El Islam, Blas Infante y nuestra liberación

Por Yasser Calderón

blasinfante_hacheandaluza
Blas Infante, ataviado con la vestimenta típica, durante su viaje a Marruecos (1924)

Cuando todos los andaluces conozcan su verdadera Historia y esencia, será cuando logremos llegar a obtener el poder necesario para exigir el respeto a nuestra personalidad tan diferente de aquella que tratan de imponernos.

Los andaluces llamaron a sus vecinos bereberes. Legiones generosas corren el litoral africano predicando la unidad de Dios; Andalucía les llama. Ellos recelan. Vienen: reconocen la tierra y encuentran un pueblo culto, atropellado y ansioso de liberación. Acude entonces Tarik (con 14.000 hombres solamente). Pero Andalucía se levanta a su favor. Antes de un año, con el solo esfuerzo de Musa y otros 20.000 hombres, puede llegar a operarse por esta causa la conquista de gran parte de la Península. Concluye el régimen feudal germánico.

La etapa de Al-Andalus fue de libertad y brillo cultural. Por entonces, Andalucía era libre: hoy es esclava. Pero Infante, en su coherencia más allá de toda visceralidad pro-árabe, se mantiene crítico, juzga el rigor inexorable de los primitivos juristas musulmanes. Si bien al decirles primitivos, habría que dudar de su localización. Porque el período andalusí, no duda: hay libertad cultural; ¡Andalucía libre y hegemónica del resto peninsular! ¡Lámpara única encendida en la noche del Medioevo! Al decir de la lejana poetisa sajona Howsrita, ¡no hay manifestación cultural que en Andalucía, libre o musulmana, no alcance su expresión suprema! No puede llegar a existir mayor fuente de bienanza. ¡Y las artes! Andalucía, con nombre islámico.

La conquista cristiana fue intolerante y uno de los orígenes del latifundio. El robo, el asesinato; presididos por la cruz. Empiezan a quitarnos las tierras; distribuidas en grandes porciones entre los capitanes de las huestes conquistadoras. Y los andaluces, que tenían la tierra convertida en vergel, son condenados a la esclavitud de los señores. Fueron y son las enormes falanges de esclavos jornaleros y campesinos sin campo, campesinos expulsados. Pueblo conquistado, el pueblo andaluz; bastante tenía con plañir aquellos lamentos que expresó con palabras Abu Beka de Ronda: llorando al ver sus vergeles, y al ver sus vegas lozanas ya marchitas, y que afean los infieles con cruces y con campanas sus mezquitas.

El pueblo recién convertido por la presión de la intolerancia iniciada por Isabel, sometido a una persecución que después del triunfo de Juan de Austria, y a las terribles depredaciones que hicieron decir a Mámol que los soldados del rey eran tropas de delincuentes.

Se encienden las hogueras de “la Inquisición”: millares de andaluces, moriscos y musulmanes, son quemados en las salvajes piras. Los Austrias continúan la obra de Isabel. Así la tiranía eclesiástica destruyó la cultura de Andalucía, declaraba Infante a Francisco Lucientes, la importancia práctica de la Andalucía musulmana, su trascendencia política queda demostrada en la polémica continua que enfrenta hoy a los partidarios de la línea de Blas Infante y pro-andalusí y los de la clásica y tradicional. Hasta los partidos y todo el centralismo apagan una interpretación castellanizante.

La izquierda nacionalista se enrola con Infante. El caso resulta altamente revelador. La Historia es forzosamente un arma política (se reconozca o no). En este punto, navegan en igual barco la izquierda tradicional y Santiago Matamoros de Clavijo. Infante tenía razón; la identidad de Andalucía nace aquí: fundamento de nuestras características, voluntad de ser, el fundamento más próximo de Andalucía está en la Andalucía medieval; que la conquista vino a interrumpir. Con todo esto, moriscos, anarquistas, pacifistas, gitanos, jornaleros, desposeídos, acaban relacionados en una síntesis operativa.

NOTAS:

Este texto ha sido extraído del libro “El siglo de Blas Infante” y fue publicado en el boletín nº5 “INDEPENDENCIA” del ya desaparecido Sindicato Andaluz.

Antonio Luis (Yasser) Calderón Díaz es el coordinador general de Liberación Andaluza.

Manifiesto de los Federales de Andalucía (1873)

310px-Insignia_Hungary_Political_History_MŐ.svgAyer se cumplieron 143 años de la proclamación de la independencia de Andalucía por parte de los federalistas andaluces realizada el 21 de julio de 1873. Compartimos aquí la llamada “Declaración de Despeñaperros”, realizada en el contexto de la Revolución Cantonal y durante la breve pero convulsa Primera República Española, proclamada el 11 de febrero de aquel año. Compartimos aquí el texto íntegro del manifiesto.

Federales de Andalucía:

Los traidores de la República, unido a los traidores de Amadeo, los apóstatas de la Revolución de Setiembre, a los apóstatas y traidores de todas las situaciones y de todos los partidos, a los merodeadores políticos, a los explotadores y verdugos del pueblo, a los radicales, en fin, han constituido un Gobierno más conservador, más reaccionario, más centralizador, más adversario de las reformas administrativas y económicas que el anterior gobierno.

La Asamblea Constituyente ha consumado por segunda vez la abdicación más vergonzosa de su Soberanía; ha investido al presidente Salmerón de las mismas facultades discrecionales conferidas al ex presidente Pi.

La traición no puede ser más evidente, ni más tangible. Es la traición del 23 de Abril y del 11 de Junio ingerida en el gobierno para matar la República.

Los poderes que la Asamblea ha recibido del pueblo, son intransferibles, porque la Soberanía del Derecho es irrenunciable e ilegislable, y la Soberanía del Derecho personificada en la Soberanía del pueblo, ha sido delegada en la Asamblea.

Desde el momento, pues, en que los diputados de esta Asamblea delegan a su vez en un hombre cualquiera estos poderes que han recibido sin cláusula de sustitución, abdican en él su derecho, faltan a su mandato, sometido al capricho de este hombre un derecho superior a la misma Asamblea y al gobierno; este Derecho que es irrenunciable e ilegislable, estos poderes que son intransferibles.

De aquí, que la Asamblea ha renunciado a su Soberanía, ha claudicado, ha perdido la cualidad de legisladora, ha dejado de ser constituyente. Todo cuanto de ella emane es ilegal, es faccioso: no tiene razón de ser.

Hay más: esta Asamblea, al constituirse proclamó solemnemente la República Federal: y esta forma de gobierno lleva en sí la inmediata formación de los Estados confederados y el planteamiento por éstos de las reformas administrativas y económicas que crean convenientes.

Ahora bien: si el pueblo tiene el inconcurso derecho de reivindicación, revocando los poderes conferidos a los diputados, si estos han abusado de ellos, ora delegándolos, ora transfiriéndolos, ¿cómo, con qué derecho, pretenden la Asamblea y el gobierno sobreponerse a la Soberanía del pueblo? ¿Con qué derecho, el gobierno y la Asamblea concentran fuerzas en Madrid y Andalucía, formando cuerpo de ejército para batir a los republicanos?

Si el pueblo soberano quiere ejercer su Soberanía, ¿cómo, con qué derecho, esta Asamblea y este gobierno se oponen a la inmediata constitución de los Estados y a la consiguiente proclamación de su independencia administrativa y económica?

¡Ah! No, republicanos federales.

La Asamblea Constituyente no tiene razón de ser: el gobierno que de ella emane sin el concurso de los diputados de la minoría, que defienden la Soberanía de los Estados, es ilegal y faccioso. Tal es la doctrina del derecho republicano puro: tal es la filosofía de la Soberanía del Derecho.

¡FEDERALES DE ANDALUCÍA!

Se halla constituido el Cantón Murciano con sus diputados al frente y el bravo general Contreras. Se han adherido las fuerzas militares de mar y tierra en la plaza de Cartagena, dispuesta a defender su soberanía en unión con el pueblo y los Voluntarios de la República. En Castilla la Vieja, con sus provincias, se ha levantado la misma bandera. Castilla la Nueva ha formado un Comité de Salud Pública, ínterin se constituye, compuesto de diputados, generales y personas notables del Partido. Aragón, Cataluña, Valencia y La Mancha han manifestado al gobierno su irrevocable propósito de verificarlo. Cádiz, Málaga y Sevilla se rigen por su propia autonomía. Córdoba está constituyéndose con los diputados de su provincia, las fuerzas militares del general Ripoll y los voluntarios de la mayor parte de los pueblos.

En Despeñaperros, histórico e inexpugnable baluarte de la libertad, se enarboló ayer, por las fuerzas federales que mandan los que suscriben, la bandera de independencia del Estado Andaluz.

Terminemos, pues, nuestra obra. Completemos la regeneración social y política de esta tierra clásica de la libertad y de la independencia. Formemos nuestro Ejército Federal: constituyamos nuestros Cantones, elijamos nuestra Asamblea, y bien pronto desaparecerá el carlismo y caerá para no levantarse más la reacción hipócrita y traidora, germen latente de nuestras discordias, de nuestro empobrecimiento, de nuestro malestar.

¡FEDERALES DE ANDALUCÍA!

Unión íntima, unión fraternal entre todos nosotros. Ínterin se constituyen los Cantones del Estado Andaluz, fórmense los Comités de Salud Pública como en Madrid y demás provincias: no reconozcamos otra autoridad que la de nuestros Cantones, y todo el que se oponga a esta obra patriótica, que encierra la salvación de España, será considerado como traidor, aunque se llame republicano. Concluyamos con las palabras de M. Lamenais: “Todos tenemos el mismo pensamiento: tengamos todos el mismo corazón. ¡Salvémonos o muramos juntos!”

¡Viva la Soberanía administrativa y económica del Estado de Andalucía! ¡Viva la República Federal con todas su reformas sociales!

Despeñaperros, a 21 de Julio de 1873

Anti-imperialismo y mundo multipolar

Por Kim Il Sung

En el escenario internacional se libra hoy una fiera lucha entre las fuerzas de independencia y las dominacionistas, entre las fuerzas revolucionarias y las contrarrevolucionarias.

Atemorizados ante el constante crecimiento de las fuerzas revolucionarias mundiales, los viejos y nuevos dominacionistas se revuelven desesperadamente para mantener su derecho a dominar.

Los imperialistas yankees, manteniendo invariablemente su ambición de conquistar el mundo, engañan a los pueblos bajo el llamativo rótulo de la “paz”, por una parte, y por la otra, aceleran los preparativos de guerra. Tras el telón del “desarme” siguen aumentando los armamentos, tras el telón de la “limitación de armas nucleares” continúan las pruebas nucleares, tras el telón de la “distensión” prosiguen las intervenciones militares. Cuanto más grave se torna su crisis económica y empeora su situación, los imperialistas se aferran tanto más a las maniobras de agresión y de guerra.

Los imperialistas dirigen el filo de su agresión a los países emergentes. Un importante método que emplean para agredir a los países no alineados, a los países tercermundistas, es derrotarlos por separado al dividirlos y enemistarlos, aprovechándose astutamente de los problemas de fronteras, consecuencia de la dominación colonial, y de otros diversos asuntos complicados, tratan de meter cuña, sembrar discordia y provocar disputas y conflictos entre los países no alineados, los países tercermundistas, a fin de hacerlos pelear entre sí y sacar provecho.

Los imperialistas, los dominacionistas, maniobran virulentamente para establecer su control político y económico sobre los países emergentes. Con diversos métodos taimados y perversos, como la amenaza y el chantaje, la conciliación y el engaño, la subversión y el sabotaje, tratan de subyugar políticamente a los nuevos Estados independientes y de tomar en sus manos las arterias económicas de los países en vías de desarrollo a título de la supuesta “ayuda” y “explotación conjunta de los países subdesarrollados”.

Los imperialistas, los dominacionistas, que están enfrascados en la expansión de su esfera de influencia, recrudecen las pugnas para colocar bajo su dominio a países del Tercer Mundo. So pretexto de “apoyo” y “protección” se meten a porfía como en una competencia, y se inmiscuyen abiertamente en las disputas entre países tercermundistas y libran entre sí pugnas de desalojo esforzándose cada cual para mantenerlos bajo su control. Debido a las maniobras de los imperialistas, de los dominadores, hoy la situación internacional está muy tensa y complicada. Por su manipulación y conspiración, cada día ocurren actos de desestabilización, sabotaje y asesinato; surgen problemas de litigios en todas partes del mundo; y hasta se producen casos trágicos tales como que países hermanos peleen disparándose mutuamente. Como consecuencia, se han creado muchas dificultades ante los países tercermundistas y el Movimiento de Países No Alineados (MPNA) pasa por una prueba.

La situación actual exige imperiosamente que los países socialistas y los no alineados, los países tercermundistas, todas las naciones oprimidas del mundo, intensifiquen aún más, unidos compactamente, la lucha contra el imperialismo y otras formas de dominación.

El dominacionismo es la corriente contrarrevolucionaria opuesta a la tendencia contemporánea que aspira al zazusong, y el blanco de la lucha común de los pueblos revolucionarios del mundo. Su esencia consiste en violar el zazusong de otros países, oprimir y controlar a otras naciones y pueblos. Se practica tanto en forma abierta, sin tapujos, para convertir a otros países en sus colonias, oprimirlos y explotarlos, como astutamente para dominar y controlar a otros países colocándoles por diversos métodos el lazo de la dependencia. El dominacionismo se expresa tanto en países grandes como en los relativamente pequeños, tanto en países capitalistas como en otros. En una palabra, todos aquellos que tratan de controlar a otros son, independientemente de su dimensión y régimen social, fuerzas dominacionistas, y el dominar a otros, sea abierta o disimuladamente, es, por igual, práctica de dominación.

Todos los pueblos de países emergentes tienen que concentrar las flechas de ataque contra el imperialismo, contra el dominacionismo. Sólo combatiéndolos con energía podrán consolidar su independencia nacional, alcanzar el desarrollo independiente y construir un mundo nuevo, libre de toda forma de dominación y supeditación.

Para potenciar la lucha contra el imperialismo y otras formas de dominación hay que formar un amplio frente unido de países emergentes. Este frente constituye una garantía decisiva para triunfar en la lucha contra el imperialismo, el dominacionismo. En la actualidad su formación se presenta como un problema de mucha importancia, sobre todo porque los imperialistas y demás dominacionistas recrudecen las maniobras de división, discordia y conquista en contra de los nuevos Estados independientes.

Los países emergentes han de responder con la estrategia de unidad a estas maniobras de los dominacionistas. Los no alineados, los países tercermundistas tienen que integrarse en un amplio frente unido y destruir con acciones al unísono las maquinaciones de división, discordia y conquista de los dominacionistas de toda calaña.

Para hacerle frente al enemigo común, los países emergentes debemos dar prioridad a la unidad, subordinarlo todo a ésta, unirnos firmemente por encima de las diferencias de régimen social, criterio político y creencia religiosa. Estas diferencias no pueden ser de modo alguno obstáculos para la unidad. Tenemos más comunidad que diferencias, y la fuerza que nos cohesiona es mayor que la que trata de separarnos.

Extracto de “Aceleremos la construcción socialista enarbolando la bandera de la Idea Juche” (1978)

Los comunistas y la cuestión nacional (III Congreso del PCPA, 1993)

PCPAPodríamos decir que el problema de la cuestión nacional constituye una de las asignaturas pendientes del Movimiento Comunista Internacional, no ya tanto en cuanto a respuesta puntual frente a un problema concreto, sino en cuanto a cuerpo teórico que permita adoptar, desde posiciones ideológicas, la respuesta concreta en una situación determinada sin caer en oportunismo de uno u otro signo.

Partiendo de la escasez de materiales, que no de formulaciones, de los clásicos del marxismo-leninismo, el desarrollo teórico sobre el problema prácticamente concluye con la formulación que, con pretensiones de generalidad y evidente falta de profundidad, desarrolla Stalin.

Las luchas de independencia y liberación nacional se han visto ya desde Engels, en un contexto ajeno a la realidad del denominado mundo capitalista, y fundamentalmente de la Europa Central y Occidental, vinculándolo al proceso de luchas de descolonización de los pueblos de África y Asia sometidos a los grandes imperios coloniales (británico, francés y alemán, principalmente) formados a lo largo del siglo XIX y remodelados tras la Primera Guerra Mundial.

Partían los clásicos, y hemos partido nosotros también, de considerar el mapa nacional europeo con una configuración definitiva, y casi de “derecho natural”, viendo con recelo en el mejor de los casos cualquier atisbo de “nacionalismo” por parte de una comunidad cualquiera enclavada dentro de los territorios de un Estado nacional.

Dos son los motivos principales, a nuestro entender, que han condicionado dicha postura; de un lado el contraponer derechos nacionales a internacionalismo, allí donde la existencia de un proletariado industrial numéricamente considerable y socialmente importante, hacía pensar en que el proceso revolucionario se daría a nivel continental y no local; de otro, el hecho innegable de que la mayoría de los movimientos nacionalistas existentes dentro de los Estados europeos, si exceptuamos el caso irlandés, que tiene sus peculiaridades, estaban organizados y dirigidos por las burguesías nacionales que a su amparo pretendían la protección o expansión de sus mercados.

Si en épocas de la Revolución de Octubre, y durante un corto período de tiempo, se puso en práctica el principio de libre autodeterminación en algunas de las naciones que integraban el Imperio Ruso zarista (como Finlandia o Polonia), sus resultados y la coyuntura política por la que atravesó el País de los Soviets hizo que el problema se enfocara de forma distinta, y las formulaciones de Stalin adquirieron la categoría de doctrina inmutable.

Así, pese a tener evidentes problemas motivados por los hechos nacionales diferenciados, incluso luego de la configuración del nuevo mapa europeo surgido de la Primera Guerra Mundial, en países como Yugoslavia, Checoslovaquia, Bulgaria y muchos más en la propia URSS, y a pesar de la existencia de Estados dirigidos por partidos comunistas tras la Segunda Guerra Mundial, donde estos problemas estaban presentes, nada se hizo en el terreno teórico para abordar, desde una perspectiva de clase, tal cuestión, poco y malo para solucionar el problema, las más de las veces reprimiéndolo o enmascarándolo.

La historia de los comunistas españoles no ha sido en absoluto ajena a aquellas concepciones y estas prácticas. Pese a la actuación de los nacionalistas, tanto vascos como catalanes, en la Guerra Nacional Revolucionaria de 1936 a 1939, y donde, pese a convicciones religiosas, políticas y económicas tan diversas y a veces antagónicas con las que sustentaban los gobiernos republicano-socialistas de la época del Frente Popular, la mayoría de las fuerzas nacionalistas, de indudable origen burgués, incluido el PNV, se enfrentaron a la rebelión de los militares fascistas, y en mayor o menor medida contribuyeron a mantener la lucha, defendiendo en primer lugar sus instituciones de autogobierno y en segundo a la República que les había facilitado el tenerlas. Los comunistas participaron en los gobiernos autonómicos vasco y catalán, y es ahí donde surgen los primeros intentos serios de abordar, desde las propias filas comunistas, los hechos nacionales diferenciados.

La derrota popular, el estallido de la guerra en Europa y la política del Komintern primero y de la Kominform después de 1943 no solo abortaron estos intentos, sino que llevaron a sus valedores a la liquidación política (cuando no física), y ahí están los casos de Comorera, Errandonea y de tantos otros.

Pero incluso esta falta de referente teórico y de incomprensión política no pudo evitar que los interrogantes sobre el problema se plantearan y que las posturas de reivindicación de la lucha nacional fueran, con dosis más o menos importantes de oportunismo, en según qué casos, siendo asumidas por sectores importantes de la militancia comunista, especialmente en Cataluña.

Ahí nos volvemos a encontrar con la formulación clásica de la ortodoxia: “un Estado, un Partido”, viendo la dirección central del PCE peligros de federalización, cuando no de desintegración, aceptando la existencia formal de organizaciones regionales, pero, salvo el caso catalán con el PSUC, negando virtualidad a cualquier tipo de autonomía a las mismas.

Esta situación dio lugar a la reducción casi a lo simbólico de la organización de los comunistas vascos, desbordados y sorprendidos por el hecho del componente nacionalista incluso de parte de la clase obrera vasca, y de la aparición de organizaciones que, desde posiciones revolucionarias, reivindicaban la independencia de su país. La falta de respuestas, condicionada de un lado por la mentalidad de los dirigentes, y de otro por las cortapisas que desde la dirección central se establecían, llevaron en la práctica a que la organización vasca del PCE no llegara siquiera a ser admitida como parte de la vanguardia revolucionaria de Euskal Herria.

Las vacilaciones a adoptar una posición definida y avanzada por parte del PSUC, salvando las enormes diferencias que en la composición de la clase obrera catalana, mayoritariamente emigrada de otras zonas, aparecen respecto de la vasca, e incluso en determinadas comarcas el enfrentamiento hacia lo catalán, han hecho retroceder en influencia política a esa organización.

Más sangrante ha sido históricamente el caso andaluz: la falta de sensibilidad que durante la primera mitad de la década de 1970 mantuvieron las máximas instancias del PCE respecto a un hecho que, si incipiente, no por eso era menos evidente. La aparición de los primeros síntomas de la reivindicación de la propia personalidad andaluza permitió que un núcleo de elementos provenientes de la pequeña y mediana burguesía asumiera el papel protagonista en el arranque del proceso que, para nosotros, sería el de la reconstrucción nacional de Andalucía.

Cuando surge la primera organización de este tipo, denominada “Compromiso Político”, ya se alzaron algunas voces ante la dirección para que atendiera a este fenómeno y recogiera, desde las posiciones revolucionarias, ese sentimiento. Fue clamar en el desierto, y se reprodujeron viejas fórmulas, desde la caracterización de “pequeño-burgués” del planteamiento hasta la negación de lo que ya era evidente, las condiciones objetivas para que el mismo fuese asumido por sectores importantes de la población andaluza.

Solo cuando, ya en plena “Transición”, la coyuntura de los pactos estatales lo aconsejan, se acepta formalmente la posibilidad de reconocer algunas características peculiares a Andalucía, sorprendiéndose de los resultados electorales de la única formación que se reclamaba “nacionalista”, el Partido Socialista de Andalucía (PSA), a raíz de lo cual, y del resultado de los procesos electorales de 1979, se admite que las organizaciones del PCE en Andalucía celebren el Congreso Constituyente del Partido Comunista de Andalucía. Ya habían tenido lugar las manifestaciones del 4 de diciembre de 1977, donde la movilización popular fue superior incluso a las mayores que se hubiesen celebrado en Cataluña o Euskal Herria.

Partimos los comunistas andaluces del PCPA de una premisa a la hora de formular nuestra posición respecto del hecho nacional andaluz: tanto por la configuración histórica de nuestro pueblo como por su situación actual, y su composición social, solo desde sus capas populares y su clase obrera puede sacarse adelante, de una forma coherente, el proyecto de reconstrucción nacional.

Y hablamos de reconstrucción precisamente porque partimos del análisis de nuestra Historia y no aceptamos, por tanto, el que la nacionalidad andaluza carezca de raíces: somos conscientes de cuáles son los tiempos actuales, de las enormes distancias que nos separan, en todos los órdenes, de la última estructura nacional andaluza, erradicada por siglos de dominación castellana, y no eludimos analizar las huellas que ese proceso de destrucción de nuestra identidad han dejado de forma profunda en una parte importante de andaluces. Tampoco olvidamos el contexto europeo en el que hoy se mueven los Estados nacionales de nuestro continente; pero eso no nos lleva a negar lo primero, sino que nos obliga a analizar con más meticulosidad la realidad, para afinar a la hora de formular la política concreta que permita al Partido ocupar un papel de vanguardia en la lucha por la soberanía.

Ese es el camino que el Partido Comunista del Pueblo Andaluz eligió al realizar su II Congreso, y hoy reafirma y profundiza, asumiendo la tarea de encabezar la lucha por los derechos nacionales de los andaluces, incluido el de la autodeterminación.

El socialismo chino (Herwig Lerouge)

ChinaEste texto es una introducción de la obra “¿Hacia dónde va China?”, obra del periodista belga Peter Franssen, militante del Partido del Trabajo de Bélgica (PTB).

En el año 2006, el crecimiento de la economía china fue de un 10’7%. Desde 1978 ha seguido una buena media anual. En Europa Occidental, los expertos en economía hablan de un buen año cuando el crecimiento sobrepasa el 2%. Además, no hay que olvidar que una parte de este crecimiento europeo tiene que ver con las espectaculares cifras del crecimiento chino. China necesita petróleo, acero, máquinas, materias primas, tecnologías, etc. que las multinacionales occidentales suministran con placer.

China es, cada vez más, una espina en el pie del mundo capitalista. Veamos las relaciones de China con el Tercer Mundo. La República Popular China compra a precios razonables y justos materias primas en África, América Latina y Oriente Medio. De esta manera, muchos países del Tercer Mundo ven la posibilidad de liberarse del chantaje y el dumping impuesto por los EEUU y Europa. Hoy, estos países del Tercer Mundo tienen la capacidad de elegir a quién venden sus productos.

A diferencia de lo que suelen hacer los países capitalistas, China suministra préstamos baratos a los países del Tercer Mundo con los que comercia, para construir la infraestructura. Y no les obliga a comprar productos de fabricación china con el dinero de los préstamos.

China es hoy un fuerte aliado en el cada vez mayor frente de resistencia del Tercer Mundo contra el dominio del imperialismo estadounidense y europeo sobre la economía mundial. China parece ser también, por el momento, el único país que se puede oponer a largo plazo a los planes de dominación mundial de las fuerzas imperialistas de los EEUU. Algunos dirigentes europeos parecen querer situarse del lado de China para no quedar desbancados. Es el caso, por ejemplo, de Guy Spitaels, antiguo presidente del Partido Socialista de Bélgica. China construyó con medios puramente económicos un contrapeso tal, que ya es muy tarde (piensa Spitaels) para poder ser abatido militarmente por los EEUU. Lo que no impide que las fuerzas ultraconservadoras norteamericanas defiendan permanentemente dicha intervención. “Cuanto más tarde se haga, más duro será”, dicen.

Las protestas contra China en la prensa occidental son cada vez más frecuentes. Naturalmente, no dicen que China está arruinando el mercado de materias primas que necesitan las multinacionales occidentales. Por el contrario, hablan del “imperialismo chino”, que no tiene en cuenta con qué regímenes trabaja y que destruye el mercado interior africano con productos chinos baratos.

China sigue un camino anti-imperialista. Esto al menos parece claro. Pero esta China triunfante, ¿es todavía socialista? ¿La economía no está cada vez más dominada por una nueva clase capitalista? ¿China no conoce los defectos clásicos del capitalismo: el paro creciente, las condiciones espantosas de trabajo, la diferencia cada vez más grande entre ricos y pobres, entre la ciudad y el campo, o la corrupción? ¿Qué queda todavía, en la “economía socialista de mercado”, de los principios clásicos de una economía socialista como la planificación central, la propiedad estatal de las grandes empresas, o la colectivización de la agricultura? ¿Los campesinos y los obreros son todavía dueños del Estado? ¿Qué fue de la “continuación de la lucha de clases bajo el socialismo”? ¿Cómo trabaja el Partido Comunista de China para suprimir las diferencias de clase?

Peter Franssen, periodista en el semanario belga Solidaire, intenta ofrecer una respuesta a estas complejas cuestiones. Analiza los 30 primeros años de la Revolución China bajo la dirección de Mao de manera dialéctica. La industria pesada se desarrolló y sectores como la sanidad o la enseñanza conocieron un crecimiento espectacular. China, país casi exclusivamente agrícola en 1949, tenía en 1970 un adelanto considerable respecto a su vecina India. Pero durante este período el PCCh cometió también muchos errores izquierdistas, según afirma Franssen. Y describe los errores.

El bienestar no creció lo que se esperaba. El consumo por familia no aumentaba lo suficiente, la financiación de la industria pesada se hacía en exceso a costa de la agricultura. Los ingresos de los campesinos aumentaban más lentamente que el de los obreros y los habitantes de las ciudades. El sector del comercio, de los hoteles y restaurantes tampoco se desarrollaba a causa de la rígida concepción de la economía planificada que defendía que el pequeño comercio, los hoteles, cafés y restaurantes continuasen en manos estatales. El desarrollo de la industria ligera hubiera progresado más rápido en esta fase del desarrollo económico si las fuerzas sociales que trabajaban en este sector hubieran podido tomar la iniciativa. Pero estas ideas no se planteaban en las concepciones de la época de Mao. A finales de la década de 1970, la necesidad de un nuevo enfoque económico era evidente para la mayor parte de los altos cargos del PCCh.

El autor apoya las reformas, se basa en la concepción de Marx y Engels de que el socialismo nacería en países en los que el capitalismo hubiese completado su papel histórico. Cuando este rol histórico haya sido completado, la razón de la existencia de esta organización de la sociedad caerá, y por necesidad económica, será destruida por una forma superior de organización. El rol histórico del capitalismo consiste en socializar la organización del trabajo. Así, al remodelar a los individuos aislados en seres sociales; al llevar a las fuerzas productivas a un crecimiento jamás visto, al transformar la economía agraria en una economía industrial; al desarrollar la ciencia y la tecnología de tal manera que la naturaleza ya no sea impenetrable y súbdita de la idolatría; sino que se transforme para ser un instrumento de progreso social y de emancipación ideológica; reduciendo el tiempo de trabajo necesario para la producción de los medios de subsistencia aumentando la productividad del trabajo, de manera que se cree la posibilidad de producir en abundancia otras mercancías, y desarrollar así la cultura general. En resumen, el capitalismo debe crear las condiciones que hacen posible el socialismo. A partir de mediados de la década de 1950, una parte de los dirigentes chinos pensaba que el socialismo y el comunismo nacen de la nada, y que las relaciones de producción podían ser elegidas al gusto y según las propias convicciones ideológicas.

Que el comunismo no puede construirse plenamente salvo en los países donde el capitalismo ha completado su papel histórico no quiere decir en absoluto que los comunistas rusos y chinos deban renunciar al poder. Cuando en Rusia la clase obrera tomó el poder durante la Revolución de Octubre, el país estaba económica y socialmente muy lejos de un estado de desarrollo capitalista avanzado. La industria, y en consecuencia la clase obrera, estaban desarrollados de manera muy débil (solo el 5% de los trabajadores rusos eran trabajadores industriales, proletarios). Rusia era en 1917 un país todavía esencialmente agrario. Y para colmo se encontraba devastado por la guerra.

Lenin se daba cuenta de que debía encontrar el camino concreto para ir paso a paso del antiguo Estado y de la situación de destrucción de Rusia hacia el socialismo ideal, el modelo que Marx y Engels ya habían esbozado precisa y correctamente. Afirmó que en la Unión Soviética reinaba el poder de la clase obrera. Pero la economía no puede ser socialista de buenas a primeras, si bien es el objetivo al que se dedica la clase obrera. Previamente existe todo un período de transición.

En 1921 Lenin introduce la Nueva Política Económica (NEP): una política que permitía el desarrollo del capitalismo y del mercado. Lenin habla de una fase intermedia que duraría “algunas décadas”. Pero este desarrollo cuenta con el peligro de que el capitalismo se haga fuerte e intente romper con el poder del Estado socialista. Fue lo que ocurrió en Rusia en 1930, cuando los campesinos adinerados pusieron en riesgo el aprovisionamiento de las ciudades, reteniendo sus cosechas con la esperanza de obtener precios más elevados. Los altos precios de los cereales harían aumentar los salarios y pondrían en peligro la industrialización. Es por este motivo que la URSS debió colectivizar la agricultura rápidamente y romper con el poder de los campesinos ricos. Tal vez el Gobierno de los Soviets hubiese preferido mantener la NEP algún tiempo más, pero los ataques de la burguesía, cuya fuerza aumentaba, no lo permitían.

Tanto la NEP como su abandono (antes de lo previsto) y su reemplazo por una industrialización socialista “forzada” no respondían a ningún modelo teórico marxista, sino a las necesidades concretas de una situación concreta: es la única manera de avanzar hacia el socialismo, de consolidar lo que está ya adquirido y de no retroceder hasta el punto de partida. La clase obrera puede tomar el poder de un día a otro durante la revolución. Pero la construcción de una economía socialista y de una sociedad socialista (según el modelo que Marx y Engels habían propuesto como principio) exige sin duda en los países débilmente desarrollados un período de transición, que puede ser de larga duración. Este período de transición puede atravesar diferentes fases, que pueden incluso ser contradictorias.

A principios de la década de 1980, los comunistas chinos elaboraron la teoría de “la primera fase del socialismo”. La característica principal de esta fase es el subdesarrollo de la sociedad, consecuencia del escaso nivel de desarrollo de las fuerzas productivas y de su baja productividad. Los comunistas chinos asumieron entonces que su tarea más importante era desarrollar las fuerzas productivas al máximo. Esto implica que el papel histórico de la propiedad privada todavía no habría finalizado.

Peter Franssen describe cómo las reformas del PCCh se basaban en una investigación concreta y no en dogmas fosilizados. Los resultados de este tipo de estudios llegaron a la conclusión de que la forma de propiedad más apta para hacer progresar las fuerzas productivas depende de la situación económica específica. Una economía que no esté todavía muy desarrollada parece mostrar que la explotación privada es a menudo más eficaz y productiva que la explotación colectiva. Pero el socialismo impone que la explotación privada beneficie al desarrollo socialista o, en otras palabras, que el capitalismo se ponga al servicio de la construcción socialista.

Toda la discusión sobre las reformas está relacionada con las tesis de Mao acerca de la investigación de la veracidad en los hechos. El pueblo chino llegó a la conclusión de que el marxismo no era un dogma grabado en piedra que, por encima del mercado, tuviese las respuestas de problemas sobre los cuales ni Marx ni Engels habían podido tener conocimiento. Ninguna ciencia termina y toda ciencia vuelve sobre lo que en un primer momento parecía ser justo y completo. Esto también es válido para el socialismo científico. Como la práctica cambia en cada instante y en cada lugar, el marxismo puede formular principios de base y proponer métodos de reflexión para examinar la práctica, pero no puede dar una respuesta prefabricada a los problemas que se van planteando. El autor afirma que Marx no ha explicado en ninguna parte cómo habría que desarrollar un país atrasado, que hasta la liberación en 1949 era semifeudal y semicolonial. El pueblo chino está obligado a profundizar en el marxismo y a innovar para estar a la altura de los complejos problemas que se les plantean. Están obligados a resolver las cuestiones teóricas del tipo: ¿Qué es el socialismo en un país subdesarrollado? ¿Cómo y en qué medida se puede organizar la lucha de clases en el socialismo? ¿Cuál es el papel del Partido Comunista en una economía socialista que conoce ciertas relaciones capitalistas? El Partido Comunista de China realiza reformas radicales. La tierra que era trabajada colectivamente fue confiada a las familias. El pueblo chino necesita capital, tecnología y técnicas de gestión de empresas de la economía capitalista altamente desarrollada, y por ello autorizan la importación. Las empresas privadas chinas se desarrollan igualmente.

Peter Franssen describe en detalle el éxito de estas políticas, sus correcciones y también sus peligros. Según él, el Partido Comunista de China es muy consciente del peligro que puede suponer para el socialismo un mercado más invasor. Está de acuerdo con Mao, que afirmó en 1957 que la cuestión de saber qué triunfaría en China, si el socialismo o el capitalismo, estaba lejos de estar resuelta. Era una realidad en la época y lo sigue siendo todavía hoy en día. Pero si miramos de manera retrospectiva la historia del PCCh y sus victorias, no faltan razones para ser optimistas.

Que este artículo sea el inicio de un debate provechoso. En las filas de la burguesía internacional existe una gran división de opiniones acerca de la actitud a adoptar ante la vía que ha tomado China. Para algunos, ha elegido definitivamente el lado del desarrollo capitalista. Otros, al contrario, observan con lástima como un país dirigido por un PC consigue un éxito desconocido en el mundo capitalista. Están convencidos de que se trata de una fase de transición… Una vez que las fuerzas productivas hayan alcanzado en todo el país un grado de desarrollo suficientemente alto, temen que China vuelva a tener una economía colectiva y planificada. Sin ninguna duda, las dos opiniones harán todo lo posible por mantener en el interior del Partido Comunista de China a las fuerzas que pretenden llevar la evolución hacia un capitalismo inexorable.

A la gente de izquierdas y a los comunistas se les plantean las mismas cuestiones, aunque surgen de otro problema. Una China socialista y fuerte puede cambiar rápidamente las relaciones de fuerza a nivel mundial. Pero algunos se preguntan si las reformas actuales no han ido ya demasiado lejos, o si las fuerzas burguesas en la economía y tal vez incluso en el aparato del Estado no han tomado ya posiciones demasiado sólidas para dejarse neutralizar pacíficamente.

Que este artículo ayude a dar a conocer los resultados manifiestamente positivos, a desmentir algunas falsedades aparentes, a escuchar objetivamente los argumentos con los cuales el Partido Comunista de China justifica sus políticas. Quien quiera plantear cuestiones, aclarar problemas que no sean conocidos o discutir de ciertos conceptos teóricos, podrá incluir sus observaciones. El siglo XX nos ha enseñado que el camino de la construcción socialista debe ser juzgado en un largo período, pues unas pocas décadas no significan nada en la escala de la Historia. Es tan sólo el principio, continuemos el debate.

Blas Infante: La Patria españolista (1919)

Nuestros correligionarios de Cataluña se han detenido un tanto. La democracia trabajadora es una esperanza ardiente que incendia y conmociona a los obreros de la ciudad y el campo. ¡Hasta Sevilla se levanta! Han visto los obreros tangibilizados los principios de la democracia trabajadora en la Constitución votada por el Congreso Pan-Ruso de los Soviets. Perciben la agitación que inestabiliza en Alemania toda Constitución de gobierno popular. Observan que las nuevas nacionalidades liberadas en el centro y oriente de Europa se debaten en la vacilación manifestada por las luchas internas orientadas hacia soluciones, más bien sociales que políticas. Bulgaria mantiene con Alemania analogías grandes en su actual situación. En Rumanía los campesinos se han apoderado de la tierra.

En cuanto a los triunfadores, el envanecimiento de la victoria en nada ha afirmado, como sucediera otras veces, los poderes que ciñeron las sienes de sus pueblos con el glorioso laurel. En Italia el partido mejor organizado, el Partido Socialista, se pronuncia contra su representación parlamentaria, y se orienta hacia el maximalismo. En Inglaterra, la voz de Irlanda no se oye entre el fragor imponente de sus huelgas últimas, y el clamor de los laboristas ingleses. En Francia, el sindicalismo llega a coaccionar al desaprensivo Clemenceau. Hasta en Argentina, la aspiración democrática trabajadora conmueve a las masas proletarias y llega a minar el espíritu de la fuerza pública.

Los obreros de todo el mundo se han dado cuenta de que este instante representa un puente giratorio que unirá dos eras diferentes, y quieren ordenar este puente en la dirección que conduce al mundo de su ideología.

Barcelona y Córdoba son hoy las dos provincias españolas en que el sindicalismo cuenta con fuerza mayor y con una organización más acabada. Y nuestros correligionarios catalanes dicen: Si llegamos a romper la clave de los poderes actuales, los obreros penetrarán por la brecha. Temen al tránsito: a la desorientación. Resolver la cuestión social es hoy asunto más urgente y esencial que el mismo problema autonómico.

Este es también nuestro criterio (el que viene a inspirar esa última fórmula) con relación al problema social que pudiéramos calificar como “particular” de Andalucía, por ser aquí más bien que en otra parte alguna, realmente angustiosos los requerimientos que para su solución hace la vida misérrima de nuestro pueblo andaluz, a los entendimientos rectos y a los corazones sensibles.

Pero estamos convencidos. Los poderes de Madrid no harán nada por nosotros. Andalucía habrá de resolver, por sí, sus tremendos problemas. Por esto, si en nuestra mano estuviera la fuerza, estaría también la libertad, a la orden de Andalucía. Andaluces, sabedlo: el Estado español desprecia a nuestro país, actualmente inerte e imbecilizado por el tormento de la larga tragedia, recibe los puntapiés del Señor con inconsciencia, mansedumbre e indignidad esclava. ¡Pobre Andalucía! ¡Ha perdido la dignidad y el valor que la libertad confiere! Tiene la repugnante lealtad de un bufón servil, ¡Andalucía adula bajamente al Estado español, a la patria españolista!

Andaluces cobardes y encanallecidos, sabedlo: si el Estado español es España, fue España la que vino a arrebataros vuestra tierra nacional sumiéndoos en espantosa miseria. Fue ella quien vino a destruir aquellas arterias complicadas por donde discurría el agua que fecundaba vuestro suelo. Fue ella la que arrasó los vergeles que recreaban a nuestros padres. La que castró nuestro espíritu, la que martirizó nuestro genio, la que destruyó nuestra civilización, la que enterró nuestra Historia. Fue ella la que expulsó de nuestro solar a millones de hermanos, dándoles a elegir entre dilemas tremendos, entre el destino o el sometimiento a su baja moral: entre la muerte por inanición o la muerte por la espada. Andaluces: si el Estado centralista español fue y es, como dicen sus sostenedores, la España viva, execrad esa sierpe de España. Renegad de ella. Ella apagó ese foco de Al Andalus cuya memoria es en nosotros, como el recuerdo nostálgico y luminoso de una novia muy amada que murió: cuya resurrección es esperanza de fuego que mantiene encendida nuestra eterna juventud en la peregrinación de nuestros cuerpos ya envejecidos que, atisbando la aparición, avanzan firmes en su peregrinación por la tierra: esclava vuestra tierra. Os niega el pan. En cuanto al espíritu, España no lo tiene. ¿Cómo podrá infundiros espíritu de vida la que por no tenerlo, lo mató en vosotros? ¡España, España! El extranjero lo dice. España es una negación de muerte. Para auscultar en España el latir de un original espíritu, han de venir a buscarlo en el espíritu agonizante y estigmatizado que la dominación de esa España dejara a Andalucía.

¡Qué tristeza! ¡Y aún hay andaluces españolistas! ¡Andaluces que ante las ansias libertadoras del pueblo catalán, gritan con inconsciencia imbécil por la unidad de la patria! Nos dirigimos a vosotros, andaluces de verdad; andaluces de verdad porque es este título expresivo de agobiadores sufrimientos: andaluces de verdad porque constituís las clases más numerosas de la sociedad andaluza: andaluces de verdad porque en las clases plutócratas e industriales andaluzas, la sangre de Andalucía no está pura como en las venas nuestras, sino que fue mezclada con la de extraña gente cuyos atavismos étnicos absorbieron la generosidad de la sangre nuestra.

Nos dirigimos a vosotros, andaluces de verdad; 95% de la población de Andalucía: jornaleros, colonos, pequeños terratenientes, artesanos, sufrida clase media. ¿Por qué llamáis patria a esa España? ¿Qué paternales desvelos tenéis a España que agradecer?

Historia y actualidad de Xinjiang (parte 1)

Os presentamos una serie de textos informativos sobre la historia y cultura de Xinjiang (o Turkestán Oriental), un territorio de la República Popular China habitado mayoritariamente por uigures, un pueblo de origen turanio (turco) que habla una lengua procedente a dicha familia y que profesa el Islam.

La serie estará dividida en tres partes que iremos publicando a lo largo de este día, con la intención de dinamizar la lectura de quienes visitéis este blog.

Primera parte: El origen de los uigures

Los tocarios fueron un pueblo indoeuropeo que ocupó hace unos 4.000 años lo que ahora es Xinjiang. Restos momificados que datan del 1800 a.d.E. sugieren que eran de ojos y cabellos claros; hablaban un idioma proveniente de la Persia oriental y su escritura era originaria de las tierras al este del río Indo. Ciertos investigadores los consideran antepasados de la tribu bactriana (cuya capital se encontraba en el actual Afganistán), de la que existen numerosos registros. Fue sometida por los persas en el siglo VI a.d.E. y, dos siglos después, por el célebre Alejandro Magno. Grabados chinos hablan sobre un pueblo de mercaderes al que llaman “daxia” que correspondería a los bactrianos, cuyos territorios bordeaban China, Persia y la India. Los griegos escribieron sobre este pueblo y se considera que Zoroastro/Zaratustra debió nacer en esos territorios.

Mosque_yanqi_xinjiang
Mezquita de Yanqi, en Xinjiang (China)

Los bactrianos, que eventualmente conformarían el Tocaristán (“hogar de los tocarios”), estuvieron sometidos por xionitas, eftalitas, turcos y árabes, hasta desaparecer alrededor del siglo VIII de nuestra Era. Su posición central y el flujo de gobernantes los expuso al budismo, al zoroastrismo, al maniqueísmo, al cristianismo nestoriano y, finalmente, al Islam. Se considera que fueron los bactrianos quienes introdujeron el budismo en China. Entre las mercancías con las que solían comerciar se encontraban artículos sumamente valiosos como la seda, el jade, especias y papel.

De la diáspora, unas tribus autodenominadas “uigures”, en lo que hoy es Mongolia, se alzaron contra los llamados turcos azules en el siglo VIII para conformar el Imperio Uigur. En aquel entonces, la Dinastía Tang del Imperio Chino estaba debilitada y dependía de sus lazos con este nuevo reino uigur, al que hasta rendían tributo para defenderse de las agresiones tibetanas. Un siglo después, presionados por el exterior, principalmente por tribus nómadas de Asia Central y por el entonces belicoso Tíbet, el Imperio Uigur se fragmentó. Los kirguises, originarios de la actual ex-república soviética de Kirguistán, destruyeron toda ciudad uigur que encontraron a su paso, llegando hasta Ordu Baliq, la capital uigur de aquel entonces, que se encontraba en el corazón de la actual Mongolia. A mediados del siglo IX el pueblo uigur se dispersó y se mezcló con otras tribus de la región. Los territorios de la Cuenca del Tarim fueron gobernados durante unos 200 años (hasta el siglo XIII) por un sultán turcomano de Bujará, que impuso el Islam. Adoptaron la actual lengua uigur y la escritura árabe, que conservan hasta nuestros días.

Los remanentes de la cultura tocaria sobrevivieron a las continuas invasiones gracias al temible Desierto de Takla Makan, que aislaba parcialmente a las aldeas uigures. Después llegaron las hordas mongolas de Gengis Khan, que los integraron a la jurisdicción china. Desde entonces, los uigures han combatido el dominio chino sin éxitos duraderos. El avance de las vías de comunicación ha ido disiminuyendo la distancia entre Beijing y Xinjiang y, con ello, su autonomía real.

Eso es el pueblo uigur: una mezcolanza confusa de culturas. Pero definirse aquí no es limitarse, sino más bien liberarse. Las momias tocarias son utilizadas por los uigures para reivindicar Xinjiang como su territorio con base en antigüedad (nosotros llegamos primero).

24515_uigures_big
Tres uigures, la nacionalidad china musulmana más numerosa

A la momia pelirroja conocida como “la bella de Kroran” (data del 1400 a.d.E.) le ha sido conferido el título de “madre de los uigures” por los separatistas. El museo chino que la resguarda reconoce su ascendencia indoeuropea a la vez que advierte que Xinjiang es parte inalienable de la República Popular China. Las autoridades chinas descalifican los estudios de ADN que enfatizan los rasgos centroasiáticos y lleva a cabo sus propias investigaciones, que arrojan conclusiones diferentes. El resultado son tumbas profanadas, pruebas abandonadas, reliquias robadas, pillaje y destrucción de la Historia permitida por oficiales locales, en aras de mantener la “armonía”. A fin de cuentas, ¿qué es la identidad sin la Historia?

FUENTE: China Files