con dinero público, nos ha impuesto la camisa de fuerza del déficit y del pago de una deuda construida, precisamente, por esos rescates. Y sobre todo, porque si se hablara claro, la gente entendería y actuaría en consecuencia, y no están dispuestos. El vergonzoso ejemplo de la “nueva izquierda” – Syriza en Grecia – o el más cercano del “cambio” de Pedro Sánchez apoyado por Unidos Podemos, nos ahorra más argumentos.

La oligarquía europea, hegemonizada por Alemania, asegura sus políticas en el Estado Español a través del engranaje institucional que garantizó, con la monarquía y la Constitución de 1978, la continuidad de la dominación de la oligarquía financiera y terrateniente y de las estructuras de poder del franquismo, con el añadido de los nuevos ricos de las privatizaciones de PSOE y PP. Las contrarreformas laborales, de las pensiones, la privatización de todo lo rentable, de los desahucios, la opresión de las mujeres trabajadoras, la sobreexplotación de la clase obrera inmigrante, son políticas salvajes que impone la Unión Europea y que aplican gobiernos capitalistas de todo color político. La exhibición de patrioterismo por los mismos que hipotecan toda soberanía a los pies de la UE y de la OTAN y el criminal recurso al enfrentamiento entre los pueblos en el caso de Cataluña, con el silencio cómplice de la supuesta “izquierda”, ha mostrado en primer plano la reedición de todo el esperpento del Régimen del 78. Frente a él, ni siquiera una lección de dignidad y de voluntad de lucha tan impresionante como la que ha ofrecido el pueblo catalán ha sido capaz de romper – él solo – el muro del Régimen del 78. El marco general del capitalismo que afecta a todas las estructuras sociales y políticas, al tiempo que alimenta el recurso al fascismo y a la guerra para controlar el acceso barato a materias primas y anular competidores. Y es esa lucha feroz la que intensifica las contradicciones interimperialistas y abre oportunidades de victorias. La creciente agresividad de la OTAN y el incipiente Ejército Europeo son ejemplos de esas tensiones crecientes entre el imperialismo europeo y el estadounidense. Hechos estos de gran trascendencia para quienes estamos convencidos de que no hay otra salida que la que abren los procesos revolucionarios y de que, en ese camino, tiene importancia decisiva la división y la confrontación interimperialista.

Quienes apoyamos este Manifiesto creemos que es precisamente esa izquierda pusilánime y engañosa, que resalta aspectos colaterales para evitar enfrentar a los auténticos responsables de tanto dolor y tanta desesperación, una de las principales responsables del resurgimiento de la extrema derecha como expresión de la confusión y la canalización de la rabia del pueblo estafado.

Y para no enfrentarla no sirven histéricos llamamientos a formar “frentes antifascistas” liderados por los mismos que han defraudado toda esperanza de transformación. La derrota popular gestada en la Transición se hizo sobre la base del debilitamiento hasta la extenuación del poder de la clase obrera y el sometimiento de sus principales organizadores a los dictados de la burguesía. Y se consiguió, unas veces mediante el soborno, otras usando la represión y siempre fomentando la desmemoria. La ruptura de la continuidad histórica de las luchas obreras y populares es la principal herramienta ideológica de la dominación. La destrucción de la conciencia de que cada generación, para poder enfrentar los problemas que cada época depara, necesita recoger y actualizar el tesoro de experiencia y de lucha de quienes le precedieron, es su arma de destrucción masiva de la conciencia colectiva y facilitar su dominación. Otra es fomentar la división dentro de la clase, de forma que el enfrentamiento entre sectores de la misma confunda, distraiga y divida.

La ofensiva es múltiple: la multiplicación de las diferentes situaciones laborales, la individualización y el vaciamiento del poder de la negociación colectiva, el racismo para enfrentar a la clase obrera de diferentes nacionalidades o la más reciente, que intenta usar la legítima lucha de las mujeres trabajadoras contra el patriarcado para contraponer a mujeres en abstracto contra hombres. Todas ellas son cargas de profundidad de la burguesía contra su mayor enemigo: la clase obrera unida, en toda su diversidad, e independiente, es decir, consciente de sí misma y de su poder. La lucha antifascista organizada y coherente, pueblo a pueblo, barrio a barrio, en las fábricas o en las universidades, debe ser el resultado de la unificación de las luchas obreras y populares contra el enemigo común. Y debe ir dirigida tanto a levantar un muro popular frente al fascismo, como a rescatar de sus filas la rabia y la desesperación obrera de tanto engaño. Y para ello no sirven discursos vacíos.

Es necesario identificar y llamar a la lucha contra los verdaderos enemigos del pueblo. La construcción del poder obrero y popular debe hacerse sobre la base de ineludibles propuestas de ruptura.

  • Ruptura con las estructuras de poder del franquismo travestidas en el Régimen del 78, cuyos pilares son la monarquía y la Constitución de 1978. Sólo la confluencia de las luchas obreras y populares por la República con la de los diferentes pueblos del Estado Español por el ejercicio de su derecho a la autodeterminación puede crear una correlación de fuerzas favorable para llevar a cabo una tarea histórica pendiente desde hace más de 40 años. Y junto a ella, la lucha por la amnistía que vacíe las cárceles de presos políticos antifascistas.
  • Negar el pago de una deuda infame construida a base de transferir fondos públicos a los grandes bancos y rebelarse ante el dictado del déficit, con la reducción del gasto en servicios públicos que conlleva. Todo ello en el marco de la confluencia con otros pueblos de Europa con el objetivo común de romper con el euro y con la UE, así como con su parafernalia de guerra dirigida contra otros pueblos o contra nosotros mismos: la OTAN y el Ejército Europeo. La expropiación de la banca y de las empresas estratégicas, y la planificación de la economía colocando las necesidades humanas como máxima prioridad social, son herramientas indispensables.

Los elementos políticos que aquí señalamos no saldrán en los debates, ni en las tertulias electorales. Son, sin embargo, cruciales, y constituyen los pilares del programa político que debe permitir a la clase obrera y a los pueblos del Estado Español empezar a construir sólidamente su propio poder, dejando atrás ilusiones y espejismos que tan caros estamos pagando.

Las organizaciones firmantes de este Manifiesto nos hemos comprometido a iniciar un proceso de debate y de unidad de acción que nos permita avanzar juntas para recuperar lo perdido y continuar la lucha hasta realizar la plena emancipación social.

FIRMANTES:

COMUNISTAS

 

Comunicado de NA ante el Día Nacional de Andalucía: “Desde Fermín Salvochea a García Caparrós”

El 4 de diciembre de 1977 más de 2 millones de andaluzas salían a las calles de nuestra nación para exigir autogobierno y el acceso de Andalucía a una autonomía plena.

La elección de esta fecha no fue casual. Los organizadores e impulsores de las manifestaciones de 1977 quisieron unir la reivindicación de autogobierno con las demandas históricas andaluzas en pos de la soberanía.

Las manifestaciones de 1977 enlazan con la Revolución Andaluza de 1868, donde un 4 de diciembre las milicias populares gaditanas de los “Voluntarios de la Libertad”, dirigidas por Fermín Salvochea, se levantan contra el Estado Español y proclaman la República Federal Andaluza. El movimiento insurreccional se extiende rápidamente por Andalucía, siendo reprimido brutalmente por el Ejército español. Más de 3.000 asesinados y otros miles encarcelados fue la condena a Andalucía por reclamar su autogobierno.

El 4 de diciembre de 1977, Andalucía tampoco se libra de la represión del Estado Español, siendo asesinado por las Fuerzas de Seguridad del Estado el malagueño Manuel José García Caparrós, de un disparo por la espalda. La Historia nos enseña que cada vez que el pueblo andaluz reclama su derecho a la soberanía, el Estado Español responde con la máxima violencia de la que se puede hacer gala: el asesinato, la represión policial, judicial y política. Ya pasó en 1936 con el asesinato de Blas Infante, o en 1976 con el de Javier Verdejo – cuando la juventud andaluza se oponía al neofranquismo que se estaba preparando.

Pero la represión contra las andaluzas insumisas que no aceptan la actual situación colonial que sufre el pueblo andaluz sigue estando vigente. La Ley Mordaza, que los gobiernos y partidos “progresistas” españoles no se atreven a derogar, condenó al andaluz Fran Molero a pena de cárcel por exigir los derechos más elementales.

Para NA, el 4 de diciembre no es un día de fiesta ni celebramos nada. Es un día de lucha por la soberanía y por los derechos de la clase trabajadora y las clases populares; un día para luchar por la República Andaluza de Trabajadores; por la libertad de Fran Molero y de todas las represaliadas por el Estado Español, por todas las paradas, por las trabajadoras precarias, por los miles de andaluces en situación o riesgo de pobreza, por nuestros jubilados, por una educación y una sanidad de calidad, por el derecho a la vivienda…

Sin embargo, somos conscientes de que el camino no es fácil, que la lucha, la constancia y el sacrificio van a ser los valores que nos van a hacer avanzar hacia los objetivos de una Andalucía libre.

Y aunque NA está presente en las elecciones de este domingo 2 de diciembre y el voto de la Andalucía rebelde puede ser un espaldarazo a nuestra línea política, el futuro de Andalucía no se está jugando en las urnas. Pasa por las luchas en las calles, en los centros de trabajo, en los centros de enseñanza, codo con codo con la clase trabajadora y enfrentando al Estado y sus instituciones con desobediencia y con la voluntad de caminar hacia la liberación de Andalucía.

Por estos motivos estuvimos ayer en Málaga conmemorando el Día Nacional de Andalucía, y por eso llamamos a toda nuestra militancia, adheridas y simpatizantes, a asistir a los distintos actos conmemorativos de los sucesos del 4D de 1868 y 1977, recordando a Fermín Salvochea, a Manuel José García Caparrós y a todas aquellas andaluzas que han sufrido la represión del Estado Español.

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Asimismo, llamamos a todas las andaluzas en Cataluña y aliadas de la causa nacional andaluza en los Països Catalans a participar en el acto que está teniendo lugar hoy 1 de diciembre en L’Hospitalet de Llobregat organizado por NA, la CUP, el sindicato COS y el colectivo “Feminisme Revolucionari de L’Hospitalet”.

¡VIVA ANDALUCÍA LIBRE, SOCIALISTA Y FEMINISTA!

¡HACIA LA LIBERACIÓN DE ANDALUCÍA!

Permanente de la CN de Nación Andaluza

Nación Andaluza ante la marcha a la cárcel de Archidona: ¡Libertad para el preso político andaluz Fran Molero!

Desde hace 5 meses, Fran Molero está secuestrado por el Estado Español en la cárcel de Archidona. El joven Fran, natural de Cuevas de San Marcos (Málaga), tiene una larga trayectoria en los movimientos sociales, políticos y sindicales. Muchas lo conocemos. El grave delito de Molero fue acudir el 25 de abril de 2013 a una de las convocatorias de “Rodea el Congreso” en Madrid. Allí fue detenido durante una carga policial. Durante su detención y traslado, fue maltratado física y verbalmente en múltiples ocasiones.

img-20181011-wa0002Su juicio fue lo más parecido a una farsa. Las únicas pruebas condenatorias han sido el testimonio de las Fuerzas de Seguridad del Estado, que lo identifican de forma vaga por “llevar ropa negra y pañuelo palestino”. No obstante, la Justicia española lo ha condenado a 5 años de cárcel, además de a pagar multas e indemnizaciones por encima de loa 16.000 euros.

Desde Nación Andaluza consideramos que el caso de Fran Molero vuelve a evidenciar el carácter neofranquista del Estado Español. Cuando la clase trabajadora andaluza se rebela contra la injusticia y la opresión, el Estado vuelve a mostrar su verdadero rostro. El castigo impuesto a Fran Molero tiene además un evidente carácter ejemplarizante: el Estado Español quiere enviar un mensaje de miedo a los sectores del Pueblo Trabajador Andaluz que se rebelan.

Para NA, Fran Molero es un preso político andaluz en las mazmorras del Estado. Su situación sólo merece la más profunda solidaridad de todo el Pueblo Trabajador Andaluz, de todas las demócratas y antifascistas. Exigimos la amnistía total y completa para Fran Molero. Animamos a toda nuestra militancia, adheridas y simpatizantes, a acudir el próximo 4 de noviembre a la marcha que saldrá desde la Plaza Ochavada de Archidona hasta la cárcel donde Molero continúa secuestrado 5 meses después.

¡Fran Molero libertad!

¡Amnistía para todas las presas políticas!

¡Hacia la liberación de Andalucía!

Permanente de la CN de Nación Andaluza

Andalucía, 31 de octubre de 2018

Andalucía lidera la lista negra del paro en el Estado Español con un 13’8%

El 13’82% de los hogares andaluces cuenta con todos sus miembros en situación de desempleo durante el tercer trimestre de este año, loque supone una bajada con respecto al mismo trimestre de 2017 de 1’05 puntos porcentuales (cuando la tasa era del 14’87%), según los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), publicada por el INE.

Eso sí, la encuesta, donde las provincias de Huelva, Córdoba y Almería lideran la tasa de desempleo, también arroja que de los 164.000 puestos de trabajo que se han creado en el Estado Español, en nuestro país (que supone el 20% de la población de todo el Estado) solo se han creado 12.000 empleos. Un mazazo para las políticas de la Junta de Andalucía en plena precampaña para las elecciones autonómicas del próximo 2 de diciembre. En total, en nuestro país se contabilizaron 898.200 personas desempleadas.

Las cifras del INE precisan que Andalucía tiene una tasa superior a la registrada en el conjunto del Estado Español, dado que a nivel estatal un 8’11% de los hogares tenían a todos sus miembros desempleados en el tercer trimestre, porcentaje 1’44 puntos inferior al registrado en el mismo trimestre del año anterior: 9’55%. Por su parte, un 68’24% de los hogares andaluces tenía a todos sus integrantes ocupados en el tercer trimestre de este año, frente al 65’52% del mismo período de 2017, lo que supone (2’72%) casi 3 puntos más.

Asimismo, un 28’09% de los hogares andaluces tiene al menos la mitad de los activos que están desempleados, frente al 30’54% registrado en el mismo trimestre de 2017. Este porcentaje es superior al dato registrado a nivel estatal, cifrado en un 17’70%, frente al 21’21% registrado en 2017.

Andalucía, con un 22’85%, ocupa en el tercer trimestre la tercera posición a nivel estatal en tasa de paro, solo superada por Ceuta (30’79%) y Melilla (24’01%). En cuanto a la tasa de actividad, Andalucía ocupa el 13º puesto, donde registra un 56’81%, por detrás de Castilla-La Mancha (58’65%), Aragón (58’79%), el País Valenciano (58’83%), Ceuta (59’05%), Navarra (59’12%), Murcia (59’25%), La Rioja (59’58%), Canarias (60’76%), Cataluña (61’17%), Madrid (62’53%), Melilla (64’46%) y las islas Baleares (67’93%).

De los 898.000 desempleados que recoge la EPA al cierre del tercer trimestre, un total de 420.700 son varones y 477.600 son mujeres. En cuanto al total de ocupados, de los 3.032.700 ocupados andaluces, 1.746.600 son hombres y 1.286.100 son mujeres.

La tasa de paro andaluza del 22’85% es 8’3 puntos superior a la estatal (14’55%). La tasa de desempleo femenina es 7’67 puntos mayor que la masculina en Andalucía. De esta forma, la tasa de paro masculina se sitúa en Andalucía en el 19’41%, superando a la media estatal en 6’29 puntos, que es del 13’12%; mientras que la tasa de paro femenino es del 27’08%, por encima de la estatal (16’22%) en 10’86 puntos.

Por lo que respecta a la tasa de actividad quedó establecida en el 56’81%, estando 1’92 puntos por debajo de la media estatal, que es del 58’73%. En este caso, la tasa de actividad masculina se sitúa en Andalucía en el 64%, estando 0’86 puntos por debajo de la media estatal (64’86%), mientras que la tasa de actividad femenina se sitúa en el 49’91%, siendo 3’02 puntos inferior a la media estatal, que es del 52’93%.

Asimismo, el número de activos en el tercer trimestre fue de 3.930.000 personas, por lo que se registró una bajada del 0’30% respecto al trimestre anterior; mientras que en relación con el mismo trimestre del año anterior ha bajado en 27.000 personas, un 0’68% menos.

Huelva y Almería han sido las provincias andaluzas con mayor tasa de desempleo en el tercer trimestre, con un 25’98% y un 25’53% respectivamente. En el resto de provincias:

  • Jaén: 23’18%
  • Granada: 24’53%
  • Cádiz: 24’72%
  • Córdoba: 25’40%
  • Sevilla: 22’25%
  • Málaga: 17’88%

En cuanto a la tasa de actividad:

  • Almería: 59’05%
  • Sevilla: 58’79%
  • Granada: 57’59%
  • Málaga: 57’31%
  • Córdoba: 55’83%
  • Huelva: 55’36%
  • Cádiz: 54’82%
  • Jaén: 51’95%

En números absolutos, en nuestro país han sido Sevilla, Málaga y Cádiz las que ocuparon las tres primeras posiciones, con 207.500, 140.100 y 138.700 desempleados, respectivamente.

FUENTE: “La Voz del Sur”

Le tengo miedo al futuro

Hay días que llego a casa abatido, agotado, arrastrando los pies, sin energía y con la mirada por los suelos. Levantar la mirada y el mentón me duele. Me duele mirar el horizonte y no ser capaz de pensarme a dos meses vista. Abro la puerta de mi casa como si fuera un sonámbulo y accedo sigilosamente. Dejo las cosas en el primer sitio que puedo y me tiro en el sofá. Confieso que hay noches que lloro, pero otras no lo consigo.

Aparentemente no me pasa nada, pero yo sé que el mal que me duele se llama precariedad, miedo al futuro, inestabilidad vital y pavor de que el porvenir se acabe en un mes, que es el dinero que tengo guardado para hacer frente a un mes de alquiler. La diferencia entre el techo y el raso es un mes.

Acumulo varios trabajos para poder tirar hacia adelante y tengo la sensación de que la vida se ha cebado conmigo, de que un muro se ha levantado en mi camino para impedirme que tenga mis condiciones materiales de vida cubiertas. Se lo comento a mi psicólogo y me dice, el mes que me puedo permitir pagar una sesión, que sufro el mal de mi generación.

Son las heridas abiertas de una crisis que nos ha estafado a quienes tenemos menos de 40 años. Somos jóvenes para tener un buen puesto de trabajo, casa, hijos y futuro, pero muy viejos ya para las administraciones públicas y para el mundo de los sueños.

Nos hicieron creer que íbamos a vivir mejor que nuestros padres y resulta que hay meses que les tenemos que pedir dinero a ellos, que tienen pensiones sencillas, para poder llegar a final de mes. Pagar el alquiler nos quita el sueño y ni qué contar de las facturas de la luz y el agua si se disparan un mes. Ir de vacaciones es una quimera y que nos inviten a una boda, un sueño de terror.

Somos autónomos, cooperativistas, “coworkers” o “freelance”, porque lo de ser asalariado, con pagas dobles, vacaciones pagadas y días de asuntos propios es una novela histórica. Somos los hijos y nietos de quienes lo dieron todo por traer la democracia a este país que ha dejado caer por el acantilado de la desigualdad y la pobreza a una generación a la que llaman “perdida” pero que en realidad somos una generación depresiva, con miedo al mañana y con la capacidad de soñar casi anulada.

A un empleo de 1.000 € y un alquiler de 600 € lo consideramos “tener suerte”, aunque también recordamos la década anterior en la que ganar 1.000 € al mes – cuando había gente que cobraba 4.000 € al mes por vender pisos en una inmobiliaria – era de “fracasados”.

Mi médica de familia dice que el 30% de sus consultas son gente de mi edad que sufre ansiedad, que no es otra cosa que un proceso depresivo que se extiende en el tiempo. Yo llevo así unos 4 años. Marché a Bruselas a probar fortuna y se me rompieron los sueños en el intento. El programa de televisión “Españoles en el Mundo” nos contaba el éxito pero nadie nos dijo que el fracaso existe en la emigración juvenil, que soberbiamente llamamos o nos autollamamos “la generación más preparada de la Historia”. Conocí gente que limpiaba platos y servía mesas, un trabajo muy digno, por cierto, pero que por teléfono le contaba a sus padres que estaban becados en un instituto de pensamiento de política internacional.

A la vuelta de Bruselas, de pronto mi estómago me empezó a doler. Me tiré año y medio con diarreas diarias y dolores estomacales. No iba al médico por miedo y el miedo de no saber lo que tenía, a su vez, me hacía más daño. Terminé viviendo con las persianas bajadas de mi casa y costándome trabajo coger el ratón del ordenador.

Me di de alta como autónomo y me creí “empresario de la comunicación”, aunque había meses que cobraba 900 € o incluso mucho menos. Fui al psicólogo y me traté la ansiedad. Se me quitó el dolor de estómago y empecé a ver las cosas de mejor color, aunque mi realidad material no mejoraba mucho.

Ahora ya no me duele la barriga ni tengo diarreas, pero llevo afónico desde hace 6 meses. La tensión y la ansiedad se ceban con el estómago y las cuerdas vocales. Y a mí en 4 años me ha dado en los dos sitios. Dice mi médica de cabecera que soy un modelo perfecto del mal que aqueja a mi generación.

No paro, no tengo tiempo ni para respirar, tengo hasta que rechazar trabajos que me encargan porque no me da la vida, pero yo no dejo de estar triste. Sé que hay meses que tengo mucho trabajo y otros no tanto. Hay meses que puedo ganar un sueldo digno pero al siguiente tengo que pedirle a mi madre, a mis 36 años, dinero para poder pagar el recibo de la luz.

La precariedad duele, hace daño, te destroza la vida. A mí hay días que me cuesta levantar la mirada y que lloro por las esquinas, pero no lo puedo contar porque la pobreza no crea empatía, no emociona, no vincula, no moviliza. Ningún actor o actriz sale en la gala de los Goya a decir que la pobreza es la causa de su infelicidad.

Nadie ha levantado todavía un “#Cuéntalo” para que los millones de precarios (en España somos 14 millones de personas las que vivimos en el umbral de la pobreza) salgan del armario, se empoderen y pongan en la agenda la desigualdad que más te jode la existencia y que afecta a negros, blancos, hombres, mujeres, gays, heterosexuales, musulmanes, cristianos o mediopensionistas.

Nada es más transversal que la desigualdad económica, y sin embargo es la que más en soledad vivimos, la que más consultas de psicólogos llena y la que menos emociona y sale en los medios.

Sé que no soy el único al que le duele el futuro, sé que somos legión, que somos una generación a la que nos han cortado las alas, somos los hijos y nietos de los empobrecidos de ayer y los padres y madres de los pobres de mañana. Se cansaron de que fuéramos iguales y se inventaron una crisis-estafa para devolvernos a la casilla de salida.

Escribo este artículo porque lo personal es político, porque tengo necesidad de salir del armario del capitalismo, de contar que hay días que no puedo con mi vida y de que le tengo miedo, mucho, a un futuro que nos dijeron que sería prometedor y resulta que es un acantilado de incertidumbre y agotamiento vital en el que hay días que creo que no seré capaz de abrir la puerta de mi casa.

Por Raúl Solís

Comunicado del SAT ante las noticias aparecidas respecto a las temporeras marroquíes

0hcbfkzg_400x400Ante las noticias aparecidas en diversos medios de comunicación respecto a la situación de las temporeras marroquíes, desde el Sindicato Andaluz de Trabajadores/as (SAT), queremos aclarar:

El SAT lleva décadas realizando un trabajo de asesoramiento, denuncia y apoyo de las trabajadoras/es inmigrantes en Andalucía, especialmente en Almería y Huelva. Un trabajo que ha dado sus frutos en forma de informes, publicaciones, libros, denuncias en juzgados, condenas de abusadores… pero, sobre todo, impulsando la auto-organización y el empoderamiento de las trabajadoras/es inmigrantes frente a las situaciones de injusticia y atropello que en numerosas ocasiones se producen.

A finales de mayo, la Asociación de Usuarios de la Administración de Justicia (AUSAJ) se pone en contacto con este sindicato y se ofrece a ayudar ante las noticias de posibles abusos a un grupo de trabajadoras marroquíes de la fresa en Huelva. Esta asociación compuesta por una abogada llamada Belén Luján y Jesús Díaz, su marido, acude a una fina de Almonte por indicación del SAT, que ya había recibido un aviso de auxilio. A partir de ese momento se producen las denuncias pertinentes y el desalojo de las trabajadoras de dicha finca. El compromiso del SAT con las 10 compañeras que denunciaron dichos abusos fue el de cubrir el alojamiento y la manutención de estas mujeres mientras se tramitaba el procedimiento judicial.

Pese a la situación económica del SAT, asediado a multas, con escaso apoyo institucional y basada toda nuestra financiación en las cuotas de una afiliación mayoritariamente precaria, entendimos que era una obligación atender a estas compañeras en la medida de nuestras posibilidades. Ese compromiso se ha cumplido y, además, se suministró atención psicológica, sanitaria y formación diaria de aprendizaje del castellano, siempre encaminado todo este esfuerzo al empoderamiento de estas trabajadoras. Además de este apoyo, entendimos necesaria – y así lo hicimos – la visibilización de la situación y la denuncia pública y política ante diferentes instancias. Así, organizamos junto a otros movimientos sociales y sindicales una marcha de denuncia de la situación de las temporeras en el campo de Huelva.

Desde junio hasta mediados de septiembre, estas compañeras permanecieron en dos casas habilitadas y financiadas por este sindicato en la localidad malagueña de Cuevas de San Marcos. Es a partir del “crowdfunding” organizado en solitario por Belén Luján en agosto y la denuncia pública de su propio equipo de redes respecto a la ausencia de transparencia en la gestión del dinero recaudado, cuando este sindicato le pide cuentas a AUSAJ sin obtener respuesta. Esta situación, unida a las continuas exigencias de AUSAJ de una mayor contribución económica por parte del SAT provoca una ruptura de relaciones. Consecuencia de todo esto, el 14 de septiembre esta abogada y su marido se llevan a las trabajadoras a Murcia, donde también tuvieron problemas con la red de apoyo, a la que también han denunciado, acabando definitivamente en Albacete.

Lamentamos profundamente la utilización torticera y abusiva de la causa de las temporeras para atacar al sindicalismo andaluz de clase, que tiene las manos limpias y no va a cejar en su lucha por visibilizar los problemas de los de abajo, de las personas vulnerables, de la clase trabajadora y el pueblo andaluz. Es absolutamente inadecuada la utilización del derecho penal unido a campañas mediáticas para resolver conflictos entre colectivos que han estado apoyando esta lucha, que está por encima de siglas y de individuos, porque es la lucha por los derechos humanos. Este sindicato ya conoce el uso del desprestigio mediático (“difama, que algo queda”) y del populismo punitivo, y sabemos que estas tácticas – normalmente usadas por el poder – tienen un recorrido corto porque, al final, siempre aflora la verdad.

Este sindicato se pone a disposición de cualquier colectivo o movimiento social para aclarar todas y cada una de las cuestiones planteadas. Asimismo, disponemos de mecanismos internos para depurar cualquier responsabilidad, en el caso de que se haya producido. Y entendemos que la denuncia interpuesta por esta abogada, Belén Luján, entregada a los medios de comunicación y que no ha sido comunicada oficialmente al SAT, sólo busca tapar su falta de transparencia en una huida hacia adelante mezquina y cobarde.