Comunicado del SAT ante las noticias aparecidas respecto a las temporeras marroquíes

0hcbfkzg_400x400Ante las noticias aparecidas en diversos medios de comunicación respecto a la situación de las temporeras marroquíes, desde el Sindicato Andaluz de Trabajadores/as (SAT), queremos aclarar:

El SAT lleva décadas realizando un trabajo de asesoramiento, denuncia y apoyo de las trabajadoras/es inmigrantes en Andalucía, especialmente en Almería y Huelva. Un trabajo que ha dado sus frutos en forma de informes, publicaciones, libros, denuncias en juzgados, condenas de abusadores… pero, sobre todo, impulsando la auto-organización y el empoderamiento de las trabajadoras/es inmigrantes frente a las situaciones de injusticia y atropello que en numerosas ocasiones se producen.

A finales de mayo, la Asociación de Usuarios de la Administración de Justicia (AUSAJ) se pone en contacto con este sindicato y se ofrece a ayudar ante las noticias de posibles abusos a un grupo de trabajadoras marroquíes de la fresa en Huelva. Esta asociación compuesta por una abogada llamada Belén Luján y Jesús Díaz, su marido, acude a una fina de Almonte por indicación del SAT, que ya había recibido un aviso de auxilio. A partir de ese momento se producen las denuncias pertinentes y el desalojo de las trabajadoras de dicha finca. El compromiso del SAT con las 10 compañeras que denunciaron dichos abusos fue el de cubrir el alojamiento y la manutención de estas mujeres mientras se tramitaba el procedimiento judicial.

Pese a la situación económica del SAT, asediado a multas, con escaso apoyo institucional y basada toda nuestra financiación en las cuotas de una afiliación mayoritariamente precaria, entendimos que era una obligación atender a estas compañeras en la medida de nuestras posibilidades. Ese compromiso se ha cumplido y, además, se suministró atención psicológica, sanitaria y formación diaria de aprendizaje del castellano, siempre encaminado todo este esfuerzo al empoderamiento de estas trabajadoras. Además de este apoyo, entendimos necesaria – y así lo hicimos – la visibilización de la situación y la denuncia pública y política ante diferentes instancias. Así, organizamos junto a otros movimientos sociales y sindicales una marcha de denuncia de la situación de las temporeras en el campo de Huelva.

Desde junio hasta mediados de septiembre, estas compañeras permanecieron en dos casas habilitadas y financiadas por este sindicato en la localidad malagueña de Cuevas de San Marcos. Es a partir del “crowdfunding” organizado en solitario por Belén Luján en agosto y la denuncia pública de su propio equipo de redes respecto a la ausencia de transparencia en la gestión del dinero recaudado, cuando este sindicato le pide cuentas a AUSAJ sin obtener respuesta. Esta situación, unida a las continuas exigencias de AUSAJ de una mayor contribución económica por parte del SAT provoca una ruptura de relaciones. Consecuencia de todo esto, el 14 de septiembre esta abogada y su marido se llevan a las trabajadoras a Murcia, donde también tuvieron problemas con la red de apoyo, a la que también han denunciado, acabando definitivamente en Albacete.

Lamentamos profundamente la utilización torticera y abusiva de la causa de las temporeras para atacar al sindicalismo andaluz de clase, que tiene las manos limpias y no va a cejar en su lucha por visibilizar los problemas de los de abajo, de las personas vulnerables, de la clase trabajadora y el pueblo andaluz. Es absolutamente inadecuada la utilización del derecho penal unido a campañas mediáticas para resolver conflictos entre colectivos que han estado apoyando esta lucha, que está por encima de siglas y de individuos, porque es la lucha por los derechos humanos. Este sindicato ya conoce el uso del desprestigio mediático (“difama, que algo queda”) y del populismo punitivo, y sabemos que estas tácticas – normalmente usadas por el poder – tienen un recorrido corto porque, al final, siempre aflora la verdad.

Este sindicato se pone a disposición de cualquier colectivo o movimiento social para aclarar todas y cada una de las cuestiones planteadas. Asimismo, disponemos de mecanismos internos para depurar cualquier responsabilidad, en el caso de que se haya producido. Y entendemos que la denuncia interpuesta por esta abogada, Belén Luján, entregada a los medios de comunicación y que no ha sido comunicada oficialmente al SAT, sólo busca tapar su falta de transparencia en una huida hacia adelante mezquina y cobarde.

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El falso dilema: ¿mantener puestos de trabajo o vender armas a Arabia Saudí?

El Gobierno español anunció la cancelación de la venta de 400 bombas de precisión a Arabia Saudí. La prensa da la noticia de que Arabia Saudí responde amenazando con anular el contrato con Navantia para la fabricación de 5 corbetas por valor de 1.800 millones de euros. Los trabajadores de los astilleros de Navantia se movilizan exigiendo que el Gobierno rectifique para que se garantice el contrato de las corbetas. El Comité de Empresa habla de que se perderían miles de puestos de trabajo. El alcalde de Cádiz afirmó que “la paz en el mundo no puede recaer sobre la espalda de los trabajadores”. Finalmente, el Gobierno español cede y cancela la venta de armas.

Más allá de la más que previsible rectificación del Gobierno, lo cierto es que esta polémica en torno a la venta de armas a Arabia Saudí ha sacado a la luz la conflictiva relación entre dos pilares fundamentales de la izquierda marxista: el movimiento obrero y la solidaridad internacionalista.

El debate se plantea en los siguientes términos: los trabajadores deben elegir entre mantener su puesto de trabajo o vender unas armas que serán usadas para bombardear civiles en Yemen. Por supuesto, estos términos son muy convenientes para el capital, que descarga toda la responsabilidad sobre la clase obrera. Una clase obrera que no sufre directamente los bombardeos, pero que sí sufre un paro y una precariedad masivas. Así, el capital manipula el debate a su favor con una precisión quirúrgica: se presenta como el defensor de los trabajadores frente a los “idealistas” de la izquierda.

El capital es muy hábil a la hora de instrumentalizar estas contradicciones. Constantemente se nos enfrenta a dilemas absurdos: elegir entre nuestro sustento o la paz, entre la precariedad o el paro, etc. E históricamente han tenido mucho éxito en su empeño de engañar a la clase obrera. A modo de ejemplo, durante la Guerra de Vietnam, la mayor federación de sindicatos de EEUU (la AFL-CIO) apoyó activamente la guerra. James Boggs y James Hocker, dos trabajadores de Detroit, describieron así la situación que se vivía en las fábricas:

“Cuando a muchos trabajadores se les interpelaba individualmente, negaban apoyar la guerra. Pero al mismo tiempo, se negaban a hacer nada para mostrar su oposición a la misma […] La actitud de la mayoría de los obreros defendía que, en todo caso, lo que importaba eran sus puestos de trabajo – incluso si su trabajo era fabricar bombas o napalm con el que quemar a los vietnamitas.”

Parece como si Boggs y Hocker nos hablasen de la actualidad. No obstante, también hay hermosos recuerdos de la solidaridad internacionalista de la clase obrera. En 1977, trabajadores y sindicatos de los astilleros de la Bahía de Cádiz llamaron a boicotear las reparaciones del buque chileno “Esmeralda”, que el régimen de Pinochet había usado como cámara de torturas.

¿Qué podemos hacer para combatir esta ofensiva ideológica? ¿Cómo recuperamos ese espíritu internacionalista que mostraron los trabajadores gaditanos en 1977? Aquí van algunas ideas:

En primer lugar, debemos señalar que los términos en los que se plantea el debate son engañosos. No les corresponde a los trabajadores cargar con el peso de la paz, ni a los niños yemeníes sufrir las bombas de la guerra. Es un falso dilema que solo pretende enfrentar a los pobres contra los pobres. Tenemos que desplazar el eje del debate, y señalar que es al capital a quien se debe cargar con el peso de la paz, y con la venganza de la guerra. Hay que señalar la política exterior del Estado Español, tan servil a las guerras de la OTAN y sus aliados. Hay que señalar al Borbón, hijo y emérito, que llevan décadas haciendo suculentos negocios de guerra con Arabia Saudí (y sacando buena tajada de ello). Hay que señalar la política económica de la Unión Europea, responsable del desmantelamiento de nuestra industria y la venta de nuestra agricultura, y que nos condena a ser un país de turismo y paro. Y hay que señalar a esa izquierda cobarde y oportunista que, sabiendo todo esto, prefiere hacernos tragar con sus falsos dilemas antes que enfrentar al capital.

Además, también tenemos que señalar que toda esta polémica ha sido instigada interesadamente. El contrato de las corbetas de Navantia no ha estado en riesgo en ningún momento, tal y como reconocía la Secretaria de Estado para el Comercio de España en su comparecencia en la sesión de la Comisión de Defensa tras consultarlo con la propia empresa. Por tanto, solo podemos concluir que toda la polémica ha sido fabricada por el propio sector armamentístico con el fin de presionar al Gobierno español para que no cancele la venta de armas, usando a la prensa y a los partidos políticos (e incluso a algunos sindicatos) como correa de transmisión para inducir el miedo entre los trabajadores y convertirlos en protagonistas involuntarios.

En segundo lugar, debemos poder ofrecer alternativas. Hay que decir claramente que si en la Bahía de Cádiz solo (o sobre todo) se construyen buques de guerra es porque son los capitalistas, quienes deciden qué se fabrica y qué no, y para ellos el negocio de la guerra es muy rentable. En cambio, la clase obrera no tiene nada que ganar con este negocio, ni aquí ni en Yemen. Por tanto, de lo que se trata es de defender que sean los trabajadores quienes asuman el control sobre la producción. Que sea la clase obrera quien planifique la política económica de acuerdo a las necesidades sociales, recupere la industria, desarrolle la soberanía energética, etc. En definitiva, se trata de plantear a la clase obrera la lucha por el poder político, de luchar junto a los trabajadores más allá de meras reivindicaciones salariales.

Y por último, debemos trabajar para que el internacionalismo sea verdaderamente proletario. Sí, el internacionalismo y el movimiento obrero son dos pilares fundamentales para el marxismo, pero lo cierto es que en muchas ocasiones se tiende a compartimentar las luchas de manera que no se sabe dónde o cuánto llegan a encontrarse. A veces puede dar la sensación de que el internacionalismo se limita a celebrar algunas fechas significativas y a denunciar cada vez que se produce una agresión imperialista. No es suficiente. Un internacionalismo que se limita a analizar y a denunciar, pero que no se esfuerza por trabajar junto a la clase obrera, no sirve. Como dicen en Cuba, el mayor acto de internacionalismo es hacer la revolución en tu propio país. En nuestro caso, combatir la influencia ideológica del imperialismo entre la clase obrera es imperativo. Literalmente, muchas vidas dependen de ello.

Por A. García

Militante de “Iniciativa Comunista”

Declaración del SAT de Cádiz ante el caso de la venta de armas a Arabia Saudí

42084546_2104100822948184_8572085571206250496_nLa Unión Local del Sindicato Andaluz de Trabajadores/as (SAT) de Cádiz, tras recabar información directa de nuestra sección sindical en Navantia-San Fernando, conociendo la contradictoria y tensa situación vivida en el conjunto de su plantilla, tras ver los diferentes posicionamientos llegados desde diferentes organizaciones (con especial atención a aquellas con las que tenemos una relación de trabajo cotidiano), sabiendo también de las expectativas que sobre nuestra opinión había en diferentes colectivos compañeros del Estado Español, ha considerado que no podía dilatar más un pronunciamiento público al respecto.

En este sentido, lo primero que tenemos que dejar por sentado es que no se nos escapa que este pronunciamiento sale más tarde de lo que realmente correspondería. Y hemos tomado nota autocrítica ante ello y valorado la experiencia desde distintos ángulos para sacar las lecciones organizativas que corresponden, a fin de afrontar situaciones parecidas que sin duda seguirán llegando. Pero al tiempo que nos excusamos antes quienes – sobre todo – desde el compañerismo y la amistad han aguardado a una posición que se ha hecho esperar demasiado, les informamos que esa tardanza no ha sido porque no tuviéramos una postura muy formada y bastante consensuada (y también diferenciada, como se verá) sobre el asunto en cuestión. Una posición, la nuestra, que transmitimos en comunicaciones internas en las que, entre otras cosas, apostábamos por conjugar nuestros principios irrenunciables con la elección de los términos más eficaces para que – especialmente – nuestros compañeros de la sección sindical de Navantia pudieran proseguir en las mejores condiciones posibles el magnífico trabajo, en cuanto a ejemplaridad y concienciación “a largo plazo”, que llevan haciendo desde hace años bajo el lema “Somos clase obrera en (y no de) Navantia”, y a los que en esta nota queremos reiterar nuestro máximo respaldo.

De hecho, esta nota pública no es más que una prolongación de los puntos fundamentales que hemos expuesto en diferentes ámbitos organizativos particulares. También, por supuesto, ha tenido que adaptarse al cambio de la situación tras el “paso atrás” del Gobierno español con respecto a la venta de bombas de precisión a la dictadura ultra-reaccionaria y pro-imperialista de Arabia Saudí, que ejecuta la masacre contra el pueblo yemení; un cambio de criterio que, por cierto, no hace sino confirmar la caracterización que de esa postura gubernamental  hacemos en el primer punto de la declaración que ahora sigue.

En el anuncio proclamado desde las instancias gubernamentales y de sus actuales aliados de no vender armas utilizables directamente en la masacre del pueblo yemení ha habido mucho de “postureo” y oportunismo preelectoral; entre otras cosas, para dar un barniz progresista y elegir temas de los que distinguirse de la derechona, y así eludir “meter el diente” a lo que realmente es el programa del verdadero cambio que se correspondía con las movilizaciones de los últimos años. No ha sido realmente una postura de principio. No ya porque finalmente han echado marcha atrás con declaraciones vergonzosas por parte de diferentes elementos del Gobierno español, sino porque desde el comienzo se vio que se utilizaba como arma arrojadiza entre las diferentes sucursales de las marcas electorales en juego. Unas sucursales interesadas, ante todo, en situarse lo mejor posible ante el largo período electoral que de nuevo se avecina empezando por la primaria confección de sus listas.

Es completamente hipócrita desgajar al régimen ultra-reaccionario de Arabia Saudí del conjunto del bloque guerrero imperialista occidental, sin el cual no se puede entender la destrucción bárbara a la que se viene sometiendo a todo Oriente Medio desde hace años (Irak, Libia, Siria…) y ahora Yemen.

Arabia Saudí es un abominable peón de un bloque imperialista que bajo ningún concepto podemos tildar de acoger democracias ejemplares a los que sí pueden vender armas, como es el caso de una larga lista que encabezan EEUU, Reino Unido, Francia y Alemania en tanto que miembros cualificados de la organización terrorista por excelencia: la OTAN. Así, la negación de ventas a este execrable peón que es Arabia Saudí no puede hacerse sustrayéndolo del tablero imperialista del que el Estado Español es activo jugador, todo él, de forma criminal. Estamos, pues, ante una cuestión de política de altura de proyección revolucionaria que requiere de una prolongada acumulación de fuerzas que acabe con el sistema capitalista e imperialista que está llevando al escenario mundial a una nueva barbarie de la que el régimen saudí no es sino uno de sus peores abortos.

Por tanto, no vemos correcto culpabilizar a quienes trabajan en las empresas fabricantes de material bélico de la clientela a la que se vende este material. Insistimos en que estamos ante una tarea política de alcance en términos de militancia anticapitalista y anti-imperialista a fin de que nuestros compañeros de la clase obrera no tengan que vender su fuerza de trabajo para la producción de mercancías que siembran la muerte; de la misma manera que es un reto estratégico mayor que nuestro pueblo no consuma mercancías realizadas con la superexplotación criminal que nuestras empresas multinacionales “estelares” imponen en los talleres de la ignominia del llamado Tercer Mundo.

Ahora bien, si en un momento dado, por contradicciones en determinadas instancias estatales o incluso a nivel internacional entre bloques imperialistas, se señala de forma parcial a un odioso régimen como el de Arabia Saudí (que ni siquiera guarda las formas para mejor cometer su crimen como sí hacen las viejas potencias “democráticas” imperialistas, de largo e incesante currículo infame de atrocidades), si ese odioso régimen es señalado, aunque sea por intereses espurios, entonces, ¿cómo no aprovechar la coyuntura y contribuir a su aislamiento y destrucción pero siempre desde un discurso y una acción global anti-imperialista? Por eso, apoyaremos toda movilización que dificulte la acción criminal de Arabia Saudí en Yemen.

Expresamos nuestra comprensión por la angustia de los trabajadores y trabajadoras ante la falta de “carga de trabajo” en general, y en particular en la machacada Bahía de Cádiz. Y bajo ningún concepto apoyamos los pronunciamientos militantes que les califican de “reaccionarios”. Caer en eso es completamente contraproducente e impropio de quien pretenda un trabajo paciente de concienciación y de fortalecimiento de la clase obrera. Otra cosa es el tratamiento que se dispense a esos representantes del sindicalismo llamado mayoritario, totalmente integrado en el sistema y que desde hace décadas ha venido aislando, atomizando, dispersando, desmoralizando y dividiendo a la clase trabajadora que, efectivamente, conoció casos gloriosos como cuando se impidió entrar en la misma factoría de San Fernando al buque-centro de torturas chileno “Esmeralda”. Pero aquello fue el resultado de un terreno previamente regado de organización y de cohesión obrera. Y es que la solidaridad y hasta el heroísmo también se organizan con paciencia y humildad militante; lo que incluye cuidar mucho en qué términos nos dirigimos al resto de nuestra clase. Sobre todo, esta es una exigencia para quien tiene el honor de militar sin cálculo personal alguno, al servicio de la causa obrera y popular.

Pero ciertamente todo esto está supeditado a algo más supremo aún. No puede haber “final feliz” ni en la senda del trabajo sindical ni en el de otra índole de concienciación y de organización combativa si el trabajo militante no parte de principios. Estos no bastarán: serán sólo, en el sentido más literal del término, un “comienzo”. Pero un comienzo ineludible para no corromper todo el camino. Toca especialmente a las organizaciones militantes salvaguardar esos principios por mucha (y necesaria) comprensión que tengamos con determinados colectivos laborales.

Por eso:

No avalamos ni pasadas ni futuras movilizaciones que exijan que se vendan armas letales utilizables por una asesina dictadura pro-imperialista y reaccionaria con tal de que no rompa determinados contratos. En consecuencia, por más que sepamos del juego politiquero que rodea todo este asunto, no apoyamos movilizaciones que alimenten chantajes comerciales por parte de Arabia Saudí.

Denunciamos el discurso vomitivo de los portavoces de los “sindicatos mayoritarios” que han impulsado las recientes movilizaciones; una convocatoria que ha tenido por estos lares el apoyo – no hay que sorprenderse – de la caverna político-mediática de siempre. Pero que ha contado también con la connivencia – habrá que sorprenderse cada vez menos – de las llamadas “fuerzas del cambio” más locales que han antepuesto no la lógica prudencia de una concienciación a largo plazo, sino un maniobrerismo cortoplacista electoral lleno de demagogia (otra vez primaria) sin apenas ningún cambio con respecto a la derecha de siempre.

Por último, llamamos a engrosar las filas de quienes apuestan por un cambio de modelo productivo en la Bahía de Cádiz, sostenible en lo energético y alejado de la industria de la guerra. Pero hacemos ese llamamiento desde la convicción de que nada mejor para acercar su materialización que integrar esa justa reivindicación en una estrategia contundente y clara de superación de un sistema que necesita de la precarización industrial que mata. Y de la industria de la muerte que presupone el chantaje de la miseria para asegurarse su infame singladura.

Unión Local del SAT en Cádiz

18 de Septiembre de 2018

Nación Andaluza ante la crisis de Navantia: en defensa de la carga de trabajo, contra el imperialismo

El pasado 4 de septiembre el Estado Español paralizó la venta de 400 bombas a Arabia Saudí, uno de los regímenes dictatoriales más terribles de Oriente Medio, peón del imperialismo en la zona y que está inmerso desde 2014 en una guerra en Yemen. Desde entonces se han sucedido las noticias sobre la presunta paralización de la construcción de cinco corbetas en los astilleros de Navantia-Cádiz, cuyo contrato se firmó el pasado mes de julio, así como las movilizaciones de las trabajadoras de Navantia. Ante esta situación, queremos manifestar:

En la actualidad, las comarcas gaditanas sufren un 26’9% de desempleo según cifras oficiales. Las cifras reales son mucho más altas. Manifestamos nuestra solidaridad con las trabajadoras de Navantia que se ven sometidas frecuentemente a la coacción del paro. Fuimos solidarias con Astilleros (ahora Navantia) en las luchas contra la reconversión naval y lo hemos sido en todas las movilizaciones en defensa de carga de trabajo. Hoy volvemos a manifestar nuestra solidaridad con la demanda de carga de trabajo para Navantia y de que en la Bahía de Cádiz haya un futuro para la clase trabajadora sin que tengan que recurrir a la dolorosa emigración.

Las noticias que han visto la luz desde el 4 de septiembre – sobre el rescindido contrato de 400 bombas – manifiestan cómo Andalucía es rehén del imperialismo. A las numerosas bases e instalaciones militares extrañas al Pueblo Trabajador Andaluz (españolas, estadounidenses y británicas) se le suma la utilización de nuestro país y sus fuerzas productivas (Navantia en Cádiz, Santa Bárbara Sistemas en Granada…) a beneficio de los intereses del bloque imperialista liderado por los EEUU. Andalucía es su instrumento y la clase trabajadora andaluza es utilizada ante la falta de alternativas laborales que posibiliten una oposición a los intereses imperialistas.

La responsabilidad del desempleo y la fragilidad económica de Navantia (y en general de Andalucía) la tienen el Estado Español y la Unión Europea, que han situado a Andalucía en la división internacional del trabajo como un espacio desindustrializado, dependiente de las frágiles exportaciones agrarias y del volátil sector turístico. La industria en Andalucía se viene reduciendo cada vez más mientras crece en el Estado. Hemos pasado de un 10% de Valor Añadido Bruto industrial del Estado en 1976 a un 7’9% en 2011.

Señalamos como hipócrita la actitud de Podemos y de José María González “Kichi” – alcalde de Cádiz – que respalda la venta de las corbetas a Arabia Saudí “mientras no haya otra cosa” para la clase trabajadora gaditana. Hipócrita porque en las negociaciones actuales para el presupuesto del Gobierno estatal de 2019 con el PSOE no se ha puesto encima de la mesa la necesidad de carga de trabajo para Navantia-Cádiz que no dependa de la industria de la guerra ni de sátrapas como los Saud. “Kichi” y Podemos tienen una oportunidad de oro para demostrar que apuestan por la estabilidad y el futuro de Navantia-Cádiz, poniendo como condición para cualquier negociación presupuestaria con el PSOE un plan de amplificación y diversificación de la carga de trabajo de Navantia-Cádiz. Por desgracia, nos tememos que esta situación no se va a producir porque reforzaría a la clase trabajadora andaluza y reduciría su dependencia de los vaivenes gubernamentales. El Estado Español y sus partidos quieren una industria andaluza débil y dependiente, un Pueblo Trabajador Andaluz desmovilizado y dócil a los intereses imperialistas. Y para eso necesita una Bahía de Cádiz siempre amenazada por el paro.

Desde Nación Andaluza entendemos que el empleo de 6.000 familias de la Bahía de Cádiz no puede depender de los vaivenes políticos del Gobierno español de turno ni de las necesidades militares de dictaduras criminales. La ampliación y diversificación de la carga de trabajo de Navantia-Cádiz es una prioridad para cualquier política industrial en Andalucía.

Rechazamos que los astilleros de Navantia-Cádiz sean utilizados para construir las corbetas saudíes, así como la utilización de nuestros puertos para el tráfico de armas y material de guerra que alimente a los ejércitos de las potencias imperialistas y sus intereses geopolíticos. No queremos en nuestra tierra negocios de guerra imperialistas.

Reivindicacmos la desmilitarización plena de Andalucía. Rechazamos la presencia de bases militares españolas, estadounidenses o británicas en nuestro país. Aspiramos a que ni una sola trabajadora andaluza tenga que ponerse al servicio del imperialismo ni de sus intereses.

Por todo ello – y siendo conscientes de que el Estado Español jamás permitirá una Andalucía en estos términos – consideramos imprescindible la lucha por una República Andaluza de Trabajadoras que posibilite la nacionalización de Navantia-Cádiz, la ampliación y diversificación de su carga de trabajo y que ponga su gestión y futuro en manos de los propios trabajadores de Navantia.

¡Sí al futuro de Navantia!

¡Por la desmilitarización de Andalucía!

¡Por la República Andaluza de Trabajadores!

Permanente de la CN de Nación Andaluza

Andalucía, 11 de septiembre de 2018

Resolución de NA en apoyo a las movilizaciones de los pequeños agricultores de la aceituna de mesa

nacion2bandaluzaAnte el anuncio de movilizaciones de los pequeños agricultores productores de aceituna de mesa, desde la Comisión Nacional de NA queremos manifestar:

Andalucía es líder mundial en producción de aceituna de mesa, con más de 352.000 toneladas en la última campaña. En las comarcas sevillanas se obtiene la mayor parte de la producción. Nuestro país genera un producto único con variedades como la Gordal y con unas calidades excepcionales, cuya producción de carácter familiar se ve amenazada por los intereses de las grandes compañías del sector.

Nuestro apoyo a las movilizaciones de los pequeños agricultores ante la incertidumbre a la que se enfrentan cada año, sin saber si el precio que cobrarán por parte de los agentes de compra alcanzará a cubrir los gastos de las producciones de aceituna de mesa. A este elemento se añade la subida de los aranceles de EEUU en un 34’75%, lo que dificulta la exportación.

El reducido número de compradores de aceituna lo hacen en régimen de cártel, pactando precios a la baja y ejerciendo una situación casi monopólica, que repercute en una transferencia de rentas desde las familias campesinas andaluzas hacia las grandes cadenas de transformación y comercialización, en manos de sectores de la burguesía andaluza e internacional, cuyas prácticas se han mostrado dañinas para el sector.

Esta situación – amparada por las políticas neoliberales y entreguistas de la Junta, el Estado Español y la UE – sólo puede generar en unos cuantos años el abandono de las pequeñas explotaciones, produciendo una concentración aún mayor de la propiedad agraria en unos cuantos terratenientes. Este problema vuelve así a poner a de manifiesto la necesidad de una reforma agraria que reparta entre el proletariado agrícola la tierra, nacionalizando las grandes propiedades.

Desde Nación Andaluza consideramos necesario ir más allá del reclamo parcial de los precios de la aceituna de mesa. El pueblo andaluz necesita derrotar el poder de los monopolios y las mafias de la comercialización, nacionalizando las grandes empresas transformadoras y comercializadoras del producto para asumir los procesos de producción, distribución y comercialización del producto, y ponerlos bajo la gestión y control popular.

Por todo ello, animamos a nuestras militantes, adheridas y simpatizantes a apoyar y secundar las distintas movilizaciones que el campesinado va a desarrollar, siendo la primera la concentración realizada el pasado 5 de septiembre en la Puerta de Jerez, en Sevilla. En defensa del pequeño campesinado andaluz y de nuestro tejido productivo.

¡Contra el poder de las grandes empresas!

¡Por un medio rural andaluz vivo!

Comisión Nacional de NACIÓN ANDALUZA

Granada, 2 de Septiembre de 2018