El proyecto de crear la Gran Albania se pone en marcha la semana que viene

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Mapa de la Gran Albania que, además de la propia Albania, abarcaría zonas de Grecia, Macedonia, Serbia y Montenegro.

El 11 de junio se celebran en Kosovo las primeras elecciones y los sondeos dan como vencedores a los fascistas de “Autodeterminación”, en cuyo programa está el inicio de las negociaciones con Albania para completar la tarea de destrucción iniciada por la OTAN en los Balcanes hace 25 años: la creación de la Gran Albania.

Está previsto que el criminal de guerra Ramush Haradinaj, presidente de la Alianza por el Futuro de Kosovo, asuma las más elevadas funciones dentro de la nueva Albania unificada con Kosovo, previa convocatoria de un referéndum. Los imperialistas apoyan el plan fascista de los kosovares, lo mismo que apoyan los albaneses; en 2014 Bruselas confirmó la candidatura de Albania para ingresar en la Unión Europea.

El plan es debilitar a los países de la región que pretenden mantener una posición independiente, especialmente Serbia, que se niega a incorporarse a la OTAN.

La Gran Albania no sólo estaría formada por la “pequeña” Albania y el actual engendro kosovar, sino que al nuevo Estado se incorporarían localidades enclavadas actualmente en Serbia y pobladas mayoritariamente por albaneses. Se trataría de una nueva limpieza étnica. Jonuz Moisiu, alcalde de Presevo (Serbia), poblada por albaneses, destacó la necesidad de unir las zonas del sur de Serbia – Presevo, Bujanovac, Medvedja – a los territorios de Albania y el ministro de Trabajo serbio, Aleksander Vulin, calificó su declaración de “llamamiento abierto al inicio de la Tercera Guerra de los Balcanes”.

Es la terminología propia de la región desde hace mucho tiempo. En abril de este año el diario “The Informer” decía que Recep Tayyip Erdogan, el presidente de Turquía, era partidario de la Gran Albania y que estaba preparando militarmente a los gobiernos de Tirana y Pristina para ello. Agentes del servicio secreto turco entrenan a los albaneses para una nueva guerra: se compran armas y cohetes anti-tanque, se diseñan planes para ocupar Kosovo del Norte y ciertas partes de Macedonia.

La preocupación condujo el mes pasado a una reunión entre Vladimir Putin y Aleksander Vucic, presidentes de Rusia y Serbia, en Pekín. La Constitución albanesa otorga al Gobierno un supuesto “derecho” a proteger los intereses de sus ciudadanos en el extranjero, un llamamiento puro y simple a la anexión de las regiones vecinas.

La idea de la Gran Albania apareció en el siglo XIX por los miembros de origen albanés de la masonería europea, que contaban con el apoyo del colonialismo. No es diferente del pangermanismo o el panturquismo. Consistía en la reunificación de todos los territorios donde la mayor parte de la población era de origen albanés. Son varias regiones en el noreste de Macedonia, el sur de Montenegro y Serbia, partes de Kosovo y el norte de Grecia.

Por cierto, hablando de Grecia… El que siembra vientos recoge tempestades. Aproximadamente un 3%, unos 58.000 habitantes de Albania, son de origen griego y cuentan con varios representantes en la Cámara de los Helenos, uno de ellos vinculado al partido neonazi Amanecer Dorado. Entre los griegos de Albania ha aparecido el Movimiento por la Independencia del Epiro del Norte, zona fronteriza entre los dos países de mayoría griega, donde ya han empezado las escaramuzas a tiros entre griegos y albaneses.

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El criminal Thaçi junto al delegado de la ONU en Kosovo y el capo de la OTAN en 1999.

La Gran Albania no es ninguna quimera. En 1941 Kosovo ya formó parte de Albania, que en aquel momento estaba bajo el protectorado de la Italia fascista. Con uno u otro nombre, lo que la Unión Europea promociona en los Balcanes es exactamente eso: el fascismo de siempre.

Lo mismo promociona la OTAN, naturalmente. La foto de octubre de 1999 muestra al general estadounidense y Comandante Supremo de la OTAN, Wesley Clark (a la derecha) saludando al jefe de la misión de la ONU en Kosovo, el francés Bernard Kouchner (de civil), y al capataz de la UÇK, Hashim Thaçi (a la izquierda).

Un informe de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa acusa a Thaçi, actual primer ministro de Kosovo, de participar en redes de tráfico de órganos provenientes – sobre todo – de prisioneros serbios, uno de tantos negocios organizados por los mercenarios albano-kosovares de la UÇK.

FUENTE: “Movimiento Político de Resistencia”

Las heridas de la Guerra de los Balcanes no acaban de cicatrizar

srebrenicaEl año pasado el Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia dictó sentencia en los juicios que tuvieron lugar contra los serbios Radovan Karadžić y Vojislav Šešelj. La decisión judicial pasó muy desapercibida para los medios de comunicación, por lo que en algún lugar debe haber gato encerrado. Estamos hablando de acusaciones graves, como crímenes de guerra, genocidio y otros espantos que tanto escandalizan a los “humanistas” y las ONG.

En Europa a nadie le interesa recordar la destrucción de la antigua Yugoslavia, la ingente cantidad de matanzas cometidas y la intervención en ellas de la Unión Europea – especialmente Alemania – y de la OTAN.

Tras la liquidación de Yugoslavia en 1992 a Radovan Karadžić le nombraron presidente de la República Srpska, que entonces la prensa renombró como “República Serbia de Bosnia”. Algunos serbios, como Karadžić, creyeron que una vez que el mapa se dividió en pedazos podían continuar dividiendo y subdividiéndolo en trozos cada vez más pequeños.

Lo mismo que Gaddafi en Libia o Bashar al-Assad en Siria, el imperialismo puso a los serbios la etiqueta de “malvados” y no les dio tregua en ninguno de los rincones: ni en Bosnia, ni en Croacia, ni en Montenegro… ni en Serbia.

No hace falta explicar que el flamante Tribunal, sus jueces y fiscales, son un rebaño de peleles con toga impuestos por los imperialistas después de los bombardeos sobre la población con armas de uranio y que los primeros y principales criminales fueron matarifes como Javier Solana, entonces Secretario General de la OTAN.

Para no alargar la explicación, aquí hablaremos sólo de Karadžić, a quien dicho Tribunal condenó por todos los delitos de los que le acusaba el fiscal excepto uno, que es justamente el que merece la pena analizar ahora. Se trata del genocidio cometido en siete municipios de Bosnia (Bratunac, Focha, Kljuc, Prijedor, Sanski Most, Vlasenica y Zvornik) que se debían sumar al más importante y conocido de todos los genocidios: el de Srebrenica.

En cualquier guerra es necesario el empleo de voces fuertes como “genocidio” u “holocausto” para justificar y edulcorar grandes matanzas y bombardeos como los de la OTAN. Pero uno de los crímenes de genocidio se cayó del cartel, no porque no hubiera un gran número de muertos sino porque no hay constancia de que Karadžić tuviera alguna participación en ellos.

En tales casos hay que preguntar que si Karadžić no fue, quién ordenó entonces los crímenes en masa que se cometieron. Pero también hay que deducir que si Karadžić no fue, entonces la OTAN bombardeó al bando equivocado y debió bombardear al bando contrario. Finalmente, la absolución de Karadžić en el genocidio de los siete municipios deja en el aire también la cuestión del gran genocidio de Srebrenica, del que recientemente se celebró un aniversario solemne.

Pero la gran matanza de Srebrenica es uno de esos tabúes históricos que casi todos los pueblos del mundo arrastran sobre su conciencia como si fuera su pecado original. En este caso la culpabilidad oficial recae sobre Serbia y ese tipo de imputaciones con membrete no se pueden borrar fácilmente, a no ser que el pecador – además de matar – quiera cometer un segundo pecado: no admitir quién es el asesino.

Pues bien, Serbia aprobó recientemente un nuevo código penal entre cuyos delitos hay uno de esos que los historiadores de pacotilla califican como “negacionismo” y consiste en no admitir una verdad oficial, en este caso que en Srebrenica se cometió una gran matanza y que los culpables de ella son ellos mismos, los serbios.

Este tipo de delitos son delitos sobre delitos y cuando una verdad oficial se tiene que refrendar castigando al que afirma algo distinto, también hay gato encerrado. La verdad no necesita ningún código penal. Pero si la verdad necesita un código penal en Serbia, necesitará otro en Bosnia, y otro en Croacia, y otro en… en todas partes.

Ahora bien, ¿quién es el que necesita ese tipo de incriminaciones? Desde luego que no se trata de Serbia. La criminalización de los “negacionistas” de la matanza de Srebrenica es una imposición expresa de la Unión Europea para sacar al país del ostracismo en el que lo dejaron después de la guerra.

Por lo demás, aquella matanza es como las armas de destrucción masiva en Irak o los ataques químicos del Ejército sirio en Khan Sheykhun. Lo que podemos y debemos decir sobre ella es lo siguiente: que fue utilizada por los imperialistas para liquidar los Acuerdos de Dayton y con ellos liquidar a la propia Serbia, un país agredido por el imperialismo que arrastra el estigma de los malditos como “Estado genocida” por más que los peleles del Tribunal Penal Internacional no se hayan atrevido a tanto.

Pero, ¿acaso eso importa a estas alturas de la historia? ¿Quién se acuerda ahora de este tipo de crímenes y matanzas? Los que siguen llorando.

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Por cierto, casi se nos olvida. En su libro “Paz y Castigo”, el portavoz del Tribunal Florence Hartman relata un incidente que pone de manifiesto la proximidad de los jueces y fiscales del Tribunal con los diferentes centros de inteligencia de las grandes potencias. Cuando al fiscal Jeffrey Nice algún periodista se atreve a preguntarle si iniciaría una acusación contra quienes ordenaron los bombardeos de la OTAN en 1999, responde:

“Les aseguro que nosotros, la OTAN y los principales países occidentales somos los mismos que el Tribunal […] Les puedo asegurar que Louise Arbour [fiscal principal] sólo acusará a ciudadanos yugoslavos y a ningún otro.”

Más datos a tener en cuenta que no podemos pasar por alto: no crean que un tipo de la calaña del fiscal Nice es un vulgar picapleitos. Se trata de un veterano miembro del MI6, el servicio secreto británico.

Lo mismo podemos decir de los demás jueces y fiscales, cuidadosamente seleccionados para la ocasión.

FUENTE: “Movimiento Político de Resistencia”

Se cumplen 25 años de la destrucción de Yugoslavia por la Unión Europea

El 15 de enero de 1992, hace un cuarto de siglo, Alemania establecía relaciones diplomáticas con dos de los nuevos Estados surgidos de la destrucción de Yugoslavia: Eslovenia y Croacia. Fue el primer país de la Unión Europea en reconocer los restos del descuartizamiento que había provocado en los Balcanes, de donde había salido derrotada en 1945. La UE hizo lo propio sólo unos días después. Un Estado soberano – la República Federal de Yugoslavia – desaparecía.

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El presidente yugoslavo fue derrocado en el año 2000 y fue hallado en su celda de La Haya en 2006.

Inicialmente, Francia se opuso al fraccionamiento de Yugoslavia, aduciendo tímidamente que los serbios corrían un serio peligro, pero las presiones alemanas vencieron.

Por su parte, al principio la ONU también se opuso al plan alemán de partición. En aquella época el delegado de la ONU para Yugoslavia era Cyrus Vance, quien anteriormente había fungido como Secretario de Estado de EEUU.

La ONU desplegó un contingente de 10.000 tropas con una misión hipócrita, la paz, que todos sabían que se iba a convertir en lo contrario, en la peor guerra que ha habido en Europa desde 1945. Por lo tanto, el desmembramiento de Yugoslavia y las tropas “de paz” de la ONU fueron el comienzo de la Guerra de los Balcanes.

Los imperialistas quisieron acabar así con uno de los pilares fundamentales de los países no alineados y repartirse sus despojos en pedacitos cada vez más pequeños, para lo cual exacerbaron el patriotismo de unos y otros para que se mataran de la manera más brutal posible.

El chovinismo feroz fue alentado por sus dos compañeros de cuna: el fascismo y el fundamentalismo islámico, representados respectivamente por el croata Franjo Tudjman y por el bosnio Alija Izetbegovic. Si el fascismo llegó de la mano de Alemania, el islamismo radical lo hizo de la mano de EEUU.

“La experiencia adquirida en Bosnia podrá servir de modelo para nuestras operaciones futuras con la OTAN”, dijo entonces Javier Solana, secretario general de la alianza militar imperialista y antiguo ministro del PSOE en España.

Es el modelo de la OTAN en Irak, el modelo de Libia, el de Siria…

El modelo del asesinato de Milošević es el del asesinato de Saddam Hussein, el del asesinato de Gaddafi… Los asesinos siempre mantienen un mismo modus operandi en todos sus crímenes.

FUENTE: Movimiento Político de Resistencia

¿Serán juzgados los terroristas del UÇK?

El ex-primer ministro kosovar Ramush Haradinaj fue arrestado por orden de la justicia francesa en el Aeropuerto de Basilea-Mulhouse y posteriormente puesto en libertad pero con obligación de mantenerse a disposición de la justicia. Serbia exige su extradición para juzgarlo en relación a los crímenes cometidos por el llamado “Ejército de Liberación de Kosovo” (UÇK) en la década de 1990.

Kosovo es actualmente un Estado creado por la OTAN pero no reconocido por la comunidad internacional.

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Ramush Haradinaj en el momento de su detención hace algunas semanas en Francia

El UÇK, creado por la OTAN con elementos de la mafia albanesa, desató en Yugoslavia una campaña de terrorismo indiscriminado que provocó como respuesta de Belgrado una respuesta represiva. Esta última sirvió de pretexto a la guerra de la OTAN contra Yugoslavia. Los oficiales del UÇK fueron entrenados en Turquía por las fuerzas especiales alemanas (KSK) y por cuenta de la alianza atlántica.

Los crímenes atribuidos a Serbia recibieron castigo inmediato, pero habrá que esperar 17 años después de los hechos para que llegue – quizás – a crearse un tribunal penal internacional que debería juzgar los crímenes perpetrado por el UÇK.

Encarcelado sin que lograran demostrarse nunca las acusaciones de que había cometido crímenes contra la humanidad, el ex-presidente yugoslavo Slobodan  Milošević murió en 2006 asesinado por orden de la OTAN en su celda de La Haya, después de años de varios procesos judiciales. Su muerte anunciaba el destino del presidente iraquí Saddam Hussein y del líder libio Muammar el-Gaddafi, igualmente víctimas de la OTAN.

Ramush Haradinaj fue juzgado en 2007 por el Tribunal Internacional para la Antigua Yugoslavia, pero los servicios de inteligencia de la OTAN se negaron a entregar a la fiscal Carla del Ponte los documentos que tenían sobre los hechos atribuidos al acusado. Más de 10 testigos de cargo fueron asesinados cuando se preparaban para declarar ante el Tribunal y el acusado fue finalmente absuelto.

Si finalmente se creara una jurisdicción ad hoc sobre los crímenes del UÇK, el principal acusado tendría que ser el actual presidente kosovar Hashin Thaçi. Mientras tanto, Serbia sigue exigiendo que se haga justicia.

Durante la audiencia en la que se pronunció la acusación en su contra, Ramush Haradinaj insultó a los magistrados franceses, llegando incluso a acusarlos de estar al servicio… del difunto presidente yugoslavo Milošević. Su abogada, Rachel Lindon, afirmó que Belgrado carece de competencias para juzgar a su cliente después de haber sido éste juzgado en La Haya. Pero la parte acusadora observó que, debido a la muerte de los testigos, el primer juicio no pudo pronunciarse sobre el conjunto de crímenes que se reprochaban a Haradinaj.

La extradición de Ramush Haradinaj a Serbia depende de la aprobación del Gobierno francés.

FUENTE: Red Voltaire

Croacia 1995-2015: nuevos refugiados, mismas causas de fondo

Por Alex Aparicio

Hace poco más de un mes que se han cumplido 20 años de la mayor operación de limpieza étnica ejecutada durante las Guerras de los Balcanes y no estamos hablando de Srebrenica, sino de la llamada “Operación Tormenta” llevada a cabo por el Ejército de Croacia contra la República Serbia de Krajina. El 4 de agosto de 1995 se desencadenó la ofensiva militar croata, ayudada por la inteligencia estadounidense. En apenas unas horas, entre 150.000 y 200.000 serbios de Croacia huyeron de una zona que sería el escenario de uno de los episodios más silenciados por parte de los medios de comunicación occidentales y por la historiografía oficial de Occidente de las guerras de la Antigua Yugoslavia.

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Como explica el profesor Francisco Veiga en su libro “La Fábrica de Fronteras”, los serbios abandonaron sus hogares con tanta rapidez que los soldados croatas encontraban a veces la televisión encendida o los platos sobre la mesa. Los refugiados escapaban con lo puesto, conduciendo sus tractores o sus desvencijados utilitarios. En dos días, la Krajina quedó vacía de serbios: el episodio de limpieza étnica más rápido y completo de la Historia de Europa: las decenas de miles de serbios que escapaban por las carreteras con lo puesto se sumaban a los 300.000 que habían abandonado Croacia desde 1992. En su camino, además, las tropas croatas incendiaron casas y mataron a un número indeterminado de civiles (oficialmente se mencionan tan sólo 324), además de bombardear las columnas de refugiados.

Veinte años después volvemos a ver refugiados por las carreteras de Croacia, pero esta vez en sentido inverso. Esta vez no son serbios sino sirios los que huyen de una guerra en la que, como en 1995, la larga mano del imperialismo estadounidense vuelve a estar por medio. Hace 20 años, la diplomacia estadounidense – para contrarrestar las pruebas de los crímenes que se estaban cometiendo contra la población serbia, y que el Consejo de Seguridad de la ONU había condenado ya el 10 de agosto de 1995 – rápidamente inició una estudiada campaña de propaganda, mostrando la propia Madeleine Albright (a la sazón Secretaria de Estado de EEUU durante la presidencia de Bill Clinton) fotografías de supuestas fosas comunes en Srebrenica, fotografías tomadas por aviones espía estadounidenses.

Michel Collon, en su libro de 1999 “El Juego de la Mentira – Las grandes potencias, Yugoslavia, la OTAN y las próximas guerras” apuntó 4 objetivos estratégicos de EEUU respecto a los Balcanes: en primer lugar, controlar las rutas de petróleo y gas. En segundo lugar, dominar Europa del Este. En tercer lugar, debilitar y controlar a Rusia. Y por último, asegurarse bases militares.

Las similitudes con lo que están haciendo en Siria en la actualidad son más que evidentes y la utilización de la “coartada humanitaria” como desencadenante de una intervención militar a gran escala por parte de EEUU y la OTAN, también. En las próximas semanas es más que probable que asistamos a un desenlace similar al de Yugoslavia en 1995. La diferencia – y desgracia – para EEUU es que la Rusia de 2015 no es la de 1995.

(Artículo publicado el 20 de septiembre de 2015)