Bolivarianismo y socialismo

Podemos aseverar que el proceso revolucionario llevado a cabo por Simón Bolívar desde principios del siglo XIX entra, por su naturaleza de libertad e independencia, por sus proyecciones de igualdad, por sus conceptos de importancia dada a la educación para todos los componentes del pueblo, por su interés de garantizar alimentación para todos, por sus proyecciones unificadoras y de libertad para todos los pueblos latinoamericanos y del Caribe, como una parte integral de esos procesos ascendentes y orientados hacia la conquista de justicia social para la Humanidad.

Todas esas luchas, aunque así no hayan sido identificadas, han constituido, desde la perspectiva que aquí exponemos, un paso ascendente hacia el socialismo. A su vez, Bolívar combatió en todos los frentes contra lo retrógrado y divisorio para los pueblos, que comenzaban a caer bajo las garras del sistema capitalista de EEUU. Eran los años en que se iba cuajando esa nación de América del Norte en potencia imperialista, cuya pretensión era establecer las bases para el control militar y político de la América toda. Ese era el proceso desarrollado por los más fuertes para someter y explotar a los más débiles garantizando así la supremacía del sistema capitalista y su culto a la propiedad privada con todo lo que ello significa en inequidades, hambre, sufrimientos y muerte para las grandes mayorías de desposeídos.

Uno de los procesos más importantes iniciado por las intensas luchas bolivarianas, fue la solidaridad activa generada en todos los pueblos latinoamericanos y del Caribe en torno a ese movimiento revolucionario. Los valores humanitarios y libertarios impulsados por el General Simón Bolívar – antes de que las ansias de poder y la insidia tomaran posesión de algunos de quienes fueron importantes militares bajo su mando – fueron aquellos que penetraron en las conciencias de los seres humanos más sanos que formaban parte del Ejército bolivariano. Los dos siglos que han pasado y que, igualmente, han fijado la figura de Simón Bolívar en las conciencias de los luchadores provenientes de todos los pueblos de Nuestra América, demuestran la grandeza y el alcance de su obra. Bolívar ha sido materia de inspiración para todas las generaciones de revolucionarios que le han dado continuidad a su pensamiento a través de los siglos, al igual que para los mejores poetas, pintores y cantores de las naciones latinoamericanas, naturalmente, incluyendo a nuestro Puerto Rico, que ha sido prolífico en la exaltación de su figura.

Las campañas libertadoras llevadas a cabo por Bolívar generaron una intensa solidaridad, pero nada puede ser tan claramente demostrativo de esa solidaridad, como lo fue el proceso de luchas libertadoras que fue cobrando cuerpo de rebeldía desde finales del siglo XVIII en la enorme mayoría de las naciones de Nuestra América, hasta convertirse en un sólido movimiento organizado con Bolívar y numerosos patriotas identificados con la causa de la independencia a la cabeza. Esa causa libertadora tocó los corazones de todos aquellos seres humanos apegados a la gran verdad humana, con visión y desprendimiento, y quienes, habiendo nacido en los que ya eran territorios geográfica y políticamente definidos, presentían la importancia histórica de, por lo menos, sembrar la semilla de una América Latina y Caribeña encaminadas hacia su conversión en una gran nación unificada por un ideal de libertad y justicia social. Bolívar fue el gran estratega de ese ideal.

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Filiberto Ojeda Ríos, autor del artículo, fue un dirigente político-militar del independentismo en Puerto Rico. En 2005 fue brutalmente asesinado tras un asedio del FBI a su vivienda en el que lo dejaron morir desangrado tras un cobarde ataque. (FOTO: Indymedia PR)

Si bien, el proyecto bolivariano tenía como objetivo central la conquista de la independencia, y desarrollar la unidad latinoamericana, sus objetivos de justicia social fueron claramente demarcados en lo que fueron sus pronunciamientos de Angostura, al igual que la Carta de Jamaica y otros documentos de fundamental importancia estratégica que exponían, como parte de sus principales objetivos, la unificación de todas las naciones latinoamericanas y caribeñas y su conversión en Patria Grande.

De esa manera, el Libertador era, además, el Unificador. Al decir de nuestro querido Eugenio María de Hostos: “el ciudadano de América, refiriéndose al significado de la victoria de Ayacucho, Puerto Rico, las Antillas, Nuestra América toda. Ayacucho es, pues, más que una gloria de estos pueblos, más que un servicio hecho al progreso, más que un hecho resultante de otros hechos, más que un derecho conquistado, más que una promesa hecha a la Historia y a los contemporáneos de que los vencedores en el campo de batalla eran la civilización contra el quietismo, la justicia contra la fuerza, la libertad contra la tiranía, la república contra la monarquía; Ayacucho es un compromiso contraído por toda la América que dejó de ser española en aquel día.

Los fundamentos bolivarianos respecto a la justicia social proporcionaban grandes esperanzas y aspiraciones en las fuerzas profundamente progresistas de todos los pueblos latinoamericanos y del Caribe cuyas necesidades de liberación eran cónsonas con dichos ideales.

Las ideas de Bolívar fueron capaces de captar la imaginación creadora y revolucionaria de los más destacados seres humanos de aquellos tiempos. Esas tendencias habrían de constituir la inspiración para las proyecciones unitarias de Nuestra América, adoptadas posteriormente por Martí, Betances y muchos otros a finales del siglo XIX, al igual que por Fidel Castro y Hugo Rafael Chávez y todos los que comulgamos con dichos ideales en la actualidad. Los postulados bolivarianos, tanto políticos como sociales, pasados de generación en generación como línea de pensamiento estratégico de lucha fundamentada en el conocimiento y la profundización de nuestra Historia, son comparables a los que ahora son expuestos por los revolucionarios de actualidad mencionados bajo el nombre de socialismo.

No se trata de un socialismo esquemático, ni dogmático, sino de la aplicación de la metodología marxista para el establecimiento de proyecciones revolucionarias, que no son otra cosa que el bienestar del pueblo, la verdadera igualdad de derechos y todo lo comprendido por el concepto de justicia social, naturalmente, partiendo de las contradicciones antagónicas existentes en todo sistema socio-económico y descritas por Carlos Marx. Esas contradicciones, al ser estudiadas con profundidad científica, nos permiten estar en condiciones de establecer un sólido análisis de la realidad, llegar a conclusiones con mayor objetividad, y establecer estrategias y tácticas de lucha cuyo contenido es orientado hacia la reorganización del sistema de producción, de la propiedad y de la distribución de los bienes elaborados por la sociedad trabajadora. Al actuar por el bienestar social y en contra de la explotación del hombre por el hombre, se actúa por el socialismo. De eso trata en buena parte la Revolución Bolivariana.

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Alegoría ecuestre de Simón Bolívar, el Libertador de América Latina.

Los seguidores del ideario de Bolívar se podrían contar por miles en toda Nuestra América a través de los años. Sin embargo, podemos afirmar de manera categórica que no ha existido un solo dirigente patriota en la lucha de los boricuas por la independencia a través de todas las décadas que han seguido a la epopeya bolivariana y precedido el momento actual, al igual que los más importantes poetas y pintores de generaciones pasadas y presentes, para quienes Bolívar no haya sido fuente de inspiración, quizás con la misma profundidad que lo ha sido en su país de origen: Venezuela.

La contribución de profundo carácter bolivariano de los puertorriqueños, comenzando con el General Antonio Valero hasta la actualidad, ha sido una constante en el quehacer histórico de todos los luchadores boricuas. Los paradigmas de la lucha por la independencia y la libertad del pueblo puertorriqueño, si los colocamos de manera generacional en nuestra historia de lucha, han sido los siguientes: General Antonio Valero nacido en Fajardo (Puerto Rico) en el año 1790 y fallecido en 1863; los hermanos Andrés y Juan Vizcarrondo, que lucharon por nuestra independencia durante los años de 1835 hasta fines de la década de 1860, y que apoeraron también desde Venezuela; Ramón Emeterio Betances, Segundo Ruiz Belvis y Eugenio María de Hostos, que lucharon desde la década de 1860 hasta el final de sus días. Ruiz Belvis falleció en 1898 y Hostos en 1903; José de Diego, que ocupó el liderato independentista durante las primeras dos décadas del siglo XX, hasta su fallecimiento en 1918; Pedro Albizu Campos, líder profundamente relevante que encabezaba la lucha patriótica desde finales de la década de 1920 hasta pasada la insurrección nacionalista, el ataque a la Casa Blair y el ataque al Congreso de EEUU en la década de 1950, fallecido en 1965; Juan Antonio Corretjer, revolucionario socialista, poeta de reconocimiento internacional y Comandante Honorario del Ejército Popular Boricua-Macheteros (EPB-M), que ejerciera su liderato desde la década de 1960 hasta su fallecimiento en 1985; y finalmente, el Ejército Popular Boricua, actual continuador, entre otros, de las ideas promulgadas por todos nuestros patriotas revolucionarios. Es a los efectos de establecer la trascendencia de estos grandes puertorriqueños, que habremos de exponer lo que fueron las ideas bolivarianas y libertadoras de cada uno durante todas esas décadas de luchas forjadoras de nuestra histórica tradición, al igual que de los postulados del Ejército Popular Boricua.

Por Filiberto Ojeda Ríos

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Comunicado del MINH ante la renuncia de Ricardo Rosselló

minhEl Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH) se une a la celebración por la victoria histórica del pueblo unido ante la renuncia del ex-gobernador Ricardo Rosselló. Este triunfo es uno colectivo, que ha sido posible gracias a una jornada de manifestaciones intergeneracionales variadas y creativas, que se generaron tanto en Puerto Rico como a nivel internacional. Agradecemos a la diáspora, que una vez más demostró que somos la misma nación puertorriqueña, a los artistas que se hicieron bandera en este llamado, a los jóvenes que asumieron su responsabilidad histórica. En fin, al pueblo puertorriqueño.

Los puertorriqueños y las puertorriqueñas tomamos la responsabilidad que nos corresponde y manifestamos la indignación en cambio social y acción. Repudiamos masivamente el machismo, la misoginia, la burla y el desprecio a la diversidad, a la comunidad LGBTTQIA, a la corrupción, al amiguismo y a la impunidad de quienes se creyeron estar por encima de su pueblo. Reclamamos otro país posible y sabemos que este es el punto de partida para una transformación en la política y en las instituciones. Es por eso que seguiremos en la calle en las manifestaciones convocadas para celebrar y para continuar exigiendo las reivindicaciones necesarias.

Entre estas exigimos que:

  1. El gobernador o la gobernadora designada haga suyos los reclamos del pueblo en esta jornada de manifestaciones.
  2. La eliminación inmediata de la “Ley PROMESA” y de la Junta de Control Fiscal.
  3. La continuidad inmediata de las investigaciones por corrupción, tanto del ex-gobernador como de todos los miembros de su gobierno, y el encausamiento criminal a los culpables.
  4. La auditoría inmediata de la deuda.
  5. El nombramiento inmediato de los cargos vacantes en el Gobierno con candidatos y candidatas que asuman estos reclamos y respondan al pueblo, y que no tengan vinculación con ninguno de los partidos que se han alternado en la gobernanza.
  6. Un proceso de descolonización que cumpla con los parámetros del derecho internacional.
  7. Una reforma radical de la Constitución convocando inmediatamente una Asamblea Constituyente bajo el Artículo VII de la misma para atender los reclamos del pueblo y que elimine la subordinación a la cláusula territorial y la “Ley 600” y una Asamblea Constitucional de Estatus para atender el proceso de descolonización.
  8. Que se declare un estado de emergencia contra la violencia machista.
  9. La no radicación de cargos a los manifestantes que han sido arrestados en la jornada de las manifestaciones.
  10. El rechazo al nombramiento de un monitor federal y la creación de un nuevo cuerpo compuesto por ciudadanos puertorriqueños para la supervisión de la distribución y uso de los fondos federales destinados a la reconstrucción con participación de las comunidades a las cuales deben ser destinados.
  11. La enmienda constitucional o nueva Constitución que incluya el derecho a un referéndum revocatorio.
  12. Exigimos una reforma electoral que incluya el derecho a la constitución y participación de alianzas.

Aún hay mucho por hacer. Hacemos un llamado a continuar la jornada, a sentarnos a hablar como pueblo, a conversar propuestas concretas. Seguimos en la calle.

Dirección Nacional del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano

(M. I. N. H.)

24 de Julio de 2019

Puerto Rico, una colonia al flagelo de Wall Street

Por Francisco Parra

Puerto Rico vive una profunda crisis económica: en recesión desde 2005, hace algunas semanas entró en default por primera vez en su Historia mientras su gobierno continúa implementando políticas en consonancia con los acreedores de Wall Street: despido masivo de empleados públicos, reforma de pensiones, impuesto de ventas y uso, etc. Nada nuevo: neoliberalismo puro, que demuestra fracasar en donde se aplica, en este caso potenciado por su estatus colonial.

La deuda soberana es una de las formas que tienen los países imperialistas – aliados con el capital internacional – para extraer las riquezas de los países pobres. Grecia no es el único país que hoy está al flagelo de los especuladores. Puerto Rico, esa isla caribeña que es una semicolonia de Estados Unidos (su estatus legal es “Estado Libre Asociado”) tiene una deuda que asciende a los 72.000 millones de dólares. Monto impagable para una nación que se encuentra en recesión desde 2005.

Puerto Rico era una colonia española y después de la guerra de 1898 pasó a la subordinación de EEUU. Actualmente tiene 3.600.000 habitantes, pero debido al desempleo y la recesión de la economía tiene una emigración anual de 50.000 habitantes y cerca de 5.000.000 de puertorriqueños viviendo en EEUU. Se trata de una nación que no tiene real soberanía y que además es excluida de las políticas sociales que reciben los Estados norteamericanos.

Históricamente, las empresas norteamericanas han tenido importantes beneficios fiscales por instalarse en la isla. Por eso son líderes en la producción farmacéutica, por ejemplo. En 1996 hubo una fuga masiva de las corporaciones norteamericanas, pues Bill Clinton eliminó el tax loophole (laguna fiscal) con Puerto Rico, con el objetivo de aumentar el salario mínimo a nivel federal, lo cual provocó el endeudamiento de la isla para pagar esa deuda. Las empresas norteamericanas, al encontrar mano de obra más barata y mejores beneficios tributarios, han emigrado. Desde 2005, Puerto Rico se encuentra en bancarrota y se ha visto obligado a endeudarse.

La actual deuda de 72.000 millones se la reparten los fondos buitre norteamericanos con 22.000 millones, inversores locales con 20.000 millones y el resto repartido en fondos mutuos estadounidenses. Las tarifas cobradas a Puerto Rico llegan a ser un 30% mayores a las de otras ciudades y Estados norteamericanos.

Aquí se demuestra el absurdo del neoliberalismo. Los puertorriqueños deben pagar la deuda contraída por empresas norteamericanas, que se han ido del país. Luego, dicha deuda ha sido comprada por los fondos buitre norteamericanos, entre los que se destaca Paulson & Co., quienes cobran el total de la deuda al ELA de Puerto Rico con tasas de intereses usurarias por dinero que nunca gozó el pueblo boricua.

Debido a su carácter colonial, Puerto Rico no puede suscribir tratados ni acuerdos comerciales con otros países, además de la falta de control en aduanas, espacios aéreos, comunicaciones, etc. Todos son controlados por empresas estadounidenses, impidiendo así una proyección de la industria local. Además, para recuperarse de la recesión, Puerto Rico ha extendido los beneficios tributarios, los cuales principalmente han beneficiado a multimillonarios norteamericanos, siendo imposible para Puerto Rico aumentar su recaudación fiscal.

Recientemente se conoció el “informe Kruger”, elaborado por economistas del FMI, que propone como solución a la deuda la baja del salario mínimo, de 7’50 dólares a la hora, fin a bonos de Navidad y Año Nuevo, reducción de vacaciones de 30 a 15 días, reducción de profesores y cierre de escuelas públicas, recorte de fondos a la Universidad de Puerto Rico, privatización de la energía y otros organismos estatales y “reducir los requisitos onerosos para demostrar causa justificada de despidos”.

Aun cuando los puertorriqueños son ciudadanos norteamericanos, éstos no gozan de los beneficios del resto de la población. El PIB per cápita de Puerto Rico es la mitad del PIB per cápita de Massachussets, el Estado más pobre de EEUU.

Wall Street tiene a Puerto Rico contra la pared. La deuda es impagable y al ser una colonia, no puede declararse en quiebra ni enfrentar la deuda con una política soberana. Esto impide acogerse a los beneficios de las leyes de quiebra – a la que han acudido otros Estados norteamericanos en situación similar – y le exigen pagar cada uno de los dólares que adeudan por la imprudencia y saqueo de las corporaciones norteamericanas.

En septiembre se presentará una propuesta de reestructuración a los acreedores, aunque difícilmente sea una salida distinta a la austeridad. Increíblemente, la Casa Blanca anunció que no hará nada por ayudar a la isla caribeña porque la deuda de Puerto Rico no significa ningún riesgo para Estados Unidos.

La única solución para Puerto Rico sería declarar su independencia y reclamar la soberanía que a su pueblo pertenece.