La tribu

coronel-gadafi-vector-retrato-historieta_91-9042La tribu es una familia que creció debido a la procreación. De ahí que la tribu sea una gran familia, del mismo modo que una nación es una tribu que creció a través de la procreación. La nación es una tribu grande y el mundo es una gran nación – una nación que se ramificó entre múltiples naciones. Los lazos que unen a las familias son los mismos que unen a la tribu, a la nación y al mundo. Con el aumento numérico del grupo esos lazos tienden, sin embargo, a debilitarse. El concepto de hombre es semejante al concepto de nación tal y como el concepto de nación es semejante al de tribu y el de tribu al de familia. Con todo, el grado de afecto concerniente a esas relaciones disminuye a medida que en ellas se pasa del nivel más pequeño al mayor. Se trata de un hecho social solamente negado por aquellos que lo ignoran.

En efecto, los lazos sociales – cohesión, unidad, intimidad y amor – son más fuertes a nivel de familia que a nivel de tribu y son más fuertes a nivel de tribu que a nivel de nación. Del mismo modo, éstos son más fuertes a nivel de nación que a nivel de mundo.

Las ventajas, privilegios, valores e ideales que resultan de esos lazos sociales son mayores en la sociedad donde éstos son naturales y fuertes. De hecho, los lazos sociales son más fuertes entre los miembros de la familia que entre los miembros de la tribu, más fuertes entre los miembros de la tribu que entre los miembros de la nación. Los lazos sociales son más fuertes a nivel nacional que a nivel mundial. Estos lazos sociales y los beneficios que de ellos emanan se pierden cuando la familia, la tribu, la nación o la humanidad desaparecen.

Es, por tanto, muy importante para la sociedad humana mantener la cohesión de la familia, de la tribu, de la nación y del mundo de modo que los individuos, en general, se puedan beneficiar de los valores inculcados a través de la solidaridad, la cohesión, la unidad, la intimidad, el amor de la familia, de la tribu, de la nación y la humanidad.

En términos sociales, la familia es mejor que la tribu, la tribu es mejor que la nación y la nación es mejor que el mundo, si son comparadas afectivamente y en lo tocante a las ventajas, a la solidaridad y a la camaradería que ofrecen a sus miembros.

Por Muammar el-Gadafi

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La Unión Europea acepta la nominación de sus cuatro más altos funcionarios

Antes de las elecciones al Parlamento Europeo, Alemania, Francia y EEUU ya habían decidido que el alemán Manfred Weber sería – en principio – el nuevo Presidente de la Comisión Europea. Manfred Weber se había comprometido a poner fin a la construcción del gasoducto “Nord Stream 2” y a limitar la adquisición de hidrocarburos rusos para favorecer las compras europeas de gas licuado estadounidense, cuya producción y transporte son mucho más onerosos.

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Los próximos 4 más altos funcionarios de la UE. De izquierda a derecha: Ursula von der Leyen, Christine Lagarde, Charles Michel y Josep Borrell.

Para adormecer a los electores europeos, una intensa campaña de propaganda les había asegurado que el Presidente de la Comisión Europea sería elegido según una “regla democrática” que consiste en que la presidencia va a manos del político que encabeza la lista del grupo parlamentario que más votos obtenga. Y no había duda de que ese sería Manfred Weber, como jefe del Partido Popular Europeo (PPE/EPP). Por supuesto, esa regla nunca ha sido democrática ya que lo democrático sería designar a una persona respaldada no por un grupo parlamentario, sino por una mayoría. Sin embargo, la prensa y los candidatos repetían a coro esa falsedad, conscientes de que la Unión Europea es sólo eso… un engaño.

Pero en el último momento, Francia renunció a su compromiso inicial. El presidente francés Emmanuel Macron esgrimió como pretexto que su grupo parlamentario europeo (ALDE, convertido en “Renew Europe”) había logrado un importante avance en las elecciones europeas y exigió uno de los 4 puestos de altos funcionarios más visibles en la UE. Así que Macron hizo que Nathalie Loiseau – cabeza de lista de su partido – insultara a Manfred Weber llamándolo “ectoplasma” y él mismo vetó la nominación del alemán. En definitiva, el propio Macron propuso un nuevo candidato alemán – esta vez candidata, la Ministra de Defensa con Angela Merkel, Ursula von der Leyen, en cuanto se confirmó la nominación de la francesa Christine Lagarde – actual Directora del FMI – a la cabeza del Banco Central Europeo.

Esas dos mujeres obtienen así los dos puestos más importantes mientras que el belga Charles Michel – actual Primer Ministro de su país – presidirá el Consejo Europeo (o sea, el consejo de jefes de Estado y de gobierno de la UE, así como el Consejo de la Eurozona) y el español Josep Borrell – actual Ministro de Exteriores – será el Alto Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad. En realidad se trata de dos funciones puramente formales ya que el Presidente del Consejo Europeo no hace más que dar la palabra a los oradores y representar a la UE en el extranjero, mientras que el Alto Representante sólo es el vocero de una política que se decide en Washington, no en el seno de la Unión Europea.

No fue el Consejo Europeo quien decidió esas nominaciones. Las decidieron la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Emmanuel Macron, sin la participación de los demás jefes de Estado y/o de gobierno, y fueron posteriormente aceptadas por los demás miembros del Consejo Europeo.

¿Por qué fueron seleccionados estos 4 altos funcionarios?

Para ocupar un alto cargo en la Unión Europea hay que reunir 2 condiciones:

  • Ser atlantista
  • Tener algo que esconder

Esto último garantiza que, si el nominado renuncia al atlantismo mientras ocupa el cargo… siempre queda la posibilidad de chantajearlo.

Ser atlantista

Ser atlantista es un requisito evidente para cualquier funcionario de la UE ya que el Tratado de Maastricht y los tratados posteriores de la Unión estipulan que es la OTAN (alianza militar anti-rusa) quien garantiza la defensa de la Unión Europea.

Por ejemplo, Ursula von der Leyen publicó oportunamente, a principios de este año, en “The New York Times”, un artículo de opinión donde hace apología de la OTAN, que “defiende el orden mundial”, razón por la cual “el mundo sigue necesitando a la OTAN”.

Ya no es necesario tratar de demostrar el atlantismo de Christine Lagarde, quien comenzó su carrera como asistente parlamentaria en el Congreso de EEUU y más tarde pasó a hacer trabajo de cabildeo para el complejo militar-industrial de ese mismo país, en contra de la industria militar de Francia. Fue Lagarde quien convenció a Polonia de comprar el armamento de Boeing y de Lockheed Martin en vez de recurrir a Airbus o Dassault.

Charles Michel es el primer ministro del país sede de la OTAN y cuenta con la recomendación de su padre, Louis Michel, quien fue Comisario Europeo para la Cooperación Internacional, Ayuda Humanitaria y Respuesta frente a la Crisis. Josep Borrell, por su parte, trabajó en el kibbutz de Gal On (en el Desierto del Negev) y fue Presidente del Parlamento Europeo, donde defendió con ardor el principio de sumisión europea a las órdenes de la alianza atlántica. Estará perfecto en su papel de “Ministro Europeo de Exteriores y Seguridad” ya que hace poco calificaba a Rusia de “viejo enemigo que vuelve a convertirse en una amenaza”.

Por supuesto, los cuatro felices designados habían sido invitados a reuniones del Grupo Bilderberg, el club de la OTAN. El único que no pudo utilizar su invitación el mes pasado fue Josep Borrell… porque el jefe de su gobierno, Pedro Sánchez, le prohibió participar.

“Tener un cadáver en el armario”

Por mucho que confíe en sus empleados, EEUU siempre prefiere tener cómo presionarlos para garantizar su fidelidad… o para meterlos en cintura en caso de rebelión – después de todo, siempre existe el peligro de que, a pesar de sus salarios astronómicos, algún alto funcionario conciba la extraña idea de defender realmente los intereses de sus conciudadanos.

La justicia alemana había emprendido una investigación judicial sobre el manejo del Ministerio de Defensa por parte de Ursula von der Leyen. Aunque es de público conocimiento que la Bundeswehr (Ejército alemán) no cuenta con el equipamiento necesario, un gigantesco excedente de los estimados en varias transacciones ya había dado lugar anteriormente a una investigación de una oficina de auditoría, que finalmente se dio por satisfecha con las explicaciones presentadas. Pero luego se descubrió que quien había dirigido la auditoría en el seno de dicha oficina era precisamente el hijo de la ministra, descubrimiento que movilizó al Ministerio Público. El “estado de derecho” alemán está concebido de tal manera que la Cancillería (o sea, la oficina de Merkel) puede poner fin a las investigaciones judiciales sobre miembros del gobierno.

Christine Lagarde fue condenada por el Tribunal de Justicia de la República Francesa, que la encontró culpable de “negligencia”… pero la exoneró de cumplir la pena pronunciada contra ella. Siendo Ministra de Economía en Francia, Lagarde había decidido llevar un litigio financiero entre un banco público y un ex-ministro francés a una corte de arbitraje en vez de presentar el caso a los tribunales. El arbitraje dio la razón al ex-ministro contra el banco de propiedad estatal, cosa que nunca debería haber ocurrido.

Ignoro en qué oscuros asuntos pueden estar implicados Charles Michel y Josep Borrell, pero seguramente hay alguno. No está de más recordar que Charles Michel fue designado Primer Ministro de Bélgica porque aceptó dirigir un gobierno en minoría, mientras que Borrell abandonó la escena política española durante una década – precisamente cuando parecía estar en el apogeo de su carrera.

Por Thierry Meyssan

Chernobyl

No cabe duda de que las series se han convertido en el libro de los que no leen, que son legión y se han subido al machito. Ahora, en cualquier reunión social o cena de postín, se te sienta al lado un pelma que quiere dárselas de cultureta y se tira toda la velada dándote la tabarra con la serie que se ha embaulado bulímicamente durante el último fin de semana, que no duda en calificar como “la mejor de la Historia” (al menos hasta la semana que viene). Pues el consumidor bulímico de series es siempre un optimista tremendo; y a su condición gregaria suma un bajísimo nivel de exigencia. Por supuesto, si no has visto “la mejor serie de la Historia” de la última semana no molas nada de nada.

La nueva “mejor serie de la Historia” se titula “Chernobyl”: y se presenta con unas pretensiones naturalistas lindantes con lo que antaño se llamaba “docudrama”. Afirman los gurús que su recreación de la Unión Soviética de la década de 1980 es magistral; pero viéndola me ha parecido que más bien recrea la imagen tópica que sobre la Unión Soviética se ha consolidado en el imaginario occidental, de un feísmo y una pobretería acongojantes, con la añadidura de presentar a todos los personajes (tantos masculinos como femeninos) con una facha realmente horrenda; no como ocurre en el mundo capitalista y triunfante, donde todos somos guapísimos y vivimos como rajás. Resulta, por otro lado, muy llamativo que en ninguna de las críticas (siempre ditirámbicas) de la serie se haga mención de sus manipulaciones históricas burdas; prueba inequívoca de que las series se están convirtiendo en una poderosísima vía de infiltración ideológica. El gran villano de la serie es el “sistema soviético”. Pero lo cierto es que, cuando se produjo la catástrofe de Chernóbil, el sistema soviético estaba siendo desmantelado por ese lacayuelo sistémico llamado Gorbachov, tan agasajado en Occidente en pago por sus servicios. En la serie, Gorbachov aparece como un baldragas a merced de una burocracia política, impersonal y nebulosa, que funciona como una gran fábrica de mentiras (¡como si las burocracias del “mundo libre” actuasen de modo distinto!); pero se cuidan mucho de atribuirle ninguna responsabilidad personal. También resulta chistosa la división neta que la serie establece entre apparatchiks y científicos, presentando a estos últimos como adalides insobornables de la verdad, para exagerar la vileza de los primeros. Pero lo cierto es que los científicos con cargos de responsabilidad fueron siempre el meollo del cogollo del bollo del “sistema soviético”.

Todas estas bazofias palidecen, sin embargo, al lado de la endeble construcción de personajes que exhibe la serie. Personajes esquemáticos, sin progresión dramática ni matices psicológicos, meras carcasas o testaferros sin alma que los guionistas bosquejan con fines puramente utilitarios, para después arrojarlos en la cuneta, tan pronto como dejan de necesitarlos para sus manejos maniqueos. Personajes despersonalizados que no generan empatía con el espectador, cuyo heroísmo se nos presenta como un producto del miedo o del lavado de cerebro oficiado por el “sistema soviético”, nunca como una expresión de la abnegación y el sacrificio que han hecho indestructible el “alma rusa” frente a cualquier enemigo externo. Paradójicamente, estos guionistas sistémicos, incapaces de empatizar con sus personajes, nos brindan en cambio un capitulito grimoso con el que pretenden que el espectador lloriquee porque, para que no propagaran la contaminación atómica… ¡los desalmados soviéticos mataron sin piedad a todos los perritos y gatitos de Chernóbil! Pura alfalfa sistémica, que exige su cuota animalista.

En fin, que “Chernobyl” es la mejor serie de la Historia (al menos hasta la semana que viene).

Por Juan Manuel de Prada para “ABC”

La trampa envenenada del tópico: conciencia nacional y de clase en Andalucía

Recientemente, la conocida empresa de gestión de recursos humanos (ETT) “Adecco” hacía público un informe sobre absentismo laboral en el que destacaba que durante 2018 un total de 735.000 trabajadores no habrían acudido ningún día del año a su puesto de trabajo, lo que suponía un incremento de 52.000 personas respecto a 2017. La tasa de absentismo habría crecido en un 5’3% en 2018, frente a un crecimiento del 5% en 2017. El informe añadía que la tasa de absentismo se habría situado en un “nivel histórico” desde 2009.

Más allá de fríos datos que ocultan las causas del absentismo y que de alguna manera pretende culpabilizar a los trabajadores/as y apretar las ya de por sí apretadas tuercas de la clase obrera, están las causas de ese absentismo: accidentes y enfermedades, la salud de muchísimas personas que se deteriora – la mayoría de las veces por causas laborales, esto es algo que el propio informe recoge – o la necesidad de conciliar vida laboral y familiar.

No olvidemos que, según dicho informe, el coste del absentismo laboral en 2018 alcanzó la cifra de más de 85.000 euros. Conviene no olvidarlo, como no lo olvidan quienes han elaborado el informe.

La cuestión es que esos datos concretados por territorios del Estado Español ha sido noticia: Andalucía se situaba como el segundo territorio del Estado, tras las islas Baleares, con la tasa más baja de absentismo laboral, frente a las tasas más altas situadas en la Comunidad Autónoma Vasca y en la Comunidad Foral de Navarra. Rápidamente, fueron muchas las personas, trabajadoras y trabajadores andaluces, que creyeron ver la refutación definitiva del tópico y del estereotipo nacionalista español respecto a los andaluces y andaluzas. Los números, que nunca mienten, nos daban la razón: no somos un país de vagos y holgazanes, de subvencionados y estómagos agradecidos que se gastan el dinero en los bares de tapas y cervecitas, un país de personajes atrapados en un bucle de romerías y ferias que no termina nunca, no, somos un pueblo laborioso y trabajador, y a continuación, venían los típicos argumentos que, como autodefensa frente al insulto y al desprecio del nacionalismo español, la clase obrera andaluza ha ido elaborando históricamente sobre la dureza de trabajar en el campo o de cómo los trabajadores andaluces hemos contribuido al poderío industrial de otras zonas del Estado Español como Catalunya o Euskal Herria; o de Europa, como Francia, Alemania, Bélgica, Suiza, etc.

Evidentemente, el tópico se rompía, pero es más, en otros informes anteriores a éste sobre absentismo laboral, el tópico había quedado ya desmentido. La cuestión es lo que no plantea ese informe y todas las noticias que han aparecido sobre esos datos y es por qué, es decir, ¿por qué en Andalucía hay una menor tasa de absentismo laboral? Nadie habla del tema. Los medios de comunicación destacaban lo anecdótico del tema, cuando – insistimos – no es el primer informe que afirma la baja tasa de absentismo laboral en Andalucía, mientras, la clase obrera andaluza que se ha hecho eco de la noticia veía por fin desmentido el tópico y limpiada su imagen.

El propio informe de “Adecco” reconocía que el absentismo laboral estaba motivado fundamentalmente por las bajas por enfermedad, ya tenemos una pista: los trabajadores andaluces se dan menos de baja y concilian menos, añadimos. Si tomamos esta vía habrá que preguntarse por qué nos damos de baja y conciliamos menos, lanzamos una hipótesis: porque no nos lo podemos permitir. Sigamos, ¿y por qué no nos lo podemos permitir? Apuntamos tres motivos: a) la extensión de unas relaciones laborales precarias; b) un “modelo productivo” que las propicia y las facilita; c) la debilidad del movimiento sindical, o más, la falta de referentes sindicales combativos, salvo excepciones. Podríamos apuntar un cuarto motivo: la normalización de una “cultura empresarial” en Andalucía caracterizada por el autoritarismo, pero esta cuestión es mucho más escurridiza y difícil de analizar.

Siguiendo con estos planteamientos es lógico que si tenemos en cuenta los tres motivos expuestos, la tasa de absentismo sea la que es en Andalucía. El miedo a ser despedido en un marco de relaciones laborales precarias, de paro y marginación, en definitiva, en un marco en el que tener un empleo – aunque sea precario y aunque no garantice no caer en la exclusión – es vital, para al menos sentir o percibir la integración social. Para “Adecco”, evidentemente, el análisis de los diferentes marcos sociales y económicos y su relación con las tasas de absentismo no es algo a tener en cuenta, pero si cogemos el mapa salta a la vista: a mayor exclusión y marginación social, menor tasa de absentismo, y viceversa, salvo excepciones que evidentemente confirman la regla. Tampoco para “Adecco” es importante estudiar cómo la presión de un ambiente precario influye en las trabajadoras y trabajadores para ir a trabajar estando enfermos o no conciliar.

Que Andalucía es “campeona” – como se llegó a calificar en un informe de CCOO Andalucía o el propio banco “BBVA” el año pasado – en precariedad laboral no solo en el Estado Español, sino en Europa, es un hecho probado. Informes sobre la precariedad laboral en Andalucía y cómo ésta es un rasgo del “mercado laboral”, abundan. Al respecto, queremos llamar la atención sobre una cuestión: la costumbre de reducir en dichos informes la precariedad únicamente a la temporalidad o a los contratos a tiempo parcial: también hay fijos a tiempo completo en precario, es decir, en situaciones de una indefensión y vulnerabilidad absoluta en su relación con el empresario, con sueldos precarios, con precarias condiciones de seguridad laboral, etc.

La relación entre la precariedad laboral y los “modelos productivos” desarrollados en los diferentes territorios del Estado Español está igualmente bien estudiada. Sectores como la agricultura, la hostelería, el comercio o la construcción destacan por emplear en precario, especialmente a mujeres y jóvenes. Ni que decir tiene que esos sectores destacan en la economía andaluza y emplean al grueso de la clase obrera andaluza.

Por último, la falta de un gran referente sindical combativo en Andalucía completa el cuadro. Salvo excepciones como las del SAT, CGT, CNT o la de otros sindicatos combativos, la hegemonía del sindicalismo de gestión y concertación de CCOO y UGT es aplastante; por otro lado, el “modelo productivo” implementado en Andalucía ofrece un marco en el que incluso el sindicalismo de CCOO y UGT tampoco consigue organizar a importantes sectores de trabajadores y trabajadoras que están prácticamente abandonados y desconectados de cualquier referente sindical. Ni que decir tiene que un sindicalismo de clase y combativo supone un respaldo importante a la hora de ejercer derechos efectivamente y evitar abusos, y como en el caso que nos ocupa, poder disfrutar de una baja por enfermedad o conciliar con garantías de no sufrir represalias.

Todos estos elementos confluyen en una verdad incómoda para el españolismo de izquierdas en sus diferentes expresiones, como es la relación entre conciencia de clase y conciencia nacional andaluza. Decía Carlos Arenas Posadas en “Poder, economía y sociedad en el Sur. Historia e instituciones del capitalismo andaluz” que las popularizadas consideraciones de Ortega y Gasset (“Teoría de Andalucía”) sobre la “pereza andaluza” se dio en un momento especialmente conflictivo, en un momento de especial auge de organización y lucha del movimiento obrero andaluz; con ironía, pero con certeza, Arenas Posadas destacaría que la holgazanería en Andalucía era – y es, añadimos por nuestra parte – cosa de la burguesía. Nada es casual, el nacionalismo español ha construido un relato sobre Andalucía y los andaluces que hemos interiorizado; hemos interiorizado tanto el cómo nos ven que no somos capaces de vernos como realmente somos, tanto en el pasado como en el presente. Es esa interiorización del tópico, utilizando este informe de “Adecco” sobre tasas de absentismo laboral para negarlo, lo que nos impide ir más allá y analizar las causas, los porqués, quedándonos en lo anecdótico.

Es frecuente en sectores de la izquierda soberanista andaluza teorizar sobre estas cuestiones pero no tanto sacar conclusiones políticas al respecto: que la alienación cultural tiene una función política, de dominación y sometimiento. No podemos contemplar lo nacional, en este caso la opresión nacional, como exclusivamente una construcción cultural, sino como algo más global, dentro del inevitable marco de la lucha de clases. No se trata de calles que discurren paralelas y que en un momento dado se cruzan, se trata de concebir la lucha de clases como el propio trazado urbano por el que discurren las calles.

La verdad incómoda para las diferentes expresiones de la izquierda españolista es evidente: existe un marco nacional andaluz de lucha de clases, no atenderlo significa renunciar a jugar un papel político determinante en la organización y en la lucha de la clase obrera andaluza. Plantear medidas aisladas e inconexas, como “cambiar el modelo productivo” pero sin aspirar a un modelo político propio y soberano para implementarlo, como ya escuchamos en la campaña electoral andaluza en diciembre de 2018, es un brindis al sol; igualmente, negar el hecho nacional andaluz en aras de un “internacionalismo proletario” abstracto, que niega las realidades concretas y no las analiza, es simplemente un suicidio político, un aborto de transformación social no ya revolucionaria, sino también progresista.

Por último, existe otra verdad incómoda, y es el nacionalismo y el chovinismo de la izquierda españolista que acepta tópicos y estereotipos sobre Andalucía, que solo ve la paja en el ojo ajeno – especialmente cuando ese alguien es catalán – pero no la viga en el propio.

Por Antonio Torres

EEUU vs República Popular China: “guerra comercial”, disputa geopolítica

En el marco de la confrontación global entre unipolaridad y multilateralismo, el imperialismo intensifica su política agresiva sobre la República Popular China y sus aliados. El problema es que enfrente tiene a un coloso, amigo del desarrollo de los pueblos y locomotora de un nuevo orden mundial.

Un cargamento con 68 toneladas de medicamentos enviado por la República Popular China llegó el pasado 28 de mayo a Venezuela, como parte de los acuerdos de cooperación entre ambos países. Caracas ha recibido hasta ahora 269 toneladas de medicamentos e insumos sanitarios por parte del Gigante Asiático. Uno de los principales objetivos del imperialismo es hacer efectiva la tan mentada “crisis humanitaria” en la República Bolivariana de Venezuela.

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En los últimos 8 años, el intercambio comercial entre China y América Latina aumentó 22 veces, excediendo los 280.000 millones de dólares en 2017. Datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) posicionan al país asiático como el segundo socio comercial más importante para la región, y el primero para América del Sur, suplantando a EEUU.

En 2013 el presidente Xi Jinping anunció el proyecto conocido como Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR), que contempla el fortalecimiento de infraestructuras, comercio e inversiones entre China Popular y aproximadamente 65 países (en particular de América Latina, Asia y África) involucrando al 62% de la población mundial y el 75% de las reservas energéticas conocidas. El desarrollo económico, militar y tecnológico de la República Popular China constituye la principal amenaza a la debilitada hegemonía de EEUU.

Tras varios meses de negociación, Trump informó a través de un tuit que a partir del 10 de mayo de 2019 elevaría los aranceles del 10 al 25% sobre importaciones chinas valoradas en 200.000 millones de dólares. China respondió con impuestos más altos a una serie de productos estadounidenses (fundamentalmente agropecuarios) valorados en 60.000 millones de dólares a partir del 1 de junio.

“Huawei” y cuestión de fondo

Con las últimas medidas de los EEUU, “Huawei Technologies” pasó de la lista negra al veto de los servicios y aplicaciones que provee “Google”, bajo petición y acuerdo con Washington. Desde el punto de vista de la Casa Blanca, la acción está fundamentada en la “seguridad nacional”. Sin embargo, resulta obvio que la trama se debe a la ventaja tecnológica que tiene China sobre su principal competidor.

El auge de China como potencia económica pone en riesgo los postulados de “America First” de Trump. Desde principios de 2017, han entrado en una fase de competencia estratégica que llegó para quedarse y no es casual que “Huawei” sea hoy su principal amenaza. Según analistas, el motivo parece resumirse en tan solo una letra y un número: 5G.

La quinta generación de telefonía móvil – tecnología impulsada por “Huawei” – se ha convertido en la nueva “arma de destrucción masiva” en la guerra declarada por Trump a China, según el diario español “El País”. Los EEUU parecen no tolerar que sea el gigante tecnológico asiático el que lidere la nueva propuesta, que ampliará el espectro de interconexión y facturará, según estimaciones, unos 11.000 millones de dólares en 2022. El presidente estadounidense ya lo dejó claro el pasado mes de abril: “El 5G es una carrera que ganaremos”. Aseguró también que su país no podía dejar que otras potencias pudieran competir en este mercado.

Pero nada frena a “Huawei”. Recientemente, el jefe de la Divisón de Consumo de la empresa asiática dijo que el sistema operativo propio de la compañía estará listo en otoño para usarse en China y el próximo año en el resto del mundo. Informes citados por “RT” señalan que el “Hongmeng”, sistema operativo que “Huawei” está desarrollando – nombrado así en honor a un personaje de la mitología china – actualmente se encuentra en fase de pruebas y se espera que sustituya al sistema de “Google” de forma gradual.

“Huawei” se sigue enfrentando a un bloqueo que demuestra cómo gran parte de la tecnología que el mundo usa día a día está relacionada de alguna manera con EEUU. La “SD Association”, consorcio internacional de la industria de fabricantes de tarjetas de memoria SD y MicroSD, retiró a “Huawei” de la lista de compañías que pueden utilizar este estándar de unidades de memoria, lo cual podría quitarle a la compañía china el derecho a emplearlas en sus dispositivos. Previsoramente, en octubre de 2018, “Huawei” había presentado la nueva NM card (“Nano Memory Card”), con la cual buscaban sustituir a las MicroSD. Estas tarjetas son más pequeñas y con velocidades de transferencia de hasta 90 MB/s, demostrando que está preparada para cualquier escenario. A esto se suma el bloqueo a la “Wi-Fi Alliance”, encargada de establecer los estándares para el uso de la tecnología inalámbrica y cuyos miembros incluyen a “Apple”, “Qualcomm”, “Broadcom” e “Intel”.

“La China de hoy no solo es la China de China. Es la China de Asia y la China del mundo. En el futuro, China adoptará una posición aún más abierta para abrazar al mundo, afirmó días atrás el camarada Xi Jinping. Con paciencia oriental y la sonrisa de la Gioconda, diría Fidel, el gigante socialista avanza.

FUENTE: Partido Comunista (Congreso Extraordinario)ç

Manifiesto: no hay futuro posible en el marco de la Unión Europea

El mito de la Unión Europea (UE) como símbolo del capitalismo bueno, de rostro humano y del Estado del Bienestar ha sido uno de los instrumentos fundamentales para la domesticación del movimiento obrero en el Estado Español.

Hoy, ante unas nuevas elecciones europeas, ninguna de las fuerzas políticas con representación parlamentaria habla de lo que ha supuesto y supone la pertenencia a tan selecto club, a pesar de que en los anteriores comicios tanto IU como Podemos denunciaban el pago de la deuda y el sometimiento a las estructuras de la UE.

Tres años antes, en 2011, un gobierno del PSOE impulsó la reforma del artículo 135 de la Constitución de 1978 que sometía al Banco Central Europeo (BCE) y a la Comisión Europea (CE) los presupuestos de todas las administraciones públicas por “recomendación” de la propia CE. Esta reforma express conllevó brutales recortes del gasto público, de las pensiones y las enésimas contrarreformas laborales. Ahora todo eso se ha olvidado.

En la Transición, los representantes políticos y sindicales de la “izquierda” sellaron la subordinación del movimiento obrero a la burguesía. Ésta empleó unas veces el soborno, otras la represión y siempre la desmemoria. Poco después se vendió la pertenencia del Estado Español a la Comunidad Económica Europea (CEE) como la entrada en el paraíso de los derechos sociales y laborales, ocultando que había sido una creación del imperialismo yanqui y de las grandes patronales europeas para destruir al movimiento obrero y al socialismo.

Ese idílico mensaje propagado unánimemente por las instituciones, los medios de comunicación y los dirigentes de los grandes sindicatos caló hasta tal punto en la opinión pública que pudo esgrimirse el argumento de que, para entrar en ese “edén”, bien valía pagar el peaje de la entrada en la OTAN. Ambos hechos se produjeron, una vez más, bajo un gobierno del PSOE con mayoría absoluta.

A pesar de que el capitalismo internacional, bajo las llamadas políticas neoliberales, estaba procediendo desde la década de 1970 a liquidar derechos sociales, laborales y servicios públicos, aquí se continuaba con la cantinela de la entrada en el “paraíso del bienestar”. Con el pretexto de la modernización se acometió una gigantesca destrucción de la industria, la agricultura y la ganadería: era la “reconversión”.

Algunos datos dan idea de las dimensiones del desastre. En 1975 el Estado Español era la novena potencia industrial del mundo, y la industria representaba el 36% del PIB; ahora no llega al 15%. La deuda era el 7’3% del PIB; ahora es casi del 100%.

Se perdieron 2’7 millones de puestos de trabajo de alta calidad y la “reconversión” costó a las arcas públicas más de 2 billones de pesetas (más de 12.000 millones de euros), además de los daños a la producción agropecuaria.

Esta enorme destrucción productiva respondía a una evidente planificación del gran capital europeo y estaba destinada a eliminar la competencia que pudiera entorpecer a los mercados de las principales potencias. Frente a ello, la resistencia obrera – a veces durísima y heroica – permaneció aislada. No hubo ninguna respuesta de carácter general hasta la huelga general de 1988, que no cuestionaba sino aspectos aislados del proceso. Los grandes sindicatos habían aceptado, desde los Pactos de La Moncloa, el discurso del enemigo de clase: la “modernización” y la “competitividad”.

Una tras otra, las directivas europeas iban impulsando las privatizaciones de los grandes monopolios públicos, banca incluida, aplicadas con entusiasmo por los sucesivos gobiernos de PSOE, PP, PNV y CiU. Esas mismas organizaciones colocaron a sus dirigentes en los consejos de administración de los nuevos cárteles privados e instauraron la corrupción masiva, mientras se ufanaban de que “España era el país donde más rápidamente se podían hacer grandes fortunas” y de que “la mejor política industrial es la que no existe” (Solchaga dixit). Para los representantes sindicales de la aristocracia obrera y de la autodenominada “izquierda” quedaban los lucrativos puestos en las cajas de ahorro, extendiéndose así a ellos las migajas de la corrupción – como se ha comprobado recientemente.

Todo resquicio de soberanía o de política alternativa al capitalismo desapareció con el Tratado de Maastricht (1992). Años después, el proyecto de Constitución Europea – que quedó en vía muerta tras su rechazo en referéndum por los Países Bajos y, sobre todo, por Francia – fue aprobado en España por un 76% de los votos, con una abstención cercana al 60%. Los dirigentes de las grandes centrales sindicales, a diferencia de – por ejemplo – la CGT francesa, pidieron el voto a favor “porque refuerza la capacidad sindical y beneficia a los trabajadores europeos”.

La supeditación absoluta a los designios del gran capital europeo a través del BCE y de la CE dio un paso decisivo con la implantación del euro y de la unión monetaria (1999). La instauración de una política monetaria común entre países con niveles de desarrollo muy diferentes y ejercida con mano de hierro por el BCE – controlado por Alemania – ha tenido como consecuencia drásticos ajustes en los servicios públicos y en los derechos laborales. La clase obrera ha pagado con una enorme caída en sus condiciones de vida y de trabajo el ajuste entre economías dispares, a beneficio del capital financiero – sobre todo, alemán.

Aprovechando la crisis general desatada en 2008 y el enorme endeudamiento público – resultado como bien sabemos de la transferencia masiva de fondos públicos a la gran banca y a las multinacionales – se establecieron férreos mecanismos de fiscalización. La aceleración de las privatizaciones de los servicios sociales, junto al desmantelamiento de lo público mediante recortes del gasto, las contrarreformas laborales y de las pensiones se garantizan mediante la reforma del artículo 135 de la Constitución (agosto de 2011), la posterior convalidación parlamentaria del Tratado de Estabilidad de la Zona Euro (2012) y la Ley 2/2012. El Estado, la Seguridad Social, cada ayuntamiento y cada comunidad autónoma son periódicamente intervenidos por la Troika, que asegura mediante todo tipo de coerciones y amenazas el cumplimiento de los objetivos de déficit y el pago de la deuda.

¿Hace falta añadir más argumentos para llegar a la conclusión de que los programas políticos para las elecciones de quienes obtendrán representación – y que siempre son un monumental engaño – lo son además ahora porque ninguno de los partidos que obtendrán representación cuestiona la ausencia total de autonomía política en el marco de la UE y de la Zona Euro?

La UE y el engranaje institucional de la unión monetaria son, exclusivamente, instrumentos al servicio del gran capital financiero y de los monopolios. Sirven al objetivo prioritario del capitalismo en crisis: asegurar que los costes de la misma recaen sobre la clase obrera y los sectores populares.

Quienes desde supuestas posiciones “de izquierda” reclaman la “vuelta al Estado del Bienestar” cumplen el papel de servidores de las clases dominantes. Lo hacen tanto porque respaldan sus mentiras como porque, cumpliendo su papel natural, se afanan en dificultar que el movimiento obrero y popular identifique con claridad a sus enemigos y actúe en consecuencia.

A mantener el engaño de la UE como marco democrático en el que cabría ejercer la soberanía de los pueblos contribuyen también las organizaciones independentistas que plantean ejercer el legítimo derecho de autodeterminación en su marco. Hemos vivido el ejemplo de Cataluña. Hemos visto cómo los gobiernos y las instituciones europeas miraban para otro lado ante la brutal exhibición de represión contra un pueblo indefenso realizada por unos aparatos del Estado atravesados por la herencia de la dictadura franquista. Se ha manifestado también con toda claridad la ingenuidad, o la trampa para los pueblos, que entrañan propuestas de independencia en el marco de la UE. Una vez más se ha impuesto la evidencia; es neecesario articular la lucha conjunta de la clase obrera y de los pueblos del Estado Español para liquidar el régimen heredero del franquismo y por la República.

En el escenario de la crisis, cuyo próximo estallido se anuncia ya, con una UE debilitada por el “Brexit”, con sus principales potencias con graves problemas económicos y cuando las contradicciones entre el imperialismo norteamericano y el de las grandes potencias europeas se agudizan, es preciso que la respuesta de los pueblos de Europa a las nuevas agresiones, que sin duda vendrán, se articule sobre la base de arrojar a la UE al basurero de la Historia. La unificación de las luchas obreras y populares concretas debe enmarcarse en la exigencia de no pagar la deuda, salir de la OTAN, la UE y el euro. Todo ello junto a la expropiación de la banca, de las grandes empresas estratégicas y la socialización de los recursos naturales, unidas a la planificación democrática de la economía.

Propuestas de ruptura como las que apuntamos, que señalan claramente a los responsables de tanto sufrimiento y muestran el camino a seguir, son las únicas que, con la coordinación necesaria, pueden permitir a los pueblos de Europa avanzar en la construcción de la fuerza necesaria para conquistar la soberanía y la democracia, para acabar con el capitalismo y construir el socialismo.

FIRMAN:

COMUNISTAS

Liberado tras 3 años el preso político polaco Mateusz Piskorski

El periodista y dirigente político Mateusz Piskorski ha sido liberado en Polonia, después de 3 años de prisión preventiva.

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El periodista y represaliado polaco Mateusz Piskorski.

La Justicia polaca persiste en acusar a este ex-diputado y presidente del partido “Zmiana” (Cambio) de espionaje a favor de Rusia y China. La fianza prevista inicialmente, ascendente a unos 500.000 dólares, fue reducida a 200.000 zloty – unos 50.000 euros, suma reunida entre sus familiares y amistades.

Mateusz Piskorski no podrá salir de Polonia y tendrá que presentarse 3 veces por semana en una comisaría próxima a su lugar de residencia.

Las únicas “pruebas” presentadas por la justicia polaca contra Mateusz Piskorski fueron:

  • su participación, en el extranjero, en varias reuniones públicas en las que también participaron personalidades rusas.
  • la redacción de un trabajo de experto sobre las consecuencias de las elecciones legislativas polacas en las relaciones entre China y Polonia.

Considerando que tales “pruebas” no demuestran que se haya cometido un delito de espionaje, sino que están vinculadas a la libertad de expresión, el Grupo de Trabajo de la ONU sobre las Detenciones Arbitrarias señaló el 20 de abril de 2018 que Polonia violó 8 artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y otros 8 artículos del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, así que solicitó al Gobierno polaco la liberación inmediata de Mateusz Piskorski (Referencia ONU: A/HRC/WGAD/2018/18).

Mateusz Piskorski es un político y periodista polaco, ex-director de un canal de televisión y hombre profundamente comprometido en la lucha por la independencia de su país. Justo antes de ser arrestado, en la víspera de una reunión del Consejo del Atlántico Norte en Varsovia, había publicado en Polonia un artículo sobre la campaña de propaganda de la OTAN tendiente a ocultar el papel de la Unión Soviética en la victoria contra el nazismo. Aquel artículo fue publicado en sitios web como “Red Voltaire”.

Mateusz Piskorski estuvo entre los participantes de la conferencia “Axis for Peace”, organizada en Bruselas por el periodista franco-sirio Thierry Meyssan en 2005. Ambos periodistas recorrieron el mundo juntos, denunciando la campaña de la OTAN que busca presentar a Rusia como enemiga de Occidente.

Durante los 2 años anteriores a su detención arbitraria, Mateusz Piskorski fue objeto de una intensa campaña de la prensa anglosajona, que lo presentaba como “el agente de los dictadores”. Las alegaciones proferidas contra él en aquella campaña fueron retomadas después por varios ministros polacos en el poder, quienes se refirieron abiertamente a la lucha de Piskorski contra la OTAN como una “violación de la seguridad del Estado”.

Mateusz Piskorski fue considerado como un preso político de la OTAN. Al salir de la cárcel, Piskorski recitó el poema del pastor alemán Martin Niemöller:

“Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio, porque yo no era comunista.

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata.

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no dije nada, porque yo no era sindicalista.

Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté, porque yo no era judío.

Cuando vinieron a buscarme,
ya no quedaba nadie que pudiera protestar.”

 

FUENTE: Red “Voltaire”