Seamos socialistas

Hay una diferencia fundamental entre la visión de los modelos semi-revolucionarios, que dicen que mientras las clases trabajadoras y la clase obrera sigan atrasadas deben quedarse bajo tutela, pues no es razonable concederles más derechos de los que puedan ejercitar; y entre la visión revolucionaria verdadera, que dice que mientras esta clase sea la inmensa mayoría del pueblo, mientras sea ella la que construye la sociedad, quien lucha y combate cuando sobrevienen los peligros y la agresión exterior, cuando aparecen conspiraciones imperialistas, debemos habilitar todos los medios posibles para que esta clase sea capaz de ejercitar sus derechos y su libertad. Porque la clase obrera no puede llegar al nivel de capacidad y eficacia necesario para construir la Revolución Árabe si no practica sus derechos con libertad. Puede y debe equivocarse para aprender con la práctica, para que surja en nuestra vida un espíritu y un calor nuevos: el calor del pueblo trabajador, el pueblo que está interesado en la independencia y la libertad, en la soberanía y en la unidad, en que se eleve el nivel de vida de nuestros países.

No podemos ser socialistas y proclamar el socialismo si limitamos el papel de la clase obrera, si lo censuramos, si lo miramos como si no fuera parte de nosotros, ni nosotros parte de ella.

Somos parte de la clase obrera. Los socialistas verdaderos se consideran a sí mismos parte de la clase obrera. El verdadero gobierno socialista es el gobierno de la clase obrera, el que atiende más a las posibilidades de esta clase en el futuro que a sus defectos en el presente. El que considera lo que esta clase puede dar, forjar y crear en la vida de la nación, en el combate del destino, antes de los errores en los que pueda caer en la práctica, sus detalles y pormenores. Éste es el salto que se le exige a la revolución, a la Revolución Árabe total y en cada una de sus regiones, porque en el pasado se detuvo a mitad de camino.

Ésta es la corrección radical y decisiva que ha de dejar su impronta en nuestra vida y nuestra actuación en los 10 años próximo, para que nuestra revolución sea profunda y válida, capaz de corresponderse con los medios del enemigo y su enorme fuerza, para que así nos coloquemos en medio del camino de nuestro renacimiento.

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Reunión entre las delegaciones de la República Árabe Unida (Siria y Egipto), encabezada por Gamal Abdel Nasser, en el contexto de las conversaciones tripartitas entre Egipto, Siria e Irak. De izquierda a derecha: Salah al-Din al-Bittar (Primer Ministro de Irak); Luay al-Atassi (Presidente de Irak); Gamal Abdel Nasser (Presidente de la RAU) y Michel Aflaq (Jefe del Comando Nacional del Partido Baath).

Este salto consiste, precisamente, en cambiar la visión que se tiene del proletario y de la clase trabajadora. Reconocer primero sus derechos y exigirle después sus deberes. La clase obrera es consciente de sus responsabilidades históricas, pues no pide beneficios materiales o de consumo solamente, sino que con su instinto y conciencia nuevas siente que es la base de esta patria, de esta nación, que es ella quien va a salir a la calle, la que va a ir al frente el día del peligro. A ella pertenecen los luchadores y combatientes. En tiempos de paz, es ella la que construye con su sudor y esfuerzo los proyectos de desarrollo del país y de su industrialización, para llevarla del atraso al desarrollo y a la civilización.

No digo esto para que los obreros sientan orgullo y se envanezcan. No. No creo que el orgullo conozca el camino que lleva hacia nuestras clases obreras y populares. Las clases trabajadoras y populares son quienes sienten pasión por esta patria, quienes aman esta tierra; ellas son las que se sacrifican en silencio, las que en realidad creen en los valores patrióticos y humanistas, más que en el pan de cada día que luchan por conseguir.

Sacrifican de todo corazón hasta ese pedazo de pan cuando ven a su patria amenazada, sin necesitar consejos ni recomendaciones. Éstos deben dirigirse a las clases que no son capaces de valorar en qué circunstancias estamos, ni estimar que estamos amenazados en nuestra existencia como nación; ni de considerar, por tanto, que éste es un tiempo de privaciones y de preparación al combate, y que lo que debe darse a las clases populares no es comodidad, sino los medios para que puedan construir la patria y defenderla.

Por Michel Aflaq

Fundador del Partido Árabe Socialista Baath

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Los laboristas podemos lograr un mejor acuerdo del Brexit: permitidnos demostrarlo

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Jeremy Corbyn (Chippenham, Wiltshire, 1949) es el actual líder del laborismo británico. Sindicalista de dilatada trayectoria, actualmente es líder de la oposición y desde su llegada al poder laborista, el Partido se ha caracterizado por su giro a la izquierda.

El chapucero acuerdo del Brexit que Theresa May presentó a la Cámara de los Comunes la semana pasada representa un fracaso monumental y un grave perjuicio para el Reino Unido. En vez del arreglo razonable que la primera ministra podía haber negociado, estamos frente a un acuerdo que incluye lo peor de los dos mundos. No le sirve ni a los que votaron por el Brexit ni a los que eligieron quedarse en la Unión Europea.

En lugar de retomar el poder de decisión, renuncia a él. En vez de proteger los empleos y las condiciones de vida, los pone en peligro al no sentar las bases para que se genere una relación comercial sin conflictos. Los conservadores llevan 2 años y medio negociando entre ellos en lugar de con la UE. El resultado ha sido un acuerdo de retirada de la Unión Europea que deja al Reino Unido sin capacidad de movimiento.

Las opciones que se presentan a los británicos son extender la fase de transición a un coste indeterminado o aceptar un desequilibrado acuerdo con una “salvaguarda” (la disposición para garantizar que no haya aduanas entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda) que impediría una salida independiente de la UE. Como se explica detalladamente en el asesoramiento legal que la primera ministra trató de que no viéramos la semana pasada, esa salvaguarda “perduraría indefinidamente” mientras la Unión Europea así lo desee.

En la práctica, lo que todo esto implica es que la lista de deseos del “futuro acuerdo de asociación” con la UE no pase de ser eso: una lista de deseos, sin margen para negociar un acuerdo comercial eficaz y sostenible. Gran Bretaña no podría decidir en sus propios acuerdos aduaneros ni en las regulaciones clave del mercado. Se permitiría retroceder en los derechos de los trabajadores, pero no podrían tocarse las restricciones que limitan las ayudas estatales a la industria.

Según May, solo se trata de una póliza de seguro, pero ya está más que claro que la disposición de la “salvaguarda” es una parte central de su acuerdo. Deja sin voz ni voto a Gran Bretaña en un humillante lugar de paso del que no podrá salirse sin el permiso de la UE. No conozco ningún precedente de un Gobierno británico que firmase un tratado internacional del que fuera imposible retirarse sin el acuerdo de otros países. Es absolutamente inaceptable.

El único motivo por el que el Gobierno ha llegado a un acuerdo tan retorcido es el enfrentamiento entre las diferentes facciones del Partido Conservador. Pero ha fracasado. Al final, lo que ha conseguido es unir a los conservadores que querían irse de la UE con los que querían quedarse, a los miembros del Partido Unionista Democrático (DUP) de Escocia con todos los que le hacen la oposición.

Este espantoso acuerdo debe ser derrotado en la votación de la Cámara de los Comunes. En el Partido Laborista estamos trabajando con diputados y partidos de toda la cámara para garantizar su rechazo tanto como para evitar cualquier posibilidad de un Brexit sin acuerdo.

La primera ministra anda diciendo que no hay alterntiva viable y que una derrota de su acuerdo significará que no hay Brexit o que no hay Brexit con acuerdo. Es mentira. El Partido Laborista tiene un plan alternativo que desbloquea las negociaciones para nuestra futura relación con la UE y nos distancia de la dañina “salvaguarda”.

Una nueva y amplia unión aduanera con la UE donde el Reino Unido tenga voz y voto en los nuevos acuerdos comerciales reforzaría nuestro sector manufacturero y nos daría una base sólida para un renacer industrial bajo el próximo Gobierno laborista, especialmente en las comunidades más rezagadas. Eliminaría la amenaza de tener varias legislaciones para diferentes partes del Reino Unido. Y solucionaría la mayor parte de los problemas para los que se pensó el mecanismo de la “salvaguarda”.

En segundo lugar, en vez del pésimo acuerdo de la primera ministra, tendría mucho más sentido firmar una nueva y firme relación con el mercado único europeo que genere una relación comercial sin conflictos y nos otorgue la libertad de reconstruir nuestra economía ampliando los servicios públicos y estableciendo políticas de migración que satisfagan las necesidades de mano de obra, en vez de alimentar la xenofobia con objetivos o umbrales de la inmigración mentirosos.

Por último, queremos garantías de que los actuales derechos laborales la UE, sus normas medioambientales y su protección para los consumidores serán un punto de referencia desde el que solo se podrá avanzar, y no dar marcha atrás para hacer competencia desleal a otros países a costa de nuestros ciudadanos. Lo que la gente quiere de verdad son estos derechos y salvaguardas, ya sean las que los protegen de los pollos lavados con lejía o las que fijan el número de festivos remunerados. Pero el Gobierno está decidido a negociar esas protecciones y mecanismos de defensa en una carrera a la baja.

Las prioridades del Partido Laborista son muy diferentes. Nuestro plan alternativo garantiza que la frontera siga abierta en Irlanda; otorga seguridad a los inversores y da al sector industrial un empujón para que se renueve; refuerza los poderes para reconstruir la economía y los servicios públicos; asegura que los trabajadores, los consumidores y el medio ambiente tengan una defensa del mejor nivel. Estamos absolutamente comprometidos con la cooperación internacional y con la solidaridad contra el racismo en toda Europa, también en los países que no forman parte de la UE; y decididos a asegurar que los estudiantes sigan teniendo la oportunidad de estudiar en otros países.

A diferencia de la opción “Noruega Plus” que ahora se sondea entre los parlamentarios, nuestro plan no deja a Reino Unido como un acatador de normas global que implementa, sin voz ni voto, los reglamentos europeos. El nuestro es un plan susceptible de negociación con la Unión Europea, incluso en esta fase avanzada, en la que ya han sido colocados la mayoría de los ladrillos. La UE ha demostrado su disposición a renegociar acuerdos aún más complejos, como el Tratado de Lisboa. El nuestro es un plan que, en mi opinión, puede sumar una mayoría parlamentaria y unir al país.

Lo que está en juego no podría ser más importante. Si los parlamentarios no aprueban el acuerdo de la primera ministra, el Gobierno habrá perdido la mayoría en el tema más importante para el país y su capacidad para gobernar. En esas circunstancias, lo mejor que se podría hacer es permitir que el país decida el camino a seguir y el equipo para hacerlo. Es decir, elecciones generales.

En otras épocas, una derrota de tal magnitud como la que ahora enfrenta May habría significado elecciones automáticamente. Pero si bajo las condiciones actuales unas elecciones no son posibles, hay que poner todas las opciones sobre la mesa. Entre ellas, la alternativa de acuerdo del Partido Laborista y la opción de hacer campaña por una votación pública que nos haga salir del punto muerto, tal y como decidió el Congreso del Partido Laborista el pasado septiembre.

Hace 2 años, la gente que votó por quedarse en la UE quería una sociedad multicultural y una relación internacional, abierta con Europa. Muchos de los que votaron por salir lo hicieron por la rabia que les provocaba sentir que la clase política no los tenía en cuenta, con trabajos inestables y mal pagados en una infraestructura en decadencia. Nuestra misión es implementar un plan que sirva a todo el país y una a la gente.

Viendo lo que el Parlamento decidió la semana pasada, el apoyo para un plan alternativo que logre unir al país parece ahora más fácil de conseguir. El acuerdo del Brexit propuesto por el Gobierno no debe continuar. El Parlamento ha demostrado que está listo para tomar el control y el Partido Laborista tiene la capacidad de liderazgo que necesita el país.

Por Jeremy Corbyn

NOTA: Este artículo de opinión ha sido redactado por el líder del Partido Laborista antes de conocerse la suspensión de la votación del acuerdo del Brexit, programada en un principio para este martes 11 de diciembre.

Comunicado de NA ante el Día Nacional de Andalucía: “Desde Fermín Salvochea a García Caparrós”

El 4 de diciembre de 1977 más de 2 millones de andaluzas salían a las calles de nuestra nación para exigir autogobierno y el acceso de Andalucía a una autonomía plena.

La elección de esta fecha no fue casual. Los organizadores e impulsores de las manifestaciones de 1977 quisieron unir la reivindicación de autogobierno con las demandas históricas andaluzas en pos de la soberanía.

Las manifestaciones de 1977 enlazan con la Revolución Andaluza de 1868, donde un 4 de diciembre las milicias populares gaditanas de los “Voluntarios de la Libertad”, dirigidas por Fermín Salvochea, se levantan contra el Estado Español y proclaman la República Federal Andaluza. El movimiento insurreccional se extiende rápidamente por Andalucía, siendo reprimido brutalmente por el Ejército español. Más de 3.000 asesinados y otros miles encarcelados fue la condena a Andalucía por reclamar su autogobierno.

El 4 de diciembre de 1977, Andalucía tampoco se libra de la represión del Estado Español, siendo asesinado por las Fuerzas de Seguridad del Estado el malagueño Manuel José García Caparrós, de un disparo por la espalda. La Historia nos enseña que cada vez que el pueblo andaluz reclama su derecho a la soberanía, el Estado Español responde con la máxima violencia de la que se puede hacer gala: el asesinato, la represión policial, judicial y política. Ya pasó en 1936 con el asesinato de Blas Infante, o en 1976 con el de Javier Verdejo – cuando la juventud andaluza se oponía al neofranquismo que se estaba preparando.

Pero la represión contra las andaluzas insumisas que no aceptan la actual situación colonial que sufre el pueblo andaluz sigue estando vigente. La Ley Mordaza, que los gobiernos y partidos “progresistas” españoles no se atreven a derogar, condenó al andaluz Fran Molero a pena de cárcel por exigir los derechos más elementales.

Para NA, el 4 de diciembre no es un día de fiesta ni celebramos nada. Es un día de lucha por la soberanía y por los derechos de la clase trabajadora y las clases populares; un día para luchar por la República Andaluza de Trabajadores; por la libertad de Fran Molero y de todas las represaliadas por el Estado Español, por todas las paradas, por las trabajadoras precarias, por los miles de andaluces en situación o riesgo de pobreza, por nuestros jubilados, por una educación y una sanidad de calidad, por el derecho a la vivienda…

Sin embargo, somos conscientes de que el camino no es fácil, que la lucha, la constancia y el sacrificio van a ser los valores que nos van a hacer avanzar hacia los objetivos de una Andalucía libre.

Y aunque NA está presente en las elecciones de este domingo 2 de diciembre y el voto de la Andalucía rebelde puede ser un espaldarazo a nuestra línea política, el futuro de Andalucía no se está jugando en las urnas. Pasa por las luchas en las calles, en los centros de trabajo, en los centros de enseñanza, codo con codo con la clase trabajadora y enfrentando al Estado y sus instituciones con desobediencia y con la voluntad de caminar hacia la liberación de Andalucía.

Por estos motivos estuvimos ayer en Málaga conmemorando el Día Nacional de Andalucía, y por eso llamamos a toda nuestra militancia, adheridas y simpatizantes, a asistir a los distintos actos conmemorativos de los sucesos del 4D de 1868 y 1977, recordando a Fermín Salvochea, a Manuel José García Caparrós y a todas aquellas andaluzas que han sufrido la represión del Estado Español.

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Asimismo, llamamos a todas las andaluzas en Cataluña y aliadas de la causa nacional andaluza en los Països Catalans a participar en el acto que está teniendo lugar hoy 1 de diciembre en L’Hospitalet de Llobregat organizado por NA, la CUP, el sindicato COS y el colectivo “Feminisme Revolucionari de L’Hospitalet”.

¡VIVA ANDALUCÍA LIBRE, SOCIALISTA Y FEMINISTA!

¡HACIA LA LIBERACIÓN DE ANDALUCÍA!

Permanente de la CN de Nación Andaluza

UCE: los “comunistas” que aparecen y desaparecen

Artículo publicado el 31 de mayo de 2017, originalmente en “Llibertat.cat

Han vuelto a aparecer. Y Xavier Tejedor Rius, de “e-noticies” les da proyección, pese a que sean cuatro y el gato sosteniendo un muro de cartón con el lema “No queremos muros” frente al Palau de la Generalitat, y con la pancarta “Por la unidad del pueblo trabajador. NO a la independencia”.

Habría que observar cuántas noticias más aparecieron en el diario subvencionado de las “bruticias”. Tantas como actos hagan, o tantas como participantes en estas protestas de foto y titular distorsionado. Eso sí, poco observamos a las personas que se manifiestan.

Por la Feria de Abril, el 6 de mayo, convocaron otra concentración-desfilillo o lo que fuera, con los mismos lemas. Y se hizo bajo el paraguas de la “Alternativa Ciudadana Progresista”, una “Asamblea Social”, “Recortes Cero”, y… la UCE.

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Carteles con la portada de “De Verdad”, órgano de propaganda de la UCE, en los que se pide el voto para Rosa Díez en las elecciones generales españolas de 2008.

Este grupúsculo, la “Unificación Comunista de España” (UCE), es muy conocido, y entre la militancia política de izquierdas ha sido considerado como una secta, en el mejor de los casos, o como una herramienta de los servicios secretos del Estado y con una estructura sectaria destructiva; algunas fuentes han desgranado su trayectoria con datos y testimonios del traumático paso por este grupo. Por otro lado, ciertas informaciones periodísticas informaron de que el grupo de Atención e Investigación de Socioadicciones (AIS), una entidad patrocinada por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, la Generalitat de Catalunya y el Ayuntamiento de Barcelona, clasificó a este “partido” como secta.

Lo más preocupante, sin embargo, es el hecho de que este grupo al servicio de no sabemos quién se ha dotado de marcas blancas a nivel estatal para camuflarse o bien crear una sensación de “movimiento diverso”. Ya he citado algunos de los nombres de estos chiringuitos, a los cuales podríamos añadir alguno más como el “Club de los Poetas Vivos”, con logo y todo. Con esta maniobra, y no hace mucho tiempo, consiguieron hacer acopio de firmantes fraudulentos como el cantante Luis Eduardo Aute, o el ex-secretario general del PCE, Francisco Frutos, y muchos otros, para la candidatura “Recortes Cero-Los Verdes” en 2015. Poco antes, en 2014, el “Manifiesto de la Agrupación Electoral Recortes Cero” que se presentaba a las elecciones europeas, recogía una importante suma de firmantes de todo tipo de filiación sindical y política o profesiones (CCOO, UGT, CGT, asociaciones de vecinos…) de todo el Estado Español.

La UCE es un partido autodenominado “maoísta” y legalizado en 1978, proveniente de un opaco grupo denominado “Tribuna Obrera” durante los últimos años del franquismo. En las elecciones de 1977 participaron en la coalición “Frente Democrático de Izquierdas” (FDI), que en Catalunya consistía en la coalición entre el PTE y ERC, y durante aquellos años también festejó con el Movimiento Comunista y Bandera Roja.

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Una bandera franquista y otra con simbología comunista comparten espacio en una manifestación españolista, espacio frecuentado por la UCE y sus organizciones paraguas.

Durante la década de 1980 despegaron las siglas UCE en una confusa campaña anti-OTAN al margen del movimiento antimilitarista y de las plataformas de izquierdas. Era la campaña “Ni yankis, ni rusos”, con la recogida de miles de firmas (UCE style), después de la cual desaparecieron del mapa una vez realizado el referéndum sobre la OTAN en 1986. Ya habían hecho su trabajo. Años después apareció puntualmente en momentos de tensión social, como la huelga general de 1988. Posteriormente participaron en las diferentes elecciones generales y autonómicas, bien en solitario o bien infiltrados al costado de IU.

En la década de 1990 la UCE se quita la careta y despliega campañas agitativas de intoxicación contra el movimiento independentista vasco, y especialmente contra la alianza PNV-izquierda abertzale que se produjo en el marco de la tregua de ETA en 1998. Era la cantinela de todo aquello del “nacionalismo étnico” y “Arzalluz nazi-fascista” y “kosovizar Euskadi para balcanizar España”.

En los últimos años han dedicado sus campañas al proceso independentista catalán. Ojo. Ya sabemos cómo las gastan. Solamente hay que recordar el apoyo incondicional de la UCE al partido de Albert Rivera en 2007 y el texto “Seis razones para votar a Ciudadanos”.

No obstante, puede ser, convendría que alguien investigara quién teje la trama del partido-secta-cloaca del Estado. Y cómo se alimentan los enlaces con la prensa que les sobredimensiona, les proyecta y les convierte en arma de demagogia.

Adjunto algunos enlaces sobre estas cuestiones, por si alguien quiere enhebrar el hilo en la aguja de una investigación más minuciosa sobre la UCE. Seguro que en los próximos meses los escucharemos hablar:

Por Joana Gorina

La valía internacional del programa de Nación Andaluza

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Iñaki Gil de San Vicente, teórico marxista vasco.

Nación Andaluza ha decidido participar en las elecciones autonómicas del 2 de diciembre por varias razones obvias: divulgar mediante soluciones concretas que existe una identidad nacional andaluza; hacer presente la extrema gravedad de los problemas que asfixian a su pueblo; atraer y aglutinar sectores populares; mostrar que sí existen alternativas viables… Al margen ahora de los resultados que obtenga, hay que convenir que su decisión fortalece los profundos movimientos democrático-populares que van creciendo en el Estado Español y entre ellos los de los pueblos oprimidos nacionalmente. Son las concretas condiciones de su nación trabajadora las que le han llevado a dar ese paso, y la militancia de NA las conoce mejor que nadie.

En Euskal Herria, uno echa en falta la radical lucidez de su programa electoral que, entre otras virtudes, tiene también la de mostrar que, en lo esencial, sus propuestas pueden y deben ser debatidas y luego adaptadas en lo necesario por otros independentismos socialistas, e incluso muchas de ellas por las izquierdas de naciones no oprimidas. Por “radical lucidez”, en este caso, entiendo la no elaboración de un programa máximo de inmediata destrucción del poder capitalista y la inmediata formación de una República Socialista, sino la certidumbre política de que Andalucía necesita ya un programa factible de mínimas conquistas urgentes; un programa que enseñe mediante la pedagogía del ejemplo colectivo que la dialéctica de la libertad se enriquece en cada lucha diaria por pequeña, aislada e invisible que aparente ser. Por “factible” entiendo precisamente eso: que son perfectamente alcanzables mediante la sistemática y planificada acción sociopolítica consciente de que, más temprano que tarde, deberá desbordar la marea autoritaria en ascenso.

El programa tiene 14 apartados con 166 reivindicaciones concretas que surgen del debate colectivo sobre las contradicciones que destrozan la vida y el futuro del pueblo trabajador de Andalucía. De aquí esa radical lucidez a la que me he referido y que muchas/os abertzales echamos en falta precisamente ahora que se acercan elecciones para 2019. El programa de NA es un programa táctico de esencia popular, obrero, campesino, antipatriarcal, socioecológico, internacionalista, etc. que también plantea reivindicaciones asumibles por sectores de la pequeña burguesía y por las mal llamadas “clases medias”, arruinadas y con ambigua conciencia nacional, pero siempre bajo la clara estrategia independentista y socialista. Consiguientemente, es un programa para la mayoría inmensa porque de principio a fin marca la nítida separación entre la propiedad capitalista inseparable de la dominación española, y la necesidad objetiva de que Andalucía sea ella propietaria de sí misma.

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Una a una y todas en su conjunto, las 166 propuestas llegan de un modo u otro al borde de la cuestión clave: las múltiples formas de propiedad burguesa que, amparadas en última instancia en el Estado Español, impiden el desarrollo de las potencialidades emancipatorias insertas en esas contradicciones que deben superarse. Conforme se auto-organiza y expande la dialéctica de la libertad, se descubre lo ineluctable del choque entre las luchas concretas estratégicamente coordinadas y orientadas, y el poder sociopolítico del capital. Si las 166 propuestas fueran limitadas y pobremente tácticas, separadas por un abismo insondable de la opresión nacional de clase que sufre Andalucía, y si carecieran de unidad estratégica, entonces serían asumibles por el reformismo y su mentalidad sumisa. Pero no es así. Al contrario, esa unidad estratégica las cohesiona internamente y refuerza su naturaleza inasimilable incluso analizadas una a una.

La idoneidad del programa de NA es incuestionable porque demuestra que existen soluciones reales a los problemas que angustian a la vida popular. Bajo el dictado de la industria mediática, del mercado del voto y de todas las formas de manipulación, se multiplica la precariedad de la existencia que depende de factores externos incontrolables, de la incertidumbre de un salario de miseria que empequeñece cada día, del plomizo lastre de unas instituciones corruptas e impenetrables por su densa burocracia. En este contexto, es fundamental proponer al pueblo obrero y campesino, a la mujer trabajadora aplastada en todos los sentidos, debatir sobre un programa con soluciones concretas que él mismo puede mejorar y ampliar en su vida concreta, cotidiana e inmediata.

Por ejemplo, es decisivo mostrar cuánto mejora y por qué su quehacer diario de las clases explotadas y su futuro practicando la recuperación de la lengua andaluza, menospreciada incluso con racismo por la cultura y la política española. Este ejemplo es uno de tantos cientos que surgen de los 166 puntos propuestos.

Acabando, con esta decisión NA está ahondando sobre todo en una de las profundas quiebras que minan al Estado Español desde, al menos, el siglo XVII: la de la debilidad de la “burguesía nacional” española para asentar un orden mínimamente democrático desde incluso los actuales parámetros neoliberales. Si yo fuera andaluz, les votaría, pero como no lo soy, asumo la valía internacionalista de su programa.

Por Iñaki Gil de San Vicente

Nación Andaluza ante la marcha a la cárcel de Archidona: ¡Libertad para el preso político andaluz Fran Molero!

Desde hace 5 meses, Fran Molero está secuestrado por el Estado Español en la cárcel de Archidona. El joven Fran, natural de Cuevas de San Marcos (Málaga), tiene una larga trayectoria en los movimientos sociales, políticos y sindicales. Muchas lo conocemos. El grave delito de Molero fue acudir el 25 de abril de 2013 a una de las convocatorias de “Rodea el Congreso” en Madrid. Allí fue detenido durante una carga policial. Durante su detención y traslado, fue maltratado física y verbalmente en múltiples ocasiones.

img-20181011-wa0002Su juicio fue lo más parecido a una farsa. Las únicas pruebas condenatorias han sido el testimonio de las Fuerzas de Seguridad del Estado, que lo identifican de forma vaga por “llevar ropa negra y pañuelo palestino”. No obstante, la Justicia española lo ha condenado a 5 años de cárcel, además de a pagar multas e indemnizaciones por encima de loa 16.000 euros.

Desde Nación Andaluza consideramos que el caso de Fran Molero vuelve a evidenciar el carácter neofranquista del Estado Español. Cuando la clase trabajadora andaluza se rebela contra la injusticia y la opresión, el Estado vuelve a mostrar su verdadero rostro. El castigo impuesto a Fran Molero tiene además un evidente carácter ejemplarizante: el Estado Español quiere enviar un mensaje de miedo a los sectores del Pueblo Trabajador Andaluz que se rebelan.

Para NA, Fran Molero es un preso político andaluz en las mazmorras del Estado. Su situación sólo merece la más profunda solidaridad de todo el Pueblo Trabajador Andaluz, de todas las demócratas y antifascistas. Exigimos la amnistía total y completa para Fran Molero. Animamos a toda nuestra militancia, adheridas y simpatizantes, a acudir el próximo 4 de noviembre a la marcha que saldrá desde la Plaza Ochavada de Archidona hasta la cárcel donde Molero continúa secuestrado 5 meses después.

¡Fran Molero libertad!

¡Amnistía para todas las presas políticas!

¡Hacia la liberación de Andalucía!

Permanente de la CN de Nación Andaluza

Andalucía, 31 de octubre de 2018

Gibraltar desde el nacionalismo andaluz de izquierda: mirando el conflicto con otros ojos (II)

La Segunda Restauración Borbónica (1975) quiso superar anteriores errores con la ansiedad atlantista de una utilización conjunta de la base militar y con el horizonte de la integración europea de otro lado. La OTAN, por cierto, o bien mira para otro lado o bien guarda un cómplice silencio en el conflicto existente entre dos de sus socios, a sabiendas de que con uno u otro su militarismo siempre estará omnipresente.

De otra parte, hoy por hoy, la cuestión gibraltareña no debe convertirse en una mera guerra de banderas de unos mutuos intereses estatales capaces de utilizarse en uno u otro beneficio desde los respectivos gobiernos en liza. Como tampoco podrían imaginar aquellos andalucistas históricos que, cien años después y con un autogobierno con instituciones propias, toda una Junta de Andalucía abiertamente competente en materia de aguas pesqueras y medio ambiente, se haya inhibido de todo lo que afecta al tema en cuestión.

A los nacionalistas andaluces que miramos la realidad con otra sensibilidad y deseamos aportar soluciones desde la izquierda, nos deben motivar otros discursos e ideales diferentes a los que, demagógicamente, conducen al nacionalismo español y a la vana exaltación de sus valores. No estamos dispuestos a sumarnos a campañas orquestadas más propias de otros siglos, ni a sumarnos sin más a unas reivindicaciones que no cuestionan el uso más allá de su mera propiedad. Mucho menos a convertir el desencuentro en una mera exhibición mutua de armamento bélico.

Por ello, se hace necesario destacar las siguientes cuestiones entre otras más localizadas en el pasado:

El oscurantismo existente alrededor del tema gibraltareño provoca la reiterada utilización de tópicos recurrentes sobre el asunto y una peligrosa escalada de argumentaciones extremas, sin más análisis que la posesión o no del espacio. Es cierto que las ciudades de Ceuta y Melilla son posesiones españolas desde dos siglos antes, pero eso no resta a que, con objetividad, gran parte de las argumentaciones reivindicativas también pudieran ser aplicadas a dichos puertos norteafricanos.

En paralelo, la desinformación perseguida tras el tema, no sólo oculta manifiestos y profundos casos de corrupción que han afectado a gobiernos españoles como el de Rajoy, sino que interesa al Estado Español por cuanto es una exaltación fácil y partidista de las actuaciones del Ejecutivo. Al nacionalismo español le es necesario Gibraltar tanto como la Isla de Perejil.

A estas alturas del debate, parece un poco iluso, imposible o decadente invocar la aplicación literal del Tratado de Utrecht. Mucho se ha legislado desde hace 300 años. Un pacto que concretaba la negativa, por ejemplo, a que “judíos y moros” habitasen en el Peñón es de dudosa aplicación en el siglo XXI.

La prórroga de una solución definitiva, si fuera posible, o al menos, la ausencia de un marco de diálogo razonable por ambas partes; provoca una escalada de tensión entre poblaciones vecinas amén de una exaltación desaforada de los respectivos nacionalismos de Estado. En todos los casos, siempre se socializan posiciones ultraconservadoras y las posiciones de izquierda tradicional, sencillamente, o no se visualizan, se suman a otras, o pasan por la autodeterminación de una población autóctona que cada vez más se enroca en los privilegios que ha logrado.

El interés militar de la Roca queda cuestionado con la cercana presencia de la Base Aeronaval de Rota y su escudo antimisiles. Tras el conflicto, subyace además una peligrosa aceptación del militarismo y de sus exhibiciones de fuerza en uno u otro sentido. Gibraltar se convierte así en una peligrosa justificación de la existencia de los ejércitos. La equivalencia es diabólica: la diplomacia nos separa o no aporta soluciones, pero sin embargo, los ejércitos nos protegen.

La monarquía española guarda un curioso silencio al que unir el de los EEUU y la OTAN. Poco importa resolver el contencioso si continúa siendo una base militar “aliada”. Es más, con la entrada de España en dicha alianza militar nunca se habló de dicho asunto.

El capital no entiende de fronteras, ni de banderas o de derechos históricos. Se mueve por intereses especulativos y de alta rentabilidad. Poco entiende de reivindicaciones frente al negocio. Nadie, repetimos, nadie a un lado y a otro de la verja quiere que se acabe con un paraíso fiscal que beneficia a banqueros, grandes empresarios, mafias y especuladores sin conciencia ni nacionalidad.

A nadie escapa que la política diplomática del Estado Español ante Gibraltar ha sido un cúmulo de despropósitos y circunstancias adversas que poco han favorecido la identificación del ciudadano gibraltareño con el andaluz, algo que, sin embargo, es inevitable en ámbitos culturales de simbiosis. Conviene aceptar por parte española la existencia acumulada de errores diplomáticos históricos que no han hecho más que subrayar la enemistad y oscurecer la convivencia entre unas poblaciones fronterizas, cuando no han potenciado un sentimiento de autodeterminación entre los habitantes de la Roca. Algo, por otra parte, hábilmente utilizado por el Reino Unido, quien también en no pocas ocasiones esconde intereses de Estado tras su quehacer.

Resulta preocupante que a la interesada promoción de la “antipolítica” desde ámbitos gubernamentales se le quiera añadir ahora un recurrente estado de opinión y una artificial movilización ciudadana, invocando esta vez un patrioterismo exacerbado. Tras la cortina de humo que representa y la desideologización que implica el discurso, se oculta un peligroso acercamiento a soluciones totalitarias y militaristas. Algunos estarían dispuestos a hacer una nueva “Marcha Verde”.

La situación actual de la Roca es el resultado histórico de la debilidad diplomática del Estado Español – cuando no una abierta ausencia de relaciones exteriores – de manera que el propio devenir de la Historia de España explica el silencio o la reivindicación, según la amistad con el no siempre aliado inglés. En otros casos, conflictos internos o intereses en el devenir político, nos sirven igualmente para comprender las actuaciones al respecto por parte del Estado Español.

“Nosotros, los andaluces, no tenemos por qué hacer coro a Castilla en sus reclamaciones contra Inglaterra”, y quizás por eso, ya reclamaban los andalucistas históricos, conviene actuar como “hombres de Estado” y desde luego, hoy como entonces, someter la cuestión al arbitraje internacional y no entender el uso de esa pequeña porción de Humanidad para “propósitos siniestros, afanes de usurpación o deseos de imperialismo ambicioso”. Dicho de otra forma, a sucesos del siglo XVII y debates decimonónicos, soluciones del siglo XXI. Por importantes que sean no estamos ante un mero problema pesquero, de aguas territoriales o simples bloques de hormigón.

Sin renunciar al hecho de la existencia anacrónica de una colonia el análisis debe ser más riguroso, profundo y más trascendente que una mera guerra de fronteras o titularidades estatales. Antes de que Gibraltar sea territorio andaluz hay que reivindicar que no siga siendo lo que es hasta ahora: un paraíso para el blanqueo o la huida de capitales, para la especulación financiera, para el desarrollo desaforado de sus límites territoriales y aguas, el militarismo, la nuclearización y la imposición de unas políticas antiecológicas. Para ello, no existe otra solución que la implicación de la comunidad internacional y muy especialmente la europea en paralelo a la búsqueda de un escenario de diálogo. Con la situación que vive el Peñón, los sentimientos encontrados y aireados que provoca, así como el destino ofrecido a sus escasos kilómetros cuadrados, da igual que pertenezca a quien sea porque rechazamos en esencia su contenido, destino y fines. Gibraltar andaluz sí, pero antes para la paz, el progreso humano, la ecología y la solidaridad entre pueblos y personas.

Por Manuel Ruiz Romero