Duma, terreno de juego del imperialismo y la manipulación mediática

“Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. Este principio fundamental del ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels fue el argumento más utilizado para crear un clima favorable frente a las atrocidades que éstos cometían contra sus enemigos.

La vigencia de esa manera de entender la propaganda en el polo imperialista es innegable. En los últimos días, los medios de comunicación masivos, así como los EEUU y los países de la Unión Europea, vienen trasladando la perpetración de un supuesto ataque químico en la ciudad siria de Duma, responsabilizando al Gobierno sirio y concretamente al presidente Bashar al-Assad, junto a sus aliados rusos e iraníes. Este acontecimiento tiene lugar cuando la región de Guta Oriental acaba de ser liberada de la ocupación terrorista de los que utilizaban esta ubicación como plataforma para bombardear la ciudad de Damasco desde el inicio de la guerra.

Ya el 4 de Abril de 2017 la prensa del sistema anunciaba un supuesto ataque químico en la localidad de Khan Sheikhun, en la provincia de Idlib, en un contexto de avance en el que las tropas sirias liberaron más de 300 localidades y casi toda la región de la amenaza terrorista. Las únicas pruebas existentes eran vídeos facilitados por los llamados “White Helmets” o Cascos Blancos, una ONG financiada por empresas y gobiernos como los de Arabia Saudí, Reino Unido, Turquía o Qatar que opera en los territorios controlados por el ISIS y Al-Qaeda en Siria y que ha manifestado en numerosas ocasiones su apoyo a los extremistas. La manipulación de la información quedó demostrada cuando la ONG sueca “Médicos Suecos para los Derechos Humanos” denunció públicamente a los Cascos Blancos por falsificación de vídeos y uso de niños muertos para la producción de los mismos. Además, el Gobierno sirio ya se deshizo de todo el armamento químico en 2014 con la supervisión de EEUU, entre otros. La reacción internacional a este supuesto ataque químico fue la intervención militar por parte de los EEUU en un ataque compuesto por 59 misiles “Tomahawk” desde los destructores USS Ross y USS Porter contra una base aérea siria. Pero esta no fue la única vez que se alertó de un ataque químico, pues todas las denuncias siguieron un mismo patrón, buscando la intervención imperialista en un contexto de retroceso militar de las bandas terroristas.

En la actualidad se vuelven a juntar los mismos elementos en el supuesto ataque químico de Duma: falta de pruebas, Cascos Blancos, retroceso del terrorismo y todas las potencias imperialistas apuntando directamente al Gobierno sirio sin esperar a una investigación sobre el terreno. Como reacción inmediata, Israel acaba de bombardear una base aérea siria desde Líbano y Donald Trump ha anunciado que no asistirá a la Cumbre de las Américas para estudiar una respuesta.

Numerosos analistas internacionales contextualizan esta respuesta en el marco del fracaso de los objetivos imperialistas en Siria, que apostaron por el armamento y financiamiento de bandas de ideología salafista con el fin de desmembrar el país. Estas mismas bandas atentaron en Europa en los últimos años con medios proporcionados por el Imperio. Una vez más, tenemos que preguntarnos: ¿a quién beneficia el supuesto ataque químico? ¿Qué objetivos se persiguen y quién necesita una excusa para entrar directamente en territorio sirio?

Los EEUU e Israel tienen una agenda en la región que responde a la injerencia que inició la guerra en Siria. Este país no vive una guerra civil sino las consecuencias de la ejecución de las políticas militares y geopolíticas de Occidente, que buscan la fragmentación del llamado Oriente Medio mediante las guerras y la balcanización de los Estados que lo conforman.

Está claro que el fracaso del terrorismo en Siria es el fracaso de las políticas geoestratégicas y geoeconómicas en Oriente Medio por parte del imperialismo, u por supuesto una nueva derrota frente al polo conformado por Irán, Rusia y China, potencias que les impiden dominar esta región. El fracaso de las políticas patrocinadoras del extremismo abre las puertas, hoy más que nunca, a una intervención militar directa que contribuya a prolongar el sufrimiento de un pueblo cansado de años de guerra.

Por Xandra Martínez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Rusia pierde el juego político por Siria

Permitiendo los ataques de la coalición liderada por EEUU contra Damasco, Rusia ha perdido “de facto” el juego político por Siria. Los EEUU informaron a Rusia con antelación acerca de los ataques para evitar bajas rusas, pero de hecho la administración rusa no persigue sus intereses ni los de sus socios. Esto es una señal de debilidad, que será tenida en cuenta por los poderes occidentales. Rusia no ha sido capaz de impedir a los EEUU que hagan lo que quieran, lo que da luz verde a los poderes occidentales para futuras acciones militares – incluso si esas acciones militares llegan paulatinamente. Tras el ataque, los EEUU han declarado que se quedarán en Siria y que están preparados para atacar de nuevo en cualquier momento, así como han prometido sanciones adicionales contra Rusia.

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Fotografía de los misiles – lanzados por EEUU, Francia y Reino Unido – que cayeron sobre Damasco durante la madrugada del 14 de Abril de 2018.

¿Cuáles han sido los fallos de la Federación Rusa en el juego político sobre el ataque?

Los EEUU y Rusia han realizado sendas promesas respecto a sus acciones en el conflicto en Siria. Los EEUU han prometido acciones militares contra Siria mediante publicaciones de Trump en las redes sociales. Por el contrario, los rusos también han hecho promesas – finalmente en respuesta a los ataques hostiles contra sus aliados sirios. Rusia ha ido tan lejos que ha llegado a afirmar que responderán con fuego si son atacados.

Respecto a este juego de poder solo puede haber un ganador de la geoestrategia: EEUU o Rusia.

Pese a que no estaba claro hasta el último minuto y parecía que Trump se rendiría, regresó al juego la noche del 14 de Abril y disparó misiles sobre Siria.

¿Pero qué salió mal?

Rusia no es capaz de jugar lo suficiente en el conflicto. Rusia fue presionada de nuevo y trataron de engatusarla con “ayudas económicas” de EEUU. Y tanto Trump como los líderes occidentales llamaron a Putin para comunicarle su decisión de atacar a Siria. Putin les dio luz verde.

¿Cuál debería haber sido entonces su respuesta?

En primer lugar, Putin debería haber perseguido su interés nacional y decirle a los líderes occidentales por teléfono que cualquier ataque contra los aliados de Rusia sería respondido con contraataques de las Fuerzas Armadas rusas. Cualquier debilidad en las negociaciones con los Estados occidentales será utilizada por ellos y guardada para el futuro.

Además, Rusia debería haber amenazado a los EEUU con atacar sus bases militares en las áreas controladas por los kurdos, puesto que están en Siria sin ningún tipo de legitimidad. Una confrontación con ellos es inevitable en cualquier caso, y solamente es cuestión de tiempo.

Rusia debería haber creado también una zona colchón en la costa de Siria con sus buques militares y que los cazas rusos sobrevolaran constantemente sobre los buques estadounidenses para crear una atmósfera de temor.

Y, por supuesto, Rusia ha cometido nuevamente el error de confiar en Occidente respecto a los sistemas S-300 y S-400, que no han sido desplegados en Siria. Mientras países como Turquía o Arabia Saudí (por cierto, junto a los EEUU, responsables del colapso del precio del petróleo y del rublo), quienes de hecho son enemigos geopolíticos de Rusia, han podido desplegar (previa compra) los sistemas S-400, éstos no han sido desplegados en Siria. Los líderes occidentales presionan a Rusia para que no despliegue dichos sistemas. Sin embargo, hemos podido comprobar que ni una sola palabra de ningún líder occidental puede ser tenida en confianza y ellos saben por qué intentan forzar estas políticas.

Con todo, Rusia debería haber desplegado sistemas S-300 y S-400 en Siria para prevenir cualquier ataque a cualquier posición. La cuestión no es acerca de qué posiciones han sido golpeadas, sino que éstas han sido golpeadas y ello debilita la posición rusa. Y esto es una señal a los aliados y posibles aliados de Rusia.

Rusia debería haber desplegado a su personal militar hacia cualquier posición estratégica para generar todavía más miedo a los EEUU en la escalada del conflicto con Rusia si Washington ataca a cualquier soldado ruso. Y, por supuesto, cuando Occidente preguntó por la luz verde para sus objetivos, Putin debió haber dicho que en todas partes hay soldados rusos en el terreno y que no abandonarán sus posiciones, cueste lo que cueste. Por lo tanto, sería su problema si matan a alguien y hacen escalar el conflicto hacia una guerra total con Rusia.

Además, Putin tuvo la posibilidad de jugar la carta de Ucrania en este poker diciendo que cualquier ataque en Siria cancelaría los Acuerdos de Minsk-2 por la parte rusa.

Rusia y Putin han tenido más de una carta para jugar en este poker de la geoestrategia – sin embargo, no han jugado ninguna de ellas. Ahora, la máquina de la propaganda trata de esconder el hecho de que no hubo una respuesta adecuada a las amenazas occidentales mediante los misiles derribados y la falta de un ataque a escala total sobre Siria. Sin embargo, la Historia tiene que ser escrita todavía y el debilitado ajedrez político de Rusia puede hacer todavía más posibles futuros ataques sobre Siria.

Pese al hecho de que Rusia ha perdido el juego político por Siria, siguen siendo capaces de ganar la guerra en Siria con sus aliados del gobierno, pero no saldrán fortalecidos de este conflicto. En su lugar, Rusia ha probado mediante su ausencia de acción militar que no son capaces de actuar como una superpotencia a escala global. En lugar de perseguir sus intereses, Rusia se inclinó ante el enemigo e incluso trató de confiar en las instituciones internacionales, las cuales no merecen la pena, en lo tocante a la geoestrategia. Por lo tanto, debemos reconsiderar la posición de Turquía, indecisa entre una alianza con Rusia y China o con los EEUU. Si Rusia no es capaz de proteger los intereses y el territorio de sus aliados, ¿por qué debería Turquía o cualquier otro socio unirse a una alianza con Rusia?

Por Tobias Nase

Bandung: el despertar de los pueblos coloniales y la corrupción de las élites africanas

El año 1955 marcó un hito en la Historia de la Humanidad a raíz de una reunión de políticos de la época en la ciudad de Bandung (Indonesia), muy cerca de la capital, la ciudad de Yakarta.

En esa ciudad se dieron cita U Thant, Primer Ministro de Birmania (la actual Myanmar); Jawaharlal Nehru, Primer Ministro de India; el coronel Gamal Abdel Nasser, Presidente de Egipto; y el anfitrión, que era Ahmed Sukarno, Presidente de Indonesia. De esa reunión nació el Movimiento de Países No Alineados, que alcanzaría en años sucesivos una enorme importancia, ya que introducía un elemento de estabilidad entre los dos bloques en que se había dividido el mundo luego de la Segunda Guerra Mundial.

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El revolucionario cubano-argentino Ernesto “Che” Guevara y el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser se reúnen durante la Conferencia de Bandung, en Indonesia (1955)

Luego de esa guerra surgió el bloque socialista con la URSS a la cabeza; y el bloque imperialista liderado por los EEUU y sus aliados de la OTAN. Ciertamente que el grupo de no alineados no era homogéneo, ya que en él cohabitaban países claramente capitalistas como era Indonesia o Egipto con otros como Yugoslavia, que era socialista. La sola formación del nuevo bloque significó un gran impulso para el proceso de descolonización que había comenzado en Asia y África, y que culminó con la descolonización de las antiguas colonias portuguesas de África a raíz de la Revolución de los Claveles en Portugal en 1974, con la Revolución Argelina, y finalmente con la caída del régimen del Apartheid en Sudáfrica y Namibia. De esa manera se completaba el cuadro de la descolonización africana al menos de manera formal.

Los países colonizadores del continente negro eran el Reino Unido, Bélgica, Francia, Portugal, España, Alemania e Italia. Estos dos últimos perdieron sus colonias por la derrota que sufrieron en las dos guerras mundiales. Alemania perdió Togo y Namibia, que pasaron a ser un fideicomiso del Imperio Británico tras la Primera Guerra Mundial; e Italia, al ser derrotada en la Segunda Guerra Mundial, perdió Libia, Eritrea, Etiopía y Somalia.

Las colonias francesas declararon su independencia luego de una sangrienta guerra de liberación encabezada por el Frente de Liberación Nacional de Argelia, que llegó a un acuerdo con el gobierno del general Charles de Gaulle en Francia firmando los Acuerdos de Evian, rubricados por Ferhat Abbas en representación del FLN argelino y por el ministro Edgard Fauré por el Gobierno francés.

El gobierno de Charles de Gaulle se aseguraba en ese acuerdo de paz el manejo del petróleo y el gas de Argelia, que serían administrados por la multinacional francesa Total Fina durante 50 años, pasados los cuales lo haría al 50% con el Gobierno argelino.

Portugal, dado el carácter de izquierda de la Revolución de los Claveles, simplemente firmó acuerdos de reconocimiento de la soberanía de sus antiguas colonias de Mozambique, Angola y Guinea-Bissau, y el gobierno racista blanco de Sudáfrica entregó el poder político formalmente a Nelson Mandela – que acordó con el presidente blanco Frederik De Klerk que las minas de oro y diamantes de Sudáfrica seguirían administradas por las mismas empresas que los “afrikaner” habían creado al efecto.

Hasta aquí el relato del largo periplo que llevó a la independencia a las más importantes colonias africanas. Pero, ¿qué pasó con las élites africanas que encabezaron los primeros gobiernos nativos?

En Argelia su primer presidente fue Ahmed ben Bella, que marcó un rumbo socialista a su gobierno, llevando adelante una importante reforma agraria que transformaría el país, al menos en los ámbitos rurales. Sin embargo, no se dio un impulso a la industria, que se limitaba a algunas actividades de servicios y producciones artesanales.

En Angola hubo una sangrienta guerra civil que duró muchos años gracias a la nefasta intervención indirecta de los EEUU, que apoyaron a una guerrilla contraria al Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA) de Agostinho Neto – que fue el primer Presidente de la República Popular de Angola – que debió destinar cuantiosos recursos a la guerra contra el grupo de Jonas Savimbi, apoyado por los EEUU, hasta que finalmente fue derrotado y Savimbi caído en combate.

En Mozambique el FRELIMO estuvo liderado por Samora Machel, de formación marxista-leninista, y que tomó medidas para desarrollar la industria pesquera, la hidroelectricidad y el turismo. Pese a la muerte de este dirigente, no abandonó su carácter socialista, y actualmente viene aplicando una política de defensa del patrimonio nacional, y ha construido una gran presa que provee al propio país de electricidad y le permite vender energía eléctrica a países limítrofes. Se nacionalizó la industria pesquera.

Pero todo esto se fue apagando, empezando por un golpe de Estado en Argelia que acabó con Ben Bella y puso en su lugar al coronel Houari Boumedienne, que aunque formalmente siguió la política de Ben Bella, lo encarceló durante 11 años y abrió la puerta a la burocratización del nuevo Estado y a la corrupción de sus élites.

Otro tanto pasó en Angola. A la muerte de Agostinho Neto, que fue sucedido por su vicepresidente José Eduardo dos Santos, éste desató la mayor corrupción de África, donde los ministros de su gobierno cobraban “mordidas” del 30% y donde la hija de Dos Santos, Isabel dos Santos – que vive en Portugal – es la mujer más rica del país.

En Sudáfrica tenemos a Jacob Zuma – actual presidente – que está acusado de corrupción y está siendo investigado por el Parlamento sudafricano, siendo posible que no acabe su mandato.

¿Qué ha pasado? Creo sinceramente que los movimientos de liberación africanos han estado encabezados por una clase intelectual que se benefició del hecho de que las metrópolis formasen una clase dirigente que les ayudara a administrar la colonia, y sobre todo de que en estos países no existiera una clase obrera potente, con la única salvedad de Sudáfrica. Al no existir esa clase obrera que es, por cierto, la que nada tiene que perder porque nada tiene, ha sido fácil que el grupo que en un principio lideró la liberación se haya convertido en un grupo mesiánico que era obedecido con ciega confianza por las masas, y de allí a considerar que el nuevo Estado era de su propiedad hay solo un paso. Se ha convertido en una cleptocracia, que cada vez es más impopular, que sigue sumiendo en la miseria a sus pueblos, y que ya va siendo contestada por las masas que están viendo que solo llegarán a la verdadera independencia cuando derriben a los corruptos y a los corruptores.

Por Darío Herchhoren

La democracia china pone a Occidente en la sombra

En momentos en que las crisis y el caos sacuden la democracia liberal de Occidente, puede ser instructivo examinar la democracia china y preguntarse cómo sale librado el sistema que pone los estándares actuales para el desarrollo y el progreso.

El XIX Congreso Nacional del Partido Comunista de China (PCCh) es una buena oportunidad para analizar la excepcional organización socialista desde las perspectivas histórica y global. Cada 5 años, los delegados del PCCh se reúnen para proyectar las estrategias tanto para el Partido como para el país en el siguiente lustro. Este año, el objetivo primordial es “Xiaokang”, la primera meta centenaria.

En los 3 años que vienen, es decir, a más tardar en 2020, el establecimiento de una sociedad moderadamente acomodada será la culminación de 100 años de trabajo por parte del PCCh. La segunda meta centenaria, la conmemoración del centenario de la fundación de la República Popular China en 2049, verá la realización del sueño chino de rejuvenecimiento nacional.

En agosto de 2017, el PCCh consultó con otros 8 partidos no comunistas de China y con personajes prominentes sin afiliación partidaria. Sus opiniones y recomendaciones fueron incluidas en un borrador de Informe al Congreso. Esta bien establecida práctica de consulta institucional es sólo una de las formas en que el PCCh garantiza la naturaleza democrática de la toma de decisiones.

Este sistema de cooperación y consulta entre múltiples partidos encabezado por el PCCh, un tipo totalmente nuevo de sistema político fundado en 1949, es muy diferente de los sistemas bipartidistas o multipartidistas de los países occidentales, y del sistema de partido único practicado en otros países.

A diferencia de la política occidental, competitiva y conflictiva, el PCCh y los partidos no comunistas cooperan entre sí, trabajando juntos para impulsar el socialismo y esforzándose por mejorar el nivel de vida del pueblo. Esa relación mantiene la estabilidad política y la armonía social, y además garantiza la eficiencia en la elaboración y la implementación de las políticas.

Siendo el partido dirigente, el PCCh recibe recomendaciones de otros partidos en cuanto a las principales política, planes, revisiones a la ley y otros asuntos, permitiendo a los miembros de otros partidos ostentar puestos oficiales.

La democracia consultiva institucionalizada es importante en China, cuyos sistemas políticos básicos también incluyen las Asambleas Populares y el autogobierno de base, como los Comités de Aldeas.

El sistema chino se dirige hacia la unidad social en vez de hacia las divisiones que vienen como una consecuencia inevitable de la naturaleza belicosa de la democracia occidental de hoy. Las incesantes difamaciones, disputas y reversiones de políticas que componen el sello distintivo de la democracia liberal han retrasado el progreso económico y social, pasando por alto los intereses de la mayoría de los ciudadanos.

La Constitución de la República Popular China declara que “el sistema de cooperación multipartidista y de consulta política bajo el liderazgo del Partido Comunista debe continuar existiendo y desarrollándose durante un largo tiempo que aún está por venir”.

En la política parlamentaria o presidencial, los partidos obtienen su legitimidad por turnos a través de elecciones, causando frecuentes cambios de régimen y, con frecuencia, giros de 180 grados en cuanto a las políticas. Con frecuencia, cualquier progreso logrado se pierde, y por eso reina la ineficiencia.

A sus 96 años, y con 89 millones de militantes, el Partido Comunista de China representa los intereses de la mayoría del pueblo y está dedicado a servir al pueblo, con el desarrollo centrado en el pueblo profundamente arraigado en la cultura del Partido. La diversidad del PCCh está claramente demostrada en la extensiva representación de los diferentes estamentos sociales entre los más de 2.200 delegados al XIX Congreso Nacional.

Puesto que en Occidente los partidos, cada vez más, representan a determinados grupos de interés y estratos sociales, la naturaleza de la democracia capitalista se hace más oligárquica. Las fracturas ya se empiezan a notar, con muchos resultados excéntricos o imprevistos en los últimos plebiscitos. Bajo el liderazgo de un PCCh sobrio y progresista, la democracia de estilo chino nunca ha sido más saludable, y China no tiene en absoluto la necesidad de importar los fallidos sistemas políticos de partidos de otros países.

Tras cientos de años, el modelo occidental ya está mostrando su edad. Es hora de una reflexión profunda sobre los males de una democracia tambaleante que ha precipitado tantas de las enfermedades que padece el mundo y ha resuelto tan pocas. Si la democracia occidental no quiere derrumbarse por completo, debe ser revitalizada, revaluada y reiniciada.

El PCCh ha llevado a la nación china a un crecimiento sin precedentes y a logros asombrosos, particularmente en la reducción de la pobreza. Podría ser descrito justamente como un milagro transformacional que ha traído una prosperidad y un optimismo que eran inimaginables hace apenas 40 años.

Después de 5 años de reforma intensiva, de una lucha anticorrupción sin precedentes y de una maduración del Estado de derecho, un Partido Comunista de China confiado en sí mismo y manteniéndose fiel a sus principios básicos se antoja adecuado para mantener al país en el curso correcto “durante un largo tiempo que aún está por venir”.

FUENTE: Xinhua” en español

Razones por las cuales el PCPC llama a la abstención el 21-D

El Comité Central del Partit Comunista del Poble de Catalunya (PCPC), después de un importante debate dentro de la organización, ha acordado plantear la ABSTENCIÓN en las próximas elecciones autonómicas del 21 de Diciembre.

Las razones que nos han llevado a este posicionamiento son las siguientes:

No podemos concurrir a unas elecciones convocadas de forma autoritaria e ilegítima por el gobierno del Estado Español mediante el artículo 155 de la Constitución de 1978. No podemos participar en estas elecciones – en coherencia con todos nuestros posicionamientos anteriores – porque sería, en cierta forma, dar legitimidad al gobierno del Estado que tiene intervenidas las instituciones catalanas, mantiene las fuerzas de ocupación, encarcela a parte del Govern de la Generalitat, a otra parte le obliga a exiliarse…

Igualmente el Gobierno del PP – con el apoyo de Ciudadanos y PSC/PSOE – no da ninguna garantía para que estas elecciones sean limpias. Tenemos ya algunos indicadores: la Junta Electoral Central – controlada por los partidos del régimen monárquico – ha prohibido las pancartas donde se pida la libertad de los presos políticos, así como los lazos amarillos que simbolizan esta reivindicación, se lleva a cabo una intervención de los medios públicos autonómicos para favorecer a las candidaturas partidarias del 155. Igualmente hay que señalar que los cabezas de lista de 2 de los 3 partidos independentistas no pueden hacer campaña (uno en la cárcel, otro en el exilio). Se encarga a la empresa INDRA – sobre la que recaen sospechas de falta de transparencia y vinculada al PP – el escrutinio de los votos. Finalmente, hay que recordar que las fuerzas del 155 han manifestado que no respetarán un posible triunfo de los partidos independentistas de Catalunya aunque obtengan mayoría parlamentaria y superen el 50% de los votos. En este sentido tenemos importantes dudas sobre la transparencia de los resultados.partit-comunista-del-poble-de-catalunya-001

El PCPC dio legitimidad a los resultados del referéndum del 1 de Octubre – ante la imposibilidad de un referéndum pactado – que fue un hecho real pese a la brutal represión policial del Estado. Con un 43% de participación y sin contar los cientos de miles de votos depositados en las urnas que fueron secuestradas por la Policía española, hubo 2.044.038 votos (90’2%) a favor de la República Catalana. El PCPC hizo en aquel momento un llamamiento al voto nulo defendiendo la República Socialista Catalana (fuera del imperialismo: la OTAN, el euro y la Unión Europea) que puede ser compatible con la defensa de la República Socialista de carácter confederal (unión voluntaria de pueblos y naciones libres y democráticas) tal como lo defiende nuestro Partido hermano, el PCPE. Dentro de las estructuras del imperialismo no será posible una República Catalana libre y soberana. La clase obrera catalana y los sectores populares no tienen nada que ganar dentro de una república burguesa (los recortes y privatizaciones estarían garantizadas). No queremos tampoco un Ejército catalán dentro de la OTAN para agredir a los pueblos. El pueblo catalán ya dijo “NO” en el referéndum de 1986.

Tenemos la convicción de que la intervención del Estado Español por medio del 155 seguirá sea cual sea el resultado. Entendemos que la mejor opción hubiera sido una llamada a la movilización social acompañada de otra llamada al boicot electoral. Las únicas elecciones que se podrían considerar como legítimas son las que se convoquen dentro de un proceso constituyente y participativo dentro de una República Catalana fuera del imperialismo. Finalmente, el PCPC hace un llamamiento al conjunto de la clase obrera y los sectores populares a organizarse en las luchas en defensa de nuestros intereses de clase y a no dejarse engañar por los representantes de la burguesía española y catalana que históricamente han sido aliados a la hora de gestionar sus intereses capitalistas en contra de la clase obrera.

¡NO A LA REPRESIÓN, NO AL GOLPE DE ESTADO!

¡LIBERTAD PRESOS POLÍTICOS, FUERA LAS FUERZAS DE OCUPACIÓN!

¡VIVA LA REPÚBLICA SOCIALISTA CATALANA!

¿Es China un país socialista? (tercera parte)

Mientras que en todo país capitalista el Ejército ha sido y es un instrumento para asegurar en última instancia los privilegios de una minoría explotadora, en China el Ejército está bajo control directo del Partido Comunista de China por medio de la Comisión Militar Central (CMC), y por lo tanto es garante del orden socialista. Ningún alto mando militar puede librarse de la disciplina del PCCh ni de la aplicación de la justicia, como demuestran los casos de los ex-vicepresidentes de la CMC Xu Caihou y Guo Boxiong, expulsados del Partido en 2014 y julio de 2015 respectivamente por sendos delitos de corrupción.

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En China, el suelo es propiedad del Estado, lo cual impide la gran concentración terrateniente, que es una característica fundamental de los países capitalistas. Según el economista marxista Samir Amin, “esta especifidad china nos impide caracterizar la China contemporánea como capitalista, porque el camino capitalista se basa en la transformación de la tierra en una mercancía”. Para finalizar, citaremos al gran economista marxista francés Tony Andreani, que identifica los siguientes pilares que sustentan el socialismo en China, definidos por él como “considerablemente ajenos al capitalismo”.

  1. El mantenimiento de un potente sector público, que juega un papel estratégico en la economía, y en el cual existe una – limitada, pero real – participación de los trabajadores en las unidades de gestión, a través de consejos de vigilancia y consejos obreros.
  2. Una potente planificación, que aunque sea de naturaleza indicativa (y no imperativa como en otras experiencias socialistas), resulta ser impresionantemente precisa año tras año.
  3. Una forma de democracia política que hace posibles unas decisiones colectivas, haciendo que la planificación sea el espacio en el cual la nación china elige un destino colectivo.
  4. Unos servicios públicos que condicionan la ciudadanía política, social y económica, que están totalmente o en su inmensa mayoría en manos del Estado, y que como tal están fuera de la lógica del mercado – aunque aún son muy limitados en comparación con los de algunos países capitalistas desarrollados.
  5. Una orientación económica neokeynesiana consistente en aumentar las rentas del trabajo y la promoción de una justicia social en una perspectiva igualitaria.
  6. La protección de la naturaleza, considerada como indisociable del progreso social y como uno de los objetivos centrales del desarrollo económico.
  7. La relaciones económicas con otros Estados, que descansan sobre el principio de ganar-ganar, la búsqueda de la paz y las relaciones equilibradas entre naciones y pueblos.
  8. La propiedad pública de la tierra y los recursos naturales.

En resumen, mientras que en los países de Europa las clase populares viven cada vez peor, en China las condiciones de vida de la población ha ido mejorando cada vez más desde la Reforma y Apertura, y ello en todos los indicadores sociales (salarios, esperanza de vida, mortalidad infantil, atención sanitaria, educación, seguridad social, acceso a la cultura, etc.). Esta diferencia entre el capitalismo neoliberal y el “socialismo de mercado” en China ha sido resumida brillantemente por el filósofo marxista italiano Domenico Losurdo. Hablando de las innegables desigualdades sociales existentes en China, Losurdo dice:

“Eso no hace lícito confundir el ‘socialismo de mercado’ con el capitalismo. Como ilustración de la diferencia radical que subsiste entre los dos, podemos intentar recurrir a una metáfora. En China estamos en la presencia de dos trenes que se separan de la estación llamada ‘Subdesarrollo’. Si uno de esos trenes es muy rápido, el otro es de velocidad más reducida; por causa de eso, la distancia entre los dos aumenta progresivamente, pero no podemos olvidar que los dos avanzan en la misma dirección; es también necesario recordar que no faltan los esfuerzos para acelerar la velocidad del tren, relativamente menos rápido y que, de cualquier modo, dado el proceso de urbanización, los pasajeros del tren más rápido son cada vez más numerosos. En el ámbito del capitalismo, por el contrario, los dos trenes en cuestión avanzan en direcciones opuestas. La última crisis destaca un proceso en acción desde hace varias décadas: el aumento de la miseria de las masas populares y el desmantelamiento del Estado social se encuentran a la par que la concentración de la riqueza en manos de una restringida oligarquía parasitaria.”

¿Es China un país socialista? (segunda parte)

A consecuencia de lo anteriormente dicho, en China hay un Estado con un carácter de clase obrero. Por ello, defiende los intereses generales de la clase obrera y del conjunto del pueblo, pese a todas las contradicciones que atraviesan a China.

Algunos alegarán que los capitalistas se han enriquecido en China. Pero es un hecho innegable que desde la Reforma y Apertura en 1979, la política del Gobierno chino se ha caracterizado por elevar constantemente el nivel de vida de la población. En la segunda entrega del análisis sobre el artículo de Vagenas, ya había ofrecido una serie de datos que lo demostraban sobradamente. Ahora dispongo de otros datos publicados recientemente que indican que entre 1990 y 2000, la renta per cápita en China se quintuplicó, pasando de 200 dólares a 1.000 dólares, y entre 2000 y 2010 volvió a crecer al mismo ritmo pasando de 1.000 a 5.000 dólares. Este progreso impresionante no ocurre en cualquier país.

Ahora, con la reciente aprobación del XIII Plan Quinquenal, el Gobierno chino se plantea reducir las desigualdades sociales mejorando la distribución de ingresos y aumentando “significativamente” los ingresos de la población con rentas bajas y medias.

El PCCh, que en sus estatutos se presenta como “destacamento de vanguardia de la clase obrera y, a la vez, del pueblo y la nación”, ejerce un papel dirigente en los rumbos de China, apoyándose en otros partidos patrióticos y en expertos o personalidades no comunistas, en el marco de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino. Se acepta e incluso se promueve la existencia de capitalistas, a condición de que contribuyan al desarrollo y al fortalecimiento del país, pero no están autorizados los partidos políticos en los que los capitalistas puedan organizarse como clase en sí.

El PCCh apoya en no pocas ocasiones las movilizaciones de la clase obrera en China y la actividad de los sindicalistas afiliados a la Federación Nacional de Sindicatos de China. Nótese por ejemplo que gracias al trabajo del PCCh, China es desde 2006 el único país del mundo donde la multinacional Wal-Mart ha tenido que aceptar secciones sindicales. Las asambleas de representantes de empleados y trabajadores son apoyadas por el PCCh, que fomenta la creación de comités del Partido en el sector no estatal – aunque los avances son costosos en este terreno – y formas de democracia obrera, aunque sea limitada, en las empresas estatales. También se han dado casos significativos en los que las fuerzas del orden han rechazado intervenir contra las luchas obreras.

Que el partido que defiende este tipo de políticas sea el partido gobernante en China tampoco es un detalle sin importancia. Probablemente, muchos se sorprenderán al leer declaraciones del Partido Comunista de China acerca de “apoyarse de todo corazón en la clase obrera para completar el sistema de administración democrática con la asamblea de representantes de los trabajadores como forma básica”.

El PCCh declara que su misión es servir al pueblo, y la prueba de que lo está haciendo es que goza de un notable apoyo popular. Según un estudio realizado por el “Pew Research Center” en 2012, el 83% de la población china se declaraba satisfecha con la situación económica del país – en los países de la UE sólo era del 16%. No está nada mal para un país donde “reina la miseria y la explotación que experimentan cientos de millones de trabajadores”, como dice Vagenas.

En China, los sectores estratégicos que controlan los aspectos esenciales de la vida económica están en manos del Estado: sector financiero, energía, metales ferrosos y no ferrosos, minas, sector de la construcción, petroquímica, telecomunicaciones, construcción naval, construcción aeronáutica, sector del automóvil, transporte, alimentación, distribución, producción farmacéutica, Defensa, etc.

El artículo 7 de la Constitución de la República Popular China dice que “el sector estatal de la economía, es decir, el sector económico de propiedad socialista de todo el pueblo, es la fuerza rectora de la economía nacional. El Estado asegura la consolidación y el desarrollo del sector estatal de la economía”.

No es fácil disponer de datos exactos en la actualidad, pero está claro que las empresas estatales siguen siendo las más rentables y las que más peso tienen en el PIB. Según datos de 2005, de las 500 mayores corporaciones en China, el 85% eran de propiedad estatal. De estas 500 empresas, las 10 más grandes eran de propiedad estatal y acumulaban el 47% del total de las ganancias. Desde 2005 esta situación no ha variado sustancialmente: de las 98 empresas chinas que figuraron en 2015 en la lista “Global 500” elaborada por la revista “Fortune” – que elabora cada año la lista de las 500 mayores empresas del mundo – 76 eran de propiedad estatal. Además, 4 de los 10 mayores bancos del mundo son bancos chinos de propiedad estatal.

Es igualmente muy difícil disponer de datos exactos sobre el porcentaje de propiedad pública en China, debido a la multiplicidad de formas de propiedad. Pero según el profesor Chen Zhiwu, de la Universidad de Yale, si sumamos la propiedad estatal, la propiedad colectiva y la propiedad mixta público-privada, en 2010 el Estado controlaba directa o indirectamente las tres cuartas partes de la riqueza de China.