¿Vuelve a la carga el Frente de Liberación Nacional de Córcega?

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Militantes del FLNC durante una rueda de prensa.

Tres personas que negaron su pertenencia al movimiento de liberación nacional independentista corso (ilegal en Francia) han afirmado durante una rueda de prensa clandestina, que retomarán la lucha armada en Córcega si continúan el asedio y las amenazas del gobierno de Macron contra los colectivos que reclaman la soberanía de la isla.

Los tres individuos, cuyo rostro se ocultaba bajo una capucha, afirmaron ser representantes de miles de personas que apoyan al nacionalismo corso, pero que no están alineadas a ningún partido político.

Por otro lado, reivindicaron públicamente 12 atentados contra entidades bancarias, perpetrados desde finales de 2016.

Los expertos opinan que se trata de una célula activa del Frente de Liberación Nacional de Córcega (FLNC), que desde junio de 2014 se encuentra inmerso en un proceso de desarme y abandono de la lucha armada.

“Pese al abandono de los arsenales y de la renuncia a la violencia, pese a nuestras promesas de actividades pacíficas, denunciamos las redadas y detenciones de muchos jóvenes que no tienen adscripción política, por lo que el gobierno de Macron alimenta la represión del independentismo, alimentando el sentimiento de injusticia que pesa sobre el pueblo corso”, manifestaron en la conferencia de prensa.

Según estos tres nacionalistas corsos, el punto de partida de esta violencia estatal se refiere al caso Reims-Bastia, cuando en 2016 la Gendarmería francesa reprimió violentamente a cientos de partidarios del equipo de fútbol Bastia CF (representante deportivo-nacionalista de la isla), que terminó con varios heridos graves.

“No se respeta el clima de paz”, dijeron, agregando que el Estado central se había situado en una postura de bloqueo sistemático al diálogo con los independentistas.

También enviaron un mensaje al nuevo jefe de Estado, Emmanuel Macron, que señalaba:

“Si el Presidente de la República Francesa utiliza los mismos medios represivos que puso en práctica François Hollande; si se empecina en su estrategia de promesas rotas y de represión gratuita, la Asamblea de Córcega reaccionará y nosotros también.”

Además, los miembros de este movimiento dijeron defender las reivindicaciones nacionalistas y la liberación de los presos políticos detenidos por actos de lucha callejera.

FUENTE: La Otra Andalucía

Declaración común de organizaciones independentistas del Estado Francés al respecto de la Guayana

Pincha aquí para leer la declaración original en francés

Durante varias semanas el pueblo guayanés, en su diversidad, está luchando por su futuro, por el desarrollo sostenible y la justicia social. La situación de pobreza evidente que se sufre en la Guayana se debe al colonialismo francés y a la ausencia total de soberanía y de decisión del pueblo guayanés. Parece que la solidaridad anticolonial ha hecho mella en el pueblo guayanés estas últimas semanas, también en las organizaciones de naciones sin Estado. Por ello, queremos afirmar nuestra plena solidaridad con el movimiento popular en la Guayana.

guyanez-640x360Afirmamos que este movimiento nacido para reclamar justicia para que los guayaneses, por sí mismos, pongan fin al sistema colonial, racista y capitalista francés que niega el futuro y el bienestar a la juventud guayanesa.

Afirmamos nuestra disposición para toda campaña de solidaridad con el pueblo guayanés, que como todos los pueblos bajo dominación francesa tiene el derecho de determinarse libremente en favor de otro modelo institucional, político, económico, social, lingüístico y medioambiental.

Organizaciones firmantes:

  • CUP de Perpinyà (PAÍSES CATALANES/PAÏSOS CATALANS)
  • Corsica Libera – A Manca (CÓRCEGA/CORSICA)
  • Sortu (PAÍS VASCO/EUSKAL HERRIA)
  • La Gauche Indépendantiste – Bretagne en Luttes/Breizh O Stourm (BRETAÑA/BREIZH)

20 de abril de 2017

Carta de ETA en relación al proceso de desarme enviada a la BBC

etaETA, organización socialista revolucionaria vasca de liberación nacional, quiere informar a la Comunidad Internacional de que ya es una organización desarmada, pues a estas alturas las armas y explosivos que tenía bajo su control se encuentran en manos de la sociedad civil.

Ha sido un camino duro y difícil, debido a que los Estados español y francés han puesto todos los obstáculos y problemas posibles, empecinados en el esquema de vencedores y vencidos, enrocados en la vía policial.

Por suerte, la sociedad civil dio un paso al frente, y ha realizado, al asumir la responsabilidad política y técnica del desarme, una aportación determinante para desatascar la situación de bloqueo que llevaba camino de enquistarse. Hay que resaltar, igualmente, el apoyo que este proceso ha recibido por parte de las instituciones vascas.

El proceso no está acabado, pues el “día del desarme” será mañana, y por eso debemos aún advertir de que el mismo puede sufrir ataques de los enemigos de la paz. La única garantía para seguir avanzando es la de los miles de personas que se reunirán mañana en la ciudad de Baiona en apoyo del desarme.

Tomamos las armas por el Pueblo Vasco y ahora las dejamos en sus manos, para seguir dando pasos al objeto de lograr la paz y la libertad en nuestro pueblo, porque para avanzar en la agenda de soluciones hay que adquirir compromisos.

GORA EUSKAL HERRIA ASKATUTA! GORA EUSKAL HERRIA SOZIALISTA!

JO TA KE INDEPENDENTZIA ETA SOZIALISMOA LORTU ARTE!

En Euskal Herria, a 7 de abril de 2017

Euskadi Ta Askatasuna

E.T.A.

(Puedes leer la carta física fotografiada, recibida por la BBC, en este enlace)

El PCF y las clases populares de los años 70 (parte 2)

 

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Antiguo logotipo del Partido Comunista Francés (PCF), adoptado en 1978.

Socialdemocracia, Mitterrand y la crisis del PCF de 1978-1986

La actitud de los dirigentes del PCF frente a la socialdemocracia es muy ambivalente. Cuando Marchais firma el Programa Común en 1972, sabe que es un juego peligroso, pero espera que la fuerza organizativa del PCF, significativamente más potente que la del PS, será una clave suficiente. Pero cuando los líderes se dan cuenta de que el PS les supera en votos en las elecciones de 1976, deciden romper con el Programa Común en 1977, ya que sienten que están perdiendo influencia. Pero esta ruptura no es de principios. El PCF adquiere posiciones asistencialistas sobre los excluidos y la pobreza entre 1977 y 1978, mantiene un discurso anti-intelectual entre 1978 y 1979 (que se enfrenta a quienes se oponen a esta estrategia de ruptura); a lo que se puede añadir un discurso anti-inmigración y un retorno al discuro moralista. Todo ello en una atmósfera asfixiantemente anticomunista. En 1978, una profunda crisis estalla en todo el Partido (no sólo en la dirección o en los círculos intelectuales), a la que siguen otros períodos críticos durante los siguientes 8 años. Porque en última instancia, el PCF, que criticó a Mitterrand, en 1981 decide pasar a gobernar con él… ¡incluso aunque no habían deseado su victoria! Pasa a cogestionar importantes reestructuraciones en la industria del acero y en otros bastiones industriales antes de dejar el gobierno en 1984. Situación que un militante resume con la expresión de “política del limpiaparabrisas”. Este ir y venir sin fin hará un gran daño al PCF, que en 8 años pierde a un tercio de sus militantes.

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Gráfico que refleja la caída progresiva del PCF en los diferentes procesos electorales celebrados en Francia entre 1981 y 2007.

El autor añade a estas crisis repetidas otras tesis a examinar, la falta de democracia y el autoritarismo de la dirección (sin duda reales), la línea prosoviética, pero también actitudes sobre la “izquierda” (la vía revolucionaria, la lucha de clases). Pero a partir del estudio de casos locales, Mischi observa que la controversia no se reproduce de la misma manera según el origen social. Las críticas a la línea de la dirección son expuestas públicamente por los intelectuales, mientras que los trabajadores abandonan el Partido en silencio, debaten en la célula y luego se van.

Deslegitimación subjetiva de las clases populares

Pero el autor también sostiene que la caída en el número de obreros no sólo se debe a una evolución objetiva (pérdida de bastiones, por ejemplo), a una evolución política (hacia la socialdemocracia principalmente), sino también a una línea de deslegitimación de la clase obrera. Según Julian Mischi, el PCF tenía un papel de “portavoz” de la clase obrera. Todas las clases populares podían identificarse con el Partido. El papel del PCF, que pone en primer plano a portavoces obreros, es crucial para la toma de conciencia de la propia clase. Escribe:

“A partir de 1980 y sobre todo a partir de 1990, el PCF aspira a representar no sólo a las clases populares, sino a Francia en su ‘diversidad’. La lectura de la sociedad en tréminos de clase desaparece detrás de temas como la ‘participación ciudadana’ o la recreación de los ‘vínculos sociales’. Los cargos públicos comunistas alaban la ‘democracia local’ destinada a cerrar la brecha entre la clase política y los ‘ciudadanos’. El proyecto inicial del Partido, de inspiración marxista, da paso a una retórica humanista ampliamente compartida en el mundo asociativo y político.”

El PCF abandona gradualmente las referencias a la clase obrera, a los mecanismos de promoción de obreros en el seno del Partido, al esfuerzo de destacar a obreros en los puestos dirigentes y como portavoces públicos.

El Partido se abrirá a las mujeres a partir de los años 70, pero atrayendo a profesoras y personal cualificado, pocas de ellas provenientes de la clase obrera; el otro tema que le atrae, la diversidad (por razones electorales desde finales de los 90), no se elabora sobre una base de clase.

Pero será bajo la dirección de Robert Hue, entre 1994 y 2003, cuando el PCF entre en su fase de liquidación y se convierta en un partido de cargos electos, eliminando las células de empresa, el centralismo democrático… Es lo que el autor denomina como “la mutación”.

Antiguos militantes del PCF que lo habían abandonado en los años 80 y 90 por la derecha vuelven y son tolerados a pesar de sus evidentes diferencias. De ser el Partido más centralizado, “el PCF se vuelve uno de los más descentralizados”.

El PCF y las clases populares desde los años 70 (parte 1)

Por Michael Verbauwhede

El libro “El PCF y las clases populares de los años 1970” es de gran interés respecto a la cuestión de la organización de la clase obrera y las clases populares en un partido comunista de Europa Occidental. Además, plantea la cuestión del origen de clase de los cuadros comunistas, su práctica militante y la influencia de los cargos electos en la evolución del Partido. El libro pone énfasis en la cuestión de la participación en el gobierno y en los municipios.

A diferencia de muchos otros libros sobre el Partido Comunista Francés que se ocupan principalmente de la evolución ideológica y política del PCF desde la década de 1970 hasta la actualidad, el libro se centra en el desarrollo de la organización del Partido. Mischi resume su planteamiento:

“Todo mi trabajo trata de demostrar que las propuestas y declaraciones no son suficientes. Los dispositivos organizativos son muy importantes para atraer miembros, mantenerlos y politizarlos. En comparación con sus competidores trotskistas, la gran fuerza del PCF fue su organización implantada en la realidad de los entornos populares.”

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Dibujo realizado con motivo del XIX Congreso del PCF, celebrado en 1970.

Mischi no sólo estudia esa realidad a partir de las posiciones de la dirección, sino también de la base. En su trabajo de investigación analiza cuatro células: Longwy (sector del acero, Lorena), Saint-Nazaire (astilleros, Loira Atlántico), los suburbios de Grenoble y Allier (campesinos).

La evolución de la clase obrera, la influencia del crecimiento de la organización de la década de 1970 y el electoralismo

Julian Mischi, obviamente, parte de la evolución objetiva de la clase obrera. Pero sostiene que sigue siendo el corazón del proletariado. En otro libro publicado recientemente, Julian Mischi escribe:

“El discurso sobre el fin de la clase obrera se impone a medida que la representación de la clase obrera se va reduciendo a las figuras de la gran industria y a los sectores más militantes. Del desmantelamiento de las grandes concentraciones industriales y la crisis de las plazas fuertes del movimiento obrero desde la década de 1970 se llega a la rápida conclusión de la desaparición del sector obrero y sus militantes.”

En “El Comunismo Desarmado”, Mischi recuerda:

“El grupo de los obreros, aunque haya disminuido desde la década de 1970, no ha desaparecido. Compuesto por 6’8 millones de personas en el censo de 2011, es uno de los principales grupos, y representan el 23% de la población activa en Francia. Y si nos ceñimos únicamente a su componente masculino, ¡uno de cada tres hombres es obrero! La población obrera, por tanto, sigue siendo importante, aunque cambie su composición interna – al igual que las condiciones de vida y de trabajo. Sin embargo, para una gran mayoría de los franceses, la parte obrera de la sociedad es mucho menor de lo que realmente es.”

El cambio en la composición de la clase trabajadora tiene una influencia en la evolución del PCF: los grandes bastiones comunistas entran en crisis con la diversificación, la precarización y la fragmentación de la clase obrera. Su influencia en la lucha de clases disminuye mucho con la caída de la CGT, que pasa de 2 millones a 700.000 afiliados. Pero el PCF no lo ve venir y no lo tiene en cuenta. Y el PCF se pierde por completo en la cuestión de la inmigración no europea, a menudo descuidada por razones electorales. El PCF también reproduce las divisiones sociales existentes dentro y fuera de las fábricas.

La presencia del PCF disminuye en el sector privado y se centra cada vez más en las administraciones públicas, especialmente las locales. Mischi explica:

“Habiendo abandonado la reflexión sobre las relaciones de clase y sobre la organización de la lucha por aquellos que sufren la dominación, es natural que encuentren dificultades para tomar en cuenta la aparición de nuevas figuras populares – en especial los empleados del sector servicios y los descendientes de los trabajadores inmigrantes procedentes del Magreb.”

Pero Mischi plantea que la explicación de la caída del PCF por estas razones es insuficiente. Trata otras concepciones organizativas y políticas que desarmaron al Partido.

El libro permite tener una visión más equilibrada sobre la evolución política del PCF que las explicaciones políticas tradicionalmente aceptadas. Esta evolución, por supuesto, influye en la composición orgánica del Partido que, a su vez, influye en el rumbo político del PCF.

El PCF, cuyo prestigio culmina con la Liberación, declina electoralmente y organizativamente hasta el inicio de la década de 1970. Entre 1972 y 1977 experimentará una gran oleada de adhesiones debido a la política de unión con el PS, el “Programa Común”, que suscitó una gran esperanza. Esta política de unidad también conduce a la conquista de muchas alcaldías, con un PS que aumenta su influencia electoral. El punto culminante son los suburbios rojos (“banlieues rouges”) en la perfieria de París, con más de la mitad de las alcaldías en manos de los comunistas.

Esto tiene implicaciones en la evolución de la composición del PCF. Durante este período, hay un crecimiento cuantitativo, pero también cualitativo: crecen los empleados en las tecnologías de la información y las comunicaciones, técnicos, ingenieros, cuadros técnicos y profesores. En París, una cuarta parte de los militantes del PCF ejerce la docencia. Estas nuevas capas formarán parte de los puestos de dirección intermedios y crecen en la dirección del PCF, reemplazando a los dirigentes de origen obrero.

La conquista de una gran cantidad de alcaldías lleva a muchos cuadros comunistas al aparato municipalista. Con el declive de la organización, los recursos financieros dependen cada vez más de estos cargos electos, que van ganando peso en la organización tanto en cantidad como en influencia política.

¿Habría que juzgar a Vladimir Putin?

Por Thierry Meyssan

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Hollande y Putin en 2015.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el jefe de Estado que abolió la República Francesa y colaboró con la ocupación nazi, Philippe Pétain, juzgó y condenó a muerte in absentia a quien anteriormente había sido considerado su casi seguro sucesor, Charles de Gaulle, para entonces convertido en jefe de la Francia Libre.

Siguiendo el mismo esquema, el actual Presidente de la República Francesa, François Hollande, acaba de mencionar la posibilidad de abrir un procedimiento judicial internacional por los crímenes de guerra cometidos en Siria y juzgar no sólo a Bashar al-Assad, Presidente de la República Árabe Siria, sino también al Presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin; palabras de las que se hizo eco – aunque con mucha más prudencia – el Secretario General de la ONU, Ban Ki Moon.

Esas declaraciones llegan en momentos en que Canadá, EEUU, Francia, los Países Bajos y el Reino Unido apoyan a los yihadistas que ocupan barrios del este de Aleppo y luchan contra las tropas de Siria, Rusia, Irán y Hezbollah.

No es nuevo este deseo de condenar a Vladimir Putin. Ya pudo verse durante la Segunda Guerra de Chechenia, en relación con el tema de Ucrania y ahora en el marco de la cuestión siria. Es una idea recurrente de los neoconservadores estadounidenses e israelíes. Durante la campaña electoral rusa de 2012, los EEUU llegaron incluso a proponer al entonces presidente ruso Dmitri Medvedev que se presentase como candidato en vontra de Putin, prometiéndole financiar su campaña electoral y garantizándole pleno acceso a los círculos de los dirigentes del planeta si se comprometía a “entregarles” a Vladimir Putin. No lo hizo.

El 29 de julio de 2015, los neoconservadores se las arreglaron para hacer llegar hasta el Consejo de Seguridad de la ONU un texto de Victoria Nuland – esposa del líder republicano estadounidense Robert Kagan, convertida entonces en portavoz de la hoy candidata demócrata a la presidencia, Hillary Clinton, en aquella época Secretaria de Estado (Nuland es actualmente asistente del Secretario de Estado de EEUU a cargo de Europa y Eurasia). Aquel texto proponía la creación de un Tribunal Especial Internacional para juzgar a los autores de la catástrofe del vuelo MH17, derribado sobre Ucrania e incidente que costó la vida a 298 personas. La proposición mencionaba una Comisión Internacional de Investigación en la que Rusia figuraba oficialmente como miembro pero cuyos demás componentes habían excluido, lo cual hacía posible endilgar la responsabilidad a Rusia del ataque, así como juzgar y condenar a Vladimir Putin.

Rusia demostró que era absurdo crear un tribunal internacional para ocuparse de algo que era más bien un hecho criminal de crónica roja, al tiempo que mostraba igualmente el carácter tendencioso de aquel procedimiento y recurrió al veto. La prensa occidental minimizó aquella maniobra de sus gobiernos.

Washington considera, con toda razón, a Vladimir Putin como el arquitecto de la reconstrucción de la Rusia posterior a la disolución de la URSS y al período de saqueo que marcó la presidencia de Boris Yeltsin (cuyo gobierno “ruso” fue conformado en las oficinas de la NED). En EEUU se imaginan, erróneamente, que si sacan a Putin del juego será posible hacer retroceder a Rusia a lo que fue hace 20 años.

El presidente francés hizo saber a su homólog ruso que no lo acompañaría en la inauguración de la nueva catedral ortodoxa de París, prevista para el 19 de octubre, que se limitaría a recibirlo en el Palacio del Elíseo, sede de la Presidencia de Francia, y que la conversación con él tendría que abordar obligatoriamente la situación en Siria.

El presidente Putin simplemente decidió posponer sine die su visita a Francia. Su portavoz declaró que el presidente ruso está dispuesto a viajar a París cuando su homólogo francés “se sienta cómodo”, reacción que recuerda a la manera de actuar de un adulto ante el capricho de una criatura malcriada.

El actual desencuentro entre Francia y Rusia tiene que ver simultáneamente con el tema de Ucrania (rechazo ruso al golpe nazi en Kiev, reincorporación de Crimea a la Federación Rusa y respaldo ruso a las repúblicas populares del Donbass) y con la cuestión de Siria (rechazo del intento yihadista de golpe de Estado y respaldo a la República Árabe Siria). Es poco probable que ese desacuerdo se resuelva antes de que termine el mandato presidencial de Hollande o con su sucesor – si resultara electo Alain Juppé, como parecen indicar actualmente los sondeos. Tanto Hollande como Juppé han vinculado sus destinos personales con Washington, a expensas de las vidas de miles de sirios.

Oficialmente favorable a la proposición de Francia, el Ministro de Exteriores británico, Boris Johnson, llamó a los súbditos de Su Graciosa Majestad a realizar manifestaciones ante la Embajada de Rusia en Londres, en una especie de respaldo a la campaña anti-rusa que en realidad prefigura una retirada del Reino Unido de los problemas vinculados al tema de Siria.

Israel dispone de armamento nuclear gracias a Shimon Peres y a Francia

A finales de la década de 1950 sólo cuatro países (EEUU, la URSS, Reino Unido y Francia) tenían armamento nuclear y sólo uno de ellos podía suministrárselo a Israel – era Francia – por una carambola del momento: porque tenían un enemigo común, el Egipto de Nasser, que estaba ayudando a los independentistas argelinos que luchaban contra la Francia colonialista.

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Lo contó el propio Shimon Peres, artífice del programa nuclear israelí y Premio Nobel de la Paz al que ahora todos lloran, mientras esconden sus numerosos crímenes debajo del felpudo, como es de recibo en todo lo que se refiere al Estado hebreo.

Para negociar el acuerdo Francia, Peres viajó a París en 1955, donde mantuvo contacto con altos oficiales del Ejército francés, así como intelectuales, escritores y artistas como Yves Montand o André Malraux.

Entonces a Peres no le conocía nadie. Uno de sus principales puntos de apoyo en París fue Georges Elgozy, consejero económico del Presidente del Consejo francés, que le abre las puertas de las altas esferas, hasta el punto de que el israelí llegó a tener un despacho propio en el Ministerio de Defensa de Francia.

Peres entabló una relación muy estrecha con el dirigente socialista francés Guy Mollet, que llegaría a ser Primer Ministro un año después de la llegada de Peres a Francia. La misma noche del nombramiento de Mollet éste llamó por teléfono a Shimon Peres, que se encontraba ya en Tel Aviv, para decirle que todas las promesas que le había hecho en París seguían en pie.

Con su amigo al frente del Gobierno francés, Peres no tardó en volver a París para pedirle un reactor nuclear y uranio, la materia prima.

Los vínculos entre ambos países se reforzaron tras la Operación del Canal de Suez de 1957, cuando los imperialistas británicos y franceses enviaron un cuerpo expedicionario a Egipto para enfrentarse a Nasser.

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Localización de la Central Nuclear de Dimona en Israel/Territorios Ocupados de Palestina.

El Gobierno francés puso toda la carne en el asador para que Israel tuviera armas nucleares contra los países árabes. Además de uranio, enviaron centenares de técnicos y un reactor nuclear de 24 MW que se instaló en Dimona, en el desierto del Neguev.

Los acuerdos firmados entre Francia e Israel implicaban la construcción de un fábrica subterránea de separación de isótopos. A la vista de las continuas agresiones militares a sus vecinos (Egipto, Siria, Líbano) era una verdadera temeridad por parte de Francia, inducida por sus propios intereses, ya que a cambio del apoyo nuclear, París quería tener acceso a la tecnología estadounidense a través de Israel.

Cuando en 1958 Charles de Gaulle llegó a la presidencia, ordenó la paralización inmediata de la colaboración nuclear con Israel y reorientó la política exterior francesa en una línea favorable al entendimiento con los países árabes, que se profundizó tras el reconocimiento de la independencia de Argelia en 1962.

En 1967, durante la Guerra de los Seis Días, el arsenal nuclear israelí estaba plenamente operativo. Hoy, el Estado de Israel dispone de 80 ojivas nucleares y material suficiente para lanzar 200 bombas, tanto desde submarinos como desde misiles balísticos.

FUENTE: “Movimiento Político de Resistencia”