Ni Catalunya es Eslovenia, ni España la desaparecida Yugoslavia

“Vía eslovena”. Este término no ha parado de ser nombrado por los diferentes actores en el conflicto político que enfrenta al Estado Español postfranquista con el movimiento nacional catalán independentista. Sin embargo, salvo determinados analistas, esos diferentes actores políticos poco nos han explicado sobre qué querían decir. Por el lado del movimiento independentista catalán se aludía vagamente al proceso esloveno en el sentido de copiar la táctica de la congelación de los resultados del referéndum y proclamar la independencia posteriormente, cuando el momento fuera propicio; del lado nacionalista español, las reacciones rozaron lo brutal y lo grotesco, haciendo alusión a un “etnicista” Quim Torra, sediento de sangre y apelando a la denominada “Guerra de los Diez Días” que enfrentó a las milicias eslovenas y al Ejército Popular Yugoslavo (JNA, Jugoslovenska Narodna Armija; por sus siglas en serbocroata). También, del lado catalán, se hicieron alusiones desafortunadas y cargadas de serbofobia sobre una posible “vía serbia”, refiriéndose a la represión desatada por el Gobierno español en Catalunya, y que demuestran la asimilación de esquemas y visiones difundidas por los grandes medios de comunicación occidentales sobre los diferentes conflictos que sacudieron a la antigua Yugoslavia, especialmente en la adjudicación de roles y papeles, como si de un guion de Hollywood se tratase.

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Eslovenia también realizó un referéndum para obtener su independencia.

Aunque el proceso de independencia de Eslovenia no revistió ni la complejidad ni la gravedad que sí caracterizó a los sucesivos conflictos de Croacia, Bosnia y Kosovo – este último con una secuela en 2001 protagonizada por nacionalistas albaneses del UÇK en Macedonia – lo cierto es que las peculiaridades del proceso que llevó a la independencia de Eslovenia en poco se pueden asimilar a lo que ha ocurrido, está ocurriendo y presumiblemente podrá ocurrir en Catalunya. Asimismo, asimilar España, el Estado Español, a la antigua Yugoslavia, o como se llegó a hacer, a Rajoy con el presidente serbio Slobodan Milošević es incurrir en simplificaciones que, dicho popularmente, mean fuera de tiesto. En el colmo de esa confusión, por supuesto interesada, el propio Quim Torra también ha sido comparado por el historiador Benoït Pellistrandi con Milošević, sin lugar a dudas el rol ideal de maldad nacionalista y etnicista balcánica.

Como hemos dicho, la complejidad y, sobre todo, peculiaridad del proceso de independencia esloveno nos puede hacer pasar por alto algunos elementos a la hora de compararlo con la lucha de liberación catalana. Sin embargo, a riesgo de poder incurrir en algún olvido determinante, procedemos a un necesario análisis.

El referéndum de autodeterminación esloveno

El 23 de diciembre de 1990 las autoridades de la República (ex)Socialista de Eslovenia convocaron un referéndum de autodeterminación en el que la participación fue del 93’3% y los votos favorables a la independencia alcanzaron el 94’8%, lo que equivalía al 88’5% del censo. Aquí tenemos la primera gran diferencia: a pesar del desacuerdo del Gobierno Federal yugoslavo y de considerar el referéndum como ilegal, los eslovenos pudieron votar en paz y sin violencia. Sin embargo, el 1 de octubre de 2017 podemos recordar a urnas y a gente votando, sí, pero también violencia y brutales cargas policiales que impidieron ejercer el derecho al voto. Es curioso como desde Eslovenia se encargan de recordar que su caso es diferente al catalán porque ellos – los eslovenos – hicieron frente a un Estado – el yugoslavo – “no democrático”, pero como hemos dicho antes, la supuestamente “no democrática” Yugoslavia permitió el voto, el supuestamente “democrático” Estado Español no. Fundamental y a tener en cuenta: la República Federativa Socialista de Yugoslavia (RFSY) reconoció en todas sus Constituciones el derecho de autodeterminación, si bien siempre estuvo latente la polémica sobre el sujeto de derecho, es decir, si este derecho correspondía a las diferentes repúblicas o a los llamados “pueblos constituyentes”, por ejemplo, serbios en Croacia o Bosnia, croatas en Bosnia, albaneses en Kosovo, húngaros en la Voivodina, etc.

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Cargas policiales durante la celebración del referéndum del 1 de octubre de 2017 en Catalunya.

La preparación de un Estado independiente

Carles Puigdemont y el Govern catalán de entonces, siguiendo el precedente esloveno, decidieron congelar la proclamación de independencia, pero mientras el Gobierno esloveno diseñó minuciosamente la arquitectura y el diseño de un Estado independiente preparando un cuerpo legislativo que permitiera el funcionamiento del futuro Estado independiente, el Parlament de Catalunya no pudo desarrollar las leyes de desconexión porque la represión cayó fulminante sobre las instituciones catalanas, con su punto álgido en la aplicación del artículo 155 de la Constitución Española de 1978, la detención del Govern y de parlamentarios catalanes, el exilio por otro lado de parte de éstos, así como de otros políticos independentistas.

Volviendo al caso esloveno, la congelación de la proclamación de independencia sirvió para la preparación del futuro Ejército esloveno, que se enfrentaría al Ejército Popular Yugoslavo en la Guerra de los Diez Días. Las diferentes repúblicas yugoslavas poseían sus propias milicias popular, las llamadas Defensas Territoriales (TO, Territorijalna Odbrana; en serbocroata), inspiradas en la experiencia partisana comunista durante la Segunda Guerra Mundial, y que fueron concebidas como un pilar fundamental de la defensa de la Yugoslavia socialista frente a un posible enemigo exterior. A finales de la década de 1980 y principios de la de 1990, con las tensiones nacionalistas a flor de piel en Kosovo, Eslovenia y Croacia, el JNA introdujo una nueva doctrina de defensa que contemplaba la centralización y el desarme de las TO. El esfuerzo del Gobierno esloveno se dedicó a dejar sin validez práctica la decisión del JNA y a la adquisición de armas en el extranjero.

Como anécdota significativa, el experto analista en las sucesivas Guerras Yugoslavas, Francisco Veiga, en su libro “La fábrica de las fronteras. Guerras de secesión yugoslavas 1991-2001”, cuenta cómo en una reunión entre los gobiernos de Eslovenia y Croacia para coordinar sus respectivos planes de independencia, el presidente croata Franjo Tudjman quedó en ridículo cuando los eslovenos expusieron con precisión sus planes, a lo que Tudjman respondió que también ellos tenían ya diseñada la independencia con todo lujo de detalles, siendo desmentido por miembros de su propia delegación. Mientras los eslovenos no dejaron nada a la improvisación, los croatas se dejaron llevar por aspectos meramente simbólicos y por resucitar la parafernalia nazi-fascista “Ustaše” de la Segunda Guerra Mundial.

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Franjo Tudjman, dirigente croata que en la década de 1990 lideró la llamada Unión Democrática Croata (HDZ, por sus siglas en croata) y presidió el país.

La Guerra de los Diez Días

Y llegó el 25 de junio de 1991. El Gobierno esloveno proclamó la independencia un día antes de lo establecido en sus propias leyes de desconexión. En realidad, como conflicto armado, no duró 10 días. Volviendo a Francisco Veiga, esta vez con su libro “Slobo. Una biografía no autorizada de Milošević”, se trató de “tres días de enfrentamiento intenso, dos días de tregua, dos días de lucha y tres más de cese al fuego”. Como veremos más adelante, Eslovenia se enfrentó a un Ejército Popular Yugoslavo y a una propia Federación en proceso de descomposición; aunque existía el consenso en hacer frente a la proclamación de independencia eslovena por parte de las diferentes instituciones federales, especialmente el Ejército – no así por parte de las instituciones serbias – el caso es que había discrepancias importantes en el cómo, empezando por la propia cúpula militar yugoslava, donde existían desde sectores contrarios a una intervención militar hasta aquellos proclives a un golpe de Estado, pasando por quienes estaban a favor de una intervención militar mínima, como así ocurrió.

El JNA sufrió un mayor número de bajas frente a unas milicias eslovenas con un armamento más moderno, más ágiles y, sobre todo, más motivadas. A la vez, las autoridades eslovenas supieron vender, gracias a los medios de comunicación occidentales, la imagen de un “Ejército invasor yugoslavo que quería destruir la joven democracia eslovena”; que nadie olvide el contexto de principios de la década de 1990.

Al respecto, hay que tener en cuenta que el JNA todavía se sentía heredero de Josip Broz “Tito”, del socialismo autogestionario, de aquellos partisanos comunistas que hicieron frente a los nazis durante la Segunda Guerra Mundial; para muchos cuadros militares del JNA era inconcebible actuar contra el pueblo esloveno, contra un pueblo yugoslavo, sin olvidar que en el propio JNA había también eslovenos. En definitiva, se tenía la sensación de que la función del JNA no era la de enfrentarse a un pueblo hermano sino defenderse de un enemigo exterior.

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De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Tanques del Ejército Popular Yugoslavo (JNA) entrando en Eslovenia; Paso fronterizo destruido por los combates; la Fuerza de Defensa Territorial eslovena y el Ejército Popular Yugoslavo atacándose mutuamente desde diferentes ángulos; tropas del JNA capturadas por milicias eslovenas y expulsión vía marítima de toda la representación federal yugoslava – fuerzas armadas, gobierno local, partidarios de la federación – de la nueva República de Eslovenia (imagen y pie: Wikipedia)

Negociación

Frente a la serbofobia de sectores del independentismo catalán con su apelación a la llamada “vía serbia” supuestamente represiva, lo cierto es que dirigentes serbios y eslovenos negociaron la independencia. Milošević y los dirigentes serbios eran ya conscientes de que Yugoslavia se descomponía, es más, también fue responsabilidad de esos dirigentes serbios. Milošević incluido, la descomposición yugoslava, apelando también a un nacionalismo serbio y a un victimismo sobre el maltrato histórico que el pueblo serbio habría recibido de Tito. ¿Se imaginan – ya que se llegó a comparar a Rajoy con Milošević – al expresidente español negociando con Puigdemont la independencia catalana? ¿O a Pedro Sánchez haciendo lo propio con Torra?

El por entonces presidente federal yugoslavo, el croata Ante Marković, negoció la paz con los dirigentes eslovenos bajo la mediación de la entonces Comunidad Europea, dando lugar a los Acuerdos de Brioni, que suponían el reconocimiento de la independencia de Eslovenia. No busquen a ningún Ante Marković en el Estado Español, es inútil.

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Ante Marković, último primer ministro de la República Federal Socialista de Yugoslavia.

La naturaleza del movimiento independentista esloveno

El movimiento independentista esloveno era amplio y comprendía tanto al grueso de la dirigencia de la Liga de los Comunistas de Eslovenia, con su dirigente Milan Kučan a la cabeza, como a diferentes movimientos sociales y “contraculturales” que fueron surgiendo a finales de la década de 1970 y principios de la siguiente. Era un movimiento que identificaba la lucha por una democracia – por supuesto, una democracia capitalista y occidental – con la lucha por la independencia nacional. Abandonar Yugoslavia, con toda su mitología guerrillera antifascista y comunista, dejar atrás los Balcanes y abrazar a una Europa y a un Occidente capitalista, fue una obsesión para los dirigentes independentistas eslovenos; obsesión que ocultaba la necesidad de la burocracia de la Liga Comunista, así como de los gerentes de las grandes empresas, es decir, la élite política y económica, de abandonar una Yugoslavia endeudada hasta las cejas con el FMI, y sin futuro; en definitiva, deshacerse de aquellas repúblicas y regiones autónomas atrasadas económicamente y que, desde la perspectiva eslovena, se contemplaban como un lastre para una Eslovenia próspera y que, sin duda, sería más próspera aún dentro de la por entonces Comunidad Europea (hoy Unión Europea) y de la OTAN.

Por supuesto, en el movimiento independentista catalán existen importantes sectores pro-atlantistas y deseosos de que una Catalunya independiente forme parte de la UE; también sectores que están firmemente convencidos de que Catalunya se ha de deshacer de esos territorios empobrecidos del Estado Español, como Andalucía, y que suponen un lastre económico. Sin embargo, esos sectores conviven con otros que tienen una concepción muy diferente de la independencia y la soberanía nacional, que contemplan la soberanía como un instrumento político para la transformación social radical, sectores anti-imperialistas que son conscientes de que una Catalunya verdaderamente libre y soberana estará fuera de la OTAN y la Unión Europea, estableciendo unas relaciones internacionales fuera de los criterios del imperialismo. Sectores que no contemplan al resto de pueblos del Estado Español, especialmente los más empobrecidos, como un lastre; sino como pueblos hermanos del pueblo catalán.

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Frente a un sector pro-OTAN y pro-UE, los conocidos como Comités de Defensa de la República (CDR) conforman una amplia masa social del independentismo catalán, de carácter antifascista, obrero y popular.

Volviendo al caso esloveno, aunque el independentismo esloveno tuvo ese aura de europeísmo excluyente, que intentaba forzar la cercanía de la cultura eslovena con la alemana, o que coqueteaba con la simbología nazi frente al antifascismo yugoslavista, no llegó en todo caso a los extremos y al descaro del racismo y del odio étnico del movimiento croata. A pesar de todo ello, se dio un caso significativo, el de “los borrados”: cuando Eslovenia se independizó, unas 200.000 personas de otras repúblicas vivían en su territorio; el 26 de junio de 1991 recibieron un ultimátum de 6 meses para registrarse legalmente en el sistema de la República de Eslovenia. Unos 170.000 regularizaron su situación, 12.000 se fueron y los 18.000 que no se presentaron fueron borrados sin previo aviso. Muchos descubrieron “su inexistencia” al ir a renovar un carnet de conducir o de identidad. El caso de “los borrados” fue un claro intento de crear un Estado étnicamente puro, como llegó a denunciar incluso Amnistía Internacional. No fue hasta 2010, pasados 19 años desde la independencia y 6 desde la entrada de Eslovenia en la UE, que la Asamblea Nacional eslovena pidió disculpas y se promulgó una ley para reparar el daño causado.

Los apoyos internacionales

Nadie, ningún Estado soberano ha reconocido a la República Catalana desde su proclamación, ni existe el más mínimo interés en hacerlo. Desde luego, no ocurrió lo mismo con Eslovenia. El apoyo internacional a la independencia eslovena se materializó de diferentes maneras, pero habría – de entrada – que destacar una: el apoyo al rearme de Eslovenia, destacando países como Austria, Israel, Alemania, Hungría, Bulgaria, Reino Unido, Francia e Italia.

Esta cuestión, debido a su extensión y complejidad, ha de ser sintetizada, pero a nadie se le escapa que existía un interés por parte de determinados Estados imperialistas a favor de la independencia, no solamente eslovena, sino de la desmembración de Yugoslavia. Aunque sea de forma superficial, existían no dos visiones enfrentadas y encontradas, como frecuentemente se ha expuesto, pero sí diferencias entre los EEUU, de un lado, y Europa – fundamentalmente Alemania, por otro. Los EEUU en principio, en aquellos años, no prestaron mucho interés a la cuestión yugoslava o si lo hacían era por si podía afectar al proceso de voladura de la URSS. Además, fueron los años de las tensiones con el Irak de Saddam Hussein y la Primera Guerra del Golfo. Los EEUU dieron su respaldo al mantenimiento de Yugoslavia y a las reformas liberalizadoras de Ante Marković, pero sin mucho entusiasmo. Frente a la postura norteamericana, muchos Estados europeos dieron su respaldo diplomático a la integridad de Yugoslavia, pero por otro lado, sus servicios secretos buscaban la desintegración, dando un apoyo “de facto” a la independencia eslovena. Alemania no se anduvo ni con hipocresías ni con paños calientes, desde el primer momento alentó y apoyó la independencia de Eslovenia. El objetivo estaba claro: la recolonización de los Balcanes.

La cuestión, a pesar de su complejidad, puede ser reducida a algo tan sencillo como el juego de intereses de los imperialistas: si se propone un proyecto político que se pueda asumir e instrumentalizar, el reconocimiento político de cualquier nación sin Estado está garantizado.

Una Yugoslavia “zombie”

Por mucho que podamos hablar de la crisis del régimen postfranquista de 1978, eso no quiere decir que el Estado Español esté en fase terminal. Para 1989 y 1990, Yugoslavia era ya un muerto viviente. Los intentos liberalizadores y centralistas de Marković, apoyados por los EEUU aunque de forma poco entusiasta, no dieron sus frutos y chocó con los intereses de las diferentes repúblicas, también de Serbia y Milošević, no se olvide.

Pero es que Yugoslavia no es España

La Yugoslavia de la que Eslovenia se quería separar nació fruto de una guerra de liberación nacional antifascista de los diferentes pueblos yugoslavos, nada que ver con una España monárquica nacida de una dictadura militar fascista, que fue apoyada por los Estados imperialistas, tanto por las potencias del Eje como por las hipócritas democracias. La RFS de Yugoslavia nació de la lucha de un Partido Comunista que, si bien en sus inicios no creyó en el proyecto yugoslavo, al que se tachaba de “pro-serbio” y de ser un invento de las potencias vencedoras de la Primera Guerra Mundial – la Yugoslavia de Versalles; a partir de la década de 1930 cambió su posición, de la mano de Tito, de estar a favor de la independencia de los diferentes pueblos yugoslavos a crear una federación de éstos. La RFSY concedió derechos políticos y culturales no ya imposibles en la España franquista, sino también en la propia España contemporánea, entre ellos, el derecho de autodeterminación. En definitiva, España ha sido y es un proyecto de clase de las oligarquías, el yugoslavo lo fue de la clase obrera y de los sectores populares, un proyecto no exento de errores, como la implementación de un socialismo autogestionario, que a pesar de aciertos importantes, fue errático y terminó endeudando a Yugoslavia con el FMI a unos niveles insoportables; o el personalismo omnipresente de Tito. De hecho, su carisma – el héroe de la liberación de los pueblos yugoslavos y de su independencia – y su personalidad jugó mucho en el mantenimiento de Yugoslavia. Su fallecimiento en 1980 fue el pistoletazo de salida de las diferentes tensiones étnicas y nacionales.

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El presidente yugoslavo Josip Broz “Tito”, dirigiéndose a colocar una ofrenda floral en el Mausoleo de Lenin durante una visita a la URSS.

Por último, nos gustaría hacer dos consideraciones finales. La primera es la asociación automática de reivindicaciones nacionales como si éstas siempre y en todo caso se puedan asociar. Lo acabamos de ver: los casos esloveno y catalán poco o nada tienen que ver, sin embargo, hay quienes se empeñan en eliminar el análisis concreto de la situación concreta y sustituirlo bien por pura ingenuidad y por la asunción acrítica del relato de los medios de comunicación, o bien, por otro tipo de intereses.

La segunda, relacionada con la primera, es si realmente la reivindicación independentista tiene el mismo sentido independientemente de las circunstancias, es decir, podemos convenir que dadas las circunstancias la única manera que el pueblo catalán tiene de ser soberano es reivindicando un Estado independiente, pero, ¿es eso válido siempre? Vayamos otra vez a Eslovenia o al conjunto de Estados nacidos de la desmembración de Yugoslavia, ¿son ahora más soberanos o lo eran más cuando formaban parte de la Federación? El formalismo de constituir un Estado independiente no siempre asegura un poder soberano real. Por otro lado, el ansiado sueño esloveno de la prosperidad europea no ha sido tal, a pesar de que Eslovenia ha sido la única exrepública yugoslava en mejorar su situación – el resto de repúblicas se han empobrecido – ha sido a costa de una absorción “de facto” de su economía por parte de Alemania.

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Las comparaciones con el caso esloveno obvian el análisis concreto de la situación concreta.

La “yugonostalgia”, es decir, el sentimiento de nostalgia por la desaparecida Yugoslavia, ha crecido sensiblemente en todas las repúblicas, incluida Eslovenia, donde ese sentimiento de nostalgia es del 45%.

El movimiento nacional catalán habrá de seguir su camino, ajeno a vías muertas, si de verdad quiere ser libre, soberano e independiente.

Por Antonio Torres

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El proyecto de crear la Gran Albania se pone en marcha la semana que viene

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Mapa de la Gran Albania que, además de la propia Albania, abarcaría zonas de Grecia, Macedonia, Serbia y Montenegro.

El 11 de junio se celebran en Kosovo las primeras elecciones y los sondeos dan como vencedores a los fascistas de “Autodeterminación”, en cuyo programa está el inicio de las negociaciones con Albania para completar la tarea de destrucción iniciada por la OTAN en los Balcanes hace 25 años: la creación de la Gran Albania.

Está previsto que el criminal de guerra Ramush Haradinaj, presidente de la Alianza por el Futuro de Kosovo, asuma las más elevadas funciones dentro de la nueva Albania unificada con Kosovo, previa convocatoria de un referéndum. Los imperialistas apoyan el plan fascista de los kosovares, lo mismo que apoyan los albaneses; en 2014 Bruselas confirmó la candidatura de Albania para ingresar en la Unión Europea.

El plan es debilitar a los países de la región que pretenden mantener una posición independiente, especialmente Serbia, que se niega a incorporarse a la OTAN.

La Gran Albania no sólo estaría formada por la “pequeña” Albania y el actual engendro kosovar, sino que al nuevo Estado se incorporarían localidades enclavadas actualmente en Serbia y pobladas mayoritariamente por albaneses. Se trataría de una nueva limpieza étnica. Jonuz Moisiu, alcalde de Presevo (Serbia), poblada por albaneses, destacó la necesidad de unir las zonas del sur de Serbia – Presevo, Bujanovac, Medvedja – a los territorios de Albania y el ministro de Trabajo serbio, Aleksander Vulin, calificó su declaración de “llamamiento abierto al inicio de la Tercera Guerra de los Balcanes”.

Es la terminología propia de la región desde hace mucho tiempo. En abril de este año el diario “The Informer” decía que Recep Tayyip Erdogan, el presidente de Turquía, era partidario de la Gran Albania y que estaba preparando militarmente a los gobiernos de Tirana y Pristina para ello. Agentes del servicio secreto turco entrenan a los albaneses para una nueva guerra: se compran armas y cohetes anti-tanque, se diseñan planes para ocupar Kosovo del Norte y ciertas partes de Macedonia.

La preocupación condujo el mes pasado a una reunión entre Vladimir Putin y Aleksander Vucic, presidentes de Rusia y Serbia, en Pekín. La Constitución albanesa otorga al Gobierno un supuesto “derecho” a proteger los intereses de sus ciudadanos en el extranjero, un llamamiento puro y simple a la anexión de las regiones vecinas.

La idea de la Gran Albania apareció en el siglo XIX por los miembros de origen albanés de la masonería europea, que contaban con el apoyo del colonialismo. No es diferente del pangermanismo o el panturquismo. Consistía en la reunificación de todos los territorios donde la mayor parte de la población era de origen albanés. Son varias regiones en el noreste de Macedonia, el sur de Montenegro y Serbia, partes de Kosovo y el norte de Grecia.

Por cierto, hablando de Grecia… El que siembra vientos recoge tempestades. Aproximadamente un 3%, unos 58.000 habitantes de Albania, son de origen griego y cuentan con varios representantes en la Cámara de los Helenos, uno de ellos vinculado al partido neonazi Amanecer Dorado. Entre los griegos de Albania ha aparecido el Movimiento por la Independencia del Epiro del Norte, zona fronteriza entre los dos países de mayoría griega, donde ya han empezado las escaramuzas a tiros entre griegos y albaneses.

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El criminal Thaçi junto al delegado de la ONU en Kosovo y el capo de la OTAN en 1999.

La Gran Albania no es ninguna quimera. En 1941 Kosovo ya formó parte de Albania, que en aquel momento estaba bajo el protectorado de la Italia fascista. Con uno u otro nombre, lo que la Unión Europea promociona en los Balcanes es exactamente eso: el fascismo de siempre.

Lo mismo promociona la OTAN, naturalmente. La foto de octubre de 1999 muestra al general estadounidense y Comandante Supremo de la OTAN, Wesley Clark (a la derecha) saludando al jefe de la misión de la ONU en Kosovo, el francés Bernard Kouchner (de civil), y al capataz de la UÇK, Hashim Thaçi (a la izquierda).

Un informe de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa acusa a Thaçi, actual primer ministro de Kosovo, de participar en redes de tráfico de órganos provenientes – sobre todo – de prisioneros serbios, uno de tantos negocios organizados por los mercenarios albano-kosovares de la UÇK.

FUENTE: “Movimiento Político de Resistencia”

Las heridas de la Guerra de los Balcanes no acaban de cicatrizar

srebrenicaEl año pasado el Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia dictó sentencia en los juicios que tuvieron lugar contra los serbios Radovan Karadžić y Vojislav Šešelj. La decisión judicial pasó muy desapercibida para los medios de comunicación, por lo que en algún lugar debe haber gato encerrado. Estamos hablando de acusaciones graves, como crímenes de guerra, genocidio y otros espantos que tanto escandalizan a los “humanistas” y las ONG.

En Europa a nadie le interesa recordar la destrucción de la antigua Yugoslavia, la ingente cantidad de matanzas cometidas y la intervención en ellas de la Unión Europea – especialmente Alemania – y de la OTAN.

Tras la liquidación de Yugoslavia en 1992 a Radovan Karadžić le nombraron presidente de la República Srpska, que entonces la prensa renombró como “República Serbia de Bosnia”. Algunos serbios, como Karadžić, creyeron que una vez que el mapa se dividió en pedazos podían continuar dividiendo y subdividiéndolo en trozos cada vez más pequeños.

Lo mismo que Gaddafi en Libia o Bashar al-Assad en Siria, el imperialismo puso a los serbios la etiqueta de “malvados” y no les dio tregua en ninguno de los rincones: ni en Bosnia, ni en Croacia, ni en Montenegro… ni en Serbia.

No hace falta explicar que el flamante Tribunal, sus jueces y fiscales, son un rebaño de peleles con toga impuestos por los imperialistas después de los bombardeos sobre la población con armas de uranio y que los primeros y principales criminales fueron matarifes como Javier Solana, entonces Secretario General de la OTAN.

Para no alargar la explicación, aquí hablaremos sólo de Karadžić, a quien dicho Tribunal condenó por todos los delitos de los que le acusaba el fiscal excepto uno, que es justamente el que merece la pena analizar ahora. Se trata del genocidio cometido en siete municipios de Bosnia (Bratunac, Focha, Kljuc, Prijedor, Sanski Most, Vlasenica y Zvornik) que se debían sumar al más importante y conocido de todos los genocidios: el de Srebrenica.

En cualquier guerra es necesario el empleo de voces fuertes como “genocidio” u “holocausto” para justificar y edulcorar grandes matanzas y bombardeos como los de la OTAN. Pero uno de los crímenes de genocidio se cayó del cartel, no porque no hubiera un gran número de muertos sino porque no hay constancia de que Karadžić tuviera alguna participación en ellos.

En tales casos hay que preguntar que si Karadžić no fue, quién ordenó entonces los crímenes en masa que se cometieron. Pero también hay que deducir que si Karadžić no fue, entonces la OTAN bombardeó al bando equivocado y debió bombardear al bando contrario. Finalmente, la absolución de Karadžić en el genocidio de los siete municipios deja en el aire también la cuestión del gran genocidio de Srebrenica, del que recientemente se celebró un aniversario solemne.

Pero la gran matanza de Srebrenica es uno de esos tabúes históricos que casi todos los pueblos del mundo arrastran sobre su conciencia como si fuera su pecado original. En este caso la culpabilidad oficial recae sobre Serbia y ese tipo de imputaciones con membrete no se pueden borrar fácilmente, a no ser que el pecador – además de matar – quiera cometer un segundo pecado: no admitir quién es el asesino.

Pues bien, Serbia aprobó recientemente un nuevo código penal entre cuyos delitos hay uno de esos que los historiadores de pacotilla califican como “negacionismo” y consiste en no admitir una verdad oficial, en este caso que en Srebrenica se cometió una gran matanza y que los culpables de ella son ellos mismos, los serbios.

Este tipo de delitos son delitos sobre delitos y cuando una verdad oficial se tiene que refrendar castigando al que afirma algo distinto, también hay gato encerrado. La verdad no necesita ningún código penal. Pero si la verdad necesita un código penal en Serbia, necesitará otro en Bosnia, y otro en Croacia, y otro en… en todas partes.

Ahora bien, ¿quién es el que necesita ese tipo de incriminaciones? Desde luego que no se trata de Serbia. La criminalización de los “negacionistas” de la matanza de Srebrenica es una imposición expresa de la Unión Europea para sacar al país del ostracismo en el que lo dejaron después de la guerra.

Por lo demás, aquella matanza es como las armas de destrucción masiva en Irak o los ataques químicos del Ejército sirio en Khan Sheykhun. Lo que podemos y debemos decir sobre ella es lo siguiente: que fue utilizada por los imperialistas para liquidar los Acuerdos de Dayton y con ellos liquidar a la propia Serbia, un país agredido por el imperialismo que arrastra el estigma de los malditos como “Estado genocida” por más que los peleles del Tribunal Penal Internacional no se hayan atrevido a tanto.

Pero, ¿acaso eso importa a estas alturas de la historia? ¿Quién se acuerda ahora de este tipo de crímenes y matanzas? Los que siguen llorando.

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Por cierto, casi se nos olvida. En su libro “Paz y Castigo”, el portavoz del Tribunal Florence Hartman relata un incidente que pone de manifiesto la proximidad de los jueces y fiscales del Tribunal con los diferentes centros de inteligencia de las grandes potencias. Cuando al fiscal Jeffrey Nice algún periodista se atreve a preguntarle si iniciaría una acusación contra quienes ordenaron los bombardeos de la OTAN en 1999, responde:

“Les aseguro que nosotros, la OTAN y los principales países occidentales somos los mismos que el Tribunal […] Les puedo asegurar que Louise Arbour [fiscal principal] sólo acusará a ciudadanos yugoslavos y a ningún otro.”

Más datos a tener en cuenta que no podemos pasar por alto: no crean que un tipo de la calaña del fiscal Nice es un vulgar picapleitos. Se trata de un veterano miembro del MI6, el servicio secreto británico.

Lo mismo podemos decir de los demás jueces y fiscales, cuidadosamente seleccionados para la ocasión.

FUENTE: “Movimiento Político de Resistencia”

Se cumplen 25 años de la destrucción de Yugoslavia por la Unión Europea

El 15 de enero de 1992, hace un cuarto de siglo, Alemania establecía relaciones diplomáticas con dos de los nuevos Estados surgidos de la destrucción de Yugoslavia: Eslovenia y Croacia. Fue el primer país de la Unión Europea en reconocer los restos del descuartizamiento que había provocado en los Balcanes, de donde había salido derrotada en 1945. La UE hizo lo propio sólo unos días después. Un Estado soberano – la República Federal de Yugoslavia – desaparecía.

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El presidente yugoslavo fue derrocado en el año 2000 y fue hallado en su celda de La Haya en 2006.

Inicialmente, Francia se opuso al fraccionamiento de Yugoslavia, aduciendo tímidamente que los serbios corrían un serio peligro, pero las presiones alemanas vencieron.

Por su parte, al principio la ONU también se opuso al plan alemán de partición. En aquella época el delegado de la ONU para Yugoslavia era Cyrus Vance, quien anteriormente había fungido como Secretario de Estado de EEUU.

La ONU desplegó un contingente de 10.000 tropas con una misión hipócrita, la paz, que todos sabían que se iba a convertir en lo contrario, en la peor guerra que ha habido en Europa desde 1945. Por lo tanto, el desmembramiento de Yugoslavia y las tropas “de paz” de la ONU fueron el comienzo de la Guerra de los Balcanes.

Los imperialistas quisieron acabar así con uno de los pilares fundamentales de los países no alineados y repartirse sus despojos en pedacitos cada vez más pequeños, para lo cual exacerbaron el patriotismo de unos y otros para que se mataran de la manera más brutal posible.

El chovinismo feroz fue alentado por sus dos compañeros de cuna: el fascismo y el fundamentalismo islámico, representados respectivamente por el croata Franjo Tudjman y por el bosnio Alija Izetbegovic. Si el fascismo llegó de la mano de Alemania, el islamismo radical lo hizo de la mano de EEUU.

“La experiencia adquirida en Bosnia podrá servir de modelo para nuestras operaciones futuras con la OTAN”, dijo entonces Javier Solana, secretario general de la alianza militar imperialista y antiguo ministro del PSOE en España.

Es el modelo de la OTAN en Irak, el modelo de Libia, el de Siria…

El modelo del asesinato de Milošević es el del asesinato de Saddam Hussein, el del asesinato de Gaddafi… Los asesinos siempre mantienen un mismo modus operandi en todos sus crímenes.

FUENTE: Movimiento Político de Resistencia

¿Serán juzgados los terroristas del UÇK?

El ex-primer ministro kosovar Ramush Haradinaj fue arrestado por orden de la justicia francesa en el Aeropuerto de Basilea-Mulhouse y posteriormente puesto en libertad pero con obligación de mantenerse a disposición de la justicia. Serbia exige su extradición para juzgarlo en relación a los crímenes cometidos por el llamado “Ejército de Liberación de Kosovo” (UÇK) en la década de 1990.

Kosovo es actualmente un Estado creado por la OTAN pero no reconocido por la comunidad internacional.

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Ramush Haradinaj en el momento de su detención hace algunas semanas en Francia

El UÇK, creado por la OTAN con elementos de la mafia albanesa, desató en Yugoslavia una campaña de terrorismo indiscriminado que provocó como respuesta de Belgrado una respuesta represiva. Esta última sirvió de pretexto a la guerra de la OTAN contra Yugoslavia. Los oficiales del UÇK fueron entrenados en Turquía por las fuerzas especiales alemanas (KSK) y por cuenta de la alianza atlántica.

Los crímenes atribuidos a Serbia recibieron castigo inmediato, pero habrá que esperar 17 años después de los hechos para que llegue – quizás – a crearse un tribunal penal internacional que debería juzgar los crímenes perpetrado por el UÇK.

Encarcelado sin que lograran demostrarse nunca las acusaciones de que había cometido crímenes contra la humanidad, el ex-presidente yugoslavo Slobodan  Milošević murió en 2006 asesinado por orden de la OTAN en su celda de La Haya, después de años de varios procesos judiciales. Su muerte anunciaba el destino del presidente iraquí Saddam Hussein y del líder libio Muammar el-Gaddafi, igualmente víctimas de la OTAN.

Ramush Haradinaj fue juzgado en 2007 por el Tribunal Internacional para la Antigua Yugoslavia, pero los servicios de inteligencia de la OTAN se negaron a entregar a la fiscal Carla del Ponte los documentos que tenían sobre los hechos atribuidos al acusado. Más de 10 testigos de cargo fueron asesinados cuando se preparaban para declarar ante el Tribunal y el acusado fue finalmente absuelto.

Si finalmente se creara una jurisdicción ad hoc sobre los crímenes del UÇK, el principal acusado tendría que ser el actual presidente kosovar Hashin Thaçi. Mientras tanto, Serbia sigue exigiendo que se haga justicia.

Durante la audiencia en la que se pronunció la acusación en su contra, Ramush Haradinaj insultó a los magistrados franceses, llegando incluso a acusarlos de estar al servicio… del difunto presidente yugoslavo Milošević. Su abogada, Rachel Lindon, afirmó que Belgrado carece de competencias para juzgar a su cliente después de haber sido éste juzgado en La Haya. Pero la parte acusadora observó que, debido a la muerte de los testigos, el primer juicio no pudo pronunciarse sobre el conjunto de crímenes que se reprochaban a Haradinaj.

La extradición de Ramush Haradinaj a Serbia depende de la aprobación del Gobierno francés.

FUENTE: Red Voltaire

Croacia 1995-2015: nuevos refugiados, mismas causas de fondo

Por Alex Aparicio

Hace poco más de un mes que se han cumplido 20 años de la mayor operación de limpieza étnica ejecutada durante las Guerras de los Balcanes y no estamos hablando de Srebrenica, sino de la llamada “Operación Tormenta” llevada a cabo por el Ejército de Croacia contra la República Serbia de Krajina. El 4 de agosto de 1995 se desencadenó la ofensiva militar croata, ayudada por la inteligencia estadounidense. En apenas unas horas, entre 150.000 y 200.000 serbios de Croacia huyeron de una zona que sería el escenario de uno de los episodios más silenciados por parte de los medios de comunicación occidentales y por la historiografía oficial de Occidente de las guerras de la Antigua Yugoslavia.

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Como explica el profesor Francisco Veiga en su libro “La Fábrica de Fronteras”, los serbios abandonaron sus hogares con tanta rapidez que los soldados croatas encontraban a veces la televisión encendida o los platos sobre la mesa. Los refugiados escapaban con lo puesto, conduciendo sus tractores o sus desvencijados utilitarios. En dos días, la Krajina quedó vacía de serbios: el episodio de limpieza étnica más rápido y completo de la Historia de Europa: las decenas de miles de serbios que escapaban por las carreteras con lo puesto se sumaban a los 300.000 que habían abandonado Croacia desde 1992. En su camino, además, las tropas croatas incendiaron casas y mataron a un número indeterminado de civiles (oficialmente se mencionan tan sólo 324), además de bombardear las columnas de refugiados.

Veinte años después volvemos a ver refugiados por las carreteras de Croacia, pero esta vez en sentido inverso. Esta vez no son serbios sino sirios los que huyen de una guerra en la que, como en 1995, la larga mano del imperialismo estadounidense vuelve a estar por medio. Hace 20 años, la diplomacia estadounidense – para contrarrestar las pruebas de los crímenes que se estaban cometiendo contra la población serbia, y que el Consejo de Seguridad de la ONU había condenado ya el 10 de agosto de 1995 – rápidamente inició una estudiada campaña de propaganda, mostrando la propia Madeleine Albright (a la sazón Secretaria de Estado de EEUU durante la presidencia de Bill Clinton) fotografías de supuestas fosas comunes en Srebrenica, fotografías tomadas por aviones espía estadounidenses.

Michel Collon, en su libro de 1999 “El Juego de la Mentira – Las grandes potencias, Yugoslavia, la OTAN y las próximas guerras” apuntó 4 objetivos estratégicos de EEUU respecto a los Balcanes: en primer lugar, controlar las rutas de petróleo y gas. En segundo lugar, dominar Europa del Este. En tercer lugar, debilitar y controlar a Rusia. Y por último, asegurarse bases militares.

Las similitudes con lo que están haciendo en Siria en la actualidad son más que evidentes y la utilización de la “coartada humanitaria” como desencadenante de una intervención militar a gran escala por parte de EEUU y la OTAN, también. En las próximas semanas es más que probable que asistamos a un desenlace similar al de Yugoslavia en 1995. La diferencia – y desgracia – para EEUU es que la Rusia de 2015 no es la de 1995.

(Artículo publicado el 20 de septiembre de 2015)