El asesinato de Saleh rompe el frente de lucha contra la agresión saudí a Yemen

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Ali Abdullah Saleh fue Presidente de Yemen hasta su derrocamiento en 2011. El pasado 4 de diciembre fue ejecutado por sus antiguos aliados hutíes.

El antiguo presidente yemení Ali Abdullah Saleh, cuyo partido ha roto la alianza con los rebeldes hutíes en la lucha contra la coalición encabezada por Arabia Saudí, arrojó una rama de olivo el sábado a Riad, diciendo que estaba abierto a conversaciones con la coalición y listo para “pasar página”.

Los saudíes emitieron el sábado una declaración que reconocía los comentarios de Saleh.

Los enfrentamientos entre los aliados yemeníes se desataron en los últimos días en Saná, la capital, lo que ha provocado docenas de muertes. Citando el acceso restringido a su país, Saleh dijo el sábado en un discurso televisado en la cadena “Yemen Today” que estaba abierto a conversaciones con la coalición dirigida por Arabia Saudí.

“Llamo a nuestros hermanos en países vecinos […] a detener su agresión y levantar el bloqueo”, dijo, “y pasaremos página”. En cuestión de horas, el portavoz hutí Mohammed Abulsalam lo rechazó.

“El discurso de Saleh es un golpe contra nuestra alianza y asociación […] y expuso el engaño de aquellos que dicen oponerse a la agresión”, dijo, según la cadena de televisión “Al Masirah”.

Los hutíes, una milicia del noroeste de Yemen, han estado en guerra contra el Gobierno central durante la mayor parte de esta década. Arabia Saudí y sus aliados afirman que Irán respalda y financia a los rebeldes hutíes, algo que ellos mismos niegan.

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Países que conforman la coalición (Consejo para la Cooperación de los Estados Árabes del Golfo) que agrede militarmente a Yemen desde 2015: Arabia Saudí, Kuwait, Bahrein, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Omán.

El viernes, la ONU emitió una severa advertencia a la coalición dirigida por Arabia Saudí de las consecuencias catastróficas asociadas con no levantar completamente el bloqueo a Yemen, y los dirigentes de la ONU emitieron el sábado una declaración conjunta pidiendo el levantamiento completo del bloqueo.

Según observadores internacionales, aproximadamente 3 de cada 4 yemeníes necesitan algún tipo de asistencia humanitaria para satisfacer las necesidades básicas, con más de 17 millones de personas que enfrentan inseguridad alimentaria, incluidos otros 8’4 millones en riesgo de inanición.

Arabia Saudí dirige una coalición de Estados del Golfo contra los rebeldes hutíes que expulsaron al gobierno pro-saudí reconocido internacionalmente en Yemen en 2015.

El presidente de ese gobierno, Mansur Hadi, ha estado viviendo en Arabia Saudí desde que los hutíes tomaron el Palacio Presidencial a principios de ese año.

En marzo de 2015, aviones de combate de Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Bahrein, Qatar y otros aliados comenzaron ataques aéreos contra posiciones hutíes en Yemen.

Desde entonces, innumerables ataques aéreos han golpeado a los objetivos rebeldes y civiles, causando miles de víctimas y la paralización del país más pobre del mundo árabe.

La Oficina de Derechos Humanos de la ONU ha documentado más de 13.800 víctimas civiles, incluidas más de 5.000 personas muertas desde que comenzaron los combates. Se cree que los números son una fracción del total de víctimas mortales. Yemen se enfrenta ahora a una hambruna y a uno de los peores brotes de cólera en décadas. El número de casos puede haber llegado a los 500.000, según la Organización Mundial de la Salud.

FUENTE: CNN

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¿Qué se juega en Siria y Yemen?

Por Darío Herchhoren

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Banderas de Siria y Yemen

En el año 2001 se registró el atentado terrorista más grave de la Historia moderna. Fue la caída de las Torres Gemelas de Nueva York, que ocasionó más de 3.000 muertos. Han pasado ya 15 años de esos hechos y lo que se sospechaba ha sido confirmado: los gobiernos de EEUU y Arabia Saudí estaban implicados en ese atentado.

Como consecuencia de ese grave acto terrorista, los EEUU desencadenaron una guerra de agresión contra Afganistán, uno de los países más pobres y desgraciados de la Humanidad, por considerar que la organización criminal Al Qaeda era la responsable de esos crímenes. Y con la lógica simplona del Imperio, como Bin Laden estaba operando con sus talibanes en Afganistán, todo el país debía pagar esa “culpa”.

Luego de la agresión contra Irak, y luego de la guerra contra los talibanes afganos, los EEUU emergieron como la primera potencia militar del mundo de forma indisputable. Sin embargo, Rusia y China, de forma sigilosa, fueron desarrollando una serie de armas que llevaron a que, en este momento, el equilibrio entre los bloques EEUU y Rusia-China se haya roto a favor de estos últimos.

Como telón de fondo de esta situación hay que recordar que la caída de la URSS y del campo socialista significó una situación de caos total en Rusia, con una pérdida de la esperanza de vida de sus ciudadanos, con el cierre de 5.000 escuelas, la venta indiscriminada de material militar por parte de las mafias que crecieron bajo el mandato del corrupto cleptócrata Boris Yeltsin, y con una sensación de derrota por parte de sus ciudadanos.

China, por su parte, se ha convertido en la fábrica del mundo; y eso ha exasperado a los EEUU, al extremo de que se habla ya de un enfrentamiento con armas nucleares entre los dos bloques. Tanto es así que un grupo de 22 senadores estadounidenses se ha dirigido a Barack Obama para solicitarle que los EEUU no sean los primeros en usar la bomba nuclear en caso de una hipotética guerra.

Es entendible que la clase dirigente de los EEUU se resista a aceptar pacíficamente el segundo o quizá el tercer lugar en esta especie de Liga de Campeones, pero la realidad es tozuda, y les guste o no, deberán aceptarlo. Es eso o la guerra. En este momento Rusia ha jugado hábilmente y ha tendido un puente de plata a los EEUU. A saber: una tregua de horas en Siria y un cese de fuego de 72 horas en Yemen; esto último a través del poder vicario del Reino Unido.

Si los EEUU aceptan esto, deberán abandonar a sus aliados como Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, que sin duda “pagarán los gastos de la boda”.

Pero hay algo más, y es lo más importante. En Siria y Yemen se juega la reconstrucción de la histórica Ruta de la Seda, y eso es lo que los EEUU han intentado cortar con el conflicto sirio.

No es extraño que China, un país que no pertenece a la región, envíe buques de guerra para proteger a Siria. Protegiendo a este lejano país protege su propio comercio y su expansión hacia niveles planetarios.

Mientras tanto, Turquía está girando hacia Rusia y alejándose cada vez más de Occidente y de la OTAN. La base de Incirlik ya ha sido abandonada por los militares estadounidenses, que han trasladado (en parte) su arsenal a Rumanía, mientras Rusia ha conseguido que el gasoducto “Blue Stream” pase por Turquía para llevar miles de millones de metros cúbicos de gas ruso a Europa Meridional.

En este complicado ajedrez todavía faltan por jugar muchas partidas, pero hay signos inequívocos de que los EEUU ya han pasado su cuarto de hora. Amén.