Manifiesto: no hay futuro posible en el marco de la Unión Europea

El mito de la Unión Europea (UE) como símbolo del capitalismo bueno, de rostro humano y del Estado del Bienestar ha sido uno de los instrumentos fundamentales para la domesticación del movimiento obrero en el Estado Español.

Hoy, ante unas nuevas elecciones europeas, ninguna de las fuerzas políticas con representación parlamentaria habla de lo que ha supuesto y supone la pertenencia a tan selecto club, a pesar de que en los anteriores comicios tanto IU como Podemos denunciaban el pago de la deuda y el sometimiento a las estructuras de la UE.

Tres años antes, en 2011, un gobierno del PSOE impulsó la reforma del artículo 135 de la Constitución de 1978 que sometía al Banco Central Europeo (BCE) y a la Comisión Europea (CE) los presupuestos de todas las administraciones públicas por “recomendación” de la propia CE. Esta reforma express conllevó brutales recortes del gasto público, de las pensiones y las enésimas contrarreformas laborales. Ahora todo eso se ha olvidado.

En la Transición, los representantes políticos y sindicales de la “izquierda” sellaron la subordinación del movimiento obrero a la burguesía. Ésta empleó unas veces el soborno, otras la represión y siempre la desmemoria. Poco después se vendió la pertenencia del Estado Español a la Comunidad Económica Europea (CEE) como la entrada en el paraíso de los derechos sociales y laborales, ocultando que había sido una creación del imperialismo yanqui y de las grandes patronales europeas para destruir al movimiento obrero y al socialismo.

Ese idílico mensaje propagado unánimemente por las instituciones, los medios de comunicación y los dirigentes de los grandes sindicatos caló hasta tal punto en la opinión pública que pudo esgrimirse el argumento de que, para entrar en ese “edén”, bien valía pagar el peaje de la entrada en la OTAN. Ambos hechos se produjeron, una vez más, bajo un gobierno del PSOE con mayoría absoluta.

A pesar de que el capitalismo internacional, bajo las llamadas políticas neoliberales, estaba procediendo desde la década de 1970 a liquidar derechos sociales, laborales y servicios públicos, aquí se continuaba con la cantinela de la entrada en el “paraíso del bienestar”. Con el pretexto de la modernización se acometió una gigantesca destrucción de la industria, la agricultura y la ganadería: era la “reconversión”.

Algunos datos dan idea de las dimensiones del desastre. En 1975 el Estado Español era la novena potencia industrial del mundo, y la industria representaba el 36% del PIB; ahora no llega al 15%. La deuda era el 7’3% del PIB; ahora es casi del 100%.

Se perdieron 2’7 millones de puestos de trabajo de alta calidad y la “reconversión” costó a las arcas públicas más de 2 billones de pesetas (más de 12.000 millones de euros), además de los daños a la producción agropecuaria.

Esta enorme destrucción productiva respondía a una evidente planificación del gran capital europeo y estaba destinada a eliminar la competencia que pudiera entorpecer a los mercados de las principales potencias. Frente a ello, la resistencia obrera – a veces durísima y heroica – permaneció aislada. No hubo ninguna respuesta de carácter general hasta la huelga general de 1988, que no cuestionaba sino aspectos aislados del proceso. Los grandes sindicatos habían aceptado, desde los Pactos de La Moncloa, el discurso del enemigo de clase: la “modernización” y la “competitividad”.

Una tras otra, las directivas europeas iban impulsando las privatizaciones de los grandes monopolios públicos, banca incluida, aplicadas con entusiasmo por los sucesivos gobiernos de PSOE, PP, PNV y CiU. Esas mismas organizaciones colocaron a sus dirigentes en los consejos de administración de los nuevos cárteles privados e instauraron la corrupción masiva, mientras se ufanaban de que “España era el país donde más rápidamente se podían hacer grandes fortunas” y de que “la mejor política industrial es la que no existe” (Solchaga dixit). Para los representantes sindicales de la aristocracia obrera y de la autodenominada “izquierda” quedaban los lucrativos puestos en las cajas de ahorro, extendiéndose así a ellos las migajas de la corrupción – como se ha comprobado recientemente.

Todo resquicio de soberanía o de política alternativa al capitalismo desapareció con el Tratado de Maastricht (1992). Años después, el proyecto de Constitución Europea – que quedó en vía muerta tras su rechazo en referéndum por los Países Bajos y, sobre todo, por Francia – fue aprobado en España por un 76% de los votos, con una abstención cercana al 60%. Los dirigentes de las grandes centrales sindicales, a diferencia de – por ejemplo – la CGT francesa, pidieron el voto a favor “porque refuerza la capacidad sindical y beneficia a los trabajadores europeos”.

La supeditación absoluta a los designios del gran capital europeo a través del BCE y de la CE dio un paso decisivo con la implantación del euro y de la unión monetaria (1999). La instauración de una política monetaria común entre países con niveles de desarrollo muy diferentes y ejercida con mano de hierro por el BCE – controlado por Alemania – ha tenido como consecuencia drásticos ajustes en los servicios públicos y en los derechos laborales. La clase obrera ha pagado con una enorme caída en sus condiciones de vida y de trabajo el ajuste entre economías dispares, a beneficio del capital financiero – sobre todo, alemán.

Aprovechando la crisis general desatada en 2008 y el enorme endeudamiento público – resultado como bien sabemos de la transferencia masiva de fondos públicos a la gran banca y a las multinacionales – se establecieron férreos mecanismos de fiscalización. La aceleración de las privatizaciones de los servicios sociales, junto al desmantelamiento de lo público mediante recortes del gasto, las contrarreformas laborales y de las pensiones se garantizan mediante la reforma del artículo 135 de la Constitución (agosto de 2011), la posterior convalidación parlamentaria del Tratado de Estabilidad de la Zona Euro (2012) y la Ley 2/2012. El Estado, la Seguridad Social, cada ayuntamiento y cada comunidad autónoma son periódicamente intervenidos por la Troika, que asegura mediante todo tipo de coerciones y amenazas el cumplimiento de los objetivos de déficit y el pago de la deuda.

¿Hace falta añadir más argumentos para llegar a la conclusión de que los programas políticos para las elecciones de quienes obtendrán representación – y que siempre son un monumental engaño – lo son además ahora porque ninguno de los partidos que obtendrán representación cuestiona la ausencia total de autonomía política en el marco de la UE y de la Zona Euro?

La UE y el engranaje institucional de la unión monetaria son, exclusivamente, instrumentos al servicio del gran capital financiero y de los monopolios. Sirven al objetivo prioritario del capitalismo en crisis: asegurar que los costes de la misma recaen sobre la clase obrera y los sectores populares.

Quienes desde supuestas posiciones “de izquierda” reclaman la “vuelta al Estado del Bienestar” cumplen el papel de servidores de las clases dominantes. Lo hacen tanto porque respaldan sus mentiras como porque, cumpliendo su papel natural, se afanan en dificultar que el movimiento obrero y popular identifique con claridad a sus enemigos y actúe en consecuencia.

A mantener el engaño de la UE como marco democrático en el que cabría ejercer la soberanía de los pueblos contribuyen también las organizaciones independentistas que plantean ejercer el legítimo derecho de autodeterminación en su marco. Hemos vivido el ejemplo de Cataluña. Hemos visto cómo los gobiernos y las instituciones europeas miraban para otro lado ante la brutal exhibición de represión contra un pueblo indefenso realizada por unos aparatos del Estado atravesados por la herencia de la dictadura franquista. Se ha manifestado también con toda claridad la ingenuidad, o la trampa para los pueblos, que entrañan propuestas de independencia en el marco de la UE. Una vez más se ha impuesto la evidencia; es neecesario articular la lucha conjunta de la clase obrera y de los pueblos del Estado Español para liquidar el régimen heredero del franquismo y por la República.

En el escenario de la crisis, cuyo próximo estallido se anuncia ya, con una UE debilitada por el “Brexit”, con sus principales potencias con graves problemas económicos y cuando las contradicciones entre el imperialismo norteamericano y el de las grandes potencias europeas se agudizan, es preciso que la respuesta de los pueblos de Europa a las nuevas agresiones, que sin duda vendrán, se articule sobre la base de arrojar a la UE al basurero de la Historia. La unificación de las luchas obreras y populares concretas debe enmarcarse en la exigencia de no pagar la deuda, salir de la OTAN, la UE y el euro. Todo ello junto a la expropiación de la banca, de las grandes empresas estratégicas y la socialización de los recursos naturales, unidas a la planificación democrática de la economía.

Propuestas de ruptura como las que apuntamos, que señalan claramente a los responsables de tanto sufrimiento y muestran el camino a seguir, son las únicas que, con la coordinación necesaria, pueden permitir a los pueblos de Europa avanzar en la construcción de la fuerza necesaria para conquistar la soberanía y la democracia, para acabar con el capitalismo y construir el socialismo.

FIRMAN:

COMUNISTAS

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Liberado tras 3 años el preso político polaco Mateusz Piskorski

El periodista y dirigente político Mateusz Piskorski ha sido liberado en Polonia, después de 3 años de prisión preventiva.

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El periodista y represaliado polaco Mateusz Piskorski.

La Justicia polaca persiste en acusar a este ex-diputado y presidente del partido “Zmiana” (Cambio) de espionaje a favor de Rusia y China. La fianza prevista inicialmente, ascendente a unos 500.000 dólares, fue reducida a 200.000 zloty – unos 50.000 euros, suma reunida entre sus familiares y amistades.

Mateusz Piskorski no podrá salir de Polonia y tendrá que presentarse 3 veces por semana en una comisaría próxima a su lugar de residencia.

Las únicas “pruebas” presentadas por la justicia polaca contra Mateusz Piskorski fueron:

  • su participación, en el extranjero, en varias reuniones públicas en las que también participaron personalidades rusas.
  • la redacción de un trabajo de experto sobre las consecuencias de las elecciones legislativas polacas en las relaciones entre China y Polonia.

Considerando que tales “pruebas” no demuestran que se haya cometido un delito de espionaje, sino que están vinculadas a la libertad de expresión, el Grupo de Trabajo de la ONU sobre las Detenciones Arbitrarias señaló el 20 de abril de 2018 que Polonia violó 8 artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y otros 8 artículos del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, así que solicitó al Gobierno polaco la liberación inmediata de Mateusz Piskorski (Referencia ONU: A/HRC/WGAD/2018/18).

Mateusz Piskorski es un político y periodista polaco, ex-director de un canal de televisión y hombre profundamente comprometido en la lucha por la independencia de su país. Justo antes de ser arrestado, en la víspera de una reunión del Consejo del Atlántico Norte en Varsovia, había publicado en Polonia un artículo sobre la campaña de propaganda de la OTAN tendiente a ocultar el papel de la Unión Soviética en la victoria contra el nazismo. Aquel artículo fue publicado en sitios web como “Red Voltaire”.

Mateusz Piskorski estuvo entre los participantes de la conferencia “Axis for Peace”, organizada en Bruselas por el periodista franco-sirio Thierry Meyssan en 2005. Ambos periodistas recorrieron el mundo juntos, denunciando la campaña de la OTAN que busca presentar a Rusia como enemiga de Occidente.

Durante los 2 años anteriores a su detención arbitraria, Mateusz Piskorski fue objeto de una intensa campaña de la prensa anglosajona, que lo presentaba como “el agente de los dictadores”. Las alegaciones proferidas contra él en aquella campaña fueron retomadas después por varios ministros polacos en el poder, quienes se refirieron abiertamente a la lucha de Piskorski contra la OTAN como una “violación de la seguridad del Estado”.

Mateusz Piskorski fue considerado como un preso político de la OTAN. Al salir de la cárcel, Piskorski recitó el poema del pastor alemán Martin Niemöller:

“Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio, porque yo no era comunista.

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata.

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no dije nada, porque yo no era sindicalista.

Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté, porque yo no era judío.

Cuando vinieron a buscarme,
ya no quedaba nadie que pudiera protestar.”

 

FUENTE: Red “Voltaire”

Manifiesto de los comunistas del Estado Español ante las próximas elecciones

Más vale no hacerse ilusiones. El escenario electoral repleto de actores, tan enfrentados y aparentemente tan diferentes, se erige una vez más para ocultar una misma y dramática verdad. Ninguno de los partidos del Parlamento tiene propuesta alguna capaz de cambiar las condiciones de vida y de trabajo de la cada vez más inmensa clase obrera, para la que nunca acabó la crisis y sobre la que pretenden descargar, nuevamente, las consecuencias de un nuevo estallido.

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Un soldado del Ejército Rojo coloca la bandera soviética sobre el Reichstag de Berlín.

Todos saben que está a la vuelta de la esquina, pero de eso – tampoco – nadie habla. La crisis rompió en pedazos el espejismo reformista de “mejoras” o de “bienestar” sin tocar el núcleo duro de la estructura de poder. Y para hablar mínimamente en serio de soluciones habría que decir alto y claro que el gran capital europeo, para intentar salvar sus bancos y sus multinacionales del naufragio, además de los rescates con dinero público, nos ha impuesto la camisa de fuerza del déficit y del pago de una deuda construida, precisamente, por esos rescates. Y sobre todo, porque si se hablara claro, la gente entendería y actuaría en consecuencia, y no están dispuestos. El vergonzoso ejemplo de la “nueva izquierda” – Syriza en Grecia – o el más cercano del “cambio” de Pedro Sánchez apoyado por Unidos Podemos, nos ahorra más argumentos.

La oligarquía europea, hegemonizada por Alemania, asegura sus políticas en el Estado Español a través del engranaje institucional que garantizó, con la monarquía y la Constitución de 1978, la continuidad de la dominación de la oligarquía financiera y terrateniente y de las estructuras de poder del franquismo, con el añadido de los nuevos ricos de las privatizaciones de PSOE y PP. Las contrarreformas laborales, de las pensiones, la privatización de todo lo rentable, de los desahucios, la opresión de las mujeres trabajadoras, la sobreexplotación de la clase obrera inmigrante, son políticas salvajes que impone la Unión Europea y que aplican gobiernos capitalistas de todo color político. La exhibición de patrioterismo por los mismos que hipotecan toda soberanía a los pies de la UE y de la OTAN y el criminal recurso al enfrentamiento entre los pueblos en el caso de Cataluña, con el silencio cómplice de la supuesta “izquierda”, ha mostrado en primer plano la reedición de todo el esperpento del Régimen del 78. Frente a él, ni siquiera una lección de dignidad y de voluntad de lucha tan impresionante como la que ha ofrecido el pueblo catalán ha sido capaz de romper – él solo – el muro del Régimen del 78. El marco general del capitalismo que afecta a todas las estructuras sociales y políticas, al tiempo que alimenta el recurso al fascismo y a la guerra para controlar el acceso barato a materias primas y anular competidores. Y es esa lucha feroz la que intensifica las contradicciones interimperialistas y abre oportunidades de victorias. La creciente agresividad de la OTAN y el incipiente Ejército Europeo son ejemplos de esas tensiones crecientes entre el imperialismo europeo y el estadounidense. Hechos estos de gran trascendencia para quienes estamos convencidos de que no hay otra salida que la que abren los procesos revolucionarios y de que, en ese camino, tiene importancia decisiva la división y la confrontación interimperialista.

Quienes apoyamos este Manifiesto creemos que es precisamente esa izquierda pusilánime y engañosa, que resalta aspectos colaterales para evitar enfrentar a los auténticos responsables de tanto dolor y tanta desesperación, una de las principales responsables del resurgimiento de la extrema derecha como expresión de la confusión y la canalización de la rabia del pueblo estafado.

Y para no enfrentarla no sirven histéricos llamamientos a formar “frentes antifascistas” liderados por los mismos que han defraudado toda esperanza de transformación. La derrota popular gestada en la Transición se hizo sobre la base del debilitamiento hasta la extenuación del poder de la clase obrera y el sometimiento de sus principales organizadores a los dictados de la burguesía. Y se consiguió, unas veces mediante el soborno, otras usando la represión y siempre fomentando la desmemoria. La ruptura de la continuidad histórica de las luchas obreras y populares es la principal herramienta ideológica de la dominación. La destrucción de la conciencia de que cada generación, para poder enfrentar los problemas que cada época depara, necesita recoger y actualizar el tesoro de experiencia y de lucha de quienes le precedieron, es su arma de destrucción masiva de la conciencia colectiva y facilitar su dominación. Otra es fomentar la división dentro de la clase, de forma que el enfrentamiento entre sectores de la misma confunda, distraiga y divida.

La ofensiva es múltiple: la multiplicación de las diferentes situaciones laborales, la individualización y el vaciamiento del poder de la negociación colectiva, el racismo para enfrentar a la clase obrera de diferentes nacionalidades o la más reciente, que intenta usar la legítima lucha de las mujeres trabajadoras contra el patriarcado para contraponer a mujeres en abstracto contra hombres. Todas ellas son cargas de profundidad de la burguesía contra su mayor enemigo: la clase obrera unida, en toda su diversidad, e independiente, es decir, consciente de sí misma y de su poder. La lucha antifascista organizada y coherente, pueblo a pueblo, barrio a barrio, en las fábricas o en las universidades, debe ser el resultado de la unificación de las luchas obreras y populares contra el enemigo común. Y debe ir dirigida tanto a levantar un muro popular frente al fascismo, como a rescatar de sus filas la rabia y la desesperación obrera de tanto engaño. Y para ello no sirven discursos vacíos.

Es necesario identificar y llamar a la lucha contra los verdaderos enemigos del pueblo. La construcción del poder obrero y popular debe hacerse sobre la base de ineludibles propuestas de ruptura.

  • Ruptura con las estructuras de poder del franquismo travestidas en el Régimen del 78, cuyos pilares son la monarquía y la Constitución de 1978. Sólo la confluencia de las luchas obreras y populares por la República con la de los diferentes pueblos del Estado Español por el ejercicio de su derecho a la autodeterminación puede crear una correlación de fuerzas favorable para llevar a cabo una tarea histórica pendiente desde hace más de 40 años. Y junto a ella, la lucha por la amnistía que vacíe las cárceles de presos políticos antifascistas.
  • Negar el pago de una deuda infame construida a base de transferir fondos públicos a los grandes bancos y rebelarse ante el dictado del déficit, con la reducción del gasto en servicios públicos que conlleva. Todo ello en el marco de la confluencia con otros pueblos de Europa con el objetivo común de romper con el euro y con la UE, así como con su parafernalia de guerra dirigida contra otros pueblos o contra nosotros mismos: la OTAN y el Ejército Europeo. La expropiación de la banca y de las empresas estratégicas, y la planificación de la economía colocando las necesidades humanas como máxima prioridad social, son herramientas indispensables.

Los elementos políticos que aquí señalamos no saldrán en los debates, ni en las tertulias electorales. Son, sin embargo, cruciales, y constituyen los pilares del programa político que debe permitir a la clase obrera y a los pueblos del Estado Español empezar a construir sólidamente su propio poder, dejando atrás ilusiones y espejismos que tan caros estamos pagando.

Las organizaciones firmantes de este Manifiesto nos hemos comprometido a iniciar un proceso de debate y de unidad de acción que nos permita avanzar juntas para recuperar lo perdido y continuar la lucha hasta realizar la plena emancipación social.

FIRMANTES:

COMUNISTAS

 

El negacionismo del Reino de España sobre la colonización

¿Acaso el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador miente cuando dice que el coloniaje español en América Latina y el Caribe se hizo con la espada y con la cruz y que hubo matanzas e imposiciones? AMLO habló claro y ahora se le tacha de revisionista.

El “pecado” de AMLO, como se conoce popularmente al presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, que desató la furibunda respuesta del Reino de España, fue decir “que se haga un relato de agravios y se pida perdón a los pueblos originarios por las violaciones a lo que ahora se conoce como derechos humanos”.

Además, el presidente mexicano nos recordó algo que está a la vista de todos en varias ciudades de Latinoamérica, al hacer referencia a las iglesias construidas sobre las edificaciones de las culturas precoloniales, lo cual constituyó uno de los mayores simbolismos del ignominioso coloniaje.

El Reino de España “rechaza con toda firmeza”

El negacionismo de los hechos históricos de parte del gobierno de Pedro Sánchez se hace patente con cada palabra utilizada en un comunicado oficial emitido, pues evita a toda costa hablar de invasión cuando indica que la “llegada” hace 500 años de los españoles a las actuales tierras mexicanas “no puede juzgarse a la luz de consideraciones contemporáneas”.

Para que no quede duda, fue la propia Ministra de Educación y Formación Profesional del Reino de España y Portavoz del Gobierno, Isabel Celaá, quien dijo públicamente a AMLO que “el revisionismo está fuera de lugar”. La pregunta inmediata que surge es, ¿por qué tan airadas respuestas?

El sentir de la heterogénea sociedad española respecto de la Historia de México se puede palpar a través de las reacciones de algunos políticos, entre ellos Albert Rivera, el líder del partido derechista “Ciudadanos”, a quien le parece que “la carta de López Obrador es una ofensa intolerable al pueblo español”.

Al otro lado del tablero Enrique Santiago, Secretario General del Partido Comunista de España (PCE), dijo que “la ignorancia se cura leyendo a Fray Bartolomé de las Casas. Las conquistas se hacen a sangre y fuego, y claro que ameritan excusas”. Juan Carlos Monedero, de Podemos, por su parte dijo que López Obrador tiene razón.

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El Convento de Santo Domingo, construido en la ciudad de Cuzco (Perú) sobre las ruinas del Templo del Coricancha, donde se rendía adoración a Inti, dios inca que encarnaba al Sol (FOTO: María Luisa Ramos Urzagaste)

¿Quién manipula y utiliza la Historia?

Queda claro por las reacciones que el tema no es menor en España. Pedir al reino que reconozca el cruel coloniaje implicaría cuestionar también su celebración del 12 de octubre como “Día de la Hispanidad”, que se celebra con un espectáculo militar – por cierto, cuestionado por algunos sectores políticos españoles que no toman parte de dichos actos.

Los textos de enseñanza utilizan esa etapa para mostrar que el Reino de España logró en ese período de la Historia de la Humanidad una supremacía sin precedentes en el mundo. Es claro que se utiliza el hecho para dotar de orgullo a sus ciudadanos.

A tal grado está enraizado ese sentimiento y añoranza en algunos altos cargos, que el 30 de marzo de 2017 el entonces presidente de la Radio Televisión Española (RTVE), José Antonio Sánchez Domínguez, en una conferencia magistral en la Casa América de Madrid, denominada “Obra de España en América”, se enorgullecía de la labor “evangelizadora y civilizadora” de su país.

Sánchez Domínguez negó el exterminio de la población local a mano de los colonizadores “por el avanzado nivel cultural de los españoles, que tenían conocimiento de Petrarca o Dante”.

El funcionario intentaba convencer al auditorio de los beneficios del coloniaje diciendo que “los pueblos bárbaros, cuando han transitado desde la orilla de la esclavitud hasta la ribera de la libertad, lo han hecho tras haber sido civilizados”.

Por cierto, el vídeo completo de dicha conferencia fue retirado para evitar generar más polémica. No obstante, los profesionales de los Servicios Informativos de TVE reaccionaron indignados y en un comunicado decían que se avergonzaban de las palabras de Sánchez Domínguez sobre la conquista de América.

La Embajada del Estado Plurinacional de Bolivia, en ese momento a mi cargo, hizo patente y público su rechazo a dichas palabras y se le remitió al señor Sánchez Domínguez, para que se ilustre, un ejemplar del libro “Las venas abiertas de América Latina”, de Eduardo Galeano, libro de alta rigurosidad en sus datos históricos.

Eduardo Galeano cuenta que al redactar dicho libro quería difundir datos desconocidos, que estaban encerrados bajo siete llaves, y presentó el libro al concurso de ensayos de la Casa de las Américas en 1970 y perdió porque, como dice él, “no cumplía con algunas de las reglas que vaya a saberse qué dioses exigían”.

El Archivo General de Indias en Sevilla

Si de refrescar la memoria se trata, y para evitar que alguien pretenda distorsionar la Historia, cualquiera puede referirse al Archivo General de Indias de Sevilla, cuyos más de 43.000 legajos con más de 80 millones de páginas en documentos originales están a disposición.

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El Archivo General de Indias se creó en 1785 en Sevilla por deseo del rey Carlos III, con el objetivo de centralizar en un único lugar la documentación referente a la administración de los territorios ultramarinos españoles

En estos fondos se resguardan más de tres siglos de la Historia que abarca desde Tierra de Fuego hasta el sur de EEUU, escrito por españoles.

La Iglesia fue un instrumento de colonización

Tres papas pidieron perdón por pecados contra los pueblos originarios, como lo indica un sitio web de la Ciudad del Vaticano. Lo hizo San Juan Pablo II en 1992, Benedicto XVI en 2007 y el actual papa Francisco en 2015 y 2016.

El papa Francisco, en Bolivia, manifestó:

“Les digo, con pesar: se han cometido muchos y graves pecados contra los pueblos originarios de América en nombre de Dios. Lo han reconocido mis antecesores, lo ha dicho el CELAM, el Consejo Episcopal Latinoamericano, y también quiero decirlo. Al igual que San Juan Pablo II, pido que la Iglesia se postre ante Dios e implore por los pecados pasados y presentes de sus hijos.”

¿Qué se cuenta sobre nuestra Historia a los niños?

Un dato curioso y a tono con el tema abordado es el hecho de que hace poco el grupo español PRISA, dueño de varios medios de comunicación, ha adquirido la Editorial “Santillana”. El Grupo PRISA es el mayor grupo de medios de comunicación en España y la región latinoamericana. Posee radio, televisión, prensa escrita y editoriales, de contenidos informativos, culturales y educativos.

Por su parte, la editorial española “Santillana” tiene fortísima presencia no solo en su país de origen, sino también en Latinoamérica, y una de sus principales líneas son los libros de educación que se usan en escuelas latinoamericanas.

La polémica sobre el tema continuará, pues AMLO propone que a propósito de que en 2021 se cumplirán 500 años de la conquista de la antigua Tenochtitlán, hoy Ciudad de México, se haga un relato de agravios, que seguro, luego de las sendas respuestas, no dejará en manos del Reino de España.

Mientras tanto, será interesante echarle una mirada a los actuales textos de Historia con que se forman las nuevas generaciones.

Por María Luisa Ramos Urzagaste

Embajadora del Estado Plurinacional de Bolivia ante el Reino de España

El “bando de los yanquis” dentro de las instituciones de la Unión Europea

El Parlamento Europeo acaba de adoptar una resolución que insta a la Unión Europea (UE) a cesar de considerar a Rusia como un socio estratégico y verla como un “enemigo de la Humanidad”. Al mismo tiempo, la Comisión Europea advierte sobre la existencia de una “amenaza china”. Todo sucede como si EEUU utilizara a la UE como un peón de la estrategia supremacista estadounidense.

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Desde la independencia de Letonia, Sandra Kalniete (ex-Ministra de Exteriores de ese país y ex-Comisaria Europea de Agricultura) comenzó a actuar contra la Unión Soviética. Kalniete está entre los autores de la “Declaración de Praga” (2008) contra los “crímenes del comunismo”. A través del “Reconciliation of European Histories Group”, Sandra Kalniete asimila el nazismo al comunismo y actualmente sigue trabajando contra Rusia.

“Rusia no puede seguir siendo considerada como un socio estratégico y la Unión Europea debe estar dispuesta a imponerle sanciones si sigue violando el derecho internacional”. Eso estipula la resolución adoptada por el Parlamento Europeo el 12 de marzo de 2019, con 402 votos a favor, 163 en contra y 89 abstenciones. Presentado por la eurodiputada letona Sandra Kalniete, ese texto niega ante todo la legitimidad de las elecciones presidenciales en Rusia, calificándolas de “no democráticas” y presentando así al presidente Putin como un usurpador.

Ese texto acusa a Rusia no sólo de “violación de la integridad territorial de Ucrania y Georgia”, sino también denuncia la “intervención en Siria y la interferencia en países como Libia” y, en Europa, la acusa de “interferencia tendente a influir en las elecciones y a alimentar las tensiones”. Además, acusa a Rusia de “violación de los acuerdos de control de armamentos”, atribuyéndole la responsabilidad de haber enterrado el Tratado INF. Y también habla de “importantes violaciones de los derechos humanos en Rusia, incluyendo torturas y ejecuciones extrajudiciales” y de “asesinatos perpetrados por agentes de la Inteligencia rusa mediante el uso de armas químicas en suelo europeo”.

Después de esas acusaciones y otras más, el Parlamento Europeo declara que Nord Stream 2 – el gasoducto que duplicará el aprovisionamiento de gas ruso a Alemania – “incrementa la dependencia europea del abastecimiento con gas ruso, amenaza al mercado interno europeo y sus intereses estratégicos […] y, por consiguiente, hay que ponerle fin”.

La resolución del Parlamento Europeo repite fielmente no sólo el contenido sino incluso los términos mismos de las acusaciones que EEUU y la OTAN lanzan contra Rusia. Lo más importante es que repite fielmente que hay que bloquear el Nord Stream 2, lo cual constituye un objetivo de la Casa Blanca tendente a reducir el aprovisionamiento energético ruso a los países de la UE para sustituirlos con la venta de hidrocarburos estadounidenses, o en todo caso vendidos por compañías petroleras de EEUU.

En ese mismo marco entra la advertencia que la Comisión Europea dirigió a sus países miembros que – como Italia – tienen intenciones de integrarse a la iniciativa china conocida como la Nueva Ruta de la Seda. La CE les recuerda que China, aunque es un socio, es también un competidor en el plano económico y, más importante aún, “un rival sistémico que promueve modelos alternativos de gobernanza” – en otras palabras, modelos diferentes a la forma de gobernanza que hasta ahora dominaban las potencias occidentales.

La Comisión Europea advierte que ante todo hay que “salvaguardar las infraestructuras digitales críticas ante amenazas potencialmente serias contra la seguridad”, amenazas que supuestamente se derivan de las redes 5G proporcionadas por empresas chinas como “Huawei”, prohibida por EEUU. Otra vez la CE se hace eco de la advertencia de EEUU a sus aliados. El Comandante Supremo de la OTAN en Europa, el general estadounidense Curtis Scaparrotti, ha advertido que las redes sociales ultrarrápidas de quinta generación están llamadas a desempeñar un papel cada vez más importante en las capacidades bélicas de la OTAN y que, debido a ello, no se admiten “ligerezas” de parte de los miembros de ese bloque militar.

Todo lo anterior confirma la presión que ejerce el “bando de los yanquis”, poderoso grupo transversal que orienta las políticas de la Unión Europea en función de los lineamientos estratégicos de EEUU y la OTAN.

Al imponer la idea de que Rusia y China son potencias amenazantes, las instituciones de la Unión Europea preparan a la opinión pública para que ésta acepte lo que EEUU está preparando, supuestamente para “defender” Europa. Según declaró a “CNN” un portavoz del Pentágono, los EEUU se preparan para iniciar ensayos con misiles balísticos terrestres hasta hace poco prohibidos por el Tratado INF que acaban de enterrar. O sea, se trata de nuevos “euromisiles” que volverán a convertir Europa en base nuclear estadounidense, y también en blanco de una hipotética guerra nuclear.

Por Manlio Dinucci

Catalunya: burguesías y clases populares

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El referéndum catalán del 1 de Octubre de 2017 y el llamado “Otoño Caliente” mostraron al mundo la sorprendente eclosión de un conflicto nacional en Europa Occidental en pleno siglo XXI. Ante la sorpresa de muchos escépticos, lo que en principio era percibido como un mero rifirrafe entre facciones de la burguesía reveló mucho más: detrás había un pueblo movilizado que empujaba a las instituciones catalanas a la ruptura. Hizo intuir la existencia de una más que probable mayoría independentista y, por encima de todo, una mayoría apabullante a favor del derecho de autodeterminación en Catalunya. También sorprendió a muchos la virulencia de la reacción del Estado Español, con sangrientas cargas policiales, encarcelamientos políticos y la organización de escuadrones civiles repletos de militantes de extrema derecha y agentes de policía que, en menos de un año y medio, han sido responsables de unas 200 agresiones a independentistas que han quedado completamente impunes.

Pero a pesar de su fulgurante inicio, el “Otoño Caliente” fue en realidad un proceso de enfriamiento. Después de la huelga general del 3 de Octubre, todo fue cuesta abajo hasta las forzosas elecciones autonómicas del 21 de Diciembre. Cabe decir que ningún agente político del mundo soberanista estuvo realmente a la altura, con la honrosa excepción de los Comités de Defensa de la República (CDR) que, por su naturaleza acéfala y su condición de puro músculo movilizador, poco pudo hacer para enderezar la situación. No obstante, el conflicto sigue presente, en las calles y en las instituciones, y debe ser resuelto de manera democrática y fomentando la amistad entre pueblos, pues es un claro catalizador de la lucha de clases.

¿Cómo se expresa la lucha de clases dentro del conflicto nacional? La lucha de clases se expresa en un conflicto que enfrenta a dos facciones: por un lado, hay un frente democrático que aspira a la ruptura con el Régimen de 1978 y que presenta un incipiente carácter nacional-popular. Por otro lado, hay un frente constitucionalista que cierra filas con los intereses del capitalismo financiero español, pero que pierde apoyos populares por su carácter antidemocrático. Cabe decir que, tanto una facción como otra, presentan sus peculiaridades y sus contradicciones internas.

¿Cómo se sitúan las clases sociales ante el conflicto? La composición de clase tanto del independentismo por una parte como del unionismo por otra, es compleja desde el punto de vista de los posicionamientos subjetivos pero sencilla si atendemos a los intereses objetivos. Tanto entre los unionistas como entre los independentistas hay burguesía en todo su espectro y clase trabajadora en todo su espectro. No obstante, las patronales de la pequeña y mediana burguesía se quejan de falta de financiación, de falta de infraestructuras y de abusos por parte de las grandes empresas que suministran energía y ello hizo que se mostraran abiertamente a favor del referéndum. Por su parte, las organizaciones de la gran burguesía han llamado al orden y al “diálogo dentro de la Constitución”, con un discurso calcado al de los sucesivos gobiernos centrales. Así pues, podemos considerar, en general, que los autónomos y pymes son más cercanos al independentismo mientras que la gran burguesía está perfectamente integrada en el capitalismo español. Una expresión política de ese divorcio ideológico fue la ruptura de la histórica coalición “Convergència i Unió” (CiU). Somos conscientes de que la “burguesía nacional” catalana aspira a ser la oligarquía de un hipotético nuevo Estado catalán. También somos conscientes de que las limitaciones del independentismo como movimiento provienen del excesivo peso que dicha burguesía tiene en el mismo, hecho que pone delante de los comunistas la inexcusable tarea de hacer emerger un nuevo sujeto político.

En lo que respecta a la mayoría de la sociedad, a la clase trabajadora, la cosa se complica. Si nos fijamos en cómo el Tribunal Constitucional ha ido tumbando las tímidas medidas sociales y anticrisis que fueron aprobadas por el Parlament de Catalunya, podríamos decir que los trabajadores catalanes están, a corto plazo, objetivamente interesados en la independencia, que parece ser la forma más “sencilla” de evitar las injerencias en la soberanía de las instituciones catalanas, a la vez que la manera de acabar para siempre con la opresión nacional que pone en entredicho los amplios consensos sociales de Catalunya en materias tan sensibles como la lengua, la cultura y la educación. Pero la sombra de la corrupción y los severos recortes realizados no hace tantos años por el ala derecha del catalanismo, los factores identitarios, la omnipresente propaganda españolista, la demagogia economicista de los que enfrentan la autodeterminación contra “los problemas reales de la gente” y, sobre todo, la ausencia de una vanguardia proletaria de ámbito catalán, dificultan sobremanera el establecimiento de una postura unitaria y de clase ante el conflicto.

El proletariado se sitúa entre 5 posturas diferenciadas. Hay quien es contrario a la independencia y a la autodeterminación, hay quien es favorable a la independencia y por tanto a la autodeterminación, hay quien es contrario a la independencia pero favorable a la autodeterminación, hay quien es indiferente a la cuestión pero favorable a la autodeterminación, y hay quien es indiferente tanto al independentismo como a la autodeterminación. En todo caso y como decíamos en el primer párrafo, existe una más que probable mayoría independentista, así como una clara y aplastante mayoría a favor del derecho a decidir. En ese sentido, la huelga general del 3 de Octubre de 2017, cuyo seguimiento masivo expresó un rechazo generalizado ante la violencia policial, fue explícitamente autodeterminista, explícitamente antifascista e implícitamente independentista. Tampoco debemos olvidar que las cada vez menos masivas manifestaciones españolistas han mostrado un carácter reaccionario inusitado, con abundantes consignas que hacen apología de la represión, con vivas a las Fuerzas de Seguridad del Estado, con agresiones a independentistas y migrantes, y en definitiva, con una marcada tendencia al embrutecimiento popular.

Desde la Crida Comunista trabajamos para revertir la situación de división proletaria ante la cuestión nacional. Desde la unidad de clase hay que avanzar para construir una alternativa democrática para la sociedad catalana, con el horizonte en el socialismo, teniendo en cuenta que la unilateralidad y la independencia nunca serán un impedimento para la solidaridad. El despertar de la conciencia de clase debe de hacer posible la adopción de una postura única y racional ante el problema, asumible tanto para los que se identifiquen nacionalmente con una nación que ahora es opresora como para los que se identifiquen con una nación que ahora está oprimida. La autodeterminación es la expresión de la confianza mutua entre los pueblos. Pero nos falta una herramienta clave: la organización marxista al servicio de los trabajadores. Sabiendo del carácter arduo de dicha tarea y asumiendo con humildad nuestras limitaciones, no nos queda otra que ponernos manos a la obra.

Por “Crida Comunista”

Ni Catalunya es Eslovenia, ni España la desaparecida Yugoslavia

“Vía eslovena”. Este término no ha parado de ser nombrado por los diferentes actores en el conflicto político que enfrenta al Estado Español postfranquista con el movimiento nacional catalán independentista. Sin embargo, salvo determinados analistas, esos diferentes actores políticos poco nos han explicado sobre qué querían decir. Por el lado del movimiento independentista catalán se aludía vagamente al proceso esloveno en el sentido de copiar la táctica de la congelación de los resultados del referéndum y proclamar la independencia posteriormente, cuando el momento fuera propicio; del lado nacionalista español, las reacciones rozaron lo brutal y lo grotesco, haciendo alusión a un “etnicista” Quim Torra, sediento de sangre y apelando a la denominada “Guerra de los Diez Días” que enfrentó a las milicias eslovenas y al Ejército Popular Yugoslavo (JNA, Jugoslovenska Narodna Armija; por sus siglas en serbocroata). También, del lado catalán, se hicieron alusiones desafortunadas y cargadas de serbofobia sobre una posible “vía serbia”, refiriéndose a la represión desatada por el Gobierno español en Catalunya, y que demuestran la asimilación de esquemas y visiones difundidas por los grandes medios de comunicación occidentales sobre los diferentes conflictos que sacudieron a la antigua Yugoslavia, especialmente en la adjudicación de roles y papeles, como si de un guion de Hollywood se tratase.

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Eslovenia también realizó un referéndum para obtener su independencia.

Aunque el proceso de independencia de Eslovenia no revistió ni la complejidad ni la gravedad que sí caracterizó a los sucesivos conflictos de Croacia, Bosnia y Kosovo – este último con una secuela en 2001 protagonizada por nacionalistas albaneses del UÇK en Macedonia – lo cierto es que las peculiaridades del proceso que llevó a la independencia de Eslovenia en poco se pueden asimilar a lo que ha ocurrido, está ocurriendo y presumiblemente podrá ocurrir en Catalunya. Asimismo, asimilar España, el Estado Español, a la antigua Yugoslavia, o como se llegó a hacer, a Rajoy con el presidente serbio Slobodan Milošević es incurrir en simplificaciones que, dicho popularmente, mean fuera de tiesto. En el colmo de esa confusión, por supuesto interesada, el propio Quim Torra también ha sido comparado por el historiador Benoït Pellistrandi con Milošević, sin lugar a dudas el rol ideal de maldad nacionalista y etnicista balcánica.

Como hemos dicho, la complejidad y, sobre todo, peculiaridad del proceso de independencia esloveno nos puede hacer pasar por alto algunos elementos a la hora de compararlo con la lucha de liberación catalana. Sin embargo, a riesgo de poder incurrir en algún olvido determinante, procedemos a un necesario análisis.

El referéndum de autodeterminación esloveno

El 23 de diciembre de 1990 las autoridades de la República (ex)Socialista de Eslovenia convocaron un referéndum de autodeterminación en el que la participación fue del 93’3% y los votos favorables a la independencia alcanzaron el 94’8%, lo que equivalía al 88’5% del censo. Aquí tenemos la primera gran diferencia: a pesar del desacuerdo del Gobierno Federal yugoslavo y de considerar el referéndum como ilegal, los eslovenos pudieron votar en paz y sin violencia. Sin embargo, el 1 de octubre de 2017 podemos recordar a urnas y a gente votando, sí, pero también violencia y brutales cargas policiales que impidieron ejercer el derecho al voto. Es curioso como desde Eslovenia se encargan de recordar que su caso es diferente al catalán porque ellos – los eslovenos – hicieron frente a un Estado – el yugoslavo – “no democrático”, pero como hemos dicho antes, la supuestamente “no democrática” Yugoslavia permitió el voto, el supuestamente “democrático” Estado Español no. Fundamental y a tener en cuenta: la República Federativa Socialista de Yugoslavia (RFSY) reconoció en todas sus Constituciones el derecho de autodeterminación, si bien siempre estuvo latente la polémica sobre el sujeto de derecho, es decir, si este derecho correspondía a las diferentes repúblicas o a los llamados “pueblos constituyentes”, por ejemplo, serbios en Croacia o Bosnia, croatas en Bosnia, albaneses en Kosovo, húngaros en la Voivodina, etc.

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Cargas policiales durante la celebración del referéndum del 1 de octubre de 2017 en Catalunya.

La preparación de un Estado independiente

Carles Puigdemont y el Govern catalán de entonces, siguiendo el precedente esloveno, decidieron congelar la proclamación de independencia, pero mientras el Gobierno esloveno diseñó minuciosamente la arquitectura y el diseño de un Estado independiente preparando un cuerpo legislativo que permitiera el funcionamiento del futuro Estado independiente, el Parlament de Catalunya no pudo desarrollar las leyes de desconexión porque la represión cayó fulminante sobre las instituciones catalanas, con su punto álgido en la aplicación del artículo 155 de la Constitución Española de 1978, la detención del Govern y de parlamentarios catalanes, el exilio por otro lado de parte de éstos, así como de otros políticos independentistas.

Volviendo al caso esloveno, la congelación de la proclamación de independencia sirvió para la preparación del futuro Ejército esloveno, que se enfrentaría al Ejército Popular Yugoslavo en la Guerra de los Diez Días. Las diferentes repúblicas yugoslavas poseían sus propias milicias popular, las llamadas Defensas Territoriales (TO, Territorijalna Odbrana; en serbocroata), inspiradas en la experiencia partisana comunista durante la Segunda Guerra Mundial, y que fueron concebidas como un pilar fundamental de la defensa de la Yugoslavia socialista frente a un posible enemigo exterior. A finales de la década de 1980 y principios de la de 1990, con las tensiones nacionalistas a flor de piel en Kosovo, Eslovenia y Croacia, el JNA introdujo una nueva doctrina de defensa que contemplaba la centralización y el desarme de las TO. El esfuerzo del Gobierno esloveno se dedicó a dejar sin validez práctica la decisión del JNA y a la adquisición de armas en el extranjero.

Como anécdota significativa, el experto analista en las sucesivas Guerras Yugoslavas, Francisco Veiga, en su libro “La fábrica de las fronteras. Guerras de secesión yugoslavas 1991-2001”, cuenta cómo en una reunión entre los gobiernos de Eslovenia y Croacia para coordinar sus respectivos planes de independencia, el presidente croata Franjo Tudjman quedó en ridículo cuando los eslovenos expusieron con precisión sus planes, a lo que Tudjman respondió que también ellos tenían ya diseñada la independencia con todo lujo de detalles, siendo desmentido por miembros de su propia delegación. Mientras los eslovenos no dejaron nada a la improvisación, los croatas se dejaron llevar por aspectos meramente simbólicos y por resucitar la parafernalia nazi-fascista “Ustaše” de la Segunda Guerra Mundial.

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Franjo Tudjman, dirigente croata que en la década de 1990 lideró la llamada Unión Democrática Croata (HDZ, por sus siglas en croata) y presidió el país.

La Guerra de los Diez Días

Y llegó el 25 de junio de 1991. El Gobierno esloveno proclamó la independencia un día antes de lo establecido en sus propias leyes de desconexión. En realidad, como conflicto armado, no duró 10 días. Volviendo a Francisco Veiga, esta vez con su libro “Slobo. Una biografía no autorizada de Milošević”, se trató de “tres días de enfrentamiento intenso, dos días de tregua, dos días de lucha y tres más de cese al fuego”. Como veremos más adelante, Eslovenia se enfrentó a un Ejército Popular Yugoslavo y a una propia Federación en proceso de descomposición; aunque existía el consenso en hacer frente a la proclamación de independencia eslovena por parte de las diferentes instituciones federales, especialmente el Ejército – no así por parte de las instituciones serbias – el caso es que había discrepancias importantes en el cómo, empezando por la propia cúpula militar yugoslava, donde existían desde sectores contrarios a una intervención militar hasta aquellos proclives a un golpe de Estado, pasando por quienes estaban a favor de una intervención militar mínima, como así ocurrió.

El JNA sufrió un mayor número de bajas frente a unas milicias eslovenas con un armamento más moderno, más ágiles y, sobre todo, más motivadas. A la vez, las autoridades eslovenas supieron vender, gracias a los medios de comunicación occidentales, la imagen de un “Ejército invasor yugoslavo que quería destruir la joven democracia eslovena”; que nadie olvide el contexto de principios de la década de 1990.

Al respecto, hay que tener en cuenta que el JNA todavía se sentía heredero de Josip Broz “Tito”, del socialismo autogestionario, de aquellos partisanos comunistas que hicieron frente a los nazis durante la Segunda Guerra Mundial; para muchos cuadros militares del JNA era inconcebible actuar contra el pueblo esloveno, contra un pueblo yugoslavo, sin olvidar que en el propio JNA había también eslovenos. En definitiva, se tenía la sensación de que la función del JNA no era la de enfrentarse a un pueblo hermano sino defenderse de un enemigo exterior.

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De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Tanques del Ejército Popular Yugoslavo (JNA) entrando en Eslovenia; Paso fronterizo destruido por los combates; la Fuerza de Defensa Territorial eslovena y el Ejército Popular Yugoslavo atacándose mutuamente desde diferentes ángulos; tropas del JNA capturadas por milicias eslovenas y expulsión vía marítima de toda la representación federal yugoslava – fuerzas armadas, gobierno local, partidarios de la federación – de la nueva República de Eslovenia (imagen y pie: Wikipedia)

Negociación

Frente a la serbofobia de sectores del independentismo catalán con su apelación a la llamada “vía serbia” supuestamente represiva, lo cierto es que dirigentes serbios y eslovenos negociaron la independencia. Milošević y los dirigentes serbios eran ya conscientes de que Yugoslavia se descomponía, es más, también fue responsabilidad de esos dirigentes serbios. Milošević incluido, la descomposición yugoslava, apelando también a un nacionalismo serbio y a un victimismo sobre el maltrato histórico que el pueblo serbio habría recibido de Tito. ¿Se imaginan – ya que se llegó a comparar a Rajoy con Milošević – al expresidente español negociando con Puigdemont la independencia catalana? ¿O a Pedro Sánchez haciendo lo propio con Torra?

El por entonces presidente federal yugoslavo, el croata Ante Marković, negoció la paz con los dirigentes eslovenos bajo la mediación de la entonces Comunidad Europea, dando lugar a los Acuerdos de Brioni, que suponían el reconocimiento de la independencia de Eslovenia. No busquen a ningún Ante Marković en el Estado Español, es inútil.

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Ante Marković, último primer ministro de la República Federal Socialista de Yugoslavia.

La naturaleza del movimiento independentista esloveno

El movimiento independentista esloveno era amplio y comprendía tanto al grueso de la dirigencia de la Liga de los Comunistas de Eslovenia, con su dirigente Milan Kučan a la cabeza, como a diferentes movimientos sociales y “contraculturales” que fueron surgiendo a finales de la década de 1970 y principios de la siguiente. Era un movimiento que identificaba la lucha por una democracia – por supuesto, una democracia capitalista y occidental – con la lucha por la independencia nacional. Abandonar Yugoslavia, con toda su mitología guerrillera antifascista y comunista, dejar atrás los Balcanes y abrazar a una Europa y a un Occidente capitalista, fue una obsesión para los dirigentes independentistas eslovenos; obsesión que ocultaba la necesidad de la burocracia de la Liga Comunista, así como de los gerentes de las grandes empresas, es decir, la élite política y económica, de abandonar una Yugoslavia endeudada hasta las cejas con el FMI, y sin futuro; en definitiva, deshacerse de aquellas repúblicas y regiones autónomas atrasadas económicamente y que, desde la perspectiva eslovena, se contemplaban como un lastre para una Eslovenia próspera y que, sin duda, sería más próspera aún dentro de la por entonces Comunidad Europea (hoy Unión Europea) y de la OTAN.

Por supuesto, en el movimiento independentista catalán existen importantes sectores pro-atlantistas y deseosos de que una Catalunya independiente forme parte de la UE; también sectores que están firmemente convencidos de que Catalunya se ha de deshacer de esos territorios empobrecidos del Estado Español, como Andalucía, y que suponen un lastre económico. Sin embargo, esos sectores conviven con otros que tienen una concepción muy diferente de la independencia y la soberanía nacional, que contemplan la soberanía como un instrumento político para la transformación social radical, sectores anti-imperialistas que son conscientes de que una Catalunya verdaderamente libre y soberana estará fuera de la OTAN y la Unión Europea, estableciendo unas relaciones internacionales fuera de los criterios del imperialismo. Sectores que no contemplan al resto de pueblos del Estado Español, especialmente los más empobrecidos, como un lastre; sino como pueblos hermanos del pueblo catalán.

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Frente a un sector pro-OTAN y pro-UE, los conocidos como Comités de Defensa de la República (CDR) conforman una amplia masa social del independentismo catalán, de carácter antifascista, obrero y popular.

Volviendo al caso esloveno, aunque el independentismo esloveno tuvo ese aura de europeísmo excluyente, que intentaba forzar la cercanía de la cultura eslovena con la alemana, o que coqueteaba con la simbología nazi frente al antifascismo yugoslavista, no llegó en todo caso a los extremos y al descaro del racismo y del odio étnico del movimiento croata. A pesar de todo ello, se dio un caso significativo, el de “los borrados”: cuando Eslovenia se independizó, unas 200.000 personas de otras repúblicas vivían en su territorio; el 26 de junio de 1991 recibieron un ultimátum de 6 meses para registrarse legalmente en el sistema de la República de Eslovenia. Unos 170.000 regularizaron su situación, 12.000 se fueron y los 18.000 que no se presentaron fueron borrados sin previo aviso. Muchos descubrieron “su inexistencia” al ir a renovar un carnet de conducir o de identidad. El caso de “los borrados” fue un claro intento de crear un Estado étnicamente puro, como llegó a denunciar incluso Amnistía Internacional. No fue hasta 2010, pasados 19 años desde la independencia y 6 desde la entrada de Eslovenia en la UE, que la Asamblea Nacional eslovena pidió disculpas y se promulgó una ley para reparar el daño causado.

Los apoyos internacionales

Nadie, ningún Estado soberano ha reconocido a la República Catalana desde su proclamación, ni existe el más mínimo interés en hacerlo. Desde luego, no ocurrió lo mismo con Eslovenia. El apoyo internacional a la independencia eslovena se materializó de diferentes maneras, pero habría – de entrada – que destacar una: el apoyo al rearme de Eslovenia, destacando países como Austria, Israel, Alemania, Hungría, Bulgaria, Reino Unido, Francia e Italia.

Esta cuestión, debido a su extensión y complejidad, ha de ser sintetizada, pero a nadie se le escapa que existía un interés por parte de determinados Estados imperialistas a favor de la independencia, no solamente eslovena, sino de la desmembración de Yugoslavia. Aunque sea de forma superficial, existían no dos visiones enfrentadas y encontradas, como frecuentemente se ha expuesto, pero sí diferencias entre los EEUU, de un lado, y Europa – fundamentalmente Alemania, por otro. Los EEUU en principio, en aquellos años, no prestaron mucho interés a la cuestión yugoslava o si lo hacían era por si podía afectar al proceso de voladura de la URSS. Además, fueron los años de las tensiones con el Irak de Saddam Hussein y la Primera Guerra del Golfo. Los EEUU dieron su respaldo al mantenimiento de Yugoslavia y a las reformas liberalizadoras de Ante Marković, pero sin mucho entusiasmo. Frente a la postura norteamericana, muchos Estados europeos dieron su respaldo diplomático a la integridad de Yugoslavia, pero por otro lado, sus servicios secretos buscaban la desintegración, dando un apoyo “de facto” a la independencia eslovena. Alemania no se anduvo ni con hipocresías ni con paños calientes, desde el primer momento alentó y apoyó la independencia de Eslovenia. El objetivo estaba claro: la recolonización de los Balcanes.

La cuestión, a pesar de su complejidad, puede ser reducida a algo tan sencillo como el juego de intereses de los imperialistas: si se propone un proyecto político que se pueda asumir e instrumentalizar, el reconocimiento político de cualquier nación sin Estado está garantizado.

Una Yugoslavia “zombie”

Por mucho que podamos hablar de la crisis del régimen postfranquista de 1978, eso no quiere decir que el Estado Español esté en fase terminal. Para 1989 y 1990, Yugoslavia era ya un muerto viviente. Los intentos liberalizadores y centralistas de Marković, apoyados por los EEUU aunque de forma poco entusiasta, no dieron sus frutos y chocó con los intereses de las diferentes repúblicas, también de Serbia y Milošević, no se olvide.

Pero es que Yugoslavia no es España

La Yugoslavia de la que Eslovenia se quería separar nació fruto de una guerra de liberación nacional antifascista de los diferentes pueblos yugoslavos, nada que ver con una España monárquica nacida de una dictadura militar fascista, que fue apoyada por los Estados imperialistas, tanto por las potencias del Eje como por las hipócritas democracias. La RFS de Yugoslavia nació de la lucha de un Partido Comunista que, si bien en sus inicios no creyó en el proyecto yugoslavo, al que se tachaba de “pro-serbio” y de ser un invento de las potencias vencedoras de la Primera Guerra Mundial – la Yugoslavia de Versalles; a partir de la década de 1930 cambió su posición, de la mano de Tito, de estar a favor de la independencia de los diferentes pueblos yugoslavos a crear una federación de éstos. La RFSY concedió derechos políticos y culturales no ya imposibles en la España franquista, sino también en la propia España contemporánea, entre ellos, el derecho de autodeterminación. En definitiva, España ha sido y es un proyecto de clase de las oligarquías, el yugoslavo lo fue de la clase obrera y de los sectores populares, un proyecto no exento de errores, como la implementación de un socialismo autogestionario, que a pesar de aciertos importantes, fue errático y terminó endeudando a Yugoslavia con el FMI a unos niveles insoportables; o el personalismo omnipresente de Tito. De hecho, su carisma – el héroe de la liberación de los pueblos yugoslavos y de su independencia – y su personalidad jugó mucho en el mantenimiento de Yugoslavia. Su fallecimiento en 1980 fue el pistoletazo de salida de las diferentes tensiones étnicas y nacionales.

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El presidente yugoslavo Josip Broz “Tito”, dirigiéndose a colocar una ofrenda floral en el Mausoleo de Lenin durante una visita a la URSS.

Por último, nos gustaría hacer dos consideraciones finales. La primera es la asociación automática de reivindicaciones nacionales como si éstas siempre y en todo caso se puedan asociar. Lo acabamos de ver: los casos esloveno y catalán poco o nada tienen que ver, sin embargo, hay quienes se empeñan en eliminar el análisis concreto de la situación concreta y sustituirlo bien por pura ingenuidad y por la asunción acrítica del relato de los medios de comunicación, o bien, por otro tipo de intereses.

La segunda, relacionada con la primera, es si realmente la reivindicación independentista tiene el mismo sentido independientemente de las circunstancias, es decir, podemos convenir que dadas las circunstancias la única manera que el pueblo catalán tiene de ser soberano es reivindicando un Estado independiente, pero, ¿es eso válido siempre? Vayamos otra vez a Eslovenia o al conjunto de Estados nacidos de la desmembración de Yugoslavia, ¿son ahora más soberanos o lo eran más cuando formaban parte de la Federación? El formalismo de constituir un Estado independiente no siempre asegura un poder soberano real. Por otro lado, el ansiado sueño esloveno de la prosperidad europea no ha sido tal, a pesar de que Eslovenia ha sido la única exrepública yugoslava en mejorar su situación – el resto de repúblicas se han empobrecido – ha sido a costa de una absorción “de facto” de su economía por parte de Alemania.

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Las comparaciones con el caso esloveno obvian el análisis concreto de la situación concreta.

La “yugonostalgia”, es decir, el sentimiento de nostalgia por la desaparecida Yugoslavia, ha crecido sensiblemente en todas las repúblicas, incluida Eslovenia, donde ese sentimiento de nostalgia es del 45%.

El movimiento nacional catalán habrá de seguir su camino, ajeno a vías muertas, si de verdad quiere ser libre, soberano e independiente.

Por Antonio Torres