Adelante Andalucía: sin generosidad, sin ecologistas y sin andalucistas

No ha echado a andar todavía, como quien dice, la confluencia de IU, Podemos, Izquierda Andalucista, Primavera Andaluza y Equo y ya se ha caído el primer pasajero de la furgoneta con la que Teresa Rodríguez y Antonio Maíllo van a dar la vuelta a Andalucía para presentar su proyecto por las 8 provincias de esta tierra tan grande como un país a la que le urge ser pensada como fin y no como objetivo para llegar a Madrid.

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Dirigentes de Equo, Izquierda Andalucista, Podemos, IU y Primavera Andaluza durante el acto de presentación de Adelante Andalucía en Córdoba

Sin salir de la estación, Equo se ha bajado motu proprio de la furgoneta molona y los andalucistas (Izquierda Andalucista y Primavera Andaluza) se han montado en la parte de atrás sin ningún puesto de salida en las listas electorales que se han negociado estos días. Mira que es difícil que algo pensado para ilusionar, desbordar a los partidos y entidades que conforman la confluencia Adelante Andalucía, agrandar el espacio electoral de Podemos e IU, reanimar a un electorado con los ánimos por los suelos y deseoso de encontrar una alternativa posible para que el cambio en Andalucía a 40 años de gobiernos del PSOE no tenga que pasar por la nueva derecha de Ciudadanos y la vieja del PP, ambas compitiendo entre sí a ver quién se queda con el votante más de ultraderecha, saliese tan mal, rozando lo grotesco.

¡Era todo tan bonito para ser verdad! La izquierda andaluza por fin reunida, tratándose de igual a igual, con respeto, colaborando y entendiendo que la pluralidad bien gestionada no suma, multiplica. Un sujeto político andaluz con lo mejor de la izquierda tradicional y de la nueva, del ecologismo y del patrimonio simbólico del andalucismo progresista que se ha salvado del desembarco del extinto Partido Andalucista. Todo aliñado con un plante de Teresa Rodríguez en Despeñaperros a los intentos de la dirección estatal de Podemos de negarle a Andalucía su carácter de nacionalidad histórica y una participación récord en el proceso de primarias donde los inscritos de Podemos le dijeron a Madrid que Andalucía es como la que más.

El sueño ha durado lo que dura la alegría en la casa de los pobres. Lo que han tardado Podemos e IU en repartirse entre ambos los futuros diputados que pronostican que podrán obtener con la suma de ambas formaciones. Si durante estos meses atrás, Adelante Andalucía parecía la suma de 5 actores políticos, en amor y compaña, las listas electorales vislumbran que todo queda reducido a Podemos e IU con un coro rociero de andalucistas en puestos simbólicos que en ningún caso, salvo que Adelante Andalucía obtenga mayoría absoluta, obtendrán representación en el Parlamento de Andalucía.

Eran los andalucistas los que le daban a Adelante Andalucía el aire de diferencia, lo que le hacía abrir el foco hacia sectores que sobrepasaban los límites electorales de IU y Podemos, lo que apegaba a la marca electoral a Andalucía y lo que hacía temblar al PSOE andaluz con perder la bandera verdiblanca que Susana Díaz arrumbó en el suelo para irse a Madrid a guerrear contra Pedro Sánchez, aliándose con los monstruos reaccionarios del Régimen del 78.

Sólo hubiera hecho falta que Teresa Rodríguez y Antonio Maíllo hubieran mirado a Valencia; a Compromís, una coalición de ecologistas, valencianistas y de izquierda donde todos los reglamentos de la formación obligan a representar a todas sus partes en todos los procesos electorales. Cuando Compromís tenía 6 diputados en las Corts Valencianes, había 2 miembros de Iniciativa del Poble Valencià, formación con sólo el 35% de la militancia; 3 diputados del Bloc Nacionalista Valencià, que cuenta con el 60% del total de la militancia de la coalición, y un diputado de Els Verds, con sólo el 5% del peso total.

El alcalde de Valencia, Joan Ribó, es de Gent de Compromís, es decir, un independiente no adscrito a ninguna de las 3 formaciones que parieron el proyecto valenciano que lidera Mónica Oltra; el concejal de Movilidad del Ayuntamiento de Valencia, Giusseppe Grezzi, una de las figuras clave que le ha dado a Compromís un perfil ecologista, es de Els Verds, un partido valenciano que cabe en un taxi; y Mónica Oltra es la líder de la formación, más que probable futura Presidenta de la Generalitat Valenciana, siendo de IPV, el ala de izquierdas que suma un 35% de peso en una coalición donde la suma ha multiplicado y están representadas todas sus partes. Con la lógica de Podemos e IU, ni Joan Ribó sería alcalde de Valencia, ni Mónica Oltra sería Vicepresidenta del País Valencià, ni Giusseppe Grezzi hubiera revolucionado la movilidad en la capital del Turia.

La coalición de IU empezó a resquebrajarse porque el PCE empezó a aplicar su rodillo interno para anular a las minorías, hasta llegar a tener más militantes fuera o expulsados que en el seno de una coalición donde la ley del más fuerte ha sido la norma en más ocasiones de lo deseable. Adelante Andalucía nace con el mismo mal con el que nació IU: sin un reglamento que garantice la pluralidad de todas las partes del proyecto. Así, los aparatos de los partidos alfa de la coalición – en este caso, IU y Podemos – se adueñan de todo. Usan la diversidad como propaganda y el pluralismo mediático como relato mientras se comen solos los avíos del puchero.

Sin andalucistas y sin Equo, la suma de IU y Podemos equivale a Unidos Podemos con acento andaluz, no a un proyecto de suma de todos los actores de cambio que hay en Andalucía. Es una oportunidad perdida, la enésima, justo en el momento donde está emergiendo un andalucismo moderno, progresista, vinculado a las luchas materiales de hoy y no a los símbolos de la Transición.

Era difícil que se estropeara lo que parecía tan bonito. Era difícil pero la izquierda andaluza, una vez más, se ha superado a sí misma. ¡Lo que no consigan los aparatos de los partidos pensando en mantener sus liberados!

Por Raúl Solís

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Internet y la izquierda

Ver las imágenes, vídeos y fotografías de la Diada Nacional de Catalunya del pasado día 11, de hace un año, solo te trae a la mente una reflexión: Catalunya es un pueblo en marcha.

No cabe duda que, parafraseando a Salvador Allende, “la Historia es nuestra y la escriben los pueblos”. Y así es. Solo un pueblo organizado, movilizado y sacrificado puede conseguir sus objetivos. Catalunya está organizada y por eso mismo, aunque fue apaleada hace casi un año, el 1 de octubre de 2017, tan solo se trata de lamerse las heridas, levantarse y seguir andando. Volverá a ser apaleada, seguirá sufriendo, pero tenemos la sensación que, con sus contradicciones, este pueblo no va a desandar lo andado. La independencia nacional de Catalunya es cuestión de tiempo.

Y así ocurre en Venezuela, Palestina y otros lugares de nuestro planeta. La victoria cuesta y costará mucho sudor y sangre… pero llegará.

Y vienen a mi mentalidad internacionalista (por comunista) el Donbass, Siria, el Sahara… o la misma Euskal Herria, que puede parecer a más de uno que ha bajado los brazos, pero lo cierto es que cada vez más colectivos, jóvenes y no tan jóvenes, gaztetxes y un largo etcétera se organizan al margen del oficialismo y, además de luchar y pelear por la soberanía, plantean un camino distinto al capitalismo, plantean la vía vasca al socialismo revolucionario. Si quieren algún ejemplo, ahí está “Maravillas”, donde la juventud de Iruñea plantó cara al desalojo.

Es cuestión de tiempo que una organización revolucionaria recoja estas experiencias y Euskal Herria vuelva a ser referente de lucha, como los pueblos antes mencionados.

Solo mentes obtusas se niegan a ver lo que se ve con tanta nitidez. Solo quienes desde su mezquindad ideológica no aciertan a verlo. O no quieren verlo. O lo ven y no dicen nada, no vaya a ser que dejen de ser la “guía luminosa que conduce a sus pueblos a la revolución”.

Con los años uno se da cuenta de que en política hay que ser muy generoso y saber escuchar. Más importante que te escuchen es saber escuchar. Saber cuál es el estado de opinión de la militancia, de tu pueblo. Esa es la clave para construir amplios colectivos que puedan llevar a su pueblo a la victoria. Y esa ha sido la clave de la Esquerra Independentista catalana. Con sus contradicciones, dejándose pelos en la gatera… pero esa es la clave. Los maximalismos y las “purezas ideológicas” quedan bien en publicaciones de redes sociales, pero no van más allá.

Hablando de Internet, es cierto que contribuye muy positivamente en las luchas de los pueblos y en las luchas sociales. El enemigo lo sabe, y por eso ha metido mano a páginas alternativas y a ciertos tuiteros.

Pero tiene otro aspecto que no ayuda a las luchas, antes al contrario, contribuye a la confusión. Y es que organizaciones y colectivos que no llegan ni a 20 militantes (repetimos, veinte militantes) encuentran en Internet un altavoz que, quien no conozca la realidad de esos colectivos, pueden pensar que están ante partidos que más o menos tienen cierto peso, y no es así.

Y no se puede – o no se debe – tergiversar la realidad. La realidad en este terreno no es interpretable. Colectivos de 20 militantes pueden ser de todo, menos la vanguardia política de su pueblo.

Y los pueblos necesitan como el comer de vanguardias políticas.

Por Andoni Baserrigorri

El feminismo es incompatible con la defensa de la prostitución

En los últimos días hemos escuchado numerosas voces relevantes de la izquierda y del feminismo declarándose a favor de la regulación de la prostitución como trabajo, frente a la postura abolicionista del Gobierno. Esto podría hacernos pensar que el feminismo está dividido en este tema. Sin embargo, si miramos el asunto desde un prisma internacional, observamos que el movimiento feminista está ganándole terreno a esta forma de violencia machista.

Como explica la activista Kajsa Ekis Ekman, hace veinte años Suecia legisló contra la compra de sexo, y desde entonces Noruega, Islandia, Francia y Canadá han seguido el mismo camino. El modelo nórdico/abolicionista consiste en multar a los puteros y ofrecer a las prostituidas ayudas integrales y salidas laborales. El modelo ha sido todo un éxito y hoy el Parlamento Europeo reconoce que el modelo nórdico es el más eficaz en combatir la trata y para proporcionar alternativas vitales a las mujeres prostituidas. Francia apostó por el modelo nórdico tras un estudio comparado. El modelo regulacionista (adoptado por los Países Bajos, Alemania y Nueva Zelanda) se considera un fracaso, porque aumenta la trata y disminuyen los derechos de las mujeres prostituidas y de todas las mujeres.

Incluso en España está aumentando el apoyo al abolicionismo gracias a sobrevivientes de la prostitución, activistas y teóricas. Hoy en España gobierna un partido que se declara abolicionista. Lo fundamental es que se habla del putero, de la demanda. Aunque se escuchen defensas de la regulación, hay acuerdo social en torno a varios puntos: queremos acabar con la trata, queremos poner fin a la explotación sexual de las mujeres, queremos aumentar los derechos de las mujeres, y la sociedad repudia al putero. Se está consiguiendo situar el foco sobre el putero, mostrando el machismo y la inmundicia de los compradores de sexo.

Está comprobado que el modelo nórdico es la opción que más reduce la trata, disminuye la demanda de prostitución y beneficia a los derechos de las mujeres. Por tanto, el abolicionismo o modelo nórdico ha mostrado ser la manera de lograr los objetivos que ambas partes de este debate dicen perseguir. El regulacionismo (legalización) ha empeorado las vidas de las mujeres prostituidas allá donde ha sido implementado, ha beneficiado a los proxenetas y ha aumentado la cantidad de puteros, normalizando su actuar.

Este tema no es cuestión de corrientes de pensamiento y no ha de resolverse mediante un diálogo “entre feminismos”. No cabe ningún debate acerca de la legitimidad de una de las formas más brutales de violencia machista. La prostitución es la esclavitud del siglo XXI, una praxis racista, que supone la colonización del cuerpo de las mujeres pobres. Los derechos humanos de las mujeres solo están del lado de la abolición. Y el ejemplo nórdico muestra que la abolición es viable, pues estos países han logrado avances que antes se tildaban de imposibles. Hoy existe en España un fuerte movimiento feminista capaz de exigir el fin de la prostitución. No cabe sostener posiciones de mínimos, ni es el tiempo para apostar por “lo menos malo”. Lo posible y lo bueno coinciden en esta ocasión.

En Alemania, quienes abogaban por la legalización prometían que regulando la prostitución como si fuese “un trabajo cualquiera” se incrementarían los derechos de las “trabajadoras sexuales”. El discurso era el mismo que defiende el regulacionismo español. Sin embargo, la experiencia alemana de legalización ha incrementado la demanda de prostitución y ha convertido a Alemania en un destino de turismo sexual. En toda Europa los supuestos “sindicatos de trabajadoras sexuales” se han desvelado como lobbies al servicio de la causa regulacionista, que beneficia a los proxenetas.

Ingeborg Kraus explica:

“Tenemos burdeles con ‘tarifa plana’: por 70 euros se ofrece a los clientes una cerveza, una salchicha y mujeres ilimitadas (…) También se observa una reducción en la cantidad media que se les paga a las mujeres prostitutas: 30 euros por coito. Mientras, ellas tienen que pagar 160 euros por una habitación y 25 euros de impuestos al día. Es decir, tienen que prestar servicio a 6 hombres antes de empezar a ganar dinero. En las calles, esta tarifa media se reduce hasta empezar desde los 5 euros (…) La violencia contra las mujeres se ha convertido en violencia estructural, lo que significa que la sociedad y las instituciones (políticas, educativas o judiciales) han dejado de cuestionarla. Está internalizada”.

La autora sostiene que la violencia de las prácticas ha aumentado: “Antes estaba prohibido solicitar sexo sin protección. Hoy los clientes preguntan por teléfono si pueden orinar en tu cara, si pueden hacerlo sin protección, etc.

Si realmente nos preocupan los derechos de las mujeres prostituidas, debemos apostar por el modelo nórdico.

Por Tasia Aránguez Sánchez

El falso dilema

De nuevo, la falsa polémica entre la ética y el comer, entre ser fieles a los derechos humanos o a las necesidades del estómago. Me estoy refiriendo, claro, a la reacción de los trabajadores de Navantia (y a las rápidas y oportunistas declaraciones, colmadas de populismo electoralista, de doña Susana, del alcalde de Cádiz y de otros políticos/as) ante la posible suspensión del contrato para la construcción de barcos de guerra para Arabia Saudí que parecía garantizar sus empleos durante varios años. El que miles de trabajadores se crean en la encrucijada de elegir entre aceptar ser fabricantes de muerte, cerrando los ojos al uso criminal de lo que producen, o verse abocados al desempleo con todo lo que ello supone, en un país como Andalucía y en una provincia como la de Cádiz, con altísimas tasas de paro, es una realidad dramática que no debería ser excusa para demagogias, oportunismos y simplificaciones.

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Una de las 5 corbetas clase “Avant 2200 Combatant” que España pretende vender a la Armada de Arabia Saudí para que continúe su criminal agresión imperialista contra Yemen y los pueblos del Medio Oriente.

Pienso que no se trata de condenar, sin más, a esos trabajadores – abocados a una elección diabólica – pero tampoco, o menos aún, de defender que los puestos de trabajo puedan justificar cualquier cosa, incluso la violación de los más elementales derechos humanos, empezando por el derecho a la vida.

Está fuera de toda duda que el régimen cuasi medieval, corrupto y sanguinario de Arabia Saudí (con cuyos jerarcas tan buena relación tienen nuestros Borbones) utiliza las armas que les vendemos (no sólo el Reino de España, sino también EEUU, Reino Unido o Francia) para masacrar niños, bombardear mercados, centros médicos y hasta celebraciones de bodas y funerales en esa guerra casi silenciada de Yemen. Habría que recordar que la vigente legalidad española señala la prohibición de autorizar las exportaciones “cuando existan indicios racionales” de que las armas puedan “ser empleadas en acciones que perturben la paz, la estabilidad o la seguridad en un ámbito mundial o regional, puedan exacerbar tensiones o conflictos latentes, puedan ser utilizadas de manera contraria al respeto debido y la dignidad inherente al ser humano, con fines de represión interna o en situaciones de violación de derechos humanos o tengan como destino países con evidencia de desvíos de materiales transferidos”. La ley es bien clara: el Gobierno español tiene la obligación legal de prohibir la exportación de cualquier tipo de armamento a países como Arabia Saudí. A pesar de ello, el gobierno que presidía Rajoy, despreciando la ley, autorizó el año pasado ventas por valor de unos 300 millones de euros. Y en la actualidad se siguen vendiendo y fabricando para el país saudí.

Desde una perspectiva legal, el que esa prohibición (que es obligatoria) ponga en riesgo puestos de trabajo en la industria militar (en la industria de la muerte) no afecta a su obligatoriedad. Ahora bien, como el cumplimiento de la ley afectaría, a nivel inmediato, a miles de familias de la Bahía de Cádiz y de otros lugares del Estado Español (Ferrol, Cartagena…), las administraciones públicas (Gobierno de España y Junta de Andalucía, en nuestro caso) están obligadas, política y moralmente, a garantizar que las posibles consecuencias de su cumplimiento no afecten negativamente a su situación económica y social. ¿Cómo lograr esto? ¿Qué medidas tomar a corto y medio plazo? Dentro del proceso, claro, tan cacareado como vacío de contenidos hasta ahora, del “cambio de modelo productivo”. Es lo que tendrían que estar planteando y debatiendo “nuestros” políticos, y exigiéndolo los sindicatos, en lugar de dedicarse irresponsablemente a echar leña al fuego y a hacer demagogia barata para aprovecharse electoralmente de la angustia de tantos trabajadores.

Difícilmente estaríamos en esta situación, ni tantos miles de andaluces se verían abocados hoy a ese (falso) dilema, si Andalucía no sufriera de dependencia económica, subalternidad política y alienación cultural. Si tantos andaluces no hubieran sido convencidos, anestesiando sus mentes, de que no hay alternativas a lo que existe y que cualquier cambio sería a peor (que es el mensaje implícito en toda la propaganda del régimen del PSOE que sufrimos en los casi 40 últimos años). Claro que hay soluciones para romper el (falso) dilema: desde una reconversión y pluralización productiva a medio plazo a la implantación a corto de una Renta Básica Universal e Incondicional que no haga depender al 100% la supervivencia a tener un empleo – cualquier empleo, sin poder analizar sus condiciones, contenido y consecuencias.

Es este un tema que nadie que se considere andalucista o se piense de izquierda puede soslayar, estén cerca o lejos las convocatorias electorales. Analizar cómo hemos llegado a esta aparentemente insoluble contradicción entre ética y derechos humanos, por una parte, y necesidad de supervivencia, por otra. Es algo imprescindible si no queremos seguir caminando hacia un futuro terrorífico en el que desaparecerían, incluso, los mejores valores culturales de nuestra propia cultura y hasta podríamos desaparecer como pueblo, disueltos en la alienación más total. Y tras analizar, intervenir, evidentemente, ejerciendo el derecho a decidir qué queremos ser en el futuro.

Por Isidoro Moreno Navarro

Catedrático Emérito de Antropología Social

Miembro de “Asamblea de Andalucía”

Las resistencias al derecho a decidir

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Isidoro Moreno es catedrático de Antropología Social en la US y además forma parte de la organización sobrenista “Asamblea de Andalucía”

Quizá una de las pulsiones humanas más potentes, y más reprimidas por todos los poderes dominantes, sea la búsqueda de la felicidad, entendida ésta como el bienestar físico, psíquico y espiritual resultado de la libre decisión de vivir en armonía con la naturaleza (formamos parte de un único ecosistema), con los “otros” externos a nuestra comunidad cultural, social y política, con quienes forman parte de esta (que nunca será homogénea y sí diversa) y con nosotros mismos. La aspiración a la felicidad se ha expresado de diversas formas según las épocas y las culturas, pero para que no sea algo ilusorio son necesarias unas condiciones que solo pueden ser establecidas por la libre organización de una convivencia igualitaria y respetuosa con la diversidad dentro de la comunidad a la que pertenecemos, sin imposiciones exteriores. Que en esto consiste la soberanía.

Los procesos históricos podrían leerse como la permanente lucha y avance (aunque de forma no lineal y con múltiples regresiones) en la aspiración de la libertad, del derecho a decidir por parte de las personas y de los pueblos-naciones. La libertad es incompatible con cualquier poder de dominación estructural, sea de clase, de género, étnico o de cualquier otro tipo, y con las desigualdades estructurales que generan. Desde el comienzo de la existencia de estos poderes estructurales, la libertad (el derecho a decidir en busca de la felicidad personal y colectiva) se ha visto impedida por las “verdades” y las normas impuestas por aquellos. Y, asimismo, el avance en el ejercicio de la libertad individual es algo ilusorio si no se plantea en el marco de comunidades y sociedades, ya que, por su propia naturaleza, el ser humano no existe si no es en el seno de éstas.

Desde hace algunos milenios, las principales resistencias a reconocer el derecho de las personas a decidir – sobre su presente y su futuro, sobre su propio cuerpo, sobre su proyecto de vida, sobre sus formas de actuar y de pensar, etc. – están en las instituciones de poder que actúan en nombre y como representantes exclusivos de referentes definidos como extrahumanos y sacralizados: el Dios de las religiones institucionalizadas, el Estado, y ahora, el mercado. A estos sacros (en realidad a quienes monopolizan el poder en su nombre) se les atribuye – y lo que es más grave, les es reconocido, a través de la ideología dominante – el monopolio sobre la vida y la muerte, sobre la definición de lo que es moral o inmoral, legítimo o ilegítimo, legal o ilegal, productivo o improductivo…

Así, el Dios de las “religiones del libro” sería el único dueño de los cuerpos y las almas, el único que puede decidir sobre qué podemos hacer y qué no con nosotros mismos, de cuándo, por ejemplo, y en qué condiciones, puede no valernos la pena seguir viviendo, o tener hijos o no tenerlos. Las personas careceríamos del derecho a decidir sobre las cuestiones centrales de nuestra vida y nuestra muerte y seríamos castigados, incluso por toda la eternidad, si nos atrevemos a hacerlo sin seguir sus mandamientos. Igualmente, el Estado afirma ese mismo monopolio sobre la vida y la muerte, tanto física como social, garantizando – además – las dominaciones estructurales (clasismo, patriarcado, racismo…) que impiden el ejercicio del derecho a decidir por parte de las personas (definidas ahora como “ciudadanos”) y de los pueblos sobre los que ejerce su dominación. Y, actualmente, el mercado, que es ya el sacro central con su propia “religión” (el neoliberalismo), se ha constituido en decisorio sobre qué seres humanos, y en qué condiciones, son valiosos o totalmente desvalorizados en términos de productividad, competitividad y beneficios potenciales a extraer de ellos.

A la pregunta de quiénes y por qué se oponen al reconocimiento del derecho de las personas a decidir libremente, para que podamos avanzar en la búsqueda de nuestra felicidad, y del derecho de los pueblos a dotarse libremente de aquellas normas y formas de organización y convivencia que hagan posibles los requisitos para ese avance, la respuesta es evidente: se oponen rotundamente quienes tienen poder en nombre de referentes (sacros) que son situados a nivel extrahumano y/o extrasocial para generar la alienación de las personas y los pueblos, produciendo en ellos lo que Eric Fromm llamaba “miedo a la libertad”. Y también quienes, sin ser beneficiarios directos de esos poderes, han interiorizado sus ideologías, difundidas institucionalmente y hoy también por las nuevas tecnologías de la comunicación. Son estas ideologías las que es preciso desvelar, desacralizándolas y desnaturalizándolas, para que superemos el tabú de hablar del derecho a decidir, de la soberanía de las personas y los pueblos.

Por Isidoro Moreno

Catedrático de Antropología Social en la Universidad de Sevilla

Felipe VI: el arte de llorar a las víctimas y municionar a los asesinos

Señor:

A día de hoy resulta harto notorio que vuestra venerada magnificencia tiene una particular debilidad por la venta de armas y por los sanguinarios opresores y sátrapas, a los que incluso place de recibir, reír y embellecer su salpicada imagen. Baste rememorar que, recién ungido soberano de esta su España, viajasteis a Arabia Saudí para reconfortar a los hermanos saudíes ante la pérdida de su tan querido tirano. No colmado con aquella atención, que no pocas protestas desató entre sus súbditos más felones, hasta en 3 ocasiones intentasteis repetir el periplo, esta vez con intención de trapichear con armas por cientos o miles. Expedición que se consumó con éxito, para satisfacción suya y desesperación de no pocos, a principios de 2017. Finalmente, como no hay dos sin tres, recibisteis al heredero a la Corona saudí en nuestra grande y libre nación, retratándose ambos sonrientes y pajareros a principios de 2018. A carcajada unísona, para ser exactos.

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Felipe VI, acompañado el ex-canciller español Alfonso Dastis, es recibido por el príncipe Faisal bin Bandar durante una de sus recientes visitas a Arabia Saudí. (Foto: Ballesteros (EFE) / ATLAS)

Si sabido es que la máxima preocupación de una gran mayoría de sus súbditos, bien educados en los parabienes de la bandera, la nación y su persona, no excede de “Sálvame”, la “PlayStation”, el fútbol y “Netflix”, no lo es menos que algunos millones de antipatriotas y malvados de diverso pelaje gozan de intereses algo diferentes. Abrigan estos pecaminosos ciudadanos una torticera interpretación en la que se entiende que Su Excelentísima Santidad sois versado en las atroces ejecuciones que acontecen en Arabia Saudí por cientos al año (150 en 2017) y miles a la década. Ejecutados cuyos delitos oscilan entre la homosexualidad, el adulterio, el ateísmo o la tan terrible disidencia. Se cree, en todo caso, con la humildad y el no escaso margen de equivocación de los siervos, que quizá a tan Altísima Excelencia no le incomode en alguna forma tales ejecuciones, dado que bien pudiera ser que su regio estómago estuviera, por el bien de la Patria, todo sea dicho, acostumbrado e incluso agradecido de tales episodios. Alguno existe, extremista como pocos, que sostiene lo deleitoso que le resultaría de repetir en tierras no tan áridas como aquellas tales depuraciones si la coyuntura lo permitiera.

Porque a poco que se analice la Historia reciente nadie podrá negar que el antaño Rey, ese conocido como “El Campechano”, tan querido y adorado por la villanía, se postró a un sanguinario dictador mientras éste asesinaba, reprimía y estrangulaba a su pueblo. Todo ello por el único y expreso deseo de conseguir una Corona que le permitiera vivir al margen de la legalidad, como así fue, y cometer delitos, uno tras otro, en una vida que ya hubiera querido para sí el mismísimo Al Capone, y que le han reportado según los conocedores en la materia casi 2.000 millones de euros.

Se duda, igualmente, no con pocos argumentos, que su regia y excelentísima persona desconozca las atrocidades y salvajadas que sus hermanos sentimentales del Oriente Próximo están cometiendo en Yemen, donde suman más de 10.000 cadáveres, entre los que no resulta muy complejo contar niños y niñas, ancianos y ancianas. Gracias a la formación que sus pilotos recibieron en nuestra gloriosa España disponen sus hermanos de un gran tino en aquello de arrojar bombas, las cuales tan pronto caen en un cementerio atestado de personas devastando, amputando y segando a aquellos que lloran a sus muertos; como abaten un mercado en el que perecen por cientos los que allí pretendían hacerse con un bocado con el que llenar los vacíos estómagos, no en vano más de 17 millones de personas están en riesgo de hambruna en Yemen (tres de cada cuatro yemeníes); como impactan en un hospital en el que yacen en condiciones horribles y tortuosas miles de malheridos; o como derriban un colegio y lo rocían todo de mutilación, destrucción y muerte.

Dado que Su Ilustradísima Majestad, más entendida y diestra que su progenitor, legitimada por los designios de uno de los mayores asesinos del siglo pasado y la cópula de uno de los mayores adúlteros de las últimas décadas, pudiera no atisbar los reparos de algunos de sus súbditos, aquellos más desagradecidos con su persona y su linaje, en la desfachatez suya de asistir a la conmemoración de los atentados del 17 de Agosto, le quisiera recordar que son precisamente sus hermanos sentimentales los que han financiado económicamente la expansión de las ideas más radicales, tanto allá en el Oriente Próximo como acá en Europa, lo que no pocos atentados ha originado. Incluidos los que se dispone a convertir en acto laboral, cual plañidera.

Puede que esta certeza no le genere mayor fatiga que los bombardeos o las decapitaciones que comentábamos al principio de esta misiva o que tal vez saboree de todo ello por aquello de que tales acontecimientos podrían atestar sus bolsillos al igual que, según numerosas denuncias, se colmaban las múltiples y pesadas faltriqueras del amado padre suyo con las bombas y la muerte. Puede, porque ya casi nada parece imposible y algunos somos perversos por naturaleza, que brillase en su interior una cierta satisfacción cuando el pueblo catalán fue lacerado el pasado 17 de Agosto de 2017 por los mismos a los que financia por aquello de que las tragedias unen a las familias más encontradas. Y no conseguido este anhelo tan patriótico, muchos sospechan, no descabelladamente, que pudiera haber sentido una cierta satisfacción con el apaleo de ciudadanos acaecido el 1 de Octubre, tal y como lo haría el padre que espera que el cinturón resuelva lo que su ejemplaridad (o falta de ella) no fue capaz de inspirar, dado que ni una palabra amable tuvo para los apaleados. Los cuales tienen menos consideración en su persona que los asesinos, los corruptos y los criminales.

Nadie puede descartar que no sea conocedor del reciente bombardeo, acaecido el pasado 9 de Agosto de 2018, en el que sus amados saudíes tuvieron la ocurrencia de aniquilar 3 autobuses en los que viajaban niños que acudían a un campamento de verano, igual que nuestros hijos, con resultado de 29 niños asesinados y un mínimo de 30 menores heridos (para un total de 50 muertos y 77 heridos). No resulta muy difícil, pero sí muy hiriente, intentar evocar las escenas: niños y niñas cercenados, decapitados, segados, quemados, despellejados. Pequeños como los nuestros, esos a los que tanto amamos, esos a los que cualquier contrariedad nos conduciría a la desolación. Casi 60 familias destrozadas, casi 60 padres y madres entre los que jamás quisiera encontrarme.

Y lo hicieron, como gran cantidad de tropelías hasta ahora relatadas, incluido el terrorismo acaecido en Barcelona, que tan beneficioso resulta para la industria armamentística con la que tan piadosa relación mantiene, merced a la munición (casi 200 millones de euros en los últimos años), las armas (casi 800 millones de euros) y el blanqueo de imagen que tanto usted como su padre ofrecen, no desinteresadamente según diversas informaciones, a los criminales saudíes. Obras que, si algún día fueran juzgadas, constituirían crímenes tan repugnantes que despacharían sus regias posaderas a una prisión internacional.

Son todas estas razones, estimo, las que, por si su atareada agenda de venta de armas no le permitieron percatarse, unidas a otras no menos trascendentales, como haberse convertido España en un antro de corrupción y un parque nacional/refugio meridional de franquistas, fascistas y ultraconservadores de diferentes familias, géneros y especies los que generan no pocos fastidios en cuantiosos súbditos suyos.

Por todo lo aquí relatado, mi admirado y querido Señor, quisiera solicitarle muy humildemente que cese la venta de armas a criminales; elimine la inviolabilidad jurídica y permita que tanto su padre como usted y no pocos familiares suyos puedan ser juzgados como lo sería cualquier otro ciudadano que tales acciones ha perpetrado; abdique y someta a discusión y referéndum el destino, los anhelos y la organización territorial de sus hogaño vasallos; sancione, repudie y permita juzgar el franquismo (y a los franquistas); y ponga a disposición judicial la documentación e información con la que cuente sobre cualquier actividad delictiva en la que tanto usted como sus familiares pudieran haber conocido o perpetrado.

Por Luis Gonzalo Segura

Ex-Teniente del Ejército de Tierra de España, autor de “El libro negro del Ejército español”

Nazis y sionistas: ¿cuándo acabará el mayor tabú histórico de la posguerra?

Son cosas tan sabidas como calladas. Incluso los propios sionistas lo han reconocido desde hace muchos años, pero es algo que interesa mantener bajo la alfombra, todo un tabú que ya forma parte de la Historia, sobre todo de la Historia de la manipulación.

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Isaac (Yitzhak, יצחק) Shamir, de tendencias sionistas ultraderechistas, fue Primer Ministro de Israel entre 1986 y 1992.

En 1989, el diario “Jerusalem Post” admitió los vínculos de los sionistas con los nazis porque unos y otros perseguían el mismo objetivo: sacar a los judíos de Alemania para llevarlos (en realidad, deportarlos) a “su sitio” (Palestina).

El diario se refería a un caso concreto: los vínculos establecidos en 1941 entre el Tercer Reich y los terroristas sionistas de Stern Gang, comandados por Isaac Shamir.

En realidad, tales vínculos proceden de la llegada de los nazis a la cancillería alemana en 1933, pero pasaremos por alto este detalle – al menos de momento.

Cuando el “Jerusalem Post” destapó el asunto, la agencia “Reuters” lo reprodujo, calificándolo como “el fin de un tabú nacional”, creyendo que bastaba la divulgación “nacional” en Israel para que los vínculos entre nazis y sionistas fueran conocidos por todo el mundo. Si los israelíes, que estaban implicados de manera directa, los admitía, la Historia de la Segunda Guerra Mundial debería acabar con sus propios mitos.

Obviamente, no ha sido así. Seguimos leyendo toda clase de basura sobre la “Shoah”, el Holocausto (con mayúsculas) judío y demás, con el agravante de que es algo que no se puede poner en duda porque te acusan de “nazi”, de “negacionista” e incluso te meten en la cárcel porque está considerado como un delito.

En el caso concreto de Shamir, que fue Primer Ministro de Israel en la década de 1980, el asunto es harto evidente: además de compartir los mismos objetivos políticos, los nazis y los sionistas utilizaban los mismos métodos terroristas, por lo que no es de extrañar que llegaran a acuerdos entre ellos.

Hay otra conclusión obvia: a los sionistas les importaba un bledo que los nazis asesinaran masivamente a los judíos porque ellos nunca intentaron defenderles, sino defender la creación de un nuevo Estado en territorio palestino a su imagen y semejanza, es decir, terrorista – basado en la deportación y el exterminio de los árabes.

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Cartel de “se busca” de Yitzhak Shamir (izq.) por participación en actos terroristas. Ofrecían 500 shekel por su cabeza.

En 1941, cuando la “Solución Final” ya estaba en marcha en Alemania, Shamir buscaba la cooperación de los asesinos en la creación de lo que 7 años después se convirtió en el Estado de Israel.

Para ocultar sus propios planes, los sionistas divulgaron que en la Segunda Guerra Mundial quienes se aproximaron a los nazis no fueron ellos, sino los árabes.

Se trató de una disputa típica entre potencias imperialistas, donde la hegemonía regional correspondía entonces a los británicos. El plan de Shamir consistía en poner a su banda terrorista al servicio del Tercer Reich contra los británicos y les dio muestras de su eficacia: en 1944 el propio Shamir asesinó a Lord Moyne, virrey inglés en Oriente Medio.

Shamir no sólo era un sionista y un terrorista. No sólo trató de venderse a Hitler, sino también a Mussolini, porque era un fascista. El mundo ha tenido que soportar sin sonrojarse que alguien así estuviera hasta 1992 a la cabeza de un Estado moderno.

Tan moderno que tiene armas nucleares a su disposición. Ahora pensemos, por un momento, en un nazi-sionista como Shamir provisto de tales capacidades armamentísticas…

FUENTE: “Movimiento Político de Resistencia”