Chernobyl

No cabe duda de que las series se han convertido en el libro de los que no leen, que son legión y se han subido al machito. Ahora, en cualquier reunión social o cena de postín, se te sienta al lado un pelma que quiere dárselas de cultureta y se tira toda la velada dándote la tabarra con la serie que se ha embaulado bulímicamente durante el último fin de semana, que no duda en calificar como “la mejor de la Historia” (al menos hasta la semana que viene). Pues el consumidor bulímico de series es siempre un optimista tremendo; y a su condición gregaria suma un bajísimo nivel de exigencia. Por supuesto, si no has visto “la mejor serie de la Historia” de la última semana no molas nada de nada.

La nueva “mejor serie de la Historia” se titula “Chernobyl”: y se presenta con unas pretensiones naturalistas lindantes con lo que antaño se llamaba “docudrama”. Afirman los gurús que su recreación de la Unión Soviética de la década de 1980 es magistral; pero viéndola me ha parecido que más bien recrea la imagen tópica que sobre la Unión Soviética se ha consolidado en el imaginario occidental, de un feísmo y una pobretería acongojantes, con la añadidura de presentar a todos los personajes (tantos masculinos como femeninos) con una facha realmente horrenda; no como ocurre en el mundo capitalista y triunfante, donde todos somos guapísimos y vivimos como rajás. Resulta, por otro lado, muy llamativo que en ninguna de las críticas (siempre ditirámbicas) de la serie se haga mención de sus manipulaciones históricas burdas; prueba inequívoca de que las series se están convirtiendo en una poderosísima vía de infiltración ideológica. El gran villano de la serie es el “sistema soviético”. Pero lo cierto es que, cuando se produjo la catástrofe de Chernóbil, el sistema soviético estaba siendo desmantelado por ese lacayuelo sistémico llamado Gorbachov, tan agasajado en Occidente en pago por sus servicios. En la serie, Gorbachov aparece como un baldragas a merced de una burocracia política, impersonal y nebulosa, que funciona como una gran fábrica de mentiras (¡como si las burocracias del “mundo libre” actuasen de modo distinto!); pero se cuidan mucho de atribuirle ninguna responsabilidad personal. También resulta chistosa la división neta que la serie establece entre apparatchiks y científicos, presentando a estos últimos como adalides insobornables de la verdad, para exagerar la vileza de los primeros. Pero lo cierto es que los científicos con cargos de responsabilidad fueron siempre el meollo del cogollo del bollo del “sistema soviético”.

Todas estas bazofias palidecen, sin embargo, al lado de la endeble construcción de personajes que exhibe la serie. Personajes esquemáticos, sin progresión dramática ni matices psicológicos, meras carcasas o testaferros sin alma que los guionistas bosquejan con fines puramente utilitarios, para después arrojarlos en la cuneta, tan pronto como dejan de necesitarlos para sus manejos maniqueos. Personajes despersonalizados que no generan empatía con el espectador, cuyo heroísmo se nos presenta como un producto del miedo o del lavado de cerebro oficiado por el “sistema soviético”, nunca como una expresión de la abnegación y el sacrificio que han hecho indestructible el “alma rusa” frente a cualquier enemigo externo. Paradójicamente, estos guionistas sistémicos, incapaces de empatizar con sus personajes, nos brindan en cambio un capitulito grimoso con el que pretenden que el espectador lloriquee porque, para que no propagaran la contaminación atómica… ¡los desalmados soviéticos mataron sin piedad a todos los perritos y gatitos de Chernóbil! Pura alfalfa sistémica, que exige su cuota animalista.

En fin, que “Chernobyl” es la mejor serie de la Historia (al menos hasta la semana que viene).

Por Juan Manuel de Prada para “ABC”

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La trampa envenenada del tópico: conciencia nacional y de clase en Andalucía

Recientemente, la conocida empresa de gestión de recursos humanos (ETT) “Adecco” hacía público un informe sobre absentismo laboral en el que destacaba que durante 2018 un total de 735.000 trabajadores no habrían acudido ningún día del año a su puesto de trabajo, lo que suponía un incremento de 52.000 personas respecto a 2017. La tasa de absentismo habría crecido en un 5’3% en 2018, frente a un crecimiento del 5% en 2017. El informe añadía que la tasa de absentismo se habría situado en un “nivel histórico” desde 2009.

Más allá de fríos datos que ocultan las causas del absentismo y que de alguna manera pretende culpabilizar a los trabajadores/as y apretar las ya de por sí apretadas tuercas de la clase obrera, están las causas de ese absentismo: accidentes y enfermedades, la salud de muchísimas personas que se deteriora – la mayoría de las veces por causas laborales, esto es algo que el propio informe recoge – o la necesidad de conciliar vida laboral y familiar.

No olvidemos que, según dicho informe, el coste del absentismo laboral en 2018 alcanzó la cifra de más de 85.000 euros. Conviene no olvidarlo, como no lo olvidan quienes han elaborado el informe.

La cuestión es que esos datos concretados por territorios del Estado Español ha sido noticia: Andalucía se situaba como el segundo territorio del Estado, tras las islas Baleares, con la tasa más baja de absentismo laboral, frente a las tasas más altas situadas en la Comunidad Autónoma Vasca y en la Comunidad Foral de Navarra. Rápidamente, fueron muchas las personas, trabajadoras y trabajadores andaluces, que creyeron ver la refutación definitiva del tópico y del estereotipo nacionalista español respecto a los andaluces y andaluzas. Los números, que nunca mienten, nos daban la razón: no somos un país de vagos y holgazanes, de subvencionados y estómagos agradecidos que se gastan el dinero en los bares de tapas y cervecitas, un país de personajes atrapados en un bucle de romerías y ferias que no termina nunca, no, somos un pueblo laborioso y trabajador, y a continuación, venían los típicos argumentos que, como autodefensa frente al insulto y al desprecio del nacionalismo español, la clase obrera andaluza ha ido elaborando históricamente sobre la dureza de trabajar en el campo o de cómo los trabajadores andaluces hemos contribuido al poderío industrial de otras zonas del Estado Español como Catalunya o Euskal Herria; o de Europa, como Francia, Alemania, Bélgica, Suiza, etc.

Evidentemente, el tópico se rompía, pero es más, en otros informes anteriores a éste sobre absentismo laboral, el tópico había quedado ya desmentido. La cuestión es lo que no plantea ese informe y todas las noticias que han aparecido sobre esos datos y es por qué, es decir, ¿por qué en Andalucía hay una menor tasa de absentismo laboral? Nadie habla del tema. Los medios de comunicación destacaban lo anecdótico del tema, cuando – insistimos – no es el primer informe que afirma la baja tasa de absentismo laboral en Andalucía, mientras, la clase obrera andaluza que se ha hecho eco de la noticia veía por fin desmentido el tópico y limpiada su imagen.

El propio informe de “Adecco” reconocía que el absentismo laboral estaba motivado fundamentalmente por las bajas por enfermedad, ya tenemos una pista: los trabajadores andaluces se dan menos de baja y concilian menos, añadimos. Si tomamos esta vía habrá que preguntarse por qué nos damos de baja y conciliamos menos, lanzamos una hipótesis: porque no nos lo podemos permitir. Sigamos, ¿y por qué no nos lo podemos permitir? Apuntamos tres motivos: a) la extensión de unas relaciones laborales precarias; b) un “modelo productivo” que las propicia y las facilita; c) la debilidad del movimiento sindical, o más, la falta de referentes sindicales combativos, salvo excepciones. Podríamos apuntar un cuarto motivo: la normalización de una “cultura empresarial” en Andalucía caracterizada por el autoritarismo, pero esta cuestión es mucho más escurridiza y difícil de analizar.

Siguiendo con estos planteamientos es lógico que si tenemos en cuenta los tres motivos expuestos, la tasa de absentismo sea la que es en Andalucía. El miedo a ser despedido en un marco de relaciones laborales precarias, de paro y marginación, en definitiva, en un marco en el que tener un empleo – aunque sea precario y aunque no garantice no caer en la exclusión – es vital, para al menos sentir o percibir la integración social. Para “Adecco”, evidentemente, el análisis de los diferentes marcos sociales y económicos y su relación con las tasas de absentismo no es algo a tener en cuenta, pero si cogemos el mapa salta a la vista: a mayor exclusión y marginación social, menor tasa de absentismo, y viceversa, salvo excepciones que evidentemente confirman la regla. Tampoco para “Adecco” es importante estudiar cómo la presión de un ambiente precario influye en las trabajadoras y trabajadores para ir a trabajar estando enfermos o no conciliar.

Que Andalucía es “campeona” – como se llegó a calificar en un informe de CCOO Andalucía o el propio banco “BBVA” el año pasado – en precariedad laboral no solo en el Estado Español, sino en Europa, es un hecho probado. Informes sobre la precariedad laboral en Andalucía y cómo ésta es un rasgo del “mercado laboral”, abundan. Al respecto, queremos llamar la atención sobre una cuestión: la costumbre de reducir en dichos informes la precariedad únicamente a la temporalidad o a los contratos a tiempo parcial: también hay fijos a tiempo completo en precario, es decir, en situaciones de una indefensión y vulnerabilidad absoluta en su relación con el empresario, con sueldos precarios, con precarias condiciones de seguridad laboral, etc.

La relación entre la precariedad laboral y los “modelos productivos” desarrollados en los diferentes territorios del Estado Español está igualmente bien estudiada. Sectores como la agricultura, la hostelería, el comercio o la construcción destacan por emplear en precario, especialmente a mujeres y jóvenes. Ni que decir tiene que esos sectores destacan en la economía andaluza y emplean al grueso de la clase obrera andaluza.

Por último, la falta de un gran referente sindical combativo en Andalucía completa el cuadro. Salvo excepciones como las del SAT, CGT, CNT o la de otros sindicatos combativos, la hegemonía del sindicalismo de gestión y concertación de CCOO y UGT es aplastante; por otro lado, el “modelo productivo” implementado en Andalucía ofrece un marco en el que incluso el sindicalismo de CCOO y UGT tampoco consigue organizar a importantes sectores de trabajadores y trabajadoras que están prácticamente abandonados y desconectados de cualquier referente sindical. Ni que decir tiene que un sindicalismo de clase y combativo supone un respaldo importante a la hora de ejercer derechos efectivamente y evitar abusos, y como en el caso que nos ocupa, poder disfrutar de una baja por enfermedad o conciliar con garantías de no sufrir represalias.

Todos estos elementos confluyen en una verdad incómoda para el españolismo de izquierdas en sus diferentes expresiones, como es la relación entre conciencia de clase y conciencia nacional andaluza. Decía Carlos Arenas Posadas en “Poder, economía y sociedad en el Sur. Historia e instituciones del capitalismo andaluz” que las popularizadas consideraciones de Ortega y Gasset (“Teoría de Andalucía”) sobre la “pereza andaluza” se dio en un momento especialmente conflictivo, en un momento de especial auge de organización y lucha del movimiento obrero andaluz; con ironía, pero con certeza, Arenas Posadas destacaría que la holgazanería en Andalucía era – y es, añadimos por nuestra parte – cosa de la burguesía. Nada es casual, el nacionalismo español ha construido un relato sobre Andalucía y los andaluces que hemos interiorizado; hemos interiorizado tanto el cómo nos ven que no somos capaces de vernos como realmente somos, tanto en el pasado como en el presente. Es esa interiorización del tópico, utilizando este informe de “Adecco” sobre tasas de absentismo laboral para negarlo, lo que nos impide ir más allá y analizar las causas, los porqués, quedándonos en lo anecdótico.

Es frecuente en sectores de la izquierda soberanista andaluza teorizar sobre estas cuestiones pero no tanto sacar conclusiones políticas al respecto: que la alienación cultural tiene una función política, de dominación y sometimiento. No podemos contemplar lo nacional, en este caso la opresión nacional, como exclusivamente una construcción cultural, sino como algo más global, dentro del inevitable marco de la lucha de clases. No se trata de calles que discurren paralelas y que en un momento dado se cruzan, se trata de concebir la lucha de clases como el propio trazado urbano por el que discurren las calles.

La verdad incómoda para las diferentes expresiones de la izquierda españolista es evidente: existe un marco nacional andaluz de lucha de clases, no atenderlo significa renunciar a jugar un papel político determinante en la organización y en la lucha de la clase obrera andaluza. Plantear medidas aisladas e inconexas, como “cambiar el modelo productivo” pero sin aspirar a un modelo político propio y soberano para implementarlo, como ya escuchamos en la campaña electoral andaluza en diciembre de 2018, es un brindis al sol; igualmente, negar el hecho nacional andaluz en aras de un “internacionalismo proletario” abstracto, que niega las realidades concretas y no las analiza, es simplemente un suicidio político, un aborto de transformación social no ya revolucionaria, sino también progresista.

Por último, existe otra verdad incómoda, y es el nacionalismo y el chovinismo de la izquierda españolista que acepta tópicos y estereotipos sobre Andalucía, que solo ve la paja en el ojo ajeno – especialmente cuando ese alguien es catalán – pero no la viga en el propio.

Por Antonio Torres

EEUU vs República Popular China: “guerra comercial”, disputa geopolítica

En el marco de la confrontación global entre unipolaridad y multilateralismo, el imperialismo intensifica su política agresiva sobre la República Popular China y sus aliados. El problema es que enfrente tiene a un coloso, amigo del desarrollo de los pueblos y locomotora de un nuevo orden mundial.

Un cargamento con 68 toneladas de medicamentos enviado por la República Popular China llegó el pasado 28 de mayo a Venezuela, como parte de los acuerdos de cooperación entre ambos países. Caracas ha recibido hasta ahora 269 toneladas de medicamentos e insumos sanitarios por parte del Gigante Asiático. Uno de los principales objetivos del imperialismo es hacer efectiva la tan mentada “crisis humanitaria” en la República Bolivariana de Venezuela.

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En los últimos 8 años, el intercambio comercial entre China y América Latina aumentó 22 veces, excediendo los 280.000 millones de dólares en 2017. Datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) posicionan al país asiático como el segundo socio comercial más importante para la región, y el primero para América del Sur, suplantando a EEUU.

En 2013 el presidente Xi Jinping anunció el proyecto conocido como Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR), que contempla el fortalecimiento de infraestructuras, comercio e inversiones entre China Popular y aproximadamente 65 países (en particular de América Latina, Asia y África) involucrando al 62% de la población mundial y el 75% de las reservas energéticas conocidas. El desarrollo económico, militar y tecnológico de la República Popular China constituye la principal amenaza a la debilitada hegemonía de EEUU.

Tras varios meses de negociación, Trump informó a través de un tuit que a partir del 10 de mayo de 2019 elevaría los aranceles del 10 al 25% sobre importaciones chinas valoradas en 200.000 millones de dólares. China respondió con impuestos más altos a una serie de productos estadounidenses (fundamentalmente agropecuarios) valorados en 60.000 millones de dólares a partir del 1 de junio.

“Huawei” y cuestión de fondo

Con las últimas medidas de los EEUU, “Huawei Technologies” pasó de la lista negra al veto de los servicios y aplicaciones que provee “Google”, bajo petición y acuerdo con Washington. Desde el punto de vista de la Casa Blanca, la acción está fundamentada en la “seguridad nacional”. Sin embargo, resulta obvio que la trama se debe a la ventaja tecnológica que tiene China sobre su principal competidor.

El auge de China como potencia económica pone en riesgo los postulados de “America First” de Trump. Desde principios de 2017, han entrado en una fase de competencia estratégica que llegó para quedarse y no es casual que “Huawei” sea hoy su principal amenaza. Según analistas, el motivo parece resumirse en tan solo una letra y un número: 5G.

La quinta generación de telefonía móvil – tecnología impulsada por “Huawei” – se ha convertido en la nueva “arma de destrucción masiva” en la guerra declarada por Trump a China, según el diario español “El País”. Los EEUU parecen no tolerar que sea el gigante tecnológico asiático el que lidere la nueva propuesta, que ampliará el espectro de interconexión y facturará, según estimaciones, unos 11.000 millones de dólares en 2022. El presidente estadounidense ya lo dejó claro el pasado mes de abril: “El 5G es una carrera que ganaremos”. Aseguró también que su país no podía dejar que otras potencias pudieran competir en este mercado.

Pero nada frena a “Huawei”. Recientemente, el jefe de la Divisón de Consumo de la empresa asiática dijo que el sistema operativo propio de la compañía estará listo en otoño para usarse en China y el próximo año en el resto del mundo. Informes citados por “RT” señalan que el “Hongmeng”, sistema operativo que “Huawei” está desarrollando – nombrado así en honor a un personaje de la mitología china – actualmente se encuentra en fase de pruebas y se espera que sustituya al sistema de “Google” de forma gradual.

“Huawei” se sigue enfrentando a un bloqueo que demuestra cómo gran parte de la tecnología que el mundo usa día a día está relacionada de alguna manera con EEUU. La “SD Association”, consorcio internacional de la industria de fabricantes de tarjetas de memoria SD y MicroSD, retiró a “Huawei” de la lista de compañías que pueden utilizar este estándar de unidades de memoria, lo cual podría quitarle a la compañía china el derecho a emplearlas en sus dispositivos. Previsoramente, en octubre de 2018, “Huawei” había presentado la nueva NM card (“Nano Memory Card”), con la cual buscaban sustituir a las MicroSD. Estas tarjetas son más pequeñas y con velocidades de transferencia de hasta 90 MB/s, demostrando que está preparada para cualquier escenario. A esto se suma el bloqueo a la “Wi-Fi Alliance”, encargada de establecer los estándares para el uso de la tecnología inalámbrica y cuyos miembros incluyen a “Apple”, “Qualcomm”, “Broadcom” e “Intel”.

“La China de hoy no solo es la China de China. Es la China de Asia y la China del mundo. En el futuro, China adoptará una posición aún más abierta para abrazar al mundo, afirmó días atrás el camarada Xi Jinping. Con paciencia oriental y la sonrisa de la Gioconda, diría Fidel, el gigante socialista avanza.

FUENTE: Partido Comunista (Congreso Extraordinario)ç

Liberado tras 3 años el preso político polaco Mateusz Piskorski

El periodista y dirigente político Mateusz Piskorski ha sido liberado en Polonia, después de 3 años de prisión preventiva.

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El periodista y represaliado polaco Mateusz Piskorski.

La Justicia polaca persiste en acusar a este ex-diputado y presidente del partido “Zmiana” (Cambio) de espionaje a favor de Rusia y China. La fianza prevista inicialmente, ascendente a unos 500.000 dólares, fue reducida a 200.000 zloty – unos 50.000 euros, suma reunida entre sus familiares y amistades.

Mateusz Piskorski no podrá salir de Polonia y tendrá que presentarse 3 veces por semana en una comisaría próxima a su lugar de residencia.

Las únicas “pruebas” presentadas por la justicia polaca contra Mateusz Piskorski fueron:

  • su participación, en el extranjero, en varias reuniones públicas en las que también participaron personalidades rusas.
  • la redacción de un trabajo de experto sobre las consecuencias de las elecciones legislativas polacas en las relaciones entre China y Polonia.

Considerando que tales “pruebas” no demuestran que se haya cometido un delito de espionaje, sino que están vinculadas a la libertad de expresión, el Grupo de Trabajo de la ONU sobre las Detenciones Arbitrarias señaló el 20 de abril de 2018 que Polonia violó 8 artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y otros 8 artículos del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, así que solicitó al Gobierno polaco la liberación inmediata de Mateusz Piskorski (Referencia ONU: A/HRC/WGAD/2018/18).

Mateusz Piskorski es un político y periodista polaco, ex-director de un canal de televisión y hombre profundamente comprometido en la lucha por la independencia de su país. Justo antes de ser arrestado, en la víspera de una reunión del Consejo del Atlántico Norte en Varsovia, había publicado en Polonia un artículo sobre la campaña de propaganda de la OTAN tendiente a ocultar el papel de la Unión Soviética en la victoria contra el nazismo. Aquel artículo fue publicado en sitios web como “Red Voltaire”.

Mateusz Piskorski estuvo entre los participantes de la conferencia “Axis for Peace”, organizada en Bruselas por el periodista franco-sirio Thierry Meyssan en 2005. Ambos periodistas recorrieron el mundo juntos, denunciando la campaña de la OTAN que busca presentar a Rusia como enemiga de Occidente.

Durante los 2 años anteriores a su detención arbitraria, Mateusz Piskorski fue objeto de una intensa campaña de la prensa anglosajona, que lo presentaba como “el agente de los dictadores”. Las alegaciones proferidas contra él en aquella campaña fueron retomadas después por varios ministros polacos en el poder, quienes se refirieron abiertamente a la lucha de Piskorski contra la OTAN como una “violación de la seguridad del Estado”.

Mateusz Piskorski fue considerado como un preso político de la OTAN. Al salir de la cárcel, Piskorski recitó el poema del pastor alemán Martin Niemöller:

“Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio, porque yo no era comunista.

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata.

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no dije nada, porque yo no era sindicalista.

Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté, porque yo no era judío.

Cuando vinieron a buscarme,
ya no quedaba nadie que pudiera protestar.”

 

FUENTE: Red “Voltaire”

Lo nacional y lo internacional en la doctrina marxista-leninista (II)

Veamos ahora el caso de la reciente guerra, de la Segunda Guerra Mundial.

¿Es que podría ser calificada de patriótica la actitud de un proletario alemán que hubiese considerado necesaria la defensa de la patria alemana, después de que las hordas hitlerianas agredieron a los pueblos de varias naciones, y sobre todo, después que agredieron a la Unión Soviética? ¡Es claro que no! No sólo no se le podría considerar como un patriota, sino, por el contrario, como un traidor a su clase, a su pueblo y a su nación.

En cambio, los soviéticos, los checoslovacos, los polacos, los yugoslavos, etc., sí que obraron como verdaderos patriotas. Lo mismo puede decirse de los soldados que combatieron bajo la bandera de los EEUU, Inglaterra, Francia y otros países que formaron el Frente de las Naciones Unidas, aun cuando los círculos dirigentes de sus países perseguían fines distintos de los de la URSS.

Además, en la guerra que acaba de terminar existió una razón fundamental para que el proletariado y su Partido de vanguardia, el Partido Comunista, tomara en sus manos la defensa de su nación agredida por las hordas germano-fascistas y niponas. En una serie de países, los gobiernos burgueses “nacionales” capitularon ante el enemigo y luego colaboraron con él para someter a sus pueblos a la dominación extranjera, traicionando así los intereses de su patria.

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Cartel ensalzador de los valores patrióticos e internacionalistas entre la Unión Soviética y la República Popular China.

Hay quienes dicen que eso es cierto, pero afirman – sin embargo – que los comunistas inspiran su acción en ideas foráneas y no nacionales, y que, por eso, su patriotismo es “dudoso”. Eso también es inexacto.

Inspiramos nuestra acción en una teoría científica, que ha sido elaborada sobre la base del estudio de la experiencia mundial de las leyes que rigen el nacimiento, desarrollo y fin de los diversos sistemas sociales que ha conocido la Humanidad, y nos esforzamos por aplicar los principios científicos a las condiciones concretas de nuestro país.

Querer ignorar el marxismo-leninismo, que no es sólo una ciencia, sino que es una de las ciencias más vastas que ha conocido la Humanidad, es un absurdo.

¿Por qué? Porque, ¿es que puede haber alguien que piense, por ejemplo, que los descubrimientos científicos de un país determinado sirven sólo para ese país y no para otros?

Justamente la verdadera ciencia es la que se enriquece constantemente con las experiencias nacionales obtenidas en la aplicación de los métodos científicos universales. Esto ocurre tanto en las ciencias naturales como en las sociales.

Por otra parte, ¿es que alguien puede “reprocharle” a un hombre de ciencia argentino si, por ejemplo, para perfeccionarse en el estudio de una materia determinada, toma como base la teoría científica elaborada por hombres de ciencia de otros países?

El simple planteamiento del problema demuestra lo absurdo de la posición de los que nos “reprochan” el origen internacional de nuestra teoría científica.

¿Es que los que han estudiado la Historia de la Argentina pueden ignorar, por ejemplo, que los más grandes próceres de la independencia, en particular Moreno, Belgrano, Castelli, San Martín, Monteagudo y otros, inspiraron su acción en la filosofía de los enciclopedistas franceses y en los principios en que se inspiraron los patriotas norteamericanos al luchar por la independencia de EEUU, y en particular en las ideas progresistas de la Revolución Francesa? ¿O es que puede existir alguien que tenga la osadía de considerar que esos próceres nacionales eran “extranjerizantes”, cuya “pureza” patriótica debe ser puesta en tela de juicio debido a que inspiraron su acción en ideas procedentes de pensadores de otros países? Parece que sí, que existen tales gentes.

Ahora bien: ¿es que tales gentes pueden ser consideradas como patriotas argentinos? ¡Es claro que no! Aunque se proclamen monopolizadores del patriotismo y se cubran el pecho de escarapelas nacionales, tales gentes no pueden ni deben ser consideradas como patriotas.

¿Por qué? Porque si sus ideas llegaran a imponerse en el país, en lugar de servir para impulsar a la Argentina por la senda de la cultura, de la democracia y la libertad y hacer de nuestro país uno de los más avanzados de América Latina, lo retrotraerán a la situación de atraso colonial en que vivió anteriormente y le cerrarían toda posibilidad de regreso económico-social y cultural para el futuro.

La ciencia, la cultura, el arte, la economía y la política de un país determinado, o se nutren constantemente con las experiencias que les proporcionan los países más avanzados de su época, o se estancan y se degeneran. Esto es lo que enseña la Historia de la civilización humana.

Por otra parte, la teoría marxista-leninista es una teoría internacional, por cuanto guía la acción del proletariado y de su Partido de vanguardia de todos los países en la lucha por la obtención de las reivindicaciones inmediatas de la clase obrera y del pueblo y por su emancipación de la explotación capitalista y de toda forma de sojuzgamiento nacional.

¿Pero es que las “teorías” en que se apoyan los defensores de los intereses “sagrados” del capitalismo no son, acaso, de carácter internacional? Sí que lo son.

En efecto; nadie es más internacional que el capitalismo, puesto que si alguien ha roto las fronteras nacionales – rompiéndolas en la mayoría de las veces a cañonazos – para invadir a todos los países con sus mercancías, con sus capitales y sus agentes, es justamente el capitalismo.

¿Qué es el imperialismo, sino la doctrina y práctica del expansionismo mundial del capitalismo?

Resulta claro, pues, que el internacionalismo proletario que practican los comunistas, no sólo no debilita su sentimiento nacional, sino que lo refuerza. Esto es lo que determina que los comunistas sean los verdaderos patriotas de nuestra época.

Por eso, cuando alguien, desde arriba o desde abajo, se atreve a poner en duda el patriotismo de los comunistas, nuestros camaradas no sólo no deben tomar una actitud defensiva ante los que hacen tales manifestaciones, sino que deben pasar a la ofensiva y exigir que sean ellos los que demuestren su grado de patriotismo, pues los comunistas, aquí como en todas partes del mundo, son los que se han colocado y se colocan siempre a la cabeza de su clase obrera y de su pueblo en la lucha por el progreso de su país, por el bienestar social y por la defensa de la independencia de su patria.

Ser patriotas comunistas es hoy, pues, el timbre de honor más grande que puede tener un ciudadano.

Por Victorio Codovilla

Conferencia pronunciada en las Jornadas de Educación con motivo del 1º Centenario del Manifiesto del Partido Comunista (1948)

Lo nacional y lo internacional en la doctrina marxista-leninista (I)

Hay quienes dicen que es debido a que los comunistas practicamos el internacionalismo proletario no podemos ser buenos patriotas, puesto que, según ellos, lo primero se contradice con lo segundo; pero esta afirmación no es exacta.

¿Por qué?

Porque el marxismo-leninismo, al mismo tiempo que enseña a seguir las mejores huellas del internacionalismo, las del internacionalismo proletario, enseña a sus adeptos a inspirar su acción en las mejores tradiciones patrióticas de su país.

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Victorio Codovilla fue un destacado dirigente comunista argentino, Secretario General del Partido Comunista de la Argentina entre 1941 y 1963. Murió en Moscú en 1970.

El creador de nuestra doctrina, Carlos Marx, enseñó a los pueblos de los países capitalistas colonizadores que “un pueblo que oprime a otro pueblo jamás puede ser libre”, y enseñó a los pueblos de los países coloniales y dependientes que la rebelión contra la opresión nacional es sagrada; y que, por consiguiente, los comunistas de unos y otros países debían luchar en frentes distintos, pero coincidentes; unos para impedir la colonización, y otros, para expulsar a los colonizadores.

Por otra parte, y contrariamente a lo que algunos piensan, el marxismo se diferenció siempre del anarquismo por el hecho de que mientras éste propaga el “nihilismo nacional”, el marxismo valora justamente las aspiraciones nacionales de los pueblos, y por eso es el campeón de la lucha por la independencia económica y por la soberanía nacional.

Marx y Engels plantearon el problema de que hay que defender la propia nación contra los agresores, y que hay que luchar para arrojar del suelo patrio a los dominadores extranjeros a fin de unificarla geográfica, étnica y políticamente.

Muchas veces se ha puesto de relieve el grandioso significado de la Comuna de París, como ejemplo de cómo el proletariado puede conquistar el poder, y cómo desde él puede construir un nuevo Estado obrero y democrático.

Sin embargo, el aspecto nacional, patriótico, de la lucha de los comuneros no siempre se ha puesto suficientemente de relieve. No siempre se ha señalado que los comuneros de París fueron los que dieron uno de los ejemplos más grandes de patriotismo en el siglo XIX. No siempre se ha explicado que los obreros de París tomaron el poder y establecieron la Comuna después de que el gobierno aventurero de Napoleón III (“Napoleón el Pequeño”) fue derrotado en la guerra por los alemanes, y después que, escapándose a Versalles – la ciudadela de la reacción francesa – su gobierno dejó abiertas las puertas de París al invasor germano. Ahora bien; la lucha de los partidarios franceses de la Internacional fundada por Marx y Engels, o sea, de los comuneros de París, se realizó en dos frentes: contra los ejércitos invasores de Bismarck y contra los capituladores y traidores nacionales: los versalleses; es decir, que los patriotas comunistas de aquella época tuvieron que luchar, al mismo tiempo que contra los invasores prusianos, contra las capas dirigentes vendepatrias de la burguesía nacional, del mismo modo que en la reciente guerra los comunistas franceses tuvieron que luchar al mismo tiempo que contra las hordas invasoras hitlerianas, contra las capas dirigentes vendepatrias de la burguesía nacional, que abrieron las puertas de Francia al enemigo y buscaron el apoyo de sus bayonetas para impedir que el pueblo francés triunfara contra sus enemigos internos y externos.

Hecho significativo: para batir la Comuna, los alemanes ayudaron a sus “enemigos” franceses a reorganizar un ejército contrarrevolucionario, poniendo en libertad a prisioneros de guerra y ayudándolos en el asalto a París.

Este fue un ejemplo histórico del sediciente “patriotismo” de la burguesía, y del verdadero patriotismo del proletariado y de su Partido Comunista.

Se dirá: ¿cómo se explica, entonces, que en el Manifiesto Comunista se hable justamente de que “el proletariado no tiene patria”?

Pasa con ese concepto de Marx, como pasó con otros, o sea, que se lo separa del conjunto del pensamiento marxista del cual forma parte, y luego se le da una interpretación torcida con el fin de presentar bajo una falsa luz a los comunistas.

En efecto; al afirmar Marx en el Manifiesto Comunista que “los proletarios no tienen patria”, quiso significar que sus intereses no coincidían con los que los círculos dirigentes de la burguesía defendían, y que por consiguiente su actitud en cuanto a la defensa de la patria dependía de si se trataba verdaderamente de defender la patria agredida por otra nación con fines de sumisión y explotación; o si se trataba de una guerra de agresión desencadenada por esos círculos dirigentes que, en nombre de la patria y de la “defensa nacional”, se proponían someter y expoliar a otro país.

Por ejemplo, ¿es que podría ser considerada como una guerra justa, por la defensa de la patria, si el gobierno de un país determinado desencadenara una guerra contra otro país con el fin de arrebatarle parte de su territorio, o con el fin de dominar y esclavizar a otros pueblos?

De ninguna manera.

En cambio, supongamos que el gobierno de nuestro país resistiera hasta el fin las imposiciones económicas, políticas y militares del Gobierno imperialista norteamericano, y que con el fin de quebrar su resistencia, dicho gobierno agrediera – directa o indirectamente – a nuestro país. ¿Cuál debería ser y será nuestra actitud? No puede ser otra que la de ponernos a disposición de nuestro pueblo y de nuestro gobierno, y empuñar las armas para defender la libertad y la independencia de nuestra patria.

¿Cuál debería ser y será, en cambio, la actitud de los comunistas y de los verdaderos patriotas norteamericanos en ese caso? No puede ser otra que la de luchar contra su propio gobierno, también con las armas en las manos, para impedir que pueda someter y esclavizar a nuestro pueblo y a nuestra nación.

Tal debe ser, y no cabe duda que lo será, la actitud distinta pero coincidente de los comunistas de uno y otro país, y procediendo así, ambos defenderían los verdaderos intereses de su pueblo y de su nación.

El sionismo más violento se disputa el poder en Israel

¿Votarías? Es el dilema al que se enfrentan miles de palestinos atrapados en un país dominado por el odio y el supremacismo sionista.

El 9 de abril, Israel celebra unas elecciones legislativas cuyo resultado, aunque parece difícil de prever, es de todo menos esperanzador para los palestinos.

Uno de los temas que más se ha repetido en la campaña electoral de los diferentes partidos de derecha judía es el racismo anti-árabe, y más concretamente anti-palestino. Si bien saltó a los medios la polémica por el spot en el que la candidata Ayelet Shaked banalizaba el fascismo, lo cierto es que éste no ha sido el vídeo más lamentable de los sionistas.

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La dirigente ultraderechista israelí Ayelet Shaked banaliza con el fascismo en un spot electoral. Shaked es Ministra de Justicia del régimen sionista desde mayo de 2015.

Para promocionar su campaña electoral, Anat Berko del Likud difundió un vídeo en el que simulaba que iba a ser secuestrada por su marido, disfrazado de palestino. Entonces, empezaba a enumerar sus “éxitos” en la lucha contra la resistencia palestina, para terminar mofándose de los árabes y su idioma.

El principal opositor a Benjamin Netanyahu, Benny Gantz (del Partido Azul y Blanco o “Kahol Lavan”), a pesar de presentarse como la opción moderada de centro-izquierda, ha llevado el lenguaje beligerante al siguiente nivel. En su spot electoral se limita a mostrar un funeral palestino mientras un número en mitad de la pantalla asciende hasta llegar a 1.364. Esta cifra es el número de palestinos (supuestamente militantes) de cuya muerte fue responsable Gantz durante la “Operación Borde Protector”, en la que las fuerzas israelíes bombardearon salvajemente Gaza entre julio y agosto de 2014.

Por si esta exaltación de la muerte no fuese suficientemente repulsiva, de acuerdo a la ONU, de los 2.104 palestinos que murieron en los bombardeos de 2014, 1.462 de ellos eran civiles; 495 niños y 253 mujeres. Estas son las muertes de las que Benny Gantz está tan orgulloso. Gantz también forma coalición con el Telem de Moshe Ya’alon, el mismo que prefiere al ISIS antes que a Irán en su vecina Siria. Sería anecdótico de no ser porque el Partido Azul y Blanco es la fuerza que está disputando la hegemonía del Likud.

¿Cómo alguien puede considera esta fuerza moderada o mínimamente centrista? Sencillo: porque lo que hay enfrente es aún peor. La anexión unilateral del Golán sirio, hacer capital de Israel el Jerusalén ocupado o afirmar que Israel es solo para los judíos son algunos elementos del discurso más radical y reaccionario de Netanyahu; involucrado en al menos 3 casos de corrupción y malversación.

Por si este supremacismo no fuese ya de por sí alarmante, el Likud de Netanyahu quiere formar coalición con el partido supremacista, racista y violento Poder Judío “Otzma Yehudit”, que aboga por la expulsión de todos los árabes de Israel – incluyendo Gaza y Cisjordania. Sus políticas de segregación racial quieren prohibir incluso cualquier tipo de matrimonio o relación entre árabes y judíos. Estos son los aliados de Netanyahu, actual Primer Ministro de Israel.

En este contexto, los palestinos no le ven el sentido a participar en unas elecciones que solo sirven para legitimar el sistema israelí y afianzar su espejismo de democracia liberal.

Los palestinos, que tradicionalmente han sido parte de la vida política incluso más que la población israelí, con índices de participación electoral que superaban el 75%, ya no le ven el sentido a seguir participando. Desde 1967 la participación ha caído en picado, y solo un 63% de los palestinos votaron en 2015.

Lo máximo a lo que aspiran los árabes es a un 16% de la representación mientras que el 84% de los votantes son judíos. Casi 3 millones de palestinos en Cisjordania y alrededor de 2 millones más en Gaza no van a poder votar, lo que reduce la representación de la población nativa a una minoría en su propia tierra.

Esto sucede en un país donde el racismo es endémico. En una sociedad podrida que expulsa y margina a los nativos. Una sociedad podrida que va a las colinas a disfrutar de cómo su aviación bombardea a civiles gazatíes. Una sociedad podrida que busca eliminar cualquier resquicio de la Historia y cultura palestina. No son raros los casos de agresiones a ciudadanos solo por hablar árabe en lugar de hebreo. Los sionistas no solo odian a los musulmanes; también desprecian a los cristianos ortodoxos y a los drusos. Desprecian a cualquiera que no comulgue con sus ideas de superioridad judía.

No ha habido en la Historia de Israel una sola coalición de gobierno que integre a fuerzas árabes. Incluso, en este “circo electoral” se ha intentado sabotear a la coalición de islamistas y nacionalistas árabes Balad-Raam (“Lista Árabe Unificada”). A principios de marzo, el Comité Electoral Central israelí intentó evitar que esta fuerza pudiese presentar candidatos a las elecciones.

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Benjamin Netanyahu, Primer Ministro de Israel, da una rueda de prensa en Jerusalén el pasado 3 de abril. (FOTO: Ronen Zvulun/REUTERS)

El electorado palestino está huérfano de hogar y de representantes. Aun yendo a votar, se espera que Balad-Raam no saque más de 4 asientos en la Knesset (Parlamento israelí), de 120 asientos. La otra fuerza izquierdista, Hadash-Tal, formada a partir de varios partidos de izquierda y el Partido Comunista Israelí, tampoco tiene una capacidad real de realizar cambios. Solo se espera que saque entre 7 y 8 escaños. A niveles prácticos, la izquierda en Israel está muerta.

Aida Touma-Sliman, una de las principales figuras de Hadash-Tal, llama al voto útil contra los sionistas radicales. Sin embargo, ¿cuán útil es el voto? Tras años luchando en la Knesset no ha logrado nada. Su partido solo pudo llorar mientras veía cómo se aprobaba la “Ley del Estado Nación” que reconocía a Israel como Estado únicamente judío, y eliminaba la cooficialidad del árabe.

¿Sirve de algo votar?

Este es el debate entre los árabes y los palestinos estas elecciones. Mientras que la mayoría, fruto de la desidia, llama al boicot para no legitimar el sistema israelí, gente como el artista Tamer Nafar llaman a votar, aunque sea para no terminar en una situación peor.

En una canción que se viralizó, Tamer Nafar reflejaba las dos visiones de los palestinos de cara a las elecciones. Por un lado están el desasosiego y la indiferencia, la visión de la rebelión como única vía: “Israel está utilizando a los árabes para parecer liberal, pero es el mismo gobierno que bombardea Gaza”.

En el otro lado, se enfrenta a sí mismo con un rayo de esperanza para lograr algo, por muy poco que sea: “No subestimes su fascismo. Mira lo que hicieron a nuestros abuelos (…) Yo quiero hacer el boicot, pero he decidido que no quiero estar fuera. Por mis hermanos y hermanas en 1967, voy a votar. Por la Marcha del Retorno, voy a votar. No tiene sentido tirar una herramienta cuando apenas tenemos herramientas”.

Hay quienes pueden tildar a Nafar de idealista, pero… ¿cuál es la otra opción?

Israel es un Estado que ha violado y viola reiteradamente las resoluciones de la ONU. Para los palestinos, ahora mismo resulta imposible negociar con un ocupante orgulloso de sus crímenes. En este contexto… ¿votarías?

¿Votarías en un país cuyos últimos 6 gobernantes han sido sionistas que abogan por la destrucción de Palestina? ¿Votarías en un país que ha sido liderado por criminales de guerra como Ariel Sharon? ¿Votarías en un país que ensalza el odio desmesurado de Avigdor Liebermann? ¿De Gantz? ¿De Gabi Ashkenazi? ¿De Moshe Ya’alon? ¿De Netanyahu? ¿Votarías en un país que cada día se expande con asentamientos de colonos ilegales que no respetan tus derechos más básicos?

Para los palestinos, estas elecciones son solo un paso más hacia la oscuridad de un túnel que parece no tener luz al final.

Por Alberto Rodríguez García