Nación Andaluza ante la sentencia del Procés: ¡Estado Español, cárcel de pueblos!

Las noticias confirman la filtración de la sentencia que condenaba a la mayoría de las presas políticas catalanas por el Procés independentista de octubre de 2017 a penas de entre 13 y 9 años de prisión por los delitos de sedición y malversación. En total, más de un siglo de prisión por organizar un referéndum al margen de la legislación estatal.

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Tras el juicio-farsa y las filtraciones de estos días sobre la sentencia, se muestra con más claridad que nunca la subordinación del poder judicial al poder político, siendo ambos, junto con los cuerpos policiales y militares, los garantes de los intereses de las oligarquías beneficiarias del Régimen del 78 – desde VOX hasta Podemos.

Ante la decisión democrática y popular del pueblo catalán expresada en el referéndum del 1 de Octubre de 2017, de constituirse en República independiente, la respuesta del Estado fue la militarización de Catalunya y el intento de evitar la participación ciudadana en las urnas, utilizando la brutalidad policial para impedirlo y a la justicia española junto a los medios de comunicación afines (la práctica totalidad de televisiones, radios y prensa escrita) para justificar la represión ejercida contra el pueblo catalán, sus líderes políticos y sociales.

Los intentos de las burguesías del Estado por canalizar la protesta popular ante la sentencia, a través de los partidos e instituciones del Estado, y respetando la misma ley que permite que en este Estado existan presos políticos, están siendo contestados mediante actos de desobediencia civil que consideramos legítimos ante un Estado con graves carencias democráticas en el que no hay separación de poderes como ha quedado evidenciado. Esta misma dependencia del poder judicial la vivimos en Andalucía con respecto al Caso de los ERE, ya que esperamos desde enero su sentencia que, con toda seguridad, se publicará después del 10N para no molestar a los partidos del Régimen.

El problema de la represión y de la sentencia judicial contra líderes políticos y sociales catalanes nos incumbe también a las andaluzas por estar sometidas al mismo Estado neofranquista. Hoy, la lucha del Pueblo Trabajador Andaluz por una Andalucía libre se juega en Catalunya. De la victoria de las fuerzas democráticas y soberanistas en Catalunya va a depender el futuro del resto de pueblos sometidos al Estado Español. La lucha del pueblo catalán es la lucha de todas las que queremos vivir en una nación donde la democracia se base en la soberanía de la clase trabajadora y en la justicia social.

NACIÓN ANDALUZA declara que esta sentencia confirma el carácter neofranquista del Estado Español, la inexistencia de división de poderes y la esencia autoritaria y el carácter oligárquico del sistema político español. Desde NACIÓN ANDALUZA exigimos una amnistía colectiva a todas las procesadas frente a los indultos individuales que parte de la burguesía española y catalana están negociando.

Desde NACIÓN ANDALUZA hacemos un llamamiento a nuestra organización en Catalunya, así como a las cientos de miles de trabajadoras andaluzas que residen en aquel país, a participar en la auto-organización popular para hacer frente al escenario de ruptura y confrontación con el Estado Español que se abre a partir de este momento.

NACIÓN ANDALUZA convoca al Pueblo Trabajador Andaluz a expresar su solidaridad con Catalunya y a manifestar en las calles de los pueblos y ciudades andaluzas el rechazo a la violencia policial y judicial ejercida por el Estado Español contra el pueblo catalán.

¡ANDALUCÍA CON CATALUNYA!

¡ESTADO ESPAÑOL, CÁRCEL DE PUEBLOS!

Permanente de la CN de Nación Andaluza

Andalucía, 14 de octubre de 2019

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Bolivarianismo y socialismo

Podemos aseverar que el proceso revolucionario llevado a cabo por Simón Bolívar desde principios del siglo XIX entra, por su naturaleza de libertad e independencia, por sus proyecciones de igualdad, por sus conceptos de importancia dada a la educación para todos los componentes del pueblo, por su interés de garantizar alimentación para todos, por sus proyecciones unificadoras y de libertad para todos los pueblos latinoamericanos y del Caribe, como una parte integral de esos procesos ascendentes y orientados hacia la conquista de justicia social para la Humanidad.

Todas esas luchas, aunque así no hayan sido identificadas, han constituido, desde la perspectiva que aquí exponemos, un paso ascendente hacia el socialismo. A su vez, Bolívar combatió en todos los frentes contra lo retrógrado y divisorio para los pueblos, que comenzaban a caer bajo las garras del sistema capitalista de EEUU. Eran los años en que se iba cuajando esa nación de América del Norte en potencia imperialista, cuya pretensión era establecer las bases para el control militar y político de la América toda. Ese era el proceso desarrollado por los más fuertes para someter y explotar a los más débiles garantizando así la supremacía del sistema capitalista y su culto a la propiedad privada con todo lo que ello significa en inequidades, hambre, sufrimientos y muerte para las grandes mayorías de desposeídos.

Uno de los procesos más importantes iniciado por las intensas luchas bolivarianas, fue la solidaridad activa generada en todos los pueblos latinoamericanos y del Caribe en torno a ese movimiento revolucionario. Los valores humanitarios y libertarios impulsados por el General Simón Bolívar – antes de que las ansias de poder y la insidia tomaran posesión de algunos de quienes fueron importantes militares bajo su mando – fueron aquellos que penetraron en las conciencias de los seres humanos más sanos que formaban parte del Ejército bolivariano. Los dos siglos que han pasado y que, igualmente, han fijado la figura de Simón Bolívar en las conciencias de los luchadores provenientes de todos los pueblos de Nuestra América, demuestran la grandeza y el alcance de su obra. Bolívar ha sido materia de inspiración para todas las generaciones de revolucionarios que le han dado continuidad a su pensamiento a través de los siglos, al igual que para los mejores poetas, pintores y cantores de las naciones latinoamericanas, naturalmente, incluyendo a nuestro Puerto Rico, que ha sido prolífico en la exaltación de su figura.

Las campañas libertadoras llevadas a cabo por Bolívar generaron una intensa solidaridad, pero nada puede ser tan claramente demostrativo de esa solidaridad, como lo fue el proceso de luchas libertadoras que fue cobrando cuerpo de rebeldía desde finales del siglo XVIII en la enorme mayoría de las naciones de Nuestra América, hasta convertirse en un sólido movimiento organizado con Bolívar y numerosos patriotas identificados con la causa de la independencia a la cabeza. Esa causa libertadora tocó los corazones de todos aquellos seres humanos apegados a la gran verdad humana, con visión y desprendimiento, y quienes, habiendo nacido en los que ya eran territorios geográfica y políticamente definidos, presentían la importancia histórica de, por lo menos, sembrar la semilla de una América Latina y Caribeña encaminadas hacia su conversión en una gran nación unificada por un ideal de libertad y justicia social. Bolívar fue el gran estratega de ese ideal.

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Filiberto Ojeda Ríos, autor del artículo, fue un dirigente político-militar del independentismo en Puerto Rico. En 2005 fue brutalmente asesinado tras un asedio del FBI a su vivienda en el que lo dejaron morir desangrado tras un cobarde ataque. (FOTO: Indymedia PR)

Si bien, el proyecto bolivariano tenía como objetivo central la conquista de la independencia, y desarrollar la unidad latinoamericana, sus objetivos de justicia social fueron claramente demarcados en lo que fueron sus pronunciamientos de Angostura, al igual que la Carta de Jamaica y otros documentos de fundamental importancia estratégica que exponían, como parte de sus principales objetivos, la unificación de todas las naciones latinoamericanas y caribeñas y su conversión en Patria Grande.

De esa manera, el Libertador era, además, el Unificador. Al decir de nuestro querido Eugenio María de Hostos: “el ciudadano de América, refiriéndose al significado de la victoria de Ayacucho, Puerto Rico, las Antillas, Nuestra América toda. Ayacucho es, pues, más que una gloria de estos pueblos, más que un servicio hecho al progreso, más que un hecho resultante de otros hechos, más que un derecho conquistado, más que una promesa hecha a la Historia y a los contemporáneos de que los vencedores en el campo de batalla eran la civilización contra el quietismo, la justicia contra la fuerza, la libertad contra la tiranía, la república contra la monarquía; Ayacucho es un compromiso contraído por toda la América que dejó de ser española en aquel día.

Los fundamentos bolivarianos respecto a la justicia social proporcionaban grandes esperanzas y aspiraciones en las fuerzas profundamente progresistas de todos los pueblos latinoamericanos y del Caribe cuyas necesidades de liberación eran cónsonas con dichos ideales.

Las ideas de Bolívar fueron capaces de captar la imaginación creadora y revolucionaria de los más destacados seres humanos de aquellos tiempos. Esas tendencias habrían de constituir la inspiración para las proyecciones unitarias de Nuestra América, adoptadas posteriormente por Martí, Betances y muchos otros a finales del siglo XIX, al igual que por Fidel Castro y Hugo Rafael Chávez y todos los que comulgamos con dichos ideales en la actualidad. Los postulados bolivarianos, tanto políticos como sociales, pasados de generación en generación como línea de pensamiento estratégico de lucha fundamentada en el conocimiento y la profundización de nuestra Historia, son comparables a los que ahora son expuestos por los revolucionarios de actualidad mencionados bajo el nombre de socialismo.

No se trata de un socialismo esquemático, ni dogmático, sino de la aplicación de la metodología marxista para el establecimiento de proyecciones revolucionarias, que no son otra cosa que el bienestar del pueblo, la verdadera igualdad de derechos y todo lo comprendido por el concepto de justicia social, naturalmente, partiendo de las contradicciones antagónicas existentes en todo sistema socio-económico y descritas por Carlos Marx. Esas contradicciones, al ser estudiadas con profundidad científica, nos permiten estar en condiciones de establecer un sólido análisis de la realidad, llegar a conclusiones con mayor objetividad, y establecer estrategias y tácticas de lucha cuyo contenido es orientado hacia la reorganización del sistema de producción, de la propiedad y de la distribución de los bienes elaborados por la sociedad trabajadora. Al actuar por el bienestar social y en contra de la explotación del hombre por el hombre, se actúa por el socialismo. De eso trata en buena parte la Revolución Bolivariana.

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Alegoría ecuestre de Simón Bolívar, el Libertador de América Latina.

Los seguidores del ideario de Bolívar se podrían contar por miles en toda Nuestra América a través de los años. Sin embargo, podemos afirmar de manera categórica que no ha existido un solo dirigente patriota en la lucha de los boricuas por la independencia a través de todas las décadas que han seguido a la epopeya bolivariana y precedido el momento actual, al igual que los más importantes poetas y pintores de generaciones pasadas y presentes, para quienes Bolívar no haya sido fuente de inspiración, quizás con la misma profundidad que lo ha sido en su país de origen: Venezuela.

La contribución de profundo carácter bolivariano de los puertorriqueños, comenzando con el General Antonio Valero hasta la actualidad, ha sido una constante en el quehacer histórico de todos los luchadores boricuas. Los paradigmas de la lucha por la independencia y la libertad del pueblo puertorriqueño, si los colocamos de manera generacional en nuestra historia de lucha, han sido los siguientes: General Antonio Valero nacido en Fajardo (Puerto Rico) en el año 1790 y fallecido en 1863; los hermanos Andrés y Juan Vizcarrondo, que lucharon por nuestra independencia durante los años de 1835 hasta fines de la década de 1860, y que apoeraron también desde Venezuela; Ramón Emeterio Betances, Segundo Ruiz Belvis y Eugenio María de Hostos, que lucharon desde la década de 1860 hasta el final de sus días. Ruiz Belvis falleció en 1898 y Hostos en 1903; José de Diego, que ocupó el liderato independentista durante las primeras dos décadas del siglo XX, hasta su fallecimiento en 1918; Pedro Albizu Campos, líder profundamente relevante que encabezaba la lucha patriótica desde finales de la década de 1920 hasta pasada la insurrección nacionalista, el ataque a la Casa Blair y el ataque al Congreso de EEUU en la década de 1950, fallecido en 1965; Juan Antonio Corretjer, revolucionario socialista, poeta de reconocimiento internacional y Comandante Honorario del Ejército Popular Boricua-Macheteros (EPB-M), que ejerciera su liderato desde la década de 1960 hasta su fallecimiento en 1985; y finalmente, el Ejército Popular Boricua, actual continuador, entre otros, de las ideas promulgadas por todos nuestros patriotas revolucionarios. Es a los efectos de establecer la trascendencia de estos grandes puertorriqueños, que habremos de exponer lo que fueron las ideas bolivarianas y libertadoras de cada uno durante todas esas décadas de luchas forjadoras de nuestra histórica tradición, al igual que de los postulados del Ejército Popular Boricua.

Por Filiberto Ojeda Ríos

Portavoz del IRA de la Continuidad: “Nos estamos reagrupando, se avecinan más ataques”

La inminente salida de Gran Bretaña de la UE despierta recuerdos oscuros y temores de una nueva violencia en la dividida isla de Irlanda. Uno de los grupos armados es el IRA de la Continuidad (“Continuity IRA, CIRA”), cuyo portavoz declaró a la televisión sueca “SVT News” que los ataques recientes continuarán.

“No necesitamos justificar nuestras acciones”, dice.

Cuando una bomba explotó el 19 de agosto en la frontera entre el Reino Unido y la República de Irlanda en Irlanda del Norte, las autoridades pronto identificaron al grupo armado CIRA como el responsable. Fue la segunda acción en poco tiempo donde se identifica al IRA de la Continuidad. El 26 de julio, unas personas llamaron a la Policía después de encontrar una bomba.

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Miembros del IRA de la Continuidad durante la lectura de un comunicado

El IRA de la Continuidad asumió la acción, que no provocó lesiones personales, en una entrevista con el citado medio sueco.

“Los ataques fueron una respuesta a la presencia de fuerzas británicas en nuestro país. Esos ataques continuarán”, dijo un portavoz del IRA de la Continuidad que aparece enmascarado y sin nombre.

El Brexit puede afectar

El IRA de la Continuidad surgió en 1986 como una de varias ramas del histórico Ejército Republicano Irlandés (“Irish Republican Army, IRA”), insurgentes que lucharon por una Irlanda unida e independiente de los británicos a través de la guerra de guerrillas y ataques con explosivos. El IRA Provisional se desarmó oficialmente después del acuerdo de paz con el Reino Unido de 1998, pero algunos grupos como el IRA de la Continuidad se han opuesto a este acuerdo.

El portavoz del CIRA afirma que se están preparando. El Reino Unido, y por lo tanto Irlanda del Norte – pero no la República de Irlanda – abandonarán la Unión Europea el 31 de octubre. Un Brexit severo puede significar más fuerzas fronterizas británicas, y por lo tanto, más objetivos. No obstante, según el portavoz republicano irlandés, “las acciones armadas habrían continuado de todos modos”.

“Tiene un cierto impacto, pero no importa lo que haga el Reino Unido”, dice el portavoz del IRA de la Continuidad.

“Puedo hablar de los republicanos que lucharon duro durante 30 años contra el dominio británico. Lucharán igual de duro para defender la paz”, dice Mairtin O Muilleoir, destacado político del Sinn Féin.

Por último, al portavoz del IRA de la Continuidad se le preguntó:

¿Cómo justifica el IRA de la Continuidad sus ataques teniendo tan poco apoyo popular?

“No necesitamos justificar nuestras acciones ante nadie”, dijo el portavoz al medio sueco. “Creemos que es el camino correcto”.

FUENTE: “Resumen Latinoamericano”

Lo que no quieren que sepamos sobre Blas Infante

Una noche como la del 10 de agosto de 1936 terminó con el asesinato de Blas Infante Pérez a manos del Ejército español. Caída la noche lo sacaron del Cine Jáuregui para hacer su último viaje. En su puerta nos damos cita todos los años distintas organizaciones de la izquierda soberanista y revolucionaria para rendirle un sincero homenaje. Para recordar y recordarnos a aquellos que entregaron su vida por la libertad de Andalucía y a las propuestas que hicieron para sacar al Pueblo Trabajador Andaluz de la barbarie en la que lo sumió el colonialismo español como expresión peninsular hegemónica del imperialismo.

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Blas Infante con el zorro Dimas en “Dar al Farah” (la Casa de la Alegría), su residencia de Coria del Río.

Pero recordar a Blas Infante implica también recordar sus planteamientos políticos, que es algo que al régimen le desagrada profundamente. No es de extrañar, puesto que el pensamiento que desplegó el llamado andalucismo que dirigía Blas Infante supone un cuestionamiento radical de la Andalucía de principios del siglo XX (pero también de la Andalucía de principios de este siglo XXI). Todo ello a pesar de que la detención de Infante el 2 de agosto de 1936 en su casa de Coria del Río obligó a su esposa a quemar todos los escritos que consideró comprometedores. Por ello, los escritos que han llegado hasta nuestros días son tan solo una parte, sesgada por su lado más revolucionario e independentista, del pensamiento infantiano.

Habiendo sido recientemente la efeméride del asesinato, y ante la previsible y finalmente realizada acción de minimización y caricaturización del pensamiento político de Blas Infante, es necesario recordar algunos elementos clave para entender su pensamiento, que precisamente el régimen intenta ocultar a toda costa.

Blas Infante no era “autonomista”

La recuperación de la soberanía política andaluza fue una de las claves de su pensamiento. Cualquier semejanza de esa soberanía con la Andalucía autonómica actual es un chiste fácil, puesto que el régimen actual es una descentralización de la administración estatal española, sin autonomía efectiva alguna (ni económica, ni política, ni fiscal).

“Nosotros no tenemos, por ahora, otras denominaciones que las de ‘República Andaluza’ o ‘Estado Libre o Autónomo de Andalucía’ para llegar a expresar aquella ‘Andalucía soberana, constituida en democracia republicana’ que dice el artículo primero de la Constitución elaborada para Andalucía, por la Asamblea de Antequera, hace medio siglo, en 1883.” (La verdad sobre el Complot de Tablada y el Estado Libre de Andalucía, 1931)

El modelo previo que constituía para Blas Infante un punto de partida para la verdadera autonomía andaluza era la Constitución Andaluza de 1883, que en el artículo que cita Infante continúa diciendo: “[…] y no recibe su poder de ninguna autoridad exterior al de las autonomías cantonales que la instituyen por este pacto”. Nada que ver con la Andalucía actual, en la que las leyes se hacen como desarrollo y concreción de las leyes españolas y nunca en contraposición a ellas. Siguiendo con un esquema vertical en el que es desde la corte centralista de Madrid donde se dictan las orientaciones esenciales de todos los aspectos que afectan a nuestra vida cotidiana (educación, salud, medio ambiente, economía, infraestructuras…). Como ejemplo podemos citar la anulación en 2011 del artículo del Estatuto de Autonomía de 2007 referido a las competencias sobre la Cuenca Hidrográfica del Guadalquivir.

Blas Infante no era defensor de la integridad del Estado

Blas Infante maduró su pensamiento desde su primera obra “Ideal Andaluz”, radicalizándolo hasta los últimos años (1933-1936) en los que abre una etapa posibilista. Pero en toda su trayectoria negó cualquier entidad nacional al Estado Español. Lo reconoció como institución existente (un Estado) y como una realidad geográfica (utilizándolo muchas veces como sinónimo de Península Ibérica). Nunca como entidad nacional y así lo expresa cuando dice “[…] Andalucía fue siempre pueblo cultural, guía libre de otros pueblos de España…”.

Los esfuerzos de Mª Ángeles Infante por declarar cada vez que le acercan un micrófono que su padre no era separatista no pueden enterrar los escritos y el proceder de Blas Infante. Su visión del Estado Español fue – especialmente – meridianamente clara en la década de 1920. Lo manifestaba en el “Manifiesto de Córdoba” (redactado en la Asamblea de Córdoba de 1919, del que fue uno de sus principales inspiradores:

“Declarémonos separatistas de este Estado que, con relación a individuos y pueblos, conculca sin freno los fueros de la justicia y del interés y, sobre todo, los sagrados fueros de la Libertad; de este Estado que nos descalifica ante nuestra propia conciencia y ante la conciencia de los pueblos extranjeros. […] Ya no vale resguardar sus miserables intereses con el escudo de la solidaridad o la unidad, que dicen nacional.”

Y también lo manifestó en un artículo aparecido en “El Regionalista” en 1919, que no está firmado pero que es de su inconfundible autoría:

“Andaluces: si el Estado centralista español fue y es, como dicen sus sostenedores, la España viva, execrad siempre de esa España. Renegad de ella.

¿Por qué llamáis patria a esa España? ¿Qué paternales desvelos tenéis a España que agradecer?”

Y lo expuso también en 1923, durante un mitin ante la Cámara de Inquilinos de Sevilla, organizado por su amigo anarquista Pedro Vallina: “El Estado Español no es expresión jurídica de una forma social, sino poderes representativos de una clase dictadora”.

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Monumento a Blas Infante como “Padre de la Patria Andaluza” en Jerez de la Frontera.

Además, la utilización de España para Blas Infante es un elemento táctico, que viene a ocultar y evitar la persecución política de la que el andalucismo revolucionario de Infante fue objeto, escondiendo la profundidad de su pensamiento. En una entrevista al diario “El Sol” en 1931, decía:

“La dictadura (de Primo de Rivera), pese al sigiloso proceder que observábamos – proceder que solo descifró en España el señor (Francesc) Cambó al decirme en una charla de tren que ‘liberalista’ quería decir ‘separatista’, nos destrozó a nuestras sociedades, deportó a los adheridos de Córdoba y clausuró nuestras escuelas (los Centros Andaluces).”

Es de esta manera que podemos entender algunas de las contradicciones aparentes del pensamiento infantiano en este sentido. Lo escribe el propio Blas Infante en una carta enviada al escritor catalanista Joaquim Casas-Carbó en 1936:

“Nosotros hemos practicado la táctica política. No hay más que una táctica: acomodación de la conducta política (u ordenada al beneficio de la Comunidad), según las exigencias o permisiones de las circunstancias vigentes. Durante un cuarto de siglo hubimos de dirigirnos atentos a un aprovechamiento completo o exhaustivo de aquellas permisiones, elaboradas por nosotros mismos, o suscitadas por el azar, que a nuestra acción se iban ofreciendo.”

La Andalucía libre de Blas Infante era una Andalucía internacionalista

Blas Infante se preocupó por el devenir mundial de los grandes acontecimientos de su época. Una de sus obras políticas de mayor profundidad política, “La dictadura pedagógica”, es formulada como una disgresión andaluza del concepto marxista de la dictadura del proletariado, que acababa de ponerse en marcha tras la Revolución de Octubre de 1917. La visión nacional andaluza que formula Blas Infante no puede ser, a su vez, más internacionalista. Y por eso expresa:

“Mi nacionalismo, antes que andaluz, es humano. Creo que, por el nacimiento, la naturaleza señala a los soldados de la Vida el lugar en donde han de luchar por ella. Yo quiero trabajar por la Causa del espíritu en Andalucía porque en ella nací. Si en otra parte me encontrare, me esforzaría por esta Causa con igual fervor.”

Expresó una adhesión al nuevo modo de producción económica socialista, pero también de ordenación de la sociedad:

“Hay dos clases de comunistas: la de aquellos que aspiran, mediante el esfuerzo propio, a engrandecer su vida para darla toda a la comunidad; y la de aquellos que esperan en que una colectividad, formalmente comunista, venga a satisfacer las exigencias de su propia vida individual.” (La dictadura pedagógica, 1923)

Pero supo ver en Lenin el “dictador pedagógico” que elevara la conciencia de las masas:

“Nosotros aseguramos que, además, es la dictadura del proletariado la más transitoria de todas. ¿No veis a Lenin, apenas iniciada la revolución de la conciencia rusa, pasada la reacción contra el régimen zarista, convertido ya en dictador pedagógico?” (La dictadura pedagógica, 1923)

Blas Infante era profundamente anticapitalista

Su asesinato la noche del 10 al 11 de agosto de 1936 fue justificado y legalizado por el franquismo con una sentencia de muerte posterior que lo acusaba de “formar parte de una candidatura de tendencia revolucionaria en las elecciones de 1931 y en los años sucesivos hasta 1936 se significó como propagandista de un partido andalucista o regionalista andaluz”. Esta imagen de Blas Infante choca con la imagen que nos transmiten desde la Junta de Andalucía, el sistema educativo e instituciones análogas. Tras los “40 años de paz” franquista nos han intentado vender un Blas Infante adocenado e inofensivo también en lo económico. Así es como quiere el régimen que recordemos al mayor intelectual andaluz de la primera mitad del siglo XX.

Sin embargo, nada más alejado de la realidad. Su apoyo es incondicional a la reforma agraria y a la alteración profunda de la propiedad de la tierra, lo que atentaba contraponiendo los intereses de la burguesía agraria andaluza (tan importante en el sostenimiento del Estado Español desde la segunda mitad del siglo XIX) a los del pueblo trabajador. Ya en una fecha tan temprana como 1913 manifiesta:

“Ha llegado la hora de que el privilegio muera: no puede persistir la terrible impunidad que divide a los hombres en señores y esclavos; no puede perdonarse ese crimen monstruoso que premia el vicio y castiga la virtud, que otorga al ocio todos los placeres e inflige al trabajo todas las virtudes. Ha llegado la hora de que el hombre se emancipe del yugo del hombre.”

Polemizó abiertamente con el otro andalucismo existente en la época, porque lo cierto es que desde los primeros momentos en que el andalucismo comienza a formularse (en las primeras décadas del siglo XX) empieza también a definirse en dos líneas opuestas: la conservadora españolista y la revolucionaria soberanista. La segunda estaba dirigida por Blas Infante. El andalucismo regionalista y conservador estaba encabezado por José Gastalver.

Gastalver se oponía a la reforma agraria y afirmaba que en Andalucía “el problema es de producción de riqueza y no de distribución de la misma”. En la Andalucía donde las diferencias sociales y la desigualdad atenazaban a los trabajadores, también había burgueses como Gastalver que querían fundamentarse en un regionalismo que pisoteara a los trabajadores para alzarse políticamente y conseguir un trozo del pastel político. Además, el andalucismo de Gastalver era abiertamente estatalista y francamente oportunista. Elementos todos ellos que se reproducen en cierto andalucismo aún hoy. Todo ello hizo declarar a Blas Infante en una carta escrita al director del diario “El Liberal” en 1919: “Si él es regionalista, nosotros no lo somos; y si lo somos nosotros, él no los es”; haciendo una clara oposición dialéctica entre el andalucismo conservador de Gastalver y el andalucismo revolucionario de Infante. Bien harían algunos andalucistas e incluso soberanistas en revisar el proceder de Gastalver para averiguar que ya hace 100 años sabe el andalucismo revolucionario la forma de proceder para liberar a este pueblo.

Pero el programa anticapitalista de Infante no se circunscribió solamente al mundo rural andaluz. En una intervención que hace ante la Cámara de Inquilinos de Sevilla (asociación de trabajadores que buscaban hacer un frente común de lucha frente a las subidas de alquiler de las viviendas que establecían los propietarios) plantea que la problemática del Pueblo Trabajador Andaluz desposeído responde, evidentemente, a los mismos razonamientos tanto en el campo como en la ciudad: la colonización del País Andaluz, su sometimiento al Estado:

“Con este problema de la habitación, ocurrirá lo mismo que sucede con esa cuestión sombría que dicen ‘problema agrario andaluz’, y que no es tal problema agrario, sino el más fundamental problema de un pueblo que desconoció el feudalismo en los tiempos medievales; reducido, ahora, a esclavitud feudal, por haberle sido arrebatada desde hace siglos, la tierra que perteneció a sus padres, por la conquista, o por el despojo. Sobran ya, con respecto a este problema, las informaciones de hechos y las soluciones de doctrina. Casi todos los años, envía el Gobierno la consabida comisión del Instituto de Reformas Sociales, que venga a calmar, con sus promesas de estudio y de próximos remedios, la fiebre de rebeldía que se apodera de los campesinos, sin campos, durante las épocas de la recolección.

Pero, jamás ha llegado, ni llegará nunca a resolver nada, desde el centro depredador. Y así, durante cinco siglos… ¡Pobre Andalucía, sin tierras en el campo, y en las ciudades sin habitación!”

El “hombre nuevo” y el “nuevo pueblo andaluz” de Blas Infante

La transformación territorial, política y económica de Andalucía tienen en el pensamiento de Blas Infante un elemento de coherencia en la dimensión ética y moral que para él ha de tener la Nueva Andalucía. Esta es una constante que aparece especialmente en su obra “La dictadura pedagógica” de 1923 (las citas incluidas a partir de ahora son de esta obra), aunque atraviesa todo el pensamiento infantiano. Una constante que entronca de forma directa y sorprendente con las reflexiones que desde el marxismo se han hecho sobre la ética de la revolución y el revolucionario. Ernesto “Che” Guevara afirmaba, por ejemplo, que “el comunismo es un fenómeno de conciencia”. Blas Infante lo plantea así:

“Somos o aspiramos a ser comunistas de la primera especie [antes citada]. Y decimos, aspiramos a ser, porque nuestra modestia se resiste a conferirnos con este nombre de comunistas, expresión cuyo concepto verdadero es la esencia de una pura y excelsa santidad.”

Hay, además, un paralelismo evidente entre la necesaria revolución cultural que Lenin se planteara para el medio rural ruso y el concepto que formula Blas Infante:

“Este es el problema: porque repetimos nuestro dogma. Todas las creaciones orgánico-sociales que vinieran a establecer cualquier revolución, encaminada hacia el fin de instaurar el comunismo social, serían completamente inútiles, en el estado de conciencia social que alcanzan actualmente los individuos humanos. El grado actual de desarrollo de los instintos vendría a reflejarse enseguida en la organización social, pese a todas las combinaciones y previsiones orgánico-revolucionarias; y en definitiva, una misma esencia; un mismo alma; y a la postre una semejante estructura orgánica, vendría a tener la sociedad que así se construyera.”

Para él, la semilla generadora de la nueva sociedad es la ética. Repite la misma idea, formulada de otra manera: “El ideal que venga a crear la sociedad comunista ha de ser, pues, de índole religiosa o moral”.

Estos y otros muchos aspectos del pensamiento de Blas Infante son objeto del desprecio y de la ocultación de las instituciones y las élites intelectuales.

Por Carlos Ríos

Sea por Andalucía libre

Blas Infante es un caleidoscopio. O un “hombre de muchos senderos” en lenguaje homérico. Lo puedo identificar con, al menos, tres arquetipos de Jung y algún académico lo ha definido en mi presencia como “revolucionario moderado”, aunque confieso que he oído definiciones mucho menos complacientes con su figura. En cualquier caso no es un personaje homogéneo ni lineal. Estuvo siempre atento a las grandes transformaciones de su tiempo y, por eso mismo, con una elaboración intelectual y política continua y cambiante.

De ahí que la imagen que acude a mi mente cuando pienso en Infante es la de un caleidoscopio, un instrumento que permite ver imágenes simétricas en permanente transformación, un geómetra de la belleza (con un lenguaje endiablado en ocasiones), un hombre de verano, contradictorio a veces, heterodoxo siempre, con más luz que sombras.

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En estas fechas, aniversario de su asesinato, la diversa comunidad andalucista se congrega para homenajear la memoria de Blas Infante con diferentes actos de reconocimiento. Las instituciones andaluzas, por su parte, cumplen el rito de celebrar su cumpleaños porque en los días de agosto nuestros gobernantes están de vacaciones, hace un sol inclemente y resulta incómodo ir al kilómetro 4 de la carretera de Carmona y mezclarse con la gente.

El mejor homenaje a cualquier persona singular, desde mi punto de vista, es acercarse a su pensamiento. Por eso quiero reconocer en esta ocasión al Infante más político, al que marca nítidamente su posición ante la realidad y formula una propuesta para cambiarla. Hay muchos “Infantes”: el simbólico, el partidario, el intelectual, el jurista, el masón, el escritor… Hoy quiero detenerme en el político que inspira y redacta el Manifiesto de Córdoba de 1919.

Unos apuntes mínimos sobre el contexto para entender mejor el texto: es tiempo de graves conflictos y revolución en Europa: la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa. También en España: la Primera Restauración Borbónica, sustentada en el bipartidismo turnista entre conservadores y liberales, estaba al borde del colapso y carcomida por la corrupción; la conflictividad social era intensa. Y en Andalucía un sistema económico extractivo, débil, casi colonial, generaba un sistema social en el que la mayoría de la población era analfabeta, estaba mal alimentada, tenía que emigrar o trabajar en el campo, a destajo y en las condiciones que marcaban los caciques. La conflictividad social era el signo más destacado de este tiempo.

El conocido como Manifiesto Andalucista de Córdoba es uno de los textos infantianos que menos envejece, no deja de ser sorprendente su vigencia 100 años después. Según su encabezamiento, es un “texto acordado por el Directorio Andaluz de Córdoba el día 1 de enero de 1919 y refrendado por la Asamblea Autonomista reunida en Córdoba el 25 de marzo del mismo año”.

En forma de carta abierta dirigida a los representantes en todas las instituciones políticas y sociales y “a todos los habitantes del territorio andaluz”, el texto tiene tres fundamentos: abolición de los poderes centralistas, Andalucía libre y Federación Hispánica.

Define y explica Andalucía como nacionalidad mucho antes de la Transición, de la Constitución de 1978 y del “café para todos”. Solicita para Andalucía “la facultad de constituirse en democracia autónoma, ordenadamente, organizando sus poderes legislativo, ejecutivo y judicial”. Esta autonomía plena significa capacidad de decisión, autogobierno y autodeterminación expresada hace 100 años. Las razones son las mismas 100 años después: una comunidad de objetivos, una memoria y un pueblo singular. La autonomía de Andalucía es compatible en el texto con una organización del Estado solidaria y plurinacional – cien años hace, aunque no se lo crean. El Manifiesto considera que el centralismo, que resguarda sus intereses “con el santo escudo de la solidaridad o unidad, que dicen nacional”, como problema y el federalismo, en la línea de Pi y Margall, como solución.

Pero el texto es profundamente político no sólo porque hable de política, sino porque es global y social, que, al cabo, de eso se trata: de reconocer la realidad, completa y compleja, y priorizar los cambios necesarios para mejorar la vida de la gente, jerarquizando los compromisos y las urgencias.

El Manifiesto aborda el sistema económico de Andalucía, “nuestros urgentes problemas”: el hambre como problema y la tierra como solución, “absorber en beneficio de la comunidad municipal el valor social del suelo”; establecimiento de cooperativas municipales de consumo, empresas públicas “agrícolas e industriales”; “escuelas prácticas de artes, de agricultura y de ingeniería, en armonía con las necesidades de la región”. Plantea un Estado Regional del Bienestar: autonomía de los centros de enseñanza, instrucción gratuita y obligatoria, “un ejército de maestros y profesores”, “un ejército de médicos e higienistas”. Reconoce la “independencia civil y social” de la mujer, derogando toda subordinación desde la mayoría de edad.

En el texto hay, también, un claro acercamiento a la clase obrera, que en Andalucía era fundamentalmente jornalera y campesina, y que estaba, entonces, alejada de los postulados andalucistas: “Invocamos a todas las clases, principalmente a las obreras (…) Vengan los obreros, sobre todo los campesinos, a defender la aplicación del sagrado principio de tierra y libertad”.

Cien años después, tantas vidas y tantos esfuerzos después, las y los andaluces han elegido un gobierno formado por quienes no creyeron ni lucharon por la autonomía (la derecha del “andaluz, este no es tu referéndum”, ¿recuerdan?) sostenidos por unos pocos enemigos declarados de la autonomía; un gobierno formado por quienes son abolicionistas de lo público en beneficio del negocio privado (en educación, sanidad, agricultura, industria, comercio…), sostenidos por unos pocos enemigos de la independencia de las mujeres.

Desde luego, siempre es tiempo de recordar las victorias, siquiera para no perderlas.

¡Sea por Andalucía libre, Iberia y la Humanidad!

Por Pilar González Modino

Secretaria General del Partido Andalucista (2008-2012)

Homenaje merecido

Durante los últimos días y al hilo de los recibimientos dados a varios presos políticos en sus pueblos tras su salida de prisión, los distintos falsos pacifistas y las organizaciones neofascistas de “víctimas” han comenzado a meter escándalo.

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Recibimiento de uno de los presos políticos vascos excarcelados el pasado fin de semana. (FOTO: “Borroka Garaia Da”)

Los primeros han hecho un llamamiento a hacer los recibimientos en un ambiente privado, y los otros han pedido que se prohíban bajo el argumento de que son una ofensa a la memoria de las víctimas. Los mismos que insultan públicamente a los presos y a las presas piden ahora que se les hagan recibimientos privados.

Lo que hay detrás de esto es, en realidad, un intento por condicionar el futuro por medio de la manipulación del pasado, y eso pasa por humillar a la parte revolucionaria. De lo contrario, no pasarían siempre de soslayo el hecho de que muchas de esas “víctimas”, antes que víctimas, también han sido verdugos.

Hay que sumar que la mayoría de esos presos y presas han sufrido, además de la tortura crónica de la cárcel, incluida la que supone vivir en las galerías de aislamiento, las salvajes torturas de comisaría. Y las han sufrido precisamente a manos de algunas de esas “víctimas” que se han sentido ofendidas por estos recibimientos, a manos de esos que aplaudían, apoyaban, llevaban a cabo, decidían u ordenaban (y lo siguen haciendo) los asesinatos de militantes vascos.

Los mismos que han traído la receta de la asimilación a Euskal Herria de la mano de las marionetas del imperialismo que también han actuado en Sudáfrica, Irlanda y Colombia, nos dicen cómo tenemos que recibir a los nuestros, y lo hacen en nombre de una supuesta convivencia. Los que llaman violencia a luchar contra la primera de las violencias, lo que en realidad hacen es un lavado de cara de dicha violencia. Está claro que su paz y la nuestra no son la misma.

Su objetivo no es guardar la memoria y la dignidad de ninguna víctima, sino mantener la situación tal y como está, con la clase trabajadora pisoteada y con los derechos nacionales de Euskal Herria vulnerados en favor de una minoría. Para eso les resulta imprescindible defender el concepto burgués de paz, mudos ante la violencia estructural y quejosos ante la revolucionaria-defensiva.

Ni uno solo de estos falsos pacifistas ha dicho ni mu ante el acoso policial denunciado este fin de semana por 3 jóvenes. Ya no existe ETA pero sí la violencia estructural, que es el pecado original. Y ahí está la clave, que utilizan esa violencia contra todo aquel que se mueva fuera de los parámetros establecidos por el sistema, contra todo aquel que quiera luchar. Toca defender nuestro derecho a luchar y su legitimidad, y eso también se hace dando un merecido homenaje a quienes más han dado. Buen regreso a todos y todas las que se han mantenido firmes y dignas en las garras del enemigo. La libertad la conseguiremos por medio de la lucha. Borrokaren bidetik lortuko dugu askatasuna!

Por Sendoa Jurado García (militante pro-amnistía)

Comunicado del MINH ante la renuncia de Ricardo Rosselló

minhEl Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH) se une a la celebración por la victoria histórica del pueblo unido ante la renuncia del ex-gobernador Ricardo Rosselló. Este triunfo es uno colectivo, que ha sido posible gracias a una jornada de manifestaciones intergeneracionales variadas y creativas, que se generaron tanto en Puerto Rico como a nivel internacional. Agradecemos a la diáspora, que una vez más demostró que somos la misma nación puertorriqueña, a los artistas que se hicieron bandera en este llamado, a los jóvenes que asumieron su responsabilidad histórica. En fin, al pueblo puertorriqueño.

Los puertorriqueños y las puertorriqueñas tomamos la responsabilidad que nos corresponde y manifestamos la indignación en cambio social y acción. Repudiamos masivamente el machismo, la misoginia, la burla y el desprecio a la diversidad, a la comunidad LGBTTQIA, a la corrupción, al amiguismo y a la impunidad de quienes se creyeron estar por encima de su pueblo. Reclamamos otro país posible y sabemos que este es el punto de partida para una transformación en la política y en las instituciones. Es por eso que seguiremos en la calle en las manifestaciones convocadas para celebrar y para continuar exigiendo las reivindicaciones necesarias.

Entre estas exigimos que:

  1. El gobernador o la gobernadora designada haga suyos los reclamos del pueblo en esta jornada de manifestaciones.
  2. La eliminación inmediata de la “Ley PROMESA” y de la Junta de Control Fiscal.
  3. La continuidad inmediata de las investigaciones por corrupción, tanto del ex-gobernador como de todos los miembros de su gobierno, y el encausamiento criminal a los culpables.
  4. La auditoría inmediata de la deuda.
  5. El nombramiento inmediato de los cargos vacantes en el Gobierno con candidatos y candidatas que asuman estos reclamos y respondan al pueblo, y que no tengan vinculación con ninguno de los partidos que se han alternado en la gobernanza.
  6. Un proceso de descolonización que cumpla con los parámetros del derecho internacional.
  7. Una reforma radical de la Constitución convocando inmediatamente una Asamblea Constituyente bajo el Artículo VII de la misma para atender los reclamos del pueblo y que elimine la subordinación a la cláusula territorial y la “Ley 600” y una Asamblea Constitucional de Estatus para atender el proceso de descolonización.
  8. Que se declare un estado de emergencia contra la violencia machista.
  9. La no radicación de cargos a los manifestantes que han sido arrestados en la jornada de las manifestaciones.
  10. El rechazo al nombramiento de un monitor federal y la creación de un nuevo cuerpo compuesto por ciudadanos puertorriqueños para la supervisión de la distribución y uso de los fondos federales destinados a la reconstrucción con participación de las comunidades a las cuales deben ser destinados.
  11. La enmienda constitucional o nueva Constitución que incluya el derecho a un referéndum revocatorio.
  12. Exigimos una reforma electoral que incluya el derecho a la constitución y participación de alianzas.

Aún hay mucho por hacer. Hacemos un llamado a continuar la jornada, a sentarnos a hablar como pueblo, a conversar propuestas concretas. Seguimos en la calle.

Dirección Nacional del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano

(M. I. N. H.)

24 de Julio de 2019