La democracia bajo ataque en Polonia

Por Janusz Niedzwiecki

Miembro del partido político “Zmiana” (Cambio)

piskorski1En la mañana del 18 de mayo de 2016 agentes de la Agencia de Seguridad Interna de Polonia (ABW) registraron los apartamentos de miembros de la dirección nacional del partido “Zmiana” (Cambio), requisando discos duros, archivadores, documentos, etc. Los registros tuvieron lugar en tres ciudades diferentes simultáneamente, y en algunos casos (como en nuestra oficina de Varsovia) con serias violaciones de los procedimientos y la ley. Los agentes de la ABW continuaron requisando los ordenadores, teléfonos y discos duros; así como todos nuestros libros, panfletos, carteles, sistemas de sonido que usamos en las manifestaciones, pancartas y banderas – no sólo de nuestro partido, sino banderas nacionales polacas también – para prevenir y dificultar cualquier acción política o protesta por nuestra parte. Algunos miembros de nuestro partido que no quisieron participar en las ilícitas actividades de la ABW fueron intimidados.

Consideramos este tipo de acción como una forma de represión política en un intento de amedrentar a los círculos que sostienen visiones diferentes de las políticas socio-económicas, internas y externas de Polonia firmadas por las autoridades neoconservadoras y pro-estadounidenses polacas.

El líder de “Zmiana”, Mateusz Piskorski, junto a organizaciones afines y grupos independientes, están actuando de acuerdo a la ley polaca a pesar del acoso por parte de las instituciones del Estado – como con la prolongación del procedimiento de registro del partido. La acción de la ABW es una brecha significativa de la ley y el orden, inaceptable en un Estado democrático que declara su respeto por la libertad de expresión.

Mateusz Piskorski es uno de los más importantes activistas anti-OTAN en Polonia, politólogo y cofundador del think-tank polaco “Centro Europeo para el Análsis Geopolítico”. Fue diputado en el Parlamento polaco (2005-2007) y ha abogado durante muchos años en favor de la cooperación euro-continental y contra la OTAN y la dominación norteamericana en Europa.

Mateusz Piskorski fue detenido y permanece arrestado bajo los cargos de “espionaje para un país extranjero”, con varias fuentes mediáticas extendiendo histéricamente las “noticias no confirmadas” de que trabajaba para los servicios de inteligencia de Rusia “y/o” China.

Esta acción coordinada a gran escala contra “Zmiana” se encuadra en una crecientemente tensa situación política en Polonia. Semanas antes de la detención de Piskorski, miembros del Partido Comunista de Polonia y de la Unión Patriótica de Trabajadores “Grunwald” fueron sentenciados a “libertad restringida” incluyendo servicios a la comunidad, multas e impedimentos para viajar por “promover el totalitarismo”. En consonancia con estos eventos, dos días antes de su detención Piskorski advirtió de que el Gobierno polaco trataría de “pacificar” a individuos y organizaciones de la oposición de cara a la cumbre de la OTAN que se celebró en Varsovia entre el 8 y el 9 de julio de 2016.

No podemos permitirnos ser silenciados o amedrentados – nuestras acciones pondrán siempre en primer lugar a la causa polaca y a la obligación de defenderla. Incluso si no les cuadra a los desenfrenados servicios secretos.

Si alguien quiere ayudarnos en cualquier cosa, que por favor se ponga en contacto con nosotros. Dadas las circunstancias de represión y a los limitados recursos de los que disponemos, cualquier ayuda será enormemente apreciada.

Le impiden impartir clases a un profesor en una universidad alemana por ser comunista

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El joven profesor declaró a la prensa que se está tratando de “demonizar a los comunistas”.

El joven Kerem Schamberger estudió Comunicación en la Universidad “Ludwig Maximilian” de Munich. Kerem pretendía iniciar un doctorado el pasado 1 de octubre Por lo general, los doctorados en Alemania se llevan a cabo mediante un contrato laboral, que incluye una parte de la investigación y otra de docencia en la universidad en la que se desarrolla.

El joven Schamberger, que tiene ahora 30 años, se ha visto impedido de iniciar una su relación laboral con dicha institución universitaria porque existe un decreto, con fecha de 1972, por el cual todos los funcionarios o personas que trabajan en el sector público deberán ser sometidas a un estricto control por parte del Estado, con objeto de vigilar su posible “radicalismo” político. Según el decreto mencionado, el joven aspirante a profesor universitario deberá ser autorizado por el Servicio de Inteligencia alemán para poder cumplir con la función a la que aspira.

La cuestión es que Schamberger no sólo es comunista, sino que además es portavoz del Partido Comunista Alemán (DKP) en Munich. Pese a que el DKP es ahora legal – estuvo ilegalizado en los tiempos de la República Federal Alemana – se encuentra, no obstante, bajo la atenta vigilancia de la Oficina Federal de Protección de la Constitución, que lo califica de “extremista”.

Las autoridades universitarias, que conocían la existencia de esta normativa represiva, así como la militancia de Kerem en el DKP, solicitaron desde el pasado mes de julio la autorización para el joven profesor.

Sin embargo, este organismo de control ciudadano, no se ha pronunciado aún sobre la fiabilidad ideológica de Schamberger. Ello le ha impedido iniciar sus tareas docentes en la Ludwig Maximilian.

Según el profesor Michael Meyen, director de tesis de Kerem, éste ha sido un alumno excelente y asegura que tiene interés en contratarle pero “no porque sea comunista, ni tampoco a pesar de ello”.

Kerem ha declarado que esa normativa es una exclusión práctica de la función docente para los comunistas, y ello supondría un hecho anticonstitucional ya que la Constitución alemana garantiza la elección de libre de una profesión.

El joven Schamberger declaró a la prensa que se trata de “demonizar a los comunistas”, y que medidas como estas intentan intimidar a quienes piensan de esa forma. “Conozco a jóvenes que querían entrar en el DKP pero se lo pensaron dos y tres veces antes de hacerlo, porque saben las consecuencias que puede tener en el caso de querer hacer carrera en el sector público”, declaró Schamberger a los medios de comunicación.

Sin embargo, no es la primera vez que Kerem Schamberger se ve en dificultades por sus ideas políticas. En 2014, el Commerzbank cerró sin previo aviso su cuenta bancaria. Kerem interpretó que detrás de esta acción existía una motivación política y no pudo hacer nada para impedirlo.

El llamado “Decreto Contra los Radicales” (Radikalenerlass) fue promulgado, por cierto, por el socialdemócrata Willy Brandt en 1972. En dicha ley se especifica que la fidelidad al orden constitucional vigente debe ser un requisito para poder trabajar en el sector público. Pertenecer a una organización catalogada por la inteligencia alemana como “peligrosa” para dicho orden era excluyente de la función pública.

En las décadas de 1950 y 1960, candidatos a funcionarios fueron rechazados por su ideología. Pero a partir del decreto dictado por el amigo de Felipe González, se mencionó dicho requisito explícitamente. No obstante, muchos nazis estrechamente comprometidos con el régimen hitleriano no sólo no fueron objeto de ninguna sentencia contra ellos en la posguerra, sino que además ocuparon cargos de primer rango en el aparato estatal de la República Federal Alemana.

FUENTE: Canarias Semanal

Genocidio armenio: la tragedia y la farsa

Por Atilio Borón

El Siglo del Horror, el XX, con sus bombas atómicas, el napalm, los bombardeos masivos y sus daños colaterales, es también y antes que nada el siglo del genocidio.

El primero fue perpetrado por el Imperio Otomano en contra de los armenios: un plan sistemático de terrorismo de Estado elaborado y ejecutado para exterminar a una minoría. O, como diríamos hoy, para efectuar una “limpieza étnica”. Si bien varían las estimaciones, se calcula que entre el 24 de abril de 1915 (fecha en que unos 800 intelectuales y artistas armenios fueron pasados por las armas) y 1923 fueron ultimados cerca de 1.500.000 hombres, mujeres y niños. Hubo antes un ensayo, en Adaná, en 1909, cuando 30.000 armenios fueron aniquilados impunemente. La indiferencia universal convenció a los fanáticos de que sus planes no tropezarían con obstáculo alguno y, en 1915, estallada la Primera Guerra Mundial, lo pusieron en marcha. Como el Imperio Otomano se alió a Alemania y Austria-Hungría, la derrota de éstas precipitó su catastrófico derrumbe, abriendo las puertas a la República. Pero sería la consolidación de la Revolución Rusa lo que pondría fin al martirio de los armenios.

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Este primer genocidio no alcanzó a conmover la conciencia de los líderes del “mundo libre”. Sólo después del Holocausto de los judíos la figura del genocidio quedaría incorporada al Derecho Penal Internacional, en 1948. Sin embargo, el armenio no goza de buena prensa y sigue soterrado bajo una espesa conspiración de silencio. La República de Turquía, como Estado sucesor del Imperio Otomano, ha hecho del “negacionismo” su divisa: el genocidio no existió. Armenia era la “quinta columna” de los rusos y los enfrentamientos bélicos, los desplazamientos y los infortunios propios de la guerra fueron los que produjeron las bajas. Si el genocidio fue una tragedia, el “negacionismo” es una farsa y una infamia casi tan dolorosa como las masacres que intenta encubrir.

La abierta complicidad del imperialismo explica el éxito de esta tentativa. Aliada estratégica de EEUU y miembro de la OTAN, Turquía ocupa un lugar principalísimo en el dispositivo militar norteamericano. Desde su territorio se vigila eficazmente a Rusia, como antes a la URSS; se monitorea el Mediterráneo Oriental y se controlan los altamente volátiles enclaves petroleros del Medio Oriente. Junto a Israel y Pakistán, Turquía es uno de los gendarmes privilegiados de Washington y la “ayuda militar” que le proporciona sólo es superada por la que se destina a Israel y Egipto. Según la Casa Blanca, el régimen de Ankara es “un aliado fundamental en la guerra global contra el terrorismo, la reconstrucción de Irak y Afganistán, y el establecimiento de una democracia pro-occidental en la región”. El informe de 2005 sobre DDHH del Departamento de Estado exalta las “elecciones libres y la democracia multipartidista turca”, pero debe reconocer que “pese a los progresos persisten todavía serios problemas en materia de derechos humanos: restricciones políticas; asesinatos ilegales (sic); torturas; detenciones arbitrarias; impunidad y corrupción; severas restricciones a la libertad de prensa, palabra, reunión y asociación; violencia contra las mujeres y tráfico de personas”.

¡Menos mal que hubo progresos en estas materias! Claro que tratándose de un aliado incondicional estas cuestiones no son importantes. En marzo de 2006 John Evans, a la sazón embajador estadounidense en Armenia, fue emplazado por la vitriólica señora Condoleezza Rice a rectificar sus imprudentes declaraciones formuladas en la Universidad de California-Berkeley reconociendo que las matanzas de 1915 se encuadraban en la definición de genocidio que hace la ONU. Evans violó un tabú y su franqueza le salió cara. Días después fue destituido de su cargo y con modales no precisamente diplomáticos.

El “negacionismo” turco no sólo encuentra un sólido apoyo en EEUU. Cuando en 2001 la Asamblea Nacional de Francia reconoció la existencia del genocidio armenio, el gobierno de Jacques Chirac se apresuró a “cajonear” lo resuelto por la Asamblea y a dejar sin efecto sus consecuencias. El reconocimiento del genocidio armenio es una penosa asignatura pendiente que requiere de urgente reparación. Los infatigables reclamos de la comunidad armenia a nivel internacional han impedido que el tema cayese completamente en el olvido. El tan anhelado ingreso de Turquía a la Unión Europea es una ocasión inmejorable para exigir el abandono de la política “negacionista”, especialmente cuando se comprueba que la perversa afición de los círculos gobernantes de Ankara por la “limpieza étnica” persiste hasta nuestros días. Sólo que las víctimas ahora son los kurdos: 3.000 aldeas fueron arrasadas en las décadas de 1980 y 1990, y 2.000.000 de kurdos fueron desplazados de sus lugares de residencia, prohibiéndoseles hablar en su lengua, poner nombres kurdos a sus criaturas y vestirse con los colores que los distinguen. El genocidio kurdo, también practicado por Saddam Hussein y con la anuencia de Washington, continúa con la complicidad y el beneplácito de los celosos custodios de la democracia y los derechos humanos a ambos lados del Atlántico Norte: los Bush, Blair, Berlusconi, Aznar y otros de su ralea, que hicieron de la duplicidad y la hipocresía su razón de Estado, condonando masacres y asesinatos a mansalva en la medida en que favorecieran sus intereses. Reconforta saber que la lucha de la diáspora armenia no ha sido en vano, y que más pronto que tarde la verdad y la justicia habrán de prevalecer. Hay gente valerosa en Turquía que se ha fijado las mismas metas. La novelista Elif Shafak es una de las tantas personas que luchan contra las mentiras oficiales: “Si hubiéramos sido capaces de reconocer las atrocidades cometidas contra los armenios – declaró hace poco – habría sido mjucho más difícil para el Gobierno turco cometer nuevas atrocidades contra los kurdos”. Dada la explosiva situación imperante en la región, convendría tomar nota de su observación y recordar que los genocidios del pasado siglo fueron posibles gracias a la complicidad del imperialismo y sus aliados.

Artículo publicado el 30 de abril de 2006.

Los criminales en serie andan sueltos por Ucrania

El fascista Vladimir Malofeiev fue uno de los perpetradores de la Masacre de Odessa el 2 de mayo de 2014, en la que fueron asesinadas 46 personas.

El pasado miércoles se celebró un acto electoral en Odessa en el que participó el ex-presidente de Georgia y ahora gobernador del óblast de Odessa Mijail Saakashvili, junto a un fascista de la localidad llamado Vladimir Malofeiev, quien tomó el micrófono para reconocer ante todos los asistentes que participó en la masacre del año pasado en la Casa de los Sindicatos de Odessa.

En la grabación no sólo se le oye decir que fue uno de los autores de la matanza, sino prometer, además, que matarán a todos los que lograron escapar aquel día. Mientras, el público vitorea las palabras del asesino.

El vídeo se subió a Internet. No sólo le escuchó Saakashvili, sino que todo el mundo oyó la confesión del criminal, a pesar de lo cual no ha sido detenido porque en Ucrania este tipo de asesinatos son motivo de orgullo para el Gobierno, que ha hecho de estas actuaciones su modo de vida.

La Masacre de Odessa ocurrió el 2 de mayo de 2014, cuando los nazi-fascistas de Pravy Sektor quemaron los locales sindicales donde se habían refugiado muchas personas con motivo de los disturbios, matando a 46 de ellas y dejando 214 heridos.

Después de perder Crimea y del levantamiento popular de Mariúpol, Odessa y su puerto se habían convertido en el único acceso de Ucrania al Mar Negro y en la segunda ciudad del país después de Kiev, la capital.

Diez días antes de la tragedia se celebró en Kiev una reunión secreta y dirigida por el entonces presidente ucraniano en funciones Oleksandr Turchinov, reunión destinada a la preparación de una operación especial contra los detractores del régimen surgido tras el Euromaidan. En esa reunión estaban presentes Arsen Avakov, como ministro del Interior; Valentin Nalivaychenko, como jefe de los servicios de seguridad de Ucrania; y como secretario del Consejo de Defensa y Seguridad Nacional se encontraba Andriy Parubiy.

El oligarca judío-ucraniano Igor Kolomoisky, destacado sionista, también ha financiado batallones de neonazis en la Guerra del Donbass y en Ucrania.

El oligarca Igor Kolomoisky, que ostenta también la nacionalidad israelí como sionista destacado que es y nombrado por el régimen de Kiev como gobernador del óblast de Dniepropetrovsk, también fue consultado sobre la realización de dicha operación especial.

Durante la reunión, Avakov sugirió utilizar como carne de cañón a la hinchada de algún club de fútbol. El propio Avakov fue anteriormente gobernador del óblast de Jarkov, donde trabajó en estrecha colaboración con los dirigentes de las hinchadas del club local. Más tarde continuó subvencionándolos desde Italia, donde ubicó su residencia hasta el golpe de Estado de 2014, cuando regresó a Ucrania.

El oligarca Kolomoisky garantizó la participación del I Batallón Dnipro, que forma parte de su guardia personal, poniéndolo temporalmente bajo las órdenes de la Policía de Odessa. Incluso autorizó el pago de una prima de 5.000 dólares en efectivo por cada antifascista asesinado durante la operación.

Varios días antes de la masacre, Parubiy también ordenó la entrega de decenas de chalecos antibalas a los fascistas locales.

FUENTE: “Movimiento Político de Resistencia”

La Guardia Civil desarrolla una operación contra el independentismo en Galiza y detiene a nueve personas

Por “Diário Liberdade”

La Guardia Civil española, bajo comando de la Audiencia Nacional, ha detenido a 9 personas en las últimas horas en el ámbito de un dispositivo represivo desarrollado en todo el territorio gallego. Hay cuatro personas detenidas en Vigo, dos en Pontevedra y tres en Boiro, Muros y Compostela.

Manifestación por el Día da Pátria Galega el pasado 25 de julio de 2015.

Según informaciones policiales filtradas a los medios comerciales, la militancia de Causa Galiza es la azotada esta vez por las fuerzas policiales. Además, la página web de la organización política se encuentra en este momento fuera de la red. Según la prensa comercial, la operación tiene como objetivo “el entorno” del grupo Resistência Galega (RG). Parece que la acusación sería de “enaltecimiento del terrorismo”, frecuentemente usada por el régimen español en sus operaciones contra independentistas, anarquistas y otros movimientos: su definición tan laxa permite alargar el ámbito de las acciones policiales.

El delegado del Gobierno español, Santiago Villanueva, amenazó con más detenciones y registros a lo largo del día de hoy, afirmando que la razzia suponía “un duro golpe para la organización terrorista”, en lo que parece un totum revolutum en el que entran la supuesta acusación de “enaltecimiento” y lo que se presenta como “golpe a la organización”.

De hecho, a medida que se conocen los nombres de varios detenidos se confirma que se tratan de militantes y dirigentes independentistas de trayectoria pública y conocida al frente de Causa Galiza. Todo indica que es la actividad política de estas personas la que sirva para intentar justificar un operativo propagandístico de los que periódicamente ordena el Estado Español en Galiza.