La URSS no se hundió, la hundieron

Por “La Ardilla Negra”

En breve se cumplirán 100 años de la Revolución de Octubre. En diciembre de 1922 se fundó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Sesenta y nueve años más tarde, en diciembre de 1991, se disolvió en 15 repúblicas que, en la actualidad, representan 19 países.

Nos han contado muchas cosas de la URSS. Los que hemos crecido en países de economía capitalista hemos oído sobre todo que la Unión Soviética “se hundió” debido a que el socialismo no puede ser una alternativa válida a la economía de mercado. Nos han manipulado difundiendo la idea de que la URSS simbolizaba un Estado represivo y represor hacia su propia gente y hacia las sociedades de los países que estaban en su órbita de influencia política, económica y cultural: el Pacto de Varsovia y el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME o COMECON).

Nada más lejos de la realidad. La URSS no se hundió, la hundieron, la hicieron caer mediante un atosigamiento económico, informativo y cultural continuado durante generaciones, esa fue la esencia de la conocida como “Guerra Fría”.

Los primeros años de la URSS fueron de consolidación, de esperanza, de ilusión, un líder sólido y carismático de la Revolución de Octubre, Lenin, guió los primeros pasos de lo que sería la Unión Soviética. Pero la muerte de Lenin en 1924 provocó la subida al poder de Josif Stalin. Mientras que Lenin fundó un Estado socialista fundamentado en la utopía, con todas las ilusiones que ello comportó, a Stalin le tocó la ardua y dura tarea de consolidar ese Estado socialista.

El ejemplo que la URSS lanzó al mundo era simple y claro: se puede consolidar un sistema político, económico y social basado en la igualdad, en el compañerismo, en la colaboración mutua. Desde el camarada barrendero hasta el camarada ingeniero o el camarada general del Ejército Rojo consolidaron una sociedad en la que todos eran camaradas en pos de un objetivo común: fortalecer la URSS y conseguir un sistema económico justo, socialmente unificado y perdurable en el tiempo.

Enseguida el ejemplo soviético despertó recelos, desconfianza y miedo en las clases dirigentes de los países capitalistas. Estas clases sociales temieron que la filosofía soviética pudiera extenderse por el mundo porque, si eso pasaba, las fábricas y grandes latifundios en manos privadas serían socializados en beneficio del pueblo. El ejemplo soviético tenía que ser eliminado porque constituía un peligro latente. Por lo tanto, durante la década de 1920 y 1930 estas clases dirigentes financiaron periódicos y partidos ultraderechistas profundamente conservadores y con un marcado carácter anticomunista. Así fue como durante esos años, gracias al apoyo económico incondicional de las clases dirigentes de todos los países europeos, Mussolini y Hitler pudieron ascender al poder en Italia y Alemania respectivamente. Con partidos fascistas en el poder, los comunistas lo iban a tener muy mal. Recordemos las simpatías de la Casa Real británica hacia Hitler y su NSDAP, simpatías personificadas en la figura del rey Eduardo VIII.

Eduardo VIII, cuando aún era Duque de Windsor, pasando revista a las tropas de las SS en Austria (1937)

La clase dirigente británica simpatizaba, en su mayoría, con las políticas de Hitler, lo que quedaba de manifiesto incluso en eventos deportivos de alto copete.

Con Hitler en el poder, el NSDAP inició una política de rearme consentida por las potencias “democráticas” europeas.

El objetivo estaba claro:

  1. A través del Tratado de Versalles, frustrar al pueblo para fomentar el malestar y el descontento entre la población civil alemana.
  2. Apoyar la propaganda anticomunista y el ascenso del NSDAP para responsabilizar de todas las penurias a los comunistas y a la influencia soviética.
  3. Tolerar e incluso fomentar a marchas forzadas el rearme del castigado Ejército alemán.
  4. Lanzar a la Alemania nazi, en coalición con sus aliados fascistas, contra la Unión Soviética y acabar por la vía armada con su ejemplo, que tanto estaba influyendo en las clases obreras de toda Europa.

Pero la Guerra Civil Española y la astucia de Stalin cambiaron todos sus planes.

En España finalmente se impuso el fascismo, ayudado por las potencias supuestamente democráticas que se declararon neutrales como Francia y el Reino Unido. Mientras Hitler y Mussolini ayudaron sin reservas al bando nacional, Francia bloqueaba en los Pirineos las armas que llegaban para apoyar a la República. El 1 de abril de 1939 Franco daba por terminada la guerra proclamando, por radio, su victoria militar desde la ciudad de Burgos.

La Unión Soviética, el único país europeo que había apoyado abiertamente a la República Española, se vio sola frente a los fascismos y Stalin hizo una de las mayores jugadas de estrategia política que, sin lugar a dudas, pasó a la Historia: firmó un pacto de no agresión con la Alemania de Hitler el 23 de agosto de 1939.

Mucho criticaron las potencias “democráticas” occidentales este pacto, y con ello demostraron una hipocresía infinita. Después de haber estado alimentando (ideológica y militarmente) al ogro fascista para lanzarlo contra la URSS, ahora resultaba que gracias a la astucia de Stalin ese monstruo fuertemente armado enseñaba los colmillos a su retaguardia capitalista.

La jugada de Stalin logró que el Reino Unido y los EEUU se implicaran en la guerra contra Hitler. Si no se hubiera firmado este tratado, la URSS y los países fascistas se hubieran enfrentado militarmente mientras las “democracias” capitalistas se habrían mantenido al margen, aprovechando el desgaste de ambos bandos. Como ya es sabido, finalmente Hitler rompió el pacto de no agresión y decidió atacar a la URSS en junio de 1941, en lo que se conoció como Operación Barbarroja.

El plan inicial de liquidar a la URSS por la vía militar resultó un fracaso. A las clases dirigentes capitalistas de Europa les salió el tiro por la culata. En 1944 la influencia soviética llegaba hasta Berlín y ocupaba más de media Europa. Las clases capitalistas de todo el mundo se reunieron en la famosa Cumbre de Bretton Woods (EEUU) en julio de 1944.

A grandes rasgos, en esta cumbre se adoptaba el dólar estadounidense como patrón económico de referencia mundial (hasta entonces se usó el “patrón oro”), se fundó el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial, se aprobó el Plan Marshall, etc. El trasfondo de la Cumbre de Breton Woods era el siguiente:

“Hemos intentado liquidar a la Unión Soviética por la vía armada y ha sido un fracaso. De hecho, ahora el comunismo llega hasta Berlín. Así que, las potencias capitalistas mundiales vamos a hacer una gran alianza para hundir a la URSS por la vía política, económica y social. Lanzaremos una ofensiva propagandística anticomunista para (con paciencia, tiempo y dinero) lograr derrocar a la Unión Soviética.”

Esa era la estrategia, y consiguieron su objetivo.

El famoso Plan Marshall, ideado para frenar el avance de la filosofía soviética por Europa, el “Estado del Bienestar” (pensiones, prestación por desempleo, ayudas, becas…) fue una artimaña para desprestigiar al sistema socialista.

Durante más de 40 años han estado financiando planes terroristas, golpes de Estado en terceros países, guerras, acciones de desprestigio, provocaciones continuas, tergiversaciones informativas… En definitiva, una larga lista de malas artes con un simple fin: liquidar a la Unión Soviética de forma definitiva. Recordemos la Operación Cóndor en América Latina o la Operación Gladio en la propia Europa.

Recomiendo el libro “Aquellos chicos tan majos” de José Antonio Egido, en el que desvela las auténticas intenciones de la inmensa mayoría de los disidentes anticomunistas de la URSS y los países socialistas de Europa del Este.

El poder nos podrá intentar manipular de la forma que crea conveniente, pero la Historia es la que es y no se puede cambiar: la URSS funcionaba, logró poner en órbita el primer satélite “Sputnik” en 1957, envió al primer ser humano al espacio (Yuri Gagarin) en 1961, y a la primera mujer (Valentina Tereshkova) en 1963.

Pero pese a que la URSS haya sido hundida y, más allá de sus logros científico-técnicos, el mayor legado que nos ha dejado la Unión Soviética ha sido su filosofía y su forma de entender el mundo. Expondré una anécdota para concluir esta entrada:

En junio del año 2000 Vladimir Putin visitó el plató del popular programa “Caiga Quien Caiga” de Telecinco, en Madrid. Cuando el reportero Tonino salió a su encuentro, se encontró al mandatario saludando a la totalidad del equipo técnico: al del sonido, al cámara, al de los cables y hasta al de los recados. Tonino no podía salir de su sorpresa: “El señor Putin no entiende nada. ¡Está saludando al personal de producción!”

El que no entendía nada era él, o por lo menos no entendía lo que significó la Unión Soviética en la forma de ver el mundo de más de las dos terceras partes de la Humanidad durante casi toda la totalidad del pasado siglo XX.